Aquella Cuarentena Montevideana (Cuento)

Wallpaper Magic 137 (14)

Aquella Cuarentena Montevideana
Por: Darío Valle Risoto

Eran duros de entendederas así que era mejor no acompañarles en su discutible idea de la libertad y dejarlos ir. Era turismo y eran jóvenes y tenían plata y la cuarentena les importaba una mierda, por lo que huyeron hacia La Paloma buscando pasar un buen turismo con todo lo que tradicionalmente trae aquello de procurarse unas buenas “lobas”, pasar los atardeceres en la playa y quizás hasta conseguir un buen porro para disfrutar de la vida.

Eduardo los saludó desde el otro lado de la ventana como si fuera un preso.
__ ¡Te estás tomando la cuarentena demasiado en serio! __Le gritó el negro Luís mientras abrazaba a Oscar y se reía con esa boca de cien dientes.
__ ¡Menos mal que no fuiste! __Le dijo la abuela Nora al mismo Eduardo cuando un mes después el primero en morirse fue Camilo, aquel que lo había puteado por teléfono porque no quiso irse al este con la barra.
__ ¿Siempre el mismo pelotudo? ¡La vida es una sola che!

Camilo no era su mejor amigo, ninguno de ellos era realmente su amigo, se conocían desde el trabajo en los talleres de Imprenta Marechal pero el tiempo les había separado, de todas maneras todos o casi todos siempre se daban una vuelta para invitar a salir a Eduardo que casi siempre les decía que si. Pero todo tiene un límite.
Quizás porque era un tipo raro que no escuchaba cumbias y tenía la costumbre de tratar bien a las mujeres, aún a aquellas que querían que las tratara mal. Cosas de la vida o tal vez era un hombre viejo habitando en el cuerpo de un muchacho joven.

Había probado cocaína por primera vez en la casa del Camilo que ahora estaba muerto y sin velorio por culpa del virus, de la pandemia y de un estúpido viaje al este donde todos volvieron contagiados. Pero claro que en ese momento no lo sabían.
La cocaína le caía mal, la primera vez le dio hipotermia, la segunda vez sintió tremendas palpitaciones y unas ganas enormes de vomitar, nunca hubo tercera vez.
__ Sos un blando viejo, ¡Los metaleros todos curten che!
Eduardo le había sonreído preguntándose: ¿Qué mierda puede opinar de música un flaco que tiene una discoteca llena de discos de Karibe con K?

Ahora era otro muerto de los casi trescientos o cuatrocientos diarios que la ignominia Montevideana le escupe a los pozos ahora sin nombres ni cruces, solamente pozos donde se depositan los perdedores de una guerra que nadie quiso aceptar y pocos combatieron con ganas.

Se imaginó a los sobrevivientes de la barra parados al borde de un enorme cráter con miles de cadáveres incluidos el presidente y el ministro de salud y el párroco de Montevideo monseñor quien sabe que mierda.
El negro Luis: Muerto, Oscar: Muerto, no sabía si Marita vivía porque se había ido al Paraguay y allá las cosas estaban peor que peor. Había dos más: Horacio que solía cuidarse porque era inmune depresivo por sufrir de HIV desde hacía años, así que no podía apostar por él, quedaba entonces Alvarito: el mejor de todos ellos.

__ ¿Estarás vivo Alvarito? __ Pensó una tarde en que se puso a llorar mirando por la ventana del edificio a las calles desiertas donde solamente dos perros se disputaban una bolsa de basura.
Luego de ello respiró mejor, aunque se le dificultaba hacerlo, no dejó entrar a la abuela a tenderle la cama, prefirió hacerlo él mientras el perro saltaba y no lo dejaba alisar las sábanas y le mordía las puntas a las cobijas.

__ ¡No jodas Checho!, ¡Salí de la cama!
Se sentó a mirar la televisión que mostraba la junta de militares a cargo del gobierno desde que murió el presidente víctima del virus tras contagiarse en una junta de ministros. Poco a poco fueron cayendo los de izquierda y los de derecha hasta que quedaron media docena de aterrados parlamentarios en un palacio más desierto que nunca. Y llegaron los milicos.
Otro apagón cortó el discurso de los milicos tratando de justificar su toma del poder, un poder que ahora no significaba nada porque ya casi no quedaba país.

Una voz arenosa dijo a su espalda mientras retornaba la luz: __Si el presidente de los estados unidos preside desde un portaaviones para evitar el contagio y en Europa les disparan a los que andan en la calle durante el toque de queda probablemente en el Uruguay estos pelotudos decreten alguna medida inteligente como que todos nos cortemos el pelo o dejemos de tomar mate…una cosa de esas.
Eduardo miró a su padre que vendía salud, un tipo increíble sin lugar a dudas, un hombre de mucha fuerza y el faro que le llevaba la luz a su diezmado hogar. Porque ellos también habían tenido bajas.

Entró al cuarto y se sentó lejos y muy al lado de la ventana abierta. Hubiera querido abrazarlo pero no era buena idea. La abuela pasó por el corredor y les hizo una guiñada. Eran los últimos sobrevivientes de un mundo en descomposición.

