Un sábado sin Gloria

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Un sábado sin Gloria
Por: Darío Valle Risoto

Había llovido todo el día, en realidad durante la noche ella había escuchado la lluvia pegando sobre el techo de chapas pero había pensado que era un sueño. A la mañana abrió un ojo y se dio cuenta que casi no podía respirar porque el gato estaba sobre su pecho con su cola encima de sus ojos.
Lo quitó despacio pero “Romeo” se tiró al piso, se estiró y corrió seguro a comer sus galletitas.

Estaba nublado y seguía lloviendo, la ventana lloraba unas lágrimas largas que morían en el dintel y caían en el jardín donde vio un par de caracoles “conversando” cara a cara y se preguntó: ¿De qué pueden hablar dos caracoles?

Romeo volvió y se aproximó a sus pies descalzos dejándole la dulce sensación de su peludo cuerpo calentito sobre los mismos, su ronroneo se volvió como un motor ensordecedor que conspiraba para que el ruido de las goteras fuera como la percusión de un sábado que debería ser feliz.

Se sentó a llorar, recordó de pronto que no, que tenía indefectiblemente que ser un sábado triste porque estaba gorda, sin novio y completamente desbastada por la realidad. Para colmo por la tarde iba a pasar su madre “a verla” lo que iba a significar que una enorme y fabulosa nube de mal agüero le dejaría la casa más a oscuras que de costumbre.

__ ¡Vieja de mierda! __ Pensó y se sintió culpable por tamaña nuestra de sinceridad. Era después de todo: su madre, no después, ante todo, sobretodo y completamente un todo de porquería su vieja negativa y puta madre de mierda.

Gloria sintió una bruma acuosa que le quitaba la posibilidad de ver el jardín casi inundado y a los dos caracoles que ya no estaban tan juntos ni conversadores. Buscó un pañuelo y se sonó la nariz y se secó los ojos y buscó al gato par apretarlo fuerte pero Romeo se había trepado al ropero y la miraba con ojos enigmáticos, como suelen mirar todos los gatos.

Pensó en mil excusas para llamarla y convencerla de no venir. Si su padre no se hubiera muerto al menos podría haber contado con su sana capacidad de quitársela de encima. ¡Pobre papá! ¡Que aguante tenía!
Sonó el teléfono y fue como si le hubieran golpeado el alma con un martillo, seguro era ella y seguro que si, era ella que ya comenzaba a hablar sin saludar y a preguntar estupideces como si había comido, si había dormido, si había cagado, si había rezado si había viajado a Marte, si había votado a Pacheco si…
__ Estoy bien mamá, no, no quiero conocer a ese muchacho, estoy bien así, ya sé que es trabajador, no me importa, está bien, otro día, hoy pienso leer toda la tarde, tengo una nove…

No pudo siquiera aproximarse a que su madre dijera que entonces no iba a venir, que leyera tranquila, que por ejemplo tenía dos hijos más para ir a joder, no, ella por sola y por gorda tenía la prioridad para que le vaya a joder el día, nada de ir lo de “Edgardito” ya casado y con tres hijos insoportables o tal vez visitar a Nora que seguía estudiando medicina y era como la súper inteligente y linda de la familia y a la mierda con vos: mamá.

__ Chau mamá, no, no quiero conocer a ese muchacho trabajador, gracias, chau.
Cortó y sin embargo el tururururu que le dejaba esa voz de cotorra insoportable seguía por un rato en sus oídos.
Fue hasta el living, eran las nueve y media de la mañana pero igual abrió el vodka y se empinó un buen tranco…un verdadero asco.
Romeo corrió hasta la puerta y le maulló para que le abra.
__ Está todo mojado, te vas a resfriar, bueno, jodete entonces.
El gato salió pero un desagradable fresco entró a la casa que la hizo estremecerse, fue al baño y se asustó de esa imagen destruida, esbozó una sonrisa que le sonó a muy falsa, hizo otra y otra y fue a por el vodka y se empinó un trago más largo…otro verdadero asco.

Pensó en el muchacho trabajador y se imaginó a un obrero ruso musculoso y con olor a almizcle que con una mano la tomaba de la cintura y con la otra le tocaba los pechos mientras babeando le decía: __ ¡Mi babushka!
Tuvo que reírse y vio que tenía la botella en la mano, así que se dio otro Vodkaso comprendiendo de donde venía la fantasía del comunista excitado.
Al mediodía se hizo una tortilla y se la comió sin pan pero con un par de vasos de alcohol, ya sabemos del cual hasta que mareada se tiró en la cama atravesada mientras Romeo la seguía mirando desde arriba del ropero.
Afuera los caracoles ya habían tomado mucha distancia uno de otro, seguro no se tenían mucho cariño, su madre golpeó un buen rato pero nadie le abrió la puerta, después llamó por teléfono y Gloria en medio de tremenda borrachera solo atinó a desconectar la línea.

