Después del Rave (Cuento)

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Después del Rave
Por: Darío Valle Risoto

Un montón de pibas se arremolinaron alrededor del tipo no bien bajó de su pedestal, allí casi en el medio de la pista de baile donde supuestamente desplegaba toda su sapiencia en eso de ser “D-Jay”. Cuando se acerco y lo vio más detenidamente se convenció de que realmente el tal “Corb X” era otro imbécil.

Cristina llegó con dos destornilladores, arrimó uno de los vasos largos a su cara y le preguntó si le eran tan interesantes ese tipo de eventos, le volvió a decir por milésima vez que lo habían contratado para sacar las fotos por lo que su opinión era un todo innecesario.
__ Tú cara de asco al mirar al tipo es elocuente.
__MI estómago siempre se adelanta a mi educación, lo lamento, ese tipo de… personas me producen cólicos.

El tipo era un negro alto de Nueva York, o al menos eso creía la gente, tenía enormes y frondosos dread locks, lentes de colores y la barba teñida de violeta. De la ropa mejor ni hablar.
__ ¿Sacaste buenas tomas?
__ Si como dos mil fotos, mañana voy a tener un día muy complicado eligiendo las mejores porque el lunes de mañana quieren treinta fotos para recordar este evento de mierda.
__ ¿No te gusta la música electrónica?
__ Me gusta, de verdad que si, no te rías querida, es que prefiero escucharla tirado en el sofá con mis auriculares y no evitando pisar a gente caída por exceso de drogas en un galpón infame iluminado como si fuera una película de Batman de los sesenta.

Una muchacha sacó un pecho fuera de su remera para que el tipo se lo firme, seguro que iba a tener que elegir con cuales y cuantas se iba a la cama, los chicos también estaba seguro, muchos de ellos querían dormir con esa especie de mandril electrónico.
Horacio llegó con su impecable traje negro y con malas noticias.
__ Quiere conocerte Daniel, le dijimos que Daniel Korn estaba sacando las fotos del evento y dice que te admira.
__ Estoy cansado.
__ ¡No me hagas esto!, Nos costó 14 mil dólares traernos a esta estrella y no podemos dejarlo así nomás con uno de tus desaires.
__ De “mis” desaires, explícate por favor.
El rostro afeminado de Horacio cambió de pálido a verde pero bien pudo ser la luz ambiente que aunque el evento había terminado hacía de las suyas.

Daniel era un convencido de que siempre juzgaba mal a la gente y por lo tanto no iba a ser la primera vez en que al conocer a alguna persona cambiara su imagen de esta para algo mejor, desafortunadamente el tal DJ Corb era un verdadero imbecil.
__ ¡Tus fotos son alucinantes men! ¿Cómo le haces?
__ Miro por el objetivo y apreto el botoncito, lo demás es suerte.
__ ¿Quieres que te firme una fotografía?, quedan algunas en mi limo.
__ No te preocupes, creo que esas chicas están a punto de volver a gritarte para llamar tu atención, ve con ellas antes que las recojan sus padres.

Media hora después su bolso de fotografía descansaba a su costado en un bar de la calle dieciocho de julio, Cristina se tomaba la cabeza con ambas manos.
__ Las azules no estaban mal hasta que tomé de las Pinuts, esas me derribaron el cerebro.
__ Suponiendo que aún lo tengas.
__ No te hagas el vivo.
__ El éxtasis es una mierda, deberías escuchar a tu pastor.
__ Ahora me vas a aconsejar que no me drogue…ya no te aguanto.
__ Por mi haz lo que quieras, sos una mujer grande, adulta, casi vieja, así que estás en pleno derecho de destruirte como te plazca, solamente me jode cuando venís de bajón y lloras y me volves a decir lo que siempre me decís.

El mozo trajo dos cocacolas heladas, un limón y hielo, era elocuente que esta pareja había pasado una noche pesada.
__ ¿Queres que vaya a tu casa?
__ Tengo que seleccionar las fotos, si me dejas trabajar vení, si te vas a poner cachonda mejor yo paso de noche a eso de las nueve.
Cristina sacó un espejito de su cartera y comenzó a inspeccionar sus arrugas en torno a sus ojos azules.
Guardó el espejo, puso la cabeza entre sus brazos sobre la mesa y comenzó a llorar. Daniel le acarició el cabello corto y negro, tenía una mancha violeta de tinta en el cuello, seguro de algún roce durante la noche.
__ ¿Y ahora?
__ Tengo treinta y cuatro años, treinta y cuatro. ¿Te imaginas?
__ Puedo imaginármelo, ¿A dónde vamos con esto?

Ella comenzó a hablar desde el refugio de su cabeza entre los brazos, le dijo que lo quería y otras cosas, algunos en el bar comenzaron a mirar a la pareja, Daniel exprimió limón en la coca de la chica y con el dedo índice hizo que levantara la cara para beber, el maquillaje se le había corrido.
__ Ya se de sobra que me querés y hasta podría asegurar que es amor lo que sentís por mi, pero eso no resuelve nada.
__ Claro que te amo pelotudo.
__ Y yo te quiero mucho también, aunque eso de te amo me suena medio marica, pero si te hace sentir mejor yo te amo, aunque ambos sabemos que los dos somos gente que mejor dejarla sola o al menos no acompañada mucho tiempo.
__ Pero si nos conocemos hace como diez años.
__ Salimos, nos acostamos, somos de buena química, pero vuelvo a decirte lo mismo de siempre Cristina, yo no te convengo al menos no por mucho tiempo.
__ Y pensar que DJ Corb me invitó a su hotel esta noche.
__ ¿Ese negro ridículo?
__ ¿Ahora sos racista?
__ Solamente en lo estético y quizás también con cierto toque surrealista, creo que el racismo es necesario al menos para no soportar estos avivados que se nutren del pensamiento tolerante para ganar fama.
__ ¿Te parece?
__ Es un idiota, pasó dos horas pinchando mierdas, haciendo ruidos raros con ese vinilo de porquería y todos lo llaman “genio”.
__ Y cobró catorce mil dólares.
__ No me sorprende nada, si yo por las fotos cobrara poco no me contrataban tampoco, todo esto que nos rodea es una sarta de artificios, pura basura. ¿Sabes que me gusta de vos Cristina?, Por sobre todas las cosas.
__ Soy toda oídos.
___Que sos una mina del Cerro, puro barrio y te importa un carajo que se note.

En ese momento Cristina pensó en que era lo más lindo que Daniel le había dicho nunca.

FIN

Una pequeña despedida de soltero

Wallpaper Magic Part 220 (47)Una pequeña despedida de Soltero
Por: Darío Valle Risoto

Llegó a su casa bastante pasado de copas pero no lo suficiente como para que se le escape que esa noche no había sido muy buena elección ir a la despedida de Roberto y es que ni siquiera el tipo era su amigo y solamente un conocido de lejos, hasta que Mauro le dijo que iban a salir a acompañarlo en una intima despedida de soltero.

La pregunta estaba demás pero igual trató de aclarar que si se trataba de esas estúpidas despedidas donde se va a por putas, travestís o algo parecido no contaran con él. Si Mauro lo invitaba estaba implícito que era algo más tranquilo y mucho menos problemático.

Así que se encontraron en un boliche bailable y al pasar el rato ya estaban suficientemente podridos del asunto de la música tropical como para dejarlo y el arrepentido de no haberse quedado en casa viendo una película, hasta se hubiera fumado una romántica.
El grupo al principio era de unos ocho tipos pero casi a la madrugada terminaron cuatro supervivientes en el bar Tasende comiendo pizza y escuchando los tangos que dejaban oír dos guitarristas con una cantante bastante decente.

Allí comenzó el lío.
__ ¿Así que sos el mayor de todos nosotros y todavía soltero?
__ Nadie es perfecto mi amigo, bueno, vos te casas este sábado así que aún somos colegas en el tema de la libertad.
Mauro trató de sonreír pero sabía que a Daniel le encantaba corromper a aquellos que son esclavos del sistema y Roberto con su cándida inocencia de tipo occidental y cristiano tenía méritos propios.

