Reflexiones de un día de lluvia

 

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Por: Darío valle Risoto

El día se ha tornado difícil, primero fui al centro casi bajo la lluvia para tratar de ver cómo andan mis temas por la jubilación y luego de deambular entre diferentes oficinas volví a la casilla de salida como quién es el peón del ludo. El rio Miguelete está casi por desbordar, señal de que ha llovido más de lo que yo creía, minutos antes vi la torre de Sanguinetti, si, la de Antel casi cubierta por la niebla mientras pensaba en aquella invasión de robots gigantes del video de Snake.

Pienso en las diferentes estrategias para combatir la pandemia del coronavirus, en la obligación de entrar a oficinas públicas con tapabocas y en todos los funcionarios sin estos que atienden a la gente en el primer piso, los del segundo si los llevan puestos, puede ser una cuestión de alturas quizás. Y pienso y pienso que ya estamos un poco hartos de lo que vuelve a sucedernos a aquellos que observamos más de la cuenta a la gente que está más perdida que un gato entre los yuyos.

Un muchacho en la avenida Fernández Crespo me pide una moneda para comer, lleva sobre la espalda una fina frazada y está flaco el flaco y le doy apenas cinco pesos de mierda y recién me acabo de dar cuenta que debí darle más, en vez de comprar ese azucarero al pedo en el Devoto momentos después.

Vuelve a llover y Pochita anda afuera de nuevo, gata de mierdita que ama la libertad más que nadie y que se le va a hacer, pienso y espero que se asome a la ventana para abrirle. Los hijos duermen en mi cama, de rato en rato entro y los acaricio porque me parece mentira esta nueva familia que después de todo es mucho mejor que tener otra más humana… y son más baratos.

Cuantas lluvias, cuánto tiempo ha pasado desde aquella lluvia que traía a mi padre empapado pero con su eterna bolsa de arpillera con frutas y verduras, cuánto tiempo ha pasado desde aquel día de lluvia en que mi madre me acompañó a la escuela y yo con una capa de un material duro que me era muy incómoda y para colmo medio atacado de asma. Cuanta lluvia la de aquella lluvia en que me volví a casa otra vez sin decirle a ella que me gustaba y sin embargo ahora sé que fue bueno no decirle absolutamente nada.

FIN.

Allá por el 76 en Montevideo

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Allá por el 1976
Por: Darío Valle Risoto

Nada sabíamos de política, del comunismo ni de la democracia, en aquel otoño del setenta y seis éramos suficientemente felices porque teníamos trece años y nadie nos contaba lo que sucedía en los sórdidos cuarteles o lo que tenían planeado allá en el pentágono los cuervos de América amparados en las alas del cóndor traidor.

Cambiaron los uniformes del liceo, del sacrifico para comprarme una camisa blanca, un saco gris y una corbata verde mi padre tuvo que redoblar el yugo de laburante para comprarme una camisa celeste, un saco azul y una corbata roja. Caprichos de una dictadura que amaba los uniformes aunque nosotros no entendíamos nada de eso.

En el liceo soportábamos el acoso constante de profesores y adscritos, los peores eran los porteros todos milicos jubilados que nos exigían el pelo corto por encima del cuello de la camisa y los jeans estaban absolutamente prohibidos, tanto como entrar sin corbata o sin el emblema del liceo catorce en el pecho.

Estudiar era una prisión donde no sabíamos que mierda estaban tratando de hacer de nosotros. Éramos un montón de adolescentes y solamente pensábamos en un sexo tan lejano como fantástico, solo posible a través de las películas del cine intermezzo o alguna revista sueca donde se retrataba lo que nunca hubiéramos imaginado.

Nos enamorábamos de pibas tetonas, de gorditas culonas, de modelos para armar y nunca desarmar, estábamos dentro del sistema sin saberlo y en el trataban de militarizarnos la cabeza con lesiones de democracia, códigos civiles y el problema de dios en literatura. Teníamos un milico profesor de moral que tenía los pantalones cocidos mal y se le notaba la ignorancia y la pobreza por partes iguales. Vaya uno a saber cómo había caído en el sistema educativo porque el tipo apenas sabía hablar.

Me daba lástima, todos se reían de él y parecía no darse cuenta, cierta vez llegó con la bragueta abierta, se le veían los calzoncillos blancos. Una compañera fue y le habló bajito al oído, el tipo quedó colorado y se subió el cierre. Era un pobre milico desgraciado, lástima que así no eran todos o eran portadores de desgracias peores que estas.

En el setenta y seis la represión y la tortura vivían y coleaban, se encontraron cadáveres atados con alambres en el rio de la plata, de seguro eran marineros chinos o coreanos decía la prensa, luego no se habló más del tema. Mi padre puteaba de lo lindo cuando aparecía un milico en la televisión y mi madre se disgustaba con él.

Éramos inocentes, muchos de nosotros aprendimos la historia reciente unos años después cuando perdieron el referéndum para cambiar la constitución y poco a poco se fue dando la democracia, la misma democracia que tutelada mantenía a los mismos rostros, los mismos doctores, los mismos de siempre pero ahora todos creíamos que íbamos a estar mejor… no fue tan cierto.

La gente entonces comenzó a hablar libremente de sus lados políticos y descubrí por ejemplo que aquel almacenero era comunista y que el hijo de René la patrona de la madrastra de mi padre fue arrestado por tupamaro y jamás se supo que fue de su vida al poco tiempo a la madre la operaron de la cabeza y se recuperó. Nunca supe que pasó con el hijo y solo recuerdo que en su cuarto tenía avioncitos de juguete y de que iba a la universidad y era súper educado.

En la escuela Sanguinetti había kermeses y a veces iba el mayor Muiño con la banda militar a tocar música y yo iba con mis padres y el mayor un día saluda a mi viejo y mi padre se moría de vergüenza abrazado por el milico entre medio barrio. Resulta que el mayor iba a comprar al mercado al puesto donde trabajaba mi padre y de allí lo conocía.

Ningún testigo es inocente y todos guardan un muerto en el ropero, debimos redefinirnos ya crecidos y a mí me tocó: Anarquista, pero no sin una larga evolución de colorado a blanco a me cago en todo y finalmente a anarquista con una defensa férrea del frente amplio pese a todo porque antes que nada la izquierda y después los matices.

En el ochenta y uno volví al liceo catorce pero en el nocturno, todavía había dictadura pero éramos más grandes y ya no nos tragábamos cualquier verso, además éramos gente que trabajaba de día. Cierta vez un profesor de historia nos contaba que en la Unión Soviética no existía la libertad de desplazamiento y que sus ciudadanos debían pedir permiso al estado para viajar de una ciudad a otra, no como acá que podemos ir a donde queramos libremente.

Y yo levanté la mano y le pregunté al tipo: __ ¿De qué me sirve tener libertad de movimiento si la mayoría de las veces no tengo ni para el boleto para venir al liceo?

