Cosas de Gatos

bichos y arte (61)

Cosas de Gatos

Por: Darío Valle Risoto

Para la mayoría de nosotros los gatos ejercen una influencia esencial para comprender que en este mundo a pesar de todo hay belleza, nos basta contemplarlos y/o acariciarlos para sentir que estamos en paz con el presente y que aún tenemos algo por que sentirnos bien y muy al alcance de cualquiera.

No creo en la magia ni en que estén puestos por alguna entidad superior por una razón en particular, solamente pienso que en este caso la evolución permitió que los felinos se adaptaran y sobretodo los gatos a vivir entre nosotros aún con el peligro que encierran las grandes ciudades.

Aparte de mi gata Selma tengo a “Pochita”, una gata que no tiene dueño y anda por todo el edificio y ya conoce mis horarios como para esperarme, entra a comer y sale por una de mis ventanas, se comunica conmigo, duerme a veces en mi cama y me observa con aspecto inteligente al punto de que cierta vez le dije que no saliera porque hacía frío y se quedó en casa.

Bueno, comparto artes fotográficas y dibujos de los que desconozco el autor o autores pero que me parecen muy interesantes sobre los verdaderos reyes de la Internet: Los Gatos.bichos y arte (7)bichos y arte (28)bichos y arte (33)bichos y arte (45)bichos y arte (30)bichos y arte (62)

 

 

 

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Historia de tres Gatas

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Historia de tres Gatas
Por: Darío Valle Risoto

La primera fue Wendy aunque en realidad hubo otra Wendy que a poco de traerla a casa huyó por la terraza y jamás la volví a ver. Pero en el 2003 un amigo me trajo a Wendy 2, también negra, muy pequeña y llena de pulgas.
Y esta gata siempre chúcara que no le gustaba mucho que la toquen se transformó en una gran compañera, inteligente que siempre respondía a su nombre y me contestaba si le hablaba. Wendy sin embargo era muy violenta con las visitas al punto de que si venían niños a casa debía atarla porque se ponía mala.

Wendy era como ya escribí completamente negra, algo peluda y mediana, no trepaba mucho, era al decir de Jackson Galaxy una “gata de arbustos”. Convivimos durante once años hasta que el domingo 25 de enero del 2015 se fue por la misma ventana recién reparada que está en las fotos que le había sacado apenas unas horas antes.

Wendy siempre había tenido la posibilidad de escaparse pero nunca lo había hecho, supongo que con once años ya, se fue a morir porque no volvió jamás dejándome con la sensación triste del vació de perder a una gran compañía. No salí a buscarla porque sería imposible hallarla en el laberintico mundo de las viviendas donde vivo, además quise pensar en que ella tomó su decisión, a fin de cuentas era una gata libre que vivía conmigo.IMG_20150124_194231

A menos de un mes de perderla la casa se agigantó y me sentí por primera vez en mi vida realmente solo, me contacté con la Asociación protectora de animales (A.P.A.) y un sábado me tomé el ómnibus a la otra punta de Montevideo para buscar una gatita de ser posible negra.

En una especie de cubículo tenían a varios gatitos grises y una única hembra que a los pocos días me llevaron a casa. Le puse “Selma” porque inmediatamente por su color la asocié a las queridas cuñadas de Homero Simpson. Selma ya tenía tres meses, no era tan chica como Wendy al llegar pero ya desde el primer día se subió a mi pecho estando tirado en el sofá viendo televisión y comenzó a cabecearme.

