Addaria

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Addaria
Por: Darío Valle Risoto

Me dijo que mejor me lo contaba, era difícil encontrar las palabras precisas para describirlo y aún él, un viejo explorador del cosmos, tenía que pensar para siquiera aproximarme a traducirme la experiencia de haber sido el primer hombre que puso su pie en este extraño planeta.

Para comenzar desechemos prácticamente todo lo que conocemos sobre la vida tal como se nos ha presentado en la tierra y aunque sí, es verdad hay muchas coincidencias debemos hacer hincapié en las diferencias que hacen de ese planeta de un tamaño levemente más pequeño que nuestra tierra natal un lugar intrigante.

Intrigante fue la palabra, la que no era suya, ni siquiera nuestra, todos sabemos que el señor Spock la utilizaba solamente cuando algo lo impactaba y eso en un Vulcano es decir demasiado; pero a lo nuestro entonces.

Para comenzar todo el planeta está cubierto por un interminable mar de color ámbar, marrón o dorado dependiendo de su profundidad o tal vez de la altitud donde nos detengamos a verlo o a caminar por él. Si, dije a caminar porque ese mar está constituido de un líquido tan denso que permite a cualquier ser de un peso promedio caminar sobre su superficie y es posible penetrar en el solamente haciendo un esfuerzo que raramente funciona, pero a no alarmarnos porque casi todo el no tiene más de metro y medio de profundidad a lo largo y lo ancho de todo: “Addaria”

Este interminable y vasto mar color ambarino se interrumpe por algunas islas, no son más de cuarenta o cincuenta, aún no las hemos contado, estas islas están formadas de piedras color esmeralda y forman especies de colmenas atravesadas por innumerables túneles llegando en la zonas más altas a unos cuarenta o cincuenta metros de altura, las islas están fijas aunque algunos piensan que como algunas plantas tienen un movimiento prácticamente imperceptible sobre la superficie del mar. Las islas van de unos dos kilómetros cuadrados a la más grande del tamaño de Cuba en la tierra donde está lo que nosotros llamaríamos la capital.

Si claro: Addaria está habitado, son seres maravillosamente dotados para ese extraño ambiente, son asexuados, humanoides de pieles muy blancas que se alimentan precisamente de ese mismo mar que los proporciona todos los nutrientes necesarios, ellos toman esa especie de “agua o sopa”, la dejan un rato en sus pequeñas bocas y luego escupen el resto tras absorber sus alimentos. Por lo tanto todo su aparato digestivo está en la cabeza podríamos decir.
Son peculiares los Addarianos, se reproducen por bipartición, aún no sabemos a qué obedece tal naturaleza pero aún así podríamos decir que tenemos al menos como cinco sexos diferenciados, más tampoco sería la palabra precisa, yo diría que hay como: “tendencias”, ya te dije que debemos revisar y mucho los conceptos que manejamos en la federación.

No tienen países, ni naciones ni religión, usan el trueque como forma de comercio aunque como comprenderás no tienen demasiados objetos que intercambiar aparte de alguna especie de artesanía o arte hecho a partir de los huesos de: “Edelgs” o “Canoclaris”. No te pongas nervioso, son solamente dos de las especies más importantes de peces que andan por ese mar gelatinoso y que suelen atrapar  para luego dejar libres nuevamente, pero los huesos de los ejemplares muertos suelen hallarse por miles en las costas de sus islas esmeraldas.

Los addarianos son amantes de la música y la danza, no saben lo que es la enfermedad y viven alrededor de unos doscientos años terrestres, no sabemos aún que hacen con sus muertos, no hemos visto cementerios o algo parecido pero nuestro amigo el primer explorador pensaba que eran incinerados en ese fuego color azul que usan para calentarse o iluminar sus cuevas en las islas.

Son altos, sumamente delgados, tienen aspecto humanoide aunque no tengan nariz ni cabello pero sus ojos son suficientemente humanos si es posible el término, hablan fluidamente nuestro idioma el inglés luego de que el primer hombre les dejara traductores automáticos, creo que les divierte mucho usar nuestro idioma sobretodo porque ellos tienen solamente unos cientos de palabras para comunicarse en su idioma y con este nuevo conocimiento han enriquecido su lenguaje.

