Graciela en el museo de Madame Tussauds

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Graciela C. en Madame Tussauds

Le agradecemos a Graciela que nos haya autorizado a compartir con ustedes algunas de sus fabulosas fotos con estos personajes celebres que tienen un realismo increíble. Nuestra modelo (Humana) estuvo en Nueva York en la mejor época del año: la navidad y luego de recorrer los museos y fast foods se pasó por allí para visitar a sus seres más admirados. Una sana envidia nos embargó al ver estas fotos magníficas que compartimos y si pueden dense una vuelta por allí.

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Mujer – Universo

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Mujer Universo
Por: Darío Valle Risoto

En el reflejo silente
De una aurora boreal
En la niebla acuosa
De las madrugadas
Caminas descalza
Por una vía Láctea.

Tu cabello acaricia
Las estrellas hijas
Y como una madre
Derramas
La sangre de la vida.

Tu canto de sirena
Tu risa de manantial
Tus manos de orquídeas
Tus ojos de aguacero.

En la noche solitaria
Derramas una fuente de vida
Y recoges nuestros sueños
Entre tus piernas
De misteriosa mujer
Y ofrenda de vida eterna.

Yo no te pude encontrar
Pero allí estabas
Y poseerte era un sueño
Que aceptaste con humor
Y rechazaste con sabiduría
Allí donde el cielo
Trepaba al universo.

Tu canto de sirena
Tu risa de manantial
Tus manos de orquídeas
Tus ojos de aguacero.

En el reflejo silente
De una aurora boreal
Manaba de tus pechos
Un arcoiris de amor
Que pocos podremos
Aquilatar
Y sin embargo
Todo nos lo regalaste.

La desigualdad en el Uruguay

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La extrema desigualdad de la riqueza en Uruguay
por FG
Fuente: http://www.carasycaretas.com.uy/cuando-la-riqueza-genera-poder/

El 1% de la población uruguaya, poco más de 25.000 personas, concentra 25% de la riqueza generada en el país. En esta se incluyen las empresas, tierras, patrimonio inmobiliario y colocaciones financieras, entre otras. Así lo revela un estudio publicado recientemente por La Diaria, en el que se revela que el 10% más rico acumula 62% de la riqueza neta total, el 1% concentra 26%, y el 0,1% acumula 14%. Esto significa que aproximadamente 25.000 personas poseen más de un cuarto de la riqueza neta total, y que 2.500 personas poseen casi 14%.

Dichas conclusiones forman parte de la tesis de maestría en Economía defendida por Mauricio De Rosa en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República. Dicha tesis estudia la distribución de la riqueza en Uruguay a partir del método de la capitalización.

Mauricio De Rosa dialogó con Caras y Caretas acerca de su trabajo y de la relación entre la acumulación de riqueza y el poder que esta otorga. “El estudio refiere a distribución de la riqueza vista como distribución de los patrimonios. Entendemos a estos como el conjunto de empresas, tierras, propiedad inmobiliaria, colocaciones financieras, o sea el stock de cosas que la gente posee. Es diferente al ingreso. Este puede ser el salario, jubilaciones o ganancias de capital que se pueden recibir. Para ver la diferencia entre una y otra: por ejemplo, si tengo un apartamento que alquilo, ese apartamento me genera riqueza. El alquiler que recibo es mi ingreso. Es bueno definirlo porque en el debate público se confunde una cosa con la otra, o sea, riqueza con ingreso”.