FIN

Comedias para la Cuarentena

3fcba4736d4d6d7a7f2336fe7c4972e9

Comedias para una Cuarentena
Por: Darío Valle Risoto

Siempre es bueno verle el lado bueno a las cosas y dado lo que todo el mundo está experimentando a raíz de esta pandemia, al menos en nuestro país debemos sentirnos bien con tener el confort que lamentablemente no existe en otros sitios de este maltratado planeta. Por lo tanto contar con internet y desde luego la posibilidad de ver series y películas sobretodo ahora que viene la semana de turismo y es más importante que nunca permanecer lo más posible en nuestros hogares comparto con ustedes el contenido de uno de tantos Pendrives que tengo con películas y series y que en este caso he ido llenando con puras comedias, comedias de las que nunca me canso de ver una y otra vez cual niño que ve mil doscientas veces los mismos cartoons.

Están estas películas en cualquier orden por lo que no piensen que es por importancia que me refiero a ellas.

1- Big: con Tom Hanks, conocida en estos lares como. “Quisiera ser grande” trata de un niño de trece años que de la noche a la mañana se despierta con treinta y todo lo que ello trae como conseguirse trabajo, novia, etc.
2-Como si fuera cierto: con Mark Ruffalo y Reese Whisterpon, trata de un reciente viudo que se muda a un apartamento muy barato pero resulta que este tiene una fantasma que es bastante molestosa.
3-Cuestión de Tiempo: película inglesa sobre un joven que descubre que puede viajar en el tiempo con solo entrar a un lugar oscuro y pensar en un momento pasado, allí se va metiendo en diversas complicaciones al tratar de conseguir novia o ayudar a su hermana.
4-Cuatro Bodas y un funeral: con Hugh Grant haciendo lo mejor que puede hacer este inglés y es de si mismo pero todo el elenco de estas historias de bodas es sencillamente fabuloso.
5-Descalzos en el Parque: Las peripecias de Jane Fonda y Robert Redford en sus mejores momentos y el estreno de un apartamento muy humilde en un piso de Manhatan, los vecinos, los parientes, etc.
6-El Profesor Chiflado: La original con Jerry Lewis y esa rubia preciosa de la que no recuerdo el nombre. Un loco profesor que descubre una fórmula para volverse mejor, todo lo contrario de Dr Jekill y Mr: Hyde.
7-Hechizo del tiempo: O el día de la marmota, una reiterada repetición del mismo día llevan a un locutor del estado del tiempo en la televisión a revisar su vida y su relación con su productora. Con Bill Murray.
8-Hombre de Familia: Con Nicholas Cage trata de un hombre de negocios que abandonó a su gran amor en cierta ocasión y ahora gracias a esos milagros de navidad de pronto se despierta en aquella vida que pudo haber tenido.
9-La Extraña Pareja: Jack Lemon se separa y se va a vivir al apartamento de su amigo soltero y juerguista interpretado por Walter Mathau. Excelente historia que juega y mucho con aquello de la relación entre hombres pero con los ojos de 1968. Hubo interesantes secuelas.
10-La chica del Adiós: Otra comedia de Neil Simon como descalzos en el parque, en este caso Richard Dreifus debe compartir apartamento para dividir gastos con una mujer divorciada con una niña que está desencantada de la vida. Espectaculares actuaciones.
11-Mejor Imposible: Jack Nicholson tiene serios problemas para tratar con la gente y debe hacerse cargo de su vecino homosexual atacado durante un robo mientras trata de mantener una amistad con una camarera fabulosamente interpretada por Helen Hunt.
12-Multiplicity: Michael keaton abrumado por su trabajo de constructor de pronto encuentra que clonándose a si mismo podrá disfrutar del tiempo pero todo se complica cuando dos clones más entran en el juego.
13-Pleasantville: Comedia con tintes dramáticos o quizás no con Tobey McGuire y de nuevo Reese Whisterpon que por accidente se meten en una típica serie usamericana de los años 50 donde los roles de la familia estaban determinados por un conservador blanco y negero.
14-The Apartment: Otra comedia con algo de drama donde Jack Lemon comparte su apartamento de soltero para que sus jefes lleven sus “asuntos” mientras se involucra con la asensorista de la compañía, nada menos que Shirley McLaine.
15-Trading Places: Tambien conocida como “de mendigo a millonario” con Eddie Murphy que de vagabundo pasa a cambiar el lugar con un agente de bolsa y allí veremos también la excelente actuación de Jamie Lee Curtis.
16: Siempre tu y yo: Del año 1954 es una comedia típicamente yanqui donde de a poco todo cambiará gracias a la aparición de un Frank Sinatra que camina muy por fuera del sistema donde Doris Day y sus tres hermanas creían estar a gusto.

Bonus Track: Splash y La mujer de cincuenta pies, ambas con Darryl Hanna están recomendables también. Y no olviden la trilogía de Porkys y Despedida de Soltero. 😀

Desde luego que hay cientos o miles de buenas comedias y esto es solo para ayudar a recordar algunas que tengo para ver seguido. Espero les sirvan de algo para sobrellevar estos días de aislamiento.