A tu pregunta sobre la tecnología tenemos aquí un problema porque ellos si la conocen pero no como podría explicártelo fácilmente, te diría que construyen mecanismos con elementos naturales que les son útiles como transbordadores sobre hojas de “Toria” un árbol muy raro que solamente encontramos en la isla mayor o tienen esos extraños relojes con una piedra que cambia de color de acuerdo a la hora del día. Hay diecisiete instrumentos musicales en su orquesta y pudieron transcribir toda la obra de Sebastián Bach en solamente dos meses pero no pudieron sin embargo reconocer melodías como las obras de Strauss o algunos conciertos de Liszt.

Para terminar te diré que los atardeceres en Addaria duran mucho porque tiene tres soles y dos lunas pero nada se compara a estar sentado en una terraza esmeralda viendo ese mar como de oro donde caminan niños y adultos de pieles totalmente blancas y tocando sus arpas o haciendo percusión con huesos de Edelgs.
Quisiera volver a visitarlos pero me temo que la federación no quiere contaminarlos más de lo necesario, ya hemos dejado una base en una ignota isla del sur y me da la impresión de que el mar está cambiando dramáticamente de color.

FIN

Taller de Escritura: Esta vez la tarea se inspira en la descripción de un lugar imaginario, luego de conversar y escribir en clase sobre lugares que despertaron en nosotros recuerdos felices o tristes se nos pidió inventar algo totalmente nuevo y aquí está lo que acabo de escribir.

Confesión del Solitario

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Confesión del Solitario
Por: Darío Valle Risoto

Con el tiempo me fui quedando solo, no fue una decisión solamente mía pero provino seguramente de mi reticencia a juntarme con gente que carece de la posibilidad de interesarme y a su vez comencé a ser molesto para aquellos que se me acercaron más de lo humanamente posible.

Vamos a entendernos: La gente no me gusta. No me gusta que me toquen, la mayoría del tiempo no me gusta que me hablen y mucho menos que me besen o sentir sus olores.

En síntesis: Soy un insociable sociable, si esto es posible. Porque vivo dentro de esta sociedad pero no me gusta, más como carezco de alternativas que no impliquen morirme de hambre en un desierto o devorado por los animales en una selva, debo adaptarme.

Mi adaptación se sirve de las mismas armas que todos mis semejantes, es decir: que la falsedad y la hipocresía acampan diariamente en mis modales y sobreviven en mis actitudes casi siempre educadas y amistosas. Pero realmente los detesto, a casi todos, no a todos, eso sería enfermizo, hay gente que rescato.

De vez en cuando he encontrado interlocutores válidos y no porque piensen como yo o comulguen con mis ideas, eso sería pedir demasiado, pero al menos he encontrado algunos que cuentan con el mínimo de inteligencia para comprender que este mundo es un enorme teatro donde se ensaya diariamente una obra tragicómica.

Por otro lado me ha sorprendido ni gratamente ni para entristecerme demasiado que algunas veces encuentro en mi una humanidad que me toma por sorpresa y por lo tanto siento como el aliento en mi espalda del asesino que me tiene bajo la insidiosa daga de la sociedad en la que me toca vivir.

Nunca supe agradar a mis semejantes a menos que sea absolutamente sincero aunque sí, es cierto, he mentido alguna alabanza, más luego me he sentido como la mierda porque reflejarme en las miserias que tanto detesto nunca me será grato.

Comulgo con el hombre que va conmigo, soy mi mejor amigo, excesivamente exigente o raramente permisivo suelo involucrarme en pensamientos que desnudan mis defectos cada vez que veo los ajenos que suelen ser demasiados. Y en mi afán de superación muchas veces retrocedo dos pasos para avanzar tres, pero no me detengo.

Hay una cosa que no veo en los otros y es mi permanente idea de ser cada día mejor, de superarme dentro de lo posible, de crecer permanentemente, de ser impecable aunque me cueste cada día más limpiar mi casa o tratar de no andar opinando sobre la gente. Esto último es absolutamente innecesario e inútil pero casi que no puedo evitarlo.

El pensamiento crítico es hijo del desastre, la gente no quiere ser juzgada y mucho menos clasificada como: serpientes, cerdos, gallinas, perros o corderos. La gente se cree gente pero se arrastra, vive entre la miseria, ladra hasta que por fin se somete al matadero.

