Carlos Gardel: estampas

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Creaba el tango como ninguno
“Musicalmente su canto era una inflexión intransferible debido a su calido e indiferenciado timbre vocal, eso lo que hace detenerse a uno ante su voz y reconocer de inmediato su metal: ¡Gardel!, dice de inmediato el dueño de la memoria acústica más frágil. Su afinación era perfecta y aunque con el tiempo suaba frecuentemente el “Rubato” como corresponde a una fuerte expresividad popular era riguroso en el ritmo y lo sabía subrayar con una musicalidad certera. Ostentaba una impostación natural impecable, todas sus notas eran llenas y parejas y su voz, de pequeño volumen (lo oí varias veces directamente) corría
Como un fuego por todo el teatro o el ámbito de una sala. Cantaba convencido de lo que decía, tanto en la letra como en la música. No se “enojaba” con el texto literario, como ocurre frecuentemente con interpretes que confunden violencia con convicción. Cantaba con un brío sereno y convincente (…) Como en los grandes cantantes música y palabra eran en su canto una unidad indestructible (…) Pero todas esas condiciones pueden darse en otro cantante y sin embargo con ello no se repite a Gardel. Acaso había otra actitud más secreta: siendo igual a si mismo, en cada una de sus interpretaciones, Gardel creaba distintas condiciones sonoras y servía al texto literario adecuándose a su más entrañable sentido. De ahí su rica y variada paleta. Y ya está dicha la palabra: “Creaba”. En su campo, en su cuadro de disponibilidades era un creador y acaso no imponga tanto la admiración y la emoción como el acto verdaderamente imponente de su invención creadora”
Lauro Ayestarán, musicólogo

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gardelLa Foto clásica
“En el año diecisiete, no sé por que causa, cayeron a retratarse Razzano y Gardel (…) De las últimas que yo le saqué, que son del año treinta y tres, me encargó cien copias de 18 por 24, a un peso cada una, me acuerdo como si fuera hoy…”
José María Silva, fotógrafo.

Oriental jamás
“Mirá hermano, si yo dijera aquí, en estos momentos que soy uruguayo, ahora mismo se acaba la fiesta para mí”
Citado por Eduardo Payseé Gonzáles, escritor.

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De opera y con micrófono
“Le conocí en 1919 cuando debuté en el teatro Comedia de Buenos Aires, luego mi familia y yo viajamos a España cuando el fue a Paris a hacer sus primeras películas. En 1933 nos volvimos a ver. Recuerdo entonces que al llegar Gardel a Buenos Aires la prensa le criticó por cantar canciones españolas y francesas, incluso hablaron de que tenía ya poca voz, puesto que de Europa se había traído algunos “aparatos” que no eran sino un micrófono y algunos altavoces”
Erico Caruso, cantante.

Me duele ahí
“Antes se grababan discos de prueba, acetatos que servían para ver como iba a salir la grabación, y después se tiraban o regalaban. Gardel tenía un gran sentido del humor. Cuando grabamos Rosas de otoño, que dice; “Yo sufro mucho, me duele el alma”, el, muy serio y solemne, cantó: Yo sufro mucho, me duele el culo”
Gregorio Scorticati, bandoneonista.

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Saludos a Cojoncio
“Conocí a Carlos Gardel con motivo de un partido de futbol que ambos presenciamos. Un partido al que yo dediqué un largo poema. Posteriormente fuimos juntos en un pequeño viaje (…) una breve excursión amable y divertida. Gardel era un hombre sano, ingenuo, afectivo, celebraba todo cuanto veía o escuchaba. Nuestro recorrido por las calles de la ciudad fue estrepitoso. Los nombres de los propietarios de las tiendas nos fascinaron. Nombres rudos, primitivos, del martirologio romano visigótico. Leíamos con delectación, sin poder reprimir la carcajada: “Pasamanería de Huibilibrordo Gonzáles; Café de Cojoncio Pérez”. Un viaje feliz, veloz, inolvidable. Mese después, ya en Madrid recibí una tarjeta de Gardel fechada en Buenos Aires. Me enviaba, con un gran abrazo sus mejores recuerdos para Cojoncio Pérez. Como a mi, era lo que mas le había impresionado en Palencia”.
Rafael Alberti, poeta.