Curiosidad: Hay dos comedias con Reese Whisterpon y tres con Andie Mc Dowell

Otras opciones.

 

El Retorno de Yith 8: Final

1b

El retorno de Yith 8 – Final
Por: Darío Valle Risoto

En la abyecta mente de la cosa, se debatía un conflicto entre volver a eliminar al extraño o cobrarse una demorada venganza contra el viejo ciego y su mujer la bruja. No cabían ni la moral, ni la ética ni mucho menos un sentimiento de justicia en ese cerebro putrefacto que se escondía dentro de la laminada forma de la cabeza de la bestia si es que se podía llamar de alguna manera. Más en alguna parte el grito de una niña se superponía como si desde el fondo de un oscuro túnel el eco del llamado de una justicia más antigua que la creación asomara la cabeza y pidiera… no: que exigiera que la misma se cumpla.

Así fue como la cosa que anidaba en la tortuosa joroba de Ariadne cobró rápidamente la vida de estos dos vómitos de la naturaleza humana y allí permaneció parada sobre sus garras descansando sobre un desparramo de piel, vísceras, cabellos y restos de los que antes fueran seres vivos pero no merecedores de dicho don.

Al salir de la vieja casa su larga cola golpeó el caldero y volcó este sobre parte de las brasas iniciando un incendio quizás reparador y probablemente necesario. De igual manera la voz seguía dentro de la bestia ahora intentando acallar esa forma, tratando de volver a ser lo que era y por lo tanto de intentar quizás una salvación que de ninguna manera podría sobrevenir.

Paul Stocard encontró otra biblioteca al final del otro corredor, de aquel que no tenía la mala imagen del cadáver que había acabado de encontrar, sin embargo al acercarse a los libros que cubrían tres de las paredes descubrió que sobre una repisa faltaba uno pero… ¿Cómo podía saberlo?

Abrió la enorme ventana de la biblioteca y un viento helado le anunció que la noche se iba a cernir sobre él y la comarca presagiando quizás algo que había temido más que la muerte y era su propia locura. Al mirar a la lejanía descubrió las luces del pueblo de Greenville que comenzaban a encenderse al caer la difusa luz del día. También vio una enorme columna de humo hacia el este, sin dudas era de un incendio y no supo como pensó en Ariadne.

__ Espero que no le haya pasado nada. —Dijo en voz alta quizás para convocar algo de buena suerte en un lugar donde esta parecía haberse marchado hacía centurias.
El libro pudo ser grande dado que la forma del polvo faltante determinaba que era un gran volumen sobre una especie de atril o tarima donde pudo ser fácilmente leído ya que a sus cuatro costados descansaban candelabros de pie con enorme velones negros.

Allá en Boston había conocido al profesor Carter quién daba clases en la universidad de Miskatonic.  Varias veces le había invitado a sus charlas sobre mitos y leyendas de Nueva Inglaterra y el viejo continente, pero nunca había conseguido el tiempo para asistir. De igual manera el veterano educador siempre le contaba cosas que parecían propias de la imaginación de un escritor demente, más no por eso menos interesantes o probablemente lo disparatado de aquellas historias era precisamente lo que les daba ese halo de interés.

Ahora parecía que todo estaba confabulado para no dejarlo irse de Greenville y para colmo de ello conocer a esa niña, casi una mujer, le despertaban sentimientos encontrados y  prohibidos. Se sentó en un enorme sillón apoltronado y se fue quedando dormido mientras todo se oscurecía a su alrededor.

A algunos cientos de metros de allí en el camino que llevaba al pueblo de Greenville una figura se detenía a oler el viento mientras que su cuerpo comenzaba a estremecerse y a cambiar nuevamente. No sabía cómo pero aquella voz de las profundidades más insondables de su primitivo ser habían recobrado del dominio del mismo.

Paul se despertó en medio de una oscuridad tal que apenas cuando encendió un par de velas y recobró el ánimo, tuvo que luchar contra un naciente terror que le había puesto sus pelos de punta. Repasó el camino en su mente y tomando una lámpara de aceite que por suerte pudo encender. En su bolsillo derecho del saco encontró la linterna del hombre muerto que ya no volvió a encenderse por lo que sintió al menos complacido de encontrar la lámpara pero temía quedar de nuevo en penumbras por lo que trató de abandonar la casona lo antes posible.

Cuando dio el primer paso en el exterior se encontró con que bien podría estar en medio de un vacío espacial inmenso, una luna enferma casi rojiza poco ayudaba para tratar de reencontrarse con el camino de regreso pero afortunadamente al sortear el cementerio lo encontró y retomó el camino un poco más tranquilo.

Caminó por un espacio de tiempo indescifrable, por momentos le pareció que estaba definitivamente perdido en ese lugar y que era solamente el fantasma del tipo que fue deambulando por un pasado que creía olvidado. Hubiera dado en ese momento su alma por una petaca con whisky pero a esas alturas ya dudaba de tener un alma dentro de ese cuerpo que por el frío reinante comenzaba a dolerle y mucho.

