Las principales reglas de la ortografía

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Resulta por demás paradójico que en la época donde la humanidad está más comunicada que nunca parece que la ortografía comienza a sufrir constantes cambios que si bien son parte de la clara evolución de esta, no estaría nada mal comprender que su principal función es la comunicación entre los seres humanos y por lo tanto debemos respetar sus reglas afín de que  funcione.

Regularmente en las redes sociales y para peor: en algunos artículos de internet descubrimos que parece que están escritos por niños en los años primeros de escuela por lo complicado que resulta ser decodificar sus contenidos.

por lo tanto tomé este artículo de:

https://laortografiainfinita.blogspot.com.uy/2017/06/10-infografias-para-recordar.html

que creo ilustra perfectamente una serie de reglas que deberían ser observadas por quienes pretendemos escribir de la mejor forma posible.

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Mucho policía, poca educación

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Mucho policía, poca educación
Por: Darío Valle Risoto

La semana pasada se viralizó, al menos en el Uruguay, un video tomado desde un celular donde una joven empleada de una panadería discute con dos policías porque aparentemente estos iban en una patrulla y por mirar a una mujer casi la atropellan.

Alguien grabó la insólita discusión entre una chica con muy poca educación enojada por el desmadre de los agentes y la poca capacidad de estos para dialogar con una persona común y corriente sobre algo que se hubiera zanjado sin mayores contratiempos si al menos una de las partes tuviera algo de sensatez y probablemente también: “profesionalismo” si nos referimos a los uniformados.

Hay algo inobjetable y es que a la mayoría de los uruguayos no nos gustan los policías, las razones van desde el triste recuerdo de su protagonismo en la dictadura y la indiscutible situación en que alguien se enlista para formar parte de “la ley”. Vamos a ser claros: la policía uruguaya salvo excepciones, que desconozco, proviene de los mismos bolsones de pobreza que los delincuentes comunes y por lo tanto no es fácil encontrar servidores de la ley a los que les interesen las artes intelectuales y mucho menos destacarse por su educación o don de gentes. Dicho en criollo: una persona pobre e ignorante se mete a policía porque no encontró otro trabajo y listo.

Por otra parte no fue muy apropiado en esta chica por más razón que hubiera tenido protestar por el “atropello” y dirigirse a quienes tienen en la sociedad cierta autoridad y además van armados de esa forma tan, digamos: “de potrero” porque no es nada inteligente y en otro país probablemente hubiera tenido que pagar por lo menos alguna suerte de multa o trabajo comunitario solamente por insultar a un servidor de la ley.

Los policías se vieron fácilmente desbordados: ¿Por una jovencita? Y carecieron de la mínima inteligencia para pedirle disculpas, preguntarle si la habían lastimado y esperar que se calmara. Todo lo contrario y se terminó con un despliegue de varias patrullas con esta joven esposada como si fuera una criminal y solamente está mal educada y si esto fuera delito la mayoría de la población incluidas la señorita que grababa el video estaríamos presos.

En este caso la rápida viralización del vídeo provocó una rápida respuesta del ministerio del interior en un comunicado donde de alguna manera se pone del lado de la “damnificada” y trata de mas o menos explicar el aparente procedimiento policial que derivó en esta absurda situación que solamente pone de manifiesto la pobre educación del uruguayo de estos tiempos en lo que concierne al trato cotidiano con sus semejantes.

Hay varios aspectos de esta situación que indefectiblemente terminan sumándole puntos al descrédito eterno de la acción policial en este país donde la opinión pública sabe bien que cuando se trata de criminales en serio, si bien ha mejorado bastante la acción de estos, aún dejan mucho que desear sobretodo porque hay una suerte de impunidad de los que cometen un delito y salen más rápido que pronto de la cárcel para volver a cometerlos, pero claro que eso ya es más responsabilidad del sistema judicial y del código penal.

La imagen de la policía ha mejorado bastante pero como lo antedicho y rastreando la génesis psicológica que hace que un individuo se meta a policía no es descabellado pensar que es más por una necesidad de encontrar un trabajo que por vocación y que no hay sueldo que alcance cuando se juega uno la vida en una ciudad que está cada día más violenta, basta con ver la forma de hablar de esta joven panadera y alcanza.

Marx en los Grillos, la novela de Artigas Gonzáles

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Marx en los Grillos
Por: Darío Valle Risoto

Este libro tiene dos factores muy importantes para hacerse de un ejemplar: en primer lugar y el más determinante es que es un excelente libro, una novela costumbrista autobiográfica donde solo el autor sabe que hay de fantasía o no en cada relato sobre su vida en un ignoto pueblo o ciudad del interior del país donde crece entre un padre con un trabajo muy poco ortodoxo y una madre testigo de Jehová. Nada más debo adelantarles porque sería quitarles el hambre con que me lo leí en poco más de dos días y eso que cuento con el tiempo muy acotado, pero no lo podía dejar así como así.

