Neo Vampiros 77: Dientes y Libertad

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Neo Vampiros 77
Dientes y Libertad
Por: Darío Valle Risoto

Nunca había corrido tanto. El terror y el espanto de ser manoseada y violada por esos hombres asquerosos la impulsaban a recorrer esos malditos campos y tratar de guarecerse en un monte criollo distante a unos quinientos metros del rancho donde la tenían “guardada”.

Escuchó dos tiros al aire, al menos eso creía pero cuando al tercero una rama calló cerca comprendió que Castro había acudido a los gritos desesperados de Arellano para pararla a como de lugar, pero poco a poco y por fortuna los sonidos se iban alejando a su espalda.

Paula calló sobre sus rodillas, estaba arañada, raspada, lastimada por correr sin ton ni son rumbo a cualquier parte pero lejos de esos tipos. Le dolía todo el cuerpo tanto como respirar, estaba empapada de sudor y la camiseta se le había pegado al cuerpo.
__ ¡Imbécil! __Gritó Romero Castro pegándole un puñetazo a Arellano tan cerca de la oreja que lo dejó casi desmayado, el enorme tipo se movió como borracho, en verdad casi lo estaba desde el mediodía.

Tenía que seguir corriendo y tratar de llegar a alguna parte donde alguien le ayude, tenía que haber alguna carretera cerca, al menos habían recorrido una de asfalto y el resto por caminos de piedra que sintió pese a estar con los ojos vendados desde que la sacaron del hotel en Villa Saucedo.

Comenzaba a caer la tarde y diferentes sonidos de animales comenzaron a cubrir el monte criollo donde se había guarecido, sabía que podría volverse loca de terror si pasaba una noche entre esos matorrales y árboles espinosos pero tal vez era la única oportunidad de sobrevivir. Y siempre era mejor que ser violada por estos miserables.

Una luna árida se mostró sobre unos eucaliptos e invariablemente pensó en Lorena y se sintió una loca de mierda por iniciar esa estúpida cruzada para encontrar a una prima que…
Un aullido infrahumano la sacó de sus pensamientos, era algo enorme y no estaba lejos que lanzaba un lastimero grito animal que por unos segundos pareció paralizar la naturaleza.

__ ¿Oíste eso? __Preguntó Arellano mientras se pasaba un trapo húmedo por la cara donde lo había golpeado su compinche.
__Debe ser un perro cimarrón, vamos a tener que salir con las linternas a buscar a esa puta de mierda, Carlos está por llegar.
Tomaron dos linternas de mano, recargó Arellano la escopeta y Romero Castro empuñaba su revolver. Ambos salieron a buscar a su presa. Caminaban a unos cincuenta metros uno del otro rumbo al monte cuando sonó otro alarido animal pero esta vez a su derecha.
Algo se movía no muy lejos, fue como una imprecisa sombra de cuatro patas pero no lo vieron y ya que se internaban en el monte nativo.

Paula pudo salir por puro azar del monte y justo sus pies quedaron entre unos matorrales al borde de un camino secundario, frente a ella un campo desierto solo albergaba algunas cabezas de ganado que se guarecían de la noche bajo los árboles a la luz de la luna llena. Todo era como un cuadro surrealista pintado por un artista demente.

Tenía el cabello con espinas, semillas y restos de hojas, su cuerpo estaba lleno de raspaduras pero ninguna muy grave, a su espalda creyó ver el fulgor de lejanas luces recorriendo la espesura del monte.
__Tienen que ser sus linternas, ¿Y ahora que hago?