FIN

El verano de Adriana (Cuento)

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El verano de Adriana
Por: Darío Valle Risoto

Recuerdo claramente aquella tarde de verano. a Adriana llegando a mi lado luego de evidentemente haberse dado un baño, su aroma a lavanda, su cabello corto y negro y el incesante canto de los pájaros en los árboles del Chalet de sus abuelos. Su sonrisa al venir con dos cervezas chicas en sus perfectas manos y alcanzarme una, allí donde yo estaba sentado en el porche mirando a las gallinas corriendo por el césped con sus pollitos dorados detrás.

Sé que le dije algo, tal vez un agradecimiento o un chiste que no recuerdo ahora, pero sí que su rostro se iluminó y se sentó en su sillón de mimbre con su vestido indio de colores cálidos y que la miré y amé sus piernas y sus pies perfectos como toda ella: flaca y joven a sus veinte años. Recuerdo que estaba descalza y que yo tenía una camisa celeste remangada y unos jeans cortados muy desprolijos y sucios y que me levanté y casi que me senté entre sus piernas sobre el piso afortunadamente helado entre tanto calor veraniego.

Gotitas de agua aún adornaban sus piernas y sé que levanté apenas su vestido y luego más y más para comprobar que no llevaba ropa interior y recuerdo también que no hizo nada para retirar mi cabeza que lamió su sexo como si fuera el más dulce de los néctares y de verdad que sentí que lo era, yo, precisamente yo que no debía estar haciendo tal cosa y mucho menos con ella.

Mareado por ese extraño e insondable momento mi mente voló a lugares inesperados y recordé mi primer y último viaje a Beirut en mil novecientos ochenta y dos y al tío Oscar entrando a comprar a aquel mercado y luego la explosión y ya no más tío, no más excursión a cercano oriente y no más fe en Cristo, dios o lo que aconseje el miedo en esta vida imperfecta.

Adriana se convulsionó en un orgasmo manifiesto y profundo que me atravesó la mente trayéndome a ese preciso momento en que le practicaba sexo oral a la novia de mi mejor amigo y pensar en que ella tampoco había hecho nada para rehusarse porque hay cosas que la naturaleza dicta y los cuerpos obedecen porque son cuerpos y nada más, no ayudaba en nada.

Entró en silencio al chalet y seguí tomando la cerveza que ahora estaba tibia y tenía gusto a ella y me sentí culpable, más por pensar en que quizás no se lo había hecho bien por ser mi primera vez en esos temas, que por haber traicionado así la lealtad que se debe tener ante un amigo de toda la vida como Felipe.

Por supuesto que me sentí una mierda aunque había un sentimiento que no era de ese momento sino anterior quizás desde el día en que el loco me había presentado a la flaca en la facultad y yo comprendía que era mucho para él, demasiado, que era mucho para cualquiera esa mujer imponente de sonrisa cristalina, cabellos cortitos como lesbiana y una franca naturaleza pasional y divertida.

La tarde comenzaba a caer y escuché a Felipe despedirse de los hermanos Gonzales del otro lado de la cerca de madera y vi que me mostraba ya desde la entrada dos enormes corvinas que habían pescado con un gesto orgulloso en su rostro flanco y campechano. Me recriminó el no haberlos acompañado aunque sabía que no me gustaba la pesca pero esa vez le dije que sí, que debí haber ido y él me miró quizás descubriendo el velo traicionero en mis ojos, que le escapaban a los suyos porque temían aún conservar la fotografía de la usurpación.

El resto del fin de semana transcurrió sin contratiempos, ella como si nada hubiera pasado y yo como si cargara el peso de un mundo entero clavándome en el corazón las estacas de ser una basura humana que no merece ningún tipo de respeto y si todo su castigo.

El tiempo nos trajo distancia. De alguna manera el recuerdo de aquello me fue alejando de la amistad con Felipe que luego se mudó con ella a España, se casaron, pero no fui a la boda. Recordé aquel momento y aquel verano innumerables veces y hasta soñé que justo al lado del chalet explotaba aquella bomba de Beirut y que el tío volaba en pedazos solamente para recordarme que la vida es infinitamente corta y que los hombres somos unos monstruos débiles.

Pasaron casi veinte años y aquel momento me definió como un hombre silencioso y solitario porque nunca me perdoné ese enorme desliz. sé que tuvieron hijos y sé que luego se divorciaron porque ella me escribió y me lo contó como si debiera interesarme que volvía a estar soltera o tuviéramos que cerrar alguna especie de historia inconclusa.

Jamás le contesté, pero debo reconocer que sigo enamorado intensamente de aquella Adriana del vestido indio de colores cálidos y sonrisa sideral.

FIN

La motoquera fantasma (Cuento)

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La Motoquera fantasma
Por: Darío Valle Risoto

Había llegado en moto, cosa rara en una mujer, más en aquellos tiempos. Era alta, flaca, de cabellos negros, lacios y con el fuselaje muy bien puesto en su lugar. Todo lo que le gustaba a Daniel que tomaba su cerveza mientras escuchaba como el cuarto tema de Gal Costa y ya pensaba en tirarle con un cenicero al parlante que tenía más cerca.
Apoyó el casco en su mesa y pidió también “Una Patricia”. Daniel pensó varias veces en levantarse y arrimarse a su sitio para proponerle sentarse juntos, pero no hubo forma de idear una frase lo suficientemente contundente como para que esa flaca que “se partía” le diera la mínima bola. Hasta que pasó lo que siempre tiene que pasar.

Escuchó el estruendo de otra moto detenerse en la puerta de: “perdidos en la noche” y entró este tipo alto, enorme, pelado con su campera de cuero, su barba desprolija y un casco integral en la mano.
Todos sabemos al lado de quien se fue a sentar.

Daniel sintió el alivio de no haberse atrevido a “tirarle los perros” a la flaca que le dio un corto beso al recién llegado y pidieron otra cerveza. Cuando y pasó al lado de la pareja rumbo a la barra sintió el fuerte olor a cannabis que emanaba del pelado fumeta.

Wilson lavaba copas, era el dueño de ese querido antro.
__ ¿Linda la flaca? __Le preguntó, sin mirarla pero viendo a Daniel a los ojos con esa mirada de siquiatra que le molestaba bastante. Sobre todo en esos temas.
__ Estuve a punto de ir a su mesa para invitarla a sentarnos juntos… menos mal.
__ Ese es su compañero, es un conocido Dealer, vive más adentro de la cárcel que afuera, así que si conoces a la flaca podrías salir con ella cuando el tipo caiga de nuevo y ya te digo…
__ No gracias, no quiero terminar en una cuneta. Aunque la verdad es realmente hermosa y anda en moto, podría valer el riesgo, cualquier riesgo.
__ ¿Te parece raro que maneje una moto?
__ Bueno, se supone que son cosas de hombres… las motos: digo, aunque allá en el liceo Bauzá nocturno había otra mina que iba en moto y tenía en común con esta que tampoco me daba bola.
__ Mirella te podría sorprender, estudió sicología pero dejó a los dos años, por eso viene por acá, a veces se sienta en la barra a conversar sobre todo cuando “El oso” está a la sombra en la gayola. __ Sonrió de sí mismo y su lenguaje lunfardo.
__ ¿Se llama Mireya?
__ No, Mireya no, es: Mirel-la arrastrando la “ele”
__ Siempre se aprende algo nuevo, dame otra Patricia y por favor sacá a esa brasileña de mierda y poné algo de rock porque casi me caigo dormido encima del Gramajo.
Wilson sonrió y quitó el cassette del equipo, le mostró uno de Pappo´s Blues que descansaba al fondo de la estantería. Daniel levantó el pulgar.

