¿Vamos a bailar Cumbias?

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¿Vamos a bailar Cumbias?
Por. Darío Valle Risoto

Me mudé a este edificio en el año 1978 y desde ese año cada vez que bajo la escalera se escuchan las mismas canciones tropicales (Cumbias) desde el mismo apartamento, algo similar pasa con unos vecinos de la planta baja que cada vez que llego a casa me reciben exactamente con ese mismo tipo de música día tras día, pero estos hace mucho menos años que viven allí.

Este preludio viene al caso de que puedo tener muchas teorías sobre el porqué hay gente que escucha siempre lo mismo, durante años y diríamos que toda su vida y mis conclusiones siempre terminan en alguna suerte de alienación que les impide siquiera intentar probar otros géneros. Simplemente parece que la cabeza y la sensibilidad no les dan para otra cosa.

Reconozco que albergo muchas diferencias con el promedio de los demás mortales, pero asumo que me siento realmente maravillado con las diversas opciones musicales que nos rodean y si bien prácticamente toda las manifestaciones musicales que rondan lo tropical y latino me producen una repulsión casi orgánica, lo que me asombra es que este tipo de música genere en grandes cantidades de personas una afiliación cuasi religiosa.

Por lo tanto dentro del abanico que no contempla esta suerte de pachanga melódica he encontrado diversas formas de entretenerme y sobretodo ayudarme a pensar. Desde: Pink Floyd, The Beatles a Megadeth o Cannival Corpse, pasando por Alfredo Zitarrosa, Carlos Gardel, Hermética, Los Redonditos de Ricota, Luar na Lubbre y Enya por solo citarles unos pocos: he encontrado diversas formas de pasar mi vida sintiéndome mejor.

Por lo tanto me sigue importando la música como forma de crecer intelectualmente, creo que es una fuente tan valiosa como cualquier libro o el cine y que haya gente que solamente siga un solo tipo de forma musical me espanta de verdad, aunque eso sirva para delatar su nivel intelectual, en la mayoría de los casos pero no en todos, claro. Por supuesto que he conocido a personas muy bien formadas culturalmente que elijen la salsa, la cumbia o lo que sea para pasar el rato, porque se divierten y lo comprendo aunque no lo comparta, porque a mí en lo personal el solo escuchar los primeros compases de algo así me entristece y/o enfurece.

En consecuencia aquella vez hace muchos años en que opté por dejar de ir a eventos donde la mayoría del tiempo se expresen estos estilos me ha dado como resultado una obvia soledad pero era de esperarse. He perdido posibles parejas por expresarles sinceramente que lo que escuchan me parece una mierda y lo siento mucho pero no podría vivir con una compañera de esas lindas chicas que escuchan cumbia villera todo el día de la mañana a la noche como suerte de mantra matador de neuronas.

Y por si fuera poco cuando creía que la música tropical era el fondo del tarro de las melodías repetitivas y vulgares nació algo llamado: Reggaetón y allí si se acabó definitivamente toda mi tolerancia hacia algo nefasto: simple en los musical e insultante en su poesía, si le podemos llamar poesía a sus letras. No les tengo que explicar demasiado sobre esto, lo tienen a mano prácticamente en todas partes del mundo.

Y esa base rítmica primordial y simple se fue trasladando a otros ritmos como el pop y los temas melódicos produciendo en mi una suerte de ganas de gritar y salir corriendo cuando estoy por ejemplo en un local comercial y constantemente difunden unas tras otras canciones exactamente iguales con vocalistas que parece sufrir algún tipo de lesión cerebral por la forma en que ¿cantan?

Por lo tanto el fondo del tarro de las artes musicales más procaces tenía un subsuelo y la cumbia y la salsa tienen al reggaetón como nuevo desatino a la hora de venderles a la gente más de lo mismo y cada vez peor. No han faltado quienes reivindican a las viejas orquestas tropicales y con total derecho asumen que al menos allí teníamos a un grupo de músicos que conocían de música y ahora con una percusión y unos teclados tocados como por niños de cinco años alcanzan y sobra.

Hace poco tuve una conversación con gente que reivindicaba el reggaetón con absoluta devoción, lo que me hizo recordar a los religiosos, me fue imposible intentar siquiera que analicen la clase de porquería que escuchan: que sus letras no solo degradan a la mujer sino a quién las escucha, que la base de percusión es pobre, monótona y produce una suerte de mantra siniestro que evita pensar y llama a mover el cuerpo “perreando” en una filosofía donde el sexo y el crimen parecen ser el centro de un universo marginal pero que ha permeado a todas las clases sociales.

