El realismo mágico y yo

Wallpaper Magic 240 (31)El Realismo Mágico y Yo
Por: Darío Valle Risoto

En algún momento del secundario, por supuesto que en clase de Literatura, abordamos el estilo denominado: “Realismo Mágico” y como muchas cosas en la vida, tardé un tiempo en procesar debidamente el asunto, solamente para darme cuenta de algo que de tan evidente se me había pasado de la vista como quién ve el bosque sin determinar los árboles.

Si bien este estilo artístico nace en Europa a mediados del siglo pasado como una manifestación donde lo irreal se mezcla con el mundo cotidiano es evidentemente en latino América que hace eclosión como todos lo conocemos de la mano de escritores como: Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa entre otros. Jorge Luis Borges también ha sido relacionado con este estilo y por supuesto también Alejo Carpentier y algunos otros.

Básicamente esta forma se basa en una mezcla entre lo irreal y fantástico con lo real especialmente en la narración en torno a asuntos cotidianos, personas comunes y quizás hasta lugares fuera del tiempo y espacio como los razonamos habitualmente. Especialmente la racionalización del tiempo como elemento fácilmente adulterable forma parte de muchos relatos donde no se concibe como una línea sino más bien como un espiral o un remolino.

Bien, todo esto viene a que en un determinado momento de estos últimos años comencé a reparar en que toda mi vida y muy especialmente mi niñez estuvieron signadas por una percepción de la realidad dentro de este “realismo” que no admitía una lectura racional o mucho menos científica.

Lo primero indudablemente parte de mi relación con mi madre. Una mujer nacida en condiciones muy humildes en el campo profundo de las sierras de Minas y absolutamente supersticiosa, que aceptaba dentro de su mundo la magia y “la brujería” según la denominaba mi padre, como parte indisoluble de su sino cotidiano y por ende de nuestro pequeño entorno familiar.

No había división posible entre lo cotidiano y las fuerzas ocultas de un pensamiento mágico que a mi madre ocupaba en todo su ser, al punto de que mi niñez estuvo regularmente asociada a las visitas a las curanderas o “Brujas” según mi padre, a las que mi madre acudía para intentar curarme del asma y también para encontrar una forma de someter a su marido a su idea de lo que debería ser nuestro hogar. No es necesario aclarar que en ninguno de los dos casos tuvo suerte; ni me curé del asma que padezco hasta ahora ni tampoco pudo con la parsimoniosa pasividad de mi padre para con sus ilusiones de mujer manipuladora.

Más allá de eso todo parecía ser una especie un juego mágico donde no faltó una tía macumbera medio hermana suya que una vez le hizo “un trabajo” que casi la mata o los extraños poderes de mi padre que con solo poner sus manos sobre la frente de mi madre parecía curarle sus recurrentes dolores de cabeza. Tampoco puedo olvidar sus historias de las sierras de Minas donde se crió en un rancho de terrón junto a sus abuelos maternos, de los remedios caseros como orinar en unos papeles de estraza y colocarlos sobre el estómago en caso de dolor de panza cuando mi madre era chica, o la abuela que cortaba la tormenta con una cuchilla mirando al cielo y recitando unos versos cristianos a la virgen o a quien sabe quien.

Así que lento fui en darme cuenta que este asunto del realismo mágico es parte de mi vida por más racional que sea como adulto y no crea ni en monstruos ni en fantasmas y mucho menos en dios o las hadas; aún así este asunto debe competerme ya que fui criado en medio de este mundo donde lo científico no era la única forma de decodificar la realidad porque todo admitía una lectura donde fuerzas indescifrables obraban para nuestro bien o para nuestro mal.

Me llevó muchísimos años cambiar a mi madre de esta percepción donde lo imaginario era tan potente como lo evidente, lamentablemente le abatí varios dioses y con ello quizás le eliminé parte de su esperanza a por cambiar su vida, una vida que buscó para escapar de sus penurias entrar en un mundo donde era mucho más fácil imaginarse mejor que conseguirlo. Por otro lado mi padre era inmensamente racional y aunque con las mismas carencias educativas que ella quizás por ser eminentemente Montevideano y por ende un hombre de ciudad, era mucho más racional y absolutamente escéptico a todo lo que mi vieja apostaba de cuerpo y alma.