Volvió a su mesa, consultó su reloj, eran apenas la una y media de la mañana pero tenía demasiado sueño. Como casi todos los viernes después de salir de la imprenta a las doce y media de la noche se iba para “Perdidos” hasta el amanecer pero ese día estaba particularmente cansado o quería ocultar de si mismo que ya estaba harto de sus derrotas mentales con las mujeres.

__“Mejor pasar por ligero que pasar por nabo”__ Le había dicho un ignoto amigo cuando comprobó que Daniel era tímido con las mujeres. Aunque en realidad no era timidez propiamente dicha.
__ Es miedo a tener éxito y bancarme una relación. __Dijo en voz alta mirando la botella de seiscientos como quien le habla a su gato. De una mesa lateral una pareja de lesbianas se rió de él o de otra cosa, le importó un carajo.
Aunque pensándolo bien y mirando a las tortas, se preguntó: ¿Por qué la mayoría de las veces una de las dos se parece a un tipo?, ¿Será para ayudar a compensar la falta de un pito?

Se paró de nuevo, levantó el plato que supo tener un contundente Gramajo y se lo alcanzó en el mostrador a Wilson que le dio las gracias y se lo pasó a la cocinera por la ventanilla a la cocina.
__ Gracias che.
__ Tengo una pregunta profesional.
__ Tenés que hacer cita, son novecientos la hora.
__ ¡Anda a cagar!, ¿Novecientos en serio?
__ Precio de amigo, a las locas pitucas les cobro bastante más. __ Era un chiste aunque no apostaría que también fuera cierto. __ ¿Qué querías saber?
__ ¿Por qué siempre que hay una pareja de lesbianas una se parece a un tipo?
__ No es así, hay de todo, te lo garantizo, mira allá tenemos a Florencia que es muy femenina y a Laura que también lo es y son pareja.
__ ¡Nooooo! __Pero si las conocía desde que iba al boliche desde hacía dos años y hasta habían conversado un par de veces.
__ Bueno, creo que son bisexuales porque ya me acosté con las dos, te aseguro que Laura coge mejor, pero Florencia huele más lindo y se afeita las axilas, Laura no, las tiene peludas… las axilas, digo.

__ ¡No te dije!, En algo una siempre se parece a un tipo. __Le dijo lanzando una carcajada que se le ocurrió demasiado fuerte, por suerte sonaba el tren de las dieciséis a todo trapo.
__ Están hablando tus prejuicios, no creo que haya un método para medir esas cosas, son simplemente usos de la costumbre.
__ ¿Los siquiatras tienen prejuicios?
__ Bueno… ___Levantó la vista pensativo. __ Los sicoanalíticos tenemos prejuicios contra los conductistas y los conductistas tienen prejuicios contra los Gestalticos, etc.
__ Mejor ni me expliques. __ En ese momento el tipo grande y pelado le dijo algo a su compañera y se retiró sin pagar, ella lo puteó desde su mesa y segundos después se escuchó la moto que se iba.
__ Macho, este es tu momento, se acaban de pelear.

__ ¿Vos estás loco?
__ Es tu vida, ¿Qué es lo peor que te puede pasar?, ¿Qué te mande a la mierda?

Daniel volvió a su mesa, ella prendió un cigarrillo y miró al techo pensativa. Daniel se preguntó si tendría ojos oscuros o era la luz del lugar. Ella se agachó a prender una presilla de una de sus botas que estaba suelta. Daniel quiso invitarla a acostarse juntos.
__ ¿Me puedo sentar contigo?
__ ¿Nos conocemos?
__ Para nada, pero Wilson me dijo que sos buena gente.
Ella no le contestó y miró a la barra, Wilson conversaba con un muchacho.
__ No creo que te haya dicho eso. ¿De dónde se conocen?
__ Trabajamos juntos en los talleres gráficos Barreiro hace como ocho años o más, en ese momento el estaba estudiando para loquero y yo comunicación social.
__ ¿Sos periodista?
__ Podría decirse que sí, pero no ejerzo por falta de estómago para trabajar en los medios de este país y también porque no tengo primos ni entenados con plata que me consigan un puestito en: El País o Radio Monte Carlo o quizás hasta en Sarandí, con perdón de la palabra.

Ella le señaló la silla vacía que había dejado “El oso” pero Daniel tomó otra de una mesa cercana, no quería sentir el calor del culo del pelado en su propio culo.
__ ¿Y a que te dedicas?
__ Trabajo en una imprenta como oficial doblador, pero no de metales como Bender de Futurama, doblo papel, para libros, revistas, folletos, esas cosas tan importantes para la desforestación de los bosques del mundo.
Tenía ojos verdes, hubiera apostado que tenía ojos verdes.

Pero no, eran castaños aunque bien claros, casi verdes o medio amarillos y olía bien aunque no se afeitaba las axilas como Laura la lesbiana, era un poco masculina en algunas cosas como por ejemplo en andar desnuda por el apartamento de Daniel sin ningún tipo de prejuicio y agacharse a mirar sus discos dejándolo ver así una de esas imágenes de las que nunca en su vida se podrá desprender.

¿Cómo terminaron así? Probablemente era más mérito de ella que de Daniel mismo o también del pelado grande que llamaban “El oso” y al dejó sola casi a las dos de la mañana porque se le cantaba en sus pelotas y así ella le quiso meter un buen par de cuernos… ¿Quién lo sabe?

Perdió la cuenta Daniel de cuantas veces habían hecho “la porquería” hasta que el sábado antes del mediodía ella se dio un baño y se vistió. Le dio un beso y tomando su casco salió a la calle. Daniel estaba totalmente destruido y feliz y cansado y ciertamente sintiéndose todo un triunfador no porque “la había puesto”, sino porque había sido con Mirella, arrastrando la ele, una mujer de reputa madre dirían los españoles.

Claro que el mundo debe retomar su rumbo.
Daniel se dio cuenta de que no tenía forma de saber como volver a verla a menos que volviendo al boliche la encontrara o su amigo Wilson tuviera un teléfono, algo. Se pegó en la frente mirando su rostro maltrecho en el espejo del bañó, al volver a su cama volvió a sentir su aroma. ¡Qué mujer!