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Hacelo por la vieja
“Cuando de paz, de tranquilidad, de sosiego… cuando muchos copetines y muchas farras me han cansado, vengo a ver a mi viejecita y a su lado recobro fuerzas (…) ¡que amigos, ni amores, ni copetines, ni gloria, ni triunfos, ni burros, ni nada por el estilo, al lado de una madre! … El más modesto pucherete hecho por sus manos vale más y es más sabroso que el más caro de los platos del mejor de los hoteles del mundo… Son más agradables los aplausos del público… pero, ¿De que valen al lado de un: “Has cantado bien” de la viejecita?”
Carlos Gardel en Revista Sintonía 1930

El rana que canta
“Cuentan que una vez, siendo todavía pibe, cayó en cana por una de esas ranadas que después adquieren categoría de delitos. El comisario le clavó los ojos, adustos y fieros, escrutadores y agresivos: __ ¡Así que vos andás en cosas sucias, no bandido?
Y como él callase, muy serio, asustado, palpitando un bife o un encierro el comisario siguió: __ Bueno hablá pues hombre… Decí algo al menos…
Fue entonces que la viveza del muchacho saltó como un resorte…
__ ¡Que voy a decir, mi comisario… Pero si me deja cantar, le canto….!
Y cantó, cantó hasta que la comisaría se llenó de gente; gente que después cuando el chingolito no dio mas, le llenó la gorra con chirolas”
Last Reason, periodista.

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Cada día mejor
“Es la única fgardel-009igura en toda la historia de la humanidad que ha mantenido su total vigencia a 61 años de su muerte. No hay político, deportista, artista, científico que haya podido sobrevivir al tiempo. Gardel lo ha permitido”.
Nelson Bayardo

Cuestión de peso
“He pasado mucho tiempo haciendo gimnasia para conseguir mantenerme en un peso adecuado. Me interesa mucho el cine y no hay cosa más terrible que un artista obeso en la pantalla, sobre todo si es un galán, que es mi línea de trabajo.

Carlos Gardel

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Por “Zetenta pezos”
Mucho se ha dicho sobre el debut de Gardel y Razzano. Alguien nos ha contado la siguiente y sabrosa anécdota:
Gardel y Razzano se encontraban cantando en el Armenonville en rueda de amigos.
Se acercó el gerente, buscando hablar con alguno de ellos.
Le salió al encuentro Razzano.
__ Díganme. ¿Ustedes tendrían inconveniente en trabajar aquí?
__ Y…, todo ez cuestión de arreglar. __ Respondió Razzano con su zeta proverbial.
__ Bueno, vea a ver si les conviene setenta pesos.
__ Voy a conzultarlo con Carlos. __ Dijo Razzano y retornó junto a su compañero.
__ Che. __ Dijole al hallarse a su lado, en tono bajo __Noz ofereze zetenta pezos.
__ ¿Cada cuanto? … Inquirió Carlos.
__ No zé.
__ Preguntale…
Y vuelta Razzano a verificar cada cuanto tiempo podían percibir los setenta pesos.
La sorpresa fue al regreso.
__ ¡Viejo! … Dize que los zetenta pezos zon por día!
__ Decile que por setenta pesos, le atendemos hasta el guardarropas __ Inquirió Carlos.
Y así comenzaron a ganar sueldo, los “Ases” de la canción popular.
Revista Gente

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Material escaneado y textos provenientes del suplemento especial: Protagonistas, Historias del pasado reciente de la revista 3 N° 73 del viernes 27 de Junio de 1997

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El tango no tiene edad

IMG_20140217_0010El tango no tiene edad
Mis encuentros con esta música ciudadana.
Por: Darío Valle Risoto

Ilustración de portada: Grabado de César Ureta, serie sobre el Tango

No me crié en un conventillo de la calle Olavarría pero si en uno de la calle Juan Jacobo Rousseau al 3468 de la barriada de la Unión en Montevideo. De aquellos recuerdos entre tristes y felices tengo indeleble en la memoria al. “milico del fondo” como lo llamaba mi madre.
En realidad Miguel era un tipo despreciable por donde se lo mire, pero no es este un artículo sobre este personaje sino sobre su afición al tango por lo que además de la radio que siempre escuchaba mi madre se solía colar desde su pieza una radio invariablemente puesta con la estación “Clarín”, emisora que aún hoy día se encarga de difundir tangos y folclores durante toda la jornada.
Pero debo también agregar que mi padre era un admirador de Carlos Gardel y hasta conocía muchas letras de tangos que a veces me tarareaba y yo diría que muy bien, lamentablemente solo una vez llegamos a grabarlo en cassette pero esa cinta se perdió para siempre.
Por su parte mi madre que era mujer del campo desde luego que iba más por el lado del folclore y por alguna audición de payadores en la radio o cosas por el estilo amén de que también le gustaban los Beatles y con los años se hizo muy fanática de Pink Floyd y de Queen.