__ No hay nada. __Fue su respuesta cuando muy niño le pregunté acerca de que pasaba cuando uno se moría, mi padre siempre me decía que no existía nada, que era como dormirse para siempre, el olvido y el vacío más absoluto nos esperaba a todos luego del último suspiro. Por otro lado mi madre deambulaba entre una suerte de cristianismo muy sui generis y el mencionado mundo mágico de curanderas, videntes y tarotistas varias.

Muertos mis padres todavía me siguen enseñando desde mi memoria, para bien o para mal debo agradecerles una niñez que si bien tuvo muchas carencias materiales no fue para nada aburrida.

Y quizás aquel “realismo mágico” me haya nutrido para ser este escritor de pacotilla que elabora mundos de vampiros, ciudades de nueva Inglaterra, robots y alguno que otro cuento sobre lo extraño de lo cotidiano.

Cuando dormíamos con la puerta abierta

Primus y alcusa

Cuando dormíamos con la puerta abierta
Por: Darío Valle Risoto

En una página que se dedica a publicar fotos de Montevideo antiguo leí una serie de consideraciones de gente que presumo de avanzada edad, añorando un Uruguay que supuestamente existió y presuntamente ha dejado de ser tal cual era en este convulsionado tiempo presente. Por lo pronto no es la primera vez que escucho a gente añorar los tiempos en que: “Dejábamos la puerta de casa abierta” o “La bicicleta afuera” y no pasaba nada.

De alguna manera eso puede ser cierto porque algunas cosas han cambiado para peor y otras para mejor, tampoco me parece digno de añoranzas que antes por ejemplo: todos nuestros vecinos sabían de nosotros y nosotros de ellos y también sabíamos que aquel vecino llegaba alcohólico y cagaba a su mujer a golpes y no hacíamos nada o que pegarles a nuestros hijos era parte de su educación hasta con un cinturón si era necesario.

La nostalgia es una tremenda fabuladora de un mundo irreal que tratamos de armar recogiendo una serie de recuerdos idealizados porque en esa época quizás éramos jóvenes y bastante más ciegos de una realidad que hoy “redes sociales” mediante, nos muestra lo miserables que podemos ser los seres humanos pero también lo increíblemente generosos. La cuestión es saber elegir al tomar nuestra posición en la vida.

Siempre hubo injusticias pero quizás no las veíamos o intentábamos no verlas recogidos al abrigo confortable de nuestro barrio y de nuestras familias. pero aquellos que nacimos, fuimos y seremos pobres económicamente sabemos que nunca fue fácil vivir en este país para los que tenemos esta condición social y que hubo muchas necesidades insatisfechas e injusticias que masticarse sobretodo durante las duras épocas de la dictadura cívico militar desde 1973 a 1985 pero que comenzó antes y se alargó con gobiernos de derecha hasta este hoy también con muchas injusticias pero que a algunos nos hace plantarle cara a la realidad sin las anteojeras de idealizar una gran mentira.

Inútil sería hacerles un racconto de la violencia cotidiana que viví en mi barrio, en mi escuela y luego en el liceo públicos, de la ignorancia que hacía de la mujer una propiedad para el hombre y un desdén hasta para las otras mujeres si se daba el caso de que ella dejara al tipo para irse con otro. La manipulación de los niños por parte de los padres separados que hoy es denunciado era cosa cotidiana, la violencia contra los animales, el desdén por cuidar la ciudad que aún persiste siempre existió y la terrible situación de mujeres que llegaban a la comisaría para denunciar una violación y el oficial les preguntaba cosas como: __¿Usted estaba vestida así?

La acusación entre vecinos de ser comunistas y al discriminación a los negros, los homosexuales y los niños con síndrome de dawn llamados: Mongólicos, la violencia antes era tal como ahora, pero quizás no la veíamos o hacíamos que no nos dábamos cuenta.
Así que dormir con la puerta abierta y que no nos roben no era nada, comparado con la pasividad generalizada de nuestros buenos parientes y vecinos en un país donde la injusticia parió y sigue pariendo pobreza económica y de la otra, tal vez la peor.