No supo cómo llegó al hotel, le preguntó al conserje por la muchacha y este le dijo que estaba bien. Mientras cansado y al borde del desmayo subía la escalera el abuelo le dijo que a la mañana un viajante que vendía de pueblo en pueblo iba a pasar por ahí y quizás podía acercarlo a la ciudad más próxima donde tomar su tren.
__ Muchas gracias, caballero. __Le dijo y entró a su cuarto para quedarse completamente dormido y vestido sobre la cama.

 

__ ¡Próxima estación Portland! __Se escuchó por los parlantes de los vagones del tren.
Abrió un ojo y luego el otro, estaba sobre su asiento de forma muy incómoda, se había dormido sentado y le dolía todo el cuerpo. Su portafolio descansaba sobre el piso, se le había caído y estaba abierto mostrando los documentos que llevaba a la junta que se iba a efectuar en la Prensa del Este.

Miró su reloj, estaba a tiempo de llegar, rentar un cuarto y darse un baño antes de que dieran las nueve, la hora de trabajar.
Se dio masajes en el hombro derecho, le dolía de forma infernal, tomó el bronco dilatador del bolsillo del portafolio y se dio una dosis.
Poco a poco recobró la movilidad, arregló los documentos lo cerró, miró por la ventanilla. Afuera el típico paisaje campestre del este comenzó a mostrar casas de campo, luego barrios bajos y finalmente los edificios crecieron hasta mostrar una modesta pero gran ciudad que es Portland.

Antes de bajar pensó en que durante la noche había soñado algo pero no recordaba que, de todas maneras sin saber exactamente sobre que había sido su sueño estaba seguro de que era una pesadilla porque el corazón aún le palpitaba de forma extraña.
Al abandonar el tren tomó un taxi en la estación, el chófer era un indio que escuchaba música de su país a todo trapo y le tuvo que pedir que baje el volumen porque comenzaba a dolerle la cabeza.

Fue cuando se estaba bañando en el hotel que comenzaron algunas imágenes como flashes a mostrarle cosas antes nunca imaginadas pero que de alguna manera eran demasiado convincentes como para ser producto exclusivo de su imaginación e inexorablemente comenzó a hacerse a la idea de que todo eso que se le volvía a despeñar de sus más oscuros recuerdos eran parte de algo tan vívido como real y espeluznante.

Cuando por fin terminó de darle forma a cada uno de esos recuerdos se tiró por la ventana del doceavo piso.

FIN

El año de Nora

BNG (1)

El año de Nora
Por: Darío Valle Risoto

A todos nos sucedió alguna vez que sin conocer a alguien parece sin embargo que de alguna manera nos sentimos familiares, de allí a forjar una amistad suele ser algo tan sencillo y fuera de planificación que solamente surge. Algo así me pasó con Nora, hace muchos años atrás, allá por los noventas del siglo pasado.

En el liceo nocturno yo no me caracterizaba por ser demasiado amigable, ponía suma atención en las clases y trataba de aprender de la mejor manera posible pero en las pausas me retiraba al patio o los corredores para escuchar mis walkmans por lo que en la clase de seguro me tomaban por un antisocial.

De la variopinta humanidad de mi clase destacaban varios, teníamos a Abel un homosexual muy maricón que era un genio en matemáticas y ayudaba a muchos con sus tareas, a las hermanas Farías que eran muy izquierdistas y siempre andaban trayendo panfletos, libros, etc. y allá como quince días después de comenzar las clases apareció Nora, la que no es fácil de describir porque de verdad era una persona excepcional.

Sin dudas pertenecía a una clase social bastante desprotegida, se notaba en su ropa y hasta en determinada forma de hablar pero en toda ella, se notaba un afán de superación notable y por sobretodas las cosas, un infatigable optimismo. Era alta, llevaba el cabello casi siempre atado en un moño aunque teñido de rubio pero le quedaba muy bien a su rostro cuadrado, casi nórdico.

Recuerdo muy bien su campera verde aviadora, sus eternos jeans celestes y su altura casi igual a la mía además de un cuerpo grande pero perfectamente proporcionado aunque al promediar el año se comenzó a notar que estaba embarazada. Nora estaba casada con un camionero y siempre bromeaba que casi no veía a su marido, lo que era muy bueno para ambos.

Nunca supe como hizo para acercarse a mí, creo que fue hablando de música o porque también a ella le suscitaba curiosidad que haya esa suerte de familiaridad entre dos completos extraños como éramos. Así una fría noche de Junio terminamos tomando capuchinos calientes en el Bar Cervantes mientras a nuestras espaldas pasaban el partido de Uruguay y argentina que no nos interesaba para nada a diferencia del público presente que gritaba y vitoreaba a la celeste.

Era un viernes, lo recuerdo bien porque ninguno de los dos quería abandonar la conversación, era como si ambos supiéramos que teníamos que si o si profundizar nuestra relación aunque nos costara luego cargar el terrible lastre de la distancia.

Le dije que tenía manos perfectas y ella me confesó que le gustaba mi cabello largo. Sonreía mucho y en el brillo de sus ojos adiviné que estaba dispuesta a seguirme donde fuera y por lo tanto hice algo que nunca había hecho en mi vida y fue decirle que en ese momento no pensaba en otra cosa que pasar la noche con ella y que me disculpara porque evidentemente era una mujer casada y además estaba embarazada, lo que era por cierto una doble locura.

