Onix (poema)

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Onix
Por: Darío Valle Risoto

Un sistema de sueños fracasados
Un anuncio de tormentas por venir
Horizontes de nubes de desengaño
Todo un curso de vida por sentir.

Madrugadas de café y confesiones
Con amigos que jamás han de volver
Ese cuadro que se muere en los rincones
Aquella carta que no volvería a hacer.

Las mañanas congeladas del invierno
Estos años que no me dan cuartel
Y ese fantasma del agotamiento
Con los años voy a desaparecer.

Esperanza, vago sueño de infortunio
Enseñanza de que todo se perderá
En un desierto de momentos nulos
Con fantasmas que compraron mi verdad.

Aquel niño que creía en los sueños
Aquel sol de los patios de la unión
Y mis padres que jóvenes se fueron
Como la novia que nunca apareció

Circunstancias de una vida ordinaria
Ejemplo eterno de un negro espiral
El que nace, nace porque muere
Y todo lo demás es mentira nada más.

Los ateos estamos rodeados

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Los ateos estamos rodeados
Por: Darío Valle Risoto

Una señora muy amable se me acercó estando yo en la parada esperando el colectivo para volver del trabajo a casa, viendo el folleto que me quería regalar adiviné que era de “Watchtower” secta mejor conocida como: Los Testigos de Jehová y le dije que soy ateo, que no se moleste.

Pero la señora se me queda conversando y me siento obligado a conversar con ella en los mismos términos de educación porque de verdad no me resultaba molesta por más que en mi interior pienso que estoy a años luz de su forma de razonar ya que he dejado de lado el tema religioso hace muchos años y tras una bastante profunda búsqueda de respuestas.

Por otro lado ha habido un evidente cambio en la estrategia de este grupo cristiano protestante que solían tener el hábito de presentarse en las puertas de las casas tal como muchos otros como los mormones por ejemplo. Últimamente los Testigos de Jehová han optado por ir de a dos o más pero a lugares transitados y poner una especie de tarima con sus publicaciones y el cartel de: “Libros gratis” o algo por el estilo. Por lo menos así no nos molestan como antes.

La señora me preguntó si siempre fui ateo y le contesté que no, pero hace muchos años me quité el peso de la religión y que ahora soy feliz, cosa que es mentira ya que nadie es feliz pero fue una forma de simplificar para no explicarle que estoy realmente bien como si respirara sin filtros y no tengo que cumplir ninguna suerte de rituales, lecturas o encontrarme con un montón de fanáticos para compartir ese viejo delirio de creer en dios, su hijo, su virgen o lo que sea.

Afortunadamente llegó el colectivo pero antes en la conversación le conté que tengo uno de sus libros: “El hombre en busca de dios”, libro que recomiendo si tienen algún “Testigo” cerca porque quitándole la propaganda final hace un interesante repaso de todas o la mayoría de las religiones del planeta y por lo tanto es muy educativo y a la vez tenebroso si nos ponemos a pensar que durante toda la historia humana el hombre ha creído en sucesivas versiones de una vieja fantasía fomentada seguramente por un grupo de reverendos estafadores.

Para terminar les cuento que hace aproximadamente un año o quizás más tuve una conversación parecida con una pareja de mormones en la misma parada, tal parece que mi aspecto de metalero vestido de negro ha dejado de espantar a estas personas o realmente están desesperados por conseguir socios para este club de la tragedia de su dios y su sentido mágico de lo que según ello conforma este mundo.

Comprendo a todo esto que ser ateo es bueno para tener la mente despejada pero a la vez es un tanto difícil en una sociedad como la uruguaya que se presume laica y sin embargo está invadida de religiones y sectas que son exactamente lo mismo y la única diferencia es el número de los pobres ingenuos o despreciables estafadores que las conforman.

Tampoco es fácil moverse entre personas de todo tipo, hasta de buenos amigos que tienen su fe instalada en todo esto de creer en dios, su hijo y lo que sigue y que a veces uno tiene que masticarse un: “Feliz navidad”, “Felices pascuas” o “Gracias a dios” y hasta un: “Dios te bendiga”, todas estas frases absolutamente vacías de contenido dichas seguramente con sinceridad y buena disposición pero en lo personal me siguen dejando el triste sabor de boca de ser como un paria que intenta vivir entre tanta histeria colectiva sin ofender a nadie. Pero por momentos es muy difícil.