Recordó que sobre ingreso en Uruguay ya había estudios, no así sobre la acumulación de la riqueza entendida como propiedades. Acerca del ingreso “sabíamos bastante; había estudios acumulados de cómo se distribuye el ingreso en Uruguay. Sabemos mucho sobre cómo se distribuye, sobre su evolución”. En este sentido señaló que la distribución del ingreso tuvo una caída, “lenta pero inexorable”, en la década de los 90 y se remontó hasta el período 2005-2008. “Ahí se empezó a revertir”, subrayó. Indicó que esa tendencia al alza en la desigualdad de la distribución de ingresos “cae muy fuerte entre 2008 y 2012. Eso pasa en América Latina. En el resto del continente fue un poco antes; en Uruguay es algo tardía, pero muy dramática. Cae rápidamente y mucho, asociada a un conjunto de políticas públicas que se desplegaron en ese momento, básicamente el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas [IRPF], las asignaciones familiares, los Consejos de Salarios, acompañado del crecimiento del empleo. Todo eso constituyó un conjunto de factores y desplegó fuerzas realmente muy grandes que lograron hacer que la desigualdad de ingresos cayera hasta ahora, que se encuentra en una especie de estabilidad. Está estable pero a niveles mucho más bajos que en los 90”.

No obstante, “sobre la riqueza no sabíamos nada. Sobre qué pasa con los patrimonios en Uruguay no se sabía absolutamente nada. Esto es muy importante por dos motivos: por un lado, riqueza e ingreso están asociados. Sabemos que la propiedad de las empresas está muy concentrada y los ingresos que se derivan de esa riqueza están muy concentrados por cómo se constituye la riqueza. Hay otra razón: hay una asociación muy evidente entre la riqueza y el poder económico. Si soy dueño de una empresa, eso me da acceso a un conjunto de decisiones que tienen que ver con el proceso productivo –qué producir, cómo y para quién–, lo que es diferente a lo que sucede con el resto de la población. No importa cuánto gano; tengo la propiedad de la empresa y tengo poder económico, que es muy distinto al que tiene el resto de la gente. Eso me lo da la propiedad de los medios de producción si lo vemos en términos marxistas”.

“Para entender los procesos económicos es muy importante saber cómo se distribuye la riqueza. Es un tema relevante, pero del que sabíamos muy poco porque había muy pocas fuentes de información que nos permitieran investigarlo”, subrayó.

A juicio de De Rosa, el estudio realizado constituye “una primera imagen de cómo luce la distribución de la riqueza y los patrimonios en el Uruguay de hoy”.

Por esa razón, “ahora sabemos que 1% de la población de Uruguay concentra en sus manos 25% de la riqueza”. En este sentido señaló que no abundan los estudios similares en el mundo, aunque, por ejemplo, un análisis realizado en Estados Unidos con una metodología similar a la empleada en Uruguay “nos da niveles de concentración más grandes todavía. Allí nos da que el 0,1% más rico tiene cerca de 22% de la riqueza total. Está casi diez veces más concentrada la riqueza en Estados Unidos que en Uruguay”. El 1% más rico de los uruguayos posee al menos un cuarto de la riqueza total, pero de ese 1%, 0,1% tiene casi la mitad. O sea, las 2.500 personas más ricas de Uruguay tienen más de la mitad de ese 25%”.

En cuanto al resto del continente, De Rosa señaló que sobre América Latina “no sabemos nada; no hay estudios para ningún país”.

Precisó que de las formas de riqueza que hay en el país, la más concentrada es la empresarial: “Prácticamente la riqueza empresarial de Uruguay está en manos del 1% más rico, y alrededor de 90% de la riqueza empresarial está en manos de este 0,1% más rico. Estamos hablando de una concentración de la riqueza y del poder económico muy fuerte”.

Con la riqueza financiera pasa lo mismo: “El 80% está en manos del 1% más rico y más de la mitad, 54%, está en manos del 0,1% más rico”. Esta desigualdad se explica por la posesión de riqueza empresarial y financiera. La riqueza total está compuesta en 87% por riqueza inmobiliaria –incluye tanto viviendas como tierras–, en 7% por riqueza financiera, en 5,5% por riqueza empresarial y en 0,5% por incrementos patrimoniales.