El restante era el negro Luis que ya conocía los arrebatos anarquistas de Daniel cuando estuvieron juntos en el conflicto del 85 en los talleres gráficos, así que ya era tarde para no dejarlos nerviosos, lamentablemente Roberto estaba por demás interesado en explicarle al mundo y sus alrededores que se casaba enamoradísimo de su petisa.

Mauro pidió otra cerveza, eran las tres y media de la mañana y la borrachera aún admitía un poco más de alcohol aunque más no sea para esperar el amanecer.
__ ¿Vos nunca te enamoraste?
__ Unas doscientas veces, la mayoría por pelotudo y el resto también, pero aquí me ven: he madurado, ya no me enamoro más, ni me acollaro ni me caso, no digo que no sea para tipos como vos __Le dijo sin querer menospreciarlo, aunque sonó a eso. __pero yo soy diferente.
__ Ah…sos mejor que todos nosotros entonces.
__ Muchachos, vinimos a pasarla bien. __Dijo diplomáticamente Mauro mientas el mozo les traía la cuarta cerveza Stella Artois y la cuenta seguía creciendo.
__ No, ni mejor ni peor, soy un amante egoísta de mi libertad de elección de cosas tan simples como si voy a trabajar o no, si me baño o no me baño, de comer o no comer y eso con una mujer al lado es imposible porque son personas a las que hay que responder cuando te hacen preguntas tan estúpidas como: ¿Por qué no te afeitas el bigote?, ¿Te gustan mis zapatos? O: ¿Cuándo vamos a tener hijos?

Roberto tomó cerveza, trató de disipar los efluvios del alcohol, le molestaba ese amigo de Mauro que no era su amigo y no lo podía ser, acaso lo había mandado el enemigo para joderle la noche o simplemente estaba intentando explicarse a si mismo que era un fracasado y por lo tanto nunca iba a conseguir una pareja como él había encontrado a la petisa.

Mauro se arrepintió de haberle propuesto a Daniel esa salida y que no hubieran optado por una despedida de esas cachondas donde no falta ni el enano travesti, en un bolichón que después todos trataran de olvidar. Pero eran amigos desde hacía años con sus idas y venidas, más amigos al fin.

Luis sintió de nuevo envidia del tipo, desde hacía años una mezcla de admiración y odio lo embargaba por ese Daniel que le plantaba cara a la vida hasta el límite de la locura de en pleno conflicto gráfico preguntarle al mismo dueño de la fábrica si le sería posible vivir un mes con el mínimo nacional como solía pagarle a la mayoría de sus esclavos.
__ Dígame la verdad Gurmendez: si le fuera posible usted les pagaría menos del mínimo y no lo hace porque esta la ley de mierda le obliga a pagar esa miseria por mes a quienes en definitiva cada día lo hacen más rico.
Y el tipo que cambiaba de tonalidad en su rechoncho rostro de pálido draculesco a rojo diablo.

Daniel comió un trozo de pizza e intentó cambiar de derrotero la conversación yendo a la buena versión de: “Los mareados” que cantaba Elisa.
__ ¿Así que te opones al casamiento? __Continuó Roberto.
__ En ciertos casos es conveniente, no me opongo del todo.
__ Explícate por favor.
__ Si estás casado y tenés una enfermedad terminal y te morís es bueno que tus bienes le queden a la viuda en vez de al fisco. También es una buena forma de sentirse un hombre completo con esposa, a los ojos de tu dios debe ser muy bueno.
__ ¿De “mi” dios?
Mauro se tomó la cabeza con las manos y miró a Luis.
__ ¿Es que vos tenes otro dios?, Por si no lo sabes solo hay uno. __Dijo absolutamente convencido de ello y ya sin ningún rastro de alcoholismo en la voz.

El rostro de Daniel se iluminó, la conversación se volvía interesante.
__ Sos monoteísta, me parece bárbaro, por lo menos sabes a quien dirigirte cuando la vida te acogota, creo que los politeístas tienen varias sucursales como ustedes los macumberos. ¿No Luis? __El negro Luis no contestó y siguió masticando su pancho.
__ ¡Sos ateo!, ¡Me lo tenía que imaginar!
__ Sip, no creo ni en el pato Donald, ni en el matrimonio ni en que esta pizza es de hoy.
__ ¿Por que no te vas a la mierda?
Y allí terminó la noche.

Ya en casa Roberto intentó quitarse los zapatos, su gata vino a restregarse contra sus pies cansados y la acarició mientras sentía que el cuarto se inclinaba peligrosamente a su derecha.
__Manos mal que no le dije al pelotudo que la petisa con la que se va a casar fue mi novia hace muchos años porque sino se iba a joder la cosa…, menos mal.

Y se quedó dormido de costado sobre la cama con un solo zapato puesto.

FIN

Robinson en Faetón (Un astronauta uruguayo)

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Robinson en Faetón
Por: Darío Valle Risoto

Los vio alejarse, no hubo mejor opción que ofrecerse, había que alivianar la nave para poder dejar la atmósfera de Faetón y él dio el paso necesario. Tanto el primer oficial Decarlo como Lima se negaron en principio y pretendieron hacer un sorteo pero Juan sabía que era el menos necesario si de volver a la tierra se trataba con un tripulante menos.

De pie y vestido con su traje enterizo color amarillo vio desaparecer el último reflejo plateado de la nave y trató de ordenar su mente. Alrededor suyo en esa llanura pedregosa estaba todo lo necesario para sobrevivir por lo menos seis meses y si ahorraba recursos tal vez hasta un año. Si en ese lapso no llegaba el rescate al menos tendría el triste consuelo de ser el primer ser humano con todo un planeta como tumba.

A su derecha brillaban las dos lunas, las habían bautizado: María y Juana, seguro en la tierra le iban a poner nombres un tanto más relevantes.

Juan miró a la tierra enrojecida que pisaban sus botas y luego trató de otear el horizonte pero otra tormenta de arena evitaba una óptima visión aunque su escáner en el brazo izquierdo indicaba la misma cadena montañosa sur oeste y ese extraño mar congelado al este de donde habían aterrizado casi un mes antes. Faetón era casi del tamaño de la tierra, el segundo planeta de un sistema de siete esferas en torno a un sol amarillo clase cuatro.

La Apolo 33 había sido una misión problemática desde que salieron del agujero de gusano y tocaron ese lugar lleno de intrigantes retos que se ofreció hostil sobretodo para con los elementos electrónicos falseando datos e incomodando la misión de este trío de astronautas. Decarlo se lo adjudicó a tormentas magnéticas o a la proximidad del sol y sus explosiones solares.

__ Deberemos abortar la misión antes de lo convenido. __Había sentenciado el capitán cuando la segunda sonda terraformadora dejó de devolver información luego de que la primera fuera encontrada absolutamente quemada sobre la colina “Baton Rouge”
Aún así Lima trató de contentarlos con que en muy pocos días el oxigeno había aumentado en el aire un doscientos por ciento y si la tercera sonda seguía funcionando correctamente en menos de un año se podría respirar sin filtros.

Pero las dificultades continuaron, el agua se corrompió y quedaron con un tercio del abastecimiento potable, luego el vehículo de tierra se averió y ya no pudieron utilizarlo y los datos de los escaners seguían erráticos.
Al final de casi un mes de trabajar sobre el planeta debieron irse pero el peso de la nave era excesivo y los suministros escasos para volver al agujero de gusano y retornar a la tierra. Si bien el agujero acortaba el viaje este podía fluctuar de una semana a dos meses dado que aún y en muchos aspectos estos “atajos” seguían siendo un misterio.

__ Yo me quedo, de todos modos la próxima misión debe estar casi lista y díganle a mi esposa que cuando esto sea habitable tendremos la mejor finca del lugar. __Sonrió, aunque los otros se mostraron sombríos pero el capitán tuvo que aceptar su oferta.