FIN

Enredados en las redes sociales 6

BALLENA-AZULEnredados en las redes sociales
Por: Darío Valle Risoto

No hay duda de que nosotros poseemos a los objetos, siempre y cuando estos no nos posean a nosotros y todo esto en el sentido de comprender que los dispositivos electrónicos que nos permiten acceder a Internet son meras herramientas que nos facilitan la vida pero también pueden absorbernos el tiempo y la mente cual esponjas malignas.

El viejo ejemplo del cuchillo siempre es pertinente en estos casos, tenerlo nos posibilita desde cortar nuestros alimentos hasta cometer un crimen, la decisión es nuestra. En el caso de las redes sociales estos crímenes pueden ser de diversa índole. La ballena azul, ese extraño juego puede ser un ejemplo, más se me ocurre que también es un producto de difusión que bien le hace a la prensa amarilla que nunca lo será tanto como en las redes.

Todos tenemos nuestros delirios pero casi todos también somos absorbidos por nuestros dispositivos celulares que contienen el mundo al precio y al tamaño de la palma de nuestras manos, aún así es un elemento perverso que nos quita el sueño y llena nuestras madrugadas de twitters, mails y vacíos mensajes de Facebook.

¿Quién es el dueño de mi celular?
Yo y solo yo, lo demás solo será quejarnos de nuestra propia fragilidad ante la noticia asombrosa de aquel que se casó con una lagartija o del video de gatos o de la última moda del presidente Trump. Una vorágine que nos quita los sentidos de lo verdaderamente importante. Y yo no soy quien para indicarles que lo es o no, cosa de cada uno.

Una chica se suicida después del terrible acoso en las redes tras colgar algunas fotos donde se veía tal como era: gorda y poco atractiva, o más bien fuera de los cánones que hoy día tenemos como belleza y ahora la chica ya no está y pronto será superada por otra muerte, otro suicidio allí donde solo pudo tener la buena idea o el consejo amigo de alejarse de las redes por su propio bien solo prospero la decisión de apagarse ella misma para siempre.

La ley del cuchillo, la herramienta que se vuelve contra el amo lamentablemente se repite día a día pero también sirve para denunciar a ladrones y otros victimarios, siempre y cuando la denuncia venga bien, porque sobran “fakes” acusando levemente a inocentes por cualquier cosa amén de los videos de niños matando perros o de accidentes automovilísticos. El morboso nunca tuvo mejor mundo que este y el enfermito y el onanista solitario, todos tenemos un muerto en el ropero así mismo no es posible que tratemos de colectivizar hasta lo que comemos todos los días.

Yo no soy perfecto tampoco, todos los días cuelgo una foto de mi almuerzo de trabajo con algún chiste sobre la comida chatarra más al otro día la borro porque mi vergüenza aflora en menos de veinticuatro horas. Por otro lado me asombra la capacidad de algunos de mostrarnos su vida en pareja y sus sentimientos como si nos importaran, más creo que muchos se complacen en ver que la cosa humana acepta este tipo de pequeñeces en nombre de cuatro minutos de notoriedad.

Maravillosa herramienta el celular, un fabuloso cable que nos alcanza el mundo y toda su circunstancia con miles de ventanas a él desde las más honorables a las más retorcidas y de nosotros es la libertad de decidir a cual nos asomamos, cuales abrimos y cuales cerramos porque en definitiva: Somos lo que comemos.

Celulares: ¿funcionales o adictivos?

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Celulares inteligentes: Función o adición
Por: Darío Valle Risoto

Ya hay diversos nombres para bautizar a aquellos que comienzan a tener conductas enfermizas por el uso compulsivo de los celulares, por otro lado también encontramos, sobretodo dentro de las generaciones “analógicas” cierta resistencia a esta maravillosa nueva tecnología aunque también hay mucha gente “grande” que ha caído bajo el influjo de estos soportes digitales.

Voy a tratar de ser claro: Tengo 54 años y por lo tanto debería pertenecer a la generación bautizada como: Generación X o sea, aquellos nacidos luego de 1960 y que entre sus características tenemos según Wikipedia:

“A esta generación le toco vivir la llegada del CD, la PC de escritorio, el flipper/pinball, el walkman y el fin de las cintas en cassette y videos, el nacimiento de Internet y la burbuja del .com en la década de los 90´s, por eso actualmente parte de esta generación se resiste a utilizar estas tecnologías. Todavía prefieren ir a elegir y comprar discos en las disquerías, en vez de pagar y descargarlos. Nacieron en una época de cambios y no necesitan de Internet para vivir sus vidas o divertirse.”