Este artículo viene a por desechar ese mito de que el tango nos suele alcanzar alrededor de los cuarenta años ya que al menos en el Río de la Plata este estilo que realmente me apasiona, afortunadamente lo podemos encontrar casi en todas partes y supongo que mucho más aún en Buenos Aires que en Montevideo.
Allá por los veinte años ya viviendo aquí en Belvedere comencé a trabajar en los talleres gráficos Barreiro y Ramos donde estuve casi trece años, allí además de consolidar mi ideología anarquista también conocí una variopinta colección de compañeros que me ayudaron a ser el hombre que hoy definitivamente soy.

De estas personas hubo un compañero ya veterano llamado Atilio que era aficionado a tocar el bandoneón y del que aprendí muchísimo sobre el tango y algunas anécdotas sobre Carlos Gardel y sobre esta particular música que me entretenían en las largas jornadas en que me ponían como su ayudante en la guillotina Polar.
Lo más curioso era que yo rápidamente iba cambiando mi forma política de pensar hacia la Izquierda mientras que Atilio era un derechista admirador del ex presidente Jorge Pacheco Areco, un personaje realmente siniestro en la historia contemporánea del Uruguay por su protagonismo hacia lo que sería luego la dictadura del 73 al 85 en este país.
Aún así durante los años en que trabajamos juntos el tango nos unía y por supuesto el respeto mutuo y la capacidad de comprender que el otro, el compañero que teníamos en frente tenía una ideología diferente y muy opuesta.

Es así que el tango siempre estuvo a mí alrededor, lo imbuía todo de esa perfecta poesía ciudadana que trasciende los dichos infames sobre su tristeza de gentes que poco lo conocen o de aquellos que creen que es solo para veteranos o viejos en esta vida.
También mi gran amigo Juan Torradefló el que cierta vez me dijo que “él me había hecho rockero mientras que yo lo había hecho metalero” también era un aficionado al tango y solía tener algún vinilo de Carlos Gardel, sobretodo quedó indeleble en mi memoria aquella tarde en que su ex compañera pasó a buscar por su casa algunas cosas y el mientras que ella juntaba libros y trastes le ponía una y otra vez el tango: “Te fuiste…ja ja” cantado con cierto tono de complicidad por el morocho del Abasto.

Así que llego al hoy en que estoy por suerte reencontrándome una y otra vez con el tango y si bien desde hace años sostengo que mi trilogía preferida son: Goyeneche, Julio Sosa y Piazzolla, estoy escuchando muchísimo a Edmundo Rivero y claro que Carlitos Gardel está por siempre fuera de concurso como “el carro del Chaná” que de tanto ganar en los viejos concursos del carnaval lo dejaron por afuera por ser imbatible.

Charlo, Juan D’arienzo que tanto le gustaba a mi madre y algunas orquestas típicas son lo que me vengo bajando en estos días sin evitar un escalofrío cuando me quedó grabado en la memoria aquella situación en que mi madre me preguntó siendo niño si pensaba al ser grande en casarme y tener hijos y le dije que mi sueño era vivir como aquel “milico del fondo”, es decir: solo, escuchando tangos y sin nadie que me venga a complicar la vida. Esto último es cosa de ahora pero creo que por ahí venía la cosa.

Por último mi casi único y mejor amigo César Ureta anda soportándome desde que lo heredé de mi compañera Julia allá por el 2004 en que me lo presentó ya sabiendo que eran pareja de baile en esta cosa del tango y por cierto que bastante buenos por lo menos para mi ojo poco favorable a esas lides.
César además de ser un buen bailarín de tango aunque no lo admita nunca es un verdadero caballero de otra época, supongo que en muchos aspectos también yo lo suelo ser por algunas formas que tenemos en cuanto al respecto y como nos manifestamos en la vida pero es realmente bueno tener un amigo con que ir a alguna milonga o solamente conversar mientras escuchamos a estos maravillosos intérpretes de todos los tiempos tanto en lo vocal como en lo instrumental.