Dije una vez que todo se pudrió cuando comenzaron a escuchar cumbias en Carrasco (Barrio pituco de Montevideo) porque se cambió la dirección de las cosas, digamos que hace unos cincuenta años la gente adinerada sentía cierta lejanía por todo lo que venga del pueblo y por lo tanto escuchaba algo diferente como música clásica o Jazz.
El primer asomo de que desde abajo se podía trepar al gusto de los ricachones fue el tango, pero no tenemos nada que objetarle a un estilo por lejos riquísimo en sus aportes a la cultura que todos conocemos.

Algo pasó socialmente y fue que la gente rica comenzó a disfrutar de la cumbia, la cumbia villera y el reggaetón, quizás por una oculta forma de culpa por explotarnos o porque dejaron de sentir pasión por elevarse culturalmente y descubrieron aquella teoría que no comparto de que todo lo que viene del pueblo tenga que ser necesariamente lo mejor.

En mi caso me crié escuchando música, mi madre combinaba la escucha de música en inglés (Preferentemente de los Beatles) con el folclore y a mi padre le gustaba el tango, por lo tanto pertenezco quizás a la última generación donde la música formaba parte integral de la formación del individuo tanto como los ya mencionados libros o el cine.

En aquellos tiempos la música tropical aún por amplios sectores de la gente pobre se consideraba: “Terraja” y signo de que uno era un ignorante por lo que hasta los que gustaban de ella trataban de que no se notara demasiado. Hoy sienten orgullo por elegir escuchar por siempre y para siempre estos estilos y mal que me pese ya estoy cansado de tratar de que por lo menos intentes escuchar otras cosas porque es imposible.

Alguien o un grupo de personas muy inteligentes y muy malas dieron con el clavo para que la sociedad baile el mismo ritmo, no piense, no elija por sí misma y no crezcan como personas. Muy triste.Nuevo Presentación de Microsoft PowerPoin 2

Bella Ciao

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Esta mañana, me he levantado,
¡Oh bella ciao! ¡Bella ciao! ¡Bella, ciao, ciao, ciao!
Esta mañana me he levantado y he descubierto al invasor.

Oh partigiano, me voy contigo,
¡Oh bella ciao! ¡Bella ciao! ¡Bella, ciao, ciao, ciao!
Partigiano me voy contigo porque me siento aquí morir.

Y si yo caigo, en la guerrilla
¡Oh bella ciao! ¡Bella ciao! ¡Bella, ciao, ciao, ciao!
Si yo caigo en la guerrilla, te dejaré mi fusil.

Cava una fosa, en la montaña,
¡Oh bella ciao! ¡Bella ciao! ¡Bella ciao!
Cava una fosa en la montaña, a la sombra de una flor.

Así la gente, cuando la vea,
¡Oh bella ciao! ¡Bella ciao! ¡Bella, ciao, ciao, ciao!
Así la gente, cuando la vea, gritará ¡REVOLUCIÓN!

Esta es la historia, de un guerrillero,
¡Oh bella ciao! ¡Bella ciao! ¡Bella, ciao, ciao, ciao!
Esta es la historia de un guerrillero, muerto por la libertad.

Diez décimas de autocrítica: Alfredo Zitarrosa

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Diez décimas de autocrítica

Alfredo Zitarrosa

Vine a cantar, compañeros,
porque era mi obligación
no negarme a la canción.
Pero debo ser sincero,
y para mí lo primero
es que era un acto del “Frente”.
Con el corazón caliente
y con la cabeza fría,
canté como suponía
que ustedes quieren que cante;
pero soy un militante
y mis canciones no son mías.
Por diferentes razones,
durante casi diez años,
he cantado desengaños,
rebeldías e ilusiones;
ésas fueron mis canciones
durante todo ese tiempo;
a algunas las llevó el viento
y otras dejaron memoria,
pero el tiempo no es la Historia
ni la vida es pensamiento.
Como muchos, he soñado
con el Frente, mucho antes
de que saliera adelante
como un sueño realizado.
Pero también he pecado
de ser individualista,
juramentado “anarquista”
frente a mi sola conciencia,
sin hacer más experiencia
que la de ser un artista.
Hoy siento que soy muy poco
como cantor y poeta.
Si nunca apliqué recetas
a mis canciones, tampoco,
ni más cuerdo ni más loco
que cualquier hombre prudente,
más de una vez fui inconsciente,
al ver que se me aplaudía,
de que en cada aplauso ardían
las manos de mucha gente.
Es riesgo del que realiza
su vida en un escenario,
sentir que es extraordinario
el horizonte que divisa.
Pero aquél que catequiza
apoyado en las bordonas,
si cantando no razona
como cualquier proletario,
deja de ser necesario
cuando el Pueblo lo abandona.
Yo no canté para ustedes
la canción que más quisiera.
Si por un milagro fuera
capaz de inventarla ahora,
sepan que sin más demora
que la de extender la mano,
hablaría de mis hermanos,
los muertos, los torturados,
los presos, los explotados,
de milico y de paisano.
Yo no he cantado las duras
consignas ( )
que se riman al reparo
de este Pueblo vigilante,
ni canté el verso rampante
del poeta consagrado.
Pero más que nada, aclaro
que mi canción más madura,
será la que cante puras
razones, que ya son muchas,
del compañero que lucha
sin pistola en la cintura.
Porque este Pueblo es “bagual”
y va a encontrar el camino;
el cantor es peregrino
sonido de este caudal.
Si algo soy, soy oriental
y ése es mi mayor orgullo;
más que flor quiero ser yuyo
de mi tierra, bien prendido,
del Pueblo sólo un latido,
de su andar sólo el murmullo.
Y sé que el triunfo es seguro
mientras estemos Unidos.
Con cantores aplaudidos
no se edifica el futuro.
Siento el deber, y lo juro,
de no cantar sino aquella
canción que como una estrella
alumbre, pero tan lejos,
que no cieguen sus reflejos
al que anda oliendo la huella.
Hasta siempre compañeros!
Sepan que tenía más ganas
de decir estas “macanas”
que de cantar. Lo primero,
para mí, es el Pueblo entero,
verdadero soberano,
de milico y de paisano,
cantando para sí mismo,
que marcha hacia el socialismo
y me lleva de la mano.