Dicen que es mejor escribir de lo que se conoce y Artigas Gonzáles me confesó que le costó mucho hacerlo por más que contó con colaboradores en este difícil arte de poner en palabras la cosa humana pero la verdad que para ser un escritor novel, no lo parece para nada. “Marx en los Grillos” es un título muy adecuado, ustedes verán porque, además este fantástico título encierra quizás uno de los mensajes sobre esta vida en que sin saberlo todos somos políticos pero mucho antes seres humanos.

La segunda razón que potencia este libro es que el autor, militante del sindicato gráfico y por estos tiempos presidente del mismo (Sindicato al que pertenezco hace más de 30 años) ha donado todo el concepto de ventas y derechos de autor a los compañeros de la imprenta Polo hoy ocupada desde hace más de nueve meses por sus trabajadores luego de que sus dueños desmantelaran prácticamente la empresa dejándolos sin sueldos y en una situación de lucha que solamente se puede sustentar por medio de actos solidarios y combativos como el que les relato.

Si están en Montevideo pasen por la calle Paysandú a pocos metros de avenida Rondeau y en la misma impresora Polo podrán comprar un ejemplar de este maravilloso libro que está tan bien escrito que uno lo termina con la pena en que se abandona a un ser querido aunque ahora estoy releyendo algunos relatos porque hay capítulos realmente fabulosos.

Enredados en las redes sociales: Distraídos y suicidas

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Enredados en las Redes sociales
De distraídos y suicidas
Por: Darío Valle Risoto

Ayer al regresar del trabajo crucé como lo hago habitualmente un cruce de semáforo donde debo ser el único que lo hace como se debe de frente a la acera y no en diagonal de espaldas al tránsito como la mayoría de la gente ya que este cruce tiene la característica de no estar bien en la esquina porque es parte de cinco calles que se encuentran y es mejor que esté donde está, para bien de los que cruzamos bien, claro.

Aparte de ello solamente dura el tiempo de cruzar unos treinta segundos y me percaté al pasar que un chico lo hizo mirando su celular todo el tiempo, continuó así y cruzó la otra calle en rojo sin darse siquiera cuenta de si venían vehículos o no. Estuve a punto de decirle que podría tener un accidente si no miraba por donde caminaba pero desistí bajo la idea de que probablemente recibiera un insulto o el consejo de meterme en aquello que me compete aunque no me agrade mucho que atropellen a un pelotudo cerca de mí por aquello de que las salpicaduras de sangre y sesos son difíciles de lavar después.

El caso es que como veterano que nací sin esta maravillosa cosa de los dispositivos móviles me estoy dando cuenta de que la gente está verdaderamente alienada y suelo preguntarme a menudo si tienen contactos o temas que tratar o estudiar tan importantes como para no esperar a llegar a casa o tratarlos en sitios donde no corran peligro.

En el colectivo cuando me toca sentarme del lado del corredor me mosquea bastante que las personas que van paradas estén mirando y tecleando sus celulares prácticamente cerca de mis ojos y como uso lentes, más de una vez los miro para ver si se dan puta cuenta de que me están invadiendo mi espacio personal, muchas veces he pensado en decirles que si me rompen los lentes se olviden de sus malditos celulares porque van a volar por la ventana a la calle.

A esto sumémosle el pequeño detalle de que van en un colectivo lleno, mal parados porque generalmente además de llevar su importante relación con el celular llevan cuantiosas mochilas y a veces hasta termo y mate, con todo esto tratan de conservar el equilibrio en un servicio de transporte Montevideano que no se caracteriza precisamente por su suavidad. Debe ser una maravillosa época para los carteristas me imagino con decenas de zombies distraídos wassapeando en un transporte lleno donde moverse por el corredor es un acto propio del Circo du soleil.

El otro día en el cine le tuve que decir en la oscuridad a una señora que se dejara de joder con el celular porque lo prendía en la oscuridad de la sala para mirar la hora, de verdad creo que la gente está perdiendo la chaveta con este tema y trataré de explicar lo que al menos a mi me parece obvio.

Para comenzar, a menos que no estemos esperando noticias de vida o muerte o importantes de trabajo lo que llega a nuestro celular queda allí y puede esperar, los intercambios de saludos y conversaciones vía voz o texto en su gran mayoría se trata de intercambios absolutamente intrascendentes como una señora que viajó más o menos media hora en el colectivo explicándole al marido que comida le había dejado en la heladera y de que forma.

Miren que sigo pensando que estos dispositivos son maravillosos y que lo importante de ellos radica precisamente en hacernos la vida más confortable y no más peligrosa o pasible de que un tipo como yo un día pierda la chaveta y te rompa el celular al medio porque se lo metiste entre los ojos mientras le escribías: “Te quiero” a tu novio.

Que el paisaje de las ciudad ha cambiado es notorio, caminar por cualquier vereda significa tener que esquivar o chocarse con gente que está atendiendo sus celulares mientras camina y a menudo con auriculares puestos, todo un ejemplo de “estar regalados” al accidente y a los asaltantes. Quizás mi problema es que la gente no me gusta demasiado, no solo no tengo whassap sino que tampoco suelo mantener muchos contactos en Facebook ni enviar muchos mensajes de texto porque si, al punto de que todos los meses me sobran enormes cantidades que se pierden por no usarlos dado mi contrato.