Reconozco que como un ser humano nacido antes de toda esta nueva tecnología en franco e imparable avance aún tengo con asombro que acomodarme al uso de estos soportes de información que como Comunicador Social tanto me sirven para llegar a la información de todo aquello que me interesa, más también debo reconocer que como un hombre nacido en otro tiempo puedo contener el afán de vivir “conectado” casi todo el tiempo como suelo ver en la mayoría de quienes me rodean.

Asumo que tengo ciertas actitudes sociales que me impiden por ejemplo: caminar mirando el celular, usarlo en el colectivo para mayor tiempo que ver la hora o cambiar de disco en la parte de música o tenerlo en la mano todo el tiempo y hasta sacarlo cuando converso con alguien. Actitudes que observo cada día en más gente y que debo reconocer me resultan cuando menos impropias porque estamos viviendo en comunidad y creo que nos debemos atención inmediata por sobre cualquier forma de comunicación intermedia por buena que esta sea.

Con esto no quiero que piensen que estoy en contra de la tecnología de la información pero como toda herramienta es bueno saber que el uso debe ser el adecuado y tratar de alejarnos de conductas enfermizas o recurrentes, ya conozco a varias personas que cuelgan a todas horas material en el Facebook y me pregunto que clase de vida tienen si esto parece ser su único pasatiempo.

Por otro lado estamos al alcance de toda la información y de prácticamente el conocimiento universal pero debemos ser cuidadosos no solo de las fuentes de información sino del carácter de esta ya que es innegable que la Web está inundada de material denominado lisa y llanamente: Basura.

Tengo 54 años pero si siguen este blog comprobarán que mis gustos siempre están actualizados y que probablemente tenga mucho más que intercambiar con la generación de menos de treinta años que con la mía y que además realmente disfruto de la nueva tecnología sin olvidarme que nací en un tiempo donde tener esta computadora de bolsillo llamada absurdamente: celular, solamente era posible en las películas de ciencia ficción como mi serie favorita: Star Trek que tanto se adelantó a los dispositivos modernos a principios de los años sesenta.

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“La tecnofilia (del griego τέχνη – technē , “arte, habilidad, oficio”1 y φιλία – philia, “amistad” ) es la afición hacia la tecnología o dispositivos relacionados generalmente con computadoras/informáticos/móviles. En este caso, las personas dependen en forma excesiva del uso de la tecnología, a tal punto de que no pueden separarse de ella. Es por esto que podemos denotar que la tecnofilia se basa en una obsesión a la tecnología incluso podemos decir que esta es una adicción en donde, al igual que las drogas, si no se está con un objeto tecnológico, ya sea con conexión a Internet o simplemente con el teléfono, genera trastornos muy parecidos a cuando las personas están consumiendo alguna “sustancia ilícita”, que es la dependencia.” (Wikipedia)

¿Cómo actúa un individuo tecnófilo frente a cada tecnología?
Por: Wikipedia

Teléfono móvil
La adicción al celular recibe el nombre de nomofobia , o miedo de quedarse sin acceso al celular. Este es un término considerado “hijo” de la tecnofilia que puede ser muy perjudicial para el vivir diario de una persona si la padece, ya que usualmente se está usando todo el día el celular, ya sea para jugar, para mandar mensajes de textos, hacer llamadas progresivas que son totalmente innecesarias, lo que además les trae como consecuencias facturas elevadas del teléfono, no realización de actividades gratificantes, problemas de pareja y/o familiares, entre otros. Cuando su dependencia es muy fuerte, las personas llegan a sentir ansiedad al dejar el teléfono en casa.

Redes sociales

Los adictos a las redes sociales son las personas que sienten la necesidad de vivir conectados continuamente con estos medios digitales. Los más comunes son Facebook, Twitter, Tumblr, Instagram, Snapchat, entre otros. Estos medios son utilizados cuando las personas tienen acceso a internet sin importar el lugar en el que estén (metro, casa, escuela, universidad, trabajo). Según un estudio de la Universidad Estatal de California, se halló que las personas que reportan ansiedad por usar Facebook y otras redes sociales tienen patrones cerebrales similares a los que también son encontrados en los adictos a las drogas. Lo más común de estas personas es que no pueden sacar la vista de sus smartphones’ ni siquiera un minuto.

