Redes, destino y poder

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El Destino y el Poder
Por: Darío Valle Risoto

Una abuela y su nieto esperaban el ómnibus en una esquina cualquiera de Montevideo, el niño tendría unos ocho años. En determinado momento un camión cargado de tablones para la construcción dio vuelta la esquina, uno de los tablones se deslizó, le pegó en la cabeza al niño y lo mató.

Un hombre caminaba distraído por una vereda sin reparar en que unos obreros de una empresa de mudanzas subían un ropero a un sexto piso, sobre él el mueble se movía peligrosamente y de pronto se soltó de sus cuerdas yendo a caer justo en el lugar que hubiera estado si no se hubiera distraído porque una mariposa se le había posado en la mano izquierda. Ese detenerse a mirar el insecto le salvó la vida.

Ambas situaciones son ejemplos que luego pueden ser utilizados para analizar temas como el destino, la predestinación, la fatalidad o sencillamente la suerte o falta de ella. Más solamente son dos de las miles de millones de situaciones a las que diariamente la humanidad se somete por el simple hecho de existir y compartir un trayecto común en el tiempo.

Por lo tanto podemos decir que vivimos de pura suerte o “de pedo” como diría un amigo, más desde luego que nosotros forjamos parte importante de nuestro destino con nuestras decisiones, más no todo nuestro porvenir depende de nosotros y solamente los charlatanes que escriben libros estúpidos de auto ayuda pueden afirmar que en nuestras manos está nuestro futuro. Porque vivimos dentro de diferentes relaciones sociales que nos convierten en víctimas de decisiones aún de personas que jamás conoceremos léase: líderes, políticos, tecnócratas, banqueros, testigos de Jehová, etc.

Si bien es sencillo trazar el futuro de cualquier persona más o menos con certera idea de lo que le estará por tocar solamente con analizar su estado de nacimiento, es decir: su situación económica, país, ciudad y hasta el color de su piel, también sabemos que hay miles de excepciones a una regla sobre la vida de los hombres que es tan realista como infame.

Pero las excepciones confirman la regla de la supervivencia donde los que nacieron privilegiados seguirán siéndolo y los que están en el fondo del tarro de la vida no tienen ninguna oportunidad. Para eso el hombre antiguo inventó las religiones que prometían la salvación de esta vida de penurias y necesidades, para eso el hombre fabuló que era posible un paraíso donde tendrán oportunidades los millones de desposeídos de la tierra. Los sueños impulsaron gran parte de las civilizaciones del mundo, los sueños de trascendencia les sirvieron a amos y esclavos para mantener un status quo inspirado en la ley de la propiedad que dice que los objetos, tierras y personas les pertenecen a ciertos seres humanos en demérito de la mayoría.

Siempre los poderosos se sirvieron de un poder simbólico e inexistente en la propiedad de las cosas, la ignorancia y el miedo hicieron que llegáramos a este mundo donde un 7% de la humanidad ostenta más riquezas que el 93% restante. Banqueros, capitalistas, estrellas del deporte, Marajás, Príncipes, Reyes y un desfile de seres inconcebibles para un mundo racional viven usufructuando los alimentos, lujos y riquezas que la mayoría de la humanidad ni siquiera imagina.

Hoy tenemos a unos cuantos relativamente jóvenes millonarios dueños de empresas que ostentan la propiedad digital de las redes sociales, esto significa que poseen el password para dominar todo aquello que encontramos en las redes y como dioses celestiales se arrogan el derecho de bloquearnos, hacernos desparecer o hasta de enviarnos a la cárcel. Se embolsan miles de millones de dólares por publicidad que casi nadie mira y a la mayoría nos importa un reverendo rábano pero así, con cosas intangibles se han hecho inmensamente ricos y poderosos al punto de que ya no son las transnacionales las que mandan sino los imperialistas de las redes de información que bien pueden ser más de lo mismo.