__ Estamos en mil novecientos ochenta y tres, es casi el siglo veintiuno, debo ser fuerte, pronto vendrán por mí y será esto una buena anécdota cuando me retire. __Se dijo en voz alta y comenzó a revisar el refugio que constaba de un iglú de plástico fuertemente afianzado a tierra por dieciocho anclajes que tenía a su costado una planta purificadora de aire así como un enorme cubo contenedor de alimentos y herramientas.

La tormenta aumentó y la antena para tratar de comunicarse con la tierra y que había sido inútil se desprendió y se perdió en la oscuridad. Eran aproximadamente las veinte horas de las veintiuna que duraban los días en el planeta por lo que suponiendo que era de noche, entró, se quitó el traje y se dispuso a dormir sobre el angosto catre de aluminio.
Puso un mini disco con Piazolla en el Recorder y cerró los ojos, había pensado en tomar un sedante pero prefería estar alerta por si algo volvía a complicarse. Tampoco pudo dormir pensando en que estaba absolutamente solo en un planeta casi del tamaño de la tierra y con una naturaleza extraña.

Se recordó con ocho años corriendo por el jardín de su casa llevando un pequeño cohete entre las manos e imitando el ruido de los reactores mientras su madre sonreía desde la puerta allá en la lejana Lascano.
Una furtiva lágrima le recorrió la mejilla con la barba algo crecida, se limpió la cara y se sentó en el catre, miró los libros, se los habían dejado todos: Asimov, Benedetti, Lewis Carrol, etc.

Dio unos pasos en ropa interior hasta una de las tres pequeñas ventanas y observó el paisaje que apenas era visible por segundos cuando la tormenta de arena amainaba para recobrar su fuerza y volver a soplar como los siete demonios.
__ Planeta de mierda.

__ “Un Uruguayo, un canadiense y un Cubano son nuestra esperanza de terraformar Faetón y enviar de ser posible nuestras colonias para habitarlo, un aplauso a estos tres héroes de la humanidad” __Así había hablado Donald Mc Cormick el director de la misión NASA en Cabo Cañaveral aquel diciembre de 1982.
__ ¿Un héroe?, una mierda, me eligieron por un estúpido sorteo entre tres mil aspirantes. ¿Por que yo?

Sacó del bolsillo de su traje la manoseada foto de Graciela y la observó intentando ver algún movimiento, un cambio de mueca en esa sonrisa enmarcada por sus cabellos color trigo.
La última noche que pasaron juntos en la tierra hubieran querido hacer el amor, ambos lo hubieran querido pero se pasaron tirados casi toda la noche uno al lado del otro conversando, ella con la incipiente barriguita de su segundo embarazo y el con unas tremendas ganas de renunciar a esa estúpida misión de colonizar un planeta al otro lado del universo conocido.

__ ¿Por qué vos? ¿Justo vos?
__ Flash Gordon, la culpa la tiene Flash Gordon y también el anillo del capitán Beto y Star Trek y la puta madre que me parió… __Ambos se rieron, no tenían nada mejor que hacer.
__ Ah, aquella canción de Spinetta, la recuerdo, a poco de conocerlos me regalaste el disco y me dijiste que querías viajar al espacio como ese capitán que de manejar colectivos se fue a recorrer la galaxia. __Ella era una mujer increíble.
__ La foto de Gardel y el banderín de Peñarol.

La alarma lo sacó de su nostalgia, algo se había complicado afuera, como si fuera un soldado se calzó rápidamente el traje enterizo, la escafandra, conectó las entradas de aire, y pasó a la sala intermedia entre el iglú y el exterior, si fuera creyente se hubiera persignado porque temía lo peor.

Afuera el ambiente estaba denso pero la tormenta se había aplacado lo suficiente como para dejarlo ver mejor que había pasado, se trataba de una rotura en la pared exterior del contenedor de agua que afortunadamente no había llegado a una pérdida porque sino estaba muerto.
Sacó la pistola de plástico líquido y rellenó suficientemente la rotura, seguro una piedra afilada impulsada por el viento había sido la que lo había provocado, de todas maneras dio una vuelta caminando sin alejarse más de dos metros alrededor del iglú y por suerte todo parecía en orden.

Volvió a entrar y al controlar la hora estaba amaneciendo, sin saberlo había pasado toda a noche como en un torbellino, algo pudo haber dormido pero no lo recordaba, es decir, que no podía haberse dormido tan profundamente pero así había sido.
Cuando el sol comenzó a iluminar el horizonte observó que la tormenta de arena había desparecido por completo y un extraño fulgor violeta sobre las colinas alentaba la idea de que el tercer aparato zonda siguiera funcionando bien en su tarea de purificar el aire y generar una atmósfera habitable.

Juan Salvatore sacó lentamente un poco de agua de la reserva y con la menor cantidad posible se afeitó, se enjuagó la boca y se peinó, todo con aproximadamente medio litro, debía ser extremadamente cuidadoso aunque aquel mar congelado al este podría ser un último recurso si es que de agua potabilizable se trataba.

Comió un poco de comida en pasta, supuestamente “Pavo con cereales” pero podía ser cualquier cosa, tomó medio litro de agua azucarada para tener mayor vitalidad y pensó detenidamente en salir afuera y tratar de reparar el vehículo todo terreno. En la valija de los manuales podía haber instrucciones de que hacer para arreglarlo aunque no tenía demasiadas esperanzas.

Encontró el manual pero estaba en Inglés, algo entendía pero lo hubiera preferido en español, por lo menos no estaba en Ruso o en Chino como los de la estación lunar donde habían pernoctado dos días aclimatándose antes de salir de misión. Yuri Kowalsky era el comandante de la base lunar: Lenin IV, un buen tipo, muy bromista y un verdadero genio en el tema de vivir dentro de un recinto como la antigua base lunar que desde los años cincuenta era frecuentada por Rusos, Cubanos y Chinos hasta que gracias a Reagan, cuando se solucionó definitivamente la guerra fría, los norteamericanos y luego nosotros pudimos frecuentarla.
__ “Nosotros somos el mundo”, le había dicho aquel astronauta argentino que había quedado como suplente cuando Juan Salvatore fue sorteado y ganó ese tercer puesto en la misión.
__ Por lo menos llévate esta estampita de la virgen del Lujan, haceme la pata yorugua.
__ ¿Como negarse?

Salió y caminó unos doscientos metros al lugar donde el vehículo todo terreno se había quedado varado después de que sus circuitos se quemaron. Se sobresaltó cuando algo rápido y plateado pasó volando sobre su cabeza, al observar su medidor en el brazo derecho de su traje corroboró que se trataba de la tercera zonda que justo había pasado encima de el.

Sacó el manual de un bolsillo, era difícil correr las páginas con esos gruesos guantes pero no había otro modo, el indicador de referencia de carga eléctrica estaba en cero, cambió la batería por otra que guardaban en el mismo vehículo con forma de Jeep achaparrado con seis ruedas y tres asientos. La marca se elevó a 100%

No encendió, seguro que Lima lo había intentado cuando se les varo el ingenio y tampoco dudaba de que Decarlo lo hubiera podido reparar de ser fácil, de todas formas no tenía nada mejor que hacer.
Estudió el panel, lo sacó lentamente tratando de no perder ningún tornillo y vio que los cables estaban en su lugar y que las lámparas parecían en buen estado, también la bovina diversificadota, así como la tercera pila de lithio que gobernaba la parte del mapeo.

El casco si bien no era demasiado voluminoso en el cristal se reflejaban cosas que el viento movía y eso lo ponía demasiado nervioso, se comenzó a sentir vigilado y trató de respirar profundamente varias veces, estaba solo, no había de que preocuparse por lo menos en ese sentido.
Todo estaba bien, cambió los circuitos quemados por una plaqueta similar más no idéntica porque ya no le quedaban repuestos pero quizás esta sirviera, los indicadores le dieron la razón y tras mover un par de veces la llave el vehículo tembló y se encendió.