Demasiado políticos y casi correctos

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Demasiado Políticos y casi Correctos
Por: Darío Valle Risoto

Mi amigo Juan me dijo un día que iba a llegar la época donde se encarcele a la gente por fumar cigarrillos en la calle o en las plazas, en relación a que comenzaba a regir la ley contra el consumo del tabaco en lugares cerrados. Eso fue hace muchos años y Juan ya no está vivo, pero creo que coincidiría conmigo en sentir una suerte de malestar por esta época de lo políticamente correcto sobretodo en las redes sociales.

Últimamente escucho por aquí y allá: “Todas y todos” y “Madres y padres” en un intento absurdo de contemplar a los dos sexos porque se supone que el idioma es sexista ¿? cuando en realidad: “Todos” y “Los padres” se refiere a un conjunto (Grupo indiferenciado de hombres, mujeres o lo que sea) de personas la primera frase y la segunda de los progenitores, por ejemplo de los alumnos de una escuela sin distinción de si son los padres, madres, inclusive entrarían los tutores.

Y cuando hablamos de “Los niños” genéricamente no nos referimos a los varones sino a todos los niños y por lo tanto: “Las niñas y niños” es tratar de explicar de forma innecesaria lo que ya estaba implícito en el conjunto de personas que están dentro de la etapa de la niñez, en todo caso nos referiríamos a “Los niños varones” de tratarse de algo que solo sería para convocar a los machitos.

Un hombre es “una persona” y una mujer es “un ser humano” sin necesidad de decir barbaridades por ejemplo como que un hombre es un “persono” y una mujer una “¿Sera humana?”. Presidente e intendente no tienen femenino y se aplica la diferencia en el pronombre: La presidente de la Argentina o La Intendente de Colonia, por citar dos ejemplos, el diccionario también admite presidenta e intendenta para ciertos países de Sudamérica dado que el idioma es cambiante aunque me temo que estamos frente a una época donde esto es apenas el principio.

Hay una clara tendencia que es muy positiva de terminar de una vez por todas con el abuso hacia el sexo femenino en todos los ámbitos sociales, pero que cambiemos nuestra forma de comunicarnos manipulando la economía del lenguaje en este aspecto no modifica sustancialmente el tema y solo aporta más confusión, los derechos de las mujeres no dependen de esto sino de algo mucho más importante que implica acabar con una larga historia donde los hombres nos creímos superiores a ellas.

Otro caso paradigmático es el tema de los nativos americanos que tradicionalmente fueron denominados: “Indios” porque Colón se confundió al llegar a América y creyó que estaba en Asia, históricamente fue así hasta que algunos pretenden no ofender con el término “indios” a los sobrevivientes (No se porque sería una ofensa) de las razas autóctonas de América por más que se siga denominando: “América” al continente e “Indígenas” a los nativos de estas tierras en otros ámbitos. Nativo americano parece el término correcto pero es curioso lo de ambas palabras juntas porque si vamos a la raíz del tema: este continente debería llamarse como lo denominaron sus nativos… ¿Y como fue? ¿Incas, mayas, Charrúas y Fueguinos entre muchos otros lo llamaban igual?

Hay  un deseo de no ofender a través del idioma y se toma como despectivo por ejemplo el término: “Negro” por pertenecer a la raza negroide y esto erróneamente se ha cambiado por “Afrodescendiente”, lo que en realidad no significa más que es un descendiente de un continente con un 70% de su población de raza negra y un 30% aproximadamente de raza blanca o caucásica si se me permite. Así que presumimos que es una persona de piel oscura e intentamos llamarlo con esta larga palabra: Afrodescendiente para no decirle negro.

El idioma se supone que debe ser ante todo claro y práctico pero estos no son el caso.
Volviendo a la realidad: todos somos Afro descendientes ya que la vida se originó en ese continente.