Esa noche descubrí que de verdad la vida nos presenta momentos absolutamente inesperados que sin embargo pasarán a formar parte indeleble de las ocasiones que de ninguna manera vamos a olvidar así pasen cien años. Esa noche fuimos a un hotel con Nora y nos vimos desnudos uno al otro mientras no sentimos en ningún momento que era nuestra primera vez sino todo lo contrario. Fue como reencontrarnos luego de un largo viaje individual para fundirnos en algo absolutamente nuevo.

Demás está decir que seguimos siendo amigos y que sin embargo jamás volvimos a tener relaciones, surgió así, no se conversó ni nos pusimos de acuerdo, pero era quizás la mejor decisión dada su condición y mi absoluta inmadurez en aquellos días.

A fin de año nos despedimos para siempre porque ella y su marido, así como sus cuatro hijos, más el que estaba por llegar se iban a vivir al Paraguay. Fue la única vez que vi llorar a Nora y la última vez que amé tanto a alguien.

FIN

Cuento inspirado en un sueño muy realista que tuve esta noche.

 

¡Que bien que habla!

no linche ladrones

¡Qué bien que habla!
Por: Darío Valle Risoto

__ ¡Qué bien que habla! ___Manifestaba la gente, mientas levantaban sus banderitas y allí iba el doctor que desde el auto descapotable de manufactura italiana saludaba vehementemente a la muchedumbre.
Habían estado en el club social disertando sobre la necesidad de un cambio estructural en la sociedad, algo que a todos dejaba con el sabor de oreja de andar escuchando cosas necesarias, que no se entienden una mierda, pero necesarias.

El comunismo era un peligro, todos lo sabían, lo entendían o creían saberlo, sobretodo porque estaba propiciando la cultura del atorrantismo, aquello de andar ayudando a los que no trabajan no le gusta a nadie, menos a quienes son obreros o empleadas domésticas y se dejan explotar como dios manda pero no toleran que otros más pobres reciban esos pesos cagados con que se terminan comprando vino o drogas.

El doctor y sus laderos saben acurrucar como niños a los pobres e ignorantes. Mientras unos pocos desde la vereda de enfrente mueven la cabeza con la resignación de aquel que intentó decirles a los tontos que el sol no se puede tapar con un dedo y mucho menos enfriar tirándole agua.

La realidad es una quimera en manos del doctorado cristiano y ortodoxo de la vieja patria gaucha y tan depredadora de la gente como el mejor capitalismo europeo o se me haga la boca a un lao: yanqui. Así es la cosa, los votos se compran con chorizos y vino, un abrazo aquí, una promesa allá, un cargo en la intendencia, quizás una nueva columna de alumbrado y los caños para que doña Laura pueda cagar a gusto que nunca se terminan de colocar porque las demoras siempre terminan siendo cosa de los comunistas del sindicato que tiran para atrás y se roban los cables y las palas y quien sabe que más.

El doctor huele lindo, usa camisas blancas o celestes y besa la bandera y todos aplauden y va a la iglesia y reza y tiene un hijo militar y el otro en el seminario para los contras se mueran de envidia ante el progreso de la gente. El doctor ya fundió cuatro bancos, se robó la mitad del país y aún así tiene dos estancias enormes donde les da trabajo a sus peones las veinticuatro horas del día… y de la noche, faltaba más.

El doctor no entiende que puta es ser pobre porque nunca pasó hambre, pero odia a los comunistas desde que aquel capataz le dijo que se meta la estancia en el culo y que de alguna manera le iba a pagar lo que le debía y después le quemó el granero y lo que era peor le rayó la Ferrari. ¿A quién se le ocurre llevar ese carro a una estancia?

Lo mandó preso al subversivo y allí estará encanado por contrario a las buenas costumbres que deben regir, ya sabemos que los comunachos odian a la familia y quieren que como en Rusia los niños se lleven pa´la Siberia a quien sabe hacer qué para el partido.

El doctor tiene una esposa linda que le echa los cuernos, los muchachos del comité lo saben porque es con el licenciado aquel que dijo un día que el país iba a tener un mejor futuro con este presidente…todavía lo estamos esperando. Al menos el le sulfatea la parra a la esposa del susodicho y eso no es poca cosa, al menos se la ve más sonriente cada día mientras el Tordo está cada vez más pelado.

El doctor habla lindo, de eso te enseñan en Harvard y además fue a Wall Street, a West Ponit y seguramente hasta a Hollywood y de seguro, seguro a Disney World porque de algo en que los de aquí y los de allá están de acuerdo es que el doctor como el tal congelado Walt Disney: Se sabe todos los cuentos.

Grettel en Sherwood (Cuento infantil)

92c04ffa1b3f5f761cc883f38ce1d47f

Grettel en Sherwood
Por: Darío Valle Risoto

El bosque aún a pleno día estaba sombrío. Le gustaba ver el reflejo del potente sol del verano dibujando contraluces entre las infinitas sobras de las hojas de los enormes arboles. Había seguido el camino durante cerca de una hora que le había parecido una eternidad, de pronto se encontró ante una bifurcación de este con una senda a la izquierda de la izquierda o a la derecha de la derecha, depende de donde se las mire.