Instituciones, todas sobran y casi todas son innecesarias. Desde dios para abajo hemos fabricado diferentes mentiras para no sentirnos solos, desde el matrimonio a la prisión, desde el club de barrio a la absurda orgia de los infelices que confunden sexo con amor.

Afortunadamente ya no me ofrecen salvación ni me invitan a sus fiestas, me han despojado de la satisfacción de rechazarlos con la terrible soberbia del que lo sabe casi todo y allá abajo ve como los humanos son hormigas que siguen su derrotero cotidiano hacia el pozo de la rutina.

Escribir es mi amuleto y para nadie escribo, tiro botellas a un mar sobre poblado de envases vacíos o llenos de basura y mis desperdicios no son más interesantes, solamente familiares porque son míos, más no demasiado formidables ni tampoco insignificantes sino fantásticamente mediocres.

Hago malabares con las palabras que tengo, quisiera tener más pero me costó más de la cuenta escribir bien o leer apropiadamente, tengo aún innumerables faltas de ortografía y como verá el escritor más avezado, problemas de puntuación. Aunque confieso que he encontrado escritores de fuste y fama tan fantasmas como un servidor y a mal de muchos consuelo de tontos.

Quiero tener algún día mi propia novela pero soy tan vago como desconocido, acaso el desconocimiento sea el sano premio de ser un irremediable solitario. Podría editar algo de lo tanto que he escrito a mi propio costo pero me quedaría con una cierta cantidad de libros al santo cuete y tendría que regalar la mayoría a gente que ni siquiera los leería y mucho menos los iba a comprar.

Carezco de contactos, por lo antedicho y por nacer hijo único de dos familias en franca extinción, dentro de unos años no quedarán restos de los Valle o los Risotos y ni falta que hace. Solo le han dado un montón de anónimos invisibles a la humanidad estos dos árboles de troncos pobres y ramas olvidadas.

Tuve igualmente la suerte de cuatro parejas, cuatro sufridas mujeres muy distintas entre sí pero ninguna rubia o extranjera o perdurable. ¿Ninguna rubia? Mucho menos de esas pelirrojas celtas que me gustan o de damitas orientales del Japón o la China, ni siquiera una rusa que no hable español y que solo se comunique en el horizonte interminable de una cama feliz.

Nunca fui un seductor porque soy y me he dado cuenta casi ayer de tarde: un incurable igualador entre los sexos y eso en un mundo donde hasta la mayoría de las mujeres son machistas te deja solo. Solo y satisfecho con ese amigo que es mi sombra y con la premisa de tratarlas como a un semejante y no como a mujeres. aunque muchas se ofenden porque no les suelto los perros de la seducción y tomo distancia. ¿Misógino?

Y sola la soledad me cubre como la capa del héroe solitario y me llegó a tientas pero muy rápidamente la vejez o casi ella, veterano al menos. aún no tengo idea de lo que es ser adulto y sigo viendo al espejo al tipo de veinte que sin embargo para muchas cosas suele tener más madurez de la necesaria pero con aquella ingenuidad del niño que esperaba a los reyes magos sabiendo para sus adentros que estos siempre fueron sus padres.

FIN

El Retorno de Yith

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El retorno de Yith
Por: Darío Valle Risoto

Se durmió profundamente en el viaje de Boston a Portland, varias horas de trabajo en la oficina preparando la junta del consejo editor y el traqueteo del tren rumbo al norte lo dejaron fuera de combate.

Cuando se despertó estaba amaneciendo y el paisaje era tan desolador como hermoso. Y más desolador fue cuando el guarda le informó que habían dejado Portland hacía cuarenta minutos y la próxima estación era Greenville en alguna parte de los ignotos paisajes de Maine.

No podía creer que se haya pasado de su destino pero era así. se llamó a la calma tratando de encontrar una forma de volver el camino rumbo a Portland para encabezar la junta como representante de la filial de Boston de la Prensa Libre del este.

Intentaría rentar un automóvil en Greenville si no encontraba un tren que lo devuelva a su destino. El guarda le había dado pocas esperanzas mientras masticaba su tabaco y lo miraba de arriba abajo con cierto rictus de lástima, como quien mira a un cachorrito a punto de morir.

Pagó la diferencia del pasaje, eran solamente quince dólares, no le importaba pero si le importaba perder la junta y por lo tanto seguramente su trabajo, lo que no era nada bueno en los tiempos que corrían.