El uso del humor sobretodo aquel que se mofa de las minorías comenzó a transitar terrenos delicados cuando aparecieron los vigilantes de las redes morales prestos y rápidos en acusar de: homo fóbicos, racistas, xenófobos y hasta de carnívoros a aquellos que arriesgan un chiste que antes hacía reír y hoy ofende. Los tiempos cambian y parece ser que la gente se ha vuelto muy susceptible.

De allí a ser: Fachos, nazis y hasta malas personas solo un paso y avatares de la salvaguarda de los derechos de todos en sociedades paradójicamente polarizadas donde nos recluimos en nuestros espacios personales estancos con nuestros celulares y ordenadores tratando de ser ecológicos, democráticos y solidarios regalando un dedito para arriba a enfermos terminales, mascotas heridas y amores imposibles.

El lenguaje y la palabra evolucionan, hay formas nuevas de comunicarse pero todo depende sustancialmente de los intercambios sociales por medio de la relación de sus integrantes, de sus relaciones de producción, su arte y su creatividad tanto en el trabajo como en el tiempo de esparcimiento, pero si nos limitamos a lo que es político y correcto para tratar de no ofender a nadie, cosa absolutamente imposible sobretodo porque hay gente extremadamente sensible en las redes: algo nos estamos perdiendo.

Bienvenido sea este mundo donde cuidamos cada vez más el medio ambiente y tratamos de acomodar décadas de errores con el tema de la polución, la contaminación y el cambio climático, bien por proteger a las especies animales pero sin llegar al paroxismo de volvernos todos vegetarianos o defender hasta el derecho de los mosquitos. Todo tiene una medida, un tiempo y un proceso: No nos volvamos estúpidos.

Madres y Tiranas

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Madres y tiranas
Por: Darío Valle Risoto

Aquel hombre me despertó una inmensa tristeza, era un sentimiento egoísta porque en su realidad triste y desvastada podía ver también la mía.

Estábamos en un taller literario el que en realidad era una especie de club de lectura donde nos reuníamos una vez a la semana para compartir nuestras obras algunos con afán de escritores y poetas.

Este hombre ya veterano nos leyó un par de pequeñas obras teatrales que había escrito, muy ingenuas y casi infantiles sobre la vida y las costumbres de los Montevideanos. Inmediatamente cobré cuenta de que era un hombre frustrado y rezagado de las cosas hasta que lo confirmé cuando se despidió del grupo, aunque todavía era temprano, aduciendo que cuidaba de su madre muy anciana y enferma.

Lo volví a ver un par de veces más, con el tiempo agotado mi interés dejé de ir a ese grupo de poetas porque ya no me aportaba más de lo que me había aportado y sin embargo nunca olvidé a ese hombre de desgastado traje marrón, gruesos lentes de aumento y una tristeza en el semblante como la del condenado a muerte que camina los doce escalones a la horca.

Entreví quizás mi triste final atado a mi madre tras la muerte de mi padre a mis veinte años y sin posibilidad económica de emanciparme para hacer de mi vida lo que junto a ella era literalmente imposible. Comprendí que formaba parte de una larga lista de hombres y mujeres que deben dejar su vida a un costado para mantener a sus padres ancianos y por sobre todas las cosas postergarse indefinidamente cuando estos son de una estirpe vieja e intolerante de castradores.

Y todo giraba y gira en rededor de lo económico y lo afectivo porque quienes nos dan la vida también pueden complicarnos la necesidad de buscar nuestro rumbo si encima de ello no podemos encontrar alternativas económicas que nos den la oportunidad de vivir libremente.

A la salida de aquel baile uno de mis amigos llamaba a su madre para decirle que todo estaba bien, eran las cinco y media de la mañana, el tipo tenía como treinta años y se reportaba a su madre. Recordé mi conversación cuando nos pusieron por primera vez el teléfono y en la que le dije a la mía que ni pensara que me iba a reportar como un pelotudo.

Aún así desde que murió mi padre hasta que ella falleció fue un prisionero de esa realidad que me obligaba a buscar mi libertad pero siempre con la espada de Damocles sobre mi alma de esta especie de madre judía castradora e inflexible.

Pienso en aquellas mujeres que alrededor de los cuarenta años recién pueden casarse tras la muerte de sus padres, solamente para recuperar un poco de la juventud perdida donada al amor de unos progenitores que ven a sus hijos como su propiedad y así los usufructúan.