__ ¡Buena caballo!
Subió excitado por su éxito.
Y de pronto comenzó a llover.
__ ¡No lo puedo creer!
Gruesas gotas de agua comenzaron a caer formando charcos a su alrededor y haciendo brillar el color blanco del vehículo que hizo avanzar rumbo a ninguna parte, no tenía un plan porque no había pensado que se repararía de esa manera casi milagrosa.
La zonda pasó nuevamente sobre él, así que habían pasado cuarenta minutos desde que la primera vez lo había sobresaltado, eso era lo que demoraba en dar la vuelta de cada cuadrante lanzando el gas para terraformar el planeta.

Las colinas eran buena idea pero desistió de ir hacia ellas, era mejor volver a la base y tratar de mapear nuevamente la zona para buscar algún lugar donde establecerse en mejores condiciones que en donde estaba. El iglú era bastante seguro pero le preocupaban las tormentas de arena, sobretodo cuando se incrementaban y las piedras podían volver a dañar el fuselaje tanto del mismo edificio como de los contenedores de agua o la purificadora de aire.

__Si encuentro una cueva por ahí la puedo adaptar como hogar, eso debo hacer, no sé cuando estos tipos podrán venir a por mí o si estoy condenado a morir en este planeta del culo. __ Entró y se quitó el traje, se puso un vaquero gastado y una remera blanca, recordó que Graciela se la había regalado en su cumpleaños, era una Polo auténtica imitada como dios manda en alguna provincia de China.
Pensó en Matías, su hijo de siete años, su gran admirador, el que se vanagloriaba en la escuela por tener un padre astronauta, el primer astronauta uruguayo, en realidad el primer cosmonauta, en este caso… el cosmos era la frontera final.
Y Florencia… ¿Llegará a conocer a su padre?, pensó en que había nacido y a solo dos meses y poco él había dejado el sistema solar. Incluso le había propuesto renunciar a Graciela pero ella no admitió que lo quería a su lado porque sabía que esas cosas pasan una sola vez en la vida.

__ Morirse también pasa una vez en la vida, mi amor, una vez en la vida.
Volvió a mirar la foto de su esposa, sintió su perfume, escuchó su risa y comenzó a llorar y a moquear como un niño asta que se quedó dormido tirado sobre el desarreglado catre de aluminio.

A principios de la tarde luego de almorzar otra pasta extraña, volvió a calzarse el traje y con una provisión extra de oxígeno trepó al vehículo recientemente reparado y enfiló a las colinas distantes unos veinte kilómetros. El paisaje era bastante monótono, la zonda seguía pasando impertérrita cada cuarenta minutos despidiendo partículas de ese gas terraformador que poco a poco creaba una atmósfera respirable y con ello la posibilidad de hacer de esa piedra redonda un sitio igual al terrestre.

El límite eran sesenta kilómetros por hora pero iba a casi veinte porque no conocía el terreno y temía caerse en alguna fisura o grieta en la tierra reseca, las piedras de diversos tamaños eran otro problema y aunque el vehículo tenía protecciones no quería pensar en quedarse a pie tan lejos del iglú.

A medida que se aproximaba a las colinas vio que las piedras no eran todas pardas sino que había diversos trazos de piedras volcánicas de tonalidades desde el marrón pasando por el rojo, el naranja, el amarillo pero también había una suerte de violetas y azules allí donde el sol rompía la oscuridad reinante cuando las tormentas de arena.
Volvió a sentirse pequeño abandonado y solo y trató de generarse la suficiente confianza, sin ella solo le quedaba una opción y eso no era siquiera admisible porque en casa lo esperaban sus tres personas más queridas de toda la galaxia.

Llegó al pie de ellas, eran mucho más grandes de lo que imaginaba, delante suyo un enorme cerro de unos setecientos metros se interponía a la cadena que recorría todo el este de donde habían hecho el campamento. Un dispositivo en su brazo le indicó que en esa zona el aire era respirable un setenta por ciento.
__ ¡Imposible! __Golpeó con el dedo la pantalla de plástico del dispositivo y siguió marcando lo mismo. sonrío, debería estar mal, alguna avería interna seguro.
Cuando dio un par de pasos la tierra se hundió un poco, estaba húmeda lo que era doblemente raro ya que si bien había llovido anteriormente no creyó que también allí hubiera caído agua.
Se arrodilló sobre la tierra enrojecida y con una pequeña pala retiró unos centímetros para ver diversos gusanos huyendo de la luz.
__ ¡No puede ser! ¡Tengo que estar soñando!

Guardó algunos gusanitos en un frasco, no eran muy diferentes a las lombrices terrestres aunque estaban bastante lejos de sus parientes. Subió la colina y encontró una especie de vereda entre dos enormes rocas y más allá una entrada a una cueva, tuvo que encender la luz de su escafandra para iluminarla, era casi circular con un techo de unos tres metros y bastante interesante porque algunas de sus paredes despedían un fulgor verdoso que comprobó eran esporas luminiscentes.

Comenzó a sentir el presentimiento de estar siendo observado pero sabía bien que esa es la parte fundamental del miedo cuando se está en este tipo de condiciones extremas, debía ordenar su cabeza y dedicarse a trabajar en lo más práctico que era examinar el lugar sin que se le agolpen malas ideas.

En realidad la cueva parecía perfecta para instalarse aunque traer el iglú y todos los trastos le iba significar al menos cuatro viajes con sus vueltas, ocho en total.
El piso de la cueva era duro y conformado por amplias placas de roca extrañamente plana salvo alguna pequeña deformadura, todas en posición perfectamente horizontal salvo al llegar al final contra la pared opuesta a la entrada que formaban un suave declive, allí podría poner su cama si era posible.

Pero al volver al vehículo dudó de toda la idea de mudarse porque aunque contaba con todo o casi todo el tiempo del mundo iba a ser demasiado riesgo por los constantes viajes sobretodo porque no tenía la menor idea de si el vehículo iba a aguantar sin volverse a averiar. Y si se rompía con parte de sus suministros divididos entre un destino y otro estaba irremediablemente condenado a morirse por lo menos de hambre.
Lanzó una serie muy larga de insultos en varios idiomas, después de todo es lo primero que se aprende en la puta tierra. Trató de animarse y emprendió el regreso ahora con el terreno mejor conocido por lo que pudo acelerar dentro de ciertos límites.

Cuando entró al iglú fue un verdadero alivio quitarse el traje que no era demasiado pesado pero si suficientemente aparatoso como para despertar cierta sensación de claustrofobia hasta para un astronauta entrenado como él.

Se miró al espejo, se notaba más flaco y con enormes ojeras que como sombras negras se depositaban en las bolsas debajo de sus ojos oscuros. Miró la foto de Graciela, pensó en que aún no habrían retornado a la tierra con la noticia de que tuvieron que dejarle. ¿Era un héroe o un idiota?

Al promediar la tarde luego de almorzar otro sobre de pasta con algo dentro supuestamente alimenticio y tomar medio litro de agua blanca considerada algo parecido a la leche se recostó a mirar el blanco techo de su habitación circular. En el recorder todavía estaba la cinta de Piazzolla con toda su buena obra.

Allá en Buenos Aires en aquella boite de la recoleta habían ido por el setenta y cuatro con Mancuso y Grillo a tratar de gozar la noche porteña, una negra delgada, oscura como la noche más cerrada cantaba: flying to the moon. Era delgadísima pero fabulosa en sus formas torneadas, llevaba el pelo muy corto, los labios pintados de rojo intenso y vestía un vestido de seda color amarillo.
Sus zapatos eran altísimos de tacos finos y de charol, tenía en toda su postura mucho de irreal bajo las intensas luces del pequeño escenario mientras la orquesta en vivo deleitaba los oídos, pero más su perfecta voz.