Fue cuando sintió otro aullido mientras por el camino se acercaba un auto.
__ ¡Ayuda! __Gritó parándose casi en frente de los focos.
__El negro Carlos bajó del coche con un arma en la mano, comenzó a reírse porque comprendió que la mujer se les había escapado a sus socios.
Juicio y castigo

 

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Neo Vampiros 76 Perros a la luz de la Luna

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Perros a la luz de la Luna
Por: Darío Valle Risoto

__Al final lo extraditaron a la Argentina.
__Casi veinticinco años en democracia y recién cae este hijo de puta.
__ Más vale tarde que nunca, al menos se dice eso, ¿No?
__ En cuestión de derechos humanos cada año en impunidad ha sido un insulto para este pueblo, acabamos de votar de nuevo en contra de derogar la ley que dejó a estos libres y tenemos que vivir buscando subterfugios técnicos para meterlos presos. ¡Un desastre!

Jacqueline Danabian se despidió de su principal socio del estudio, frente a ella tenía la profusa carpeta del reciente extraditado a la Argentina: José Carderio Gonzáles, conocido por diferentes nombres en sus incursiones torturando antes y durante la dictadura Uruguaya.
Hubiera prendido un cigarrillo, ¡tenía tantas ganas!, pero había dejado de fumar, inmediatamente pensó en Lorena, en aquella joven eterna en la noche y en su no muerte. ¿Dónde estará ahora?
__ ¿Dónde estarás mi querida?

Miró por la ventana a la avenida 18 de Julio, la gente caminaba agobiada por una ola incontenible de calor, treinta grados a la sombra y todo parecía continuar igual, sin embargo había una sombría pena en sus ojos, el recuerdo de el caso que le había quitado el sueño y la calma. Los padres desparecidos de Lorena se perdían en una nebulosa de expedientes confusos y la consiguiente escasez de testigos. La “Operación Zanahoria”, el intento póstumo por ocultar la mierda debajo de la alfombra, el traslado de los muertos a otra parte porque iba a volver la democracia. Ni los milicos mismos se imaginaban que los “demócratas” que seguían eran más continuistas que ellos mismos.
__ Más realistas que el Rey.
__ ¿Está hablando sola doctora?
__ Cosas de vieja, ¿Correspondencia?
__ Variada pero hay una carta sin sello, es raro.
Sebastián el cadete le dejó los sobres y se retiró, Jacqueline miró el sobre celeste, con su nombre, lo abrió y comprendió inmediatamente que Paula estaba en serios problemas o era una broma de perfecto mal gusto.

La gente seguía acampando en clubes y campamentos improvisados, las inundaciones en gran parte del noroeste del país provocaban diferentes formas de caos, entre ellas la ausencia de caminos transitables.

El negro Carlos llamó a sus amigos y les avisó que había dejado la carta en el despacho en Montevideo y que iba a llegar lo más pronto posible.
__ ¿Qué hacen tus padres?
Le preguntó Romero Castro a la chica que entumecida permanecía atada a un camastro en el rancho donde solían esconderse de la policía o solamente llevar la caza para desollar. Varias pieles colgadas en una pared demostraban su afición más delicada.
__ Mi padres son inversionistas, compran y venden, trabajan con depósitos, esas cosas.
__ Son ladrones como nosotros ¿Oíste Arellano?

Arellano largó una carcajada, tenía los ojos enrojecidos por el vino y fumaba un tabaco mirándole las piernas a la joven.
Paula las recogió, la frazada donde estaba olía a sudor y mugre, todo el lugar era francamente asqueroso, había envoltorios y restos de comida cubiertas de hormigas en algunas partes, en las paredes tenían diferentes fotos de mujeres, almanaques viejos y retratos de jugadores de futbol así como escudos y banderas.
__ ¿Tenés novio?
__ Necesito ir al baño. __Ya no podía aguantarse más las ganas de orinar.

Arellano se puso de pie trastabillando.
__Yo la llevo, no te preocupes que me porto bien ché.

Romero Castro hizo un gesto y siguió leyendo el mensaje de celular donde el negro Carlos avisaba que todo había ido bien con la nota del rescate, habían pedido 100.000 dólares por la vida de la pituca.

