Enredados en las redes sociales: Distraídos y suicidas

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Enredados en las Redes sociales
De distraídos y suicidas
Por: Darío Valle Risoto

Ayer al regresar del trabajo crucé como lo hago habitualmente un cruce de semáforo donde debo ser el único que lo hace como se debe de frente a la acera y no en diagonal de espaldas al tránsito como la mayoría de la gente ya que este cruce tiene la característica de no estar bien en la esquina porque es parte de cinco calles que se encuentran y es mejor que esté donde está, para bien de los que cruzamos bien, claro.

Aparte de ello solamente dura el tiempo de cruzar unos treinta segundos y me percaté al pasar que un chico lo hizo mirando su celular todo el tiempo, continuó así y cruzó la otra calle en rojo sin darse siquiera cuenta de si venían vehículos o no. Estuve a punto de decirle que podría tener un accidente si no miraba por donde caminaba pero desistí bajo la idea de que probablemente recibiera un insulto o el consejo de meterme en aquello que me compete aunque no me agrade mucho que atropellen a un pelotudo cerca de mí por aquello de que las salpicaduras de sangre y sesos son difíciles de lavar después.

El caso es que como veterano que nací sin esta maravillosa cosa de los dispositivos móviles me estoy dando cuenta de que la gente está verdaderamente alienada y suelo preguntarme a menudo si tienen contactos o temas que tratar o estudiar tan importantes como para no esperar a llegar a casa o tratarlos en sitios donde no corran peligro.

En el colectivo cuando me toca sentarme del lado del corredor me mosquea bastante que las personas que van paradas estén mirando y tecleando sus celulares prácticamente cerca de mis ojos y como uso lentes, más de una vez los miro para ver si se dan puta cuenta de que me están invadiendo mi espacio personal, muchas veces he pensado en decirles que si me rompen los lentes se olviden de sus malditos celulares porque van a volar por la ventana a la calle.

A esto sumémosle el pequeño detalle de que van en un colectivo lleno, mal parados porque generalmente además de llevar su importante relación con el celular llevan cuantiosas mochilas y a veces hasta termo y mate, con todo esto tratan de conservar el equilibrio en un servicio de transporte Montevideano que no se caracteriza precisamente por su suavidad. Debe ser una maravillosa época para los carteristas me imagino con decenas de zombies distraídos wassapeando en un transporte lleno donde moverse por el corredor es un acto propio del Circo du soleil.

El otro día en el cine le tuve que decir en la oscuridad a una señora que se dejara de joder con el celular porque lo prendía en la oscuridad de la sala para mirar la hora, de verdad creo que la gente está perdiendo la chaveta con este tema y trataré de explicar lo que al menos a mi me parece obvio.

Para comenzar, a menos que no estemos esperando noticias de vida o muerte o importantes de trabajo lo que llega a nuestro celular queda allí y puede esperar, los intercambios de saludos y conversaciones vía voz o texto en su gran mayoría se trata de intercambios absolutamente intrascendentes como una señora que viajó más o menos media hora en el colectivo explicándole al marido que comida le había dejado en la heladera y de que forma.

Miren que sigo pensando que estos dispositivos son maravillosos y que lo importante de ellos radica precisamente en hacernos la vida más confortable y no más peligrosa o pasible de que un tipo como yo un día pierda la chaveta y te rompa el celular al medio porque se lo metiste entre los ojos mientras le escribías: “Te quiero” a tu novio.

Que el paisaje de las ciudad ha cambiado es notorio, caminar por cualquier vereda significa tener que esquivar o chocarse con gente que está atendiendo sus celulares mientras camina y a menudo con auriculares puestos, todo un ejemplo de “estar regalados” al accidente y a los asaltantes. Quizás mi problema es que la gente no me gusta demasiado, no solo no tengo whassap sino que tampoco suelo mantener muchos contactos en Facebook ni enviar muchos mensajes de texto porque si, al punto de que todos los meses me sobran enormes cantidades que se pierden por no usarlos dado mi contrato.

A todo esto cuando tengo que enviarle un mensaje o llamar a alguien en la calle, me paro en un lugar donde no moleste y lo hago tranquilo, luego sigo mi camino. Generalmente voy escuchando música, discos completos que cambian automáticamente de uno a otro o una emisora de Linkein sin necesidad de andar buscando canciones. En el colectivo aunque vaya sentado prefiero no sacar salvo muy raras ocasiones mi celular y si por casualidad alguien me llama le digo que cuando baje lo llamaré yo porque detesto que la gente escuche lo que digo tanto como escuchar a los demás sus conversaciones personales. Si, usted dirá: “este tipo es un obsesivo o algo peor” y puede que tengan razón pero fui educado en algo que se llama ser discreto y de bajo perfil y por sobretodas las cosas en cuidarme cuando ando a la intemperie sobretodo en épocas tan violentas como nos tocan vivir.

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BALLENA-AZULEnredados en las redes sociales
Por: Darío Valle Risoto

No hay duda de que nosotros poseemos a los objetos, siempre y cuando estos no nos posean a nosotros y todo esto en el sentido de comprender que los dispositivos electrónicos que nos permiten acceder a Internet son meras herramientas que nos facilitan la vida pero también pueden absorbernos el tiempo y la mente cual esponjas malignas.

El viejo ejemplo del cuchillo siempre es pertinente en estos casos, tenerlo nos posibilita desde cortar nuestros alimentos hasta cometer un crimen, la decisión es nuestra. En el caso de las redes sociales estos crímenes pueden ser de diversa índole. La ballena azul, ese extraño juego puede ser un ejemplo, más se me ocurre que también es un producto de difusión que bien le hace a la prensa amarilla que nunca lo será tanto como en las redes.

Todos tenemos nuestros delirios pero casi todos también somos absorbidos por nuestros dispositivos celulares que contienen el mundo al precio y al tamaño de la palma de nuestras manos, aún así es un elemento perverso que nos quita el sueño y llena nuestras madrugadas de twitters, mails y vacíos mensajes de Facebook.

