Divorcio (cuento)

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Por: Darío Valle Risoto

Acaso dormías el sueño del primer encuentro, allí donde todo era nuevo y cada amanecer parecía el primer día, acaso no hubo miedo en las noches porque siempre tenías en mí al seguro refugio donde esconder tu cuerpo y así contenida dormirte entregada para siempre.

Pero los frutos amargos preceden al olvido por más que no hay olvido posible si sabemos que algo debió suceder para quedarnos solos en medio de las muchedumbres de hombres y mujeres que no nos toman en cuenta.

Lo bueno dura poco y lo malo también, triste o afortunadamente nos vamos yendo hacia la muerte pero lo importante aunque no trascienda debe valer un poco, tan solo lo suficiente para notar que estuvimos vivos.

Y vos que eras fresca, joven y pura sonrisa te fuiste marchitando tal como yo pero en diferente dirección y aunque traté de amarte ya eras una extraña a la que nunca quise volver a tocar.

Y hasta tenías otro olor y otro perfume y ya tu pelo no me erizaba la piel ni tus piernas me ponían listo a abrazarte porque te volviste una nube de reproches muy familiar al odio.

Sé que quizás me faltó comprensión pero me cansé de ser siempre el director de esta orquesta que llamamos hogar y se transformó en un hotel de segunda clase donde venían tus parientes y me llenaban de una furia contenida que alguna vez tenía que explotar.

Y lejos de pedirte que tomes partido tampoco quise que en medio de tantos espectadores me dijeras que ya no me querías y que yo te daba asco porque de alguna manera dejé de cumplir con tus exigencias en cuanto a lujos y posesiones.

Te dejé entonces la casa, el auto, tus hijos que nunca fueron mis hijos y una buena parte de mi sueldo para que vivas mejor sin mí y me mudé a otra casa donde comencé a verme de otra forma en el espejo porque rápidamente me di cuenta que me habían exprimido vos y tu familia y tus shoppings y tus asquerosos hijos parte de mi juventud y me habían corrompido el corazón hablando continuamente de cosas, plata y más coas.

Y una tarde en la playa conocí a Marta que era como vos antes de perderte en ese infierno y ella solamente quería leer libros y hablar y reírse y contagiarme esa fuerza juvenil que alguna vez supiste tener y era todo lo que yo quería de vos pero vos pedías todo y todo es nada para mí.

Marta supo hacerme joven y fuerte y libre y siempre tenía una enorme capacidad de desaparecer aunque siempre estuviera cerca, Marta sabía ser discreta e inocente pero supe desde el primer momento que era una mujer tan libre como inteligente y que yo no la merecía aunque ella decía exactamente lo mismo de mí.

Y aquella noche volviste llorando porque tu nuevo marido te había pegado y ella te abrazó y consoló sabiendo que eras mi ex y que siempre fuiste una basura aún con ella que sin conocerla la tratabas de puta y de loca y sin embargo allí estaba yo encendiendo un cigarro y viendo como esta joven trataba de secar las lágrimas de una bruja inmunda que no merecía consideración.

Y poco después llegó tu marido borracho pateando mi puerta y empujándose adentro con ese maldito revolver entre sus manos grasosas y se sintió un disparo y el hijo de puta le erra a tu enorme cuerpo de vaca inmunda y le da a ella…

Y Marta muere en la ambulancia y yo vuelvo a quedarme solo y entonces pienso en que la vida es cualquier cosa pero nunca será justa.

FIN.

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