El tango está allí como poesía urbana y absoluta, como baile sensual y como indeleble pintura de dos ciudades más que amigas hermanas y herederas de una cultura, una estirpe venida de Europa de tanos y gallegos que contagiados de ritmos africanos fueron pariendo un estilo que hoy día es seguido por todo el mundo y que no se agotará nunca.

La Guaranguería en el Río de la Plata

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La Guarangería en el Río de la Plata
Por: Darío Valle Risoto
Técnico en comunicación social.

La voz “guarango” se supone de origen quechua pero llegó luego a las urbes de la pampa argentina y la penillanura uruguaya. La Guarangería se adueña de nuestro ser y es una expresión claramente autóctona, un estado de espíritu y un término peyorativo.
La Guarangería es por ende un término urbano más que campero porque allí toma diferentes nombres que pueden no denotar exactamente lo mismo, estos son: guasada en La Argentina como sinónimo de: bellaco y o zafado o en el Uruguay rural se puede calificar como canariadas y/o bagualadas pero raramente como guaranguerías.
El guarango no tiene par entre las estructuras portuarias y es privativo de las culturas rioplatenses.
El guarango según Martínez Estrada es el gracioso sin cultura pero también en el rico, en el intelectual, en el profesional, el periodista, el político asume caracteres fabulosos.

El guarango lo es ante todo frente a los otros, necesita de un público que asista y sufra su condición, su caldo de cultivo es la resonancia colectiva porque quiere atraer hacia su persona la atención de los demás.
Pero así mismo carece de la atropellada marginalidad del compadre, es un anónimo de gestos y palabras sin la colisión corporal de este.
El guarango es un resentido, un frustrado que en su burla de los otros hay un desprecio que tiene escozor de su propia inferioridad. La guarangada es finalmente para Martínez Estrada una venganza que encubre las apariencias de irresponsabilidad moral, es un “atropello de pobre que atribuye su déficit moral, pecuniario e intelectual al bienestar ajeno”
Pero no todo guarango es pobre sino que el pobre es guarango porque es vulnerable y así mimetiza su condición entre los seres y entre las cosas.

El guarango según Ortega y Gasset siente “un enorme apetito de ser algo admirable, superlativo, único” Vive embriagado con el elixir de imaginarios triunfos pero como sabe que no son triunfos ni son auténticos entonces duda de si mismo.
“Para sostenerse sobre la existencia necesita compensarse, sentir de alguna manera la realidad de esa fuerte personalidad que quisiera ser. Ya que los demás no parecen espontáneamente dispuestos a reconocerlo, tomará el hábito de aventajarse él en forma violenta. De aquí que el guarango no se contente con defender su ser imaginario sino que para defenderlo comience desde luego con la agresión El guarango es agresivo no por natural exuberancia de fuerzas sino al revés, para defenderse y salvarse. Necesita hacerse sitio para respirar, para poder creer en sí; dará codazos para poder caminar entre la gente y crearse ámbito. Iniciará la conversación con impaciencia para romper la brecha en el prójimo y sentirse seguro sobre sus ruinas”.

La viveza criolla y la Guarangería pese a ser primas hermanas son cosas distintas. La viveza criolla o picardía criolla es la socarronería rústica, es un atributo esencialmente campesino. El paisano “sobra” al ciudadano pues actúa dentro de otro esquema simbólico. La viveza criolla deja en evidencia al oponente con sus silencios, sus intenciones y medias palabras y no tiene la verborragia de los guarangos.
El guarango denota, quiere hacerse ver, quiere saltar al primer plano, pretende elevarse sobre el contorno social que lo anula y al mismo tiempo lo agravia y lo estimula.
Por lo tanto la Guarangería es una patología espiritual rioplatense.

Según: H. A. Murena (El pecado original de América – Buenos Aires, Sur 1954), La humanidad de América esta lisiada porque habita en un continente donde el paisaje y sus habitantes no se corresponden, donde la historia no ampara el desarrollo orgánico de sus culturas a partir del coloniaje, donde el espíritu transatlántico se volatiliza ante la presencia ósea de la piedra, el agua, de la llanura, de la soledad de la tierra toda del Nuevo Mundo.
Los tipos humanos emergentes de esta prehistoria del futuro que es lo americano agrupan dos extremos de dos individualidades que rezuman esencialidad porteña o montevideana. Uno es extrovertido geográfico, el otro un introvertido nativista.
El extranjerizante contempla la imagen de Europa como un purismo ideal, un paraíso perdido, el otro es un fanático que deliberadamente se hunde en la matriz pecaminosa de América golpeándose el pecho y proclamándose indio aunque sea descendiente de celtas ojizarcos.
La dicotomía campo-ciudad en otras partes de América es sociológica y demográfica, en el Río de la Plata es sobre todas las cosas cultural. El sino del Río de la Plata ha sido el aluvión migratorio y la inestabilidad cultural, en este terreno brota la guarangería porque el hombre se encuentra desorientado, perdido sin el apoyo de una tradición de esencias tranquilizadoras. Para afirmarse entonces dispara hacia su contorno, fabrica un contrafuerte desmesurado sobre las espaldas del prójimo.