Se sentó en un tronco caído y sacó un trozo de pastel que llevaba en su bolsa de piel, masticó pausadamente mientras decidía para cual dirección continuar su búsqueda. Después de todo no tenía la más remota idea de donde podría estar su hermano. El imprevisto silencio de los pájaros la hizo ponerse en guardia cuando en el camino de la derecha notó que una sombra se acercaba. Eran oscuros tiempos donde un extraño en medio del bosque puede significar un asalto o algo peor.

__ ¿Quien vive? __Preguntó con voz firme. Era una niña alta y fuerte pese a sus once años. Lamentó no haber traído al menos un bastón con que defenderse pero en su ausencia tomó una ruda piedra del costado del tronco donde hasta el momento estaba sentada.

__ No te asustes, solamente regreso de la casa de mi abuela, no me tengas miedo.
Era otra niña tal vez un poco mayor que ella, llevaba un atuendo bastante extraño en la comarca.
__ ¿Qué es eso?
__ Es mi caperuza, ya sé que no es un color normal, me la regaló mi abuela, por eso en mi pueblo me llaman: “Caperucita Roja”, pero me llamo Casandra.

La miró de arriba abajo, era linda, no parecía tan pobre como ella o todos los que conocía, tal vez tuviera sangre noble o fuera de aquel pueblo donde la gente suele tener la rara costumbre de bañarse casi todos los días.

__ Yo soy Grettel y estoy buscando a mi hermano Hansel que fue a la casa de su novia y no regresó, de eso hace dos días y estoy preocupada.
__ No es para menos, este bosque parece interminable, yo lo cruzo a diario por este mismo camino y solamente me he encontrado con el lobo un par de veces pero ya somos amigos.
__ ¿Eres amiga del lobo?
__ Si, del grande, el que tiene una mancha blanca alrededor del ojo derecho. ¿Lo has visto?
__ Por suerte no, Caperucita. Bueno, creo que debo seguir, al menos ya sé que por tu camino no debe haber ido, así que tomaré el de la izquierda.
__ Si quieres te puedo acompañar, de todos modos ya le llevé la comida a mi abuela y en casa no se preocupan por mí desde que cumplí los doce porque ya sabes: ya soy mayor.
__ Mi hermano es novio de la bruja, ya sé que es una mujer mayor pero le curó su sarpullido y a veces me manda caramelos, vive en una casa que parece de chocolate y frutillas. ¿La has visto?
Caperucita aceptó por cumplido un trozo de pastel de Grettel aunque no tenía hambre, pensó un momento y solamente recordaba que en su pueblo le habían hablado de una vieja loca que tiene una casa de caramelos y que se come a los niños. Así se lo contó a Grettel que rompió a llorar de la risa.

__ Si su casa fuera de caramelo ya estaría comida por los bichos, la gente dice cualquier cosa, fíjate que la llaman vieja y solo tiene veinte años., lo que pasa que tiene el pelo blanco desde que se asustó cuando mataron a Robin Hood frente a su familia hace muchos años.
__ ¿Es cierto que los colgaron a todos?
__ Si, y los dejaron para ejemplo de lo que nos puede pasar si nos oponemos al rey.
__ ¿Y cuántos años tiene tu hermano?
__ Once como yo, somos gemelos.
__ Igual es mucha la diferencia, si me lo permites.
__ Bueno mi hermano dice que es un amor daltónico, ya sabes, cuando no se tocan y son aburridos. __Lanzó una sonrisa picarona mientras se adentraba por la senda elegida.

Caminaron en silencio hasta que la sombra del lobo los sobresaltó. Grettel se aferró a la capa de Casandra que sonrió. Le dijo que a veces la seguía para protegerla de los demás animales del bosque porque también había: zorrillos, pumas, tigres, leones y tal vez hasta algún dragón.

Cuando ya estaba convencida de que no iba a encontrar jamás la casa de la bruja Caperucita le indicó una señal de humo sobre los arboles y evidentemente era el producto de una chimenea. En un claro del mismo bosque a la vera de un caudaloso río encontraron una enorme cabaña hecha con troncos de árbol por donde evidentemente salía el humo y había olor a carne asada en el aire.

__ ¿Quién es? __ Preguntó una voz desde adentro tras el golpe de las palmas de las manos de las niñas para hacerse notar.
Les abrió la puerta un enorme oso grizzli, llevaba un sombrero verde y un corbatín banco.
__ Somos Grettel y Cape.., Casandra, estamos buscando a mi hermano Hansel.
__ No hemos visto a ningún niño, vamos a cenar con mi señora y mi hijo, si quieren pueden quedarse a comer pero no creo que el guste el menú.