A todo esto cuando tengo que enviarle un mensaje o llamar a alguien en la calle, me paro en un lugar donde no moleste y lo hago tranquilo, luego sigo mi camino. Generalmente voy escuchando música, discos completos que cambian automáticamente de uno a otro o una emisora de Linkein sin necesidad de andar buscando canciones. En el colectivo aunque vaya sentado prefiero no sacar salvo muy raras ocasiones mi celular y si por casualidad alguien me llama le digo que cuando baje lo llamaré yo porque detesto que la gente escuche lo que digo tanto como escuchar a los demás sus conversaciones personales. Si, usted dirá: “este tipo es un obsesivo o algo peor” y puede que tengan razón pero fui educado en algo que se llama ser discreto y de bajo perfil y por sobretodas las cosas en cuidarme cuando ando a la intemperie sobretodo en épocas tan violentas como nos tocan vivir.

Enredados en las redes sociales 6

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Por: Darío Valle Risoto

No hay duda de que nosotros poseemos a los objetos, siempre y cuando estos no nos posean a nosotros y todo esto en el sentido de comprender que los dispositivos electrónicos que nos permiten acceder a Internet son meras herramientas que nos facilitan la vida pero también pueden absorbernos el tiempo y la mente cual esponjas malignas.

El viejo ejemplo del cuchillo siempre es pertinente en estos casos, tenerlo nos posibilita desde cortar nuestros alimentos hasta cometer un crimen, la decisión es nuestra. En el caso de las redes sociales estos crímenes pueden ser de diversa índole. La ballena azul, ese extraño juego puede ser un ejemplo, más se me ocurre que también es un producto de difusión que bien le hace a la prensa amarilla que nunca lo será tanto como en las redes.

Todos tenemos nuestros delirios pero casi todos también somos absorbidos por nuestros dispositivos celulares que contienen el mundo al precio y al tamaño de la palma de nuestras manos, aún así es un elemento perverso que nos quita el sueño y llena nuestras madrugadas de twitters, mails y vacíos mensajes de Facebook.

¿Quién es el dueño de mi celular?
Yo y solo yo, lo demás solo será quejarnos de nuestra propia fragilidad ante la noticia asombrosa de aquel que se casó con una lagartija o del video de gatos o de la última moda del presidente Trump. Una vorágine que nos quita los sentidos de lo verdaderamente importante. Y yo no soy quien para indicarles que lo es o no, cosa de cada uno.

Una chica se suicida después del terrible acoso en las redes tras colgar algunas fotos donde se veía tal como era: gorda y poco atractiva, o más bien fuera de los cánones que hoy día tenemos como belleza y ahora la chica ya no está y pronto será superada por otra muerte, otro suicidio allí donde solo pudo tener la buena idea o el consejo amigo de alejarse de las redes por su propio bien solo prospero la decisión de apagarse ella misma para siempre.

La ley del cuchillo, la herramienta que se vuelve contra el amo lamentablemente se repite día a día pero también sirve para denunciar a ladrones y otros victimarios, siempre y cuando la denuncia venga bien, porque sobran “fakes” acusando levemente a inocentes por cualquier cosa amén de los videos de niños matando perros o de accidentes automovilísticos. El morboso nunca tuvo mejor mundo que este y el enfermito y el onanista solitario, todos tenemos un muerto en el ropero así mismo no es posible que tratemos de colectivizar hasta lo que comemos todos los días.

Yo no soy perfecto tampoco, todos los días cuelgo una foto de mi almuerzo de trabajo con algún chiste sobre la comida chatarra más al otro día la borro porque mi vergüenza aflora en menos de veinticuatro horas. Por otro lado me asombra la capacidad de algunos de mostrarnos su vida en pareja y sus sentimientos como si nos importaran, más creo que muchos se complacen en ver que la cosa humana acepta este tipo de pequeñeces en nombre de cuatro minutos de notoriedad.

Maravillosa herramienta el celular, un fabuloso cable que nos alcanza el mundo y toda su circunstancia con miles de ventanas a él desde las más honorables a las más retorcidas y de nosotros es la libertad de decidir a cual nos asomamos, cuales abrimos y cuales cerramos porque en definitiva: Somos lo que comemos.

¿Por que no estalla una revolución?

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¿Por que no estalla una revolución?

Fuente: https://lamentiradelsistema.wordpress.com/2014/01/07/por-que-no-estalla-una-revolucion/

¿Te has preguntado alguna vez porqué nadie reacciona ante la infame oleada de opresión y abusos de todo tipo que estamos sufriendo?

¿No te produce perplejidad el hecho de que tras tantas y tantas revelaciones sobre casos de corrupción, injusticias, robos y burlas a la ley y a la población en general, a la cual se le ha robado literalmente el presente y el futuro, no suceda absolutamente nada?

¿Te has preguntado porqué no estalla una Revolución masiva y por qué todo el mundo parece estar dormido o hipnotizado?

Estos últimos años se han hecho públicas informaciones de todo tipo que deberían haber dañado la estructura del Sistema hasta sus mismísimos cimientos y sin embargo la maquinaria sigue intacta, sin ni tan solo un arañazo superficial.