Afuera las colinas oscuras se iban tiñendo de los lamidos anaranjados y el sol era surrealista. Vio lejanas cabañas de madera y las siluetas grises de algunas personas tanto como de vacas flacas y bandadas de pájaros negros arremolinados sobre el esqueleto de una vieja abadía.

Al llegar a Greenville fue el único en bajar del tren que apenas se quedó unos diez minutos para dejar una exigua bolsa de correos y llevarse otra igual de delgada. El mozo de la estación, un hombre de flacura cadavérica, le señaló las oficinas.

Las maderas cochambrosas del piso de la oficina de la estación de Greenville chirriaron bajo sus zapatos bien lustrados. Un hombre obeso que revisaba una carpeta levantó sus ojos, ojos saltones como los de un sapo y le observó inexpresivo, contestando a sus buenos días con una respuesta ininteligible.

Le dijo para su asombro que el tren pasaba solamente una vez a la semana por esa estación y que tuvo la mala suerte de tomar justo uno de ellos al pasarse de Portland, le informó a su vez que no se rentaban autos y que había un solo hotel en el pueblo que de seguro tendría habitación para un caballero como él. Sonrió al decir esto último y mirando al mozo flaco que entraba cargando el saco del correo ambos comenzaron a reírse estentóreamente.

Paul se retiró de muy mal humor. Afuera ya era de día aunque cualquiera diría que por esos parajes era difícil determinar si el sol era eso que con la débil claridad del entorno podrían ser suficiente para llamarle día a las siete de la mañana con un frío húmedo que comenzó a calarle los huesos.

Se rascó sus cabellos pelirrojos y se afinó el bigote con un gesto mecánico, delante de él un camino de piedras negras con un cartel que indicaba la dirección al pueblo no era muy alentador pero caminó resuelto en tratar de encontrar una forma de regresar a Portland lo antes posible.

Un niño estaba parado junto a una barda que alguna vez fue blanca, jugaba con algo retorcido en un palo, cuando pasó caminando comprobó que ese extraño niño vestido con un overol manchado de tierra tenía una serpiente enroscada allí. Le saludó e indicó que tenga precaución, el niño con ojos estrábicos y rostro aplanado tomó la serpiente y la puso en su boca masticándola viva.

Paul se quedó un minuto tieso pero retomó el camino. Seguro el fulgor extraño de la mañana con esa rara niebla que se levantaba del piso le jugaba malas pasadas a la vista de algo que de seguro era más normal de lo que parecía. Probablemente no fuera una serpiente sino una planta o algo así.

El pueblo era pequeño, una centena de viejos edificios de madera al mejor estilo de los pueblos fundadores de América, una plaza ennegrecida con un monumento de extrañas formas, una especie de personaje vistiendo una capucha y un bastón en su mano derecha con la cabeza de algo difícil de determinar pero con cierta familiaridad con un pez.

El hotel se llamaba: Davenport, era el edificio más grande. Una altura de cuatro pisos, cortinas amarillentas y faroles que aún permanecían prendidos pese a que se suponía que era de día. Entró y el salón estaba desierto, cuando tocó la campanilla del mostrador se sorprendió cuando una joven de unos quince años y de rostro pecoso e infantil salió a recibirlo.

Paul se presentó y le contó brevemente lo de su accidente, de quedarse dormido y por lo tanto terminar allí, ella quiso sonreírle pero le fue imposible, le dijo que podría quizás alquilarle el automóvil de su abuelo que ya no estaba en condiciones de manejar pero que hacía dos años que no se ponía en marcha. Paul casi salta el mostrador y la besa pero prefirió sonreírle. Le dijo que era la primera persona hermosa que veía desde que había bajado del tren pero cuando la muchacha subió a mostrarle su habitación vio que tenía una renguera pronunciada y una leve joroba adornaba su delgada espalda.

Subieron en silencio, le dio una jugosa propina pero cuando vio su habitación comenzó a sentir el ahogo que sobreviene a los que aterrados se quedan sin aire. Nada conjugaba algo interesante para los viajeros, las paredes tenían el empapelado roto y manchado de humedad, la lámpara iluminaba mal y la cama era muy poco cómoda aunque no había pedido el cuarto para dormir sino para asearse.

Costó para que el agua de la vieja ducha saliera con una transparencia aceptable y se bañó con el agua casi fría, no podía esperar a que el viejo calentador demorara más, aún y pese a todo tras darse un baño sintió que la sangre le volvía a las venas.

