Poemurga 100

Poemurga 100
Por Darío Valle Risoto

Siente el barrio
la caricia de una flor
el verano como vida se soltó
en las alas de un pájaro enamorado
que a la cenicienta noche
anuncia un poema de Juglar…

Estampada la codicia se borró
y el tacaño probó solidaridad
hasta siempre
dijo el comandante
para que nosotros…
Sepamos soñar.

Y un pobre payaso
se quejaba de que ya
no puede ir al Bar,
Deme una Grappa,
Marche una Amarga,
Convide una copa…
para aquel amigo
que se fue al tablado irreal…
del cielo del ayer.

Y suspirando los niños sueñan
a no dormir más en las calles
cuando la izquierda sea izquierda
y los políticos trabajen,
sin policías,
sin abogados,
En pura Anarquía
yo quiero
ver al mundo crecer…

Porcelanas Orientales

Porcelanas Orientales
Por: Darío Valle Risoto

El ébano y el incienso arrastran
mi alma que se desgrana en racimos
de impurezas desencontradas,
Ella es la Geisha que nunca reclama,
el confín del infinito en una isla lejana.
Se deja caer el Kimono y es diáfana
recorro su cuerpo como la nieve
que cae en copos de brillantes lágrimas,
acaricio su piel y nada la iguala,
temo que desaparezca como las hadas.

El ojo de la tormenta acecha en su mirada
mujer amarilla de piel prohibida y blanca,
ojos de almendras, dedos de avellanas,
sexo sobre un papel de arróz que se desarma.
Baile Kabuki, sombra de la madrugada,
silente princesa de un sol en la distancia
heredera del mito, orgasmo de la llama,
beso sus pies que parecen como estatuas
siento en mi corazón habitar las enseñanzas
de un tiempo de oriente, perdido,
y me reencuentro con mis esperanzas.

Por no Grafías

Por no Grafías
Por: Darío Valle Risoto

Las manos libres de fabricar hadas
nubes de tormentas aterciopeladas
ellas sintiendo el placer recóndito
de las tinieblas de nuestras almas.

Sobre las nubes otras comarcas
la piel y los huesos de sentir el aura
manos y pies, nalgas y espaldas.
Los versos escritos en olas de magia.

La niña que sueña, el hombre que canta
los dientes que muerden la fruta liviana,
los duendes del día, las noches del aria
Aquellos violines que sufrían de nostalgia.

Los versos escritos en olas de magia,
el brujo que vuelve, la bruja ignorada
la virgen que llora, el ángel que la rescata
orgasmos de gloria y calores que salvan,
por no grafías de líneas azuladas
que violan cuadernos de poesías…
desencontradas.

Solitude

Solitude
Por: Darío Valle Risoto

Cuando ya nada les importe
estarás allí
imperturbable y maldita
arrogante e indiscreta,

absorta, lasciva, imprevisible.

Cuando la soledad
te diga
todo
lo que has temido por ahí,

esos fantasmas agrietados,
de los rostros difusos

y las luces malas.

Cuando te apoyes en mil tumbas

y escuches las campanadas

del calvario Gótico,

quiero que aulles y te transformes.

Cuando tiemblen de miedo

y quieran correr
y no puedan,

cuando imploren clemencia

tu les dirás…

masticando sus carnes flojas,

que eres el espíritu solitario

de todas las mujeres
que ellos violaron.

Adiós Mario

Adiós Mario
Por: Darío Valle Risoto

Y allá se fue el poeta
con su humildad sin prejuicios
y su descuidada madurez
recorriendo oficinas y papeles,
allá se lleva al hombre nuevo
con su gentileza de abuelo bueno
y sus principios políticos.

Y te seguirán cantando a veces
porque siempre será la palabra
el arma de los tipos de corazón
y la letra escrita su camino.
Y ya no dirán que partidisaste
los versos cotidianos
o los amores escarchados.
Porque en el exilio del tiempo
compartirás un buen vino
tal vez un Oporto
con Idea o con Zorrilla
para saber como andan las cosas
en el país de la eternidad.

Ya no más asma ni achaques
veinte años por siempre
y tu querida compañera
colgando la pollera de la silla
te dirá…
Bienvenido mi Mario
Nuestro Mario.

Esa Mujer

Esa Mujer…
Por: Darío Valle Risoto

Aquella sonrisa olvidada en el desierto
Una Luna de fortunas inesperadas,
Mi silencio recorriéndote los cabellos
Y el aroma de aquel pastel de manzanas.

La persecución en torno a la mesa
Tu caída y la risa viéndonos el alma,
Mis manos abrazándote entre tu ropa
El cálido perfume de tu cuello que embriaga.

Tu cintura, el talle de todas mis victorias
Ese hueco de tus mejillas que me mata
Tu mentón perfecto y tus ojos azules
No hay otra mujer a años luz de distancia.

Tu voz que invoca a los ángeles más puros
Tu humor que siempre se nos agazapa
Tu llanura que se perpetúa hasta tus lomas
Geografía perfecta de mujer descalza.

Vestida o sin ropa sos mi princesa Griega
Sublime hechicera de mis largas madrugadas
Bruja ansiosa por masticarme el espíritu
Y devolvérmelo completo, sano, sin suspicacias.

Sensual y curiosa, recurrente sirena
De los mares tristes de perdidas nostalgias
Salvadora, eterna, amiga y compañera
Estas en alguna parte, ya siento tu mirada.

 

Susanne

Susanne
Por. Darío Valle Risoto

En las áridas orillas de la muerte
vagando desnuda, indecisa
sorprendida por un hilo de sangre
Susanne es una niña adormecida.

Tiemblan los rituales de la carne
signos que alientan su codicia
drenando la sal de los canales
que conducen a un mar de plasma
color púrpura que la identifica.

Grita y lame la caliente sangre
del amante perdido y la niña sumisa
ella es la hija, pero también es la madre
reina en la noche y silencio del día.

Brusca en el sexo no quiere cobardes
Susanne siente orgasmos de diamantes
allí donde habitan las penas heridas
ella es la hija, pero también es la madre
metamorfosis de las almas perdidas.

Alondra de negras plumas, ave delirante
mujer de cruel signo que habita las rías
de una tierra estéril que subyace
cubierta de rosas, muerte y cenizas.