Esta acumulación de riqueza impacta en el resto de la sociedad de diversas maneras. Una de ellas refiere en particular a las capas medias de la población. Estas “pueden acceder mediante endeudamiento hipotecario a la vivienda. Entonces tienen algo de riqueza inmobiliaria, que es su propia casa. Pero si vemos a la población en su conjunto, vemos que la mitad no tiene ninguna forma de riqueza. De la mitad para arriba empieza a haber algo que crece muy lentamente, pero no tiene nada que ver con todo lo que tiene el sector más rico”.

Del estudio se desprende que la distribución de la riqueza muestra las mismas desigualdades entre sexos que en la distribución de los ingresos. La riqueza neta total de las mujeres es siempre inferior a la de los varones. “Resulta interesante apreciar cómo la diferencia entre varones y mujeres se acrecienta conforme crece la edad, hasta aproximadamente los 60 años, cuando comienza a reducirse. Esto puede deberse, por ejemplo, a que, en virtud de las diferentes tasas de mortalidad entre los sexos, las mujeres viudas vean incrementado su patrimonio ante la muerte del esposo”, señala el estudio.

Incluso la riqueza se concentra más en los más viejos. En este sentido, los poseedores de riqueza inmobiliaria son en mayor medida quienes se ubican en los tramos etarios de entre 55 y 59 años y mayores de 70. Los poseedores de riqueza financiera se ubican mayormente en los tramos de 45 a 64 años; lo mismo sucede con la riqueza empresarial.

Un futuro postliberal

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Un futuro posliberal
Fuente: red filosófica del Uruguay
Un futuro posliberal
por Yuval Noah Harari

El liberalismo es compatible con las diferencias socioeconómicas, pero considera que todas las personas tienen igual valor. ¿Podrá sobrevivir a la aparición de una élite de humanos mejorados científicamente?

Dos de las amenazas que tendrá el liberalismo en el siglo XXI son, en primer lugar, que los humanos perderán completamente su valor y, en segundo, que seguirán siendo valiosos colectivamente, pero perderán su autoridad individual, para ser gestionados por algoritmos externos. Eso significa que el sistema seguirá necesitándonos para que compongamos sinfonías, enseñemos historia o escribamos códigos informáticos, pero nos conocerá mejor que nosotros mismos, y por lo tanto tomará por nosotros la mayoría de las decisiones importantes, y nosotros estaremos encantados de que lo haga. No será necesariamente un mundo malo; sin embargo, será un mundo posliberal.

Hay, sin embargo, una tercera amenaza para el liberalismo en este siglo y es que algunas personas seguirán siendo a la vez indispensables e indescifrables, pero constituirán una élite reducida y privilegiada de humanos mejorados. Estos superhumanos gozarán de capacidades inauditas y de creatividad sin precedentes, lo que les permitirá seguir tomando muchas de las decisiones más importantes del mundo. Desempeñarán servicios cruciales para el sistema, mientras que el sistema no podrá entenderlos ni gestionarlos. Sin embargo, la mayoría de los humanos no serán mejorados, y en consecuencia se convertirán en una casta inferior, dominada tanto por los algoritmos informáticos como por los nuevos superhumanos.

Dividir a la humanidad en castas biológicas destruirá los cimientos de la ideología liberal. El liberalismo puede coexistir con brechas socioeconómicas. En realidad, puesto que favorece la libertad más que la igualdad, da por sentadas dichas brechas. Sin embargo, el liberalismo todavía presupone que todos los seres humanos tienen igual valor e igual autoridad. Desde una perspectiva liberal, es perfectamente correcto que una persona sea multimillonaria y viva en un castillo lujoso y que otra sea campesina, pobre y viva en una choza de paja. Porque, según el liberalismo, las experiencias únicas del campesino siguen siendo tan valiosas como las del multimillonario. Esta es la razón por la que los autores liberales escriben extensas novelas sobre las experiencias de los campesinos pobres… y por la que incluso los multimillonarios leen ávidamente esos libros. Si el lector va a Broadway o al Covent Garden a ver Los miserables, descubrirá que los mejores asientos cuestan centenares de dólares, y que la suma de la riqueza del público probablemente alcance miles de millones, pero que, aun así, empatiza con Jean Valjean, que cumplió diecinueve años de cárcel por robar una hogaza de pan para dar de comer a su sobrino hambriento.