Cuando abrió la valija para cambiarse no pudo evitar sentir pena por la chica, quien sabe qué vida tenía en ese hotel de mala muerte y en un pueblo que solamente podía despertar escalofríos.

Se sentó en la cama para atarse los zapatos y al mirar al techo sintió un leve mareo y volvió a quedarse dormido mientras una especie de abotargamiento se ceñía sobre sus sentidos y antes de perder la conciencia reparó en un reloj de pared que tenía una especie de ronroneo extraño en su interior.

Continuará.

Doña Berta (Cuento)

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Doña Berta
Por: Darío Valle Risoto

__ Se llenó de comunistas y hippies, de hippies y comunistas. __Dijo Diego mientras masticaba una empanada. __ Quieren que esto sea una nueva Cuba. __Agregó escupiendo el carozo de una aceituna. Raúl lo miró sin decir una palabra y prendió un cigarro, en el plato quedaba otra empanada y casi se había acabado la caja de vino.
__ Te noto amargado hermano. __Diego miró el hueco dejado por la mordida en la empanada, sacó una pasa de uva y la tiró lejos, como si fuera una granada.
__ ¡Pasas de uva y carne! ¿A quién se le ocurre?

__ Si no te gustan no comas mi negro, que esta es una casa decente y yo no cocino para atorrantes anticomunistas como vos. ¿Sabías?
Ambos sentados en las sillas de plástico afuera del almacén miraron para adentro, había hablado la abuela mientras barría la basura para el exterior muy cerca de las patas de su nieto y el amigo.
__ Pero doña Berta… ¿No me diga que…?
__ No te traigo el carnet porque no sé donde corno lo puse hace como cuarenta años pero sí, soy comunista como Fidel, el che y la Angelina Jolie esa.
__ ¡Me cacho!

Negra, inmensa con su vestido floreado da vueltas con la escoba y moviendo el culo se ríe mostrando una gran falta de dientes y los mira agregando: __Y no tengo cola como el diablo che, aunque la verdá me gustaría una bien peluda. Y menea el gigantesco trasero y se ríe y va hasta una de las estanterías y trae otra caja de vino y se las deja sobre la mesa.

El negro Diego saca unos billetes manoseados y le paga, la mira de arriba a abajo, repara en que tiene una alpargata más rota que otra y se rasca las motas duras, mugrientas.
__ ¿En serio es comunista doña?
__ Si mi negrito, desde que tenía diecinueve años y vi como explotaban a mi padre en los campos de Zarzabal y a mi madre que la trataban como una esclava de limpiadora en lo de la familia Antúnez, allí crecí lavando para afuera y odiando a esos blancos ricos pitucos de porquería.
__ ¿Y quién la hizo comunista?
__ ¿Pero mira que preguntas pavadas mi negro?, debe ser el vino.
Doña Berta se ríe y se sirve un vaso sin pedir permiso, la escoba se cae y asusta al perro que se retira más lejos.
__ Ellos me hicieron comunista: los patrones.

FIN

El Entrevero (Cuento)

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El Entrevero
Por: Darío Valle Risoto

Fueron con Simón a tomarse unos copetines al Bar del gallego pero estaba cerrado: “Cerrado por duelo” decía la nota escrita torpemente sobre papel de estraza y pegada sobre los postigos cerrados del vetusto comercio.

__¿Con quién se estará batiendo este gallego bruto?
__ No hermano, se le murió un pariente en Galicia y parece que tuvo que ir al consulado a recibir algo, tal vez una herencia.
__ ¿Y ahora qué hacemos?
__ Vamos a: “El Entrevero”, solo son unas ocho cuadras, no es tanto.

Luis estuvo a punto de decirle que ese boliche le daba mala espina pero no quiso pasar por maula. Pensó en que podrían haberse tomado el tranway hasta la ciudad vieja pero la verdad que era tarde pero tampoco era tan mala idea entrar por primera vez y conocerlo.

__Dicen que el dueño es un francés que se casó con una cortesana polaca, la vida es un rompecabezas hermano.
__ ¿Y quién lo arma? __Le preguntó mientras armaba un tabaco Puerto Rico.
__ Solo dios lo arma Luisito, solo dios.