La guarangería en el tango procura golpear con el guantelete del desamparo del pobre en el rostro de la sociedad, su discurso tiene mucho de soterrada protesta. Mientras que la clase media manifiesta su guarangería en los gustos ramplones, en el palabrerío que aturde pero que no disimula las deficiencias básicas. Pitucos y snobs son a su vez guarangos que pasean a los cuatro vientos el lúbrico arsenal de sus ocios, bostezan entonces con disimulo en los conciertos de la temporada invernal o se tuestan metódicamente en las playas del este.

Cuando el guarango participa en el periodismo, sazona los “platos fuertes” de la prensa rioplatense, tergiversa con pasión los hechos del diario vivir para así romper los marcos de las letras y complacerse en la crónica sensacionalista de crímenes infames. El se erige en censor de faltas reales o presuntas sin reparar en sus propias deficiencias limitaciones o miserias.
El guarango televisivo tiene un vasto campo para ensayar sus poses ramplonas, ya en el novelón episódico lleno de exactitudes históricas y psicológicas, rebosante de chabacanería, ya en el comentario engolado y ridículo de cosas nimias que se explican por si solas, ya en un anuncio comercial carente de gusto, mesura o aliño.
La guaranguería en la política es aquella que es el vicio de insultar al contrario en sala y abrazarlo en los ambulatorios y se manifiesta de modo específico en la propaganda electoral. El candidato procura convertir el accidente en sustancia y ofrece al electorado su efigie en actitud oratoria para sustituir el programa de su partido. El cree que la política es conversación y no reflección, discurso y no empresa sistematizadota, avidez personal y no causa nacional.
Cuando este tipo de candidatos sube a la tribuna lo hace para denigrar al contrario a costa de sus propias carencias, no procura convencer sino enardecer, no estimula el pensamiento porque desconoce que el pueblo es más inteligente de lo que supone, bajo su guaranguería palpita la ambición desmesurada y la certidumbre inconfesa de su incapacidad.

No puede por lo tanto destacarse ni en la vida intelectual, ni en la labor administrativa, ni en el ejercicio de una profesión y entonces como único camino par hacer conocer su nombre y disfrutar de los halagos de la publicidad elije el de la política.
Pero la política a pesar de los fariseos que la pueblan es estrategia cultural.

Finalmente tenemos entre los guarangos a aquellos que son piropeadores oficiales de las calles y avenidas ciudadanas, los que montan guardia en las esquinas, los automovilistas prepotentes y desbocados, los exhibicionistas de playa, los lenguaraces radiotelefónicos, el vociferador de las tribunas y taludes, los periodistas descomedidos, etc.

Bibliografía de la que fue extraído este resumen: El Tango y su mundo por: Daniel Vidart, ediciones Tauro 1967
Ilustración de portada: Gravado sobre tango del artista uruguayo: César Ureta, a él le agradecemos también el obsequio del libro citado más arriba.

El marroco (tango)

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El Marroco (Tango)
Por: Darío Valle Risoto

Se llevó el marroco a la catrera
Para masticar mientras pensaba
De plata la luna saludaba
Colgada de un cielo atemporal.

En la pieza estaba el mago
De galera en una foto
Y sin papusa en el cotorro
Simón se puso a recordar.

Ya pasaron tantos años
Sin Mirella en el bulín
Puros burros y Cassin
Y una vida pa apostar
Y como siempre la mishiadura
Que lo obliga a recordar.

Ya no esta la dulce vieja
Con su incondicional amor
Solo el yugo de la calle
Y una pieza de pensión

Agarra la mandolina
Dijo el santo mortificado
Que ya estas muy regalado
En la viña del señor.

Y el marroco cayó al piso
Donde el mago era testigo
Risa inmortal de un amigo
Que vio morir a Simón.