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Doom Patrol: Capítulo Piloto

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Doom Patrol: Capitulo piloto
Por: Darío Valle Risoto

Cuando vi toda la serie Titans me quedé con doble sabor de boca, por un lado la serie como todas las producidas por DC Warner cuenta con una más que cuidada producción pero por otro lado me dejó con la sensación de que se agotaban los personajes rápidamente sobreponiéndolos capítulo a capítulo quizás con el afán de no quedarse con nada del vasto universo de los cómics pero se sacrificaban los guiones.

Me refiero a que hubiera preferido algo más contundente en la temática y aún con el pésimo casting que por ejemplo eligió a una Starfire que no tiene nada que ver con el cómic la serie se dejaba ver. Y por lo pronto dentro de la citada superposición de personajes aparecen en el capítulo cuarto los integrantes de la “Doom Patrol” o patrulla maldita, personajes que reconozco apenas vi en algunas revistas en mis años mozos.

Y me entero no hace mucho tiempo que se venía la serie de la Doom Patrol lo que no me movió un pelo pero acabo de ver el capítulo piloto y la verdad que parece que al fin al menos para mi gusto han dado en el clavo y me atrevería a decir que es lo mejor que he visto de DC en televisión desde Smallville a la fecha. Así que por suerte los productores de Hollywood no me consultan porque nunca hubiera aceptado tal serie ya que tengo largos ejemplos de cómo DC en televisión ha fracasado por el lado de darnos súper héroes creíbles intentando tal vez llegar a audiencias más modernas y jóvenes, los ejemplos sobran: Ni Arrow, ni Flash, Supergirl, Legends o Black Lightning y tampoco Titans han sido algo excepcional aunque por supuesto ninguna es mala.

Usted pensará en que es lo que este loquito quiere de sus héroes y por ejemplo yo me quedo con series como: Dare Devil. The Punisher o Luke Cage que si llegan a una audiencia más madura presentándonos personajes profundos y complicados en vez de una sucesiva proliferación de tipos y tipas con poderes que juegan al multicolor paseo de los efectos especiales. Es cosa de gustos, por supuesto.

Doom Patrol creo que va por buen camino al menos con este piloto que se las trae y que me hizo recordar a la mejor película de superhéroes de todos los tiempos, no, no es Superman 1978 ni Batman de Burton sino: The Watchmen y a alguna buena serie del tema como: The Umbrella Academy.

Por último no todo lo de Marvel ha sido bueno, pensemos en la súper errática: The Gift o en Agents of Shield que tampoco han dado exactamente con el clavo de esto de llevarnos a la acción real a nuestros personajes más queridos del cómic. A fin de cuentas solo se trata de mi humilde opinión y suelo equivocarme demasiado.

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El Gordo y el Flaco: Stan & Ollie

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El Gordo y el Flaco
Por: Darío Valle Risoto

En realidad esta película se titula solamente: Stan & Ollie pero indudablemente en esta parte del mundo los conocimos como el nombre del título y debo entonces reconocer que a mí en lo particular me gustaban mucho más los tres chiflados y luego Abbot y Costello pero igual les vi y mucho desde las salas de cine hasta la dorada época del VHS.

Por lo tanto esta película tal cual se ha hecho con los ídolos de la comedia antes mencionados y desde luego con la historia del más grande: Charlie Chaplin, trata de hacer un merecido homenaje a una dupla cómica que nació casi con el origen del cine y durante muchos años logró estar en el pináculo de este estilo sobretodo contando con que Chaplin se había prácticamente retirado y recién los Tres Chiflados recuperaron su éxito con la televisación.

La mayor parte de la película se refiere a la última gira por Inglaterra de estos cómicos, parte de ella acompañados con sus particulares esposas, ambas damas con personalidades muy destacadas. Y me vengo a enterar aquí que Stan Laurel era el guionista de todos aquellos inolvidables gags con que entretuvieron a nuestros padre y abuelos, algunos de ellos son reinterpretados en esta película por dos actores en realidad muy parecidos a los personajes y no solo físicamente que para eso están los maquillajes tíos.

Así que tendremos los entretelones de una relación de amistad de toda la vida que sin embargo tuvo sus altibajos en razón de la falta de coincidencia en obtener mejores contratos y el por todos sabido abuso de los contratistas y representantes para sacarles más dinero del que tal vez ellos mismos ganaran.

Buena recreación con la tristeza final asegurada pero que viene bien para quizás poner de nuevo sobre nuestras preferencias a dos fabulosos amigos: uno gordo y bonachón y otro flaco y medio cascarrabias que vivieron notables momentos y dejaron para la posteridad todo su genio y su talento.