¿Quién es el dueño de mi celular?
Yo y solo yo, lo demás solo será quejarnos de nuestra propia fragilidad ante la noticia asombrosa de aquel que se casó con una lagartija o del video de gatos o de la última moda del presidente Trump. Una vorágine que nos quita los sentidos de lo verdaderamente importante. Y yo no soy quien para indicarles que lo es o no, cosa de cada uno.

Una chica se suicida después del terrible acoso en las redes tras colgar algunas fotos donde se veía tal como era: gorda y poco atractiva, o más bien fuera de los cánones que hoy día tenemos como belleza y ahora la chica ya no está y pronto será superada por otra muerte, otro suicidio allí donde solo pudo tener la buena idea o el consejo amigo de alejarse de las redes por su propio bien solo prospero la decisión de apagarse ella misma para siempre.

La ley del cuchillo, la herramienta que se vuelve contra el amo lamentablemente se repite día a día pero también sirve para denunciar a ladrones y otros victimarios, siempre y cuando la denuncia venga bien, porque sobran “fakes” acusando levemente a inocentes por cualquier cosa amén de los videos de niños matando perros o de accidentes automovilísticos. El morboso nunca tuvo mejor mundo que este y el enfermito y el onanista solitario, todos tenemos un muerto en el ropero así mismo no es posible que tratemos de colectivizar hasta lo que comemos todos los días.

Yo no soy perfecto tampoco, todos los días cuelgo una foto de mi almuerzo de trabajo con algún chiste sobre la comida chatarra más al otro día la borro porque mi vergüenza aflora en menos de veinticuatro horas. Por otro lado me asombra la capacidad de algunos de mostrarnos su vida en pareja y sus sentimientos como si nos importaran, más creo que muchos se complacen en ver que la cosa humana acepta este tipo de pequeñeces en nombre de cuatro minutos de notoriedad.

Maravillosa herramienta el celular, un fabuloso cable que nos alcanza el mundo y toda su circunstancia con miles de ventanas a él desde las más honorables a las más retorcidas y de nosotros es la libertad de decidir a cual nos asomamos, cuales abrimos y cuales cerramos porque en definitiva: Somos lo que comemos.

¿Por que no estalla una revolución?

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¿Por que no estalla una revolución?

Fuente: https://lamentiradelsistema.wordpress.com/2014/01/07/por-que-no-estalla-una-revolucion/

¿Te has preguntado alguna vez porqué nadie reacciona ante la infame oleada de opresión y abusos de todo tipo que estamos sufriendo?

¿No te produce perplejidad el hecho de que tras tantas y tantas revelaciones sobre casos de corrupción, injusticias, robos y burlas a la ley y a la población en general, a la cual se le ha robado literalmente el presente y el futuro, no suceda absolutamente nada?

¿Te has preguntado porqué no estalla una Revolución masiva y por qué todo el mundo parece estar dormido o hipnotizado?

Estos últimos años se han hecho públicas informaciones de todo tipo que deberían haber dañado la estructura del Sistema hasta sus mismísimos cimientos y sin embargo la maquinaria sigue intacta, sin ni tan solo un arañazo superficial.

Y esto pone de manifiesto un hecho extremadamente preocupante que está sucediendo justo ante nuestras narices y al que nadie parece prestarle atención.
El hecho de que SABER LA VERDAD YA NO IMPORTA

Parece increíble, pero los acontecimientos lo demuestran a diario.

La información ya no tiene relevancia
Desvelar los más oscuros secretos y sacarlos a la luz ya no produce ningún efecto, ninguna respuesta por parte de la población.
Por más terribles e impactantes que sean los secretos revelados.

Durante décadas hemos creído que los luchadores por la verdad, los informadores capaces de desvelar asuntos encubiertos o airear los trapos sucios, podían cambiar las cosas.
Que podían alterar el devenir de la historia.
De hecho, hemos crecido con el convencimiento de que conocer la verdad era crucial para crear un mundo mejor y más justo y que aquellos que luchaban por desvelarla eran el mayor enemigo de los poderosos y de los tiranos.

Y quizás durante un tiempo ha sido así.

Pero actualmente, la “evolución” de la sociedad y sobretodo de la psicología de las masas nos ha llevado a un nuevo estado de cosas.
Un estado mental de la población que no se habría atrevido a imaginar ni el más enajenado de los dictadores.
El sueño húmedo de todo tirano sobre la faz de la tierra: no tener que ocultar ni justificar nada ante su pueblo.
Poder mostrar públicamente toda su corrupción, maldad y prepotencia sin tener que preocuparse de que ello produzca ningún tipo de respuesta entre aquellos a los que oprime.

Ésta es la realidad del mundo en el que vivimos.
Y si crees que esto es una exageración, observa a tu alrededor.

El caso de España es palmario.
Un país inmerso en un estado de putrefacción generalizado, devorado hasta los huesos por los gusanos de la corrupción en todos los ámbitos: el judicial, el empresarial, el sindical y sobretodo el político.
Un estado de descomposición que ha rebosado todos los límites imaginables, hasta salpicar con su pestilencia a todos los partidos políticos de forma irreparable.

Y sin embargo, a pesar de hacerse públicos de forma continuada todos estos escándalos de corrupción política, los españoles siguen votando mayoritariamente a los mismos partidos, derivando, como mucho, algunos de sus votos a partidos subsidiarios que de ninguna manera representan una alternativa real.

Ahí está el alucinante caso de la Comunidad Valenciana, la región más representativa del saqueo desvergonzado perpetrado por el Partido Popular y donde, a pesar de todo, este partido de auténticos forajidos y bandoleros sigue ganando las elecciones con mayoría absoluta.

