Dannell Norfolk: Belleza americana

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La Bailarina

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La Bailarina
Por: Darío Valle Risoto

La osadía triste de permanecer cansado
Nublada la mente de sueños postergados
Una bailarina solitaria dentro del espejo
Y lagrimas de sal sonriendo por dentro.

El incienso prendido dentro de mi cuarto
Una gata gris que me mira pensando
Y yo que en sus ojos mágicos me sumerjo
Queriendo saber el secreto del tiempo.

Aurora de mañana libre de sol y trabajo
Espero una gran lluvia aunque sea verano
Tengo en mis libros pedazos de recuerdos
Y en cada rincón de la casa duendes eternos.

Poemas escritos que se fueron apagando
De tanto verso de amor caricaturizado
Ahora está el viejo o casi un anciano
Con la bailarina en el espejo…esperando.

Delirios de tanto camino desencontrado
Ausencia de riqueza, ausencia de reclamos
Todo dependía de estar en el lugar exacto
Justo cuando perdía los mapas
Y me quedaba sin contactos.

La osadía triste de permanecer cansado
Anónimo vehículo que transita un cuadro
Pintado con grises y negros de anarquía
Esperando abrazar a la…
Solitaria Bailarina.

Dientes bajo las alas (Poema)

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Dientes bajo las alas
Por: Darío Valle Risoto

Demasiadas sonrisas me asustan
Algo esconde esa forma de amor
Y me están cobrando mis sueños
Al precio de una extraña salvación.

Cual dragones me sobrevuelan
Tratando de que sea como ellos
Moralistas de vidas perfectas
Que esconden lados perversos.

Tienen dientes bajo las alas
Que me sofocan el aliento
Yo no quiero pedir perdón
Por ser natural e imperfecto.

No necesito manuales de vida
No soy un electrodoméstico
Aprendo de lo que escucho
Y de lo que fracaso aprendo.

Nunca voy a sentirme culpable
Por la palabra, la desnudes
Por el alcohol, por mi sexo
Ellos que nada comprenden
Quieren que sea como ellos.

Dientes bajo las alas
Esconden los cristianos perversos
Son como los musulmanes
Son como el mismo infierno.

No existe dios, no existe diablo
No existen ángeles ni malos ni buenos
Pero si hay miles de dragones
Que me quieren quitar mi cuerpo.

No necesito manuales de vida
No soy un electrodoméstico
Aprendo de lo que escucho
Y de lo que fracaso aprendo

Invierno en el Imperio

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Los trabajadores eliminan la nieve durante una tormenta de nieve en Times Square en Manhattan Jeenah Moon / REUTERSB

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Una mujer observa cómo las olas del océano sobrepasan el malecón durante una tormenta de nieve invernal en Lynn Brian Snyder / REUTERS

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Un hombre camina por la playa durante una tormenta de nieve invernal en el barrio de Boston de Revere Brian Snyder / REUTERS

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Paseos peatonales a través de la cegadora nieve al otro lado del puente de Brooklyn durante Storm Grayson en Nueva York Darren Ornitz / REUTERS

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En lucha contra el viento y la nieve mientras empujan un carrito de compras en la calle 125 en el alto Manhattan durante una tormenta de nieve en la ciudad de Nueva York Mike Segar / REUTERS

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El auto se ve cubierto de nieve en Long Beach Shannon Stapleton / REUTERS

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Una mujer camina en Times Square durante una tormenta invernal en Manhattan Jeenah Moon / REUTERS

Neo Vampiros 80: Jacqueline

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Neo Vampiros 80
Jacqueline
Por: Darío Valle Risoto

Terminó de hablar por teléfono y pudo respirar mejor por primera vez en casi veinticuatro horas. Jacqueline estaba a punto de llamar a la policía cuando recibió la noticia sobre la liberación de Paula, ella no le quiso dar detalles de cómo se había podido zafar de sus captores pero era bueno saber que las cosas mejoraban.

Sobre su escritorio descansaban los viejos y terribles legajos de sus investigaciones sobre derechos humanos en Uruguay, Argentina y Chile, tenía de nuevo la sensación de necesitar que algo pase, algo que de una vez por todas y de un plumazo solucione todo el tema de los desaparecidos y que de una definitiva vez los culpables paguen.

Veinticinco años de democracia y todavía el perro de la justicia da vueltas como para morderse la cola, trampas, dilaciones, subterfugios, dilates, prebendas y corrupción, todo un verdadero marasmo de una locura apacible y calma, tan uruguaya para postergar lo que nunca debería ser postergado.

Encendió un cigarrillo, le importó un carajo estar adentro y menos que se había prometido dejar de fumar, pero tuvo que abrir las ventanas de la oficina y salir a la pequeña terraza donde el sonido y los olores de la avenida dieciocho de Julio la envolvieron.