FIN

 

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Los sueños fabriles (Cuento)

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Los Sueños Fabriles
Por: Darío Valle Risoto

No sabía cómo todo se le venía encima, se sentía cansado a grados planetarios, apesadumbrado y por momentos cada vez más crecientes: realmente furioso, aún así por el triste bien de la humanidad dejaba que el tipo le grite como si fuera un pobre bastardo.

La humillación nunca es bien aceptada, apenas si se mastica y se traga o se escupe pero en este caso escupirla significaría quedarse sin trabajo y tenía la mala costumbre de comer por lo tanto esa inmunda expresión de odio que le propugnaba el hijo de puta de Quintana era parte del perverso juego de tener ese trabajo. Lo más triste era que sus compañeros sonreían a medias disimulando que gozaban porque se humillaba a otro así ellos descansaban hasta que les toque y entonces, en ese caso, Luis no sonreía porque aparte de comer tenía la condición de ser solidario.

Allí se quedó cuando se fue el supervisor frente a la maquina: como un huérfano de vida, cansado y ofendido por este imbécil que viene y le grita porque quieren más producción y lo acusa de “Estar para la joda” o de andar en “cosas raras” que traducidos del lenguaje de la mierda quieren decir: Sindicatos.

Nunca supo como terminó en esa enorme aparatosa y siniestra fábrica de cajas de cartón, alguna vez por el ochenta y dos repartía currículos como caramelos y lo llamaron, entró en una zafra y por esos avatares del maldito destino lo hicieron efectivo.

Casi una centena y media de empleados, sirena para entrar, sirena para salir al descanso, sirena para volver del descanso, sirena para salir del trabajo y hasta para cagar y o respirar y que no se les ocurra hacer las dos cosas a la vez porque si baja la producción…

Una suerte de prisión diaria de lunes a sábado con ocho o doce horas adentro de esa gran masa de ladrillos y hierro y operarios y cartones y basura y ganas de un día pegar un grito y prenderle fuego a todo con la gente encerrada adentro y sentarse a mirar cómo se queman esa manga de alcahuetes muertos de hambre mientras él disfruta del olor a carne asada.

¿Tuvo bravo?, le preguntó Alonso, se encogió de hombros y le dio un poco más de velocidad a la máquina que lanzó un quejido de engranajes podridos y comenzó a escupir cajas impresas con una marca de jabón líquido. Y Alonso que sueña con ser supervisor cuando Quintana se jubile y Luis que ya sabe que es un futuro gran hijo de puta porque le gusta la plata y no tendrá ningún miramiento en romperse las rodillas chipándosela a los patrones si se le da oportunidad.

Casi cuarenta mujeres, algunas putas, otras de mal carácter, todas endiabladamente locas, chismosas, malas leches. Y el que cometió la locura de salir con Selva y ella que casi a diez años de aquel maldito polvo sigue con la tradición de querer darle celos como si le importaran esas tetas caídas y ese cerebro vacío. Por otro lado está Giovanna de la zona de expedición, la única que parece medianamente humana, claro, antes de que el sistema dentro de esa olla fabril la corrompa.

Cruzaban algunas palabras en la cantina hasta que Marcenaro, un canario grandote e inmensamente bruto le aconsejó que no le hable más a la petisa porque ese culito era de él. Así lo dijo y hasta con un dejo de orgullo por ser bruto y malo y al parecer mucho hombre o mucho macho.

Ya sabes, le dijo y se retiró sacándole la pera que había llevado para postre como parte de su muestra al colectivo de que era un guapo de aquellos…o de los otros, ¿Quién miércoles lo sabe?

Los demás miraban y sonreían. Luis comprendió que la gente a menudo se ríe como parte de ir llevando ese veneno que les contamina la mente con el triste placer de ver a otros sufrir, así son la mayoría de los seres humanos, así de poca cosa, baja malaria de ir por el mundo de obreros y siempre tirarse en contra de los que están de nuestro lado.

