El viejo y la mancha (Cuento)

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El Viejo y la Mancha
Por: Darío Valle Risoto

Había una pared descascarada que mostraba paisajes y rostros diferentes, dependía ello de la iluminación de las velas o de la triste lámpara de la vieja portátil sobre la mesa de luz a un costado de Evaristo Comesaña Méndez.
Entre esos rostros marrones y secos había especialmente un viejo de barbas largas que solía mirarlo con un solo ojo. No es que fuera tuerto sino que la figura estaba de lado.

Evaristo prendía un cigarrillo y miraba al viejo mientras era mirado por esa mancha que solía leerle los pensamientos más profundos como si se tratara de esos abuelos que conocen cada palabra cuatro minutos antes de que las saquemos del cuerpo.

Evaristo se sonaba la nariz fuerte y tozudamente en un pañuelo mugriento y reflexionaba sobre la cosa de tener ya setenta y cuatro años y seguir vivo aunque a la hora de levantarse a eso de las once de la mañana tenía sus serias dudas.

Se sentó en la cama, la mancha desmañada le seguía mirando como si le debiera algo a ese viejo que le acompañaba desde la pared de la pieza de conventillo hacía tantos años que mejor ni pensarlos.

Fue hasta el rincón-cocina y llenó la pava de agua, se miró en el espejo descascarado y vio a ese tipo desagradable que era el mismo y sin embargo no se gustaba nada. Se puso los dientes postizos y tiró el agua del vaso en un balde, no tenía baño para él, solamente el comunal debajo de la escalera de caracol en la planta baja del convento y siempre estaba ocupado o con un olor a mierda insoportable.

Puso alcohol en el primus, prendió fuego con el yesquero y le dio bomba hasta que la llama se volvió azul y colocó la pava, se calentó las manos a los costados del aparato de bronce sucio y manchado. Miró a la pared a un costado de la cama, apenas se detectaba el viejo junto a otra mancha que parecía una mujer delgada de largos cabellos o bien podía ser una escoba, dependía de su ánimo.

Afuera algún vecino prendió una radio con el informativo y poco a poco comenzó a desperezarse la vida en el convento, una vecina tendiendo ropa, otra cuchicheando sobre algún tema escabroso y los perros ladrándole a la nada. Por el portón paró el camión del lechero y se escuchó el ruido de las botellas golpeando contra las jaulas de metal.

Los golpes en el vidrio de los postigos de la puerta le anunciaron que tenía visitas. Se aplanó los ralos pelos canosos y se puso los lentes que había dejado en la mesa de luz, el viejo en la pared lo seguía estudiando.
__ ¡Vete a la mierda, coño!

Era la gringa que le alcanzaba la leche, le pagó y le agradeció con un movimiento de cabeza, puso la botella cerca del primus y luego la alejó para que no pierda el frio. Armó el mate, se sentó frente a la puerta que por sus postigos abiertos dejaba entrar el sol de esa mañana de otoño.

La yerba mostraba su espuma y tras el primer mate se sintió como diez días más joven, se rió de sus pensamientos y miró a la mancha. El viejo ya no estaba.

Le costó tiempo comprenderlo pero cada vez que sonreía el viejo en la pared solía desaparecer.

FIN

Mujer que busca distancia (Cuento)

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Mujer que busca distancia
Por: Darío Valle Risoto

Era un verano agradable, de esos no demasiado tórridos y como es habitual en mí pasé mis vacaciones en la ciudad. Estaba tomando una cerveza en La Pasiva que se encuentra en frente a la plaza del Entrevero cuando ella pasó caminando junto a mi mesa a apenas unos centímetros de mi brazo izquierdo, miró a ambos lados y cruzó a la acera de enfrente caminando con su clásica postura esbelta. Ni siquiera había reparado en mi presencia.

Reconozco que a veces la realidad me supera y este era uno de esos casos porque hacía varios años que no veía a Mariela, es más: me habían dicho que había muerto en un accidente de automóvil.

Cuando me di cuenta que pude haberla saludado ya estaba suficientemente lejos y no soy un hombre de andar gritando por la calle, me empiné el vaso de Norteña y observé que en determinado momento se quedó parada como pensativa. El sol daba de lleno en su remera blanca, tenía unos jeans celestes y calzados deportivos también blancos, no llevaba cartera.