Caminaron al abrigo de los arboles que en la noche parecían gigantes resguardando las veredas de baldosas grises y agrietadas. Luis le pasó el tabaco a Simón que agradeció y comenzó a armar delicadamente pese a sus dedos gruesos de obrero de la constru. Luis vio a eso de dos cuadras las luces rojas y azules de los carteles de neón de “El Entrevero” y no le gustaron, prefería el ámbito tranquilo de su boliche de barrio a esa cosa aparatosa.

Entraron bajo la severa mirada de un tipo de smoking que recibía en la puerta, la entrada tenía diversas fotos de actos: cantantes, cómicos, bailarinas.
__ Debe ser carísimo.
__ No te preocupes camarada que ando dulce de plata, ayer nos pagaron el aguinaldo en la obra, no te pongas nervioso.

Adentro sonaba un son cubano y una chica bailaba con aspecto aburrido sobre una mesa casi en el centro de todo el ambiente de boîte al mejor estilo inglés. Caminaron entre el color, las lentejuelas y los murmullos de los parroquianos.
Luis trató de arreglarse el saco gris y gastado que llevaba puesto, en cambio Simón como si fuera un cliente de toda la vida pidió dos “destornilladores” y algo para picar, la moza sonrió y fue a buscarles la orden. Ambos repararon en que tenía un buen cuerpo.

Simón recibió las bebidas y con una guiñada le dio una buena propina a la chica, Luis mirando a su alrededor reparó en que no había nadie conocido, seguro la mayoría venían del centro, algunos tenían aspecto de marineros otros de cajetillas con plata que buscaban joda.

Vio a una chica que tomaba a solas contra el final del largo mostrador a su izquierda, tomaba mirándose en el espejo, parecía pensativa mientras el barman conversaba con dos muchachos muy rubios probablemente alemanes.

__ Mira esa muchacha. ¡Qué cuerpo!, ¡que linda!, creo que le voy a decir algo, a fin de cuentas estamos para eso. ¿No hermano?

Simón entornó los ojos para mirarla mejor entre la gente y las luces difusas. Se sentó más derecho en su silla y se empinó el vaso, luego comió unos maníes y miró a su amigo sonriendo.
__ Es un tipo.
__ ¿Qué estás diciendo?
__ Es un tipo, un travesti como les llaman, un marica que se viste de mujer, tal vez un loquito o uno más vivo que nosotros. ¿Quién lo sabe?
__ ¡Nooooo! __Exclamó Luis casi parándose en su sitio y con el vaso de líquido anaranjado en la mano, Simón hizo que se siente para no levantar la perdiz, no era cuestión de andar haciendo papelones.
__ Como me lo contaron, acá hay de todo, este boliche es más europeo de lo que me pintaron, mira como aquellos dos tipos se tocan las manos sobre la mesa y nadie hace ni mu. ¡Hay que vivir para contarlo!
__ ¡No puede ser un tipo!
__ Y anda a ver, no creo que muerda… bueno, al menos no como estoy pensando. __Dijo riéndose hasta que reparó que a su amigo no le causaba gracia, a la vez que sin dejar su vaso caminaba lentamente entre las otras mesas hasta aproximarse a la chica que seguía bebiendo su Martini.

Se dio cuenta que le temblaban las piernas así que se sentó, la chica muy delgada llevaba un perfume intenso, casi agresivo.
__ Hola.
__ Hola.
__ Este…, me llamó Luís.
__ Alondra.

Evitando mirarla directamente se quedó observando el reflejo de ambos en el amplio espejo detrás de variadas de botellas de whisky, Gin, Ginebra, Vodka.
__ Dice mi amigo allá que…. No, no, nada.
Ella miró para atrás y Simón le hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo, la muchacha sonrió.

Se quedaron conversando sobre diversas cosas, por un lado ese perfume, por otro el pensamiento de que era un tipo le perturbaban. Miró sus piernas perfectas, las medias. Los zapatos azules como su vestido, el cabello negro, las caravanas que tenían unos caracoles pequeños, dorados.
__ Dice allá mi amigo que… __Algo le pinchaba el estómago, sintió que le dolía por dentro como si fuera una pelota, se terminó el vaso de un trago mientras ella viendo también las imágenes en el espejo se arregló el maquillaje.