__Shenna Monroe, es yanqui la morena.
__ ¿Qué?
__ Que así se llama esa chica que te tiene con la boca abierta como un tarado yorugua.
Grillo, puro porteño nacido en Liniers se reía de las palabras de su coterráneo “Nino” Mancuso cuando notó que era cierto: Juan estaba absolutamente fascinado por esa mujer.
La canción terminó y ella hizo una leve reverencia agradeciendo los aplausos que estallaron en la boite: “The Green Cat”
Nino se paró y la detuvo en medio de su salida rumbo al backstage, se saludaron, el le habló al oído y ella sonrió mirándolo a él, si a Juan.
__ ¿La conoce?
__ Nino conoce a todo el mundo en Buenos Aires __Dijo Grillo con un gesto superado mientras se arreglaba la corbata.

__ ¿Por qué justo ahora esos recuerdos?

Ella se acercó a la mesa, era más linda de cerca y no llevaba sostén debajo del vestido, los tres lo notaron, Grillo le acercó la silla y ella miró a Juan a los ojos con una mirada tan atrevida que lo hizo toser.
__ ¿Uruguayo?
__ Lamentablemente.
Todos se rieron.
__ ¿Por qué lo lamentas?
__ En este momento quisiera ser yanqui…, perdón norteamericano para hablar mejor este inglés que, excuse me…
__ Nací en Kenia, tampoco soy yanqui como tú dices, pero bueno, estoy asimilada por el mundo civilizado, digamos. ¿Y tú?

Los recuerdos solo son caricaturas de lo que alguna vez fue la realidad, los deseos, los anhelos y sobretodo las frustraciones conjugan una nueva literatura de lo que se rememora, cada retorno al pasado a través de la memoria está empañado por la niebla del olvido.

Juan sentado contra la dura pero flexible pared blanca del iglú y apoyado en el piso sintético del mismo color estaba pensando en miles de cosas, tratando de encontrarle quizás una respuesta a su llegada cruzando el frío espacio a esa triste y solitaria situación.

El hotel no estaba mal, cuando entró con la chica negra todos los miraron, desde que habían bajado del taxi en avenida Rivadavia los transeúntes miraron a aquella pareja extraña, no tanto por el: flaco, de cabello castaño y rostro anguloso con nariz delgada pero un poco aguileña. Todavía Shenna llevaba su vestido amarillo aunque se cubría con un saco de piel de visón.
Juan estrenaba un impecable traje negro con muy finas rayas grises, una camisa blanca y corbata rojo oscuro.

No podía recordar como se besaron luego de algunos whiskys que le ayudaron a mejorar su ingles o lo hicieron sentirse más atractivo, tampoco pudo comprender como su esposa en Montevideo nunca se convenció que el viaje a Buenos Aires había sido absolutamente normal, Intuición femenina y de esposa que les llaman.

Fue su último viaje a la Argentina y aunque Shenna Monroe volvió definitivamente a Dallas donde vivía, temía que al pisar Buenos Aires volvieran aquellos recuerdos con tanta fuerza que comenzara a dejar de amar a Graciela si es que eso era a pesar de todo posible.

Juan Salvatore se quedó dormido sin saber que sus compañeros de viaje habían sido destruidos en una lluvia de meteoritos poco después de salir del agujero de gusano y que en la tierra los dieron a todos por muertos.

Catorce años después encontraron su cadáver petrificado en una nueva misión a Faetón.

FIN

Kamiki Sato: El guerrero azul

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Kamiki Sato: El Guerrero azul
Por: Darío Valle Risoto

Apoyado sobre la larga lanza, la superficie lisa de la dura madera estaba pulida por el uso y arriba apuntando al cielo la hoja de bronce de casi veinte centímetros refulgía lastimando los ojos. La afilada saeta que abrió carnes y despejó vidas era el bastón del guerrero.
Una raída capa de cuero agujereada y debajo un pantalón de lino sucio y maloliente asiendo juego con una chaqueta de lino más oscura pero no menos sucia y apestosa. Sus botas eran de cuero rojo como todos los caballeros del reino, otro maldito reino dejado atrás.

Adelante, por la espalda, al costado, arriba, abajo, todo desierto y el sol mirándole llameante mientras comienza a caer el día sobre sus huesos cansados, la espada tintinea chocando su empuñadura contra la lanza. Quisiera dejar su bolsa pero algunos petates son de los pocos tesoros del guerrero aunque muera uno de estos días o a lo mejor una de estas horas.

Los buitres trazan círculos, malagüeros pero sin embargo esto significa que debe haber algo más o menos cerca porque no pueden estar en medio de la nada, a menos que sean alucinaciones.

Y le pica la barba, la boca seca como un cuero y las últimas gotas de agua que se deslizan por la garganta que ya no siente casi y los ojos cansados que divisan como una silueta más negra en el horizonte y una cosa plana que se eleva que bien podría ser un oasis o que está a punto de desmayarse.

Lo segundo: desmayo y la sensación minutos u horas luego de ser llevado en andas y una discusión en otro idioma, sin comprender pero entendiendo que alguien quiere ayudarlo y otros no, que hay que matarlo y quedarse con las armas como si estas fueran un buen tesoro y solo son mierda.

Abrió los ojos, la boca ahora estaba dulce, alguien le dio agua, lo lavó y se siente mejor, mira al techo de telas marrones, es una tienda y escucha gemidos de placer o de dolor que pueden ser lo mismo.

La lanza descansa a un lado de su cuerpo, la han dejado por descuido o como señal de que no debe temer, también ve su espada y su sucia bolsa y más allá a unos metros un hombre penetra por el trasero a una mujer de piel negra que gime y pide a gritos que la saque porque le duele demasiado.

Kamiki trata de sentarse y una mano blanca le ayuda, es una muchacha, casi una niña semi desnuda, solo tiene un collar de piedritas verdes que brillan cuando el sol se cuela por la entrada que movida por el viento levanta su cortina. También lleva una túnica casi transparente blanca, tiene pequeños pechos de aureolas anchas.

__ ¿Vienes del Oeste caballero?
__ De Kangai si.
__ Yo soy Sandita, la hija de Camarcan, aquél señor que está disfrutando a una de las esclavas.
__Ya lo veo, me llamo Kamiki, guerrero desocupado.
__ ¿Desertor?
__ Exiliado.
Ella sonríe porque sabe que le puede mentir.

El hombre quita su pene y la mujer se deja caer desde las rodillas sobre los almohadones, le salen hilos de sangre de entre las nalgas brillantes de sudor.
El hombre se pone sus pantalones de seda negros y se ajusta el cinto de oro mientras se arregla el turbante, tiene el pecho denudo y cubierto de pelos negros como sus ojos.
__ ¿Se despertó el salvaje?
__ Se llama Kamiki y es de las tierras del oeste…exiliado. __Ella lo presenta sonriendo mientras se acerca a la esclava y le examina el culo. __ ¿Te duele?
__ Estoy bien mi sehorita, solo un poco, gracias.

El hombre del desierto es dueño de toda la soberbia de los que tienen el poder sobre sus semejantes, se acerca y toma la lanza de su costado para examinarla, toca la punta de la hoja con sus uñas cuidadas y sonríe.
__ ¿Has matado a muchos perros con esto?
__ No tanto, más bien hombres.
El hombre del desierto sonríe y bate las palmas mientras dos esclavas tan negras como la ultima entran a la tienda trayendo vino y dátiles.
__ Bebe mi amigo que Camarcán el grande te ha dejado vivir porque tu tendrás una misión para agradecerle a menos que quieras volver al desierto, tu decides buen hombre. __Le guiño un ojo con malicia y bebió vino de una copa de refulgente plata.

Kamiki se viste, le han dejado ropa nueva, un pantalón de lino verde desgastado, sus propias botas y una chaqueta negra con arabescos labrados en dorado. Les agradece con gesto preocupado porque teme haber caído en una trampa, más poco puede decidir sobre su vida en esos momentos, sobretodo porque al mirar de reojo afuera ve a muchos guerreros de turbantes azules y alfanjes brillantes.