Mariela, si es que era aquella Mariela tenía un largo y fabuloso cabello castaño que al sol se tornaba de un raro tono rojizo, volví a comprobarlo mientras en mi mente volvió aquella canción de Pink Floyd: “Quisiera que es estuvieras allí” que ella me dijo cierta vez que era su preferida y desde ese momento siempre lleva su nombre agregado al de los músicos: Mariela, Mariela Riberos.

Comenzó a alejarse tanto como todo a su alrededor y mientras su delgada y alta figura comenzaba a empequeñecerse sentí como nunca el desasosiego de estar completa e irremediablemente solo en el mundo. Dio vuelta en semicírculo al monumento y cruzó en diagonal hacia avenida del Libertador. Pensé en pagar y correr a encontrarla pero algo, como una fuerza sobrenatural me ataba a mi lugar mientras la observaba.

Recordé mientras ya se volvía casi un punto en el horizonte caminando en dirección al edificio del Automóvil Club que cierta vez me había contado que una adivina le había dicho que le quedaba poca vida y que yo estúpido o divertido la abracé diciéndole que entonces había que vivirla a pleno y ella se rio como nunca me hubiera imaginado y me dio un beso en la mejilla.

Mariela ya era un rasgo indefinido en la distancia y volví a sentir el sol sobre un costado de mi mesa fuera del Bar y que la cerveza ya no estaba tan fría y que debí correr a alcanzarla para ver si de verdad era ella y por lo tanto seguía viva y decirle que la recuerdo cada vez que escucho: “Quisiera que estuvieras aquí”.

Recuerdo vívidamente que fue un siete de enero en que sucedió aquello porque el siete de enero del año siguiente y los subsiguientes años desde aquel 2008 vuelvo a la misma hora y al mismo bar y espero que ella pase, siempre se repite la situación que acabo de narrar y hasta la fecha nunca me he animado a saludarla.

FIN

La tarea en clase del taller de escritura era describir una situación en que un personaje conocido o que aparentemente conocemos se acerca a nosotros desde la distancia y como tarea domiciliaria teníamos la consigna de narrar algo en el sentido contrario, es decir sobre alguien que se aleja y este cuento es sobre ello, quizás en otro momento suba el relato sobre el personaje que se acerca que aún tengo en el cuaderno de clase.

Las luces de aquella plaza (Cuento)

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Las luces de aquella plaza
Por: Darío Valle Risoto

La Onda se detuvo en una esquina de la plaza, ella estaba semidormida con ese soponcio que producen los caminos sobre un enorme colectivo de pasajeros durante la noche. El guarda la despertó cuando comunicó a los escasos pasajeros casi gritando que habían llegado a Villa Temesio, donde solo ella se apeó.

Eran las once y media de la noche, estaba nublado y hacía un frío que cortaba la respiración. Alba se subió el cuello del saco y se cubrió la boca con la bufanda de lana gruesa. La plaza lucía igual aunque ahora iluminada con unas luces anaranjadas que eran combatidas por esas nubes bajas del frío invierno.

Pisó las baldosas grises mirando el entorno, la luz de los faroles despedía un fulgor fantasmal, a la mitad se detuvo y la estatua ecuestre del prócer casi ni se veía desde abajo. Comprobó que había placas de bronce nuevas en el pedestal, seguro de nuevos aniversarios, fechas importantes, etc. Pero le era imposible leerlas con tantas sombras a su alrededor.

Los árboles tal vez eran los mismos árboles pero tanto no podía recordar, fueron diecinueve años en la capital sin volver la cabeza atrás ni por una sola vacación y ahora algo la había motivado a volver, algo que nunca hubiera querido que pasara pero la vida es la vida.

Nadie había en la plaza, lo que había creído era alguien durmiendo en una banca solamente era un juego de sombras de las ramas bajas de un enorme sauce. La fuente lucía descuidada, también el rosedal que estaba vacío con sus metales en punta como un esqueleto abandonado.

