Las luces de aquella plaza (Cuento)

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Las luces de aquella plaza
Por: Darío Valle Risoto

La Onda se detuvo en una esquina de la plaza, ella estaba semidormida con ese soponcio que producen los caminos sobre un enorme colectivo de pasajeros durante la noche. El guarda la despertó cuando comunicó a los escasos pasajeros casi gritando que habían llegado a Villa Temesio, donde solo ella se apeó.

Eran las once y media de la noche, estaba nublado y hacía un frío que cortaba la respiración. Alba se subió el cuello del saco y se cubrió la boca con la bufanda de lana gruesa. La plaza lucía igual aunque ahora iluminada con unas luces anaranjadas que eran combatidas por esas nubes bajas del frío invierno.

Pisó las baldosas grises mirando el entorno, la luz de los faroles despedía un fulgor fantasmal, a la mitad se detuvo y la estatua ecuestre del prócer casi ni se veía desde abajo. Comprobó que había placas de bronce nuevas en el pedestal, seguro de nuevos aniversarios, fechas importantes, etc. Pero le era imposible leerlas con tantas sombras a su alrededor.

Los árboles tal vez eran los mismos árboles pero tanto no podía recordar, fueron diecinueve años en la capital sin volver la cabeza atrás ni por una sola vacación y ahora algo la había motivado a volver, algo que nunca hubiera querido que pasara pero la vida es la vida.

Nadie había en la plaza, lo que había creído era alguien durmiendo en una banca solamente era un juego de sombras de las ramas bajas de un enorme sauce. La fuente lucía descuidada, también el rosedal que estaba vacío con sus metales en punta como un esqueleto abandonado.

No necesitaba ver ni la iglesia, ni la comisaría ni la escuela que dejó atrás el ómnibus de Onda cuando retomó su recorrido. Solamente llevaba una valija porque no pensaba quedarse mucho tiempo.

Eran casi las doce de la noche pero afortunadamente un pequeño Bar estaba abierto, se escuchaba música tropical y un par de parroquianos jugaban al dominó cuando entró dando las buenas noches. El mozo la miró con gesto adusto.

Pidió un capuchino con una medialuna, estaba muerta de hambre, se había dormido en la última ciudad donde pudo bajar a comer algo y luego fue imposible. Comió lentamente, los hombres se reían y bromeaban entre sí, un banderín del club lucía sucio y cagado por las moscas y a pesar de la música encendida el ruido del motor de la heladera la sobresaltó.

Le pidió más terrones de azúcar al mozo que también atendía el mostrador, este le dejó dos paquetitos al lado de sus manos heladas. La miró como para reconocerla y bien pudo haber adivinado quien era pero se dio vuelta y se puso a limpiar unos vasos. Allí de espaldas le dijo que iban a cerrar en unos minutos que podía irse al hotel Florida si era turista.

Ella preguntó si las luces de la plaza eran nuevas o las de siempre, unos de los jugadores de dominó le contó que eran nuevas de hace dos años más o menos, que el nuevo alcalde las había puesto luego de ganar las elecciones. Por lo visto tanto festín no había alcanzado para mantener la fuente pero prefirió guardarse el comentario.

El otro hombre, un hombre negro y viejo, lanzó una puteada al perder la partida y fue hasta el mostrador mirándola de arriba abajo lo que la puso nerviosa demás y casi se le cae la cuchara del cappuccino.

__ ¿Viene al velorio de Rocamora?
__ Exactamente…, si, a eso vengo.
__ Lo velan a partir de mañana porque fue suicidio. ¿Sabía? Y entonces los milicos anduvieron investigando pero nadie lo quería mucho a Rocamora.
El otro hombre tomó las fichas del dominó y las guardó en una caja sucia que le acercó al mozo y pidió una grapa con limón.
__ Usted me resulta conocida. __ Dijo el otro veterano. A su vez el mozo carraspeó y se puso a limpiar un sector, una esquina del mostrador mirándoles con rostro cejijunto.
__ Soy la hija. __Respondió y se hizo un gran silencio que llegó hasta la plaza y lloró de angustia junto a la niebla y los faroles de luces anaranjadas.

FIN

Tarea del Taller de escritura: En este caso describir algún paisaje que tenga que ver con el acontecimiento que vamos a narrar y que de alguna forma sea relevante con la historia.

