Tren Loco: Música intensa y realista

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Tren Loco
Por: Darío Valle Risoto

Afortunadamente la vecina orilla (Argentina) nos trae enormes bandas de Heavy Metal o de rock pesado y quizás su mejor definición sea de: “Heavy Rock” tal como se autodenominaron los históricos Baron Rojo.
Y si bien les conocía por algún tema suelto es recién que hace unos días me puse al tanto de este grupo de individuos que desgranan canciones con una energía pocas veces vista antes y con clarísimas influencias tanto locales como: V8, Hermética, Almafuerte, etc. y también en lo que a mi respecta con una gran onda estilo los mencionados Barón Rojo y también: “Ángeles del infierno” de España.

Demás está decir que solamente la gente que no quiere o no comprende este estilo de música se pierde una conjunción potente y artística donde a diferencia de tendencias de moda se tratan temas sociales como el desempleo, la corrupción política y policial, las drogas y desde luego que la vida en los barrios de aquellos que alguna vez elegimos vivir bajo la consigna del Heavy metal que no es otra que la de escuchar esta música sin olvidar nuestra condición de pobres y obreros, con la amistad verdadera como único horizonte a perseguir en nuestras vidas.

Varios discos, todos con un excelente nivel que no puedo poner uno sobre otro y para mi solamente puede destacar: “ Sangresur” del 2006 porque en el tema: “Antiheroes” está nada menos que Ricardo Iorio como invitado, pero sus demás discos son todos de destacar y solamente lamento no haberlos consumido antes ya que siempre uno vuelve a las fuentes del metal argento, un Heavy Rock, Rock duro, rock and roll de verdad o como quieran llamarle pero nunca me podrán negar que no hay estilo en el mundo con tal compromiso social sumado a la intensidad de guitarras distorsionadas que me llevan al mismo Valhala cada vez que me calzo mis auriculares.

Nada que agregar: Tren Loco, se recomienda solo.

Álbumes de estudio
1992 – Tempestades
1996 – No Me Importa!
2000 – Carne Viva
2002 – Ruta 197
2006 – Sangresur
2008 – Venas de Acero
2013 – Vieja Escuela

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Neo Vampiros 72: Paula y los lobos 2

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Neo Vampiros 72
Paula y los lobos 2
Por: Darío Valle Risoto

El Bar era una vieja casa adaptada para que los parroquianos tomen alcohol, años antes resultó ser una pulpería pero ahora era apenas el lugar para emborracharse en su mayoría: malvivieres de la zona, las personas honestas preferían ir a los bares que rodeaban la plaza de la capital.
__Vieron como no pasó nada, los milicos ni se dieron cuenta.
__Bueno, pero ahora es mejor estar tranquilos. __Romero apenas llegó pidió otra caña brasileña, adentro contra una enorme heladera roja con el emblema de la coca cola había una mesa con sus dos mejores amigos sentados. El que había hablado era el Negro Carlos, famoso en todo el departamento por andar en cosas “raras”.
__ ¿Y que les parece una rubia de Montevideo con un cuerpo que para que les digo?
__ ¿Qué?
Romero Castro se echó para atrás en la silla, sus ojos azules brillaron como los de un depredador dispuesto a compartir su presa con el resto de la jauría. Tenía su mirada un brillo mezcla de triunfo y generosidad.

__Cuando me ofrecí para limpiar el camino que va a Fleitas, me llega este regalito, estaba perdida y parece que preocupada por las muertes de la zona. Me preguntó por un hotel y la mandé a Villa Saucedo. Si tomamos por el camino real llegamos antes que ella, no tenemos mucho tiempo.
Los otros dos tipos se sirvieron más caña, el negro Carlos miró a Arellano que había permanecido callado con su enorme corpachón y sus manos llenas de cicatrices, el hombre al costado de la cara tenía la marca de la quemadura de un viejo incendio.

Romero se puso de pie e hizo girar las llaves de su camioneta mientras le pagaba al mozo y miraba casi como si fuera una orden a sus amigos.
Poco después iba lo más rápido posible por una carretera de pedregullos negros mientras la radio a todo trapo emitía cumbias y salsa.
__ ¿Y está buena la mina?
__Mejor que esas dos locas que agarramos y llevamos el año pasado al monte, esta tiene pinta de tener guita, en una de esas la guardamos por un tiempo y hasta podemos cobrar un rescate.