Y esto pone de manifiesto un hecho extremadamente preocupante que está sucediendo justo ante nuestras narices y al que nadie parece prestarle atención.
El hecho de que SABER LA VERDAD YA NO IMPORTA

Parece increíble, pero los acontecimientos lo demuestran a diario.

La información ya no tiene relevancia
Desvelar los más oscuros secretos y sacarlos a la luz ya no produce ningún efecto, ninguna respuesta por parte de la población.
Por más terribles e impactantes que sean los secretos revelados.

Durante décadas hemos creído que los luchadores por la verdad, los informadores capaces de desvelar asuntos encubiertos o airear los trapos sucios, podían cambiar las cosas.
Que podían alterar el devenir de la historia.
De hecho, hemos crecido con el convencimiento de que conocer la verdad era crucial para crear un mundo mejor y más justo y que aquellos que luchaban por desvelarla eran el mayor enemigo de los poderosos y de los tiranos.

Y quizás durante un tiempo ha sido así.

Pero actualmente, la “evolución” de la sociedad y sobretodo de la psicología de las masas nos ha llevado a un nuevo estado de cosas.
Un estado mental de la población que no se habría atrevido a imaginar ni el más enajenado de los dictadores.
El sueño húmedo de todo tirano sobre la faz de la tierra: no tener que ocultar ni justificar nada ante su pueblo.
Poder mostrar públicamente toda su corrupción, maldad y prepotencia sin tener que preocuparse de que ello produzca ningún tipo de respuesta entre aquellos a los que oprime.

Ésta es la realidad del mundo en el que vivimos.
Y si crees que esto es una exageración, observa a tu alrededor.

El caso de España es palmario.
Un país inmerso en un estado de putrefacción generalizado, devorado hasta los huesos por los gusanos de la corrupción en todos los ámbitos: el judicial, el empresarial, el sindical y sobretodo el político.
Un estado de descomposición que ha rebosado todos los límites imaginables, hasta salpicar con su pestilencia a todos los partidos políticos de forma irreparable.

Y sin embargo, a pesar de hacerse públicos de forma continuada todos estos escándalos de corrupción política, los españoles siguen votando mayoritariamente a los mismos partidos, derivando, como mucho, algunos de sus votos a partidos subsidiarios que de ninguna manera representan una alternativa real.

Ahí está el alucinante caso de la Comunidad Valenciana, la región más representativa del saqueo desvergonzado perpetrado por el Partido Popular y donde, a pesar de todo, este partido de auténticos forajidos y bandoleros sigue ganando las elecciones con mayoría absoluta.

Una vergüenza inimaginable en cualquier nación mínimamente democrática.
Y desgraciadamente, el caso de Valencia es solo un ejemplo más del estado general del país: ahí tenemos el indignante caso de Andalucía dominada desde hace décadas por la otra gran mafia del estado, el PSOE, que junto con sus socios de los Sindicatos y el apoyo puntual de Izquierda Unida han robado a manos llenas durante años y años.
O el caso de Cataluña con Convergencia y Unió, un partido de elitistas ladrones de guante blanco, por poner otro ejemplo más.

Y es que podríamos seguir así por todas las comunidades autónomas o por el propio gobierno central, donde las dos grandes familias político-criminales del país, PP y PSOE, se han dedicado a saquear sin ningún tipo de recato.

Y a pesar de hacerse públicos todos estos casos de corrupción generalizada; a pesar de revelarse la implicación de las altas esferas financieras y empresariales, con la aquiescencia del poder judicial; a pesar de demostrarse por activa y por pasiva que la infección afecta al Sistema en su generalidad, en todos los ámbitos, imposibilitando la creación de un futuro sano para el país; a pesar de todo ello, la respuesta de la población ha sido…no hacer nada.
La máxima respuesta de la ciudadanía ha sido “ejercer el legítimo derecho de manifestación”, una actividad muy parecida a la que hace la hinchada cuando su equipo de fútbol gana una competición y sale en masa a la calle para celebrarlo.manifestaciones-y-celebraciones-deportivas

Es decir, nadie ha hecho nada efectivo por cambiar las cosas, excepto picar cacerolas.

Y el caso de la corrupción política desvelada en España y la nula reacción de la población es solo un ejemplo de entre muchos tantos a lo largo y ancho del mundo.

Ahí está el caso del deporte de masas, azotado como está por la sospecha de la corrupción, de la manipulación y del dopaje y por la más que probable adulteración de todas las competiciones bajo el control comercial de las grandes marcas…y a pesar de ello, sus audiencias televisivas y su seguimiento no solo no se ve afectado, sino que sigue creciendo cada vez más y más y más…

Pero todos estos casos empequeñecen ante la gravedad de las revelaciones hechas por Edward Snowden y confirmadas por los propios gobiernos, que nos han dicho, a la cara, con luz y taquígrafos, que todas nuestras actividades son monitoreadas y vigiladas, que todas nuestras llamadas, nuestra actividad en redes sociales y nuestra navegación en Internet es controlada y que nos dirigimos inexorablemente hacia la pesadilla del Gran Hermano vaticinada por George Orwell en “1984”.

Y lo que es más alucinante del caso: una vez “filtradas” estas informaciones, nadie se ha preocupado de rebatirlas.
¡Ni mucho menos!