Me costó adaptarme a Selma porque esta si es una verdadera gata no “de arbusto” sino de “Árbol”, en pocos días trepó a todo los lugares posibles de la casa rompiéndome varios adornos y utensilios al punto de que me volvió casi loco, pero lo compensaba porque es una gata extremadamente buena y receptiva con cualquier visita aunque meta su cabeza dentro de sus bolsas y mochilas para ver que traen.
Por suerte poco a poco se ha vuelto más tranquila y sigue siendo una gata absolutamente amorosa al punto de que sucedió algo que en casi cuarenta años que vivo en este barrio nunca me había pasado y paso a contarles…20160629_155009

Al salir a trabajar me enteré de que había una gatita atigrada de color gris que siempre andaba en torno a mi apartamento o abajo en la calle por lo que al salir comencé a dejarle algunas galletitas en el piso delante de mi puerta, poco a poco comenzó a entrar a casa y tras descubrir los tachitos de Selma comenzó a comer de ellos. Por suerte mi gata apenas si se inmutó y a la fecha tienen una relación de mutuo respeto.

La iba a llamar “Patty” por razones obvias pero como era medio gordita la llamé: “Pochita” y resulta que ahora prácticamente es otra gata de la casa aunque a veces sale por una de las ventanas aunque pasa largo tiempo y algunas noches con nosotros al punto de que en el invierno pasado he tenido que dormir contra el borde de mi cama de una plaza porque ambas estaban ocupando el resto.

El caso de Pochita me sigue intrigando ya que ella ha decidido “adoptarnos” y cada vez sale menos y por menos tiempo, he visto que entra a la casa de algunos vecinos o he tenido que rescatarla abajo en la calle de la persecución de algunos perros al punto de que cuando falta mucho tiempo temo que la maten o la atropelle un auto. ¿Pero qué puedo hacer?

Pochita entra y sale mientras por suerte Selma no la sigue y solamente la observa como tratando de pensar en qué tipo de bicho es, porque de seguro ella no entiende que son de la misma especie.

Es así que casi tengo dos gatas en casa pero sigo extrañando inmensamente a mi amiga Wendy, esa gata arisca pero compañera que sobrevivió junto a mi mucho más tiempo que mis parejas, quizás porque ella si sabía que me gusta vivir en paz y sin perros que me ladren.20170413_15593420170413_16095520170331_174714

Las memorias del gato tuerto (Fragmento)

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Las memorias del Gato Tuerto

Por: Darío Valle Risoto

Comparto con ustedes una pequeña parte, apenas un vistazo de la novela que ya hace un tiempo estoy escribiendo, la del título  y que me tiene bastante frustrado porque no encuentro casi tiempo para concluirla aunque en mi mente haya adelantado bastante, espero que les guste aunque los otros protagonistas no estén presentes en esta parte.

(…) Una gota esquiva, casi escondida y tal vez rescatada de un pasado fortuito recorrió toda la nervadura de la hoja y calló sobre el caracol que estremeció sus cuernos y continuó reptando sobre la agrietada baldosa mientras era observado por un enorme ojo amarillo.

Había olor a lluvia en la atmósfera, la humedad lo cubría todo como un manto de fríos recuerdos en un mundo demasiado ajeno para los habitantes del jardín. Sin embargo el gato tuerto había irrumpido pertinazmente buscando solazarse con una caza afortunada o probablemente impelido por la tradicional curiosidad felina. Un gorrión picoteaba piedrecillas bajo la lupa insidiosa de ese único ojo vivo, del otro lado el hueco oscuro y vacío de la cuenca no podía mirarlo pero parecía atento en su negrura profunda y muerta.

La casa no era muy grande pero tenía a su alrededor amplios jardines habitados por gran variedad de arbustos sabiamente dispuestos dentro de sectores rodeados de pequeños muros de piedras blancas, las baldosas del patio eran azules grisáceas traídas especialmente desde Italia por sus dueños la familia Hayazawi. La casa tenía ventanas blancas con postigos que dado el calor reinante luego del aguacero aparecían abiertas, una anciana enjuta y encorvada salió soportando gran parte de su liviano peso sobre un bastón torneado.

Había olor a vida en el aire, un colibrí libaba el néctar de las flores junto a la pared enorme que separaba la finca de la de la familia Nogales. Los Hayazawi eran una familia llegada desde Okinawa después de la gran guerra, la anciana era hermosamente arrugada y pequeña como un viejo papiro que proviene de las lejanas bóvedas de antiguas pirámides.