Romero Castro se imaginaba con una valija llena de billetes, de dólares y con una mina espectacular para saciar su apetito que apenas si se había visto gratificado cuando habían tomado por sorpresa a dos muchachas perdidas que buscaban la ciudad.

__Pensaron que fueron perros, eso pensaron. __Dijo Arellano riéndose con su clásica ronquera.
__Por eso me tienen que hacer caso, en estos tiempos de inundaciones la gente está re cagada y la policía es más inútil que de costumbre, hay perros con hambre por todas partes, por eso teníamos que despedazarlas.
Habían utilizado una garra de Yaguareté atada a un palo que Romero conservaba en la camioneta, como cazador furtivo guardaba en su casa muy cerca de los montes criollos todo tipo de recuerdos de animales.

No muy lejos de allí Paula comenzaba a cansarse de recorrer los caminos sin nada a la vista. Alguna tapera, tal vez un grupo de ganado y la tarde que comenzaba a caer cuando sentía que nunca iba a poder encontrar a la prima de Lorena.

Villa Saucedo era un pequeño pueblo que ni aparecía en los mapas, estaba al norte de la ciudad de Paysandú casi por llegar a Quebracho pero por una de tantas carreteras secundarias de la ruta tres.
__Si señorita, el hotel Ramos queda en esa esquina, es barato, bienvenida.
Se despidió del único hombre que había sentado tomando mate en el frente de una casa rústica, era un tipo viejo de boina que le sonrió con una boca sin dientes.

El hotel era un edificio bajo de corredor y piezas en galería, seguramente antes era una especie de estancia porque tenía la clásica forma de muchas piezas en torno a un gran patio interior.
__ ¿Tiene un cuarto?

Juicio y Castigo.

 

Celdas de vidrio (poema)

 

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Por: Darío Valle Risoto

Inadaptado me voy acomodando
A un mundo de seres de vidrio
Que compran en cuotas al hombre
Como parte de su aplicación.

Veo en el espejo de mi dispositivo
A un pobre ansioso de diversión
Que choca contra la vidriera
De una ignorancia desinformada.

Intercambio frases huecas
Estériles deseos de amor y odio
Trolleandome la vida camino
Temiendo quedarme sin batería
Y la muerte tecnológica devora
Mis horas de preciosa existencia.

Consulto clima, historia y muerte
Efemérides de idiotas desconocidos
Y de héroes prefabricados
Entre novias de látex y botox
Saco selfies de mi pobre decrepitud
Fotos que a nadie le importan
Y así viralizo mi inexistencia.

Me despierto y me levanto
Siguiendo el plan del juego
Hoy gané menos puntos que ayer
Y quizás mañana me apaguen
O me actualicen la idiotez
Desde un laboratorio extranjero.

Estás muerta (Poema)

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Estás muerta
Por; Darío Valle Risoto

En la hondonada fría del inusitado adiós
Precipicio cruel del abandono total
Oscuridad de tumba que cae con dios
Ser imaginario que no nos va a ayudar.

En un cielo absorto de tormenta gris
Cuando la lluvia nos puede mojar
Y en la deriva de la desesperanza
Nos morimos con tristeza de humedad.

En la carne fría de la muerte hostil
Fría la cama helada del metal
Allí estaba el hielo de tu cuerpo vil
Olvidado por la inmortalidad

Fui a reconocer un cadáver hoy
Era tu silencio en la sala cerril
Con su mortaja de hielo cruel
Camine a verte en la morgue gris

Sin embargo llama tu ser fantasmal
Quiere verme de nuevo, quiere regresar
Y se mueve vivo, me quiere besar
Para que olvidemos lo que estuvo mal.

Ya no quiero verte no voy a desenterrar
Cadáver de tu pasado y soledad de hoy
Quédate en tu hades no te quiero ver
Porque solo una vez todo puede terminar.

Todo tiempo pasado: ¿Fue mejor?

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Todo tiempo pasado… ¿Fue Mejor?
Por: Darío Valle Risoto

Esta época donde la consigna parece ser que todo sea “divertido” y que la felicidad radica en llenarse especialmente de todo tipo de objetos, artefactos y tecnología, es notorio como personas de cierta edad añoran un tiempo pasado que parece fue mejor.