Una vergüenza inimaginable en cualquier nación mínimamente democrática.
Y desgraciadamente, el caso de Valencia es solo un ejemplo más del estado general del país: ahí tenemos el indignante caso de Andalucía dominada desde hace décadas por la otra gran mafia del estado, el PSOE, que junto con sus socios de los Sindicatos y el apoyo puntual de Izquierda Unida han robado a manos llenas durante años y años.
O el caso de Cataluña con Convergencia y Unió, un partido de elitistas ladrones de guante blanco, por poner otro ejemplo más.

Y es que podríamos seguir así por todas las comunidades autónomas o por el propio gobierno central, donde las dos grandes familias político-criminales del país, PP y PSOE, se han dedicado a saquear sin ningún tipo de recato.

Y a pesar de hacerse públicos todos estos casos de corrupción generalizada; a pesar de revelarse la implicación de las altas esferas financieras y empresariales, con la aquiescencia del poder judicial; a pesar de demostrarse por activa y por pasiva que la infección afecta al Sistema en su generalidad, en todos los ámbitos, imposibilitando la creación de un futuro sano para el país; a pesar de todo ello, la respuesta de la población ha sido…no hacer nada.
La máxima respuesta de la ciudadanía ha sido “ejercer el legítimo derecho de manifestación”, una actividad muy parecida a la que hace la hinchada cuando su equipo de fútbol gana una competición y sale en masa a la calle para celebrarlo.manifestaciones-y-celebraciones-deportivas

Es decir, nadie ha hecho nada efectivo por cambiar las cosas, excepto picar cacerolas.

Y el caso de la corrupción política desvelada en España y la nula reacción de la población es solo un ejemplo de entre muchos tantos a lo largo y ancho del mundo.

Ahí está el caso del deporte de masas, azotado como está por la sospecha de la corrupción, de la manipulación y del dopaje y por la más que probable adulteración de todas las competiciones bajo el control comercial de las grandes marcas…y a pesar de ello, sus audiencias televisivas y su seguimiento no solo no se ve afectado, sino que sigue creciendo cada vez más y más y más…

Pero todos estos casos empequeñecen ante la gravedad de las revelaciones hechas por Edward Snowden y confirmadas por los propios gobiernos, que nos han dicho, a la cara, con luz y taquígrafos, que todas nuestras actividades son monitoreadas y vigiladas, que todas nuestras llamadas, nuestra actividad en redes sociales y nuestra navegación en Internet es controlada y que nos dirigimos inexorablemente hacia la pesadilla del Gran Hermano vaticinada por George Orwell en “1984”.

Y lo que es más alucinante del caso: una vez “filtradas” estas informaciones, nadie se ha preocupado de rebatirlas.
¡Ni mucho menos!

Todos los medios de comunicación, los poderes políticos y las grandes empresas de Internet implicadas en el escándalo han confirmado públicamente este estado de vigilancia como algo real e indiscutible.
Como mucho han prometido, de forma poco convincente y con la boca pequeña que no van a seguir haciéndolo…
¡Incluso se han permitido el lujo de dar algunos detalles técnicos!

¿Y cuál ha sido la respuesta de la población mundial cuando se ha revelado esaverdad?
¿Cuál ha sido la reacción general al recibir estas informaciones?
Ninguna.

Todo el mundo sigue absorto con su smartphone, sigue revolcándose en el dulce fango de las redes sociales y sigue navegando las infestadas aguas de Internet sin mover ni una sola pestaña…

Así pues, ¿De qué sirve saber la verdad?
En el caso hipotético de que Edward Snowden o Julian Assange sean personajes reales y no creaciones mediáticas con una misión oculta, ¿De qué habrá servido su sacrificio?
¿Qué utilidad tiene acceder a la información y desvelar la verdad si no provoca ningún cambio, ninguna alteración, ni ninguna transformación?

¿De qué sirve saber de forma explícita y documentada que la energía nuclear solo nos puede traer desgracias, como nos demuestran los terribles accidentes de Chernobyl y Fukushima, si tales revelaciones no surten ni el más mínimo efecto?

¿De qué nos sirve saber que los bancos son entidades criminales dedicadas al saqueo masivo si seguimos utilizándolos?

¿De qué nos sirve saber que la comida está adulterada y contaminada por todo tipo de productos tóxicos, cancerígenos o transgénicos si seguimos comiéndola?

¿De qué nos sirve saber la verdad sobre cualquier asunto relevante si no reaccionamos, por más graves que sean sus implicaciones?

No nos engañemos más, por duro que sea aceptarlo.
Afrontemos la realidad tal y como es.
En la sociedad actual, saber la verdad ya no significa nada
Informar de los hechos que verdaderamente acontecen, no tiene ninguna utilidad real

Es más, la mayoría de la población ha llegado a tal nivel de degradación psicológica que, como demostraremos, la propia revelación de la verdad y el propio acceso a la información refuerzan aún más su incapacidad de respuesta y su atonía mental.

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La gran pregunta es: ¿POR QUÉ?
¿Qué nos ha conducido a todos nosotros, como individuos, a este estado de apatía generalizado?
Y la respuesta, como siempre sucede cuando nos hacemos preguntas de este calado, resulta de lo más inquietante.
Y está relacionada, directamente, con el condicionamiento psicológico al que está sometido el Individuo en la sociedad actual.

Pues los mecanismos que desactivan nuestra respuesta al acceder a la verdad, por más escandalosa que ésta resulte, son tan sencillos como efectivos.
Y resultan de lo más cotidiano.

Simplemente todo se basa en un exceso de información
En un bombardeo de estímulos tan exagerado que provoca una cadena de acontecimientos lógicos que acaban desembocando en una flagrante falta de respuesta.
En pura apatía.