__ ¿Todo bien Alondra? __Preguntó el Barman mientras les servía de nuevo a los dos, ella le había hecho el gesto con su cuidada mano. Tenía las uñas largas también azules.
__ Todo perfecto, este es Luis y tiene miedo de preguntarme.
El barman casi sonrió pero era un tipo grande como de piedra completamente calvo, rostro de boxeador, mirada que debilitaba.
__ No, no, miedo, no, pero mi amigo… __Al mirar hacia atrás vio que Simón se había cambiado a la mesa donde ahora bailaba una chica negra, le chifló y le puso un billete dentro del escote al ella agacharse.

Siguieron tomando y conversando, ella le tocó la cara en un momento en que comenzaron a acercarse y Luis sintió como un choque eléctrico.
El tiempo se detuvo lo suficiente como para pensar que tenía que irse inmediatamente porque sentía que estaba a punto de meter la pata y muy hondo.
__ Me voy, fue un gusto conocerte Alondra.
Ella abrió su pequeña cartera y escribió algo en un papelito, se lo puso en el bolsillo delantero del saco y le dio un corto beso en la mejilla.

Unos minutos después caminaban por la calle de regreso a sus casas, Simón había tomado más de la cuenta y se tuvo que sentar un rato en el banco de una pequeña placita.
__ Me dio su teléfono. __Dijo Luis sacando el papel y tratando de leerlo pero la luz del único farol era muy difusa.
__ Nunca se sabe hermano, por ahí es justo lo que andabas necesitando. __ A continuación lanzó una molesta carcajada.
Luis pudo leer: “Llámame después de las ocho de la noche, si atiende otra persona pregunta por Horacio. Con cariño: Alondra”.

__ La vida es un rompecabezas hermano. __Dijo soltando el papel en el aire y el viento se encargó de levantarlo a la altura de los árboles.
__ Y solo dios lo sabe armar. __ Dijo Simón mirando al rectángulo llegar a las hojas y bajar en dirección a la calle.

FIN

Nos llaman de personal (Cuento)

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Nos llama el Jefe de personal
Por: Darío Valle Risoto

No era la primera vez que sentía que el mundo se detenía, que un segundo duraba una eternidad y que todo alrededor: la atmósfera, la oficina y ese hombre despreciable, se paralizaban como en un retrato en sepia.

El tipo seguía hablando y hablando. los demás parecían escucharlo atentamente, el también lo hacía, también era como si lo estuviera viendo mientras estaba parado sobre una plataforma que se alejaba de todos.

Era lo habitual: les hablaba de responsabilidad, del trabajo, de la necesidad de tirar todos para adelante porque sino la cosa no caminaba y la empresa iba a tener que despedir gente. Los miraba uno a uno, cuando lo hacía con él en cambio tenía la sensación de que era con el único que parpadeaba, a los demás los miraba como tirándoles sus rayos de maldad con los ojos.

Tercer día de paro, les llaman a la oficina de personal porque quieren hablar con los delegados, todavía no sabe porqué terminó de delegado suplente y justo ese día faltó Camacho y tuvo que ir en su lugar.

Les ofrecen sentarse. La secretaria trae rápidamente dos sillas que faltan para los seis que se encuentran frente a la severa mirada de Fleitas el jefe de personal de la gran empresa gráfica Barrera y cía. Les sirven café en vasos desechables de platico .

Les dice que esto tiene que terminar que el sindicato les hará perder sus empleos. Mientras él siente que la plataforma cambia de rumbo acercándose rápidamente al rostro de ese hombre que los mira como si fueran una mierda, a ellos, a los obreros.

El movimiento cesa y repara en que todo comienza a desarrollarse de forma natural, ahora escucha la voz de Sebastián Fleitas el jefe de personal que grita, se enrojece y escupe. Los cuatro delegados de cada sección permanecen en silencio, solamente el mecánico se mueve pero para prender un cigarrillo.

Les dice que pronto habrá una importante edición de libros para la argentina, que deberán entregarse en plazo y que ese paro no ayuda a nadie, que luego se verá si hay aumentos de sueldo. Por la ventana Juan, el muchacho que estaba sobre esa plataforma imaginaria que se detuvo luego de alejarse al espacio sideral ve algo, por la ventana se ve el BMW de Fleitas que brilla metálico al sol.
Algunos delegados le explican que el conflicto es de todo el sindicato y como disculpándose agregan que no es contra la empresa en si sino para que se equiparen los sueldos de todo el gremio gráfico dadas las enormes diferencias.