No necesitaba ver ni la iglesia, ni la comisaría ni la escuela que dejó atrás el ómnibus de Onda cuando retomó su recorrido. Solamente llevaba una valija porque no pensaba quedarse mucho tiempo.

Eran casi las doce de la noche pero afortunadamente un pequeño Bar estaba abierto, se escuchaba música tropical y un par de parroquianos jugaban al dominó cuando entró dando las buenas noches. El mozo la miró con gesto adusto.

Pidió un capuchino con una medialuna, estaba muerta de hambre, se había dormido en la última ciudad donde pudo bajar a comer algo y luego fue imposible. Comió lentamente, los hombres se reían y bromeaban entre sí, un banderín del club lucía sucio y cagado por las moscas y a pesar de la música encendida el ruido del motor de la heladera la sobresaltó.

Le pidió más terrones de azúcar al mozo que también atendía el mostrador, este le dejó dos paquetitos al lado de sus manos heladas. La miró como para reconocerla y bien pudo haber adivinado quien era pero se dio vuelta y se puso a limpiar unos vasos. Allí de espaldas le dijo que iban a cerrar en unos minutos que podía irse al hotel Florida si era turista.

Ella preguntó si las luces de la plaza eran nuevas o las de siempre, unos de los jugadores de dominó le contó que eran nuevas de hace dos años más o menos, que el nuevo alcalde las había puesto luego de ganar las elecciones. Por lo visto tanto festín no había alcanzado para mantener la fuente pero prefirió guardarse el comentario.

El otro hombre, un hombre negro y viejo, lanzó una puteada al perder la partida y fue hasta el mostrador mirándola de arriba abajo lo que la puso nerviosa demás y casi se le cae la cuchara del cappuccino.

__ ¿Viene al velorio de Rocamora?
__ Exactamente…, si, a eso vengo.
__ Lo velan a partir de mañana porque fue suicidio. ¿Sabía? Y entonces los milicos anduvieron investigando pero nadie lo quería mucho a Rocamora.
El otro hombre tomó las fichas del dominó y las guardó en una caja sucia que le acercó al mozo y pidió una grapa con limón.
__ Usted me resulta conocida. __ Dijo el otro veterano. A su vez el mozo carraspeó y se puso a limpiar un sector, una esquina del mostrador mirándoles con rostro cejijunto.
__ Soy la hija. __Respondió y se hizo un gran silencio que llegó hasta la plaza y lloró de angustia junto a la niebla y los faroles de luces anaranjadas.

FIN

Tarea del Taller de escritura: En este caso describir algún paisaje que tenga que ver con el acontecimiento que vamos a narrar y que de alguna forma sea relevante con la historia.

Mi Chiquita (Cuento)

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Mi Chiquita
Por: Darío Valle Risoto

La mayor vino a visitarnos, se enteró que su madre está muy enferma y apareció luego de casi cinco años en que se fue de casa para vivir con ese mulato de mierda.
Pensar que era mi consentida, recuerdo que la sentaba en mi falda y le contaba cosas de mi vida en el ejército. ¡Si tendré historias en casi treinta años al servicio de la patria!
Ni me saludó cuando llegó. la dejé entrar por la madre pero ahora María del Rosario ya no es mi hija, es una comunista más desde que se fue, si hasta me parece ayer cuando discutimos sobre este sujeto desagradable con el que se encama y esas preguntas. ¡Dios mío como le lavaron el cerebro estos izquierdistas!
¿Cómo me va a preguntar si yo torturé durante la dictadura?

Ni siquiera fue dictadura, dictaduras son las de Cuba, la de china, la de la Unión soviética que se terminan cuando la gente se muere de hambre y se dan cuenta que el comunismo destruye la familia.
Fue un proceso, un gobierno de facto en el que me siento orgulloso de haber colaborado, ella ahora tiene un título, es alguien porque el padre trabajó toda su vida para que no le falte nada y me viene con esas preguntas.

Estamos viviendo tiempos complicados, a veces nos reunimos con los muchachos, con los veteranos de la vieja escuela y nos lamentamos de no haber sido más duros y por eso mismo este país se hunde a manos de ex tupamaros y delincuentes y ella me viene con esas preguntas…
Pensar que era mi niña, los varones salieron rectos como el padre pero ella se fue torciendo a medida que crecía, me duele reconocerlo pero la sigo queriendo y que entre y me mire a los ojos con ese rictus de asco me parte al medio.