Y para luchar contra este fenómeno, resulta clave saber cómo se desarrolla el proceso…

¿CÓMO SE DESARROLLA EL PROCESO?
Para empezar, debemos entender que todo estímulo sensorial que recibimos está cargado de información.
Nuestro cuerpo está diseñado para percibir y procesar todo tipo de estímulos sensoriales, pero la clave del asunto radica en la percepción de información de carácter lingüístico, entediendo por “lingüistico”: todo sistema organizado con el fin de codificar y transmitir información de cualquier clase.
Por ejemplo, escuchar una frase o leerla implica una entrada de información en nuestro cerebro, de caracter lingüístico.
Pero también lo implica ver el logo de una empresa, escuchar las notas musicales de una canción, ver una señal de tráfico o oir la sirena de una ambulancia, por poner algunos ejemplos…

Una persona en el mundo actual, está sometida a miles y miles de estímulos lingüisticos de este tipo a lo largo de un día normal, muchos de ellos percibidos de forma consciente, pero la inmensa mayoría percibidos de forma inconsciente, que deben ser procesados por nuestro cerebro.
El proceso de captación y procesamiento de esta información lo podríamos dividir básicamente en 3 fases: percepción, valoración y respuesta

Percepción
Sin lugar a dudas, formamos parte de la generación con mayor capacidad de procesamiento de información a nivel cerebral de la toda historia de la humanidad, con muchísima diferencia, sobretodo a nivel visual y auditivo.
Es más, a medida que nacen y crecen nuevas generaciones, éstas adquieren una mayor velocidad de percepción de información.

Una muestra de ello la podemos encontrar en el propio cine.Times Square

Visualiza un antiguo western de John Wayne, en una secuencia cualquiera de acción, como por ejemplo, un tiroteo.
Y después visualiza una secuencia de un tiroteo o de una persecución de coches en una película actual.

Cualquier secuencia de acción de una película actual está trufada de sucesiones rapidísimas de planos de corta duración.
En tan solo 3 o 4 segundos verás diferentes planos: la cara del protagonista conduciendo, la del acompañante gritando, la mano en el cambio de marcha, el pie pisando el pedal, el coche esquivando un peatón, el perseguidor que derrapa, el malo que agarra la pistola, como dispara por la ventanilla, etc…y cada plano habrá durado apenas décimas de segundo.
Las imágenes se suceden a toda velocidad como los disparos de una ametralladora.
Y sin embargo eres capaz de verlas todas y procesar el mensaje que contienen.

Ahora ponte la película de John Wayne.
No encontrarás sucesiones de planos a ritmo de ametralladora, sinó sucesiones de planos mucho más largos en duración y con mayor tamaño de campo visual.

Probablemente, un espectador de la época de John Wayne se habría mareado viendo una película actual, pues no estaría acostumbrado a procesar tanta información visual a tanta velocidad.

Esto es un ejemplo sencillo del bombardeo de información al que está sometido el cerebro de alguien en la actualidad, en comparación con el de una persona de hace tan solo 50 años.
Añádele a esto todas las fuentes de información que te rodean, como la televisión, la radio, la música, la omnipresente publicidad de todo tipo, las señales de tráfico, los diferentes y variados ropajes que viste cada una de las personas con las que te cruzas por la calle y que representan, cada uno de ellos una serie de códigos lingüísticos para tu cerebro, la información que ves en tu móvil, en la tablet, en internet y añádele, además, tus compromisos sociales, tus facturas, tus preocupaciones y los deseos que te han programado tener, etc, etc, etc…

Se trata de una auténtica inundación de información que debe procesar tu cerebro continuadamente.
Y todo ello en un cerebro del mismo tamaño y capacidad que el de ese espectador de los westerns de John Wayne hace 50 años.

Por lo visto, parece que nuestro cerebro tiene capacidad suficiente para percibir tales volúmenes de información y comprender los mensajes asociados a esos estímulos.
Ahí no radica el problema.
De hecho parece que nuestro cerebro disfruta con ello, pues nos hemos convertido en adictos al bombardeo de estímulos.
El problema aparece en la siguiente fase.

Valoración
Es cuando debemos valorar la información recibida, es decir, cuando llega la hora dejuzgar y analizar sus implicaciones, que nos topamos con nuestras limitaciones.
Porque, literalmente, no disponemos de tiempo material para hacer una valoración en profundidad de esa información.
Antes de que nuestra mente, por sí misma y con criterios propios, pueda juzgar de forma más o menos profunda la información que recibimos, somos bombardeados por una nueva oleada de estímulos que nos distraen e inundan nuestra mente.
Es por esta razón que nunca llegamos a valorar en su justa medida, la información que recibimos, por importantes que sean sus posibles implicaciones.

Para comprenderlo mejor, vamos a utilizar una analogía, en forma de pequeña historia.
Imaginemos a una persona muy introvertida, que pasa la mayor parte de su tiempo encerrada en casa.
Prácticamente no tiene amigos ni entabla relaciones sociales de ningún tipo.
Ahora supongamos que esa persona baja al supermercado a comprar una botella de leche y cuando va a pagarla, se le cae al suelo y la rompe, causando gran estruendo y manchando su ropa a ojos de todos los clientes y de la cajera.
Cuando esa persona vuelva a su casa, aislada de toda relación y estímulo social, probablemente dará un gran valor a lo acontecido en el supermercado.
Se preguntará por qué le cayó la leche y qué movimiento en falso realizó para que eso sucediera; se preguntará si fue culpa suya o fue culpa de la botella que era demasiado resbaladiza; analizará en su cabeza la mirada de la cajera y los gestos y comentarios de todos y cada uno de los clientes; incluso observará las manchas en su ropa e intentará adivinar lo que pensaban sobre ella las demás personas al verla en esa situación.
Se sentirá ridícula y juzgará aquel acontecimiento meramente anecdótico como mucho más importante de lo que realmente es.
Simplemente porque para ella, ese ridículo en el supermercado será el gran acontecimiento social del día o de la semana.
Y quizás no lo olvide nunca más en su vida.

