Pedro y el hombre celoso (Cuento)

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Pedro y el hombre celoso
Por: Darío Valle Risoto

Pedro salió de la fabrica demasiado cansado como para reparar en que lo estaban esperando, de todas maneras no conocía al hombre que recostado a una columna fumaba nerviosamente y al verlo tiró el cigarro para interponerse en su camino.
__ ¿Vos sos Pedro Leites?
__ ¿En que le puedo servir? __ Le dijo sin imaginar para que lo estaba esperando ese hombre de tez morena con aspecto de trabajador tal como el aunque quizás de un oficio un poco más duro como la construcción o algo por el estilo.
__ ¿Vos estás saliendo con la Laura?

En ese momento pasó la bicicleta que llevaba entre ambos a su costado derecho para el izquierdo y se entreparó tratando de aclararse las ideas porque comenzaba a pensar seriamente en que el tipo quería tener un problema y de los duros con su persona. Pero se sentía demasiado cansado y viejo como para repetir aquellas historias de: “te agarro a la salida” de la escuela.
__ No entiendo que está buscando pero me imagino que usted es algo de Laura la que apenas la conozco, supongo que no es el hermano porque no se parecen en nada a menos que sea adoptado uno de ustedes lo que sería interesante, pero mejor me cuenta…

No era la primera vez que Pedro se paraba frente a alguien que quedaba obnubilado por su forma de hablar, no era un tipo común y corriente por más que fuera un obrero con un pobre salario en la fábrica.
__ Yo soy, era, el novio de Laura y tenemos que aclarar algunas cosas.

__ ¿Está seguro de esto?, Porque la verdad no tengo idea de quien es usted y me hace preguntas que me ponen nervioso, no tanto como veo en usted pero creo que puede complicarse, además estaba a punto de irme a casa a darme un baño y descansar, hoy ha sido una jornada difícil así que realmente le agradecería que no me complique el día, además justo es lunes.
__ Tiene que dejar de verse con Laura, yo estoy interesado en ella.

Allí Pedro tuvo que detenerse, habían caminado casi media cuadra en ese diálogo absurdo de tipo despechado y celoso y él, futura víctima de un golpe en la nariz o cosas peores.
__ Mire mi amigo, usted sabe mi nombre, también pienso en que hemos salido con Laura solo dos veces y para serle sincero han sido las últimas ya que su presencia me ha quitado todas las ganas de tener un romance con su ex, así que todo bien y vaya tranquilo por la vida que no corre peligro su obsesión.

Y otra vez esa sensación en el rostro de los otros de que ha vuelto a conseguirlo, es decir: aplicar un baño de realidad no esperada por el interlocutor de turno.
__ Pero es que yo…
__ Se lo voy a explicar claramente, Laura me gustaba bastante hasta que una persona viene a esperarme a la fábrica como si le hubiera robado la princesa de su castillo y se me ocurre que si usted señor, del que no se el nombre ni me interesa, tiene la penosa capacidad de perseguirla es porque salieron alguna vez, lo que significa que Laura no es ni muy inteligente y mucho menos sabia para elegir a sus parejas y eso me hace sentir mal conmigo mismo por lo que le voy a resumirlo todo en esto: Se la devuelvo.

Y allí quedó el hombre corpulento y morocho parado en la esquina viendo a Pedro subir a su bicicleta y tomar por la avenida Capurro hasta que se perdió rumbo a Agraciada.
Cuando Pedro llegó a su casa y antes de darse un baño reparador la llamó para contarle ese suceso y despedirse para siempre.

FIN

 

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Algunas viñetas trágicas

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Viñetas trágicas 666
Por: Darío Valle Risoto

Volaría con las ganas inmensas de esas que uno siente de vivir cuando tiene diez años o menos. Tristeza será crecer atormentado por una cuna de realidades a cual más abrasiva para el corazón que no admite el juego de la cebolla que esconde los sentimientos bajo capas y capas de lágrimas.