El Cuarteto de Nos: Jueves

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El Cuarteto de Nos: Jueves
Por: Darío Valle Risoto

Jueves se titula el último disco de El Cuarteto de Nos, banda uruguaya que existe nada menos que desde 1984 donde con un disco debut compartido con Mandrake Wolf inició una de las etapas más longevas del Rock nacional con una trayectoria plagada de altibajos con discos memorables y otros quizás olvidados pero no menos creativos.

Sin embargo la trayectoria de la banda comandada por los hermanos Musso se puede dividir en dos etapas: la inicial donde la música era muy variada y plagada de elementos cómicos que yo diría que termina con el disco homónimo: El Cuarteto de Nos del año 2004 y con el siguiente: “Raro” podemos pensar en una segunda etapa donde si bien persisten en su temática la ironía y una gran versatilidad, también es notorio un giro hacia el “Rap” y un estilo muy familiar a la banda de su productor Juan Campodonico: “El Peyote Asesino”. También en esta etapa el Cuarteto se dispara a nivel internacional y poco después Ricardo Musso la abandona quedando como quinteto con la incorporación desde poco antes de un guitarrista y un tecladista que venían de la banda: Buenos Muchachos.

Jueves probablemente sea de sus mejores trabajos en varios años y destacan sobre todo los temas: Mario Neta. Punta Cana y Contrapunto para humano y computadora lo que no desmerece joyitas como: Anónimo u Hombre con Alas. En síntesis Roberto Musso el único compositor en este caso de todos los temas pasa por un gran momento como compositor lo que no es poca cosa si consideramos la larga trayectoria de una banda fundamental a la hora de repasar el Rock y el Pop de este país.

Yesterday: La sencillez de lo excelente

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Yesterday
Por: Darío Valle Risoto

Esperaba con muchas ansias poder ver esta película dirigida y escrita por Danny Boyle y no me ha defraudado para nada, pero no me puedo desprender de varios comentarios negativos leídos antes en torno a ella y se me ocurre que esto obedece a que la razón principal de que la historia nos pegue es que seamos mínimamente fanáticos de los Beatles, de lo contrario esta sucumbe ante los anhelos de las nuevas generaciones.

La idea es original y fabulosa: Un joven músico indio de un día para el otro a razón de un apagón mundial descubre que los Beatles no han existido jamás junto a varias cosas particulares que iréis descubriendo a lo largo de la historia. Pero como recuerda cada canción se dedica a tocarlas como si fueran suyas y tras algún traspié inicial llega la fama mundial.

El humor inglés salpica cada momento y cada diálogo y esto no es muy bien entendido por gente de otros lares y mucho menos si eres demasiado joven porque apuesto a que si tienes más de cuarenta alguna lágrima podrá aparecer sobretodo en el momento: “Lennon”. Así que si bien respeto otras opiniones esta película apunta a un público específico aún dentro de los que respetan y quieren a esta maravillosa banda británica que cambió el mundo para siempre porque es así y no de otra manera aunque a lo largo de ella también comprobaremos ese canibalismo mediático que ejercen las compañías disqueras fabricando, fraguando, distorsionando ídolos solo para captar millones de ganancias y nada que tenga que ver con el arte.

Una predecible historia de amor, buenas versiones de grandes éxitos de los cuatro de Liverpool y una película muy disfrutable que lamento que muchos no lleguen a comprender porque al menos a este viejo melómano le han sacado alguna que otra lágrima a lo largo de ella y llorar… dicen las abuelas que es bueno.

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