Me contaron algunos de los muchachos de inteligencia que anda de agitadora en las manifestaciones, que la vieron en la marcha del silencio. ¡Por dios!
Pensar que yo la llevé de chiquita a ver maniobras en el cuartel de Durazno y ella me decía que quería ser como yo y ahora de seguro le mete cosas en la cabeza a la madre que me sigue insistiendo en que le diga toda la verdad. ¡Qué se piensa!

Solamente después que yo me muera sabrá que la recogí recién nacida de en medio de esa terrible guerra interna para salvarla de un destino mil veces peor y que siempre la crié como mi hija, mi chiquita.

FIN

Cuento escrito para el taller de Escritura bajo la consigna: escribir un relato corto en primera persona, poniéndonos en un protagonista que sea opuesto a nuestros ideales, a nuestra forma de pensar

La última Niebla (Cuento)

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La última Niebla
Por: Darío Valle Risoto

Hoy se cumple un nefasto aniversario: hace doce años que nos robaron nuestra esperanza. No, no soy un poeta ni quiero serlo, pero cuando nos regalaron esta niebla perpetua nos dejaron sin la posibilidad de ver el horizonte y sin horizonte los hombres no somos nada.

Aquí sentado en este lugar ignoto al sur del sur, pienso en estas malditas criaturas que llegaron un buen día y no puedo dejar de sentir cierta tendencia a la risa pero temo definitiva e insoslayablemente volverme loco y no quiero seguir el mismo camino que el resto de la humanidad.

Supongo que era la mejor alternativa: aceptarlos con sus condiciones a cambio de que curaran el cáncer, acabaran con el hambre y trajeran esta nueva tecnología y esas malditas flores que crecen por todas partes y que la gente usa en infinitas aplicaciones sin saber que esconden.

La niebla envolvió absolutamente toda la tierra, en unos meses ellos necesitaron adaptar este planeta antes azul a sus necesidades y la comunidad de naciones se bajó los lienzos y hoy que cumplimos los doce años y poco más de coexistencia un treinta por ciento de la humanidad se fue al carajo, millones han muerto y la mayoría por suicidio.

Nos quitaron el horizonte, a veces los vemos caminar entre nosotros delgados y altos, con esos rostros impávidos, sus pequeños ojos, sus narices inexistentes y ese asqueroso zumbido que utilizan para comunicarse entre ellos.

Todo cambió cuando el sol se transformó en ese círculo difuso en el cielo y todo fue cubierto por esa masa globular de eterna sombra aún de día y bajo la lluvia y aún con viento y ese maldito olor químico que estoy seguro contiene algo más que los nutrientes para que estos malditos bichos del espacio vivan aquí, Precisamente aquí porque según ellos la tierra tiene las condiciones necesarias para perpetuar su cultura.

Y con la niebla surgió la desazón general, la revolución de la depresión, los suicidios solitarios de gente que se volaba los sesos o se ahorcaba en la oscuridad de sus hogares o los suicidios en masa como el del año pasado en Beijing: treinta mil personas se cortan las venas en plena plaza roja y la niebla por unos días tuvo ese nefasto color carmesí.

Yo quise hacerlo pero aún soy de los pocos que tengo dentro de mí el horizonte de la rebelión, ayer mismo maté a otro de estos bichos de mierda y por un momento creí notar, mientras le hundía un destornillador en la frente que con su vida que se iba se abría un pedacito de ese cielo que alguna vez fue celeste. Sé que son seres vivos pero también nosotros lo somos y después de todo la tierra era nuestra.

Inevitablemente me van a encontrar, sé que me pueden oler aún sin narices, tienen algún sentido que nosotros desconocemos, siguen sus propios rituales, su forma de vida supongo que será muy cotidiana para ellos pero que se vayan al cuerno, yo quiero que me devuelvan el horizonte, la posibilidad de ver aquella querida, hermosa línea al final del mar por donde asomaba el sol o se perdía para traernos una noche estrellada. ¿A dónde se llevaron mis estrellas?