Mi Chiquita (Cuento)

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Mi Chiquita
Por: Darío Valle Risoto

La mayor vino a visitarnos, se enteró que su madre está muy enferma y apareció luego de casi cinco años en que se fue de casa para vivir con ese mulato de mierda.
Pensar que era mi consentida, recuerdo que la sentaba en mi falda y le contaba cosas de mi vida en el ejército. ¡Si tendré historias en casi treinta años al servicio de la patria!
Ni me saludó cuando llegó. la dejé entrar por la madre pero ahora María del Rosario ya no es mi hija, es una comunista más desde que se fue, si hasta me parece ayer cuando discutimos sobre este sujeto desagradable con el que se encama y esas preguntas. ¡Dios mío como le lavaron el cerebro estos izquierdistas!
¿Cómo me va a preguntar si yo torturé durante la dictadura?

Ni siquiera fue dictadura, dictaduras son las de Cuba, la de china, la de la Unión soviética que se terminan cuando la gente se muere de hambre y se dan cuenta que el comunismo destruye la familia.
Fue un proceso, un gobierno de facto en el que me siento orgulloso de haber colaborado, ella ahora tiene un título, es alguien porque el padre trabajó toda su vida para que no le falte nada y me viene con esas preguntas.

Estamos viviendo tiempos complicados, a veces nos reunimos con los muchachos, con los veteranos de la vieja escuela y nos lamentamos de no haber sido más duros y por eso mismo este país se hunde a manos de ex tupamaros y delincuentes y ella me viene con esas preguntas…
Pensar que era mi niña, los varones salieron rectos como el padre pero ella se fue torciendo a medida que crecía, me duele reconocerlo pero la sigo queriendo y que entre y me mire a los ojos con ese rictus de asco me parte al medio.

Me contaron algunos de los muchachos de inteligencia que anda de agitadora en las manifestaciones, que la vieron en la marcha del silencio. ¡Por dios!
Pensar que yo la llevé de chiquita a ver maniobras en el cuartel de Durazno y ella me decía que quería ser como yo y ahora de seguro le mete cosas en la cabeza a la madre que me sigue insistiendo en que le diga toda la verdad. ¡Qué se piensa!

Solamente después que yo me muera sabrá que la recogí recién nacida de en medio de esa terrible guerra interna para salvarla de un destino mil veces peor y que siempre la crié como mi hija, mi chiquita.

FIN

Cuento escrito para el taller de Escritura bajo la consigna: escribir un relato corto en primera persona, poniéndonos en un protagonista que sea opuesto a nuestros ideales, a nuestra forma de pensar

La última Niebla (Cuento)

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La última Niebla
Por: Darío Valle Risoto

Hoy se cumple un nefasto aniversario: hace doce años que nos robaron nuestra esperanza. No, no soy un poeta ni quiero serlo, pero cuando nos regalaron esta niebla perpetua nos dejaron sin la posibilidad de ver el horizonte y sin horizonte los hombres no somos nada.

Aquí sentado en este lugar ignoto al sur del sur, pienso en estas malditas criaturas que llegaron un buen día y no puedo dejar de sentir cierta tendencia a la risa pero temo definitiva e insoslayablemente volverme loco y no quiero seguir el mismo camino que el resto de la humanidad.

Supongo que era la mejor alternativa: aceptarlos con sus condiciones a cambio de que curaran el cáncer, acabaran con el hambre y trajeran esta nueva tecnología y esas malditas flores que crecen por todas partes y que la gente usa en infinitas aplicaciones sin saber que esconden.

La niebla envolvió absolutamente toda la tierra, en unos meses ellos necesitaron adaptar este planeta antes azul a sus necesidades y la comunidad de naciones se bajó los lienzos y hoy que cumplimos los doce años y poco más de coexistencia un treinta por ciento de la humanidad se fue al carajo, millones han muerto y la mayoría por suicidio.

Nos quitaron el horizonte, a veces los vemos caminar entre nosotros delgados y altos, con esos rostros impávidos, sus pequeños ojos, sus narices inexistentes y ese asqueroso zumbido que utilizan para comunicarse entre ellos.

Todo cambió cuando el sol se transformó en ese círculo difuso en el cielo y todo fue cubierto por esa masa globular de eterna sombra aún de día y bajo la lluvia y aún con viento y ese maldito olor químico que estoy seguro contiene algo más que los nutrientes para que estos malditos bichos del espacio vivan aquí, Precisamente aquí porque según ellos la tierra tiene las condiciones necesarias para perpetuar su cultura.