Hace unos días en razón de evocar aquellos viejos almacenes Montevideanos donde la relación con el almacenero era casi familiar, algunos recordaban aquella cosa de servirnos casi todos los productos que venían a granel y por lo tanto cosas como: harina, yerba, azúcar, etc. se compraban por peso, el almacenero las sacaba con unas particulares palitas de unos enormes cajones y el mismo las colocaba con gran habilidad dentro de papeles de estraza que cerraba con esas particulares “orejitas” a los costados.

Por lo tanto no era raro ver que las mismas palitas servían para despachar diferentes productos y que la forma de limpieza era golpearlas contra algo lo que no evitaba que por ejemplo compremos harina y tenga pequeños restos de yerba. Esto no sería nada pero recuerdo que se solían guardar los productos dentro de cajones de madera con sus tapas y esto no era muy higiénico ya que abundaban las ratas y ratones en aquellos viejos almacenes generalmente atendidos por un “gallego” no muy habituado a la higiene personal.

Cerca de mi casa teníamos el “almacén de Luís”, el “del Patilludo” y “El de Víctor”, cada uno con sus características propias: el primero era el más sucio, el segundo al que yo iba más seguido no solo era más limpio sino que el hombre de las patillas atendía rápido y hablaba poco con la gente el citado estaba en la esquina de Felipe Sanguinetti y Avellaneda si mal no recuerdo, el último era al que iba menos, porque Víctor era un chusma malicioso que hablaba pronto y mal de todas las mujeres del barrio y si caía algún tipo “rarito” también. Cierta vez mi madre fue a reclamarle porque me vendió un litro de vino en mal estado y el tipo le dijo que yo no lo había comprado allí porque compraba en frente y mi madre le aconsejó de forma bastante violenta que se dedicara a hacer bien su trabajo y no moralizar sobre las putas del barrio.

Volviendo al tema del pasado, creo que todos tendemos a idealizar otras épocas porque éramos más jóvenes o niños y es mucho mejor recordar más lo bueno que lo otro y si bien eso es terapéutico no es cierto de que la vida era mejor sino bastante peor, porque no podemos negar que en este tiempo tan complicado si hay algo bueno, es que tenemos mucho más confort en nuestras vidas, claro, si podemos pagarlo.

Aun así no era lo mismo ser pobres antes que ser pobres ahora porque la tecnología hoy es mucho más barata y por ende más accesible que antes. Nunca olvidaré los enormes sacrificios que pasó mi padre para comprar aquella primera televisión Columbia de 24 pulgadas a plazos a un vendedor judío de esos puerta por puerta ni tampoco que nuestra primera heladera fue una General Electric enorme comprada usada a unos conocidos de mi padre que duró casi veinticinco años con solo una rotura cuando nos mudamos. Hoy me parece mentira que voy por mi quinto televisor y tercera heladera que si es cierto, durarán menos pero son mucho más eficientes que aquellos armatostes.

Añoramos cuando jugábamos en la calle, cuando era posible conversar con otra persona sin distracciones Y cuando había valores como: la lealtad la honestidad y la discreción. Todo ello sigue existiendo hoy aunque no lo creamos pero quizás de nosotros depende encontrarlo en los demás tras cultivarlos en nosotros mismos.

Otra enorme añoranza que ya cité en un artículo anterior era que podíamos dormir con la puerta abierta sin ser robados y me consta que no era tan así, más aquella cosa casi provinciana de que todos nos conocemos y por lo tanto nos respetamos se ha ido perdiendo por la simple razón de que la dinámica de la ciudad nos va volviendo extraños que pueden vivir cerca pero raramente se conocen.

Que el tiempo pasado fue peor o mejor es un concepto subjetivo y depende de lo que deseemos recordar, en mi caso creo que estoy viviendo el mejor tiempo de mi vida aún con montones de cosas que me desagradan pero también recuerdo las grandes carencias de mi niñez que hoy día son impensables, que en este país tras largos años de dictadura y diversos gobiernos de diferentes perfiles y aún con injusticias es posible tratar de mejorar entre todos para no seguir añorando sino planeando mejorar cada día más, para que nuestros hijos y descendientes puedan pensar que viven bien sus propios tiempos.

Enredados en las redes sociales: Distraídos y suicidas

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Enredados en las Redes sociales
De distraídos y suicidas
Por: Darío Valle Risoto

Ayer al regresar del trabajo crucé como lo hago habitualmente un cruce de semáforo donde debo ser el único que lo hace como se debe de frente a la acera y no en diagonal de espaldas al tránsito como la mayoría de la gente ya que este cruce tiene la característica de no estar bien en la esquina porque es parte de cinco calles que se encuentran y es mejor que esté donde está, para bien de los que cruzamos bien, claro.