El viernes siguiente no pudo ir, había contraído una gripe asesina y no hubo forma de salir de su casa, así que quince días después llegó a Perdidos en la Noche y encaró a Wilson.
__ Decime por favor que Tenés un teléfono de aquella flaca de la moto, de Mirella.
__ Estuvo el viernes pasado y preguntó por vos, me contó que la llevaste a tu casa y le di tu teléfono. ¿No te llamó antes del accidente?
__ No, no me llamó, ¿Qué accidente?
__ Será mejor que te sientes viejo porque no es nada lindo lo que te voy a decir.
No hizo falta que le diera más detalles, inmediatamente se dio cuenta de que había muerto. Se había chocado con su moto, tenía demasiada cocaína encima como para darse cuenta de que manejaba por la izquierda en Bulevar Artigas.

Daniel sintió aquella vieja sensación de que todo lo que tiene que salir mal debe necesariamente salir mal, de todas maneras no tuvo tiempo de enamorarse solo por una muy buena noche con una mujer increíble.
¿O sí?

FIN

Aquella Cuarentena Montevideana (Cuento)

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Aquella Cuarentena Montevideana
Por: Darío Valle Risoto

Eran duros de entendederas así que era mejor no acompañarles en su discutible idea de la libertad y dejarlos ir. Era turismo y eran jóvenes y tenían plata y la cuarentena les importaba una mierda, por lo que huyeron hacia La Paloma buscando pasar un buen turismo con todo lo que tradicionalmente trae aquello de procurarse unas buenas “lobas”, pasar los atardeceres en la playa y quizás hasta conseguir un buen porro para disfrutar de la vida.

Eduardo los saludó desde el otro lado de la ventana como si fuera un preso.
__ ¡Te estás tomando la cuarentena demasiado en serio! __Le gritó el negro Luís mientras abrazaba a Oscar y se reía con esa boca de cien dientes.
__ ¡Menos mal que no fuiste! __Le dijo la abuela Nora al mismo Eduardo cuando un mes después el primero en morirse fue Camilo, aquel que lo había puteado por teléfono porque no quiso irse al este con la barra.
__ ¿Siempre el mismo pelotudo? ¡La vida es una sola che!

Camilo no era su mejor amigo, ninguno de ellos era realmente su amigo, se conocían desde el trabajo en los talleres de Imprenta Marechal pero el tiempo les había separado, de todas maneras todos o casi todos siempre se daban una vuelta para invitar a salir a Eduardo que casi siempre les decía que si. Pero todo tiene un límite.
Quizás porque era un tipo raro que no escuchaba cumbias y tenía la costumbre de tratar bien a las mujeres, aún a aquellas que querían que las tratara mal. Cosas de la vida o tal vez era un hombre viejo habitando en el cuerpo de un muchacho joven.

Había probado cocaína por primera vez en la casa del Camilo que ahora estaba muerto y sin velorio por culpa del virus, de la pandemia y de un estúpido viaje al este donde todos volvieron contagiados. Pero claro que en ese momento no lo sabían.
La cocaína le caía mal, la primera vez le dio hipotermia, la segunda vez sintió tremendas palpitaciones y unas ganas enormes de vomitar, nunca hubo tercera vez.
__ Sos un blando viejo, ¡Los metaleros todos curten che!
Eduardo le había sonreído preguntándose: ¿Qué mierda puede opinar de música un flaco que tiene una discoteca llena de discos de Karibe con K?

Ahora era otro muerto de los casi trescientos o cuatrocientos diarios que la ignominia Montevideana le escupe a los pozos ahora sin nombres ni cruces, solamente pozos donde se depositan los perdedores de una guerra que nadie quiso aceptar y pocos combatieron con ganas.

Se imaginó a los sobrevivientes de la barra parados al borde de un enorme cráter con miles de cadáveres incluidos el presidente y el ministro de salud y el párroco de Montevideo monseñor quien sabe que mierda.
El negro Luis: Muerto, Oscar: Muerto, no sabía si Marita vivía porque se había ido al Paraguay y allá las cosas estaban peor que peor. Había dos más: Horacio que solía cuidarse porque era inmune depresivo por sufrir de HIV desde hacía años, así que no podía apostar por él, quedaba entonces Alvarito: el mejor de todos ellos.

__ ¿Estarás vivo Alvarito? __ Pensó una tarde en que se puso a llorar mirando por la ventana del edificio a las calles desiertas donde solamente dos perros se disputaban una bolsa de basura.
Luego de ello respiró mejor, aunque se le dificultaba hacerlo, no dejó entrar a la abuela a tenderle la cama, prefirió hacerlo él mientras el perro saltaba y no lo dejaba alisar las sábanas y le mordía las puntas a las cobijas.

__ ¡No jodas Checho!, ¡Salí de la cama!
Se sentó a mirar la televisión que mostraba la junta de militares a cargo del gobierno desde que murió el presidente víctima del virus tras contagiarse en una junta de ministros. Poco a poco fueron cayendo los de izquierda y los de derecha hasta que quedaron media docena de aterrados parlamentarios en un palacio más desierto que nunca. Y llegaron los milicos.
Otro apagón cortó el discurso de los milicos tratando de justificar su toma del poder, un poder que ahora no significaba nada porque ya casi no quedaba país.

Una voz arenosa dijo a su espalda mientras retornaba la luz: __Si el presidente de los estados unidos preside desde un portaaviones para evitar el contagio y en Europa les disparan a los que andan en la calle durante el toque de queda probablemente en el Uruguay estos pelotudos decreten alguna medida inteligente como que todos nos cortemos el pelo o dejemos de tomar mate…una cosa de esas.
Eduardo miró a su padre que vendía salud, un tipo increíble sin lugar a dudas, un hombre de mucha fuerza y el faro que le llevaba la luz a su diezmado hogar. Porque ellos también habían tenido bajas.

Entró al cuarto y se sentó lejos y muy al lado de la ventana abierta. Hubiera querido abrazarlo pero no era buena idea. La abuela pasó por el corredor y les hizo una guiñada. Eran los últimos sobrevivientes de un mundo en descomposición.

FIN

Comedias para la Cuarentena

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Comedias para una Cuarentena
Por: Darío Valle Risoto

Siempre es bueno verle el lado bueno a las cosas y dado lo que todo el mundo está experimentando a raíz de esta pandemia, al menos en nuestro país debemos sentirnos bien con tener el confort que lamentablemente no existe en otros sitios de este maltratado planeta. Por lo tanto contar con internet y desde luego la posibilidad de ver series y películas sobretodo ahora que viene la semana de turismo y es más importante que nunca permanecer lo más posible en nuestros hogares comparto con ustedes el contenido de uno de tantos Pendrives que tengo con películas y series y que en este caso he ido llenando con puras comedias, comedias de las que nunca me canso de ver una y otra vez cual niño que ve mil doscientas veces los mismos cartoons.

Están estas películas en cualquier orden por lo que no piensen que es por importancia que me refiero a ellas.