Ahora sustituyamos a la persona introvertida y sin relaciones por un modelo opuesto. Una persona extrovertida, que pasa el día entero rodeada de gran cantidad de personas y acontecimientos, interactuando frenéticamente con clientes y compañeros de trabajo, hablando por teléfono, concertando citas, comprando, vendiendo, haciendo reuniones, riendo, enfadándose y rematando el día tomando copas con los amigos.
Supongamos que esta persona va a comprar la leche y también se le cae causando gran estruendo y manchándose la ropa.
La valoración que hará del hecho será meramente anecdótica, pues representará un evento más de entre los muchos acontecimientos de carácter social que experimenta a lo largo de la jornada.
Y en pocas horas se habrá olvidado de lo sucedido.

Una persona en la sociedad actual se asemeja mucho al segundo modelo, sometida a gran cantidad de estímulos sensoriales, sociales y lingüísticos.
Para nosotros, toda información recibida es rápidamente digerida y olvidada, arrastrada por la corriente incesante de información que entra en nuestro cerebro como un torrente.

Porque vivimos inmersos en la cultura del twit, un mundo donde toda reflexión sobre un evento dura 140 caracteres.
Y esa es la profundidad máxima a la que llega nuestra limitada capacidad de análisis.

Es por esta razón, por nuestra impotencia a la hora de valorar y juzgar por nosotros mismos el volumen de información al que estamos sometidos, que la propia información que nos es transmitida lleva incorporada la opinión que debemos tener sobre ella, es decir, aquello que deberíamos pensar tras realizar una valoración profunda de los hechos.

Es decir, el emisor de la información le ahorra amablemente al receptor el esfuerzo detener que pensar.

Ese es el procedimiento que utilizan los grandes medios de comunicación y en un mundo con individuos auténticamente pensantes sería calificado de manipulación ylavado de cerebro

La televisión es un claro ejemplo de ello.
Fijémonos en un noticiario cualquiera.
Todas las noticias de todos las cadenas estan narradas de forma tendenciosa, de manera que contengan en su redactado y presentación no solo la información que debe ser transmitida, sinó la opinión que debe generar en el espectador.
O más claramente aún, el ejemplo de las omnipreentes tertulias políticas, donde los tertulianos son calificados como “generadores de opinión”.
Es decir, su función es generar la opinión que deberías fabricar por tí mismo.

Así pues, el bombardeo contínuo e incesante de información en nuestro cerebro nos impide juzgar adecuadamente el valor de los hechos, con criterio propio y según nuestros códigos internos.
Nos quita el tiempo que deberíamos tomarnos para sopesar las consecuencias de un acontecimiento y lo fragmenta en pedacitos de 140 caracteres y con ello, convierte en breve y superficial cualquier juicio que emitamos sobre una información recibida.

Resumiendo: nos hace pensar “en titulares” y por norma general, esos titulares ni tan solo los pensamos nosotros mismos, sino que nos son inoculados con la propia información.

Respuesta
Una vez reducido a la mínima expresión nuestro tiempo de valoración personal de los hechos, entramos en la fase decisiva del proceso, aquella en que nuestra posible respuesta queda anulada.

Aquí entran en juego las emociones y los sentimientos, el motor de toda respuesta y acción.
Y es que al fragmentar y reducir nuestro tiempo dedicado a juzgar una información cualquiera, también reducimos la carga emocional que asociamos a esa información.

Observemos nuestras propias reacciones: podemos indignarnos mucho al conocer una noticia cualquiera, ofrecida en un noticiario, como por ejemplo el desahucio forzoso de una familia sin recursos, pero al cabo de unos segundos de recibir esa información, somos bombardeados por otra información distinta que nos lleva a sentir otra emoción superficial diferente, olvidando así la emoción anterior.

Para decirlo de forma gráfica y clara: de la misma manera que nuestra capacidad de juicio y análisis queda reducida a un twit, nuestra respuesta emocional queda reducida a un emoticon

Y aquí es donde reside la clave del asunto.
Es en este punto donde queda desactivada nuestra posible respuesta.

Para comprenderlo mejor, volvamos a la analogía de las personas introvertida y extrovertida que rompían la botella de leche en el supermercado.

La persona introvertida encerrada en su hogar, que ha otorgado un valor más profundo a los hechos acontecidos en el supermercado seguirá dándole vueltas al asunto una y otra vez.
Es decir, no olvidará fácilmente las emociones vinculadas al ridículo que sintió en ese momento y con mucha probabilidad, esa exposición continuada a sus propias emociones acabará desembocando en un sentimiento de incomodidad ante la posibilidad de volver al lugar de los hechos.
Así pues, es muy posible que esa persona no vuelva durante un tiempo a comprar en ese supermercado, aunque eso implique que ha que ir bastante más lejos a comprar la leche.
Hasta el punto de llegar a fabricar un sentimiento de repulsa hacia el propio establecimiento y las personas que la vieron hacer el ridículo.
Es decir, la energía emocional que habrá volcado sobre ese hecho concreto, habrá terminado desembocando en una reacción efectiva ante el hecho en sí.

Sin embargo, la persona extrovertida volverá sin ningún problema al supermercado a comprar leche, pues en su mente, el suceso llevará asociada muy poca carga emocional.
Como mucho, quizás se ruborice un poco al ver a la cajera o a algún cliente.
Es decir, la persona extrovertida, no emprenderá acciones efectivas y tangibles derivadas del suceso de la botella de leche.

Más allá de las valoraciones que hagamos sobre estos personajes inventados, estos ejemplos nos sirven para demostrar que el bombardeo incesante de información al que estamos sometidos acaba desembocando en una fragmentación de nuestraenergía emocional y por ello acabamos ofreciendo una respuesta superficial o nula.

Una respuesta que en momentos como el que vivimos, intuimos debería ser mucho más contundente y que sin embargo, no llegamos a generar porque carecemos de energía suficiente para hacerlo.