La ultima sirena indicaba que debían dejar la fábrica, la columna de empleados trata de ganar la puerta pero siempre pasando por la mirada atenta de los guardias de seguridad. Cierta vez uno de ellos le había encontrado una llave inglesa a un pibe y lo hizo echar. O renuncias o te denuncio por chorro, le dijo Quintana y el guacho firmó la renuncia.

Luis mientras todos se cagaban de risa y de placer por haber sido testigos de tamaño abuso se quedó pensando en cuantas llaves inglesas ya había pagado el pobre pibe con las enormes ganancias que le dejaba a la fábrica trabajando como un esclavo y encima se jode la vida por no conocer el simple código de que para los capitalistas el recuperar algo significa robo.

Ningún amigo, pocos compañeros, había un veterano derechista y tanguero con que a veces compartía el almuerzo, era un tipo ignorante pero con valores como el de saber callarse la boca cuando los supervisores buscaban buchones fáciles. Quintana andaba rastreando al delincuente que había dormido en horas de la noche dejando una improvisada cama en uno de los depósitos y le pregunta al veterano que estuvo de noche si vio algo y este le contesta que estuvo distraído trabajando. No es mi problema le dice al supervisor que se va caliente tratando de encontrar un alcahuete y nunca faltan.

Y se vino el conflicto del ochenta y cinco, comienzo de la democracia y sindicatos que comienzan a recorrer los talleres, las fábricas, todos los lugares de trabajo intentando afiliar a los obreros. Mucho miedo, mucha cobardía y el veterano que se afilia porque además de ser anticomunista tiene conciencia de clase, que se puede.

Y Luis terminó de delegado y allí se vio hablándole a la gente de compañerismo, de ser solidarios y de no cagarse entre ellos, de tener conciencia. Y era como hablarle a las paredes pero cada tanto alguno dudaba y con miedo iba al sindicato y entonces comenzaba a comprender que no le hacían un favor por darle trabajo sino que lo explotaban para hacerse cada día más ricos.

Y aquella tarde Giovanna vino y le dijo que no se imaginaba que era comunista, que debería seguir el camino de nuestro señor Jesucristo y entonces Luis se sintió aliviado porque comprendió que aún dentro de su nefasta ignorancia, de su pobre recuento de neuronas ella y Marcenaro eran tal para cual. Un tiempo después se casaron y Luis los felicitó y les deseó lo mejor.

Así son las cosas y como decía la abuela de Luis: mejor ser ricos y sanos que pobres y enfermos.

FIN

 

 

Las Alcantarillas del Odio

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Las Alcantarillas del Odio
Por: Darío Valle Risoto

__ ¿Cómo se echa a perder un barrio? ___Preguntó Marcos
__ Bueno, son varios motivos, uno de ellos es la falta de trabajo, cuando cerró el frigorífico fue como una muerte anunciada, después siguieron los malos gobiernos, la corrupción y eso que algunos viejos solemos llamar: “la pérdida de valores”.
__ Vos no estás viejo, tío; si estás en mejor forma que papá, vos haces deportes, no tomas alcohol, comes sano.
José miró a su sobrino que con solo doce años tenía una madurez acaso buena pero también innecesaria, hubiera querido que como lo hicieron el y su hermano, su padre, se dedicara a jugar y a no preocuparse por la violencia.
__ No les cuentes nada a papá y a mamá pero anoche cuando fui al almacén de la negra Alba nos asaltaron, ella les dio lo poco que tenía y se fueron rompiendo cosas y puteando, me puse muy nervioso, pero te hice caso, no me hice el valiente, todavía sigo enojado. __Dijo cerrando sus puños a los costados de su delgado cuerpo, el tío le acarició la cabeza de pelos ralos.
__ Además van a mi misma escuela, hoy de mañana uno andaba con campera nueva, de seguro la compró con la plata afanada.
__ No creo que esos botijas compren nada, se la deben haber robado a otra persona, ellos viven así y es mejor mantenerse lejos de ellos.
__ ¿Pero tío?, ¡No puede ser! __Le dijo lagrimeando.

Era tarde y abandonaron el potrero donde Marcos practicaba y solía tener ese tipo de conversaciones con su tío que le hacían pensar en tantas cosas, pero en ese día en especial no había aprendido mucho.

José lo dejó en la puerta del corredor, su cuñada lo invitó a tomar unos mates pero se rehusó porque tenía que madrugar. Caminó hasta la esquina y recordando algo cruzó al almacén de la negra Alba.
__ ¡Buenas noches! ¡Pero qué sorpresa!
__ Como anda Alba, me enteré que la robaron.
Ella apoyó su voluminoso pecho sobre el mostrador y miró a una clienta que se hizo la distraída mientras elegía cebollas.
__ Y eso que ni hice la denuncia, pero las noticias vuelan, le debe haber contado el pobre de Marquitos que se tuvo que fumar ese momento, esos bastarditos ya de chicos salen a robar y con armas de fuego. ¿Quién lo hubiera dicho?