1- Big: con Tom Hanks, conocida en estos lares como. “Quisiera ser grande” trata de un niño de trece años que de la noche a la mañana se despierta con treinta y todo lo que ello trae como conseguirse trabajo, novia, etc.
2-Como si fuera cierto: con Mark Ruffalo y Reese Whisterpon, trata de un reciente viudo que se muda a un apartamento muy barato pero resulta que este tiene una fantasma que es bastante molestosa.
3-Cuestión de Tiempo: película inglesa sobre un joven que descubre que puede viajar en el tiempo con solo entrar a un lugar oscuro y pensar en un momento pasado, allí se va metiendo en diversas complicaciones al tratar de conseguir novia o ayudar a su hermana.
4-Cuatro Bodas y un funeral: con Hugh Grant haciendo lo mejor que puede hacer este inglés y es de si mismo pero todo el elenco de estas historias de bodas es sencillamente fabuloso.
5-Descalzos en el Parque: Las peripecias de Jane Fonda y Robert Redford en sus mejores momentos y el estreno de un apartamento muy humilde en un piso de Manhatan, los vecinos, los parientes, etc.
6-El Profesor Chiflado: La original con Jerry Lewis y esa rubia preciosa de la que no recuerdo el nombre. Un loco profesor que descubre una fórmula para volverse mejor, todo lo contrario de Dr Jekill y Mr: Hyde.
7-Hechizo del tiempo: O el día de la marmota, una reiterada repetición del mismo día llevan a un locutor del estado del tiempo en la televisión a revisar su vida y su relación con su productora. Con Bill Murray.
8-Hombre de Familia: Con Nicholas Cage trata de un hombre de negocios que abandonó a su gran amor en cierta ocasión y ahora gracias a esos milagros de navidad de pronto se despierta en aquella vida que pudo haber tenido.
9-La Extraña Pareja: Jack Lemon se separa y se va a vivir al apartamento de su amigo soltero y juerguista interpretado por Walter Mathau. Excelente historia que juega y mucho con aquello de la relación entre hombres pero con los ojos de 1968. Hubo interesantes secuelas.
10-La chica del Adiós: Otra comedia de Neil Simon como descalzos en el parque, en este caso Richard Dreifus debe compartir apartamento para dividir gastos con una mujer divorciada con una niña que está desencantada de la vida. Espectaculares actuaciones.
11-Mejor Imposible: Jack Nicholson tiene serios problemas para tratar con la gente y debe hacerse cargo de su vecino homosexual atacado durante un robo mientras trata de mantener una amistad con una camarera fabulosamente interpretada por Helen Hunt.
12-Multiplicity: Michael keaton abrumado por su trabajo de constructor de pronto encuentra que clonándose a si mismo podrá disfrutar del tiempo pero todo se complica cuando dos clones más entran en el juego.
13-Pleasantville: Comedia con tintes dramáticos o quizás no con Tobey McGuire y de nuevo Reese Whisterpon que por accidente se meten en una típica serie usamericana de los años 50 donde los roles de la familia estaban determinados por un conservador blanco y negero.
14-The Apartment: Otra comedia con algo de drama donde Jack Lemon comparte su apartamento de soltero para que sus jefes lleven sus “asuntos” mientras se involucra con la asensorista de la compañía, nada menos que Shirley McLaine.
15-Trading Places: Tambien conocida como “de mendigo a millonario” con Eddie Murphy que de vagabundo pasa a cambiar el lugar con un agente de bolsa y allí veremos también la excelente actuación de Jamie Lee Curtis.
16: Siempre tu y yo: Del año 1954 es una comedia típicamente yanqui donde de a poco todo cambiará gracias a la aparición de un Frank Sinatra que camina muy por fuera del sistema donde Doris Day y sus tres hermanas creían estar a gusto.

Bonus Track: Splash y La mujer de cincuenta pies, ambas con Darryl Hanna están recomendables también. Y no olviden la trilogía de Porkys y Despedida de Soltero. 😀

Desde luego que hay cientos o miles de buenas comedias y esto es solo para ayudar a recordar algunas que tengo para ver seguido. Espero les sirvan de algo para sobrellevar estos días de aislamiento.

Curiosidad: Hay dos comedias con Reese Whisterpon y tres con Andie Mc Dowell

Otras opciones.

 

El Retorno de Yith 8: Final

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El retorno de Yith 8 – Final
Por: Darío Valle Risoto

En la abyecta mente de la cosa, se debatía un conflicto entre volver a eliminar al extraño o cobrarse una demorada venganza contra el viejo ciego y su mujer la bruja. No cabían ni la moral, ni la ética ni mucho menos un sentimiento de justicia en ese cerebro putrefacto que se escondía dentro de la laminada forma de la cabeza de la bestia si es que se podía llamar de alguna manera. Más en alguna parte el grito de una niña se superponía como si desde el fondo de un oscuro túnel el eco del llamado de una justicia más antigua que la creación asomara la cabeza y pidiera… no: que exigiera que la misma se cumpla.

Así fue como la cosa que anidaba en la tortuosa joroba de Ariadne cobró rápidamente la vida de estos dos vómitos de la naturaleza humana y allí permaneció parada sobre sus garras descansando sobre un desparramo de piel, vísceras, cabellos y restos de los que antes fueran seres vivos pero no merecedores de dicho don.

Al salir de la vieja casa su larga cola golpeó el caldero y volcó este sobre parte de las brasas iniciando un incendio quizás reparador y probablemente necesario. De igual manera la voz seguía dentro de la bestia ahora intentando acallar esa forma, tratando de volver a ser lo que era y por lo tanto de intentar quizás una salvación que de ninguna manera podría sobrevenir.

Paul Stocard encontró otra biblioteca al final del otro corredor, de aquel que no tenía la mala imagen del cadáver que había acabado de encontrar, sin embargo al acercarse a los libros que cubrían tres de las paredes descubrió que sobre una repisa faltaba uno pero… ¿Cómo podía saberlo?

Abrió la enorme ventana de la biblioteca y un viento helado le anunció que la noche se iba a cernir sobre él y la comarca presagiando quizás algo que había temido más que la muerte y era su propia locura. Al mirar a la lejanía descubrió las luces del pueblo de Greenville que comenzaban a encenderse al caer la difusa luz del día. También vio una enorme columna de humo hacia el este, sin dudas era de un incendio y no supo como pensó en Ariadne.

__ Espero que no le haya pasado nada. —Dijo en voz alta quizás para convocar algo de buena suerte en un lugar donde esta parecía haberse marchado hacía centurias.
El libro pudo ser grande dado que la forma del polvo faltante determinaba que era un gran volumen sobre una especie de atril o tarima donde pudo ser fácilmente leído ya que a sus cuatro costados descansaban candelabros de pie con enorme velones negros.

