En vísperas de otro 1° de Mayo (Uruguay)

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En vísperas de otro 1° de Mayo
En el Uruguay
Por: Darío Valle Risoto

Este primero de Mayo cae en día domingo y no es para complicarse porque la mayoría de los trabajadores perdemos un día libre, sino para volver a recordar que esta fecha es para conmemorar a los miles de trabajadores que fueron asesinados por luchar por una vida más digna dentro de diferentes sistemas de opresión de los cuales el capitalismo es el más cruel y por siempre salvaje.

Hoy día cuando muchos creen aún que en el Uruguay gobierna la izquierda me pregunto una y otra vez: ¿Que es lo que estos creen que es un gobierno de izquierda? o si están por demás esperanzados de que este paso los cambios se sucedan dentro de cien o quinientos años.

Es indudable que desde que gobierna el Frente Amplio hemos recuperado algunos derechos aniquilados por sucesivos gobiernos continuistas de una política neo liberal desde la dictadura, aún así no se ha cambiado un ápice la política económica y apenas un poco las políticas sociales pero adhiero a aquella frase que me dijera una profesora de filosofía y que nunca olvidé: Cambiar un poco para que todo siga igual.

Ni siquiera el Pit-Cnt se plantea cambios estructurales profundos y desde mi ignorancia creo que hace falta un recambio de dirigentes a por aquellos que sientan de verdad un profundo compromiso de clase y sean solidarios además de desistir plenamente de cargos de confianza dentro del gobierno porque esto está pasando. Aún dentro del propio ministerio de trabajo se ensaya el doble discurso de: “Gobernamos para todos” tal vez tratando de hacer respetar los derechos de los mismos poderosos que siempre avasallaron a los pobres y desafortunados. Tal parece que ahora nos resignamos a una sociedad de ricos y pobres y aceptando esto tratamos de irla llevando.

Cuando los medios de comunicación ven con buenos ojos la gobernabilidad de nuestra central obrera que propone recortar horarios de trabajo para que en la recesión que se viene no se envíen obreros al seguro de paro, se me hace jodido imaginar que detrás de esto se pretende que el señor inversionista, capitalista y por ende explotador, no se resienta en sus ganancias y que si estas son menores no opte por recortar por el lado más fino de la piola.

Mañana habrá discursos ya no revolucionarios sino de cintura floja, discursos genuflexos con el capital o tal vez alguno ensaye una especie de arenga fuerte para la plebe donde se recuerden viejas conquistas de la clase sindical uruguaya. Espero que alguno recuerde que este mismo gobierno de izquierda nos afanó casi 1000 millones de dólares con Ancap, que envía de viaje a catorce políticos a un congreso de mierda en África gastándose toda la plata mientras hay inundados y gente sin hogar en el país y que todavía estamos por saber si el vicepresidente de izquierda es licenciado o mentiroso. Solamente tres perlas de las que dudo mañana alguien se acuerde.losmartiresdechicagopeqsu6

Leandro se levantó cansado (Cuento)

dcea7cf4fd342aa92dae1e1733bf8a4bLeandro se levantó cansado
Por: Darío Valle Risoto