Arellano llevó casi en el aire a Paula a un baño que solo era una casucha de chapas detrás del racho, el olor a mierda, las moscas y el tufo a orín, casi la hacen vomitar, el tipo la obligó a dejar la puerta entreabierta y miraba de reojo aparentando no interesarse en ella.

Orinó lo mas rápidamente que pudo aguantando la respiración, se tuvo que levantar la ropa interior sin limpiarse y cuando estuvo finalmente vestida salió corriendo tan rápido que el enorme tipo se tiró para atraparla pero no pudo alcanzarla.
__ ¡Para hija de puta! … ¡Ya vas a ver carajo!

Juicio y Castigo

 

Neo Vampiros 75: Lobos humanos

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Neo Vampiros 75
Lobos Humanos
Por: Darío Valle Risoto

__ ¿Quién se la come primero?
Ella seguía desmayada, pese al traqueteo de la camioneta recorriendo los caminos áridos. No volvió la conciencia, era como si su cuerpo se resistiera a reconocer que estaba a punto de ser violada y eso en el mejor de los casos. Había preguntado Arellano, se tocó debajo del mono manchado de grasa del taller mecánico donde a veces trabajaba desarmando autos robados en Montevideo.

La entraron cuando casi amanecía a una cabaña de madera y material en medio de un monte nativo.
__Vamos a esperar que la minita se despierte a ver si tiene guita, miren sus documentos: Paula…, miren este apellido, es de lustre, creo que nos vamos a forrar de guita con el rescate.

__Pero… yo igual me la quiero voltear. __Arellano estaba excitado, la habían atado a un camastro que tenían en la cabaña de caza en alguna parte de Paysandú al norte.

Volvió en si y fue como recordar la reciente y penosa aventura cuando la secuestraron Morrigan y sus secuaces. No le costó darse cuenta que la situación era bastante diferente a pesar de ser también un secuestro. los tres animales que la miraban evidenciaban que debía actuar con total compostura o estaba liquidada. Pensó en Lorena y su férrea voluntad para enfrentarse a las adversidades, voluntad que tenía desde mucho antes de ser una hija de la noche, también quiso creer que de alguna manera estaba observándola y no la iba a dejar caer en ese infierno.

Romero Castro le dio un trago de agua, le explicó que era inútil que grite, que estaban muy lejos de cualquier zona habitada y que si trataba de escapar era boleta.
__ ¿Sos de guita vos?
__Mas o menos
__Nos vas a escribir una carta para tus padres o alguien que nos pueda pagar 100.000 dólares para que te entreguemos sanita, ¿Me entendés? __Le apretó la mandíbula con unas manos agrietadas de uñas negras, aún así Romero Castro era el más prolijo de los tres, tanto el negro Carlos como Arellano no parecían seres humanos sino animales o mutantes.
__Mis padres están en el Caribe, pero les voy a dar la dirección de mi abogada, se llama Jacqueline Danabian y ella se hará cargo.
Le quitaron las cuerdas que la ataban, Arellano, el más grande la levantó como una pluma y la sentó a una mesa, en ella había varias botellas de vino y una picada de chorizos sobre una tabla muy sucia, hizo a un costado las cosas y le arrimaron un papel y una lapicera, ella miró a la puerta, el negro Carlos se había parado en el umbral, entonces se dio cuenta que seguía vestida como se había acostado en el hotel de Villa Saucedo: solamente un short de tela jean y una t-shirt blanca.

Arellano se sentó frente suyo, mientras se servía un vaso de vino la miraba como tratando de desnudarla, cosa que aún no hacía porque Romero intentaba calmarlo.
__Ya va a haber tiempo para todo, a su debido tiempo, nada nos debe apurar: primero la guita, luego la diversión.