__ Come infiel, que te necesito fuerte, además quisiera saber algo…
__ Dígame señor.
__Eres educado, eso me gusta. __Lo golpea amigablemente en una pierna. __Quisiera saber si crees en los monstruos o en los demonios.

Kamiki bebe vino sintiendo que vuelve a la vida todo músculo y todo cuerpo mientras mira a la negra que se viste y se va cojeando carpa afuera. La muchacha, la hija del señor se sienta en medio de ambos dejándole ver su bello púbico al cruzar las piernas.

__He visto cosas muy extrañas desde mis tierras y bajando por los estrechos, también me han contado de entidades que se mueven en la noche o se esconden en cuevas olvidadas.
__ ¿Has visto a los muertos levantarse?, Quiero que me contestes con la verdad soldado porque de eso depende tu vida. __Su rostro segundos antes sonriente se volvió sombrío mientas se atusaba los gruesos bigotes, su hija retiró la vista y miró de reojo la espada de su padre.
__ No, nunca vi a un muerto moverse salvo a los soldados de Torquistán quemados en la batalla de Carpatia allá en los llanos, pero creo que era cosa del fuego y no de la magia…mi señor.
__ Tenemos fronteras con Torquistán, son una raza taimada pero su emir es mi primo y debo mirar para otro lado cuando invade las tierras frías, de todas formas mi interés no es que escuches maledicencias familiares sino que completes una misión muy delicada para la que te pagaré lo que me pidas.

__Estoy a sus ordenes, ustedes me salvaron la vida.
__ Me agradan los hombres agradecidos, mis soldados te trajeron medio muerto. ¿Sabes que dormiste durante dos días con sus noches y que dos de mis hijas te bañaron?
Kamiki miró a Sandita y tuvo que refrenar una erección inminente al pensar en sus blancas manos limpiándole el cuerpo con un paño húmedo.

Necesito que vayas al norte donde encontrarás un oasis oscuro, casi olvidado de la mano de dios y me taigas una medalla que cuelga de una única tumba debajo de un grupo de palmeras, esa medalla era de mi padre el sultán de Camarcán IV llamado Keres y que fue muerto en la batalla de los cien días y enterrado allí por el bastardo de Samakron el negro.

__ ¿Y por que no manda a sus hombres por ella?
El hombre del desierto miró al techo de la carpa y lanzó una carcajada.
__Perdí la cuenta de los hombres que osaron ir por mi presea y ninguno ha vuelto a excepción de un escudero que sobrevivió balbuceando sobre un lagarto negro gigantesco que cuida de la tumba y mata y devora todo lo que ose acercarse.
__ Un lagarto de escamas negras… escuché historias sobre su peligrosidad pero los creía extintos, debe ser interesante hundir mi espada en sus entrañas. __Dijo Kamiki como meditando en voz alta mientras comía dátiles y bebía vino, el estómago lleno le daba valor, había dejado atrás los momentos en que su esperanza declinaba muerto de hambre y de sed en el desierto.
__ Puedes llevarte a los soldados que quieras, pero me parece que eres de los que trabaja solo, al menos dame el placer de cogerte a mi hija esta noche, si creías que no noté que se te paraba mientras la mirabas es que no merezco ser el sultán de estas tierras. __Se atusó el bigote y le tocó uno de los breves pechos a su hija que posiblemente estaba acostumbrada a tales muestras de afecto porque solo se limitó a sonreír.

El resto de la tarde afiló su lanza, su espada y su daga, comió lo suficiente y al recorrer el enorme campamento se percató del enorme poderío de Camarcan, a lo lejos divisó otros campamentos y pensó en que estaban seguramente en medio de una posible guerra con alguna de las naciones fronterizas pero de todas maneras no era asunto suyo.
Los soldados con sus gestos adustos y sus turbantes azules miraban al extranjero, algunos con rostros inexpresivos y la mayoría con cierta repulsión. Eso a Kamiki le importaba una mierda.

Junto a la tienda principal encontró que allí dormían seis de las casi cuarenta hijas del sultán, algunas eran de piel color aceituna y otras blancas como la leche tal el caso de Sandita que salió a su encuentro cuando intentaba entrar a una de las carpas.
__ ¿Estás perdido?
__ Creí que era la mía, ahora veo que es aquella de allá, lo siento.
Ella sonrió, seguía con la túnica semi transparente, sus sandalias eran muy finas con tientos que cruzados llegaban casi a las rodillas. Sus cabellos eran negros como los de su padre pero tenía un rostro fino de mentón delicado y nariz aguileña pero de una perfección prístina.
__ Tu padre me dijo que tu y yo…
__ Me encantaría que me hagas el amor, he pensado en ello desde que te bañamos luego de encontrarte en las arenas. Pero debo serte sincera: soy virgen.

Viendo su soltura al caminar entre los campamentos plagados de armas y soldados nunca lo hubiera pensado, eso también significaba el enorme poder de Camarcan quien podía tener a parte de sus hijas absolutamente intocadas en medio de cientos, tal vez miles de hombres de guerra.
__ ¿Nunca te tocó un hombre?
__ Soy virgen, nunca entraron en mi nido, pero no soy idiota, tengo boca, tengo manos y tengo trasero.
Kamiki sonrió, luego la sonrisa se tornó en carcajada y entró a su tienda seguido de Sandita que se desnudó y luego le quitó la ropa para tomar su pene entre sus manos blancas y delicadas.

Fue una buena noche, ella lo hacia por primera vez de ese modo y con un hombre de piel amarilla de los que tanto había escuchado mencionar a sus compatriotas.
__ ¿Como es tu país?
Mi país es de amplias llanuras fértiles, suaves ondulaciones y montañas lejanas con sus picos nevados, lo recorren innumerables ríos y arroyos donde hay animales de plumajes coloridos y también hay bosques hermosos donde al escuchar los pájaros puedes sentirte en medio de otra dimensión.
__Entonces: ¿Por qué lo abandonaste?
__ Porque hay hombres en mi país que se han adueñado de la libertad de los míos, han matado y asesinado para perpetuarse en el poder y yo debí abandonarlo porque era inútil oponerse, ellos eran miles.
La chica pensó inmediatamente en su padre.

Al amanecer montado en un musculoso caballo color ceniza tomó camino al oasis maldito con sus armas refulgentes y tras saludar a la niña y al sultán o emir: Camarcán
Unas horas después el calor hizo que descabalgara y compartiera el agua con el equino, en el horizonte divisó lo que sería el mencionado oasis, el lugar de la tumba, la medalla y el lagarto de escamas negras.

__Te pagaré lo que pidas, cien monedas de oro, doscientas, lo que quieras, si quieres llevarte a Salema, a algunas esclavas, todas son tuyas, pero tráeme la medalla de mi padre.
Kamiki pensó en la piel blanca de salema, en sus labios salados, en su noche cuando ella entrelazó sus piernas sobre su cuello y el entró despacio pero duro como una adarga en su castillo peludo y caliente hasta que su puente levadizo calló en una catarata de sangre y placer.
__ ¡Llévame contigo y hazme tuya para siempre! __Le dijo llorando de gozo.
__ Soy un mercenario, pronto te cansarías de una vida de necesidades y peligros, quédate con tu padre, solo pediré oro.
__ ¡Ojala que el lagarto te devore como a los otros entonces!

Kamiki esperó que cayera el día en lo algo de una duna con el pecho a tierra, antes había maneado al equino y le había atado con un pañuelo la boca para que no relinche, también había buscado su ubicación contra el viento para que su olor no llegue al oasis que no era tan pequeño cuando lo comenzó a examinar usando un pequeño catalejo.

Cuando el sol era casi una línea en el horizonte se levantó un viento frío y las arena le cubrieron la visión por un instante, cuando el paisaje volvió a dibujarse vio con su aparato que al lado de la tumba que Camarcán le había mencionado algo se arrastraba y poco a poco comenzaba a tomar la forma del supuesto monstruo.