__ ¿Y no fue con la policía!
__ ¿Para qué? __Abrió las manos, fue hasta la balanza y le cobró a la señora que se retiró del pequeño almacén.
Y miré que tengo una recortada debajo del mostrador pero no pude, me ganó el miedo y estos dos guachos de mierda me llevaron la plata que era para pagar la luz y el agua, no sé qué hacer, le digo que si no fuera por mi marido enfermo me mudaba a la misma mierda.
__ Mejor así Alba, pudo empeorarlo todo, ya sabe que ese tipo de gente nace jugada. Hasta mañana.

Se fue nervioso, en la esquina prendió un pucho, de una casa salía un tema de reggaetón, la letra hablaba de una loca que en cuatro patas… ¡Por favor! Un perro enorme se abalanzó sobre él desde atrás de una reja, lanzó una maldición, alguien se rio a carcajadas desde adentro de una casa, de otro lado escuchó a un hombre golpeando a su mujer.
Ella salió a la calle, tenía la nariz rota y le sangraba la boca, el tipo la tomó de un brazo y la dio contra una pared.
__ ¡Ya me vas a venir a echar los cuernos puta de mierda!, ¡Justo a mí!

José pensó en detener al hombre que era extremadamente corpulento, panzón, casi el doble que él, la mujer casi desmayada lo miró y no supo si era un pedido de socorro una sensación de abandono total a las circunstancias. En eso vio una baldosa suelta junto a un árbol contra la vereda.
No quiso pensar ni medir más las consecuencias y le dio con la baldosa en la oreja al tipo que trastabilló y calló boca abajo noqueado lanzando un ruido seco como de costal de papas.
La mujer que antes parecía que casi había perdido el sentido comenzó a gritar y a llamar a por ayuda pero no era para ella sino para su hombre malherido, después se acercó a Luis y lo insultó, escupió y volvió a insultarlo.

Luis se dio vuelta, le temblaba todo el cuerpo, una piedra le dio en la espalda y los insultos de otras personas se sumaron a los de la mujer golpeada, al mirar para atrás vio que algunos vecinos levantaban al tipo que parecía muerto y otros se plegaban a gritarle.

Llegó a su casa y con dificultad vio que tenía un hematoma en la espalda allí donde le habían atinado con una piedra, se lavó la cara y miró su rostro duro de ex boxeador en el espejo y por un momento comenzó a elaborar el plan que iba a regir su vida de allí en adelante.

__ Ningún testigo es inocente __Dijo en voz alta mientras se secaba y buscaba en el cajón sus viejas armas: dos colt 45, los cuchillos, un par de granadas y la vieja capucha negra de las fuerzas especiales.
__ El mundo es una alcantarilla y ningún testigo es inocente. __Le había dicho su instructor, un veterano francés de las fuerzas delta de Sud África.
Y allí salió a la noche de los barrios periféricos un hombre llamado Luis cansado de vivir en las alcantarillas.

FIN

 

Mujeres que “trabajan”

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Mujeres que trabajan
Por: Darío Valle Risoto

__ Hay que tener la mente fría__ Le había dicho Marcelo, pero no era fácil estar en ese lugar que era extraño y pavorosamente atractivo. La música lo envolvía todo y las luces difusas hacían de cada silueta un misterio, más por aquí y allá había mucho con que entretenerse pero todo por un alto precio.

Rubén se acomodó frente a la pasarela pero estar tan cerca de las chicas lo ponía más nervioso que excitado, para colmo tanto Marcelo como Juan y Sergio gritaban un montón de barbaridades a las muchachas que parecían sordas.
__ Voy a la mesa. __Les dijo y regresó al confort de la oscuridad del boliche en la mesa que habían tomado como base de operaciones, a fin de cuentas era la despedida de soltero de Sergio que parecía pasarlo muy bien.

Una jovencita le trajo una medida doble de whisky con coca cola que era más refresco que alcohol y costaba un huevo pero era normal en esas Boites. Recordó su pueblo y el quilombo de “La Rosada”, nada que ver, era un rancherío cerca del río pero allí había algo familiar y querido que lo había recibido para “debutar” con solo poco más de quince años.