El gato la observó caminando lentamente por el camino central y se acercó con la tradicional renuencia de los felinos a los que es casi imposible tomar desprevenidos. Su ronroneo pudo ser ensordecedor cuando la vieja mujer se agachó a acariciarlo.

__ Hola Kokoro. ¿Cómo has estado?
El gato tuerto golpeo amigablemente la cabeza contra la pierna derecha de la mujer que buscó unas galletitas en el bolsillo de su blusa y se las alcanzó. Los gorriones se subieron al bebedero un poco más tranquilos porque el felino ya no los tenía en la mira y el colibrí se hundió entre las sombras verdes y negras del frondoso árbol de paraíso.
La mujer les agradeció a sus ancestros la sublime posibilidad de continuar viviendo con ochenta y nueve años solo para estar rodeada de esos jardines casi irreales que a pesar de la humedad que comenzaba a sentir en sus huesos eran como el refugio de un mundo absolutamente diverso pero no exento de tristezas.

__ Hacía tiempo que no venías por casa Kokoro, ¿Encontraste nuevos amigos?
El ojo amarillo y único del gato se detuvo en la anciana y por un preciso instante ella creyó notar la imagen de un breve cuento sobre una muchacha de cabellos rubios tan sola como todos los que en esta tierra suelen quedarse apartados de la marea avasallante de las muchedumbres.

La anciana se sentó en una de las reposeras que estaba seca y lanzó un suspiro de satisfacción, el gato inmediatamente trepó a su regazo, pequeño regazo cansado de una mujer que bien podría escribir una larga novela donde habría desde una bomba atómica a un breve romance con un teniente norteamericano, luego el viaje a América y el destino incierto de ser inmigrantes lejos de casa.

Había algo mágico en Kokoro, ese nombre era el que la anciana le había dado pero bien que para otros podría llamarse solamente “El gato tuerto” o Tomás o quizás hasta nombres un poco más rebuscados como Aristóteles, ¿quién lo podría saber?

La mañana en el jardín fue transcurriendo más lenta que en el resto del mundo porque el tiempo suele también tomarse descansos en lugares donde hay tiempo para permanecer en silencio disfrutando de la vida. La anciana entrecerró sus ojos pequeños y el gato ya se había dormido en su falda.(…)

Más fotos de gatos

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Por: Darío Valle Risoto

No es novedad que los felinos y especialmente los gatos son los preferidos en la web y por lo tanto vuelvo a subir algunas fotografías siempre mágicas e interesantes de nuestros amigos preferidos, a riesgo de haberlas publicado antes comienzo con gatitos grises tal como Selma mi gata de un año y medio que a lo último les presento.gatos anonimos 1 (1)can_anyone_hear_me__by_daly_xdlike_a_dog_by_dalynap_by_silviaspinatocan_not_quite_reach_by_plankanIMG_20150408_230321

Hay un Gato en mi zapato

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Por: Darío Valle Risoto

Mi recordada gata anterior: “Wendy Wendya” era muy especial al punto de mantenerse siempre o casi siempre en los lugares convencionales y casi no trepaba a ninguna parte y creo que solamente lo hizo cuando se fue para no volver jamás, en cambio mi nueva gata” Selma Bouvier” es una gata que en menos de una semana recorrió los lugares más insólitos de la casa al punto de subirse al cielo raso de espuma plast contra el techo tras dar un salto de casi dos metros y eso entre otras cosas, de todas formas debo reconocer que es muy cariñosa y no chúcara como Wendy que siempre solía mantenerse cerca pero no le gustaban mucho las caricias. Por lo tanto este corto introito viene para compartir algunas fotos de gatos que como Selma suelen aparecer en los lugares más insólitos aún sobre nuestras cabezas si pueden.
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