__No parece tan fiero. __Se dijo para darse valor pero en verdad iba a ser la primera vez que se enfrentaría a una criatura de tal tamaño, casi del doble de los lobos que acosaban su vieja granja allá en las llanuras de su pueblo.
Pensó detenidamente en como enfrentarlo y no le quedó otra idea que ir caminando lentamente con su espada entre las manos y la lanza atada a su espalda, por un momento pensó en llevar el escudo pero temía que fuera más un obstáculo que una protección.
Lamentablemente cuando caminó unos trescientos metros comprendió que había cometido un gran error al no tomarlo porque el lagarto era realmente inmenso y tenebroso.

Se retorció rascándose contra una de las palmeras y levantó la cabeza como oteando el aire, su lengua bifurcada despedía una baba amarilla y sus seis patas estaban armadas de largas uñas del mismo negro que el resto de su armada piel.
En determinado momento los ojos de Kamiki se encontraron mirando a los ojos de serpiente del animal.
__ Déjame llevar esa medalla que cuelga de la tumba y te perdonaré la vida.
__ Debes ser un humano especial para hablarle a la bestia que te va a devorar en unos instantes.
Kamiki recordó que algunos animales fantásticos cuentan con la facultad de comunicarse con los hombres, así lo había leído en los manuscritos de las montañas pero recién ahora comprobaba que esto era cierto.
__ ¡Vengo en nombre de Camarcan el señor de estas tierras a recuperar algo que pertenecía a su padre!, ¡Hazte a un lado o te corto la cabeza!

El lagarto tomó la medalla conservándola entre las uñas de una de sus patas delanteras, se incorporó sobre las cuatro restantes y levantó su larga cola con gesto amenazador. Kamiki envainó su espada y tomando la lanza la asió fuertemente apuntándole a la cabeza, lo tenía a unos veinte metros.
__ Eres o muy valiente o un suicida, solo tendrás una oportunidad humano.
__ Con eso me basta. __Le dijo y poniendo su pie derecho por delante lanzó con todas sus fuerzas la saeta que dio de lleno en medio del pecho del lagarto que ya estaba en medio de un salto para caer sobre él. Inmediatamente se tiró a un costado y asiendo su espada le hundió no bien había caído la larga hoja a un costado de la cabeza serpentil.

La bestia lanzó un bufido, solamente había rasgado la capa del guerrero antes de caer moribunda.

__Llévale la medalla a Camarcán y si tienes agallas pregúntale que tipo de magia utilizó para transformar a su propio padre en este monstruo que acabas de abatir para quedarse con su reino.
Kamiki pasó la noche junto al fuego, no podía evitar mirar al cuerpo inerte del monstruo y a la tumba vacía y sentir que aunque haya recorrido miles de kilómetros, en cualquier tierra, los hombres siguen siendo viles.

FIN

Los Miserables

ricos y pobres

Los Miserables
Por: Darío Valle Risoto

Recorrí una reciente tarde gris pero sin mucho frío el camino de la pobreza tomando un colectivo diferente y me sentí triste y asqueado por la miseria de mi tierra que parece no tener cura para su enfermedad de cantegriles bautizados como asentamientos. Más no servirá de nada el renombrarlos si estos siguen dando a luz y a sombra: pobre gente retorcida.

Había una cierta belleza en ese niño escolar desnutrido que olía a meos y pidió permiso para sentarse a mi lado y en la señora con rostro indígena cargada de bolsas que se sentó como quien deja caer sobre el plástico inútil toda una vida de sufrimientos. Algunos teclean sus celulares como si disfrutaran de una larga charla filosófica sobre sus lugares en el mundo y sobre esta curiosa ruleta que nos parió juntos para separarnos en alguna lejana bifurcación del camino de la necesidad.

Observé a la muchacha que era hermosa e inmaculada y la vi bajarse en una cuadra adornada por caseríos de lata y bloques desiguales y pensé en su vida, en su familia y en las ganas de abrazarla y rescatarla y amarla para que sea otra y no pertenezca a esa infame destrucción. Creí y me convencí de que soy un hombre despreciable por desear cambiar un mundo que siempre será así de injusto por más que haya elegido determinadas banderas a lo largo de mi vida pero siempre todo termina en esto: en la miseria.

Y sentí asco y repulsión por mis ganas de cómprame cosas al pedo y por intentar creer que habrá una oportunidad de que retorne una solidaridad que acaso nunca existió o solamente fue una exigua chispa de aquello que inmediatamente fue acallado por la terrible piqueta del progreso y el oprobioso consumismo.

Afortunadamente hay una felicidad de la que ya no bebo pero se siente en la risa de los pobres e ignorantes que disfrutan sus cumbias y sus chistes zafados y de sus conquistas allá en la cancha cuando creen que el domingo se extenderá fuera de los estadios y recibirá en cada piedra o patada en la cara de la hinchada contraria un poco de justicia divina.

Y vi los templitos evangélicos humildes y perversos en medio de los caseríos y algún chalet fuera de contexto rodeado de rejas y cámaras y perros que tratan de asomar la cabeza antes de ser seguramente engullidos por la miseria que sube y regurgita mierda a su alrededor.

Observé a dos obreros sucios mostrándose fotos con sus celulares y escuché sus risas socarronas que seguramente engalanan alguna teta o algún culo robado de Internet para beneplácito de viejos gustos por un arte que solamente será propiedad de los otros.

Observé a la muchacha que era hermosa e inmaculada y la vi bajarse en una cuadra adornada por caseríos de lata y bloques desiguales y pensé en su vida, en su familia y en las ganas de abrazarla y rescatarla y amarla para que sea otra y no pertenezca a esa infame destrucción. Miré su chaqueta rosada, sus jeans gastados, toda ella muy limpia, sus ojos claros, su cabello arreglado y quise que tenga suerte y que alguna vez pueda escapar de ese barrio perverso y que pueda al menos asomarse a esta pobreza que yo ostento pero que de alguna manera ha escapado de eso.

Y recuerdo entonces aquel cantegril de la calle Avellaneda y a mi madre llevándoles juguetes a los niños malolientes y me veo enojado por el despojo solidario de mi vieja y veo sus dedos sucios metiéndose en la torta de naranjas y recuerdo que les temí y los odié por ser pobres sin saber que yo también lo era pero contaba con la notable diferencia de ser el hijo único de dos padres tan especiales como fuera de contexto.

Y hoy a veces me lamento por pensar tanto y siento envidia de esa ignorancia feliz.

El tío Lucas (Cuento)

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El tío Lucas
Por: Darío Valle Risoto

Cuando el tío Lucas vino desde Salto, de un pueblito cerca de la capital del cual no recuerdo el nombre, inmediatamente se ganó todo mi cariño y admiración. Yo tenía unos diez años cuando lo conocí. antes hablaban de el en casa, casi siempre en voz baja mi madre con mis tías mientras mi padre tomaba mate y movía la cabeza como enojado con gran parte o todo de lo que escuchaba.

Cuando mis tías Nora y Beba se retiraban mi padre se acercaba a mi vieja, le acariciaba el pelo, señal de que iba a decirle algo importante y comenzaban a comentar cosas sobre el tío Lucas, en realidad hermano de crianza de mi abuelo Alfredo el padre de mi madre que murió cuando yo tenía apenas dos años.

Mi casa de la niñez estaba en la aguada, era un caserón de esos grandes con un largo corredor con cuatro cuartos enormes a la izquierda y dos mas chicos adelante con la cocina y el baño al fondo pasando el patio interior donde teníamos muchas plantas y flores rodeando una aljibe que estaba tapiada.

El tío Lucas era morocho, flaco, alto y de modales muy cuidados, bigotito fino y aspecto de tanguero, más bien aspecto de lo que era porque tocaba tangos y milongas en los quilombos de Salto. En ese momento le pregunté a mi padre y me dijo que los quilombos eran como clubes de barrio pero nunca me aclaró si era como el club de bochas Aguada o como el club de basquetbol.