Y todos observamos desesperados a los demás y nos preguntamos “¿Por qué no reaccionan? ¿Por que no reacciono yo?”

Y esa impotencia desemboca, al final, en una sensación de frustración y apatía generalizadas.
Ésta parece ser la razón básica por la que no se produce una Revolución cuando, por la lógica propia de los acontecimientos, debería producirse.

Se trata pues, de un fenómeno meramente psicológico

Éste es el mecanismo básico que aborta toda respuesta de la población ante los continuos abusos recibidos.
La BASE sobre la que se sustentan todas las manipulaciones mentales a las que estamos sometidos actualmente.
El mecanismo psicológico que mantiene a la población idiotizada, dócil y sumisa

Lo podríamos resumir así:
El excesivo bombardeo de información nos impide tomarnos el tiempo necesario para otorgar el valor adecuado a cada información recibida y con ello, nos impide asociarle la suficiente carga emocional como para generar una reacción efectiva y real

¿CONSPIRACIÓN O FENÓMENO SOCIAL?
Poco importa si todo esto forma parte de una gran conspiración para controlarnos o si hemos llegado a este punto por la propia evolución de la sociedad, porque las consecuencias son exactamente las mismas: los más poderosos harán lo posible por mantener estos mecanismos en funcionamiento; incluso fomentarán tanto como puedan su desarrollo, simplemente porque les beneficia.

De hecho, la propia revelación de la verdad favorece estos mecanismos.
A los más poderosos ya no les importa mostrarse tal y cómo son ni desvelar sus secretos, por sucios y oscuros que éstos sean.
Revelar estas verdades ocultas contribuye en gran medida a aumentar el volumen de información con el que somos bombardeados.
Cada secreto sacado a la luz crea nuevas oleadas de información, que puede ser manipulada e intoxicada con datos adicionales falsos, contribuyendo con ello a la confusión y al caos informativo y con ello a nuevas oleadas secundarias de información que nos aturdan aún mas y nos suman más profundamente en la apatía.

Si combinamos esta apatía, fruto de la poca energia emocional con la que intentamos responder, con las tremendas dificultades que el propio sistema nos pone a la hora de castigar a los responsables, se generan nuevas oleadas de frustración, cada vez más acusadas, que nos llevan, paso a paso, a la rendición definitiva y a la sumisión absoluta.

Así pues, no lo dudes: a las personas que ostentan el poder les interesa bombardearte con enormes volúmenes de información lo más superficial posible

Porqué una vez instaurada en la sociedad esta forma de interactuar con la información recibida, todos nosotros nos convertimos en adictos a ese incesante intercambio de datos.

El bombardeo de estímulos representa una auténtica droga para nuestro cerebro, que cada vez necesita más velocidad en el intercambio de informaciones y exige menos tiempo para tener que procesarlas.

Nos sucede a todos: cada vez nos cuesta más dedicar tiempo a leer un artículo largo cargado de información estructurada y razonada.
Exigimos que sea más resumido, más rápido, que se lea en una sola línea y que se ingiera como una pastilla y no como un ágape decente.

Nuestro cerebro se ha convertido en un drogadicto de la información rápida, en un yonqui ávido de contínuos chutes de datos que ingerir, a poder ser pensados y analizados por cualquier otro cerebro, para no tener que hacer el esfuerzo de fabricarnos una compleja y contradictoria opinión propia.

Porque odiamos la duda, pues nos obliga a pensar.
Ya no queremos hacernos preguntas.
Solo queremos respuestas rápidas y fáciles.

Somos y queremos ser antenas receptoras y replicadoras de información, como meros espejos que rebotan imágenes externas.
Pero los espejos son planos y no albergan más vida en ellos que la que reflejan proviniendo del exterior.
Hacia ahí se dirige el ser humano de forma acelerada.
¿Vamos a permitirlo?

CONCLUSIÓN
Quizás todo lo expuesto anteriormente no es lo que querías escuchar.
Es poco estimulante y resulta algo complicado y farragoso, pero las realidades complejas no pueden reducirse a un ingenioso titular en forma de twit.

Para emprender una transformación profunda de nuestro mundo, para iniciar una auténtica Revolución que lo cambie todo y nos lleve a una realidad mejor, deberemos descender hasta las profundidades de nuestra psique, hasta la sala de máquinas, donde estan en marcha todos los mecanismos que determinan nuestras acciones y movimientos.

Ahí es donde se está dirimiendo la auténtica guerra por el futuro de la humanidad

Nadie nos salvará desde un púlpito con brillantes proclamas y promesas de una sociedad más justa y equitativa.
Nadie nos salvará sólo contándonos la supuesta verdad, ni desvelando los más oscuros secretos de los poderes en la sombra.desempleo2

Como acabamos de ver, la información y la verdad ya no tienen importancia, porque nuestros mecanismos de respuesta están averiados.

Debemos descender hasta ellos y repararlos; y para conseguirlo, debemos saber cómo funcionan.
Para ello no será necesario hacer un complejo curso de psicología: observando con atención y razonando por nosotros mismos podemos conseguirlo.

Porque no se trata de algo esotérico ni fundamentado en creencias extrañas de carácter Místico, Religioso o New Age.
Es pura lógica: No hay revolución posible sin una transformación profunda de nuestra psique a nivel individual.
Porque nuestra mente está programada por el Sistema.
Y por lo tanto, para cambiar ese Sistema que nos aprisiona, antes debemos desinstalarlo de nuestra mente.

¿Tú lo vas a hacer?

Celulares: ¿funcionales o adictivos?

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Celulares inteligentes: Función o adición
Por: Darío Valle Risoto

Ya hay diversos nombres para bautizar a aquellos que comienzan a tener conductas enfermizas por el uso compulsivo de los celulares, por otro lado también encontramos, sobretodo dentro de las generaciones “analógicas” cierta resistencia a esta maravillosa nueva tecnología aunque también hay mucha gente “grande” que ha caído bajo el influjo de estos soportes digitales.