Hace tiempo no nacen niños en este mundo, son inteligentes estos alienígenas, de a poco nos exterminan sin guerras, sin conflicto evidente pero con esta niebla perpetua nos han quitado a dios, el sentido de la vida y la posibilidad de perseguir al futuro caminando hacia adelante.

Ayer mismo tratando de volver a casa con solamente unos metros de visión a mi alrededor me topé con ese humanoide asqueroso y calvo que me quitó a un costado empujándome con esas inmundas manos de tres dedos y no sé como a continuación le estaba dando de puntadas con mi destornillador en la frente y viendo sus sangre verde y sintiendo que ese asqueroso sonido saliendo de su pequeña boca se apagaba lentamente.

Ahora estoy aquí en casa escuchando música con las ventanas cerradas como siempre porque ya no hay más para ver que ese muro gris y depresivo que perpetuamente nos espera afuera y en todas partes, si hasta creo que en mis habitaciones hay niebla.

Traje algunas de esas flores para comerlas como hace todo el mundo pero las miro y se me revuelve el estómago, se que pronto vendrán por mi para que pague mi crimen así que ya he empapado todos mis muebles, mis ropas, mis escasas pertenencias con nafta y apenas entren me voy a prender un cigarrillo.

FIN

Trabajo hecho como tarea para el taller de escritura, la consigna de este caso proviene de pensar como el clima puede transformarse en el protagonista o  co-protagonista de una historia y tomamos a la niebla con todo lo que ello implica.

Lluvia galáctica

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Lluvia galáctica
Por: Darío Valle Risoto

Brando sostuvo su mochila con fuerza, el viento era enorme y la plataforma se movía demasiado, sabía que ese puerto espacial estaba en los confines de la seguridad de la federación pero por eso precisamente estaba allí.

Iba a extrañar al capitán Picard, a LaForge y especialmente a Data, bueno, los iba a extrañar a todos, su misión de cinco años había concluido y también su contrato que le costó no renovar pero quería volver a pisar tierra firme por un tiempo mayor que las licencias de la flota.

Cuando se logró la costosa paz definitiva con los Thatonitas se abrieron nuevas posibilidades y allí desde luego estaba la Enterprise como cabeza de todo intento posterior de conservar una paz que solía necesitar de muchos cuidados. Los integrantes de la federación lo saben muy bien, desde los terrestres a los Vulcanos pasando por Klingons, Ferengis y una centena de razas.

Comenzó a llover cuando pisó tierra en Yarion Sigma nueve, tuvo que caminar por una angosta calle hasta la pequeña oficina de aduanas donde lo recibió un local con su característica piel azul y sus cabellos verdes. Desde luego que se sorprendió cuando Brando le aseguró que venía a establecerse definitivamente en el planeta.

__ Solo hemos tenido unos veinte humanos en los últimos cinco años señor.
__ Buen dato pero realmente quiero comprar una finca para vivir el resto de mi vida en este bello planeta.
El yarionita observó la lluvia a través de los ventanales del recinto y luego fijó su mirada al alto Brando con sus cabellos negros y su ojos azules de mirada profunda.
__ Esta lluvia podrá extenderse por varios días, tal vez se inunden los accesos a la ciudad.
__ ¿No tienen vehículos voladores?
__ Por supuesto señor. __Le contestó con un dejo de soberbia en el rostro mientras le ponía sendos sellos en su pase de abordaje al planeta.

Cuando salió pensó en volver para tomarse un café en una de las expendedoras automáticas pero temía que no fuera precisamente un café digno de su paladar humano. Mejor sería llegar a la ciudad cuanto antes.

En la parada de autobuses no había casi nadie, solamente una silueta se recortaba dentro de la niebla proporcionada por el frio y la lluvia circundante debajo de los techos plásticos. Alguien estaba recogido sobre una de las bancas como si durmiera.

Al pasar a su lado comprobó que era una muchacha, se le había caído la mochila al piso empapado y la recogió para alcanzársela en el preciso momento en que ella se disponía a levantarla. Al ver su rostro era una joven yarionita con cuernos.