Levantar ansiosos la mirada para tratar de encontrarlos con aquel otro o aquella otra que nos contenga esta carga de viejos anhelos a por un amor que siempre llegará tarde y fuera de hora.

Llamas de luz iridiscente que se quiebran en el brillo de un vaso de cerveza sobre el mostrador del bar de la soledad, donde los vagabundos, los desheredados y huérfanos de la vida le piden al barman algo de sus propios sueños. Y el pobre tipo que no dice nada y sirve otra y otra hasta que nada importe y veamos desde el suelo que esa piltrafa reflejada en el charco de vomito somos nosotros mismos.

Rafael lloró toda la tarde porque Horacio volvió con su esposa queriendo ser hombre de nuevo como si alguna vez por acostarse con él hubiera dejado de serlo. Aún siente el aroma de su transpiración en unas sábanas que huyen volando por la ventana para no ser testigos de un amor que nunca podrá concretarse.

Patricia encontró en el costurero una foto desgastada de sus abuelos en la vieja Galicia, nunca sabrá porque su madre la dejó allí entre las agujas, dedales y tubitos de hilos de colores. Patricia se sintió mal por nunca coser nada y feliz porque a Esteban se le haya perdido un botón de esa camisa blanca que siempre elije para ir a estudiar medicina.

Se le secaron las plantas de ruda macho y ahora habrá que robarse algún gajito de esa vecina de mala cara que siempre anda merodeándole las hortensias. Cosas de viejas que ahora se preocupan por sus perros, sus gatos y sus plantas, la familia se la fue llevando el tiempo pero siempre habrá cosas por las que sentirse mejor. Como robarle un pedacito de ruda a esa vieja que parece la bruja de Disney.

Se vuelve como el vuelo del moscardón la diatriba de rezongos y consejos del judío que de nuevo con lo mismo de las llegadas tardes, la poca venta en la zapatería y la carabina de Ambrosio. Daniel piensa en como será la carabina del tal tipo: Ambrosio, mientras el judío se queda colorado, se le inflama el rostro y se cae al piso con un ataque al corazón machazo.
Al salir le pide a la secretaria que no moleste al jefe porque pidió que lo dejen solo un rato. Ella le sonríe.

Hoy perdieron cuatro a uno pero que uno, tremendo gol que el negro “pastilla” festejó como si fuera Obdulio en Maracaná. Las banderas amarillas y negras ondean y la tarde se viste de gloria mientras los jugadores y los simpatizantes de Nacional quedan congelados.
Le hicimos cuatro y estos muertos de hambre festejan ese gol de cabeza, creo que están todos locos. Comenta uno que no entiende nada.

Todos son iguales pero algunos son más iguales que otros, dice aquel político parado sobre un cajón en medio de la plaza cuando nadie le da bola y el viento del invierno se lleva los volantes que acabó de tirar, en ellos hace la declaración de principios de su partido, esta es demasiado escueta, demasiado sincera, demasiado increíble: Me comprometo a no robar nada.

Tengo guardadas todas tus cartas y siempre me gusta leerlas cuando me dan ganas de llamarte para verte de nuevo, entonces las leo y me doy cuenta de que no nos podemos encontrar jamás porque están llenas de mentiras o vos estabas demasiado loca de amor por este que hoy se da cuenta de que no tenía paño suficiente para hacerte la mujer feliz que mereces seguramente ser.

THE END

Rómulo y la desgracia con suerte

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Rómulo y la desgracia con suerte
Por: Darío Valle Risoto

Estaba linda la tardecita. Rómulo empujó a duras penas su silla de ruedas, es que todavía no se acostumbraba a tal trajín porque eran solo unos meses hasta que la operación de sus piernas cicatrice como para entrarle a la recuperación en el banco de seguros. Así fue que la llevó hasta el jardín de la casona donde alquilaba un cuarto a observar el sol sobre los paraísos del frente, el movimiento de las ramas con la brisa de septiembre y a pensar quizás en sus pagos de Tacuarembó.