Y con la niebla surgió la desazón general, la revolución de la depresión, los suicidios solitarios de gente que se volaba los sesos o se ahorcaba en la oscuridad de sus hogares o los suicidios en masa como el del año pasado en Beijing: treinta mil personas se cortan las venas en plena plaza roja y la niebla por unos días tuvo ese nefasto color carmesí.

Yo quise hacerlo pero aún soy de los pocos que tengo dentro de mí el horizonte de la rebelión, ayer mismo maté a otro de estos bichos de mierda y por un momento creí notar, mientras le hundía un destornillador en la frente que con su vida que se iba se abría un pedacito de ese cielo que alguna vez fue celeste. Sé que son seres vivos pero también nosotros lo somos y después de todo la tierra era nuestra.

Inevitablemente me van a encontrar, sé que me pueden oler aún sin narices, tienen algún sentido que nosotros desconocemos, siguen sus propios rituales, su forma de vida supongo que será muy cotidiana para ellos pero que se vayan al cuerno, yo quiero que me devuelvan el horizonte, la posibilidad de ver aquella querida, hermosa línea al final del mar por donde asomaba el sol o se perdía para traernos una noche estrellada. ¿A dónde se llevaron mis estrellas?

Hace tiempo no nacen niños en este mundo, son inteligentes estos alienígenas, de a poco nos exterminan sin guerras, sin conflicto evidente pero con esta niebla perpetua nos han quitado a dios, el sentido de la vida y la posibilidad de perseguir al futuro caminando hacia adelante.

Ayer mismo tratando de volver a casa con solamente unos metros de visión a mi alrededor me topé con ese humanoide asqueroso y calvo que me quitó a un costado empujándome con esas inmundas manos de tres dedos y no sé como a continuación le estaba dando de puntadas con mi destornillador en la frente y viendo sus sangre verde y sintiendo que ese asqueroso sonido saliendo de su pequeña boca se apagaba lentamente.

Ahora estoy aquí en casa escuchando música con las ventanas cerradas como siempre porque ya no hay más para ver que ese muro gris y depresivo que perpetuamente nos espera afuera y en todas partes, si hasta creo que en mis habitaciones hay niebla.

Traje algunas de esas flores para comerlas como hace todo el mundo pero las miro y se me revuelve el estómago, se que pronto vendrán por mi para que pague mi crimen así que ya he empapado todos mis muebles, mis ropas, mis escasas pertenencias con nafta y apenas entren me voy a prender un cigarrillo.

FIN

Trabajo hecho como tarea para el taller de escritura, la consigna de este caso proviene de pensar como el clima puede transformarse en el protagonista o  co-protagonista de una historia y tomamos a la niebla con todo lo que ello implica.

Lluvia galáctica

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Lluvia galáctica
Por: Darío Valle Risoto

Brando sostuvo su mochila con fuerza, el viento era enorme y la plataforma se movía demasiado, sabía que ese puerto espacial estaba en los confines de la seguridad de la federación pero por eso precisamente estaba allí.

Iba a extrañar al capitán Picard, a LaForge y especialmente a Data, bueno, los iba a extrañar a todos, su misión de cinco años había concluido y también su contrato que le costó no renovar pero quería volver a pisar tierra firme por un tiempo mayor que las licencias de la flota.

Cuando se logró la costosa paz definitiva con los Thatonitas se abrieron nuevas posibilidades y allí desde luego estaba la Enterprise como cabeza de todo intento posterior de conservar una paz que solía necesitar de muchos cuidados. Los integrantes de la federación lo saben muy bien, desde los terrestres a los Vulcanos pasando por Klingons, Ferengis y una centena de razas.

Comenzó a llover cuando pisó tierra en Yarion Sigma nueve, tuvo que caminar por una angosta calle hasta la pequeña oficina de aduanas donde lo recibió un local con su característica piel azul y sus cabellos verdes. Desde luego que se sorprendió cuando Brando le aseguró que venía a establecerse definitivamente en el planeta.

__ Solo hemos tenido unos veinte humanos en los últimos cinco años señor.
__ Buen dato pero realmente quiero comprar una finca para vivir el resto de mi vida en este bello planeta.
El yarionita observó la lluvia a través de los ventanales del recinto y luego fijó su mirada al alto Brando con sus cabellos negros y su ojos azules de mirada profunda.
__ Esta lluvia podrá extenderse por varios días, tal vez se inunden los accesos a la ciudad.
__ ¿No tienen vehículos voladores?
__ Por supuesto señor. __Le contestó con un dejo de soberbia en el rostro mientras le ponía sendos sellos en su pase de abordaje al planeta.