Todos los medios de comunicación, los poderes políticos y las grandes empresas de Internet implicadas en el escándalo han confirmado públicamente este estado de vigilancia como algo real e indiscutible.
Como mucho han prometido, de forma poco convincente y con la boca pequeña que no van a seguir haciéndolo…
¡Incluso se han permitido el lujo de dar algunos detalles técnicos!

¿Y cuál ha sido la respuesta de la población mundial cuando se ha revelado esaverdad?
¿Cuál ha sido la reacción general al recibir estas informaciones?
Ninguna.

Todo el mundo sigue absorto con su smartphone, sigue revolcándose en el dulce fango de las redes sociales y sigue navegando las infestadas aguas de Internet sin mover ni una sola pestaña…

Así pues, ¿De qué sirve saber la verdad?
En el caso hipotético de que Edward Snowden o Julian Assange sean personajes reales y no creaciones mediáticas con una misión oculta, ¿De qué habrá servido su sacrificio?
¿Qué utilidad tiene acceder a la información y desvelar la verdad si no provoca ningún cambio, ninguna alteración, ni ninguna transformación?

¿De qué sirve saber de forma explícita y documentada que la energía nuclear solo nos puede traer desgracias, como nos demuestran los terribles accidentes de Chernobyl y Fukushima, si tales revelaciones no surten ni el más mínimo efecto?

¿De qué nos sirve saber que los bancos son entidades criminales dedicadas al saqueo masivo si seguimos utilizándolos?

¿De qué nos sirve saber que la comida está adulterada y contaminada por todo tipo de productos tóxicos, cancerígenos o transgénicos si seguimos comiéndola?

¿De qué nos sirve saber la verdad sobre cualquier asunto relevante si no reaccionamos, por más graves que sean sus implicaciones?

No nos engañemos más, por duro que sea aceptarlo.
Afrontemos la realidad tal y como es.
En la sociedad actual, saber la verdad ya no significa nada
Informar de los hechos que verdaderamente acontecen, no tiene ninguna utilidad real

Es más, la mayoría de la población ha llegado a tal nivel de degradación psicológica que, como demostraremos, la propia revelación de la verdad y el propio acceso a la información refuerzan aún más su incapacidad de respuesta y su atonía mental.

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La gran pregunta es: ¿POR QUÉ?
¿Qué nos ha conducido a todos nosotros, como individuos, a este estado de apatía generalizado?
Y la respuesta, como siempre sucede cuando nos hacemos preguntas de este calado, resulta de lo más inquietante.
Y está relacionada, directamente, con el condicionamiento psicológico al que está sometido el Individuo en la sociedad actual.

Pues los mecanismos que desactivan nuestra respuesta al acceder a la verdad, por más escandalosa que ésta resulte, son tan sencillos como efectivos.
Y resultan de lo más cotidiano.

Simplemente todo se basa en un exceso de información
En un bombardeo de estímulos tan exagerado que provoca una cadena de acontecimientos lógicos que acaban desembocando en una flagrante falta de respuesta.
En pura apatía.

Y para luchar contra este fenómeno, resulta clave saber cómo se desarrolla el proceso…

¿CÓMO SE DESARROLLA EL PROCESO?
Para empezar, debemos entender que todo estímulo sensorial que recibimos está cargado de información.
Nuestro cuerpo está diseñado para percibir y procesar todo tipo de estímulos sensoriales, pero la clave del asunto radica en la percepción de información de carácter lingüístico, entediendo por “lingüistico”: todo sistema organizado con el fin de codificar y transmitir información de cualquier clase.
Por ejemplo, escuchar una frase o leerla implica una entrada de información en nuestro cerebro, de caracter lingüístico.
Pero también lo implica ver el logo de una empresa, escuchar las notas musicales de una canción, ver una señal de tráfico o oir la sirena de una ambulancia, por poner algunos ejemplos…

Una persona en el mundo actual, está sometida a miles y miles de estímulos lingüisticos de este tipo a lo largo de un día normal, muchos de ellos percibidos de forma consciente, pero la inmensa mayoría percibidos de forma inconsciente, que deben ser procesados por nuestro cerebro.
El proceso de captación y procesamiento de esta información lo podríamos dividir básicamente en 3 fases: percepción, valoración y respuesta

Percepción
Sin lugar a dudas, formamos parte de la generación con mayor capacidad de procesamiento de información a nivel cerebral de la toda historia de la humanidad, con muchísima diferencia, sobretodo a nivel visual y auditivo.
Es más, a medida que nacen y crecen nuevas generaciones, éstas adquieren una mayor velocidad de percepción de información.

Una muestra de ello la podemos encontrar en el propio cine.Times Square

Visualiza un antiguo western de John Wayne, en una secuencia cualquiera de acción, como por ejemplo, un tiroteo.
Y después visualiza una secuencia de un tiroteo o de una persecución de coches en una película actual.