No había sido muy afortunado ser atropellado cuando descargaban tablones de un camión en plena calle avenida Italia, por suerte los compañeros del sindicato del Sunca le habían dado tremendo apoyo, aún así la pesadilla de aquel BMW levantándolo en el aire y tirándolo casi debajo de un colectivo lo atormentaba. Y eso a solo cuatro meses de haber llegado desde sus pagos a Montevideo, la capital.

Rómulo se armó un tabaco mientras tenía casi toda la visión de la cuadra hasta la esquina donde salía esa muchacha de la panadería siempre por las cuatro de la tarde con su enorme cuerpo, siempre vestida de negro, todos los días con dos flautas y una botella de leche asomando de la bolsa chismosa.

La señora Fernández lo saludó y volvió a preguntarle como andaba. Rómulo ya era como una parte al frente de la pensión en su silla de ruedas, fumando y escuchando en su pequeña radio Spica a Carlos Gardel, siempre en las horas pares.
__ Gracias, señora, estoy mejorando, gracias a dios.
Ella movió la cabeza y continuó llevando a su pequeño perro a hacer sus necesidades.

Y la muchacha que caminaba siempre pesada, gorda, enorme pero con un rostro muy lindo que para Rómulo era una suerte de extraña sensación de remanso en esos ojos que adivinaba verdes o azules porque nunca la veía muy de cerca ya que ella vivía en frente casi en la esquina de la calle Munar.

__ ¡Gorda!, ¡Se te desató un cordón!, ¡Gordaaaaaa!
El grito sonó violento e inesperado desde un camión que pasó por la calle en medio de ellos, eran unos desorejados a bordo de un camión sin toldo, le habían gritado creyéndose vivos o graciosos.
Ella dejó la bolsa en el piso y con dificultad trató de anudarse el zapato, Rómulo advirtió que le costaba muchísimo porque era muy obesa pero igual le seguía pareciendo linda.

__ ¿Estás bien? ¿Te ayudo en algo?
Le gritó desde el frente y sin pensarlo siquiera, al punto de que su propia voz le pareció como aquella de los furibundos del camión: inesperada y violenta.

La muchacha terminó de atarse su zapato y lo miró, estaban a unos metros pero Rómulo quiso desaparecer inmediatamente porque temía que ella se enoje o algo peor, que le tire con las flautas o la leche por la cabeza.
Entonces cruzó hacia él y el canarito tembló como una rama al constatar que esa enorme figura de muchacha gorda toda ataviada de negro se le acercaba quien sabe con que intenciones.

__ No gracias, me llamo: Estela.
__ Y yo… Rómulo, lamento lo de esos locos, hay gente muy mala.
Ella sonrió, era de verdad linda y tenía los ojos verdes.
__ ¿Qué te pasó?
__ Un auto me llevó puesto, pero dicen que para las fiestas voy a poder caminar de nuevo, por eso la paso acá mirando a la gente que pasa por la vereda y… a vos.

Ella se ruborizó.

FIN

Una historia insignificante

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Una historia insignificante
Por: Darío Valle Risoto

Ellos bajaron sucios y desalineados de la sierra, con hambre, cubiertos de barro y sudor. Saludaron como caballeros y pidieron pan con vergüenza porque sabían que en estas comarcas los campesinos pasaban hambre.
La madre de Lautaro los invitó a comer afuera como se solía comer en esos tórridos veranos en que la lluvia es más difícil de encontrar que a Cristo a la sombra de los algarrobos.

El que lideraba al grupo de seis hombres era un hombre de estatura un tanto más baja que el resto pero de una presencia gigantesca que solamente con el timbre de su voz hacía erizar los cabellos de la nuca.
Lautaro comió con ellos y miró entristecido a su madre, ella comprendió inmediatamente que se iba a ir con esos guerrilleros y que probablemente nunca jamás se volverían a ver.