Portada: Gravado de César Ureta artista plástico y amigo

Maia Castro: no se la pierdan

Una excelente intérprete

Por: Darío Valle Risoto

“Ya no quedan hombres”: Decía una vieja fea como guisado de araña, pero esto se aplica al tango actual en Uruguay, al menos de las carteleras más importantes, mis cogénericos no están en los primeros lugares y una buena banda de mujeres canta tangos con muy buena actitud y felizmente la mayoría con un perfíl propio. La Argentina Mónica Navarro y la ya veterana Laura Canoura encabezan la lista pero ahora irrumpe Maia Castro tal ves dentro del estilo moderno que inaugurara Malena Muyala pero con un estilo personal que ha crecido magníficamente desde su primer disco. Su último trabajo: “Lluvia inerte” tiene una selección ecléctica pero bien buscada de canciones que incluye hasta una versión de un tema de los Redonditos de Ricota y dos de su propia autoría, hoy les dejo una obra que tenía interpretada por Edmundo Rivero y que ella ejecuta con su estilo sin desprestigiar este tanguito irónico si los hay.

Tu perro pequinés
(1948)
Letra: Luis Rubistein
Música: Luis Rubistein

Muriéndome de hambre y frío
te vi pasar, corazón,
con el auto que fue mío
y el tapado de visón.
Tus ojos vieron mis ojos,
pero no vi tu rubor.
Sentí temblar mis despojos…
y tu perro me ladró.

Chofer japonés
con un auto avión a chorro,
y vos apretando el morro
del perrito pequinés;
la vida, tal vez,
se ensañó y a sangre fría
me regala la ironía
de este cuadro hecho al revés.
¡Cómo quisiera tener
para mi frío espantoso
ese abrigo tan sedoso
de tu perro pequinés!

Cuando pasaste a mi lado,
se me apretó el corazón.
Yo con hambre, destrozado,
vos con mi auto y mi visón.
Por vos perdí mi fortuna,
después de tu amor y hoy, ¡Ya ves!,
le estoy ladrando a la luna,
como el perro pequinés.

Garúa: La lluvia y su tristeza

La Lluvia y su tristeza

Por: Darío Valle Risoto

Llovió copiosamente y se acaba el otoño en Montevideo, la promesa del invierno siempre nos trae a la tristeza del deseo de calor, protección y cobijo, sin embargo muchos hombres y mujeres vagamos solos por esta ciudad muchas veces árida, insustituiblemente gris.

Me acordé de este tango en el trabajo mientras el chaparrón arreciaba y uno mira el reloj vago y pegado a las horas alejándonos de casa, la estufa y mi gata Wendy. Letra que se pega al corazón, más se me escapaba del recuerdo, lo tararee horriblemente, como loco que canta solo y me dije que debía compartir esta letra hermosa, formidablemente maldita de los tangos de mi discoteca, que lo disfruten como yo que me acordé de aquel viejo conventillo donde mi padre mateaba dulce y esperaba para irse a la madrugada, bajo lluvia al mercado Modelo.

GARUA
Letra de Enrique Cadícamo
Musica de Aníbal Carmelo Troilo

Compuesto en 1943

La orquesta del autor de la música, con su cantor Francisco Fiorentino,
lo grabo el 4 de agosto de 1943.


Que noche llena de hastio y de frio,
el viento trae un extraño lamento,
parece un pozo de sombras la noche,
y yo en las sombras camino muy lento
Mientras tanto la garua se acentua con sus puas,
en mi corazón.
En esta noche tan fria y tan mia
pensando siempre en lo mismo me abismo
y aunque yo quiera arrancarla, desecharla y olvidarla
la recuerdo mas…
Garua!….
solo y triste por la acera
va este corazón transido con tristeza de tapera
sintiendo…tu hielo
porque aquella con su olvido hoy le ha abierto una gotera
Perdido!..
como un duende que en la sombra mas la busca y más la nombra
Garua…tristeza
hasta el cielo se ha puesto a llorar!….
Que noche llena de hastio y de frio
no se ve a nadie cruzar por la esquina
sobre la calle la hilera de focos,
lustra el asfalto con luz mortecina
Y yo voy como un descarte,
siempre solo siempre aparte,
recordandote…
Las gotas caen en el charco de mi alma
hasta los huesos calados y helado..
Y humillando este tormento
todavia pasa el viento…
empujandome!…...