Paula observó la botella más cercana, podría estrellarla en ese asqueroso rostro marcado con una vieja quemadura, también podía tomar la cuchilla con que cortaban los chorizos y hundírsela en las tripas al hijo de puta, pero… ¿Y los otros dos?
Arellano sacó la cuchilla de su alcance y cortó una longaniza, tomó el elemento alargado y se lo puso entre las piernas.
__ ¿Te gusta la longaniza putita?
__ ¡Ya te dije que la dejes escribir en paz, carajo! __Romero tenía un revolver calibre treinta y ocho corto metido en el pantalón, los otros lo sabían, aún si no lo tuviera, lo consideraban de alguna forma su jefe, así que Arellano volvió a poner la longaniza en la mesa y se levantó lanzando maldiciones.

__ “Se llama Paula y es mi única amiga, como mi hermana”. __Leticia volvió a escuchar esa voz que provenía de una oscuridad insoldable, le pedían ayuda y algo debía hacer. Inmediatamente.
Juicio y Castigo.

Neo Vampiros 74: Los Sueños de la luna llena

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Neo Vampiros 74
Sueños de Luna llena
Por: Darío Valle Risoto

__ ¿Así que está buena la capitalina?
__ Jamón del medio, jamoncito del medio, compañeros. __Sonreía Romero y subía aún más la radio que emitía una cumbia sabrosona.
La camioneta no llegó a Villa Saucedo antes que la presa, Romero Castro reconoció el auto de la muchacha estacionado en la esquina del único hotel.
__ ¿Y ahora? __Preguntó el negro Carlos.
__ Es lo mismo, dentramos por alguna ventana, le tapamos la boca para que no arme quilombo y nos la llevamos.
__Mucho riesgo…, pero ya estamos en el baile. __Arellano sonrió mostrando sus dientes podridos.

Leticia tirada en el catre de esa humilde cabaña no durmió bien, estaba acostumbrada a las pesadillas pero no eran los sueños habituales sobre dientes, garras, sangre y carne, eran sueños nuevos donde una desconocida estaba en peligro y había una voz que le pedía ayuda.
__ ¿Leticia? , ¿Sos vos?
__ ¿Quién?
__ La hija de Esther y Antonio, los comunistas, ¿te acordás?
__ ¿Dónde?
__ Soy niebla, estoy lejos, muy lejos, habito en la noche, no puedo llegar. Es Paula.
__ ¿Paula… quién?
__ Se llama Paula y es mi única amiga, es como mi hermana.
Leticia se despertó sudando, su piel estaba húmeda y fría a lo largo de su cuerpo, caminó como borracha hasta el baño y llenó un latón de agua, se desnudó y comenzó a enjabonarse con un trapo enjabonado con una pastilla de “Bao” que había encontrado en la cocina tan rústica como el resto de la vivienda.

Paula también había soñado, pero las sombras que creía eran parte de la pesadilla estaban allí cuando abrió los ojos, eran tres sombras enormes, eran tres desconocidos alrededor suyo junto a la cama del hotel.
Una mano áspera con olor a tabaco le tapó la boca al punto de que casi fue un golpe, trató de resistirse pero los otros la ataron rápidamente como si fuera un ternero, de pies y manos.
__Maneala bien Carlos… y… ¿Qué les dije?
__ ¡Que buenas tetas tiene!, mira, creo que se le pusieron duras. __Dijo Arellano mientras con la mano libre le recorría los pechos a la chica que no podía hacer nada para zafarse del ataque.
Romero les hizo señas de que hicieran silencio y la sacaron por el corredor, era de noche y el viejo hotel parecía desierto, había una ventana abierta que daba a la calle, por allí habían entrado y por allí salieron los cuatro, Paula hizo ingentes esfuerzos por escapar lo que terminó por acelerar que pierda el conocimiento.
Antes de desmayarse reconoció al tipo que estaba en los campos de Fleitas y le había dado el dato de cómo llegar a ese pueblito.