Allá en Boston había conocido al profesor Carter quién daba clases en la universidad de Miskatonic.  Varias veces le había invitado a sus charlas sobre mitos y leyendas de Nueva Inglaterra y el viejo continente, pero nunca había conseguido el tiempo para asistir. De igual manera el veterano educador siempre le contaba cosas que parecían propias de la imaginación de un escritor demente, más no por eso menos interesantes o probablemente lo disparatado de aquellas historias era precisamente lo que les daba ese halo de interés.

Ahora parecía que todo estaba confabulado para no dejarlo irse de Greenville y para colmo de ello conocer a esa niña, casi una mujer, le despertaban sentimientos encontrados y  prohibidos. Se sentó en un enorme sillón apoltronado y se fue quedando dormido mientras todo se oscurecía a su alrededor.

A algunos cientos de metros de allí en el camino que llevaba al pueblo de Greenville una figura se detenía a oler el viento mientras que su cuerpo comenzaba a estremecerse y a cambiar nuevamente. No sabía cómo pero aquella voz de las profundidades más insondables de su primitivo ser habían recobrado del dominio del mismo.

Paul se despertó en medio de una oscuridad tal que apenas cuando encendió un par de velas y recobró el ánimo, tuvo que luchar contra un naciente terror que le había puesto sus pelos de punta. Repasó el camino en su mente y tomando una lámpara de aceite que por suerte pudo encender. En su bolsillo derecho del saco encontró la linterna del hombre muerto que ya no volvió a encenderse por lo que sintió al menos complacido de encontrar la lámpara pero temía quedar de nuevo en penumbras por lo que trató de abandonar la casona lo antes posible.

Cuando dio el primer paso en el exterior se encontró con que bien podría estar en medio de un vacío espacial inmenso, una luna enferma casi rojiza poco ayudaba para tratar de reencontrarse con el camino de regreso pero afortunadamente al sortear el cementerio lo encontró y retomó el camino un poco más tranquilo.

Caminó por un espacio de tiempo indescifrable, por momentos le pareció que estaba definitivamente perdido en ese lugar y que era solamente el fantasma del tipo que fue deambulando por un pasado que creía olvidado. Hubiera dado en ese momento su alma por una petaca con whisky pero a esas alturas ya dudaba de tener un alma dentro de ese cuerpo que por el frío reinante comenzaba a dolerle y mucho.

No supo cómo llegó al hotel, le preguntó al conserje por la muchacha y este le dijo que estaba bien. Mientras cansado y al borde del desmayo subía la escalera el abuelo le dijo que a la mañana un viajante que vendía de pueblo en pueblo iba a pasar por ahí y quizás podía acercarlo a la ciudad más próxima donde tomar su tren.
__ Muchas gracias, caballero. __Le dijo y entró a su cuarto para quedarse completamente dormido y vestido sobre la cama.

 

__ ¡Próxima estación Portland! __Se escuchó por los parlantes de los vagones del tren.
Abrió un ojo y luego el otro, estaba sobre su asiento de forma muy incómoda, se había dormido sentado y le dolía todo el cuerpo. Su portafolio descansaba sobre el piso, se le había caído y estaba abierto mostrando los documentos que llevaba a la junta que se iba a efectuar en la Prensa del Este.

Miró su reloj, estaba a tiempo de llegar, rentar un cuarto y darse un baño antes de que dieran las nueve, la hora de trabajar.
Se dio masajes en el hombro derecho, le dolía de forma infernal, tomó el bronco dilatador del bolsillo del portafolio y se dio una dosis.
Poco a poco recobró la movilidad, arregló los documentos lo cerró, miró por la ventanilla. Afuera el típico paisaje campestre del este comenzó a mostrar casas de campo, luego barrios bajos y finalmente los edificios crecieron hasta mostrar una modesta pero gran ciudad que es Portland.

Antes de bajar pensó en que durante la noche había soñado algo pero no recordaba que, de todas maneras sin saber exactamente sobre que había sido su sueño estaba seguro de que era una pesadilla porque el corazón aún le palpitaba de forma extraña.
Al abandonar el tren tomó un taxi en la estación, el chófer era un indio que escuchaba música de su país a todo trapo y le tuvo que pedir que baje el volumen porque comenzaba a dolerle la cabeza.

Fue cuando se estaba bañando en el hotel que comenzaron algunas imágenes como flashes a mostrarle cosas antes nunca imaginadas pero que de alguna manera eran demasiado convincentes como para ser producto exclusivo de su imaginación e inexorablemente comenzó a hacerse a la idea de que todo eso que se le volvía a despeñar de sus más oscuros recuerdos eran parte de algo tan vívido como real y espeluznante.

Cuando por fin terminó de darle forma a cada uno de esos recuerdos se tiró por la ventana del doceavo piso.

FIN

El año de Nora

BNG (1)

El año de Nora
Por: Darío Valle Risoto

A todos nos sucedió alguna vez que sin conocer a alguien parece sin embargo que de alguna manera nos sentimos familiares, de allí a forjar una amistad suele ser algo tan sencillo y fuera de planificación que solamente surge. Algo así me pasó con Nora, hace muchos años atrás, allá por los noventas del siglo pasado.

En el liceo nocturno yo no me caracterizaba por ser demasiado amigable, ponía suma atención en las clases y trataba de aprender de la mejor manera posible pero en las pausas me retiraba al patio o los corredores para escuchar mis walkmans por lo que en la clase de seguro me tomaban por un antisocial.

De la variopinta humanidad de mi clase destacaban varios, teníamos a Abel un homosexual muy maricón que era un genio en matemáticas y ayudaba a muchos con sus tareas, a las hermanas Farías que eran muy izquierdistas y siempre andaban trayendo panfletos, libros, etc. y allá como quince días después de comenzar las clases apareció Nora, la que no es fácil de describir porque de verdad era una persona excepcional.

Sin dudas pertenecía a una clase social bastante desprotegida, se notaba en su ropa y hasta en determinada forma de hablar pero en toda ella, se notaba un afán de superación notable y por sobretodas las cosas, un infatigable optimismo. Era alta, llevaba el cabello casi siempre atado en un moño aunque teñido de rubio pero le quedaba muy bien a su rostro cuadrado, casi nórdico.

Recuerdo muy bien su campera verde aviadora, sus eternos jeans celestes y su altura casi igual a la mía además de un cuerpo grande pero perfectamente proporcionado aunque al promediar el año se comenzó a notar que estaba embarazada. Nora estaba casada con un camionero y siempre bromeaba que casi no veía a su marido, lo que era muy bueno para ambos.

Nunca supe como hizo para acercarse a mí, creo que fue hablando de música o porque también a ella le suscitaba curiosidad que haya esa suerte de familiaridad entre dos completos extraños como éramos. Así una fría noche de Junio terminamos tomando capuchinos calientes en el Bar Cervantes mientras a nuestras espaldas pasaban el partido de Uruguay y argentina que no nos interesaba para nada a diferencia del público presente que gritaba y vitoreaba a la celeste.

Era un viernes, lo recuerdo bien porque ninguno de los dos quería abandonar la conversación, era como si ambos supiéramos que teníamos que si o si profundizar nuestra relación aunque nos costara luego cargar el terrible lastre de la distancia.