Quiso entonces la suerte que estos genios de la informática tuvieran excelentes ideas y cobraran merecidamente por ello pero también se guardaron el derecho a decidir que si y que no en un mundo donde las redes subterráneas entrelazan planes terroristas mientras ellos nos bloquean por colgar una foto donde una señorita muestra un pezón. Los derechos de autor nunca fueron más torcidos cuando todos tenemos la capacidad de conseguir gratis todo tipo de obras literarias, películas, series, volúmenes, compendios, enciclopedias, catálogos, índice de chicas playboy y medidores de audiencias truchos.

Bien por ese destino que ha universalizado el saber al bajo precio de la necesidad que hace que si cuelgo chicas provocativas en mi blog tenga muchas más entradas que si subo cosas como este artículo. Ya sabemos que es mejor mirar una “Hustler” que leer a Shakespeare pero por favor que lo primero no sea lo único.

Así que seguimos enredados en las redes presos de aquel destino mariposa que salvó a un tipo mientras el niño murió con un golpe de mala suerte en alguna esquina de mi país y eso ni la mejor era digital lo puede curar. A fin de cuentas parece que todo es cuestión de suerte.

 

 

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Confesiones de un escritor de máquina

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Confesiones de un escritor de máquina
Por: Darío Valle Risoto

Sentía un verdadero placer en escribir a máquina, todo el proceso de poner la hoja: centrarla, asegurarla y preparar los dedos sobre el teclado “Qwerty” para comenzar a imaginar historias. El sonido de las teclas golpeando el carrete entintado no tiene igual, nada se le parece, la computadora no es lo mismo, el ordenador ofrece mil ventajas en comparación pero ha perdido aquella magia de sentirse un Hemingway, ahora solo parezco una empleada de una casa de créditos a sola firma.

Recuerdo aquella película, no el nombre ni cual era pero la situación era inefable: la hija tenía el ordenador roto y el padre le trae una máquina de escribir y ella al rato le dice que ya hizo su trabajo pero no sabe donde quedó guardado, cuando el papá va a la máquina resulta que había escrito sin colocar una hoja.

Guardo más o menos medio metro de alto de biblioratos con cuentos, artículos, novelas inconclusas y otros disparates y me cuesta ponerme a intentar releerlos y desde luego pasarlos a este formato digital, imagino que cuando muera que no será en mucho tiempo alguien los tirará o en el mejor de los casos alguien los lea, no sé, nunca se sabe, tampoco soy Kafka.

La pregunta sería el porqué uno escribe, algunos escribimos y muchos no, hay una suerte de don que tenemos aquellos que intentamos a través de la escritura comunicarnos con los demás y algo de timidez ante un mundo que difícilmente nos comprenda a los soñadores que tenemos un enorme placer de mentirnos relatos para que la existencia tenga algo más interesante que ser la citada empleada de la casa de créditos que teclea todo el día la grisura de una vida de finanzas y frustraciones.

Y con los años el sueño de editar algo se me ha ido disipando aunque cada vez que veo un patético libro sobre la vida de un jugador de futbol me siento realmente mal pero de eso se trata el mundo, de contactos y ocasiones a los que nunca pude acceder. Por lo tanto aquella vez hace como treinta años en que me tocó trabajar en la edición de un libro de poemas que una señora gorda y adinerada se había autofinanciado comprendí que todo es cuestión de dinero. Aquellos poemas simples, estúpidamente edulcorados y patéticamente claros eran el producto de alguien que solamente tenía dinero y suerte… que vienen a ser más o menos lo mismo.

Ni lo uno ni lo otro tengo y para peor carezco de esa cosa de relaciones públicas de hacerse de los amigos ideales porque la gente en realidad me gusta muy poco y menos los que se creen importantes. Cómo aquella pareja de venerables ancianos que fue a aquel taller literario al que asistía hace un par de siglos y entonces los vejetes nos dan una clase de lo que es la literatura mientras yo me imagino a un alienígena que entra abruptamente por la puerta y los reduce con un rayo “Mierdificador”, hasta que me despiertan destruyéndome un poema en que puse una palabra para ellos incorrecta.

Habían editado algunas cosas terribles pero las tenían como formato orgulloso de que si es posible en este mundo imprimir cualquier cosa si uno tiene los ya mencionados dineros y contactos, a veces con ambos se pueden hacer maravillas, hasta editar la vida de un absurdo jugador de futbol.