Leticia se bañaba, su cuerpo era hermoso, algo ancha de caderas, sus pechos turgentes y su cabello largo y castaño oscuro, tenía poco tiempo, había algo en su corazón que le instaba a salir corriendo hacia el oeste buscando algo pero no sabía que ni por qué…
Esa chica, Paula, la amiga de su prima. Mientras se vestía recordó algunas visitas en las clínicas siquiátricas, visitas inesperadas a fin de los años setenta, no podía precisar cuando. Unos milicos hablaban con uno de los encargados del hospital Vilardebó, preguntaban si habían ido personas “sospechosas” a ver a la loca.
__ “La loca”, ¡Que hijos de puta!

Los enfermeros hablaban de la dictadura, en voz baja, otros, justificaban la guerra sucia en contra de los izquierdistas, para rescatar al Uruguay de las garras de comunismo.

Cierta vez habían venido, casi los había olvidado: Esther y Antonio. Tan jóvenes y llenos de vida, Esther se sentó en su cama del internado y le desató las correas de las muñecas, le acaricio la cara y la convidó con caramelos.
Antonio discutió con unos médicos, los trató de animales, de deshumanizar el trato con personas, de ser herramientas de un sistema fascista.
Habían conversado del embarazo de Esther, tenía una barriga pequeña, puntiaguda, se la acariciaba con cariño y sus ojos chispeaban, Leticia se sentó, aún tenía los tobillos rodeados de cinturones de cuero, la besó en la mejilla, las dos lloraron.
__ Son tiempo difíciles mi amor, no se si te volveremos a ver.
__ Puedo escaparme cuando quiera, vos sabes lo que soy.
__ Cuando esto termine te vamos a sacar de acá, te vamos a llevar a una chacrita en Paysandú que tenemos y vamos a criar conejos y…

Esther era muy delgada, bajita pero rubia, contrastaba con Antonio, más alto y de pelo muy negro, tez blanca y ojos decididos, llevaba los inolvidables termo y el mate y la convidó, también se sentó en la cama, cuando terminó la visita se fueron e inmediatamente los enfermeros la volvieron a atar.

Si no fuera por los fuertes sedantes, se hubiera escapado allí mismo y tal vez la historia hubiera sido muy diferente.
Fue la última vez que los vio, luego… desaparecieron.

Juicio y Castigo.

Neo Vampiros 73: Ignacio y el lobo

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Neo Vampiros 73
Ignacio y el Lobo
Por: Darío Valle Risoto

Leticia se despertó en medio de un monte, desnuda y temblando de frío afortunadamente a unos doscientos metros encontró una casa humilde, tras golpear tuvo que derribar la puerta que no se resistió demasiado. Leticia era alta, de cuerpo torneado y piel muy blanca, tenía el aspecto de una joven con más de cincuenta años. Una de las pocas gratificaciones de ser una Licántropo.

Poco a poco regresaban los recuerdos como en una exposición de diapositivas, mientras se ponía un pantalón vaquero gastado que había encontrado en un ropero desvencijado.

Pensó en el neurólogo llorando porque ella lo abandonaba, llorando como un niño luego de que la ayudara a fugarse del psiquiátrico.
__Lo siento Ignacio, sé que estás enamorado de mí y es por eso mismo que debo dejar que te vayas, no es posible que sigamos juntos.
Pero él insistió y ella lo tuvo que obligar a parar el auto junto a un campo, nadie más transitaba por esa carretera al norte, caminó unos pasos y algunos caballos que pastaban cerca huyeron como presintiendo algo sobrenatural.

__Te lo dije varias veces, pero no me creíste, sos un científico que no cree en nada ¿No?
__Estás enferma Leticia, yo te quiero ayudar, sabes que acabo de arruinar mi vida profesional por vos.

Leticia se quitó parte de la ropa, no era necesario mirar a esa luna llena que se asomaba entre nubarrones de lluvia contenida, tampoco era necesario volver a mirar a los ojos de ese hombre frágil que estaba a punto de vivir la experiencia más extraña de su vida.