Los muchachos gritaron todos a la vez cuando dos chicas salieron juntas casi completamente desnudas y comenzaron a tocarse. A Rubén le dio una vergüenza ajena que provenía de viejos recuerdos allá en Trinidad cuando aún pensaba que llegar a Montevideo era como visitar Nueva York si es que tuviera alguna idea de lo que era esta última más no sea que por verla en las películas.

Pensó en Martina que con apenas diecinueve se había ido a “changar” a Italia y les mandaba dinero a los viejos y había pagado todo el estudio de su hermano menor Andrés que se recibió de médico y cuando ella vino a visitarlo no le quiso abrir la puerta de su casa en Carrasco. Recordó que ella había sido su primera novia de la escuela; pelirroja, pecosa, hermosa flaquita de ojos verdes y vivaces que poco a poco fue adquiriendo una mirada profunda y enigmática.

Probablemente el whisky no era tan poco comenzó a pensar porque en medio de ese boliche de putas se acordaba de otras putas tal vez tan buenas mujeres como cualquiera de las que veía en ese lugar lleno de luces y espejos.

Comenzó a sentir sueño y pidió a la muchacha algo de comer, solo tenían sándwiches olímpicos y que así sea, se dijo aunque cada uno costara el otro huevo.
__ ¿Viniste solo?__ Le preguntó una enorme silueta femenina a contra luz que medía como tres metros y tenía una silueta como de contrabajo.
__ No, estoy con aquellos tres pelotudos que no dejan de gritar, es la despedida del pelado a la derecha, se casa este sábado y bue… ya sabes.
__ ¿Cómo te llamas?
__ Rubén, si quieres podés sentarte conmigo aunque me cueste un…
__ Yo soy Moria.
Obviamente un nombre artístico, pensó Rubén y cuando ella se sentó a su lado y las luces la bañaron comprendió la analogía.
__ ¡Sos grande!
__ Sí, estoy grandecita desde que me desarrollé, ¿No te gusta?, le preguntó acercándose a su rostro y olía tan bien que Rubén comenzó a sentirse mareado y no era por la coca cola con una gotita de whisky.

Les trajeron un par de bebidas más, ella era exactamente igual a… pero con doscientos años menos, por supuesto. Ojos claros, así que no tan igual y ese perfume.
__ ¿Todas ustedes trabajan? __Temió preguntar, a la vez que pronunciaba las palabras e intentaba acomodarse en el sillón de cuero y beber como si fuera un gánster de Chicago. Claro que le salía muy mal.
__ ¿Y vos no trabajas? __El se quedó helado y ella lanzó una carcajada y lo besó en la mejilla, al hacerlo apoyó uno de sus considerables pechos en su hombro izquierdo y le dejó una sensación de electricidad constante.

Al rato sus amigos llegaron a la mesa y los tres al unísono se quedaron viendo a la enorme Moria y a su calladito Rubén conversando como si se conocieran de toda la vida.
__ ¿Interrumpimos algo? __Preguntó sin esperar respuesta Marcelo que le tocó el vestido azul a la chica que sonrió con su mejor mueca.

__No, ya nos vamos. __Dijo Rubén dejando unos billetes sobre la mesa y despidiéndose de sus amigos que les miraban con la boca abierta. Quizás porque Moria le sacaba una cabeza de alto al muchacho o porque no esperaban tal muestra de desenfado en el flaco.

Dos pasos después no tenía la menor idea de a donde ir hasta que ella le dijo que arriba tenían cuartos donde iban a poder estar solos, le dolió por un momento la tarjeta de crédito en su bolsillo pero pensó en que la vida es demasiado corta y que al fin de cuentas era joven y escaso de cariño.

Y no será necesario explicar mucho que pasa cuando pasa algo así entre una mujer casi irreal y un muchacho de Trinidad, léase cualquier pueblo del interior y casi todo Montevideo.
__ Ya te enamoraste de mí flaco. __Le dijo Moria mientras se vestía lentamente y el comenzaba a extrañarla como si perdiera en ese momento parte de su existencia.
__ Les debe pasar a todos…contigo, digo. __Ella se puso sobre él que aún estaba acostado y lo besó despacito en los labios.

Volvió solo a la pensión, cuando había regresado al boliche sus amigos se habían ido y era mejor. Era una mañana fría de Agosto y entró a su pequeño cuarto solamente para calentar agua con el Sun para hacerse un café.
Y como todas las cosas se tomó la bebida caliente pensando en esas mujeres que a lo largo de su vida habían desfilado con esa profesión de ser: “putas” y sintió de nuevo unas enormes ganas de volver a ver a Martina que después del tremendo desaire sufrido por su hermano, jamás había vuelto a Montevideo.