La misma lógica opera el día de las elecciones, cuando el voto del campesino pobre vale exactamente lo mismo que el del multimillonario. La solución liberal a la desigualdad social es conceder el mismo valor a las diferentes experiencias humanas, en lugar de crear las mismas experiencias para todos. Sin embargo, ¿cuál será la suerte de esta solución cuando ricos y pobres estén separados no solo por la riqueza, sino también por brechas biológicas reales?

En un artículo publicado en The New York Times, Angelina Jolie se refería a los elevados costos de las pruebas genéticas. Hoy en día, la prueba que Jolie se hizo cuesta tres mil dólares (lo que no incluye el precio de la mastectomía, de la cirugía reconstructiva y de los tratamientos asociados). Esto en un mundo en que mil millones de personas ganan menos de un dólar al día, y otros mil quinientos millones, entre uno y dos dólares diarios. Aunque trabajen con ahínco toda la vida, nunca podrán costearse una prueba genética de tres mil dólares. Y las brechas económicas no hacen más que ensancharse. A principios de 2016, las 62 personas más ricas del mundo tenían tanto dinero ¡como los 3,600 millones de personas más pobres! Puesto que la población mundial es de alrededor de 7,200 millones de personas, ello significa que estos 62 multimillonarios acumulan en conjunto tanta riqueza como toda la mitad inferior de la humanidad.

Es probable que el costo de las pruebas de ADN se reduzca con el tiempo, pero con regularidad aparecen procedimientos nuevos y caros. De ese modo, mientras que los tratamientos antiguos se pondrán gradualmente al alcance de las masas, las élites se encontrarán siempre un par de pasos por delante. A lo largo de la historia, los ricos han gozado de muchas ventajas sociales y políticas, pero nunca había habido una enorme brecha biológica que los separara de los pobres. Los aristócratas medievales afirmaban que por sus venas corría sangre azul superior y los brahmanes hindúes insistían en que eran naturalmente más listos que nadie, pero esto era pura ficción. Sin embargo, en el futuro podríamos ver cómo se abren brechas reales en las capacidades físicas y cognitivas entre una clase superior mejorada y el resto de la sociedad.

Cuando se les plantea esta situación hipotética, la respuesta estándar de los científicos es que también en el siglo XX muchos adelantos médicos empezaron con los ricos, pero que al final beneficiaron a toda la población y contribuyeron a reducir y no a ampliar las brechas sociales. Por ejemplo, al principio, las clases superiores de los países occidentales sacaron provecho de vacunas y antibióticos, pero en la actualidad estos mejoran la vida de todos los humanos en cualquier parte.

Sin embargo, la posibilidad de que este proceso se repita en el siglo XXI podría ser solo una ilusión, por dos razones importantes. Primera: la medicina del siglo XX aspiraba a curar a los enfermos. La medicina del siglo XXI aspira cada vez más a mejorar a los sanos. Curar a los enfermos fue un proyecto humanitario, porque daba por hecho que existe un estándar normativo de salud física y mental que todos pueden y deben disfrutar. Si alguien caía por debajo de la norma, era tarea de los médicos resolver el problema y ayudarlo a “ser como todo el mundo”. En cambio, mejorar a los sanos es un proyecto elitista, porque rechaza la idea de un estándar universal aplicable a todos, y pretende conceder a algunos individuos ventajas sobre los demás. La gente quiere una memoria superior, una inteligencia por encima de la media y capacidades sexuales de primera. Si alguna forma de mejora resulta tan barata y común que todos puedan disfrutarla, esta se considerará simplemente el nuevo umbral de base que la siguiente generación de tratamientos se esforzará en sobrepasar.