Doña Hortensia fue al gallinero y trajo cuatro huebos, cuando los fue a envolver en un pedazo de papel, el comandante le acarició los blancos cabellos y le dijo que ya había compartido suficiente, que se llevaba más de lo que había venido a buscar y todos partieron de regreso a la sierra, incluso su hijo mayor que en esos tiempos contaba con diecisiete años.

Un tiempo después la doña viajó al pueblo a ver al doctor, tenía unas jaquecas insoportables que había aguantado hasta lo indecible porque no tenía dinero para pagar la consulta. afortunadamente el padre Miguel la acompañó y le dijo que no tenía que pagar nada, que con su fe en dios era suficiente. El medico no le dio buenas noticias y ella volvió a su humilde casa al pie de la sierra pensando en sus tres hijos que ya sin padre podrían quedarse también sin una madre que les cocine y proteja.

Pero la casa no estaba sola.
Los soldados habían llegado y uno de ellos zamarreaba a Juan cuando Hortensia llegó gritando que lo dejen quieto, que solo era un niño.
__ ¡Mamá! ¡Dicen que Lautaro está peleando con los comunistas!
Ella le suplicó al capitán que deje a su niño, el hombre le hizo un gesto al soldado que tenía por el cuello a su hijo que se quedó sollozando por lo bajo. Los dos más chicos se apretaron a él como para que no se lo lleven.

__ Mi hijo se fue con los guerrilleros hace dos meses, es cierto.
__ ¿Y por que no lo informaste al destacamento Hortensia?
__ ¿Por qué debería hacerlo?

Habían llegado en un camión, eran doce soldados y su capitán, se habían desplegado en torno a la casa, algunos pisotearon las plantas de maíz, dos de ellos se llevaron todas las gallinas del gallinero y al chancho y una bolsa de arroz que Hortensia tenía guardada debajo de la mesa de la cocina.

Antes de retirarse el capitán le advirtió que si no tenía noticias de su hijo el comunista iba a tener mayores problemas que quedarse sin comida. Subieron a su camión y se retiraron no sin antes decirle que agradezca que no le hayan quemado la casa.
__ ¿Y ahora que hacemos mamá? __Preguntó Miguel, el más chico que apenas tenía diez años.
__ Nos vamos para la sierra mi hijo, acá no tenemos nada.
__ ¿Pero allí no se esconden los comunistas, los subversivos? __Preguntó Joaquín que tenía doce.

La madre les ordenó que junten sus petates, rato después le prendió fuego a la casa y con sus hijos tomó camino entre los árboles subiendo el terraplén que daba camino a la sierra cubierta de selvas y hondonadas.

Juan el más grande llevaba entre sus cosas una foto de los cuatro hermanos con su madre sacada hacía tres años, pensaba en muchas cosas y al mirar atrás poco a poco se fue perdiendo el humo de su casa y comprendió que ya no volverían y que probablemente se iba a encontrar con su hermano para abrazarlo y preguntarle de una vez por todas algo que siempre le había intrigado.
__ ¿Es cierto que los comunistas tienen la cola puntiaguda como el mismo diablo?

FIN

Premio desconsuelo (Cuento)

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Premio desconsuelo.
Por: Darío Valle Risoto

Esta gente me pone nervioso, pero se supone que debo estar aquí calmado y en perfecta consonancia con la realidad sin salirme ni un ápice de este entramado social que realmente odio. Sobretodo los discursos, odio los discursos pero no tanto, claro, no tanto como a la gente que se cree importante por tener dinero o poseer determinado status.

Status y dinero últimamente son la misma cosa, un narcotraficante con collares de oro falso se codea con el premio novel de la paz sin filtro. Me parece gracioso, debería anotarlo para un futuro cuento.