Leandro se levantó cansado, no era la primera vez que dormía mal, hacía meses que los sueños lo abatían, malos sueños, sueños oscuros, desagradables. Afortunadamente mientras estaba sentado en la cama reparó en la silueta de Magdalena sobre las sábanas, al pasar su mano aún persistía el tibio, leve calorcito de su cuerpo.
Al levantarse no la tendió como solía ser su costumbre, de verdad era su costumbre pero ya casi no lo era, habían cambiado algunas cosas en los últimos tiempos y no tenía idea aún si era para bien o para mal, de verdad que no lo sabía.
Al mirarse en el espejo del botiquín del baño vio que tenía la barba crecida, podía afeitarse y darse un baño pero era domingo, lo que significaba que no tenía porque repetir el cotidiano trajín antes de irse a la oficina.
Pero si era domingo… ¿A dónde había ido Magdalena tan temprano y sin despedirse?
Se lavó la cara y se secó lentamente, poco a poco volvía a la realidad porque había soñado mal y seguía cansado, un café negro bien cargado seguro lo iba a poner en juego para disfrutar del día como debía ser.
En la cocina las cortinas estaban corridas y el resplandor del sol llegaba hasta la pared opuesta, afuera en el jardín volaba un colibrí sobre las madreselvas, seguro que estaban a punto de llegar al verano y todo se iba a ir acomodando.
Puso agua en la máquina de hacer café y limpió el filtro colocando nuevo café molido de Colombia, con ese aroma cautivante que lo hacia recordar una niñez allá en Lavalleja cuando todavía todo era nuevo y agradable.
Al encenderla reparó en que no la había enchufado, al agacharse tomó el cable y luego si funcionó, buscó su taza en el aparador. Era raro porque estaba bien al fondo como escondida detrás de un paquete de cereal.
Su taza con el emblema de “Superman” le había acompañado largos años, tenía hasta una pequeña rotura cerca del asa, recordaba muy bien como se había producido el salto del esmalte: se les había caído haciendo el amor en aquella cabaña del Polonio durante su Luna de miel.
La máquina comenzó a gorgotear y el aroma a café lo cubrió todo, era como el abrazo de una madre feliz, era como sentirse vivo.
Aún estaba en calzoncillos cuando se sentó a saborear su café en la mesa de cármica con decoraciones de frutillas y hojas verdes sobre fondo blanco, era una mesa muy sesentera que la tía Olga les había regalado cuando alquilaron la casa.
Puso el mantelito individual y luego su taza, no quedaban galletitas en la lata, poco importaba, no tenía hambre, solamente tenía que despertarse de una vez por todas para esperarla, pero: ¿A dónde había ido Magdalena?
Después de beber el café lavó la taza y sin saber porque la guardó justo en el lugar donde había estado como escondida al fondo del anaquel detrás de la bolsa de cereales “Mix”.
Dejo todo tal cual si no hubiera estado allí y volvió sin pensar a la cama donde aún la silueta de su compañera, de su amada estaba como indeleble a la derecha y junto a la superficie casi liza donde él había dormido.

Magdalena llegó antes del mediodía, se quitó la cartera y la gabardina y las colocó en el perchero, luego se sacudió la cabellera, fue al baño y se lavó la cara, en el espejo su rostro de piel negra brilló pero no de alegría.
Se sentía triste, fue hasta el living y no pudo dejar de mirar la foto en que estaban con Leandro y que les habían sacado un mes más o menos antes del accidente, si todavía le dolía la pierna y rengueaba un poco los días de tormenta.
Fue al baño y se dio una ducha, luego se sintió un poquito mejor y al entrar en la cocina le pareció sentir el aroma del café aunque sabía bien que no había desayunado para ir temprano al cementerio. O quizás porque tenía que irle a dejar flores a lo que quedaba de…
Caminó desnuda hasta el cuarto donde también olía a café, estiró las sábanas y volvió a pensar una y otra vez en la muerte de Leandro, en ese estúpido accidente en la ruta y en que solamente le quedaban sus fantasmas.

FIN

Fabulas en punto muerto

Wallpaper Magic 153 (9)Fabulas en punto muerto
Por: Darío Valle Risoto

El señor saca su bandera
Y el rey aplaude solitario
Tres tortugas venden carne
Frente al confesionario.

Un banderín marca el punto
Donde enterraron ayer
Al héroe muerto por risa
Y también muerto por sed.

Calavera chilla de amor
Frente a la luna en la ventana
Aquella mujer no era virgen
Ni siquiera una puritana.

Cuanto cuesta vivir es raro
Transacciones por comer y rezar
Hasta las puertas del cielo
Son difíciles de alquilar.

Presbítero cansado en su burro
Sabe del espanto de sentir
Pero se apiada el asno del amo
Ser humano es creer y mentir.

Cien zorros en el parlamento
Forman una extraña comisión
Para estudiar lo que los hombres
Toman como mentas del honor.

Los gorilas van de diputados
La salamandra duerme al sol
Ella sabe que hacer nada es poco
Pero es mucho a su alrededor.

El zoológico está cerrado
Los defensores soltaron al zorro
Pero los buitres sacan
Del banco nuestros ahorros.

El tango no tiene edad

IMG_20140217_0010El tango no tiene edad
Mis encuentros con esta música ciudadana.
Por: Darío Valle Risoto

Ilustración de portada: Grabado de César Ureta, serie sobre el Tango

No me crié en un conventillo de la calle Olavarría pero si en uno de la calle Juan Jacobo Rousseau al 3468 de la barriada de la Unión en Montevideo. De aquellos recuerdos entre tristes y felices tengo indeleble en la memoria al. “milico del fondo” como lo llamaba mi madre.
En realidad Miguel era un tipo despreciable por donde se lo mire, pero no es este un artículo sobre este personaje sino sobre su afición al tango por lo que además de la radio que siempre escuchaba mi madre se solía colar desde su pieza una radio invariablemente puesta con la estación “Clarín”, emisora que aún hoy día se encarga de difundir tangos y folclores durante toda la jornada.
Pero debo también agregar que mi padre era un admirador de Carlos Gardel y hasta conocía muchas letras de tangos que a veces me tarareaba y yo diría que muy bien, lamentablemente solo una vez llegamos a grabarlo en cassette pero esa cinta se perdió para siempre.
Por su parte mi madre que era mujer del campo desde luego que iba más por el lado del folclore y por alguna audición de payadores en la radio o cosas por el estilo amén de que también le gustaban los Beatles y con los años se hizo muy fanática de Pink Floyd y de Queen.