También hay un famoso nerd uruguayo que ya tiene editados como cuatro o cinco libros infames de un humor que solíamos tener allá en el liceo por el setenta y seis pero el tipo vende porque sabe hacerse de amigos y seguro se ha pagado alguna hamburguesa que otra. No le tengo envidia, nada de eso pero la verdad a veces creo que la mejor universidad de este país es una murga. La escuela de la calle a la que todos citan cuando se creen que ser un ordinario popular es mejor que un creativo anónimo… probablemente ellos estén en lo cierto.

La máquina de escribir tenía el encanto de lo mecánico antiguo, aquello que hemos perdido ganando tiempo y perdiendo el romance de lo mecánico a por lo digital, no digo que escribir en esto no sea mejor, ahora puedo cortar, pegar, cambiar, retocar y componer y descomponer a mi gusto y antes solo tenía un corrector que pintaba la hoja de blanco o con un lapicero hacía un círculo alrededor de un párrafo, lo numeraba y ponía tal número donde creía que debía quedar mejor. Por lo tanto esa montaña de hojas escritas a máquina debe tener también cierto valor pictórico si se me permite por aquello del arte moderno.

Alguna cosa edité por aquí y por allá, algo de materiales digitales pero no hay caso, no sirvo, me suelen echar de revistas de las que nunca me han llamado y generalmente estos tipos que convidan hamburguesas están en mi lugar porque manejan mejor las relaciones públicas que un servidor, tampoco me desalienta tanto como saber que si tuviera el valor y el estómago de escribir la vida y obra de aquel zaguero izquierdo que llegó a ganar la copa Concacaf con solo una pierna tal vez entonces recibiría los galardones que creo merecer… ¿O no?

 

Aquella Música que todos recordamos

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Aquella Música que todos recordamos
Por: Darío Valle Risoto

Aunque me sigue pareciendo increíble que haya gente que viva sin importarle la música creo que es importante en este caso repasar algunas impresiones que para los que ya cargamos algunos años nos despierta el volver a rememorar canciones, discos y bandas que cuando jóvenes de alguna manera marcaron lo que hoy es dado en llamar: “La banda sonora de nuestras vidas”.

Y si bien uno no es siempre el mismo, afortunadamente tiene en la memoria resortes que disparan nostalgias varias cuando escuchamos aquella precisa canción de aquel instante o momento que nos devuelven al pasado con diferentes sensaciones pero generalmente son buenas cosas que asociamos gracias a estos maravillosos cerebros que nos dio la naturaleza. Por cierto que a veces hasta nos da vergüenza que esa canción medio bochornosa nos haya gustado pero quizás era otra instancia o también porque estamos en continua transformación para evitar caer en la apatía de ser siempre los mismos con idénticos gustos, virtudes y defectos.

Recuerdo a mi prima Sandra que a sus doce años tenía un cuaderno con fotos recortadas y pegadas allí de la banda: “Menudo” y seguro que ahora le debe de dar vergüenza, también a aquel amigo que me contó de un conocido suyo que juntaba todo lo que le llegaba a las manos del grupo: “Abba” y más recientemente recuerdo a “Tintín” que era fanático de Duran Duran y tenía cada disco en versión vinilo y cassette de esta banda new wave británica de la que no se cansaba de hablar.

En mí caso suelo tratar de conseguir originales los discos de Megadeth y de Almafuerte en lo posible y ahora estoy pensando en completar la discografía también original de Motorhead más como le dije al empleado de la disquera: Los compro por fidelidad a las bandas porque ya los tengo en MP3.

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El otro día en el programa: “Un mundo cualquiera” de radio El Espectador, uno de los escasos programas buenos que hay en las radios uruguayas se repasaba la fabulosa carrera de Los Iracundos, una de las bandas pioneras del rock nacional uruguayo devenida luego en melódicos pero también con algún trabajo instrumental de Surfing Rock y conversando con mi patrón le dije que junto a “Los Wawancó” son inolvidables para aquellos que vivimos en el río de la plata y fuimos niños por los sesentas y setentas.