__ Será cuestión de averiguar. __Se dijo mientras se quedaba profundamente dormido.

FIN

 

Un día laboral (Cuento)

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Un día laboral

Por: Darío Valle Risoto

Lo llamó y lo reprendió como si fuera un niño. Esteban recordó a la maestra de mierda de la escuela allá en el colegio católico por cuarto o quinto año y cerró los puños clavándose las uñas.
__ ¿Me escucha Fernández? ¿O hablo con la pared?
__ Sí, claro que lo escucho jefe.
__ No es la primera vez que me hace una entrega mal, acaba de enviar dos mil pantalones a nuestra sucursal de Florida y sabe bien que son para Durazno. ¿Me oye?

No le importaba que lo humillen porque de todas maneras el sueldo no la daba para tanto, pero los rostros de sus compañeros gozando de la situación cooperaban para que comenzara a sentirse un poco mal.
__ Trataré de solucionarlo, no se preocupe señor. __ Le dijo dejándolo al petiso con el dedo índice apuntando a la estantería mientras se retiraba al sótano para llamar a la sucursal de Florida e intentar reenviar los putos pantalones.

El depósito estaba en el sótano, con salida a la calle Juan Carlos Gómez, olía a tela nueva y a viejo a la vez, era un recinto casi infinito de estanterías hasta el techo pobladas de pantalones, camisas, sacos, etc.

Se sentó en el escritorio y discó frenéticamente los números para intentar solucionar el entuerto, entonces recordó que fue Amalia la que le había dado mal el dato sobre la entrega, así que no era su responsabilidad. Después de todo no podía andar verificándolo todo por pensar que estaba rodeado de idiotas… que si lo estaba.

__ ¡Qué meada che! __Le dijo el negro Julián que había bajado detrás de él con dos cajas para estivar en la zona de las corbatas.
Esteban apenas si lo miró y al dar con la sucursal les expuso el problema, aún no habían recibido el pedido equivocado pero no bien lo hicieron lo iban a reenviar a Durazno, su verdadero destino.

Se rascó la cabeza aliviado. Su te estaba helado por lo que fue hasta la pequeña cocina para calentar más agua.
__ Mira que el judío no quiere que tomemos te en horas de trabajo. __Le dijo Amalia que estaba sentada comiendo un croissant.
__ Gracias por el dato, no sabría que hacer sin tus consejos Amalia.
Ella sonrió como una morsa, si es que las morsas sonríen, claro que no tenía la más remota idea de lo que era un sarcasmo.

Cuando la caldera echó humo sonó la chicharra del descanso, al fin era el mediodía y todos comenzaban a caminar cual autómatas hasta el comedor. Esteban salió a la calle, quería respirar aire puro porque comenzaba a odiarlos intensamente. Caminó hasta la plaza matriz y miró a un viejo que le daba de comer a las palomas, un camión de reparto de leche pasó a su derecha mientras el sonido inconfundible del tranvía ocupó el aire.

Compró unos bizcochos en la panadería y se sentó, hacía frío y había poca gente a su alrededor.
__ Creo que va a llover. __Le dijo desde el banco del frente el viejo que les daba migas a las palomas.
__ ¿Le parece? __Contestó mirando al cielo medio gris con los ojos entrecerrados.
__ Trabaja en la sastrería de Koriansky por lo que veo.
Reparó en que no se había sacado el delantal con al logo de la empresa, se lo quitó inmediatamente y lo puso a su costado.
__ Hace como cinco años.
El viejo lanzó un chistido como de desaprobación.
__ Ese tipo: Samuel Koriansky: es un judío de mierda.
__ No soy antisemita.
__ Yo tampoco. __Se rió el viejo mostrando la ausencia de varios dientes en su boca pequeña. __Pero cuando se es un judío de mierda… ¿Qué más se puede agregar?
__ Patrones son patrones. __ Dijo, como intentando alivianar la situación, pero el viejo dejó su lugar y se sentó a su lado, olía a naftalina como el ropero de su abuela.
__ Se vino de Europa en el cuarenta y dos escapándose de la guerra, se robó todo de una reserva familiar y dejó a sus compatriotas en manos de los nazis para así venirse a poner la fábrica, las tiendas, etc. ¿Qué me contás pibe?
__ ¿Y usted como sabe eso?
__ Trabajé allí donde vos trabajas antes que vos, unos años hasta que me despidieron en el cincuenta o cuarenta y nueve y uno se va enterando de cosas, la gente habla, conversaciones que se escapan… cosas.