Cuando salió pensó en volver para tomarse un café en una de las expendedoras automáticas pero temía que no fuera precisamente un café digno de su paladar humano. Mejor sería llegar a la ciudad cuanto antes.

En la parada de autobuses no había casi nadie, solamente una silueta se recortaba dentro de la niebla proporcionada por el frio y la lluvia circundante debajo de los techos plásticos. Alguien estaba recogido sobre una de las bancas como si durmiera.

Al pasar a su lado comprobó que era una muchacha, se le había caído la mochila al piso empapado y la recogió para alcanzársela en el preciso momento en que ella se disponía a levantarla. Al ver su rostro era una joven yarionita con cuernos.

__ Disculpe, se la quería dar, se estaba mojando.
Ella recibió el bolso y lo apretó junto a su pecho observando al terrestre de arriba abajo como intentando saber qué clase de ser estaba frente a ella y hablándole sin ningún tipo de problema.
__ Esta lluvia es terrible, la invito a tomar algo caliente. Si quiere.
__ No debería hablar conmigo, por si no se dio cuenta soy una: “Curnie”.
__ No entiendo.
__ Tengo cuernos, ¿acaso es ciego? __ Dijo tocando las dos pequeñas protuberancias en su frente de color azulado como toda su piel, luego se los cubrió con la misma gorra de lana que llevaba bajándola sobre estos.

Brando sonrió por automatismo pero inmediatamente recordó el entrenamiento sobre Yarion Sigma nueve, un planeta clase M en una etapa bastante atrasada en lo social donde prevalecía una raza sobre otra, digamos que en Yarion el tener cuernos hace que algunos ciudadanos sean tomados como de segunda clase por no decir algo peor.
__ Igual la invito a tomar algo caliente, sus cuernos no me molestan, además creo que le sientan muy bien.
Ella pareció despertarse de un sueño antiguo cuando lo miró aún con más detalle, a pocos metros dos guardias observaban al humano conversando con la chica.

Ella accedió y juntos fueron hasta una máquina donde brillaba un anuncio con una imagen de una silueta con cuernos tachada con una equis.
Brando ordenó dos Cafés de Colape rezando para sus adentros que no le derritieran la garganta pero al sacar los envases olían maravillosamente bien.

__ Usted se está arriesgando por alguien que no conoce. ¿Todos los humanos son así?
__ Me llamo Brando y no, no lo creo, aún en la tierra hay gente que juzga todo aquello que desconoce como negativo pero estamos aprendiendo.
__ Yo soy Jiva y gracias, me moría de frió.

La lluvia seguía inundándolo todo pero el fascinante aroma del café de Colape y la compañía de la chica con cuernos le hicieron olvidar por un momento a Brando que había abandonado la flota estelar para vivir como un civil.

FIN

Hoy llovió todo el día y no fui al taller de escritura cosa que me deja mal porque no me gusta perderme algo que de verdad rinde sus buenos frutos para este escritor de cuarta que soy. De todas maneras me informaron que había la consigna de escribir algo de ciencia ficción que involucrara la lluvia. 

Por lo tanto se me ocurrió tomar un viejo personaje de algo más de veinte años atrás y mezclarlo con mi amor por el universo de Star Trek sumando al planeta Yarion otro de mis inventos y hacer este breve relato que ya andaba dando vueltas por mi cabeza desde hace meses.

 

Nosotros y ellos (Cuento)

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Nosotros y ellos
Por: Darío Valle Risoto

__ ¿Qué es lo que más te conmueve? __Preguntó uno de nosotros.
__ Que fuimos los primeros. Quizás, nunca se sabe, la galaxia es más grande cada día.
__ Big Bang: le llamamos así.
__ Así le llaman ellos.
__ Éramos demasiado ingenuos, curiosos, siempre en órbita invisibles como…
__ ¿Dioses?
__ Cómo un deseo
Un colectivo de seres así de diferentes siempre termina por parecerse. Cuando los conocimos con sus peculiares dos sexos, sus extremidades extrañas, sus cuadros de futbol.
__ Y el chocolate, no te olvides del chocolate.
__Fuimos y bajamos en aquella ciudad, no puedo recordar su nombre.
__ ¿Nueva York?
__ No, déjame hacer memoria.
__ ¿Moscú?
__ La Habana, ahora lo recuerdo bien: el malecón, la plaza de la revolución.