Y es inobjetable que junto a la banda sueca Abba los Bee Gees a través primero de la película: “Fiebre del sábado a la noche” y posteriormente: “Grease” tuvieron varios discos enormemente exitosos que indudablemente se clavaron fuerte en nuestra memoria con temas como por ejemplo: More tan a woman y tantos otros. Tampoco sería justo que deje de lado a Michael Jackson, un músico que siempre me pareció fabulosamente sobrevalorado ya que incluso su disco más exitoso: “Thriller” fue en gran parte popular por el video del tema del mismo nombre y una fabulosa campaña publicitaria que siempre fue la basa más preciada para que un excelente bailarín pero un músico de factura mediocre llegara al mega estrellato, sé que muchos se van a enfadar con esto pero escuchando la dilatada carrera de Miguelito realmente me parece que no merece tamaño éxito y menos el mote del “Rey del Pop” pero ya sabemos que la industria musical ha inflado a muchos y olvidado a otros sin importarle mucho su genio.

Volviendo a estos australianos: Los Bee Gees, recuerdo que siendo socio allá por fines de los setenta del círculo de lectores me gané un cassette original a elección y el que elegí fue “Los espíritus han volado” de estos inolvidables músicos.

De todas maneras tanto los músicos mencionados como muchos que cada uno de ustedes tienen en sus corazones forman parte de esta frase de: “La banda sonora de nuestras vidas” y hasta me atrevo a recordar que desde los más tiernos amantes a los más patéticos contertulios suelen tener: “Su canción” y eso nadie nos lo quita y que bueno es poder vivir en estas épocas donde la música es tan rica como variada para disfrutarla al máximo.

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La Música NO está enferma

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La Música no está enferma
Aunque lo parezca
Por: Darío Valle Risoto

Aquel profesor de guitarra me dijo que no había música buena o mala sino música simple y música compleja y por otro lado música que me gusta y música que no me gusta y tenía razón.

Reconozco que discrimino a las personas de acuerdo a la música que suelen escuchar, no es que pretenda quemarlos en la hoguera por poseer un gusto que puedo considerar paupérrimo o lamentable en torno a una de las cosas más formidables en esta vida que es poder disfrutar de una melodía rica en tonalidades y colores.

Cierta vez en un programa de televisión Charly García sostuvo que los seres humanos vibramos en diferentes tonalidades musicales y de allí nuestro gusto por tal o cual tema, estilo o clase de música. Puede ser, pero pienso que también la sensibilidad se educa desde pequeños o se educa a si misma cuando como adultos tenemos una inquietud como la del ratón de biblioteca pero en este caso: “De discoteca” a por buscar y buscar cosas nuevas.

Aún así conozco gente que no tiene el menor interés por la música y me parecen como ciegos o lo que es parecido: solamente escuchan aquello que anda por ahí sin detenerse a por ejemplo saber quiénes eran los Beatles, el tal Beethoven o la música de Jazz.

Van a hacer cuarenta años que vivo en estos edificios y hace cuarenta años que al subir las escaleras (No hay ascensor) escucho desde mismo apartamento exactamente los mismos temas tropicales llámeseles: Cumbias, plenas o cosas por el estilo.

Y entonces me recuerdo con dieciocho años y mi primer cassettero tratando de grabar de la radio temas de Queen o de Kiss y por supuesto de Los Beatles o aquella tarde en que copié de grabador a grabador mi primer cassette, nada menos que los valses de Johann Strauss que me prestó un tío.

También me es inevitable pensar en aquellos días en la casa de mi amigo Juan en el barrio Capurro donde su compañera Beatriz me contaba la historia completa de los Beatles, de los Rolling Stones, de los Who, de los pioneros del rock terminando con Led Zepelín, Deep Purple y por supuesto unos ignotos para mí: Black Sabbath que al principio me costó comprender.

Me convertí entonces en un acopiador de cassettes de Rock, de Blues, de Heavy Metal, de música clásica, de Pop, de rock nacional argentino y uruguayo, de música tecno, de temas musicales de películas y más tarde de soundtracks completos, de música celta, de tangos y milongas, de canto popular, etc.