Realmente espero que no me llamen aunque se que lo harán, a fin de cuentas envié esos catorce cuentos de mierda para este concurso y se supone que algún otario tiene que merecer este premio. Treinta mil pesos, como mil dólares usamericanos y casi unos cuantos euros y quizás sean como un millón de australes aunque creo que ya no existen… me parece que ahora el dinero argentino se llama: “Tinellis”…o Cristinos…bah, da lo mismo, papeles son papeles. Extraño los Patacones aunque no a Patoruzú… indio capitalista de mierda.

Esa flaca me mira desde hace rato y yo que creía que era lesbiana porque está al lado de esa cantante de tango que tijeretea de lo lindo, así me lo dijo Tatiana y ella como buena torta nunca se equivoca. Por lo menos los gays varones son más entretenidos, lástima que Mateo tuvo que irse a Francia con su nuevo novio, realmente lo extraño, es buen tipo Mateo aunque tenga un curioso sentido del humor que suele hacerme sonrojar, nada menos que a mi. El trashero metalero escritor anarquista del abasto al pasto.

La flaca me llama con el dedo, se debe pensar que soy un pelotudo, creo que no tengo la bragueta abierta así que me le podría acercar pero de verdad estoy cansado, en la puerta me hicieron una entrevista para un programa de televisión de esos que todos miran mientras se les consume el cerebro devorado por las citas luminosas de la conductora que tiene más tetas que neuronas, si tuviera una tendría aún mas. Ja ja.

Lo que me faltaba, luego de las menciones especiales demoran el premio del concurso y ahora subió una orquesta de cumbias al escenario, creo que si el infierno existe es un spa comparado con esta mierda de espectáculo, por lo menos puedo hacer apuestas conmigo mismo a ver cual va a ser el primer gordo cornudo que se va a poner a bailar: “Mayonesa”.
Faltaba más: Odín Rodríguez dejó a su esposa que es un verdadero muestrario viviente del botox y se puso a mover ese culo inmundo al son de la mayonesa. Nada puede empeorar, nunca quise tanto que el coreano tire todos sus misiles juntos pero para este lado. ¿A que padres enfermos se les ocurre ponerle “Odín” a este engendro de la naturaleza?

Presidente del club de industrias, de dos agencias publicitarias, dueño de una cadena de tiendas y de varios hoteles alojamiento…bah, muebles. Solamente le falta ser presidente de la república aunque no me extrañaría con los antecedentes que todos conocemos.

Y la gente que pide otra mientras la flaca mira que yo ni bailo ni miro y se para y sale a la pista a bailar ese bochorno con otro tipo que estaba detrás de mi mesa. Nunca me he sentido tan feliz de que no haya sido a mi que me mirara una mina por más buena que esté con ese vestido azul, buenos zapatos también. ¿Me estaré volviendo gay?

Por suerte volvió Luisa después de recibir las instrucciones. Luego del bis de estos maravillosos músicos me van a presentar, me entregarán el cheque el diploma, el puto trofeo y tendré cinco minutos para decirles unas palabras a esta falange súper idiota de gente vestida como para el carnaval de Venecia del subdesarrollo. Debo subir por la derecha y bajar por la izquierda mientras le doy la mano a esos cuatro viejos que representan no se que clase de club literario pero tengo la leve impresión de que uno de ellos es el mismo Hemingway.

Supongo que lo de la banda cumbiera fue una cabalgata de éxitos porque todos se ven: excitados, alteraditos, mamados y felices, creo que me voy a ir al carajo, lamento lo del cheque pero esto es demasiado.
Le di un beso a Luisa antes de decirle que voy al baño, espero que ella sepa resolver mi desaparición.