Este artículo viene a por desechar ese mito de que el tango nos suele alcanzar alrededor de los cuarenta años ya que al menos en el Río de la Plata este estilo que realmente me apasiona, afortunadamente lo podemos encontrar casi en todas partes y supongo que mucho más aún en Buenos Aires que en Montevideo.
Allá por los veinte años ya viviendo aquí en Belvedere comencé a trabajar en los talleres gráficos Barreiro y Ramos donde estuve casi trece años, allí además de consolidar mi ideología anarquista también conocí una variopinta colección de compañeros que me ayudaron a ser el hombre que hoy definitivamente soy.

De estas personas hubo un compañero ya veterano llamado Atilio que era aficionado a tocar el bandoneón y del que aprendí muchísimo sobre el tango y algunas anécdotas sobre Carlos Gardel y sobre esta particular música que me entretenían en las largas jornadas en que me ponían como su ayudante en la guillotina Polar.
Lo más curioso era que yo rápidamente iba cambiando mi forma política de pensar hacia la Izquierda mientras que Atilio era un derechista admirador del ex presidente Jorge Pacheco Areco, un personaje realmente siniestro en la historia contemporánea del Uruguay por su protagonismo hacia lo que sería luego la dictadura del 73 al 85 en este país.
Aún así durante los años en que trabajamos juntos el tango nos unía y por supuesto el respeto mutuo y la capacidad de comprender que el otro, el compañero que teníamos en frente tenía una ideología diferente y muy opuesta.

Es así que el tango siempre estuvo a mí alrededor, lo imbuía todo de esa perfecta poesía ciudadana que trasciende los dichos infames sobre su tristeza de gentes que poco lo conocen o de aquellos que creen que es solo para veteranos o viejos en esta vida.
También mi gran amigo Juan Torradefló el que cierta vez me dijo que “él me había hecho rockero mientras que yo lo había hecho metalero” también era un aficionado al tango y solía tener algún vinilo de Carlos Gardel, sobretodo quedó indeleble en mi memoria aquella tarde en que su ex compañera pasó a buscar por su casa algunas cosas y el mientras que ella juntaba libros y trastes le ponía una y otra vez el tango: “Te fuiste…ja ja” cantado con cierto tono de complicidad por el morocho del Abasto.

Así que llego al hoy en que estoy por suerte reencontrándome una y otra vez con el tango y si bien desde hace años sostengo que mi trilogía preferida son: Goyeneche, Julio Sosa y Piazzolla, estoy escuchando muchísimo a Edmundo Rivero y claro que Carlitos Gardel está por siempre fuera de concurso como “el carro del Chaná” que de tanto ganar en los viejos concursos del carnaval lo dejaron por afuera por ser imbatible.

Charlo, Juan D’arienzo que tanto le gustaba a mi madre y algunas orquestas típicas son lo que me vengo bajando en estos días sin evitar un escalofrío cuando me quedó grabado en la memoria aquella situación en que mi madre me preguntó siendo niño si pensaba al ser grande en casarme y tener hijos y le dije que mi sueño era vivir como aquel “milico del fondo”, es decir: solo, escuchando tangos y sin nadie que me venga a complicar la vida. Esto último es cosa de ahora pero creo que por ahí venía la cosa.

Por último mi casi único y mejor amigo César Ureta anda soportándome desde que lo heredé de mi compañera Julia allá por el 2004 en que me lo presentó ya sabiendo que eran pareja de baile en esta cosa del tango y por cierto que bastante buenos por lo menos para mi ojo poco favorable a esas lides.
César además de ser un buen bailarín de tango aunque no lo admita nunca es un verdadero caballero de otra época, supongo que en muchos aspectos también yo lo suelo ser por algunas formas que tenemos en cuanto al respecto y como nos manifestamos en la vida pero es realmente bueno tener un amigo con que ir a alguna milonga o solamente conversar mientras escuchamos a estos maravillosos intérpretes de todos los tiempos tanto en lo vocal como en lo instrumental.

El tango está allí como poesía urbana y absoluta, como baile sensual y como indeleble pintura de dos ciudades más que amigas hermanas y herederas de una cultura, una estirpe venida de Europa de tanos y gallegos que contagiados de ritmos africanos fueron pariendo un estilo que hoy día es seguido por todo el mundo y que no se agotará nunca.