Voy a tratar de ser claro: Tengo 54 años y por lo tanto debería pertenecer a la generación bautizada como: Generación X o sea, aquellos nacidos luego de 1960 y que entre sus características tenemos según Wikipedia:

“A esta generación le toco vivir la llegada del CD, la PC de escritorio, el flipper/pinball, el walkman y el fin de las cintas en cassette y videos, el nacimiento de Internet y la burbuja del .com en la década de los 90´s, por eso actualmente parte de esta generación se resiste a utilizar estas tecnologías. Todavía prefieren ir a elegir y comprar discos en las disquerías, en vez de pagar y descargarlos. Nacieron en una época de cambios y no necesitan de Internet para vivir sus vidas o divertirse.”

Reconozco que como un ser humano nacido antes de toda esta nueva tecnología en franco e imparable avance aún tengo con asombro que acomodarme al uso de estos soportes de información que como Comunicador Social tanto me sirven para llegar a la información de todo aquello que me interesa, más también debo reconocer que como un hombre nacido en otro tiempo puedo contener el afán de vivir “conectado” casi todo el tiempo como suelo ver en la mayoría de quienes me rodean.

Asumo que tengo ciertas actitudes sociales que me impiden por ejemplo: caminar mirando el celular, usarlo en el colectivo para mayor tiempo que ver la hora o cambiar de disco en la parte de música o tenerlo en la mano todo el tiempo y hasta sacarlo cuando converso con alguien. Actitudes que observo cada día en más gente y que debo reconocer me resultan cuando menos impropias porque estamos viviendo en comunidad y creo que nos debemos atención inmediata por sobre cualquier forma de comunicación intermedia por buena que esta sea.

Con esto no quiero que piensen que estoy en contra de la tecnología de la información pero como toda herramienta es bueno saber que el uso debe ser el adecuado y tratar de alejarnos de conductas enfermizas o recurrentes, ya conozco a varias personas que cuelgan a todas horas material en el Facebook y me pregunto que clase de vida tienen si esto parece ser su único pasatiempo.

Por otro lado estamos al alcance de toda la información y de prácticamente el conocimiento universal pero debemos ser cuidadosos no solo de las fuentes de información sino del carácter de esta ya que es innegable que la Web está inundada de material denominado lisa y llanamente: Basura.

Tengo 54 años pero si siguen este blog comprobarán que mis gustos siempre están actualizados y que probablemente tenga mucho más que intercambiar con la generación de menos de treinta años que con la mía y que además realmente disfruto de la nueva tecnología sin olvidarme que nací en un tiempo donde tener esta computadora de bolsillo llamada absurdamente: celular, solamente era posible en las películas de ciencia ficción como mi serie favorita: Star Trek que tanto se adelantó a los dispositivos modernos a principios de los años sesenta.

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“La tecnofilia (del griego τέχνη – technē , “arte, habilidad, oficio”1 y φιλία – philia, “amistad” ) es la afición hacia la tecnología o dispositivos relacionados generalmente con computadoras/informáticos/móviles. En este caso, las personas dependen en forma excesiva del uso de la tecnología, a tal punto de que no pueden separarse de ella. Es por esto que podemos denotar que la tecnofilia se basa en una obsesión a la tecnología incluso podemos decir que esta es una adicción en donde, al igual que las drogas, si no se está con un objeto tecnológico, ya sea con conexión a Internet o simplemente con el teléfono, genera trastornos muy parecidos a cuando las personas están consumiendo alguna “sustancia ilícita”, que es la dependencia.” (Wikipedia)

¿Cómo actúa un individuo tecnófilo frente a cada tecnología?
Por: Wikipedia

Teléfono móvil
La adicción al celular recibe el nombre de nomofobia , o miedo de quedarse sin acceso al celular. Este es un término considerado “hijo” de la tecnofilia que puede ser muy perjudicial para el vivir diario de una persona si la padece, ya que usualmente se está usando todo el día el celular, ya sea para jugar, para mandar mensajes de textos, hacer llamadas progresivas que son totalmente innecesarias, lo que además les trae como consecuencias facturas elevadas del teléfono, no realización de actividades gratificantes, problemas de pareja y/o familiares, entre otros. Cuando su dependencia es muy fuerte, las personas llegan a sentir ansiedad al dejar el teléfono en casa.

Redes sociales

Los adictos a las redes sociales son las personas que sienten la necesidad de vivir conectados continuamente con estos medios digitales. Los más comunes son Facebook, Twitter, Tumblr, Instagram, Snapchat, entre otros. Estos medios son utilizados cuando las personas tienen acceso a internet sin importar el lugar en el que estén (metro, casa, escuela, universidad, trabajo). Según un estudio de la Universidad Estatal de California, se halló que las personas que reportan ansiedad por usar Facebook y otras redes sociales tienen patrones cerebrales similares a los que también son encontrados en los adictos a las drogas. Lo más común de estas personas es que no pueden sacar la vista de sus smartphones’ ni siquiera un minuto.

LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD COMO FORMA DE ESCLAVITUD

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LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD COMO FORMA DE ESCLAVITUD
Fuente: culturainquieta.com

Para el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, la búsqueda de la felicidad era una prisión segura.

En nuestros días el imperativo de ser felices es prácticamente ubicuo, desde la publicidad que nos bombardea por todas partes hasta los consejos de gurús y charlatanes. La felicidad se equipara al consumo y a la participación en formas de socialización mediadas igualmente por formas de consumo. Tener un “buen” empleo, casarse, tener hijos, contribuir al desarrollo de la sociedad capitalista… y morir, al igual que todos los seres humanos que vinieron antes y los que vendrán después.