FIN

Dos hombres en blanco (Cuento)

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Dos Hombres en Blanco
Por: Darío Valle Risoto

__ Todo Blanco
__ Paredes, techo, piso, todo es lo mismo como si fuéramos: nada.
__ Puedo oírte, señal de que somos algo; acaso dos personas.
__ ¡Estamosatrapados! ¡Dejemos de correr!
__ Me llamo Andros y nací en Taya.
__ ¿Maya?
__ Taya, es mi planeta.
Se tocaron uno al otro, poco a poco se notaron los cuerpos, uno más bajo que otro. Ambos eran humanoides si eso podía significar algo.
__ Esto es un corredor, debe ir a alguna parte, estamos atrapados. ¡Por Rao que puedo jurarlo!
__ ¿Quién es ese tal Rao?
__ Mi dios, nuestro dios, el hacedor de todo esto.
__ ¿Qué es “todo esto”, si apenas podemos vernos dentro de tanto blanco?
__ No blasfemes; a propósito: ¿Cómo te llamas?

__ Mi nombre es Ginos y nací en la tierra, hace tiempo, yo era… yo era un hombre triste y desgraciado, creo que ahora también lo sigo siendo, aunque ya no tengo aquel cuerpo enjuto y despreciable. ___Dijo tocándose la barbilla.

__ Eres bello.
Encontraron que el corredor se ensanchaba y daba a una especie de recinto circular que terminaba en una puerta gris o menos blanca que el todo blanco. inútilmente intentaron abrirla, en medio había una mesa y dos sillas también blancas.
__ ¿Si al menos hubiera una ventana?

Ginos fue el primero en sentarse, era alto, tenía el pelo color rojizo, Andros era completamente calvo, más bajo y con la nariz muy pequeña pero de ojos color azul casi como el color de su piel también azul pero más pálido.
__ Creo que estamos en el espacio, abrir una ventana sería la muerte. __Opinó Ginos mirando al techo abovedado tratando de descubrir de donde provenía la luz amarillenta que lo envolvía todo.

__ Estamos en la mente de alguien o de uno de los dos, creo que solamente somos una idea que un sujeto está escribiendo en una parte muy lejana del cerebro.___Agregó sin mirar a su compañero.
__ Tengo hambre.
Sobre la mesa apareció un plato con media docena de galletas, Andros masticó una con cierta desconfianza, tenía gusto a ciruelas con una pizca de hojas de cascanas.
__ Se que soy humano. __ Dijo Ginos mirando a su contertulio de piel azulada y cabeza sin cabellos. __ ¡Pero tu no lo eres!
__ No blasfemes, ¿Qué es la tierra?
__ ¿Quién es Rao?
__ ¿Qué es blasfemes?
__ No te pongas pesado, una pregunta por vez es educado, muchas preguntas: son una agresión.
__ Me quiero ir de aquí, me estás causando daño, eres bello pero implacable en tus designios, no me simpatiza estar cerca de tu persona.
__ Tayano, si te quieres ir, me gustaría que lo intentes, estamos atrapados en este blanco de mierda
__ Tayatano, se dice: Tayatano., extraño la selva de mi planeta con los árboles de cascana y las colinas donde brilla nuestro sol y la ciudad de Miralla donde nací de los huevos que puso mi madre Krilla.

El humano también masticó una galleta, era insulsa pero era alimento, o eso suponía mientras observaba al hombre más bajo, seguramente un alienígena quizás tripulante de esa nave que lo tenía prisionero, probablemente estaba puesto allí para sonsacarle algo.
__ ¿Cómo llegaste aquí?
__ Me secuestraron cuando fui al bosque a por caza una tarde hace mucho tiempo. ¡Si lo hubiera sabido!… __Se puso a llorar y apoyó la cabeza calva entre sus manos.
__ Nadie sabe nada, pero si hubieras sabido: ¿Qué?

__ Me hubiera despedido de mi familia, ahora están solos sin padre ni guía, solamente Rao en su misericordia podrá protegerlos.
__ ¿Y tú?
__ Me suicidé un domingo de invierno, después de escribir tres cartas: una a mi mejor amigo, otra a Leonora y la última a la policía o al juez…a quien se haga cargo de mi cadáver.
__ No es posible que estés muerto y si lo estás, tal vez también lo esté yo. __Dijo Andros con una evidente expresión de terror en el rostro.