Le dije que tenía manos perfectas y ella me confesó que le gustaba mi cabello largo. Sonreía mucho y en el brillo de sus ojos adiviné que estaba dispuesta a seguirme donde fuera y por lo tanto hice algo que nunca había hecho en mi vida y fue decirle que en ese momento no pensaba en otra cosa que pasar la noche con ella y que me disculpara porque evidentemente era una mujer casada y además estaba embarazada, lo que era por cierto una doble locura.

Esa noche descubrí que de verdad la vida nos presenta momentos absolutamente inesperados que sin embargo pasarán a formar parte indeleble de las ocasiones que de ninguna manera vamos a olvidar así pasen cien años. Esa noche fuimos a un hotel con Nora y nos vimos desnudos uno al otro mientras no sentimos en ningún momento que era nuestra primera vez sino todo lo contrario. Fue como reencontrarnos luego de un largo viaje individual para fundirnos en algo absolutamente nuevo.

Demás está decir que seguimos siendo amigos y que sin embargo jamás volvimos a tener relaciones, surgió así, no se conversó ni nos pusimos de acuerdo, pero era quizás la mejor decisión dada su condición y mi absoluta inmadurez en aquellos días.

A fin de año nos despedimos para siempre porque ella y su marido, así como sus cuatro hijos, más el que estaba por llegar se iban a vivir al Paraguay. Fue la única vez que vi llorar a Nora y la última vez que amé tanto a alguien.

FIN

Cuento inspirado en un sueño muy realista que tuve esta noche.

 

¡Que bien que habla!

no linche ladrones

¡Qué bien que habla!
Por: Darío Valle Risoto

__ ¡Qué bien que habla! ___Manifestaba la gente, mientas levantaban sus banderitas y allí iba el doctor que desde el auto descapotable de manufactura italiana saludaba vehementemente a la muchedumbre.
Habían estado en el club social disertando sobre la necesidad de un cambio estructural en la sociedad, algo que a todos dejaba con el sabor de oreja de andar escuchando cosas necesarias, que no se entienden una mierda, pero necesarias.

El comunismo era un peligro, todos lo sabían, lo entendían o creían saberlo, sobretodo porque estaba propiciando la cultura del atorrantismo, aquello de andar ayudando a los que no trabajan no le gusta a nadie, menos a quienes son obreros o empleadas domésticas y se dejan explotar como dios manda pero no toleran que otros más pobres reciban esos pesos cagados con que se terminan comprando vino o drogas.

El doctor y sus laderos saben acurrucar como niños a los pobres e ignorantes. Mientras unos pocos desde la vereda de enfrente mueven la cabeza con la resignación de aquel que intentó decirles a los tontos que el sol no se puede tapar con un dedo y mucho menos enfriar tirándole agua.

La realidad es una quimera en manos del doctorado cristiano y ortodoxo de la vieja patria gaucha y tan depredadora de la gente como el mejor capitalismo europeo o se me haga la boca a un lao: yanqui. Así es la cosa, los votos se compran con chorizos y vino, un abrazo aquí, una promesa allá, un cargo en la intendencia, quizás una nueva columna de alumbrado y los caños para que doña Laura pueda cagar a gusto que nunca se terminan de colocar porque las demoras siempre terminan siendo cosa de los comunistas del sindicato que tiran para atrás y se roban los cables y las palas y quien sabe que más.

El doctor huele lindo, usa camisas blancas o celestes y besa la bandera y todos aplauden y va a la iglesia y reza y tiene un hijo militar y el otro en el seminario para los contras se mueran de envidia ante el progreso de la gente. El doctor ya fundió cuatro bancos, se robó la mitad del país y aún así tiene dos estancias enormes donde les da trabajo a sus peones las veinticuatro horas del día… y de la noche, faltaba más.

El doctor no entiende que puta es ser pobre porque nunca pasó hambre, pero odia a los comunistas desde que aquel capataz le dijo que se meta la estancia en el culo y que de alguna manera le iba a pagar lo que le debía y después le quemó el granero y lo que era peor le rayó la Ferrari. ¿A quién se le ocurre llevar ese carro a una estancia?

Lo mandó preso al subversivo y allí estará encanado por contrario a las buenas costumbres que deben regir, ya sabemos que los comunachos odian a la familia y quieren que como en Rusia los niños se lleven pa´la Siberia a quien sabe hacer qué para el partido.

El doctor tiene una esposa linda que le echa los cuernos, los muchachos del comité lo saben porque es con el licenciado aquel que dijo un día que el país iba a tener un mejor futuro con este presidente…todavía lo estamos esperando. Al menos el le sulfatea la parra a la esposa del susodicho y eso no es poca cosa, al menos se la ve más sonriente cada día mientras el Tordo está cada vez más pelado.

El doctor habla lindo, de eso te enseñan en Harvard y además fue a Wall Street, a West Ponit y seguramente hasta a Hollywood y de seguro, seguro a Disney World porque de algo en que los de aquí y los de allá están de acuerdo es que el doctor como el tal congelado Walt Disney: Se sabe todos los cuentos.

Grettel en Sherwood (Cuento infantil)

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Grettel en Sherwood
Por: Darío Valle Risoto

El bosque aún a pleno día estaba sombrío. Le gustaba ver el reflejo del potente sol del verano dibujando contraluces entre las infinitas sobras de las hojas de los enormes arboles. Había seguido el camino durante cerca de una hora que le había parecido una eternidad, de pronto se encontró ante una bifurcación de este con una senda a la izquierda de la izquierda o a la derecha de la derecha, depende de donde se las mire.

Se sentó en un tronco caído y sacó un trozo de pastel que llevaba en su bolsa de piel, masticó pausadamente mientras decidía para cual dirección continuar su búsqueda. Después de todo no tenía la más remota idea de donde podría estar su hermano. El imprevisto silencio de los pájaros la hizo ponerse en guardia cuando en el camino de la derecha notó que una sombra se acercaba. Eran oscuros tiempos donde un extraño en medio del bosque puede significar un asalto o algo peor.

__ ¿Quien vive? __Preguntó con voz firme. Era una niña alta y fuerte pese a sus once años. Lamentó no haber traído al menos un bastón con que defenderse pero en su ausencia tomó una ruda piedra del costado del tronco donde hasta el momento estaba sentada.

__ No te asustes, solamente regreso de la casa de mi abuela, no me tengas miedo.
Era otra niña tal vez un poco mayor que ella, llevaba un atuendo bastante extraño en la comarca.
__ ¿Qué es eso?
__ Es mi caperuza, ya sé que no es un color normal, me la regaló mi abuela, por eso en mi pueblo me llaman: “Caperucita Roja”, pero me llamo Casandra.

La miró de arriba abajo, era linda, no parecía tan pobre como ella o todos los que conocía, tal vez tuviera sangre noble o fuera de aquel pueblo donde la gente suele tener la rara costumbre de bañarse casi todos los días.