Aparte de ello solamente dura el tiempo de cruzar unos treinta segundos y me percaté al pasar que un chico lo hizo mirando su celular todo el tiempo, continuó así y cruzó la otra calle en rojo sin darse siquiera cuenta de si venían vehículos o no. Estuve a punto de decirle que podría tener un accidente si no miraba por donde caminaba pero desistí bajo la idea de que probablemente recibiera un insulto o el consejo de meterme en aquello que me compete aunque no me agrade mucho que atropellen a un pelotudo cerca de mí por aquello de que las salpicaduras de sangre y sesos son difíciles de lavar después.

El caso es que como veterano que nací sin esta maravillosa cosa de los dispositivos móviles me estoy dando cuenta de que la gente está verdaderamente alienada y suelo preguntarme a menudo si tienen contactos o temas que tratar o estudiar tan importantes como para no esperar a llegar a casa o tratarlos en sitios donde no corran peligro.

En el colectivo cuando me toca sentarme del lado del corredor me mosquea bastante que las personas que van paradas estén mirando y tecleando sus celulares prácticamente cerca de mis ojos y como uso lentes, más de una vez los miro para ver si se dan puta cuenta de que me están invadiendo mi espacio personal, muchas veces he pensado en decirles que si me rompen los lentes se olviden de sus malditos celulares porque van a volar por la ventana a la calle.

A esto sumémosle el pequeño detalle de que van en un colectivo lleno, mal parados porque generalmente además de llevar su importante relación con el celular llevan cuantiosas mochilas y a veces hasta termo y mate, con todo esto tratan de conservar el equilibrio en un servicio de transporte Montevideano que no se caracteriza precisamente por su suavidad. Debe ser una maravillosa época para los carteristas me imagino con decenas de zombies distraídos wassapeando en un transporte lleno donde moverse por el corredor es un acto propio del Circo du soleil.

El otro día en el cine le tuve que decir en la oscuridad a una señora que se dejara de joder con el celular porque lo prendía en la oscuridad de la sala para mirar la hora, de verdad creo que la gente está perdiendo la chaveta con este tema y trataré de explicar lo que al menos a mi me parece obvio.

Para comenzar, a menos que no estemos esperando noticias de vida o muerte o importantes de trabajo lo que llega a nuestro celular queda allí y puede esperar, los intercambios de saludos y conversaciones vía voz o texto en su gran mayoría se trata de intercambios absolutamente intrascendentes como una señora que viajó más o menos media hora en el colectivo explicándole al marido que comida le había dejado en la heladera y de que forma.

Miren que sigo pensando que estos dispositivos son maravillosos y que lo importante de ellos radica precisamente en hacernos la vida más confortable y no más peligrosa o pasible de que un tipo como yo un día pierda la chaveta y te rompa el celular al medio porque se lo metiste entre los ojos mientras le escribías: “Te quiero” a tu novio.

Que el paisaje de las ciudad ha cambiado es notorio, caminar por cualquier vereda significa tener que esquivar o chocarse con gente que está atendiendo sus celulares mientras camina y a menudo con auriculares puestos, todo un ejemplo de “estar regalados” al accidente y a los asaltantes. Quizás mi problema es que la gente no me gusta demasiado, no solo no tengo whassap sino que tampoco suelo mantener muchos contactos en Facebook ni enviar muchos mensajes de texto porque si, al punto de que todos los meses me sobran enormes cantidades que se pierden por no usarlos dado mi contrato.

A todo esto cuando tengo que enviarle un mensaje o llamar a alguien en la calle, me paro en un lugar donde no moleste y lo hago tranquilo, luego sigo mi camino. Generalmente voy escuchando música, discos completos que cambian automáticamente de uno a otro o una emisora de Linkein sin necesidad de andar buscando canciones. En el colectivo aunque vaya sentado prefiero no sacar salvo muy raras ocasiones mi celular y si por casualidad alguien me llama le digo que cuando baje lo llamaré yo porque detesto que la gente escuche lo que digo tanto como escuchar a los demás sus conversaciones personales. Si, usted dirá: “este tipo es un obsesivo o algo peor” y puede que tengan razón pero fui educado en algo que se llama ser discreto y de bajo perfil y por sobretodas las cosas en cuidarme cuando ando a la intemperie sobretodo en épocas tan violentas como nos tocan vivir.