Sobreviene siempre como una crisis que se podría confundir con epilepsia, sin embargo esto cambia rápidamente cuando la piel comienza a descascararse y una pelambre gris azulada asoma por aquellas partes que han destrozado la ropa porque el cuerpo crece casi un cincuenta por ciento mas que su tamaño original, estamos hablando de una loba enorme con colmillos de unos cuatro centímetros de largo y ojos de brillo salvaje.

Ignacio Kenichán sufre un choque entre su cordura que lo llama a pensar que alucina y el golpe de la realidad que lo enfrenta a un animal que delante de sus propios ojos deja la piel y los cabellos de la mujer que amaba desparramados entre trozos de ropa.
__ ¡No puede ser!

Encontró un buzo gris bastante rotoso y también se lo puso, en un pequeño baño buscó agua y se lavó la cara, el espejo sucio le devolvió su rostro, lejos de los espejos de tantos hospitales. Ahora comenzaba a ser libre por primera vez en más de treinta años.

Dejó a Ignacio desmayado y corrió campo adentro, estar en la fase animal significa luchar continuamente contra los instintos primitivos y evitar por ejemplo haberse alimentado del hombre que la amaba, pero no sucedió así con las cuatro ovejas que devoró en un paroxismo de huesos destrozados y carne caliente.

Fluctuantes imágenes del campo nocturno, un río desbordado y un niño que se pierde en la oscuridad y de pronto se encuentra con un enorme lobo que él cree un perro, el animal tiene el hocico cubierto de sangre y se queda allí, entre la maleza petrificado con sus ojos amarillos mirándolo.

__ ¡Lisandro!, ¿Dónde te metiste gurí de mierda?
El niño miró para el lado de donde lo llamaba su madre, haya donde está la luz de las carpas y cuando quiso mostrar al perro, este ya no estaba, desapareció en la oscuridad.

Leticia se preguntaba por la razón de su escape, todos esos años pernoctó a voluntad en los loqueros y psiquiátricos, sin embargo hacía meses que sentía el llamado de la sangre. Una desazón que la obligaba a recapitular la historia de su familia, de aquellos que solo eran bosquejos en fotos adormecidas en retratos cargados de olvido. Alguien le dijo una vez que tenía una prima, que se llamaba Lorena Luna y el apellido de la familia era otra broma del destino.

El pequeño rancho seguramente era la propiedad de alguno de esos puesteros que recorren las estancias para perseguir a los ladrones de ganado, todo era austero y muy pobre, aún así se sintió una reina cuando se tiró en un camastro maloliente.
__ ¿Por qué me vine al norte? __Le vino esa pregunta a la mente antes de dormirse definitivamente.
Juicio y Castigo

 

Neo Vampiros 72: Paula y los lobos 2

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Neo Vampiros 72
Paula y los lobos 2
Por: Darío Valle Risoto

El Bar era una vieja casa adaptada para que los parroquianos tomen alcohol, años antes resultó ser una pulpería pero ahora era apenas el lugar para emborracharse en su mayoría: malvivieres de la zona, las personas honestas preferían ir a los bares que rodeaban la plaza de la capital.
__Vieron como no pasó nada, los milicos ni se dieron cuenta.
__Bueno, pero ahora es mejor estar tranquilos. __Romero apenas llegó pidió otra caña brasileña, adentro contra una enorme heladera roja con el emblema de la coca cola había una mesa con sus dos mejores amigos sentados. El que había hablado era el Negro Carlos, famoso en todo el departamento por andar en cosas “raras”.
__ ¿Y que les parece una rubia de Montevideo con un cuerpo que para que les digo?
__ ¿Qué?
Romero Castro se echó para atrás en la silla, sus ojos azules brillaron como los de un depredador dispuesto a compartir su presa con el resto de la jauría. Tenía su mirada un brillo mezcla de triunfo y generosidad.