Allí bajamos y ellos nos saludaron y nos presentamos en su propio idioma y extendimos amistosamente nuestros tentáculos.
Debimos haberlo previsto, solemos ponernos un poco tontos en estos primeros encuentros.
__ Bueno, ya sabes que los humanos además de feos son desconfiados.
__ No son como nosotros. __Sonrió el comandante con una de sus tres bocas. La principal, por supuesto.

FIN

Cuento escrito en clase y arreglado antes de subirlo, la premisa era escribir un relato con un narrador colectivo, un “nosotros”. Realmente creo que no me salió bien, la otra premisa fue que se tratara del tema: Extraterrestres.

El viaje de Nefertiti

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El Viaje de Nefertiti
Por: Darío Valle Risoto

Viajaba somnoliento alentado por el movimiento del colectivo en una carretera desprovista de perturbaciones, era nueva o el conductor un gran chófer porque todos o casi todos dormían en la semioscuridad del vehículo mientras yo, uno de los pocos pasajeros despiertos o casi despiertos miraba el paisaje monótono de campos donde a veces los arboles perturbaban ver el horizonte.

Estaba anocheciendo y en determinado momento me sobresaltó ver allá al final de mi vista una suerte de luces que marcaban la existencia de una ignota ciudad de la que tal vez nunca llegaré a saber ni su nombre ni su verdadero paradero.

Me sobrecogió un sentimiento de extrema soledad mirando a mí alrededor a gente extranjera de mi vida y de mi suerte. Un hombre excesivamente obeso se limpiaba la transpiración de su cara y cuello con un pañuelo gris mientras su mujer dormía no menos gorda y desagradable con una suerte de ronquido – bufido que me llegaba como si se hubiera tragado un motor o un monstruo espacial que le estaba devorando el cuerpo desde adentro.

Un fulgor azul mezclado con volutas de una noche creciente fueron apagando aquella lejana ciudad hasta que una última luz de una lejana casa se apagó para siempre y no pude sofocar un ahogo, hubiera prendido un cigarrillo pero no estaba permitido. Algunos conversaban en inglés delante de mi asiento, todos hablaban en inglés por lo que me forcé a mirarme las manos pero no pude verlas.

Pensé en que no era la primera vez que soñaba en inglés y que de nuevo debía ser una deformación de ver tanta película gringa en la televisión. Una muchacha extremadamente flaca se sentó a mi lado, tenía vendas desde las muñecas hasta que las mangas cortas tapaban su final casi sobre el hombro.

Sentí el olor desagradable a la sangre reseca de las heridas que seguramente cubrían esas vendas sucias, ella se dio cuenta de algo y me miró de arriba abajo. Yo le sonreí intentando volver a verme las manos pero era inútil, me sentía maniatado a esa realidad que si bien por momentos parecía sofocarme de alguna manera volvía a atraerme al oscuro mundo de mi imaginaria vida onírica.

__No deberías estar acá. __Me dijo con gesto convencido, no como un consejo sino como una sentencia que yo había premeditado desde el momento en que miré por la ventanilla y vi que estaba en un tiempo y en un lugar equivocado más no será la primera vez para bien o para mal.

__Me quise cortar las venas, cuatro veces y nunca me pude matar. __Agregó mirando al mismo paisaje por la misma ventanilla ya cuando la noche transformaba los campos en el lomo de un ciego gigante dormido.

El hombre gordo que estaba sentado al otro lado del corredor se paró y el piso crujió, fue caminando hasta el baño, al pasar a nuestro lado lanzó un eructo con olor a carne y cebollas. Su mujer se acomodó mejor en su asiento, partes de su anatomía enorme y grasosa cubrían más allá de su propio asiento.

__Se que parezco una momia, pero en ese hospital creyeron que era conveniente vendarme como si fuera…si fuera.
__ Nefertiti.
Asintió con la cabeza y sacó un paquete de pastillas Trineo de una pequeña cartera con flores bordadas sobre lona negra.
__ Gracias. __Le dije tomando una cuando me las ofreció, la pastilla blanca fue como una caricia con gusto a frutillas en mi boca completamente seca, le dije que hubiera querido fumar pero no era posible.
__ No sos el primero que me sueña, deberías saberlo, yo ando siempre por ahí, alguien me dijo que debo ser como una advertencia.

Me miró y vi a pesar de la semioscuridad unos profundos ojos azules, una mirada desoladora de tristezas innatas, como si en ellos se guardaran cajas con todas las atrocidades de la historia.
__ Deberías pensar en lo que hiciste y en que vas a pagarlo más tarde o más temprano. __Agregó sacándose las vendas y dejando ver dos brazos flacos cruzados de cortes profundos de donde salía nuevamente la sangre que goteaba sobre el piso y sobre una de mis piernas.