Ginos se encogió de hombros, al hacerlo por primera vez recapacitó en que llevaba un overol color amarillo, eso en definitiva era lo que más los diferenciaba del todo blanco alrededor. Andros también llevaba una prenda exactamente igual aunque iba descalzo, tenía solo tres dedos enormes en cada pie, sin embargo sus manos eran iguales a las del humano que calzaba botas negras.
__ No mires así mi cuerpo.
__ Tus pies son deformes Tayano.
__Tayatano, mis pies son normales y no como los tuyos negros y raros.
__ Estas son botas y muy cómodas, sirven para proteger nuestros pies al caminar.
__ ¡Qué raro vestir los pies!
Gino volvió a encogerse de hombros, comenzó a recordar que fumaba, también que cuando se había intentado ahorcar algo le pegó fuerte en la cabeza pero fue como desde adentro, quizás eso era la muerte.

__ ¿Así que tenías esposa en tu planeta de gente azul Tayatano?
__ Esposa y cuatro crías, ella puso buenos huevos en la temporada de apareación, creo que volveremos… a menos que ya no vuelva, iba a decir que quisiera fertilizarla nuevamente.
__ Yo tenía a Leonora, era mi amante, novia, yo que sé, mierda si ahora importa algo de eso. Creo que nos están observando
__ ¿La fertilizaste alguna vez?

El humano lanzó una carcajada y le contestó que al principio casi a diario, el Tayatano no pudo disimular una expresión de asco.
__ ¡Por Rao!, ¡Eso es inmundo!, Fuera de la época es blasfemia.
__ Sos un puto de mierda Tayatano, deberías darte cuenta de que somos dos especies muy diferentes aunque tengamos cabezas, brazos y piernas, yo soy humano y tú un bicho azul que ya me tiene los huevos llenos con ese dios cagado. Y no me refiero a los que pone tu esposa.

El hombre azul no comprendió exactamente las palabras pero si que estaba siendo agredido así que levantó su puño cerrado pero el humano golpeó primero y lo derribó de un derechazo justo en medio de su pequeña nariz.
__ Por lo visto mis lecciones de boxeo sirvieron de algo.
Cuando intentó despertarlo comprobó que estaba muerto.

El blanco fue desapareciendo, todo se empequeñeció hasta ser solo un punto que se deshizo en el espacio.
Gino Batalla se despertó en una cama de hospital, una enfermera lo miró y fue a llamar al médico, cuando se sentó sintió que estaba profundamente mareado, poco a poco recordó su intento de suicidio y se sintió muy avergonzado.
Pero más remordimiento le causó recordar que había matado a ese pobre hombre azul.

FIN.

Los Amigos de Caín (Cuento)

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Los amigos de Caín
Por: Darío Valle Risoto

Con el pasar de los años Leonardo se preguntó si de verdad fue amigo de Esteban o solamente siguieron siendo compañeros como en el liceo con todo lo que puede significar eso. Para empezar había una clara diferencia entre ambos en el aspecto religioso porque tanto Esteban y su familia eran porfiadamente católicos con cuadro del papa en el comedor y toda esa parafernalia de imágenes cristianas que en determinado momento se le volvieron perturbadoras al visitante.

En aquellos años Leonardo manifestaba un incipiente ateísmo que por aquellos tiempos aún se permitía tolerar lo intolerable de una familia desquiciada por la mitología Bíblica, el creacionismo y esa sarta de fantasías tan falsas como antiguas. De igual modo no le era fácil sostener que Esteban le daría gracias a dios hasta si le cortaran una pierna y que todo lo que emprendiera en su vida estaba medido por la extraña magia de la frase: “Si dios quiere”

Por lo tanto no fue difícil imaginarse que esta amistad con el tiempo se fue diluyendo porque Esteban demostró ser otro creyente hipócrita engañando a su esposa hasta con unos travestis aquella noche que salieron con otro amigo, el que luego le contó a Leonardo esa retorcida aventura en una fiesta donde se acostaron con dos tipos vestidos de mujer.