__ Disculpe, ¿Ese auto es suyo? __ La pregunta cae como un balde de agua fría, suena extraña de ese muchacho que desde atrás da un paso adelante y apoya las manos sobre el escritorio como dominando la situación.
__ ¿Qué?
__ Que si ese auto es suyo, pedazo de un hijo de puta, porque te lo compraste con el trabajo de todos nosotros y encima nos llamas para tratarnos como una mierda porque de seguro los dueños te están apretando para que nos hagas trabajar y seguir cobrando estos sueldos de hambre por los siglos de los siglos. ¿Cuánto ganás vos?, ¿Qué mierda producís?, ¿Te dan extras por chupársela a Barrera?

Esa tarde Juan regresó a casa con una sonrisa, sin trabajo pero con una sonrisa, luego de putear al jefe de personal había ido por contaduría para avisar que lo liquiden que se iba de esa empresa de mierda para siempre.
Cuando dejó la oficina atrás sintió que volvía a respirar de nuevo, que de seguro mañana tendría que salir a buscar otro trabajo y que muy probablemente iba a tener que lidiar con otro Fleitas porque los hijos de puta suelen ser una plaga.

FIN

Cuando nuestros héroes caen

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Cuando nuestros héroes caen
Por: Darío Valle Risoto

Mi padre habitualmente era un verdadero enigma para mí, a diferencia de mi madre era bastante hermético en algunos temas, especialmente sobre su niñez. Poco supe de ella, raramente narraba algo y fue a través de mi tío Tito que supe algunas cosas especialmente de los juegos que jugaban allá por los años treinta del siglo pasado.

Solía quedarse callado tomando su mate dulce y siempre con un cigarrillo en la mano. Yo le contaba cosas o le preguntaba algo y al mirarlo era como si no estuviera conmigo, con nosotros. Mi madre en cambio era muy conversadora, quizás demasiado, un libro abierto, una fuente de historias, anécdotas y vivencias especialmente de su niñez en su ranchito de terrones en los cerros de Lavalleja.

Con los años nuestros héroes y dioses se van desdibujando, también mi padre. Descubrí que si bien era un hombre muy solidario en mi casa: “cuchillo de palo” como le dicen. Había que insistirle para que repare algo y era mi madre por ejemplo quién pintaba las paredes o se preocupaba de recoger el agua de madrugada de la pileta comunitaria del conventillo.

Fue hace poco, casi recientemente que me di cuenta de que mi padre era muy querible pero también un dejado, un desganado porque si bien nos mudamos cuando yo tenía quince años cumplidos me he sentido mal porque no se me ocurrió en su tiempo sacar un caño de dicha canilla comunitaria y llevar agua corriente a nuestro departamento el que solo estaba a unos tres metros de distancia. A mi padre nunca se le ocurrió o no le interesaba y a mi madre por lo visto tampoco.

Nuestros héroes de la niñez con el tiempo se van transformando, van adquiriendo la verdadera dimensión de lo humano y si bien al principio aprendemos de sus consejos y viendo sus aciertos también quizás luego y tarde aprendemos de sus errores. Los dioses desaparecen y las supersticiones especialmente de mi madre, porque él era un escéptico total, comienzan a formar parte de cuentos fantásticos donde el asombro cotidiano me dio la posibilidad de vivir dentro del llamado realismo mágico.

Había algo que nos unía y que nos sigue uniendo y es la fantasía, he llegado a creer que a diferencia de mi madre, mi padre prefería no recordar una niñez de grandes carencias y falta de afecto donde a los diecisiete años para no ser llevado al asilo corrió a la casa de una tía para que le dé un techo hasta cumplir los dieciocho y cuando llegó la visitadora social le mostró como suyo el cuarto de su primo evitando que se entere que el dormía en el suelo en un corredor. Esto me lo contó la tía Juana porque el como conté antes prefería no hablar de su pasado.

Con los años los héroes caen, los dioses se vuelven simpáticos recuerdos, pero seguimos aprendiendo, aún de aquello que no nos enseñaron directamente.

FIN

Continuando con el segmento de creación de personajes la tarea ha sido luego de aquel relato en que recordábamos cosas positivas de alguien sea real o imaginario hacer memoria de algo negativo, en este caso como en el cuento anterior hablaba especialmente de mi padre tuve que volver a él pero notando un aspecto diferente y opuesto.