Mi madre no lo recibió muy contenta que digamos, mi padre le cedió el cuarto chico de adelante que el se dedicó a limpiar no bien se mudó a casa aquel primer Lunes de turismo del año setenta y tres, lo recuerdo bien porque fue el mismo año en que según mi padre: “Hubo golpe de estado”. Yo tampoco entendía bien a quien habían golpeado pero ahora si lo sé.

Al tío Lucas le costó conseguir trabajo, mi padre quiso meterlo en AFE para limpiar los ferrocarriles pero eran tiempos difíciles y el capataz tiraba la pelota para adelante sin darle esperanzas. Pero como buen hombre de campo que era sabía de todo y poco a poco mi madre tuvo que reconocer que había en pocos días reparado las ventanas del frente, arreglado el galponcito del fondo que tenía el techo vencido y pintado casi todas las puertas y ventanas con un verde muy lindo que había encontrado entre tanta cosa del bendito galpón.

Fue allí que muchas veces me enseñó cosas de electricidad, carpintería y como inflar la pelota de cuero con un inflador de bicicleta, así como también me esperó cierta vez al salir de la escuela porque quería saber como eran esos matoncitos que me la tenían jurada desde que se habían enterado que yo era hincha de nacional.

El tío Lucas era un hombre que sabía de todo, competía con mi padre en cosas sobre el cine o los radioteatros de Julio César Armi con quién había colaborado en la puesta en escena cierta vez que habían hecho unas presentaciones en los teatros de Salto y Artigas con la obra: “El lobo del pajonal”.

El tío Lucas era un hombre tranquilo y con alguna tristeza que tomaba mate por las tardes debajo de la claraboya abierta si hacía calor y siempre miraba al cielo y alguna lágrima creo que le vi secar con el dorso de su mano. Con el tiempo esta actitud me explicó parte de su secreto de vida en aquellos tiempos tan raros de un país que a medida que fui creciendo dejó de ser mi país para transformarse en otra cosa.

Cuando mi padre fue despedido de AFE por sus pensamientos subversivos según mi madre y por tener “los huevos bien puestos” según él, nos vimos con los pasajes para irnos a Suecia y fue la última vez que vi al tío Lucas que debió tomar su propio camino porque mis viejos vendieron la casa y el se fue a Buenos Aires.

Y como dios no sabe de casualidades una noche estaba yo con mis treinta y pico de años sentado en un hermoso café de Paris a escasas cuadras de la torre Eiffel y me lo encuentro viejo si pero igual de flaco caminando con otro señor por la Rue de Grenelle.

Por supuesto que no me reconoció, yo ya era adulto y estaba muy cambiado, habían pasado más de veinte años y viendo al tío con su rostro surcado por innumerables arrugas de la mano de otro hombre y visiblemente enamorados comprendí al final de que trataban aquellas discusiones entre mis padres.

Todavía lamento no haberlo saludado pero fue grato saber que el mundo al menos en ese aspecto ha mejorado aunque no en muchos otros.

FIN

Hortensia y el muchacho del tren (Cuento)

FB_IMG_1485849578705Hortensia y el muchacho del tren
Por: Darío Valle Risoto

Su concha era una cosa increíble, Ismael se quedo mirándola largos minutos como extasiado, no había igual ni en los cuadros de Van Gogh ni en las majestuosas obras de Miguel Ángel. Su concha era la filosofía de la vida, la cornucopia de la fecundidad, la novela prohibida de Henry Miller, lo que nunca encontraremos en las putos libros de auto ayuda o en las rubricas ansiosas de las novelas Pulp. Su concha era el centro de un universo que olía a aceites romanos y clavos de olor griegos, a almizcle canadiense y a salvia de frutas aromáticas de las islas Seychelles.

Pero había cierto irónico equilibrio entre esa mata de vellos negros y lo rosado de sus labios anchos como las fauces de un tiburón esotérico presto a morder con ansias los frutos del placer que Ismael estaba dispuesto a regalarle. Ella hacia el amor frenéticamente pero con culpa, la insólita culpa de una mujer casada que tomó un café con aquel desconocido que le habló por lo bajo en el tren diciéndole que su culo apretado era lo mejor desde que el hombre había inventado el fuego.

__Soy una mujer casada y usted es un atrevido señor.
__ Bajemos en la próxima estación para revolcarnos en un hotel dulce señora, le apuesto mis cojones que jamás tendrá orgasmos como los que puedo producirle.

Ella lo miró, estaba de espaldas a él y se volvió cuando atrevido le hizo esa asquerosa proposición, a ella, a la señora Montiel, una dama de su casa con cuarenta años muy bien llevados y con una década o más de abstinencia sexual.

Lo siguió con la cabeza dándole vueltas, su marido estaba por una semana en Londres y ella otra vez sola aunque tampoco lograba en la compañía de Arthur más que un lamentable sucedáneo de placer que solamente llegaba a buen fin si se masturbaba llorando sola en el baño luego de que su marido eyaculaba febrilmente y siempre de forma precipitada.

__Hay una sola vida y mi pene está a punto de salir de mi bragueta y gritar como una anguila desatada a por usted. __Le dijo antes de bajar juntos y ella no supo por qué pero sonrió.

Fue lo último que Ismael le dijo, el también se estaba precipitando por ese hermoso abismo que lleva a todos los amantes del mundo a conocer un segundo la eternidad tan prohibida a los mortales. Ella se dejó llevar, bajaron en Doulón, un pueblito blanco y desaprensivo donde encontraron en su único hotel un cuarto que olía a naftalina pero importaba un soberano carajo.

___Me llamo Hortensia. __Le dijo cuando él le sacaba los zapatos, le bajaba la bombacha y subiéndole el vestido hundía su cabeza entre sus piernas aún temblando y ya en medio mojadas de desde antes de dejar el tren.

Hubo un caleidoscopio que compartieron ambos cuando el sol de la tarde pasó por una sucia ventana confundiéndose con unas cortinas con margaritas estampadas sobre fondo azul. Ella gimió y lloró cuando el quitó su rostro y lo pudo ver con esa barba cuidada, sus ojos pardos y su cabello ensortijado.

__Esto no puede estar pasando…soy una mujer ca…
Ismael sacó unos finos puros de Portugal y le ofreció uno, no bien habían hecho el amor por dos veces su cuerpo blanco estaba desnudo sobre la cama, transpirando y erótico tanto que ya no tenía cuarenta ni veinte ni catorce, era el de una niña de mármol de apenas cuatro dulces años.

Hacía años que Hortensia no fumaba pero lo aceptó, hubiera aceptado cualquier proposición desde ser penetrada por un rinoceronte a dejarse violar por doscientos esclavos negros. En ese momento estaba felizmente derrotada.

Ismael se sentó también desnudo, tenía poco pelo en el cuerpo, un pene de dimensiones normales y manos de pianista, ella se detuvo jugando con sus pezones, los de el, que desde luego eran pequeños pero estaban duros.
__No se nada de ti. ¿A que te dedicas?
__Soy asesino profesional… el mejor.

Ella rió a carcajadas, tanto que tosió y se sentó en la cama, sus pies era fabulosos, sus arcos perfectos y sus cuidadas uñas pintadas de carmesí le produjeron a Ismael una sensación de estar viendo un cuadro en movimiento justo cuando la tarde daba sus últimos estertores recibiendo a la noche.

De espaldas a ella manoteó la sevillana que en algún momento había deslizado debajo del colchón y la abrió.
Ella no tuvo tiempo de sorprenderse, fue un segundo en que el asesino le separó la garganta y dejó que la sangre fluya y el cuerpo se sacudiera tratando de conservar su vida.

Se vistió lentamente, ella aún sin vida era hermosa. Cuando dejó el hotel ya de noche luego de pagar, se fue meditando en que debía pensar en cambiar de trabajo porque comenzaba a involucrarse personalmente y sobretodo porque la concha de Hortensia había sido lo más espectacular que había visto en su vida.

__ No quiero que sufra, si es posible mátela sin que se de apenas cuenta, quiero que muera feliz, si es posible. __Solicitó su marido al contratarlo.

FIN.