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Un Pueblo Abandonado

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Un pueblo abandonado
Por: Darío Valle Risoto

Un coche tirado por dos yeguas casi blancas recorría el angosto camino de tierra entre los cerros intentando llegar a otro pueblo, al pescante iba un viejo hombre flaco que fumaba un tabaco negro y de poderoso aroma. Era un carro del tipo “Gitano” con una construcción con techo que servía de hogar al hombre y algo más.

Caía la tarde y los eucaliptos gigantescos adelantaban las sombras de la noche, “sus muchachos” como él los llamaba al sobrevenir las horas oscuras se ponían nerviosos dentro del sobre techo del carro.

Se detuvo antes de vadear el cerro porque no quería levantar la perdiz, cuando el último rayo de sol se escondió en el horizonte abrió la puerta del entretecho y salieron los murciélagos volando rumbo al pueblo más cercano que según el rotoso mapa que sostenía el viejo se llamaba: Villa Temesio.

Soltó a las yeguas para que pasten y prendió un fuego para calentar el agua para hacerse un café del que comprobó solamente le quedaba para un par de días pero sabía bien que pronto haría unos pesos. El carro viejo y desvencijado tenía un cartel a cada lado que rezaba: “Romanellis el elixir que lo cura todo”.

Allá en el pueblo no advirtieron al principio la centena de murciélagos que se apostaron en torno al campanario de la vieja iglesia, algunos con sus chirridos hicieron que desde los montes comenzaran a llegar los de su especie hasta formar conglomerados de alas negras en varios edificios.

El cura se despertó tarde de la siesta y se enojó con Santiago que dormía desnudo a su lado, el muchacho tenía una espalda ancha y perfecta, el viejo sacerdote le besó una nalga antes de levantarse para vestir su sotana, luego calentó agua para el mate. El muchacho se despertó y tomó sus calzoncillos que descansaban sobre la Biblia.

Rosaura abrió el quilombo, las otras dos muchachas entraron a las risas porque una de ellas había roto un taco de sus botas tratando de alcanzar a una gallina que espantada corrió calle abajo. Hubieran hecho una buena sopa si la atrapaba. Dentro de la vieja casa que antes fue una pensión había olor a creolina y humedad.

El comisario fue el primero en darse cuenta de que esa noche no era una noche normal porque antes de salir de la comisaría para tomarse una grapita vio una nube densa y negra despegada de la noche de luna que caía sobre toda construcción, persona y animal de la comarca.

Cientos de murciélagos en pocos minutos hicieron suyo el pueblo que entró en pánico con gente que se encerraba en el mejor de los casos pero quienes eran tomados por sorpresa en las angostas veredas o calles de tierra eran presas del pánico al ser arañados o azotados por esos demonios con alas.

Santiago salió luego de despedirse del padre Alfredo con un beso en los labios pero debió entrar cuando uno de estos rapaces casi le quita un ojo arañándole la cara. Rosaura mató a un par que se colaron en el quilombo y Gladis sufrió un ataque de pánico que mereció dos cachetadas de la negrita Alicia.

A la mañana siguiente los destrozos eran evidentes y seguían allí en los lugares más oscuros de villa Temesio estos bichos asquerosos y voladores. La gente lo supo y nadie pudo adelantar una solución hasta que el comisario aconsejó mantenerse adentro mientras el y su único subalterno prendían algunas fogatas con ramas frescas para que el humo les espante.

Tres días después el viejo consideró que la gente ya había sufrido bastante terror como para ir con su carro a ofrecerles algo de ayuda pero cuando llegó al pueblo lo encontró vacío y solamente sus amigos estaban allí negritos, con sus alas de cuero triunfantes y sin un ser humano a la vista.

__¡Que carajos!

Pero no le fue difícil detectar que los trescientos y pico de habitantes del pequeño pueblo se habían ido del lugar cargando lo que pudieran hacia el oeste tal vez hacia el Villa Crispina o hasta la misma capital si el miedo continuaba. Así que alentando a sus yeguas enfiló en ese camino y a dos kilómetros dio con la columna de desorientados hombres, mujeres y niños que marchaban con el cura y el comisario a la cabeza.

Rosaura la puta fue la única que desconfió del viejo con ese elixir maravilloso que prometía sacarles a esos bichos endemoniados solamente con echar unas gotas en cada esquina de las casas y esperar que sus efluvios espanten para siempre a estos vehículos del pecado y la desidia.