Si esta visión de la existencia parece oscura es porque lo es. ¿Y por qué seguir afanados en formas de alegría pasajeras cuando podríamos hacernos conscientes de la finitud y el dolor no sólo de nosotros mismos sino de los demás? Éstas y otras reflexiones son las que inspiraron el pensamiento de uno de los filósofos más influyentes del siglo XIX, a quien Friedrich Nietzsche consideraba nada menos que su “maestro”: Arthur Schopenhauer.

La oscura visión de la existencia de Schopenhauer (etiquetada a menudo bajo el rubro de “nihilismo” o incluso “antinatalismo”, o la idea de que hubiera sido mejor no haber nacido del todo) proviene, curiosamente, de una respuesta romántica al budismo y la filosofía oriental, expresadas con enorme y franca elocuencia en su tratado El mundo como voluntad y representación, publicado por primera vez en 1818. “A los 17 años”, escribió, “fui sobrecogido por la miseria de la vida, tal como Buda en su juventud cuando observó la enfermedad, la vejez, el dolor y la muerte”, refiriéndose a las cuatro nobles verdades del budismo, que enseñan el destino al que todos los seres están sujetos de acuerdo a la ignorancia fundamental (samsara).

“La verdad”, prosigue Schopenhauer, “es que este mundo no pudo ser obra de un ser absolutamente amoroso, sino más bien la de un demonio, el cual trajo las criaturas a la existencia con el solo fin de solazarse en sus sufrimientos”.

Dentro de todos los sufrimientos reservados a la humanidad por este demiurgo maligno, a decir de Schopenhauer, ninguno más atroz que el amor. El amor, según el filósofo, es la expresión directa de la “voluntad de vivir”, la cual no tiene nada de optimista, sino que se trata (como una especie de libido freudiana) de una fuerza ciega que nos arroja directamente al hervidero de aquello que habrá de consumirnos. En términos aun más oscuros, el amor, entendido como lo que nos une con otras personas para formar familias y parejas, debe ser totalmente evitado, especialmente en su versión sexual, pues “justamente después de la copulación puede escucharse la carcajada del demonio”.

¿Y qué nos queda, pues, a los que hemos nacido y estamos sujetos a los devenires de la existencia? Para Schopenhauer solamente dos caminos son admisibles: uno de ellos, reservado solamente para los más fuertes, es buscar el camino de la sabiduría: renunciar al mundo y someterse a las arduas disciplinas espirituales de los eremitas y los templos. El segundo de ellos, tal vez más accesible aunque no menos disciplinado, es pasar tanto tiempo como podamos “con el arte y la filosofía, cuya tarea es sostener un espejo frente a los esfuerzos frenéticos y la infeliz agitación creada a nuestro alrededor a causa de la voluntad de vivir”.

De este modo, más que apartarnos del sufrimiento y cerrar los ojos a la desesperación de los demás, la solución de Schopenhauer, el maestro infeliz, parece provenir no de los consuelos del pensamiento positivo y del optimismo, sino de una forma de compasión que pasa por someternos a los sinsabores de otros seres humanos expresados a través del arte, la filosofía y la literatura, de manera que el mundo no pueda engañarnos con sus falsas ilusiones, pues:

A cada paso, en las pequeñas y grandes cosas, estamos sometidos a experimentar que el mundo y la vida ciertamente no han sido dispuestos con el propósito de ser felices. Es por ello que los rostros de casi todos los ancianos están profundamente ajados por tal decepción.

Recorriendo la Feria de Tristán Narvaja

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Feria de Tristán Narvaja
Por: Darío Valle Risoto
Domingo 30 abril 2017

Nunca olvidaré que una de las cosas más lindas que me sucedía en mi infancia era ir con mis padres a recorrer esta feria dominical que desde nuestra principal avenida 18 de Julio recorre toda la calle Tristán Narvaja y a su vez se ramifica en puestos hacia las calles que la cortan en varios tramos.

Desde las plantas, perritos y artículos de acuario que venden en su inicio hasta su final donde encontramos grandes puestos de ventas de discos compactos podemos prácticamente hallar desde locales de antigüedades hasta de todo un poco como viejas revistas, enciclopedias, publicaciones y por sobre todo mucha oferta de libros. Indudablemente esto será aromatizado por los puestos de chorizos, tortas fritas y últimamente vemos hasta brochetas asadas y comida oriental, cosa que antes no existía porque la feria ha ido evolucionando a través de los años sin perder ese aire tradicional Montevideano con los tambores, el sonido de los tangos de alguna vieja fonola o algunos guitarristas que piden propina.

Los puestos de “fumetas” con artículos para consumidores de la planta loca (Mariguana) se han multiplicado quizás por la reciente ley que aporta aún más libertad para aquellos que disfrutan del “Humito”, hay de todo, no pueden faltar tampoco los eternos sermones de un evangélico a la altura de la calle Uruguay que sigue intentando traer a los fieles hacia la cosa cristiana pero con muy poca suerte porque debe ser el puesto menos tomado en cuenta por la gente… ni dios lo ayuda. Argentinos, Brasileños, yanquis y alemanes se pueden descubrir caminando junto al nutrido público, alguno también pasa comentando en francés, los turistas encuentran en la variopinta oferta artículos para sus recuerdos y quizás hasta aquellos discos de vinilo de sus propios artistas y que vinieron a parar a estas latitudes.

Este domingo la recorrí solo como desde hace mucho tiempo, encuentro siempre a Andrés vendiendo sus libros en su esquina y a algún conocido de esos de los que uno no sabe el nombre pero saluda, también compré algunas series en dvd, películas originales a muy bajo precio, dos libritos de cuentos japoneses a solo veinte pesos cada uno y desde luego que me comí un fabuloso chorizan con lechuga, tomate y morrones.

La feria sigue allí y es una visita obligada para aquellos que vienen por primera vez a la ciudad de Montevideo, por suerte conserva esa especie de magia donde se conjuga lo ciudadano con la mejor cultura de la tierra: la literatura, la música y el cine se dan cita en la feria Tristán Narvaja.

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