Una noche Juan bastante alcoholizado (Cosa muy común) me dice que él me había hecho “rockero” pero yo lo había hecho: “metalero” por aquello de que siempre le traía alguna novedad leída en las revistas españolas: Metal Hammer o las argentinas: Riff Raff, Pelo y más tarde Madhouse. Es que tal cual lo hacen los fanáticos del fútbol a mí también me interesaba saberlo todo de los artistas, de sus trabajos, de las técnicas de grabación, de porque se había ido un vocalista o estrenaban nueva guitarra, de porqué el cambio de estilo, etc, etc, etc.

Mi primer cassette original fue: Acto de Locura de Iron Maiden y más tarde él: Ruedas de Metal de Riff porque Juan lo tenía y me había alucinado esa banda de Hard Rock liderada por Pappo.

Y con los años fui abandonando los programas de radio musicales porque siempre emitían lo mismo o eran los proyectos para difundir los acotados gustos de sus conductores casi siempre partícipes de una cultura decrépita por lo que ellos creen es su música buena o mala. Hoy lo siguen haciendo, continúan repitiendo siempre las mismas canciones de los mismos grupos hasta el cansancio al punto de que en un programa se ofendieron porque les envié un mensaje en el que les decía que la banda Kiss tenía más temas que: “Fui hecho para amarte” y ACDC que: “Back in Black”

La música ha sido mi vía de escape, gracias a ella superé un gran bajón anímico en el año 2000 al separarme de una novia, antidepresivos mediante me tiraba en el sofá a escuchar a la banda Gallega: Luar na Lubbre o a Enya y eso me hacía bien o en cambio levantaba mi ánimo con Heavy Metal más extremo como el de Slayer o Testament. A veces pienso que la música me ha salvado la vida.

Entonces en todo lo anterior encuentro la explicación de mi absoluta oposición a los ritmos tropicales o al nefasto Regaettón carentes de complejidades y con letras abrumadoramente estúpidas y/o insultantes. No me puedo identificar con alguien que escucha estas basuras y solamente me puede decir que: “Es divertida” como si fuera un argumento de peso y no creo que lo sea.

Llega una amiga a casa con otra chica para presentármela, es uruguaya pero ha vivido en Canadá, les pregunto, no recuerdo que estaba escuchando, si les gusta o pongo otra cosa en el equipo y me pregunta esta chica a su vez si tengo algo de salsa. Inmediatamente le digo que me quedaba algo en la heladera pero la utilicé con los fideos. Disgustada me dice que es “lo que se escucha” en Canadá y le respondo que es una señal de la caída de la civilización occidental.

Dando un curso intensivo de comunicación una alumna solo escucha “música tropical uruguaya”, le digo que sería muy interesante que nos cuente sobre que tratan las canciones y no sabe decirnos. Le digo que es poesía, poesía son todas las letras de todas las canciones pero una cosa es Bob Dylan y otra El combo Venezolano.

Por ahí sería interesante volvernos un poco ambiciosos con aquello que nos reconforta los oídos y puede enriquecernos, sé muy bien que hay música para entretener a las masas y que quizás aquello que nos divierte sea en algunos momentos de la vida tan necesario como desestresante pero sencillamente no puedo sonreír escuchando estupideces.

Gracias a internet me he reencontrado con géneros como el viejo folclore argentino y me he quedado pensando en la enorme capacidad de aquellos compositores para dejarnos bellas canciones descriptivas sobre la vida en las provincias, las canciones de amores incomprendidos o la nostalgia por ejemplo de: Los del Suquía por la vieja Corrientes.