__ Yo soy Grettel y estoy buscando a mi hermano Hansel que fue a la casa de su novia y no regresó, de eso hace dos días y estoy preocupada.
__ No es para menos, este bosque parece interminable, yo lo cruzo a diario por este mismo camino y solamente me he encontrado con el lobo un par de veces pero ya somos amigos.
__ ¿Eres amiga del lobo?
__ Si, del grande, el que tiene una mancha blanca alrededor del ojo derecho. ¿Lo has visto?
__ Por suerte no, Caperucita. Bueno, creo que debo seguir, al menos ya sé que por tu camino no debe haber ido, así que tomaré el de la izquierda.
__ Si quieres te puedo acompañar, de todos modos ya le llevé la comida a mi abuela y en casa no se preocupan por mí desde que cumplí los doce porque ya sabes: ya soy mayor.
__ Mi hermano es novio de la bruja, ya sé que es una mujer mayor pero le curó su sarpullido y a veces me manda caramelos, vive en una casa que parece de chocolate y frutillas. ¿La has visto?
Caperucita aceptó por cumplido un trozo de pastel de Grettel aunque no tenía hambre, pensó un momento y solamente recordaba que en su pueblo le habían hablado de una vieja loca que tiene una casa de caramelos y que se come a los niños. Así se lo contó a Grettel que rompió a llorar de la risa.

__ Si su casa fuera de caramelo ya estaría comida por los bichos, la gente dice cualquier cosa, fíjate que la llaman vieja y solo tiene veinte años., lo que pasa que tiene el pelo blanco desde que se asustó cuando mataron a Robin Hood frente a su familia hace muchos años.
__ ¿Es cierto que los colgaron a todos?
__ Si, y los dejaron para ejemplo de lo que nos puede pasar si nos oponemos al rey.
__ ¿Y cuántos años tiene tu hermano?
__ Once como yo, somos gemelos.
__ Igual es mucha la diferencia, si me lo permites.
__ Bueno mi hermano dice que es un amor daltónico, ya sabes, cuando no se tocan y son aburridos. __Lanzó una sonrisa picarona mientras se adentraba por la senda elegida.

Caminaron en silencio hasta que la sombra del lobo los sobresaltó. Grettel se aferró a la capa de Casandra que sonrió. Le dijo que a veces la seguía para protegerla de los demás animales del bosque porque también había: zorrillos, pumas, tigres, leones y tal vez hasta algún dragón.

Cuando ya estaba convencida de que no iba a encontrar jamás la casa de la bruja Caperucita le indicó una señal de humo sobre los arboles y evidentemente era el producto de una chimenea. En un claro del mismo bosque a la vera de un caudaloso río encontraron una enorme cabaña hecha con troncos de árbol por donde evidentemente salía el humo y había olor a carne asada en el aire.

__ ¿Quién es? __ Preguntó una voz desde adentro tras el golpe de las palmas de las manos de las niñas para hacerse notar.
Les abrió la puerta un enorme oso grizzli, llevaba un sombrero verde y un corbatín banco.
__ Somos Grettel y Cape.., Casandra, estamos buscando a mi hermano Hansel.
__ No hemos visto a ningún niño, vamos a cenar con mi señora y mi hijo, si quieren pueden quedarse a comer pero no creo que el guste el menú.

__ No se preocupen, muchas gracias, mejor nos vamos. __Dijo rápidamente Casandra y ambas se retiraron. Al volver al camino le indicó que el aroma de la carne azada era de carne humana, que ella lo sabía bien porque era el mismo olor particular que se siente cuando queman brujas en su pueblo.
__ ¿Y a quien se estarán almorzando?
__ Debe ser esa loca de Rizos de oro que anda robando y quedándose a dormir en las casas ajenas, conozco bien a la familia oso y ya estaban hartos de denunciarla con el comisario de Sherwood pero como esa niña es de sangre azul ni pelota.
__ ¡Caníbales!
__ En realidad lo serían si se estuvieran comiendo a otro oso, en este caso solo es justicia culinaria. __ Dijo Caperucita.
__ Eres muy inteligente amiga, me siento muy confortada de haberte encontrado y no a ese pelotudo de Pinocho.
__ ¡También lo conoces! __Exclamó pegándose en la frente por la sorpresa.
__ ¿No es insoportable?, Siempre haciendo gala de que es un niño artificial y de madera y que por lo tanto no necesita vivir como nosotros los mortales y unas cuantas bobadas por el estilo.
__ Le vi el pito y no mide más que mi meñique.
__ ¡Ja, ja, ja!

Dejaron la cabaña y el aroma de carnes azadas atrás y retomaron la senda, poco después sobre un muro de piedra se toparon con Rapunzel que completamente rapada intentaba tocar el laúd lanzando unas notas disonantes que hacían que medio bosque temblara.
__ A esta desde que la madrastra le cortó ese pelo de mierda ya nadie la aguanta, debería ennoviarse con pinocho.
__ No sería mala idea.
__ Hola Rapu, ¿Cómo estás?
__ ¿Caperucita Roja y Grettel juntas?, ¡pero qué sorpresa!
__ Me llamo Casandra pelotuda.
__ Pinocho anduvo preguntando por vos, creo que le gustas. __Dijo con gesto malicioso Grettel antes de que Caperucita le dé un golpe.

__ ¿En serio?, ¿No me joden?, ¡Estoy tan sola y pelada!, ¿Pero no tiene el pene más chico que el meñique?
__ Si, es verdad, pero la nariz le crece y mucho, podrías arreglártela con eso, además es mejor que nada porque la verdad sós una cheta insoportable y nadie te aguanta, ni Walt Disney.

Y allá se fueron escuchando las notas disonantes del laúd mientras algunas aves caían muertas a su alrededor.

Ya cuando estaban a punto de volver temiendo que se haga de noche en otro recodo del camino se encontraron nada menos que con Hansel que venía chiflando aparentemente ajeno a que faltaba de su casa por casi dos días.
__ ¡Pedazo de pelotudo! ¿Dónde estabas todo este tiempo?
__ ¿Y esta nena de caperuza roja quién es? __ Preguntó poniendo cara de seductor aunque sus acné no le ayudaba mucho.
__ Casandra, me llamo Casandra carajo.
__ es un gusto: Casandra Carajo, Yo soy Hansel.

Grettel lo tomó de la camisa y acercó su rostro al de su hermano con ganas de darle un cabezazo pero primó la sensatez y sólo le mordió la nariz.
__ Íbamos a la casa de la bruja, de seguro te quedaste allí.
__ ¡Hay! __Gritó de dolor y la apartó con una patada. __ No, ya me pelié con esa loca, es insoportable y me toca mucho las partes. Pero no se preocupen, ya estoy saliendo con alguien que no es tan exigente y nos reímos mucho cuando cuenta mentiras.
__ ¿Con quién? __Preguntaron a coro Caperucita y Grettel.
__ Con Pinocho.

FIN.