__ Disculpe, se la quería dar, se estaba mojando.
Ella recibió el bolso y lo apretó junto a su pecho observando al terrestre de arriba abajo como intentando saber qué clase de ser estaba frente a ella y hablándole sin ningún tipo de problema.
__ Esta lluvia es terrible, la invito a tomar algo caliente. Si quiere.
__ No debería hablar conmigo, por si no se dio cuenta soy una: “Curnie”.
__ No entiendo.
__ Tengo cuernos, ¿acaso es ciego? __ Dijo tocando las dos pequeñas protuberancias en su frente de color azulado como toda su piel, luego se los cubrió con la misma gorra de lana que llevaba bajándola sobre estos.

Brando sonrió por automatismo pero inmediatamente recordó el entrenamiento sobre Yarion Sigma nueve, un planeta clase M en una etapa bastante atrasada en lo social donde prevalecía una raza sobre otra, digamos que en Yarion el tener cuernos hace que algunos ciudadanos sean tomados como de segunda clase por no decir algo peor.
__ Igual la invito a tomar algo caliente, sus cuernos no me molestan, además creo que le sientan muy bien.
Ella pareció despertarse de un sueño antiguo cuando lo miró aún con más detalle, a pocos metros dos guardias observaban al humano conversando con la chica.

Ella accedió y juntos fueron hasta una máquina donde brillaba un anuncio con una imagen de una silueta con cuernos tachada con una equis.
Brando ordenó dos Cafés de Colape rezando para sus adentros que no le derritieran la garganta pero al sacar los envases olían maravillosamente bien.

__ Usted se está arriesgando por alguien que no conoce. ¿Todos los humanos son así?
__ Me llamo Brando y no, no lo creo, aún en la tierra hay gente que juzga todo aquello que desconoce como negativo pero estamos aprendiendo.
__ Yo soy Jiva y gracias, me moría de frió.

La lluvia seguía inundándolo todo pero el fascinante aroma del café de Colape y la compañía de la chica con cuernos le hicieron olvidar por un momento a Brando que había abandonado la flota estelar para vivir como un civil.

FIN

Hoy llovió todo el día y no fui al taller de escritura cosa que me deja mal porque no me gusta perderme algo que de verdad rinde sus buenos frutos para este escritor de cuarta que soy. De todas maneras me informaron que había la consigna de escribir algo de ciencia ficción que involucrara la lluvia. 

Por lo tanto se me ocurrió tomar un viejo personaje de algo más de veinte años atrás y mezclarlo con mi amor por el universo de Star Trek sumando al planeta Yarion otro de mis inventos y hacer este breve relato que ya andaba dando vueltas por mi cabeza desde hace meses.

 

Nosotros y ellos (Cuento)

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Nosotros y ellos
Por: Darío Valle Risoto

__ ¿Qué es lo que más te conmueve? __Preguntó uno de nosotros.
__ Que fuimos los primeros. Quizás, nunca se sabe, la galaxia es más grande cada día.
__ Big Bang: le llamamos así.
__ Así le llaman ellos.
__ Éramos demasiado ingenuos, curiosos, siempre en órbita invisibles como…
__ ¿Dioses?
__ Cómo un deseo
Un colectivo de seres así de diferentes siempre termina por parecerse. Cuando los conocimos con sus peculiares dos sexos, sus extremidades extrañas, sus cuadros de futbol.
__ Y el chocolate, no te olvides del chocolate.
__Fuimos y bajamos en aquella ciudad, no puedo recordar su nombre.
__ ¿Nueva York?
__ No, déjame hacer memoria.
__ ¿Moscú?
__ La Habana, ahora lo recuerdo bien: el malecón, la plaza de la revolución.

Allí bajamos y ellos nos saludaron y nos presentamos en su propio idioma y extendimos amistosamente nuestros tentáculos.
Debimos haberlo previsto, solemos ponernos un poco tontos en estos primeros encuentros.
__ Bueno, ya sabes que los humanos además de feos son desconfiados.
__ No son como nosotros. __Sonrió el comandante con una de sus tres bocas. La principal, por supuesto.

FIN

Cuento escrito en clase y arreglado antes de subirlo, la premisa era escribir un relato con un narrador colectivo, un “nosotros”. Realmente creo que no me salió bien, la otra premisa fue que se tratara del tema: Extraterrestres.