Segunda: la medicina del siglo XX benefició a las masas porque el siglo XX fue la época de las masas. Los ejércitos del siglo XX necesitaban millones de soldados sanos y la economía necesitaba millones de trabajadores sanos. En consecuencia, los Estados establecieron servicios de salud pública para asegurar la salud y el vigor de todos. Nuestros mayores logros médicos fueron los servicios de higiene masivos, las campañas de vacunación masivas y la superación masiva de las epidemias. La élite japonesa de 1914 tenía un interés particular en vacunar a los pobres y en construir hospitales y sistemas de alcantarillado en los barrios humildes porque, si querían que Japón fuera una nación fuerte con un ejército fuerte y una economía fuerte, necesitaban muchos millones de soldados y obreros sanos.

Pero la época de masas podría haber terminado, y con ella la época de la medicina de masas. En el momento en que los soldados y obreros humanos dejen paso a los algoritmos, al menos algunas élites podrían llegar a la conclusión de que no tiene sentido proporcionar condiciones mejoradas o incluso estándares de salud para las masas de gente pobre e inútil, y que es mucho más sensato centrarse en mejorar más allá de la norma a un puñado de superhumanos.

En la actualidad, la tasa de natalidad ya está cayendo en países tecnológicamente avanzados como Japón y Corea del Sur, donde se realizan esfuerzos prodigiosos en la crianza y la educación de cada vez menos niños, de los que se espera cada vez más. ¿Cómo pueden esperar grandes países en vías de desarrollo como la India, Brasil o Nigeria competir con Japón? Estos países podrían equipararse a un largo tren. Las élites de los vagones de primera clase gozan de servicios de salud, educación y niveles de ingresos equiparables a los de los países más desarrollados del mundo. Sin embargo, los centenares de millones de ciudadanos de a pie que atestan los vagones de tercera clase siguen padeciendo enfermedades muy extendidas, ignorancia y pobreza. ¿Qué preferirán hacer las élites indias, brasileñas y nigerianas en el próximo siglo: invertir en resolver los problemas de centenares de millones de pobres o en mejorar a unos cuantos millones de ricos? A diferencia de lo que ocurría en el siglo XX, cuando la élite tenía interés en resolver los problemas de los pobres porque eran vitales desde el punto de vista militar y económico, en el siglo XXI la estrategia más eficiente (y, no obstante, despiadada) podría ser desenganchar los inútiles vagones de tercera clase y acelerar solo con los de primera. Para competir con Japón, Brasil necesitará mucho más a un puñado de superhumanos mejorados que a millones de trabajadores de a pie sanos.

¿Cómo pueden las creencias liberales sobrevivir a la aparición de superhumanos con capacidades físicas, emocionales e intelectuales excepcionales? ¿Qué ocurriría si resulta que esos superhumanos tienen experiencias fundamentalmente diferentes de las de los sapiens normales? ¿Qué ocurrirá si a los superhumanos les aburren las novelas sobre las experiencias de humildes ladrones humanos, mientras que los humanos normales y corrientes encuentran ininteligibles los culebrones sobre los amoríos de los superhumanos?

Los grandes proyectos humanos del siglo XX (superar el hambre, la peste y la guerra) pretendían salvaguardar una norma universal de abundancia, salud y paz para toda la gente, sin excepción. Los nuevos proyectos del siglo XXI (alcanzar la inmortalidad, la felicidad y la divinidad) también esperan servir a toda la humanidad. Sin embargo, debido a que estos proyectos aspiran a sobrepasar la norma, no a salvaguardarla, bien podrían derivar en la creación de una nueva casta superhumana que abandone sus raíces liberales y trate a los humanos normales no mejor que los europeos del siglo xix trataron a los africanos.

Si los descubrimientos científicos y los avances tecnológicos dividen a la humanidad en una masa de humanos inútiles y una pequeña élite de superhumanos mejorados o si la autoridad se transfiere completamente a algoritmos muy inteligentes, el liberalismo se hundirá. ¿Qué nuevas religiones o ideologías podrían llenar el vacío resultante y guiar la evolución subsiguiente de nuestros descendientes casi divinos? ~

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Traducción del inglés de Joandomènec Ros.