__ No se preocupen, muchas gracias, mejor nos vamos. __Dijo rápidamente Casandra y ambas se retiraron. Al volver al camino le indicó que el aroma de la carne azada era de carne humana, que ella lo sabía bien porque era el mismo olor particular que se siente cuando queman brujas en su pueblo.
__ ¿Y a quien se estarán almorzando?
__ Debe ser esa loca de Rizos de oro que anda robando y quedándose a dormir en las casas ajenas, conozco bien a la familia oso y ya estaban hartos de denunciarla con el comisario de Sherwood pero como esa niña es de sangre azul ni pelota.
__ ¡Caníbales!
__ En realidad lo serían si se estuvieran comiendo a otro oso, en este caso solo es justicia culinaria. __ Dijo Caperucita.
__ Eres muy inteligente amiga, me siento muy confortada de haberte encontrado y no a ese pelotudo de Pinocho.
__ ¡También lo conoces! __Exclamó pegándose en la frente por la sorpresa.
__ ¿No es insoportable?, Siempre haciendo gala de que es un niño artificial y de madera y que por lo tanto no necesita vivir como nosotros los mortales y unas cuantas bobadas por el estilo.
__ Le vi el pito y no mide más que mi meñique.
__ ¡Ja, ja, ja!

Dejaron la cabaña y el aroma de carnes azadas atrás y retomaron la senda, poco después sobre un muro de piedra se toparon con Rapunzel que completamente rapada intentaba tocar el laúd lanzando unas notas disonantes que hacían que medio bosque temblara.
__ A esta desde que la madrastra le cortó ese pelo de mierda ya nadie la aguanta, debería ennoviarse con pinocho.
__ No sería mala idea.
__ Hola Rapu, ¿Cómo estás?
__ ¿Caperucita Roja y Grettel juntas?, ¡pero qué sorpresa!
__ Me llamo Casandra pelotuda.
__ Pinocho anduvo preguntando por vos, creo que le gustas. __Dijo con gesto malicioso Grettel antes de que Caperucita le dé un golpe.

__ ¿En serio?, ¿No me joden?, ¡Estoy tan sola y pelada!, ¿Pero no tiene el pene más chico que el meñique?
__ Si, es verdad, pero la nariz le crece y mucho, podrías arreglártela con eso, además es mejor que nada porque la verdad sós una cheta insoportable y nadie te aguanta, ni Walt Disney.

Y allá se fueron escuchando las notas disonantes del laúd mientras algunas aves caían muertas a su alrededor.

Ya cuando estaban a punto de volver temiendo que se haga de noche en otro recodo del camino se encontraron nada menos que con Hansel que venía chiflando aparentemente ajeno a que faltaba de su casa por casi dos días.
__ ¡Pedazo de pelotudo! ¿Dónde estabas todo este tiempo?
__ ¿Y esta nena de caperuza roja quién es? __ Preguntó poniendo cara de seductor aunque sus acné no le ayudaba mucho.
__ Casandra, me llamo Casandra carajo.
__ es un gusto: Casandra Carajo, Yo soy Hansel.

Grettel lo tomó de la camisa y acercó su rostro al de su hermano con ganas de darle un cabezazo pero primó la sensatez y sólo le mordió la nariz.
__ Íbamos a la casa de la bruja, de seguro te quedaste allí.
__ ¡Hay! __Gritó de dolor y la apartó con una patada. __ No, ya me pelié con esa loca, es insoportable y me toca mucho las partes. Pero no se preocupen, ya estoy saliendo con alguien que no es tan exigente y nos reímos mucho cuando cuenta mentiras.
__ ¿Con quién? __Preguntaron a coro Caperucita y Grettel.
__ Con Pinocho.

FIN.

El Retorno de Yith 7

1e149d8bda174fe537945c03a7e254ac

El retorno de Yith 7
Por: Darío Valle Risoto

El camino a la mansión Stocard estaba prácticamente cubierto por la misma gramilla amarillenta con olor a podredumbre de toda la zona. Paul subió los ocho escalones hasta la casa, la breve escalera era de un mármol blanco que estaba completamente sucio y cubierto de enredaderas. Toda la enorme mansión estaba invadida por unas enredaderas extrañas que como brazos sibilantes lo cubrían todo, hasta parte de las grandes ventanas de doble hoja.

De todas formas y pese al evidente paso del inexorable tiempo la casa parecía tener buena salud, lo que comprobó al entrar sin dificultad porque la gran puerta del frente cedió sin problemas a su empuje, demostrando que nadie se había preocupado en cerrarla bajo llaves.

Un chirrido como especie de lamento del hierro le hizo sonreír como para ocultar sus propios nervios al dar un paso dentro de la casa y seguramente a un pasado que nunca hubiera querido saber ni menos enterarse.

Rápidamente repasó en su memoria inmediata la extraña sensación de haberse quedado en esa ciudad o pueblo de Greenville a razón de dormirse camino a un trabajo que la verdad ya no le importaba absolutamente nada, porque en su profundo y abismal interior sabía que jamás su vida volvería a ser la de siempre tras haber bajado de ese aciago tren en las comarcas de la mágica Nueva Inglaterra.

Por un momento se sintió perturbado por la enorme sala de entrada con una gran escalera en frente que mostraba cuadros cubiertos por el moho, seguramente de viejos familiares de la dinastía Stocard. No pudo evitar sentir que ahora era definitivamente alguien en la vida aunque en su mente resonaban las historias de un viejo esclavista y su mujer de raza negra, la que era sinónimo de magia y brujerías antiguas y por ende perseguida por un cristianismo que a sangre, muerte y fuego pretendía enseñar amor.