Cualquier secuencia de acción de una película actual está trufada de sucesiones rapidísimas de planos de corta duración.
En tan solo 3 o 4 segundos verás diferentes planos: la cara del protagonista conduciendo, la del acompañante gritando, la mano en el cambio de marcha, el pie pisando el pedal, el coche esquivando un peatón, el perseguidor que derrapa, el malo que agarra la pistola, como dispara por la ventanilla, etc…y cada plano habrá durado apenas décimas de segundo.
Las imágenes se suceden a toda velocidad como los disparos de una ametralladora.
Y sin embargo eres capaz de verlas todas y procesar el mensaje que contienen.

Ahora ponte la película de John Wayne.
No encontrarás sucesiones de planos a ritmo de ametralladora, sinó sucesiones de planos mucho más largos en duración y con mayor tamaño de campo visual.

Probablemente, un espectador de la época de John Wayne se habría mareado viendo una película actual, pues no estaría acostumbrado a procesar tanta información visual a tanta velocidad.

Esto es un ejemplo sencillo del bombardeo de información al que está sometido el cerebro de alguien en la actualidad, en comparación con el de una persona de hace tan solo 50 años.
Añádele a esto todas las fuentes de información que te rodean, como la televisión, la radio, la música, la omnipresente publicidad de todo tipo, las señales de tráfico, los diferentes y variados ropajes que viste cada una de las personas con las que te cruzas por la calle y que representan, cada uno de ellos una serie de códigos lingüísticos para tu cerebro, la información que ves en tu móvil, en la tablet, en internet y añádele, además, tus compromisos sociales, tus facturas, tus preocupaciones y los deseos que te han programado tener, etc, etc, etc…

Se trata de una auténtica inundación de información que debe procesar tu cerebro continuadamente.
Y todo ello en un cerebro del mismo tamaño y capacidad que el de ese espectador de los westerns de John Wayne hace 50 años.

Por lo visto, parece que nuestro cerebro tiene capacidad suficiente para percibir tales volúmenes de información y comprender los mensajes asociados a esos estímulos.
Ahí no radica el problema.
De hecho parece que nuestro cerebro disfruta con ello, pues nos hemos convertido en adictos al bombardeo de estímulos.
El problema aparece en la siguiente fase.

Valoración
Es cuando debemos valorar la información recibida, es decir, cuando llega la hora dejuzgar y analizar sus implicaciones, que nos topamos con nuestras limitaciones.
Porque, literalmente, no disponemos de tiempo material para hacer una valoración en profundidad de esa información.
Antes de que nuestra mente, por sí misma y con criterios propios, pueda juzgar de forma más o menos profunda la información que recibimos, somos bombardeados por una nueva oleada de estímulos que nos distraen e inundan nuestra mente.
Es por esta razón que nunca llegamos a valorar en su justa medida, la información que recibimos, por importantes que sean sus posibles implicaciones.

Para comprenderlo mejor, vamos a utilizar una analogía, en forma de pequeña historia.
Imaginemos a una persona muy introvertida, que pasa la mayor parte de su tiempo encerrada en casa.
Prácticamente no tiene amigos ni entabla relaciones sociales de ningún tipo.
Ahora supongamos que esa persona baja al supermercado a comprar una botella de leche y cuando va a pagarla, se le cae al suelo y la rompe, causando gran estruendo y manchando su ropa a ojos de todos los clientes y de la cajera.
Cuando esa persona vuelva a su casa, aislada de toda relación y estímulo social, probablemente dará un gran valor a lo acontecido en el supermercado.
Se preguntará por qué le cayó la leche y qué movimiento en falso realizó para que eso sucediera; se preguntará si fue culpa suya o fue culpa de la botella que era demasiado resbaladiza; analizará en su cabeza la mirada de la cajera y los gestos y comentarios de todos y cada uno de los clientes; incluso observará las manchas en su ropa e intentará adivinar lo que pensaban sobre ella las demás personas al verla en esa situación.
Se sentirá ridícula y juzgará aquel acontecimiento meramente anecdótico como mucho más importante de lo que realmente es.
Simplemente porque para ella, ese ridículo en el supermercado será el gran acontecimiento social del día o de la semana.
Y quizás no lo olvide nunca más en su vida.

Ahora sustituyamos a la persona introvertida y sin relaciones por un modelo opuesto. Una persona extrovertida, que pasa el día entero rodeada de gran cantidad de personas y acontecimientos, interactuando frenéticamente con clientes y compañeros de trabajo, hablando por teléfono, concertando citas, comprando, vendiendo, haciendo reuniones, riendo, enfadándose y rematando el día tomando copas con los amigos.
Supongamos que esta persona va a comprar la leche y también se le cae causando gran estruendo y manchándose la ropa.
La valoración que hará del hecho será meramente anecdótica, pues representará un evento más de entre los muchos acontecimientos de carácter social que experimenta a lo largo de la jornada.
Y en pocas horas se habrá olvidado de lo sucedido.

Una persona en la sociedad actual se asemeja mucho al segundo modelo, sometida a gran cantidad de estímulos sensoriales, sociales y lingüísticos.
Para nosotros, toda información recibida es rápidamente digerida y olvidada, arrastrada por la corriente incesante de información que entra en nuestro cerebro como un torrente.