Leonardo no era un santo, si es posible utilizar tal comparación, pero estaba incapacitado para mentir y mucho menos a sus escasas parejas a las que siempre trató de respetar más que a si mismo, en su defecto prefería estar solo. Sin embargo descubrió que Esteban era un mentiroso consumado y un absoluto enfermo a por conseguir continuamente mujeres con las que relacionarse sin importarle un caracho tener esposa y dos hijos.

De igual manera su esposa era evangélica por lo que era casi seguro que si sabía que era sistemáticamente engañada por su marido, probablemente trataría de solucionarlo rezando o entregando más dinero al pastor de turno. Así que Esteban trató de poner cada vez más espacio entre las visitas a la casa de su amigo sobretodo porque sus hijos crecían y le era duro ser espectador de cómo le metían en el cerebro a los pobres niños aquella podrida metafísica religiosa.

Y si bien Leonardo evadía conversar de temas religiosos tanto como su amigo, no era fácil evitarlo todo el tiempo sobretodo porque el otro, el creyente, se sentía dado el momento con la responsabilidad casi obsesiva de atraerlo al redil de la gente que solo por creer piensa que todo es posible.

Cierta noche antes de navidad conversando con él y su esposa les expuso la teoría de por que sentía que no podía seguirles la corriente por más que ellos tuvieran toda la fe y la convicción en ese mamotreto de cuentos cristianos y se los expuso de la siguiente manera:

__ Si yo les invito por ejemplo un sábado a mi casa a cenar y cuando ustedes entran me encuentran con un sombrero de papel diario en la cabeza y les manifiesto que ambos deben llevar sombreros de papel durante toda su visita porque los sábados los que somos seguidores del gran unicornio rosado del templo del arco iris así lo hacemos. ¿Qué pensarían?
__ Bueno, si es en lo que tu crees.
__ Bárbaro, entonces antes de comer tomo el gran libro de la liturgia del arco iris y recito veinticuatro versos sobre el gran unicornio y cada vez que trate de contar una situación donde tenga algo que ver la suerte le agradezco a la figura de un pequeño unicornio pony rosado en la repisa a la que le acaricio el cuerno y digo la frase: Gracias gran equino cornudo por todos tus dones.
__ Pero no podes comparar todo eso con la Biblia y el cristianismo que tienen miles de años y son seguidos por la mayoría de los seres humanos, lo tuyo sería una secta y por supuesto que endemoniada. ___Dijo ella.

__ ¡Ese es el punto! Ustedes están convencidos que esa mentira repetida y transformada hasta el cansancio debe ser cierta por dos razones absolutamente inconsistentes: 1-Porque mucha gente cree en ella y 2- Porque es una cuestión de fe.
__ Será mejor que te vayas mi amigo, hoy estás mal. __ Dijo Esteban cambiando su clásico semblante afable.
__ Si, claro que me iré y no voy a volver a su casa porque perdónenme pero esa foto del papa me revuelve el estómago y ya me tienen harto hablando de Jesús como si fuera un amigo invisible presente hasta cuando voy a cagar al baño y sobretodo porque vos Esteban sos un tipo de mierda que vive cagando a su esposa y vos Soraya sos o muy pelotuda o tan “inteligente” como él y realmente espero que te acuestes con ese pastor brasileño que les vive quitando la plata.

Leonardo retornó triste a su casa porque apreciaba a la pareja pero sobretodo porque quería a sus hijos y sabía que ya estaban irremediablemente contaminados por un católico y una evangélica absolutamente desquiciados con la Biblia y toda su mierda. Para ellos todo era un acto de “fe” y estaba sometido a la ley de un dios que no existe y para Leonardo había miles de cosas en la naturaleza que aún estaban por explicarse pero si sabía muy bien que él era el artífice de su destino en la medida de lo posible porque en un mundo rodeado de gente que alucina todo tipo de dioses esto suele ser bastante difícil.