__ Madre hay una sola y me tocó a mi. __Me dijo en broma Eduardo cuando le conté esta realidad que me quitó los años hasta que a los treinta y tres quedé solo tras la muerte de mi madre, si así no hubiera sido quizás aún hoy cargaría con el peso de este amor que acogota y deprime.

Pero como el tema de los hijos insoportables, estas situaciones poco se difunden aunque sin lugar a dudas fueron el motivo de mucho de la bibliografía de Sigmund Freud y tantos otros que rastrearon en las neurosis modernas el hito de una cultura donde los hijos son hijos y propiedad hasta por el resto de sus vidas sobretodo en nuestras culturas latinas, pero también se puede rastrear el tema tanto en oriente como en parte de la zona anglo sajona aunque ellos tienen otra forma de resolver este tema.

Y si el respeto y el amor por nuestros mayores se vuelve en nuestra contra de tripas corazón y seguir tratando de sobrevivir aun con la naturaleza de una madre como la que supe tener y que debí enfrentar más de una vez cuando trataba de administrarme los afectos al punto de evitarme muchas relaciones o por otro lado elegirme otras.

Y si ser anarquista implica un amor por la libertad que va más allá aún de la propia necesidad, también es someterse al arbitrio de una realidad donde uno asume que pasaron los años y de ser criado pasó a ser quien ahora debe suministrarle la manutención a un anciano no siempre comprensivo y por sobre todas las cosas conservador.

Por lo tanto a pasos lentos uno debe hacerles reaprender que el mundo no es como ellos lo piensan y que quizás estuvieron equivocados toda su vida en muchos temas y en especial en lo afectivo, el sexo, la libertad y el derecho de hacer de la vida de uno lo que uno quiera.

Que la rebeldía es lo único que ha cambiado el mundo y que no todo lo que pasó siempre fue bueno o necesario y que la gente tiene padres, los padres hijos y aún así todos somos personas con el derecho y hasta la obligación de proyectarnos libres e independientes hacia nuestro propio futuro.

En 1995 falleció mi madre y ese día aunque inmensamente triste comencé a ser de verdad libre por primera vez, paradojas de la vida porque bien pudo y debió ser de otra manera, afortunadamente hay padres ancianos que piensan mejor las cosas y tratan de ser felices a través de la felicidad de sus hijos aunque estos tomen caminos muy diferentes a los propios.

Y 1996 fue mi año, como si la naturaleza me devolviera lo que había perdido recuperé el tema postergado en el amor, tuve tres intensas relaciones que duraron algunos años más y aprendí cosas de mi mismo que me sorprendieron porque fue todo bueno y realmente disfrutable aunque bien pudo pasar mucho antes.

Si los oídos tuvieran párpados

wallpaper-magic-part-225-13Si los oídos tuvieran párpados
Por: Darío Valle Risoto

Lamentablemente los oídos no tienen parpados, esto sin duda se debe a la necesidad de preservación de la especie ya que la capacidad de escuchar nos mantiene alertas desde tiempos prehistóricos ante los sonidos que presagiaban algún peligro, pero en estos tiempos modernos significa vivir a merced del gusto musical de quienes nos rodean.

Si pudiéramos “cerrar” nuestros oídos podríamos evitar el mal gusto de los musicalizadores desde el comercio habitual al que vamos hasta el colectivo, nuestro barrio, las mismas calles con esos pelotillas con los automóviles equipados cual discotecas ambulantes y hasta nuestros ámbitos de trabajo.

Tratar de solucionarlo significa ir enganchados con auriculares escuchando la música de nuestro gusto, esto siempre y cuando vayamos solos, porque si estamos acompañados quedamos a merced del disk jockey de turno. Recuerdo más de una vez estar donde me era difícil seguir una conversación con alguien con ese: “Chiquichi chiquichi” regettonero de fondo. Porque desde luego que no habrá música culta a nuestro alrededor sino que invariablemente saldrán del fondo del tarro de la incultura los ritmos que parece que son. “Divertidos” para la gente y que todos consumen cual mantra de la des-cerebración masiva.