__Cuando me ofrecí para limpiar el camino que va a Fleitas, me llega este regalito, estaba perdida y parece que preocupada por las muertes de la zona. Me preguntó por un hotel y la mandé a Villa Saucedo. Si tomamos por el camino real llegamos antes que ella, no tenemos mucho tiempo.
Los otros dos tipos se sirvieron más caña, el negro Carlos miró a Arellano que había permanecido callado con su enorme corpachón y sus manos llenas de cicatrices, el hombre al costado de la cara tenía la marca de la quemadura de un viejo incendio.

Romero se puso de pie e hizo girar las llaves de su camioneta mientras le pagaba al mozo y miraba casi como si fuera una orden a sus amigos.
Poco después iba lo más rápido posible por una carretera de pedregullos negros mientras la radio a todo trapo emitía cumbias y salsa.
__ ¿Y está buena la mina?
__Mejor que esas dos locas que agarramos y llevamos el año pasado al monte, esta tiene pinta de tener guita, en una de esas la guardamos por un tiempo y hasta podemos cobrar un rescate.

Romero Castro se imaginaba con una valija llena de billetes, de dólares y con una mina espectacular para saciar su apetito que apenas si se había visto gratificado cuando habían tomado por sorpresa a dos muchachas perdidas que buscaban la ciudad.

__Pensaron que fueron perros, eso pensaron. __Dijo Arellano riéndose con su clásica ronquera.
__Por eso me tienen que hacer caso, en estos tiempos de inundaciones la gente está re cagada y la policía es más inútil que de costumbre, hay perros con hambre por todas partes, por eso teníamos que despedazarlas.
Habían utilizado una garra de Yaguareté atada a un palo que Romero conservaba en la camioneta, como cazador furtivo guardaba en su casa muy cerca de los montes criollos todo tipo de recuerdos de animales.

No muy lejos de allí Paula comenzaba a cansarse de recorrer los caminos sin nada a la vista. Alguna tapera, tal vez un grupo de ganado y la tarde que comenzaba a caer cuando sentía que nunca iba a poder encontrar a la prima de Lorena.

Villa Saucedo era un pequeño pueblo que ni aparecía en los mapas, estaba al norte de la ciudad de Paysandú casi por llegar a Quebracho pero por una de tantas carreteras secundarias de la ruta tres.
__Si señorita, el hotel Ramos queda en esa esquina, es barato, bienvenida.
Se despidió del único hombre que había sentado tomando mate en el frente de una casa rústica, era un tipo viejo de boina que le sonrió con una boca sin dientes.

El hotel era un edificio bajo de corredor y piezas en galería, seguramente antes era una especie de estancia porque tenía la clásica forma de muchas piezas en torno a un gran patio interior.
__ ¿Tiene un cuarto?

Juicio y Castigo.

 

Neo Vampiros 71: Paula y los Lobos

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Neo Vampiros 71
Paula y los lobos 1
Por: Darío Valle Risoto

Guardó la carta en la guantera, desde que había dejado Montevideo la había leído como cuatro veces, sus padres la habían llamado desde Houston Texas donde iban a pasar el fin de año entre sus amistades si es que se les puede llamar así a un montón de gordos Texanos fachistas oliendo a frituras.

Detuvo la camioneta en una carretera desconocida, bueno, hacía varios años que no viajaba al norte del país y para colmo las inundaciones habían modificado y mucho el paisaje. Entró en un parador donde el aroma a churrascos fue festejado por el estómago de la joven.
__Aquí tiene la carta, bienvenida. __Le dijo una sonriente camarera de rostro aindiado y dientes desmesurados.
__ ¿Puede ser una costilla de cerdo con fritas?
__Claro, ¿Para tomar?
__Una Coca light por favor.

Había algunos camioneros sentados en la zona más alejada, enfrente sobre la barra dos hombres maldecían el clima y uno de ellos señalaba un televisor donde la noticia no solamente era la inundación.
__Mataron a dos muchachas que estaban acampando en los campos de Fleitas, dicen que fueron perros rabiosos, pero es raro hermano.
__ ¿Por qué?, Muchos animales andan sueltos sin comida, era de esperarse con estos tiempos.
__ ¡Tienes razón!