Lorena había desaparecido, supo por un amigo que la habían visto en un baile en la ciudad de Rosario, ¿Qué hacía en la Argentina? Imposible adivinarlo y lo peor era que siempre se encontraba su pista descubriendo en las noticias policiales una serie de muertes tremendas asociadas con ese espantoso pasado donde ambas márgenes del plata se vieron bajo dictaduras. Bueno, también en Chile el hijo de puta de Pinochet no era Walt Disney precisamente y en Paraguay el viejo dictador había sido como una espina en Latinoamérica durante muchos más años que los otros.

La gente caminaba por las veredas en el frenético viernes que al caer la tarde auspiciaba un fin de semana de descanso, mientras Jacqueline intentó repasar aquellos momentos en que miraba una tarjeta con el nombre y la dirección de un torturador o un cómplice en sus cuidadas manos antes de entregársela a su misteriosa amiga. ¿Por qué se había cruzado con Lorena?

Ella tan pequeña, tan frágil y extraña, tan muerta y tan viva, sus ojos penetrantes y llenos de una nostalgia inventada, solo se puede nostalgiar aquello que se vivió y sin embargo era muy pequeña cuando le arrancaron a sus padres.

Lorena y su capacidad de desaparecer y volver a estar del otro lado de la habitación, el halo de frío que la rodeaba, sus labios carnosos, sus colmillos, su falta de tacto pare decirle en la cara como había decapitado a tal o cual coronel retirado, como le había arrancado el corazón todavía con vida a ese político que entregó a los sindicalistas en el setenta y dos, como había destrozado la puerta de la mansión campesina donde comían ese asado los camaradas del plan Cóndor.

Veintidós muertos en una estancia de Tacuarembó, muchos de ellos eran altivos y poderosos durante los años setenta cuando desde los Estados Unidos se impartían las pautas de la lucha anticomunista en Latinoamérica, no iban a tolerar otra Cuba y mucho menos que el Ché se transformara en un ejemplo a seguir.
__ ¿Deberíamos perdonar?
__ ¿Qué dice doctora?
__ Tengo la sensación de que cada vez que hablo sola, vos apareces en mi despacho.

Sebastian el cadete sonrió y se le hicieron esos cautivantes hoyos en las mejillas, Jacqueline pensó en que en cualquier momento se lo iba a tener que coger pero tenía ya demasiados problemas en la vida como para lidiar con un pendejo.

__ ¿Llamó al teniente Corrado?
__ No, no, menos mal que me preguntas, ya se arregló ese tema de Paula, ya está libre.
__ ¿La soltaron los secuestradores?
__ Se pudo escapar, no se los detalles, pero cuando llegue a Montevideo la voy a ir a ver.
__ ¿Necesita algo más doctora?
__ No gracias, seguí con los archivos.

El muchacho le dio la espalda, ella le dio una última pitada al cigarrillo y entre el humo le miró el trasero mientras dejaba su despacho, comenzaba a caer la tarde en Montevideo y de algún modo intentó creer que Lorena debería estar en Rosario solamente para descansar.

Pero todos sabemos que los vampiros no descansan nunca.
Juicio y castigo

La muerte del misterio (Tecnologías)

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La Muerte del Misterio
Por: Darío Valle Risoto

Ayer luego de recorrer diferentes puntos de la ciudad paramos con mi amigo César en un Bar que se encuentra sobre la avenida Agraciada frente al Prado a tomar un refresco frío y comer una buena pizzeta con muzarella.

Mientras conversábamos le llamé la atención de que frente nuestro sobre la izquierda del lugar en la vereda del frente había una chica evidentemente esperando a alguien y por lo prolija y hermosa que se veía no podíamos pensar en otra cosa que en un novio o muy posible pretendiente.

Conversamos sobre ese hermoso instante en que uno va llegando y las ve: “a ellas” arregladas para nosotros y le dije que ese debe ser uno de esos instantes que probablemente jamás olvidemos sea como sea que luego nos vaya en la relación.

La chica creo que se dio cuenta que advertimos su espera y cuando sacó su celular allí comenzó a morir ese misterio de no saber a qué hora llegará o si le pasará algo o si tal vez ella misma llegó demasiado temprano. Y el hermoso evento tecnológico comenzó a matar esa impaciente espera porque un rato después dejó el muro donde se apoyaba en la mueblería y se fue pasando por nuestra derecha.

Le dije a César que quizás le había avisado que venía hacia el lugar y ella fue a alcanzarlo dejándonos sin saber si el fulano era a nuestros ojos indiscretos, un digno partenaire de tal belleza porque la niña de verdad era de película.

Hoy que escribo esto recuerdo alguna cita radial sobre qué hubiera pasado en diferentes eventos históricos y literarios si los protagonistas hubieran tenido el uso de sus teléfonos celulares y el mundo hubiera sido muy diferente pero quizás tan aburrido como ahora comienza a serlo.

Es que estamos matando el misterio para tener las diferentes certezas que van desde lo necesariamente bueno de saber a develar hasta las más intrascendentes noticias cotidianas como: cuando llego, que me pasó, por donde voy, con quien estoy.

Llámenme anticuado pero quiero volver a aquellas ocasiones en que nos quedábamos de encontrar a las nueve frente a tal lugar y desde allí a esbozar aquella sonrisa del reencuentro: había una dulce y hermosa ignorancia.