Vamos por partes: Cada persona es libre de escuchar aquello que prefiera y estoy bien con eso, pero a lo del principio: “Los oídos no tienen párpados” y por lo tanto espero que tengan consideración tanto comerciantes como conocidos para este humilde melómano que ama escuchar de todo pero dentro de los límites de lo musicalmente admisible y no: M.P.M. (Sigla de mi factura que significa: Música para monos)

Tenía un amigo amante del rock como yo, iba bastante seguido a la casa hasta que de un día para el otro el tipo comenzó a escuchar música tropical y trataba de compartirla conmigo, por supuesto que jamás volví a su casa. Hasta allí llega mi amor por la música y lo que esta representa en mi vida. Desde luego que cuando tengo visitas trato de no torturarlos con por ejemplo: “Cannival Corpse” o cosillas por el estilo, todo por una regla simple y llana de ser considerados con nuestros semejantes y no someterlos a nuestro gusto.

La música que escuchamos tanto como aquello que leemos o la forma de vestirnos nos identifica, dan una muestra real de nuestro nivel intelectual y de cómo vamos por la vida. Es indudable que nuestro nivel educativo y nuestra formación nos hacen determinar que consumimos en los aspectos antes mencionados, pero también lo que consumimos señala y condiciona nuestra forma de ser. Las manifestaciones artísticas todas son la muestra de lo que nos interesa y define y por sobre todas las cosas nos conmueve y si encontramos: “Diversión” en letras tipo: “La Pocha es una perra”, creo que estamos en verdaderos problemas.

El viernes fui a sacar cientos de fotocopias a un local y tras esperar un buen rato le preguntó a uno de los chicos si siempre trabajaban escuchando “ese tipo de música” y medio se disculpó alegando que la ponían los demás pero que era divertida, a lo que le contesté que a mi me resultaba muy triste… en fin. Era una mescolanza de esos grupos de soft reggaeton juvenil con canciones la mar de tontas. Viendo mi tatuaje de Motorhead me dijo que ya veía lo que yo escuchaba y le contesté que si pero que no obligaría a nadie a hacerlo si tuviera un comercio.

Que los medios masivos de comunicación están dirigidos a una mentalidad promedio de unos diez años no es cosa nueva, esto se advirtió alrededor ya de los años cincuenta cuando proliferaron bandas de rock que solamente repetían determinadas frases sin ton ni son pero musicalmente enganchaban a las audiencias, de allí en adelante la bajada ha sido constante, al punto de que en el Uruguay de las orquestas tropicales de antaño ya de por si bastante cuestionables se ha llegado a los grupos autodenominados de “Cumbia pop”, “Cumbia cheta” o “Regaetton” donde la propuesta parece ya no estar dirigida a audiencias masivas de diez años sino de diez meses. Pero si venden y bien, la cosa les funciona.

Generalmente tengo algunas discusiones sobre música con gente de todos los gustos, aunque discrepe con algunos conocedores de esta, siempre prima mi respeto por aquellos productos que tienen determinado nivel artístico, digamos: “Complejidad”, aunque no me gusten, me sobran los ejemplos y  tengo también un gusto ciertamente bizarro por algunas propuestas que en otras épocas deploré pero que hoy día me despiertan una sonrisa. De todas maneras las guardo para mi ámbito privado y nunca lo difundiría.

Por lo tanto me asombra la tendencia de gente vulgar que logra cierta satisfacción onanista en difundir su paupérrimo gusto musical entre los que les rodean tanto en su barrio, el colectivo, desde su coche, el trabajo, etc. Eso me pone siempre al borde del asesinato masivo porque realmente me pone mal la falta de respeto y la imposición. Cómo le dije a un compañero de trabajo que ponía la radio a todo trapo con un programa donde un estúpido a los gritos hablaba con la gente sobre sus cosas amorosas. ¿Para qué colectivizar tu mal gusto?

Ha venido gente a casa y si voy a poner música les pregunto que quieren escuchar, tengo casi de todo menos de aquello de lo que acabo de mencionar porque aunque bastante infantil en otros gustos artísticos, en lo musical quiero disfrutar con productos con cierta complejidad desde el tango, el rock, heavy metal, New Age, electrónica, música celta, clásica, étnica, folclórica, blues y muchos otros estilos donde puedo sentir que me respeto a mi mismo y a los demás.wallpaper-magic-279-35