Este es un fragmento de Homo deus.

La Internet frente a los monopolios

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Juan Grompone (ingeniero uruguayo): la internet frente a los monopolios.
Grompone: de su disidencia del Frente Amplio (partido en el gobierno) a la pérdida de tiempo en redes
Por Tessa García
Fuente: http://ecos.la/LA/9/actualidad/2017/01/22/10876/grompone-de-su-disidencia-del-frente-a-la-perdida-de-tiempo-en-redes/

Juan Grompone, ingeniero industrial focalizado en las telecomunicaciones y la informática habló del uso del celular, las plataformas Uber, Airbnb, la productora Netflix, las formas que tiene el gobierno para enfrentarlas y cómo votaría si las elecciones fueran hoy.

-¿Qué siente cuando ve a la gente alrededor mirando una pantalla de celular? Mujeres por la calle, hombres, adolescentes, todos enfrascados en un teléfono…

-Me molesta cuando la gente está en una reunión y empieza todo el mundo con el celular, para mi es una falta de respeto hacia los demás, horrible. La dependencia al celular es un disparate.

-¿Es una moda o ya vamos a quedar así?

-Es una enfermedad infantil, no de la persona sino de la tecnología. El celular es una cosa nueva, comunicándose con las redes tiene pocos años entonces provoca manías, que con el tiempo van a pasar. Cuando empezó la radio la gente vivía pendiente de los teleteatros, cuando empezó el cine la gente no podía vivir sin ir al cine. Todo eso lleva un tiempo, permanentemente hay usos nuevos con el celular entonces se renueva la fantasía.

-Yo conozco a una mujer de 40 años que prefiere salir con hombres bastante mayores porque sabe que no le van a sacar el celular cada media hora para hacer alguna estupidez.

-Sí, a mí me gusta el correo electrónico, el teléfono y Skype. Mensajes no, me gusta el diálogo, me gusta que si digo una cosa me contesten.

-¿Es cierto que las ondas del celular pueden ser malas para la salud?

-Muchas veces se dice que las ondas electromagnéticas del celular pueden hacerle daño al cerebro y al cuerpo y al corazón o provocar sordera. Yo lo tengo junto al corazón, en el bolsillo. No pasa absolutamente nada, la energía que maneja un celular no puede dañar a nadie, es ridículo. Las ondas electromagnéticas están por todos lados, las de radio, de televisión, de todo tipo. La única forma de neutralizar las ondas de radio es forrarse de metal.

-¿Usted usa redes sociales?

-No, para nada. Son una pérdida de tiempo. No tengo tanto para decir como para escribir en las redes sociales ni creo que alguien tenga algo para decirme. Si tiene algo para decirme que me lo diga por correo. Las redes son muy útiles para el periodismo, para los políticos y para los accidentes, por ejemplo un terremoto o una inundación. Es para cuando hay necesidad de comunicar algo ya.

-¿Qué cambios observó en las redes sociales en los últimos diez años?

-Aumentaron muchísimo y fue masivo, todo el mundo se enganchó con ellas. Lo asombroso es que nadie encontró una manera eficiente de ganar dinero con las redes sociales. Las redes sociales están mantenidas, quienes las suministran invierten en equipos, en internet, en una cantidad de cosas, pero todavía no encontraron la manera de ganar dinero. La empresa Facebook vale mucho dinero pero no gana mucho dinero, o por lo menos no hay una manera visible de que gane dinero. ¿Cuánto cobra Facebook? Pareciera que solo puede vender publicidad o información sobre sus clientes, perfiles, pero eso no parece ser un negocio muy grande tampoco.

-¿Y el negocio de la publicidad?

-El principal proveedor de publicidad es Google, que no es una red social, es un buscador. Factura 76 mil millones de dólares por año de publicidad. Porque Google es maestro para vender cosas. Por ejemplo, hizo Google Earth y vende cosas para el turismo, fotos de las ciudades, dónde están los hoteles, las tarifas, las reservas de aviones, vende todo eso.