Es más fácil escuchar una canción que leer un libro o mirar televisión, de nosotros depende a que grado de introspección nos lleva esta y donde la vamos a guardar en nuestros recuerdos, hay temas que llevé más de treinta años sin escuchar y al volverlo a hacer dispararon recuerdos, imágenes, hasta aromas de mi niñez y volví a reparar en ellos con otros oídos siendo otro hombre más grande y aspiro que algo más culto.Wallpaper Magic 321 (4)

Hoy cuando raramente voy de compras al Paso Molino (Zona comercial de mi barrio) compruebo que en todos los comercios hay como música ambiental Regaettón o Cumbias, a gran volumen como si fueran interesantes, eso me ha hecho preguntarme una y otra vez del porque de la homogeneidad en supermercados, tiendas, almacenes a por estos estilos simples y monotónicos. Me parece triste que no hay siquiera un caso en que un imaginativo comerciante opte por algo diferente, todos con lo mismo como si se tratara de una ley o decreto para que la gente continúe siendo igualita que ayer y mañana.

Siento una enorme admiración por aquellos compositores que han hecho de lo simple o lo complejo de sus obras piezas maestras que entran en nuestro cuerpo cual si fueran magia pura, admiro a los músicos que han dedicado su vida a perfeccionarse como Joe Satriani, Steve Vai, Jimmy Hendrix, etc.

Me entristece ver a la gente bailando al son de las congas esos ritmos que sinceramente me despiertan repulsión, por lo tanto he dejado de ir a cumpleaños, casamientos o eventos donde sé que no pensarán ni un pequeño instante en innovar y seguirán esa tendencia de repetir las estupideces de Kapanga, La Bersuit o en el mejor de los casos alguna banda de esas que han hecho del Reggae una discutible fuente de inspiración aún en pleno invierno y a diez grados bajo cero.

Cuando converso con un “ser humano” dada mi imagen piensan que ando escuchando Heavy metal todo el día tal como si fuera uno de los protagonistas descerebrados de Beavis and Butthead y no es así. Escucho de todo, prácticamente de todo, menos aquello que me hace sentir un idiota porque no me gusta que insulten mi inteligencia.

Somos lo que comemos, somos lo que leemos, lo que vestimos, lo que decimos o dejamos de decir, proyectamos todo el tiempo rasgos que van trazando una imagen de nuestra persona, somos entidades biosicosocioculturales con todo lo que implica esta suma de términos; en síntesis en contra de la conocida frase: las apariencias nunca engañan porque son la primera proyección de nosotros al mundo exterior, lo demás cuenta por cuenta de si nos acercamos o no a tal o cual denominada “tribu urbana” aunque creo que hoy día solo existe una y no me gusta.

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Recuperar el valor del conocimiento

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Recuperar el valor del conocimiento
Por: Darío Valle Risoto

Técnico en Comunicación Social

Si bien quien suscribe piensa que no todo tiempo pasado fue mejor es innegable que nuestra sociedad sufre un cambio que estaría tentado de llamar: dramático si afortunadamente no hubieran en acción algunas formas de combatir este verdadero problema.

Me refiero específicamente al nivel educativo de nuestra población pero no como una enumeración de aspectos como: asistencia a los institutos, escolaridad, etc. sino que espero detenerme en aquello que los que tenemos más de cuarenta años contábamos como un enorme valor en las personas y que hoy parece carecer de importancia o lo que es peor: es menospreciado.

En este sentido creo que hemos perdido la admiración por las personas instruidas, educadas y/o formadas en diversos aspectos no solo de ciencias, artes, historia, matemáticas y demás sino y especialmente en filosofía, sociedad y por sobre todo en unos valores humanos que los enaltecían y les transformaban en modelos de vida para la comunidad.

Me pregunto si no se estarán extinguiendo aquellos hombres y mujeres sabios o peor aún, se han ido sustituyendo por una cierta inteligencia vulgar y obsecuente con todo lo que los medios de comunicación exponen con el afán de conseguir consumidores cada vez menos críticos tanto de productos como de ideologías.

Una de las claves es la lectura y especialmente lo que está íntimamente asociado a la decodificación de signos y reglas y la interpretación de aquello que tenemos en frente para comprender y mejorar nuestra interacción con nuestro entorno social.

No alcanza con saber leer sino que es imperioso saber que estamos leyendo y comprender con una mirada lo más imparcial posible aquello que encierra una ideología, incluido este artículo, desde luego. Pues entonces la creciente incapacidad para escribir correctamente encierra en sí misma una alteración de la comprensión de los individuos que no solo van abreviando palabras tan simples como: “Que” por la letra: “Q” sino que comienzan a tolerar absurdos tales como él: “Todas y todos” porque alguien entendió en forma muy errada o muy tonta que el masculino y femenino de las palabras tiene algo que ver con la discriminación de género. Nada demuestra más claro que esto la pauperización progresiva de nuestro intelecto contemporáneo.