Porque vivimos inmersos en la cultura del twit, un mundo donde toda reflexión sobre un evento dura 140 caracteres.
Y esa es la profundidad máxima a la que llega nuestra limitada capacidad de análisis.

Es por esta razón, por nuestra impotencia a la hora de valorar y juzgar por nosotros mismos el volumen de información al que estamos sometidos, que la propia información que nos es transmitida lleva incorporada la opinión que debemos tener sobre ella, es decir, aquello que deberíamos pensar tras realizar una valoración profunda de los hechos.

Es decir, el emisor de la información le ahorra amablemente al receptor el esfuerzo detener que pensar.

Ese es el procedimiento que utilizan los grandes medios de comunicación y en un mundo con individuos auténticamente pensantes sería calificado de manipulación ylavado de cerebro

La televisión es un claro ejemplo de ello.
Fijémonos en un noticiario cualquiera.
Todas las noticias de todos las cadenas estan narradas de forma tendenciosa, de manera que contengan en su redactado y presentación no solo la información que debe ser transmitida, sinó la opinión que debe generar en el espectador.
O más claramente aún, el ejemplo de las omnipreentes tertulias políticas, donde los tertulianos son calificados como “generadores de opinión”.
Es decir, su función es generar la opinión que deberías fabricar por tí mismo.

Así pues, el bombardeo contínuo e incesante de información en nuestro cerebro nos impide juzgar adecuadamente el valor de los hechos, con criterio propio y según nuestros códigos internos.
Nos quita el tiempo que deberíamos tomarnos para sopesar las consecuencias de un acontecimiento y lo fragmenta en pedacitos de 140 caracteres y con ello, convierte en breve y superficial cualquier juicio que emitamos sobre una información recibida.

Resumiendo: nos hace pensar “en titulares” y por norma general, esos titulares ni tan solo los pensamos nosotros mismos, sino que nos son inoculados con la propia información.

Respuesta
Una vez reducido a la mínima expresión nuestro tiempo de valoración personal de los hechos, entramos en la fase decisiva del proceso, aquella en que nuestra posible respuesta queda anulada.

Aquí entran en juego las emociones y los sentimientos, el motor de toda respuesta y acción.
Y es que al fragmentar y reducir nuestro tiempo dedicado a juzgar una información cualquiera, también reducimos la carga emocional que asociamos a esa información.

Observemos nuestras propias reacciones: podemos indignarnos mucho al conocer una noticia cualquiera, ofrecida en un noticiario, como por ejemplo el desahucio forzoso de una familia sin recursos, pero al cabo de unos segundos de recibir esa información, somos bombardeados por otra información distinta que nos lleva a sentir otra emoción superficial diferente, olvidando así la emoción anterior.

Para decirlo de forma gráfica y clara: de la misma manera que nuestra capacidad de juicio y análisis queda reducida a un twit, nuestra respuesta emocional queda reducida a un emoticon

Y aquí es donde reside la clave del asunto.
Es en este punto donde queda desactivada nuestra posible respuesta.

Para comprenderlo mejor, volvamos a la analogía de las personas introvertida y extrovertida que rompían la botella de leche en el supermercado.

La persona introvertida encerrada en su hogar, que ha otorgado un valor más profundo a los hechos acontecidos en el supermercado seguirá dándole vueltas al asunto una y otra vez.
Es decir, no olvidará fácilmente las emociones vinculadas al ridículo que sintió en ese momento y con mucha probabilidad, esa exposición continuada a sus propias emociones acabará desembocando en un sentimiento de incomodidad ante la posibilidad de volver al lugar de los hechos.
Así pues, es muy posible que esa persona no vuelva durante un tiempo a comprar en ese supermercado, aunque eso implique que ha que ir bastante más lejos a comprar la leche.
Hasta el punto de llegar a fabricar un sentimiento de repulsa hacia el propio establecimiento y las personas que la vieron hacer el ridículo.
Es decir, la energía emocional que habrá volcado sobre ese hecho concreto, habrá terminado desembocando en una reacción efectiva ante el hecho en sí.

Sin embargo, la persona extrovertida volverá sin ningún problema al supermercado a comprar leche, pues en su mente, el suceso llevará asociada muy poca carga emocional.
Como mucho, quizás se ruborice un poco al ver a la cajera o a algún cliente.
Es decir, la persona extrovertida, no emprenderá acciones efectivas y tangibles derivadas del suceso de la botella de leche.

Más allá de las valoraciones que hagamos sobre estos personajes inventados, estos ejemplos nos sirven para demostrar que el bombardeo incesante de información al que estamos sometidos acaba desembocando en una fragmentación de nuestraenergía emocional y por ello acabamos ofreciendo una respuesta superficial o nula.

Una respuesta que en momentos como el que vivimos, intuimos debería ser mucho más contundente y que sin embargo, no llegamos a generar porque carecemos de energía suficiente para hacerlo.

Y todos observamos desesperados a los demás y nos preguntamos “¿Por qué no reaccionan? ¿Por que no reacciono yo?”

Y esa impotencia desemboca, al final, en una sensación de frustración y apatía generalizadas.
Ésta parece ser la razón básica por la que no se produce una Revolución cuando, por la lógica propia de los acontecimientos, debería producirse.