Cuando le trajeron la comida, esta se veía de maravilla, le preguntó a la empleada donde quedaban los campos de Fleitas y le indicó la dirección sin problemas, comió lentamente sabiendo que algunos parroquianos la observaban, aún vestida en forma sencilla seguía siendo una mujer atractiva.

Luego de comer salió, por un momento la llovizna había menguado y un reticente sol se habría paso entre nubes extrañas, había un monte de eucaliptos al costado del parador y junto a él un camino pedregoso que iba a la dirección de los campos donde habían muerto las dos jóvenes.

No supo por qué pero lo primero que hizo al subir a su coche fue revisar su pistola nueve milímetros y constatar que la recámara estuviera con todas sus balas.
No pudo evitar recordar sus conversaciones sobre los mitos que se crearon a través de los años en torno a los vampiros y lobos en la literatura y sobre todo en el cine. Hubo la ocasión en que se sorprendió de que Lorena se vea reflejada en los espejos y le importaran un verdadero carajo los crucifijos. Pero ¿Y las balas de plata?. Pensó en que debió tomar la precaución de conseguirlas por las dudas, ahora el problema era donde y como explicarles a los de la armería que quería defenderse de una mujer lobo si se daba el caso.
Enfiló por el camino de piedras rumbo a los mencionados campos del tal Fleitas, como a veinte kilómetros encontró el viejo casco de una casa o estancia donde había rastros de neumáticos en el barro y las señas de que ese era seguramente el lugar donde habían encontrado a las chicas despedazadas.
A su derecha detrás de un monte criollo se veía un río desmesuradamente crecido y a unos metros adentro en el agua sobresalía la parte superior de un molino de viento de los que abundan en el campo uruguayo, se utilizan para generar corriente eléctrica o para facilitar el riego.

Se asustó cuando una inofensiva culebra pasó entre unos yuyos cerca de sus botas y trató de no sacar su arma frente a cualquier contingencia pero se sabía nerviosa, no podía asegurar si a esas alturas estaba allí porque lo había decidido o una fuerza oculta la llamaba. En el bolsillo interior de su gabardina tenía apretada la carta que Lorena le había dejado sobre el sofá negro en el living de su enorme casa del Prado.

Sofrenó un grito cuando encontró la zona de las muertes señalada con algunas marcas y banderitas de la policía, había elocuentes trazas de lucha y sangre a pesar de las lluvias, esta coagulada sobre un montículo de piedras evidenciaba que algo terrible había pasado.
__Señorita, ¿Qué hace aquí sola?

A unos pasos un hombre joven de aspecto rústico se encontraba mirándola mientras sostenía una pala y un pico sobre su espalda, la suciedad de su ropa evidenciaba que era él el que había levantado tierra a los lados de un camino lateral.
__Disculpe pero escuché en el parador sobre esto y…
__Me llamo Romero Castro, pa’servirle, mire que son curiosos los Montevideanos.
__ ¿Hay algún hotel o lugar donde pueda pasar la noche?

Él la miró con interés, bajó las herramientas al piso para rascarse mejor la cabeza, miró al lugar donde pasaba la carretera y le señaló la dirección de Villa Saucedo, el pueblo más cercano en unos cincuenta kilómetros a la redonda.
__Gracias voy para allá entonces. __Regresó lo más rápido posible a su auto sin correr, el joven era de aspecto honesto pero nunca se sabe.
__Señorita, tenga cuidado, esta noche hay Luna llena.

Encendió el Nissan que estaba hecho un asco cubierto de barro y con ralladuras por la maleza. Volvió a retomar la carretera y se sintió un poco más tranquila, la última frase del tipo le quedó como un eco en el cerebro pero sabía que tanto Lorena como Morrigan Westenra se habían metamorfoseado solo por uso de sus voluntades, la luna nada había tenido que ver en ello.
Estaba anocheciendo y volvía la lluvia.

Juicio y Castigo.