Un hombre es “una” persona y una mujer es “un” ser humano y nada implica más que la comprensión implícita y explícita de lo que intento explicar y entonces vuelvo a intentar comprender el porqué de la perdida de aquella admiración por aquellas personas que poseían mayor conocimiento en diferentes aspectos de la vida y era un enorme privilegio aprender algo de ellas.

Entonces veo con pena que hay ídolos vacíos, comunicadores en diversos medios que han hecho de la payasada y el comentario “de churrasquería” al decir de mi admirado Alejandro Dolina todo su contenido y aún sobre mi obvia aceptación del humor me resisto a que perpetuemos un estado de “eterna pachanga” aún en aspectos que deberían tomarse en serio. Así lo que nos compete es recuperar la educación para que volvamos a sentir aquella valoración por el conocimiento.

Para finalizar podría sostener que este esfuerzo por denostar al conocimiento es prácticamente un hecho mundial que entre otras cosas es el resultado de esta híper comunicación que paradójicamente nos aleja de nuestros semejantes, de los que viajan a nuestro lado por la vida y sumidos en el espejismo de las redes sociales nos manifestamos como zombies abstraídos del contacto humano cambiando a la gente por nuestras hipnóticas pantallas negras.

En síntesis y frente a la posible extinción del pensamiento ilustrado debemos recuperar la admiración por el conocimiento y comenzar a meditar sobre el rumbo de una civilización que camina mirando sus pantallas y arriesgándose a ser atropellados por una realidad que “tontifica” la existencia a grados superlativos.

El don de saber agradecer…

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El don de saber agradecer
Por: Darío Valle Risoto

Puede ser una buena cosa aprender a saber agradecer a aquellas personas que alguna vez han hecho algo bueno por nosotros, porque no abundan estas y es una excelente idea el intentar pagar las deudas afectivas. Esto no quiere decir que nos hayan hecho favores para que los saldemos cual si fueran deudas de dinero, pero honrar los buenos gestos debería ser el horizonte de todo ser humano en el entendido de que si sembramos estas acciones de seguro se multiplicarán.

No se trata de una filosofía religiosa, vegana o quién sabe qué tonterías, sino de simple sentido común el aprender aquello que hoy figura olvidado o que sencillamente no existe para la mayoría de nuestros semejantes. Y vuelvo a recalcar la paradoja de estos tiempos en que estamos más comunicados que nunca y sin embargo parece que cara a cara no sabemos cómo ni cuándo.

Ayer mismo le pedía permiso a una señora para salir de mi asiento en el colectivo porque estaba del lado de la ventanilla y la señora de grueso cuerpo apenas se para impidiéndome moverme a lo que le reiteré mi pedido de permiso y me responde que nadie se mueve. Le contesté que sí quizás pedía permiso como yo, si es que sabía hablar, tal vez la gente se moviera y eso hicieron todos a nuestro alrededor en el instante.

No solo el don de agradecer cuando nos hacen un favor es importante sino y probablemente tanto como esto el de saber reconocer las pequeñas acciones de los otros para con nosotros porque nadie está obligado a hacer a nuestro favor nada pero si deberíamos todos sentirnos en el deber de ayudarnos.

Suelo preguntarme a menudo como funciona esta sociedad uruguaya donde la gente vive sumergida con los rostros en sus dispositivos electrónicos y cada vez habla menos con otra gente, me refiero: cara a cara. Ayer también cuando salía de trabajar vi a un muchacho llevando un coche con un bebe por la calle junto a la vereda en Solano López que es una vía de enorme cantidad de transito y encima de ello iba mirando su móvil.