Se trata pues, de un fenómeno meramente psicológico

Éste es el mecanismo básico que aborta toda respuesta de la población ante los continuos abusos recibidos.
La BASE sobre la que se sustentan todas las manipulaciones mentales a las que estamos sometidos actualmente.
El mecanismo psicológico que mantiene a la población idiotizada, dócil y sumisa

Lo podríamos resumir así:
El excesivo bombardeo de información nos impide tomarnos el tiempo necesario para otorgar el valor adecuado a cada información recibida y con ello, nos impide asociarle la suficiente carga emocional como para generar una reacción efectiva y real

¿CONSPIRACIÓN O FENÓMENO SOCIAL?
Poco importa si todo esto forma parte de una gran conspiración para controlarnos o si hemos llegado a este punto por la propia evolución de la sociedad, porque las consecuencias son exactamente las mismas: los más poderosos harán lo posible por mantener estos mecanismos en funcionamiento; incluso fomentarán tanto como puedan su desarrollo, simplemente porque les beneficia.

De hecho, la propia revelación de la verdad favorece estos mecanismos.
A los más poderosos ya no les importa mostrarse tal y cómo son ni desvelar sus secretos, por sucios y oscuros que éstos sean.
Revelar estas verdades ocultas contribuye en gran medida a aumentar el volumen de información con el que somos bombardeados.
Cada secreto sacado a la luz crea nuevas oleadas de información, que puede ser manipulada e intoxicada con datos adicionales falsos, contribuyendo con ello a la confusión y al caos informativo y con ello a nuevas oleadas secundarias de información que nos aturdan aún mas y nos suman más profundamente en la apatía.

Si combinamos esta apatía, fruto de la poca energia emocional con la que intentamos responder, con las tremendas dificultades que el propio sistema nos pone a la hora de castigar a los responsables, se generan nuevas oleadas de frustración, cada vez más acusadas, que nos llevan, paso a paso, a la rendición definitiva y a la sumisión absoluta.

Así pues, no lo dudes: a las personas que ostentan el poder les interesa bombardearte con enormes volúmenes de información lo más superficial posible

Porqué una vez instaurada en la sociedad esta forma de interactuar con la información recibida, todos nosotros nos convertimos en adictos a ese incesante intercambio de datos.

El bombardeo de estímulos representa una auténtica droga para nuestro cerebro, que cada vez necesita más velocidad en el intercambio de informaciones y exige menos tiempo para tener que procesarlas.

Nos sucede a todos: cada vez nos cuesta más dedicar tiempo a leer un artículo largo cargado de información estructurada y razonada.
Exigimos que sea más resumido, más rápido, que se lea en una sola línea y que se ingiera como una pastilla y no como un ágape decente.

Nuestro cerebro se ha convertido en un drogadicto de la información rápida, en un yonqui ávido de contínuos chutes de datos que ingerir, a poder ser pensados y analizados por cualquier otro cerebro, para no tener que hacer el esfuerzo de fabricarnos una compleja y contradictoria opinión propia.

Porque odiamos la duda, pues nos obliga a pensar.
Ya no queremos hacernos preguntas.
Solo queremos respuestas rápidas y fáciles.

Somos y queremos ser antenas receptoras y replicadoras de información, como meros espejos que rebotan imágenes externas.
Pero los espejos son planos y no albergan más vida en ellos que la que reflejan proviniendo del exterior.
Hacia ahí se dirige el ser humano de forma acelerada.
¿Vamos a permitirlo?

CONCLUSIÓN
Quizás todo lo expuesto anteriormente no es lo que querías escuchar.
Es poco estimulante y resulta algo complicado y farragoso, pero las realidades complejas no pueden reducirse a un ingenioso titular en forma de twit.

Para emprender una transformación profunda de nuestro mundo, para iniciar una auténtica Revolución que lo cambie todo y nos lleve a una realidad mejor, deberemos descender hasta las profundidades de nuestra psique, hasta la sala de máquinas, donde estan en marcha todos los mecanismos que determinan nuestras acciones y movimientos.

Ahí es donde se está dirimiendo la auténtica guerra por el futuro de la humanidad

Nadie nos salvará desde un púlpito con brillantes proclamas y promesas de una sociedad más justa y equitativa.
Nadie nos salvará sólo contándonos la supuesta verdad, ni desvelando los más oscuros secretos de los poderes en la sombra.desempleo2

Como acabamos de ver, la información y la verdad ya no tienen importancia, porque nuestros mecanismos de respuesta están averiados.

Debemos descender hasta ellos y repararlos; y para conseguirlo, debemos saber cómo funcionan.
Para ello no será necesario hacer un complejo curso de psicología: observando con atención y razonando por nosotros mismos podemos conseguirlo.

Porque no se trata de algo esotérico ni fundamentado en creencias extrañas de carácter Místico, Religioso o New Age.
Es pura lógica: No hay revolución posible sin una transformación profunda de nuestra psique a nivel individual.
Porque nuestra mente está programada por el Sistema.
Y por lo tanto, para cambiar ese Sistema que nos aprisiona, antes debemos desinstalarlo de nuestra mente.

¿Tú lo vas a hacer?