Cuando desperté encontré mi vaquero completamente limpio sobre la silla, la sangre ya no existía, al menos allí pero permanecía el gusto a frutillas en mi boca y una considerable sensación de que me había vuelto loco.
Aquella tarde volví a ir a la consulta con mi analista sabiendo de antemano todo, absolutamente todas las estupideces que me iba a decir y que yo volvería a ocultarle una vez más que estos sueños persisten desde que violé a aquella muchacha cuando era mucho más joven que ahora.

FIN.

Una lluvia para tres

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Una lluvia para tres
Por: Darío Valle Risoto

Número uno
Detesto la lluvia, me aburre, me deprime. Sé que no soy la única, a todos les desagrada esta persistencia del agua sobre sus cuerpos, sus cabezas, bueno: sus cuerpos.

Estoy podrida de esta vida llena de obligaciones, ayer tuve otra pelea con Leticia, esa bruja que quiere ocupar el puesto de mi madre se deshace en sonrisas y buena onda y eso me calienta aún más que si fuera una de esas madrastras de la cenicienta.
Es solo la mujer de mi padre y lo tiene hechizado al gil con sus buenas maneras y ese perfume que usa siempre. Chanel N° cinco, se lo deben regalar porque lo usa hasta cuando cuelga la ropa en el fondo.

Casi no recuerdo a mamá y los días de lluvia parece que se va aún más lejos de mi memoria. Seguro también odiaba la lluvia y no usaba ese perfume que hace que todo alrededor de las “Leticias” huela a fiestita.

Y este maldito paraguas que ya me lo torció el viento y para colmo no estudié nada para el escrito de filosofía al que voy mojada y aburrida de todo.

Número dos
Me encantan los días de lluvia, es como si todo reviviera y aunque hace frio la madre de mi amiga me hizo un rico chocolate para compensar que me dejó plantada yéndose antes al liceo.

Vanessa es rara pero la quiero, a veces me cansa que nada le caiga bien pero así son los darks…supongo. Espero llegar al instituto antes de la campana para contarle del chocolate y de que ayer Ramiro me invitó a salir.

Me encanta Leticia y aunque es la madrastra de verdad quisiera tener una madre o lo que sea así, siempre con buena onda, muy hippie ella con sus granolas y esas sonrisas que iluminan todo.

Y eso que le dije que pasaba a por ella y la tonta se va y no puedo creer que me hable tan mal de la esposa de su padre, si ella es una mina bárbara con ese rico perfume que usa que siempre te deja de mejor ánimo cuando inunda todo a su alrededor.

Y le dije a la bobita que iba a pasar para intercambiar apuntes sobre este escrito de filosofía, sobretodo debería estar interesada porque anda baja como en cuatro materias. Así es Vanessa.

Número tres
Hoy tienen escrito y la verdad que ni ganas de ir a dar clases tengo, por más que uno lo intente parece que nunca aprenden nada y aunque sea mi vocación a veces siento que soy un extranjero intentando hacer pensar a treinta y pico de zombies adolescentes.

Para colmo está lloviendo sin parar desde ayer de noche y eso me pone en situación ambigua porque me gusta la lluvia pero no el frió que hace y ambos no suelen ser la pareja ideal.

Me gustan los reflejos de las luces de los autos en las calles mojadas, la gente corriendo con sus paraguas y ver a alguna pareja tomando un café caliente dentro de algún bar como si fueran testigos de uno mientras trata de no pisar charcos.

Debo sincerarme: la lluvia y el frio me hacen recordar aquel invierno del noventa y dos en que nos separamos para siempre. Supongo que como profesor de filosofía debería ser más ducho en el manejo de este sentimiento de vacío que me llena de absolutamente nada.

Ayer el director me llamó la atención otra vez por ser demasiado benévolo con las calificaciones y le debí decir que enseño a pensar y no geometría ni crochet pero ni falta que hace si todos sabemos que llegó a ese puesto por besar traseros.

Espero que hayan al menos leído algo porque me casa corregir escritos pobres o divagados al máximo, bueno, después de todo doy filosofía y ahora que pisé un segundo charco y estoy en la esquina del liceo vuelvo a pensar en la lluvia, el frio y en que será de la vida de Leticia.

Cuento escrito para el taller de Escritura a razón de practicar con narradores múltiples sobre un tema libre. Por lo tanto estos tres relatos breves que conjugan uno un poco más largo sobre la lluvia y la gente, claro.