Me resulta difícil muchas veces ser agradecido, no solo por los favores y las pequeñas acciones cada vez más escasas de mis semejantes sino también por aquella educación en valores que me dejaron mis padres, algunos de ellos los debí reconstruir y mejorar con los años, añadí cosas por un lado como la frase de aquel ignoto amigo sobre honrar las deudas afectivas o la idea de mi última compañera sobre la falta de autoridad moral de algunas personas para referirse a determinados temas.

No sé realmente si la tengo para hablar sobre buenos modales pero al menos casi todo el tiempo intento ser mejor que ayer y aunque suele costarme mucho lo intento.

En el día de la MUJER

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En el Día de la Mujer
Por: Darío Valle Risoto

No puedo agregar nada nuevo ni novedoso a lo que se intenta reivindicar en torno a la mujer y su lugar en la sociedad a todo lo largo de la historia de este planeta.

Y es por demás doloroso para mi presenciar algunos comentarios en las redes sociales sobre que no hay día para el hombre y estupideces varias que si podríamos admitir entre la dudosas comillas del humor, pero nunca como los que se embanderan en contra de la parte femenina de la humanidad y para peor estos no son solo los hombres.

En cada revolución humana ha habido detractores hasta dentro de los que pretendemos defender, dicen que el hombre es el lobo del hombre y nada más cierto, por lo tanto y reiterando que este servidor poco o nada puede aportar para poner su opinión al respecto de este día, solo puedo rememorar algunos viejos recuerdos.

Como hijo único varón de un matrimonio donde mi padre trabajaba y mi madre había optado por ser ama de casa sufrí el embate de quienes nos presionaban con que si yo no tenía hermanos iba a crecer “pollerudo” o “mariquita” quizás porque pasaba la mayor parte del tiempo con mi madre, pero creo que es inútil interpretar la siquis de los idiotas.

Así que mi principal referente antes y durante mis años de escuela fue una mujer y después mí padre, ambos eran de temperamentos muy diferentes: mi madre era la “jefe de familia” porque era la que tomaba la mayoría de las decisiones ya que mi padre era de carácter muy tranquilo y relegaba todo. Pero afortunadamente ambos coincidían en educarme con una idea que hizo carne en mi y fue que todos somos: “hijos de una mujer” y por lo tanto le debemos nuestro absoluto respeto.

Recuerdo en mi adolescencia aquella conversación en la que mi padre me dijo que lo que una mujer y yo hagamos en la intimidad nunca debía salir de allí y que era de muy poco hombre andar contando hazañas de cama con los amigos o conocidos porque un hombre debe ser discreto. Con los años en lugares de trabajo he chocado muchas veces con compañeros que relatando sus encuentros sexuales se vieron ante un tipo que con una leve sonrisa les aclaraba que ese era un asunto privado y que no le interesaba nada de ello.

Otro asunto ha sido el piropo, hace unas horas leí un artículo donde se narraba un comentario de Alejandro Dolina sobre los hombres en grupo que le dicen cosas a una mujer que pasa y que esto en realidad no es para ella sino para quedar bien entre sus “secuaces” y me pareció un pensamiento fabuloso que me remitió a mis catorce años en casa de unos primos en que en el almacén le dije a una chiquilina algo seductor para quedar bien con mis parientes. Quiso la cosa que terminara siendo mi primera novia allá por aquellos tiempos pero eso no viene al caso, afortunadamente jamás volví a lanzarles a las mujeres comentarios o frases galantes en ningún ámbito.

El tema que trato de transmitir es que aún hoy con las conquistas logradas por las mujeres sobretodo en el mundo occidental estamos lejísimo de que seamos iguales en la sociedad y abundan casos como los de todas las religiones que relegan a las mismas a un segundo escaño por debajo del hombre, no solo la católica y especialmente el Islam ponen a la mujer “con todo respeto” un paso atrás del hombre que hace y deshace el mundo y tenemos lo que tenemos.

Por último se me ocurre algo que siempre contesto cuando algunos se oponen a que las parejas de homosexuales adopten niños y es que jamás lo podrán hacer peor que los heterosexuales, de igual manera estoy plenamente convencido en que un planeta donde las mujeres y los hombres gocemos de los mismos derechos en todos los aspectos de la vida no puede ser peor que este mundo de hoy.

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