Esteban miró la hora y apenas le quedaba tiempo para volver a la fábrica, le dejó el resto de los biscochos al viejo que agradeció con un movimiento de cabeza, corrió hasta su trabajo y subió las escaleras pasando raudamente frente a la portería.

__ ¡Cinco minutos hacen que terminó su descanso Fernández!
Era Koriansky con su cuerpo grueso pero de baja estatura, sus lentes redondos y esos dientes desparejos, siempre llevaba traje marrón con chaleco negro. Una rara combinación.
__ Lo lamento pero estuve distraído.
__ Ya me informaron que lo de Florida está resuelto, que no se vuelva a repetir.
Se iba a retirar pero lo pensó mejor y volvió sobre sus pasos sorprendiéndolo a su patrón que casi se daba la vuelta también.
__ ¿Sabe con qué me distraje?, Mejor lo conversamos en su oficina.

FIN

 

Aquel Cumpleaños de quince (Bio)

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Aquel Cumpleaños de quince
Por: Darío Valle Risoto

__ No puede traer al niño, va a haber solo gente mayor, además…
__ No se preocupe, el sabe comportarse __Dijo mi madre y ya no aceptó objeciones, así era ella.
Era el cumpleaños de quince de la hija más chica de los Pollez que era una familia suficientemente adinerada al menos para el barrio y en aquellos años sesentas aún se estilaba hacer los cumpleaños en sus casas.

La mansión de dos pisos quedaba en la misma manzana que la nuestra pero del lado de la calle Julio María Sanguinetti, mi madre les limpiaba de vez en cuando, recuerdo que en la planta alta tenían un piano donde una de las tías viejas daba clases y la misma o la otra, no recuerdo, también ofrecía lecciones de catecismo en la planta baja.
Afortunadamente el tomar clases de “eso” solamente fue una conversación que se perdió en la nada y tengo el orgullo de no haberlas tomado, más no me pude resistir a aquel oprobioso bautismo cuando una semana de nacido en la iglesia de San Agustín me tiraron esa agua maldita.

La habían contratado para servir porque el lunch venía de una confitería importante, así que no era mucho trabajo y un dinero extra venía bien, más dado que mi asma era preocupante en aquellos años mi madre no quiso dejarme con mi padre que cuando dormía podía acabarse el mundo y realmente no se inmutaba. Tenía el sueño liviano, la verdad que sí, pero muy poca necesidad de preocuparse por el entorno cuando cerraba los ojos.
Así que bien bañado, peinado y con la ropa: “de salir” mi madre me llevó ese sábado a la noche, me sentó en la cocina delante de innumerables fuentes de masas, saladitos y sándwiches y me dijo: __ ¡Te quedas quietito!

Por lo pronto con cinco o seis años ya tenía al dedillo aprendida la rutina de sobreponerme a las tentaciones del alma y del estómago y bien podía estar frente al tesoro más grande de la repostería mundial sin despeinarme aunque también oficiarían los diversos aromas para que en algún momento dudara de bajar de mi banco y lanzarme con la boca abierta sobre pildoritas o Cañones de dulce de leche.
Una mirada de reojo de mi madre mientras administraba las viandas que iban al salón donde decenas de invitados escuchaban música y reían eran suficientes para que yo permaneciera más quieto que una pintura en el Louvre.

En determinado momento las ganas de hacer pichí comenzaron a hacer de mí un manojo de dolores intensos de vejiga que significaron que cruzara y descruzara las piernas flacas de medias blancas e impecables zapatos de negro charol.
__ ¿Qué tenés?
__ Quiero hacer pichí. __Le dije bajito como si rompiera con mi susurro alguna arquitectura de cristal
__ Vas derechito por ahí, a la segunda puerta, preguntas si estás libre, haces, te lavas las manos y derechito de vuelta a tu sitio.
__ Si mamá.

Al pasar al baño creo que cruce por el salón donde decenas de jóvenes disfrutaban del cumpleaños y alguien me preguntó como me llamaba, respondí rápidamente, entré al baño, volvía a reconciliarme con mi vejiga y volví a mi lugar.
Pero no había pasado inadvertido.