En su imaginación a punto de sucumbir al miedo pudo ver como transparentándose a viejas estampas de tiempos de la conquista en que un hombre regordete con la clásica peluca blanca pateaba en el piso a una esclava negra de particular belleza. Ella le miraba con odio pero sin proferir un solo grito o demostración de dolor.

__ ¡Maldita perra!, ¡Ya vas a aceptar que hay un único dios y es blanco y que ustedes los malditos negros son la descendencia del mismo diablo! __Le decía alcoholizado y demente mientras sus botas le daban golpes en las costillas a la mujer desnuda.

Paul se quitó los lentes y se rascó la cabeza, los limpió con su pañuelo y miró al techo, allí había pintados ciertos pasajes bíblicos que ahora permanecían prácticamente borrados por el paso de los años. Al subir por las escaleras de mármol al primer piso sintió el viejo aroma de la humedad y la corrosión junto a una especie de halo frío que le hizo erizar los pelos de la nuca. Al ponerse los lentes quedó en frente a un enorme cuadro con su quizás abuelo lejano.

Había dos corredores a izquierda y derecha con ese inquietante cuadro en medio, contó seis habitaciones por lado además de otra escalera que conduciría a una segunda planta o quizás al ático. Estaba un poco oscuro, encontró una lámpara de aceite pero fue inútil prenderla. Hasta que un bulto a su izquierda le pareció familiarmente humano y en la semi oscuridad encontró lo que nunca se hubiera imaginado.

Era el cadáver de un hombre con evidentemente algunos años en ese lugar, tenía a su costado una mochila donde encontró una proverbial linterna. El hombre yacía sentado contra una pared casi arrinconado junto a una vieja estatua. Tenía el cuello partido y apenas se podían determinar sus facciones porque estaba completamente carcomido por el paso de los años que no podían ser menos de veinte o treinta.

__ Howard Craftlover.
Una vieja tarjeta apenas legible daba su nombre y que era de nacionalidad inglesa. Paul se preguntó que estaría haciendo allí y a la vez al comprobar que la linterna por suerte seguía funcionando la volvió a apagar porque desconocía cuanto podrían durar sus viejas baterías.

Había una navaja de dimensiones bastante interesantes, un sombrero, una brújula y una libreta de apuntes que guardó de nuevo en la bolsa y tras sacudirla del polvo con mucha presteza se colgó en el hombro.

Las paredes del primer piso supieron tener papeles pintados con interesantes diseños marítimos, no debía olvidar que las costas estarían suficientemente cerca de ese lugar como para que todo lo relacionado con el magnífico mundo del mar tuviera relevancia. Más el pulpo que en primer momento parecía engalanar las paredes tenía algo de extraordinario. Era un dibujo particularmente raro, a primera vista parecería una flor pero al acercarse a uno que estaba bastante mejor conservado encontró cierta semejanza entre la cabeza del animal y el diseño que había visto en la estatua de la plaza de Greenville e inmediatamente una palabra se coló en su mente como si hubiera surgido de una atávico conocimiento que jamás debió resucitar: Yith.

En determinado momento sintió una especie de mareo y al intentar abrir la ventana que se enconaba al final del corredor sintió como una vacilación a su alrededor y una especie de conmoción que lo hizo apoyarse en una de las paredes al mismo momento que todo a su alrededor comenzaba a desaparecer devorado por una oscuridad que no provenía de ninguna parte en especial.

El viejo ciego abrazaba a su mujer por detrás mientras ella seguía revolviendo una pequeña olla que calentaba sobre la cocina a leña. Adentro un líquido verde espeso lanzaba aroma a diferentes hierbas.

__ Te dije que ese libro lo sabe todo, todo. __Le dijo con su boca casi carente de dientes mientras miraba a una cercana mesa donde descansaba “un viejo volumen”
__ Solo la Biblia lo sabe todo.
__ ¡Por favor mujer!, ¡A veces no sé cuando hablas en serio o estás siendo sarcástica!
Ella lo apartó y comenzó a reírse de forma demencial mientras se quitaba las ropas, su marido sonriendo comenzó a acariciarla hasta que algo los detuvo en seco.

Algo se arrastraba hacia la casa, algo que ambos habían evitado reconocer porque lo esperaban desde hacía tiempo y sin embargo querían que jamás llegara porque era entonces el agorero anuncio del fin de su tiempo.
__ ¡Debiste quedarte en su espalda maldita peste inmunda!. ¡Debiste alimentarte de la niña sin jodernos!

La Bruja completamente desnuda y mostrando su cuerpo carente por completo de algún atractivo apenas si pudo llegar a acercarse a una cuchilla de cocina que pretendía usar para alejar a aquella cosa. Un rápido movimiento de uno de sus tentáculos la penetró por el estómago y subiendo por dentro de su cuerpo salió por su boca levantándola a toda ella como si fuera un enorme y gordo títere de carne sanguinolenta.

Aunque carente de una visión normal Desmoines lo pudo ver todo dentro de su cabeza hasta que para él también fue demasiado tarde.

Continuará.