Neo Vampiros 52: La J.U.P.

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Neo Vampiros 52
La J.U.P.
Por: Darío Valle Risoto

Luego de un inesperado veranillo la temperatura cayó a pico sobre Montevideo. Lorena viajaba a las siete de la tarde en un ómnibus rumbo a su casa, de vez en cuando quería alejarse de Paula, era cuestión de supervivencia, nunca sabría si era más por la suya propia que por la de su querida amiga.

Rostros cansados, grises, aburridos, absortos, extraños, perdidos, marginales, absurdos; gentes con escasas señas de optimismo o con una larga derrota marcada en el alma. Ellas poblaban el colectivo alejadas totalmente de que viajaban con una chica que no era precisamente de este mundo.
El olor a la sangre y los latidos debían ser ignorados para combatir la posibilidad de cometer un gran desastre. Se serenaba mirando a las sucias calles de una ciudad al borde de su autodestrucción inminente.

__ ¿Por esta gente miserable dieron la vida mis padres? __Pensaba al ver los contenedores con la basura desparramada en las esquinas, a los policías ignorar un arrebato, a los automóviles violando una y otra vez las mínimas normas de tránsito. En Rivera y Pons una moto debajo de un colectivo, la Unidad Coronaria y un casco partido sobre un charco de sangre le hicieron abrir la boca y sus dientes crecieron un poco. Al llegar a la avenida Fernández Crespo la corte de miserias aumentó a grados abismales, la gente por momentos se tornaba deforme, contrahecha, simiesca, aborrecible. Olor a tortas fritas y a transpiración le hicieron cerrar los ojos y pensar en los últimos acontecimientos.

__ ¿Cómo Morrigan llegó hasta vos?__ Le había preguntado a Paula y no supo de muchos detalles, evidentemente la vieja vampira había ejercido una poderosa seducción sobre la amiga de su eventual enemiga, sin embargo no la había mordido y ahora se encontraba desaparecida.
Allí una figura lejanamente recordada se cruzó casi frente a su ventanilla cuando el colectivo hizo la rotonda en torno al Palacio Legislativo, era alguien que no había podido hallar en los últimos dos años y casi había dado por perdido.
__ ¡Carlos Ocaña!
Se puso de pie y caminó hasta la puerta tocando el timbre frenéticamente para bajar, el guarda le gritó una grosería pero ella tenía la mente en otra parte, en 1969 y en un grupo preciso de estudiantes.
__La Juventud uruguaya de Pie y sus consignas. Patéticos pichones de nazis contra los comunistas y todo lo que signifique izquierda y Carlos era un aguerrido y sangriento perseguidor de jóvenes del Frente Amplio.
Jacqueline a poco de conocerla, entre tantos legajos con datos de infractores de los derechos humanos durante, antes y después de la dictadura uruguaya le había hablado especialmente de él.

__En 1970 este señor era un jovencito, cierta vez nos siguieron desde la facultad de derecho y a la altura de la calle Maldonado nos golpearon fieramente, a mí me hicieron esto. __Se levantó la camisa mostrándole una cicatriz con forma de svástica sobre el ombligo.
Hasta ese momento Lorena había creído que la abogada era demasiado joven para haber experimentado el terror de los años oscuros, sin embargo también tenía sus marcas personales, la habían herido con una hoja de afeitar porque pertenecía al gremio estudiantil.
Carlos Ocaña, era muy diferente entonces al hombre que ahora había visto cruzar Avenida del Libertador rumbo al Palacio, pese a todo Lorena tenía una cualidad intrínseca para no olvidar un rostro aunque fuera de una fotografía.

Cuando descendió el tipo ya había subido las escalinatas de las puertas traseras del Palacio y había entrado, ella resueltamente quiso hacer lo propio pero la detuvo un portero.
__ ¿Señorita?
__Quiero alcanzar al señor…Ocaña, quiero hacerle una entrevista.
__ ¿A un edil?
__Del partido colorado, ¿No? __Arriesgó a decir, pero el hombre se sonrió.
No sé a que diario o revista vas a hacerle la nota pero deberías informarte más, Carlos Ocaña es edil del Frente Amplio por el Movimiento de Participación Popular. Allá va, entrá nomás.

Las botas negras de Lorena apenas se hicieron sentir mientras apuró el paso para alcanzarlo antes que se pierda de vista entre diferentes personas políticos y funcionarios, pero comenzó a evaluar su información ya que si pertenecía a un grupo de izquierda algo no andaba bien.

Juicio y Castigo