A poco de volver a mi asiento la hija de la casa, la cumpleañera entró a la cocina, recuerdo que tenía un vestido claro, tal vez beige o blanco, no lo sé. Se enteró que era el hijo de mi madre y pidió para que le permita ir a la fiesta. ¡Como un niño tan lindo iba a estar encerrado en la cocina!

Otra mirada de reojo de mi madre sintetizó todo aquello que debería hacer, no hacer y lo que debía evitar al precio de mi vida al estar en el salón y lejos de su vista.

Así que como un pequeño robotito vestido con pantalones cortos azules marinos, saquito del mismo tono, camisa blanca, corbata también azúl, medias como la camisa inmaculadas, zapátos de charol negros y un gesto apenas expresivo me sentaron entre un montón de muchachas a cual más linda y con mejor perfume.
Fui el alma de la fiesta solo hablando cuando me hablaban y apenas aceptando comer algo de lo que abundaba sobre la mesa cuando me insistían.

Al volver a mi casa mi madre cargaba un paquete de cosas ricas que le habían hecho armar con insistencia para mí y para mi padre, pero lo que más recuerdo de todo ello fue su enorme orgullo por un hijo bien educado.

FIN

 

 

 

 

 

 

Un leve asesinato (Cuento)

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Un leve asesinato
Por: Darío Valle Risoto

Una asquerosa lengua aceitosa de asfalto y arena era la carretera delante de los lentes sucios de Jimmy que acababa de mear sobre el caparazón de una tortuga muerta…o eso supuso hasta que comenzó a alejarse del charco que olía a cerveza ensangrentada.

Volvió sus pasos hasta el horrible cadillac rosado que le había usurpado a la gorda Betty, aún el canijo de Brummel pataleaba dentro del baúl, debería haberse muerto hace rato el enano pero seguía pateando y maldiciendo dentro de su ataúd de metal.

Jimmy lo abrió para mirarlo. Estaba hecho un asco el pequeño proyecto de judío atado bien fuerte con soga de la buena, se había hecho añicos los lentes y había perdido un diente quizás golpeando su cabeza para salir.

__ ¡Te pago el doble de lo que te ofrecieron! ¿Quiénes fueron: mi esposa, los del sindicato, los comunistas?
Jimmy encendió un fósforo haciendo pasear la cerilla sobre el caliente capot y volvió a mirar a la serpenteante carretera, no había una puta alma a varios kilómetros a la redonda…bueno, la tortuga meada podría denominarse aproximadamente un alma y hasta quizás más completa que este puto enano judío que seguía suplicando.

Lo desató y el estúpido al pararse se fue de nuevo al suelo para comprobar que solamente tenía las manos libres. Jimnny sacó la sucia botella de whisky y se empinó un buen trago, después le tiró un poco en la cara a ese proyecto de hombre que gritó, lloró e intentó volver a pararse.

__ Ya estás muerto mi querido, desde que te metí en el auto estás más muerto que el idiota de Lennon.
Brummel comprendió que de nada le valdría pedirle clemencia a ese gigantesco pelirrojo barbado que lo miraba sonriendo a contrasol quemándole los ojos, lo veía difuso y en movimiento como si estuviera bajo el agua por la ausencia de sus anteojos o por el calor sofocante.

__ Tengo mucho dinero, te puedo pagar lo que sea.
__ Tú no tienes dinero, es más, ahora eres el hombre más pobre de toda la tierra, de todo el universo diría. A propósito: ¿Crees en dios?
__ ¡Claro que sí!, Ahora más que nunca. __Recalcó sibilante.
__ Eso es bueno, muy bueno, deja que te presente al mío. __Dijo Jimny sacando su Magnum 3.57 y dándole un buen tiro en la frente.

Mientras cavaba la fosa se arrepintió de no haberlo mandado a hacerlo pero ya estaba harto de escuchar lloriquear al idiota, después de todo no era tan grande y el desierto no hablaba.
Recordó cuando una tarde pasó frente a la fábrica de zapatos en huelga y cuando escuchó que el tal Brummel había echado a catorce padres de familia por haber fundado un sindicato, allí había tomado la decisión de encarar ese pequeño trabajo.
Después de todo alguien debería hacerlo…pensó.

Un rato después tras cruzar la estatal se detuvo en un Bar de camioneros y pidió dos hamburguesas con papas fritas, tres huevos revueltos y una cerveza fría, también compró cigarros y le tocó el culo a la camarera que sonrió complaciente.
__ ¿De vacaciones forastero? __Preguntó el cajero.
__ Disfrutando de California, mi amigo…disfrutando.
Contestó sonriente.

FIN