Porque Rosaura tenía experiencia en viejos mentirosos que prometen todo y no dan más que palabras bonitas o promesas inalcanzables de casamiento y redención a cada mujer que les alquila su amor.
Pero a la gente le gusta creer y desesperada cree en cualquier cosa, así que el viejo vendió veinticuatro botellas de “Romanellis” a cuatro pesos cada una y se forró y hasta el cura le dio las gracias mientras observaba de reojo a Santiaguito con su bello rostro arañado por esas musarañas del demonio.

Aún así prefirieron que fueran el comisario y su ayudante junto con el viejo a volcar tal como la receta lo informaba algunas gotas en cada esquina de cada casa del pequeño pueblo y: Milagro. Los murciélagos unos minutos después se fueron por donde vinieron.

Dada la noticia la gente regresó al pueblo mientras el anciano visto como un héroe escondía en su gastada casaca el producto de tal evasión de batracios: nada menos que un silbato especial con que tenía adiestrados a los líderes de sus amigos alados, era cosa de instantes que los demás les siguieran de regreso al carro que era su hogar.

Mientras todo volvía a su cauce habitual aunque hubo que limpiar los deshechos de los bichos y prender algunos inciensos para sacar el olor la gente estaba agradecida y contenta porque había llegado este providencial salvador. Solamente Rosaura la dueña del quilombo “Los Yuyos” sospechaba algo raro.

El cura volvió a dormir con su amante y el comisario a tomar mate tranquilo escuchando el futbol en la radio con los relatos de Solé.

Cuando el anciano regresó allí estaban como esperándolo sus amigos, no era necesario contarlos, siempre eran un poco más de cien aunque no era raro que alguno de sus colegas se quedaran con ellos en el jaulón improvisado debajo del techo del carro vivienda del hombre.

Les dio semillas para que coman y se sentó a contar la plata, pero quiso la cosa que el tipo sintiera un doloroso y punzante dolor en el brazo izquierdo para morirse de un ataque cardiaco en medio del bosque.

Las yeguas seguían pastando inocentes de que habían perdido a su anciano amo pero no los ojitos brillantes y negros de ciento treinta y cuatro murciélagos machos y hembras que observaron el hecho con cierta tristeza.

A la madrugada siguiente poco antes de que saliera el sol el cura abrió las ventana para ventilar el cuarto mientras Santiago se ponía sus calzoncillos y fue entonces cuando el padre vio algo que lo dejó mudo por varios días: una nube de murciélagos muy densa avanzaba por la avenida principal sosteniendo un bulto oscuro sobre ellos lo que desde todos los puntos de vista era imposible pero estaba pasando.

Y mientras esa extraña procesión recorría la avenida todas las personas salieron de sus casas para ser los espectadores de la enorme tristeza de cientos de bichitos alados que sosteniendo el cuerpo del anciano lo llevaban trabajosamente a un metro de altura volando hasta el cementerio del pueblo.

El cura se persignó, Santiaguito se desmayó, el comisario fue a tomarse una grapa doble y Rosaura mirando a la negrita Alicia y a Gladis que estaba prontita a sufrir otro ataque de pánico les dijo: __¡Yo sabía que esto era joda!

Y cuando los cientos de murciélagos depositaron el cadáver del viejo sobre la entrada del cementerio se quedaron allí con sus terroríficos chirridos como en oscura procesión infernal esperando que lo entierren y así lo hicieron algunos valientes de la comarca esperando sobretodo que luego volvieran por donde habían venido.

Pero jamás se fueron, en cambio vinieron más y más y la gente se tuvo que ir de allí esta vez para siempre y de nada sirvió que vaciaran las botellas del elixir maravilloso ni que rezaran o lanzaran piedras y puteadas a estos pajarillos negros que eligieron permanecer como en eterno agradecimiento por su amo desaparecido.

Todos se fueron a otros pueblos: Rosaura entró a trabajar de maestra en una escuela rural, el cura desapareció con su amante Santiaguito y al comisario lo encontraron ahogado tras caerse borracho de un puente.

Gladis y la negrita Alicia siguen ejerciendo el sano oficio de alegrarles la vida a los peones de campo y algunos vendedores ambulantes pero siempre evitan atender a los que venden remedios para todo.

FIN

PD: Cuento escrito para el taller de escritura “Entre Líneas” con la consigna: escribir algo sobre pueblos o ciudades abandonadas. Escrito con ideas en colaboración de Paula Labella y Virginia Gutiérrez que aportaron algunas situaciones y personajes.