-¿Cuál serie de Netflix está mirando ahora?

-Californication. Es rarísima, parece mentira que se haya podido hacer en Estados Unidos, es altamente erótica y cada tres palabras dicen ‘fuck’. Netflix tiene muchas ventajas, las series no tienen avisos, no hay que esperar a la semana que viene o a mañana para saber cómo sigue, si quiero me puedo intoxicar este fin de semana puedo verme 47 episodios. Y encima es barato, el abono de Netflix cuesta como una entrada de cine, nueve dólares. Es imposible competir con eso. Pienso que va a terminar matando el negocio del cable y de la televisión abierta, tal como pasó con el videoclub. Lo mató internet. Además Netflix es una productora.

-¿Cómo está encarando el gobierno las nuevas plataformas de economía colaborativa como Uber, Airbnb, etc?

-Como si vivieran en el siglo XVIII más o menos. No tienen la menor idea de cómo hacerlo. No tienen asesores que vivan en el siglo XXI y piensan que esas cosas se pueden prohibir. Es la misma reacción que tenían en el siglo XIX los obreros cuando rompían las máquinas. Como las máquinas provocaban desempleo entonces las rompían. ¿Y ahora quiénes son los que protestan? Los taxis, que son un monopolio asqueroso. Para ser taxi hay que comprar una chapa que cuesta un disparate a la intendencia, que la vende porque es un monopolio. Entonces es un club cerrado. Lo que Uber hace es romper un monopolio y eso va a pasar con todo. Netflix rompe el monopolio de los cables, porque no cualquiera podía poner un cable. Cuando la instalación de los cables en Montevideo, que fue en la intendencia de Arana, se cobró un canon por cablear Montevideo a los cables. Es un monopolio y Netflix lo rompe. Lo que hace internet es romper monopolios, rompe el monopolio de los diarios, del Gallito Luis, todos los monopolios.

-¿Cómo piensa que seguirá esto?

-Los taximetristas van a terminar trabajando para Uber. El monopolio lo va a perder la intendencia y la patronal del taxi.

-Si usted fuera asesor del gobierno, ¿cómo lo habría encarado?

-Asumiendo que hay una nueva manera de intercambio comercial, sin monopolios y reduciendo al mínimo el papel de los intermediarios. En el caso de Uber eliminando la chapas de taxis y cobro exagerado y cobrando el impuesto a la renta como a todas la personas y empresas. En el caso de Airbnb aceptando que un particular puede alquilar su propiedad (o lo que venga en el futuro) y cobrar el impuesto a la renta. Por supuesto que nunca sería asesor de ningún gobierno.

-¿Por qué?

-Ya lo dijo Groucho Marx: ‘no puedo pertener a un club que me acepte como socio’. O sea, pertenecer a un gobierno significa aceptar la disciplina partidaria y yo quiero siempre poder criticar lo que me parece que no está bien.

-Usted se define como frenteamplista disidente. ¿Qué es eso?

-Me parece una burrada la ley de educación que hizo Vázquez, me parece un desastre el gobierno de Mujica, me parece horrible el manejo de Ancap, espantoso como manejaron Pluna, me parece que es increíble que en doce años no pudieron hacer nada por la educación. Todos los disidentes te van a decir lo mismo.

-¿A quién votaría hoy?

-Lo tengo clarísimo, voy a elegir la lista del Frente que menos me gusta y la voy a tachar. Voy a votar anulado una lista y por lo menos va a haber una persona que se va a enterar, que es el delegado de mesa del Frente Amplio. Si en esa mesa aparecen quince listas anuladas, tachadas, quiere decir que hay muchos frentistas con bronca. Lo van a comentar como cosa curiosa, ‘miren lo que pasó, había cinco votos anulados y todos eran de la lista tal, de la lista por ejemplo de Sendic’.