Nuestra conclusión

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Nuestra conclusión
Por: Darío Valle Risoto

Yo no te exigí nada
Y sin embargo
Me has dejado vacío
Tampoco te pedí nada
Pero
Me miras con odio
Y ahora
Me reprochas mi despojo.

Algo estuvo mal y no lo vimos
Lo bueno se ha ido transformando
En una especie de cadena
En una prisión de culpas
En sus celdas de sarcasmos.

Ahora el silencio es la solución
Pero las puertas siguen abiertas
Tú no te vas, yo no me voy
En esta soledad manifiesta.

Nunca quise conquistarte
Solo fui tu mejor enemigo
Ahora tendrás que alejarte
No me hagas morir contigo.

Yo cambié tal vez demasiado
O vos abriste los ojos
Te lo dije desde el principio
Pero nunca lo aceptaste
Y es mi absoluta culpa
La que te hace alejarte.

No hay contratos de eternidad
Nunca te dije que te quiero
Lo mejor era vivir hasta que dure
Aunque duela ser sinceros.

Se ira apagando la memoria
Seremos historias que contar
Quiero que te vaya bien
Pero ya no te puedo soportar.

El fin del juego nadie lo monta
Todo termina para bien o mal
Las circunstancias
serán las sombras
De este apagón
Que marcó el final.

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La Patria, el Rey, La Bandera

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La patria, el rey, la bandera
Por: Darío Valle Risoto

Que la patria es el dios
De los que ignoran la certeza
De que somos accidentes
Dentro de nuestras fronteras.

Infortunio de los ignorantes
La patria, el rey, las banderas
Soporíferos estandartes
Que nos mandan a la guerra
Porque somos accidentes
Dentro de cualquier frontera.

Y allí marchan los patriotas
Y trabajan y revientan
Los que mantienen oligarcas
Los que alimentan al sistema.

Baba blanca de rabia negra
Anarquistas sin fronteras
Los que caminamos solos
Sin rey, ni dios, ni banderas
El estómago es la patria
Y la amistad verdadera
El himno de la esperanza
Y del futuro escarapela.

Marchan patriotas a la muerte
O trabajan sin reservas
Fabricando armas y el veneno
Que justifica la fuerza
Única razón de los sin razón
Arbitrio de la violencia.

Digitando nuestro futuro
Para sustentar un sistema
Que nos compra, que nos vende
Que nos lleva al pan y al circo
Futbol, show bisness,
Reunión de gabinete
Banca mundial perversa
Y el pobre ignorante
Agitando su triste bandera.

Adiós a la banda Almafuerte

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Adiós Almafuerte
Por: Darío Valle Risoto

Con enorme tristeza acabo de confirmar algo que sospechaba dado lo espaciado de las actuaciones de Almafuerte y de las posteriores apariciones de Ricardo Iorio con otros integrantes bajo su propio nombre. Más de veinticinco años de este grupo los entronizó definitivamente como la banda de Heavy metal más grande de la Argentina y me atrevería a decir de la América hispana.

Aún con una cantidad enorme de trabajos desde V8, Hermética, la propia Almafuerte y algunos discos solistas Ricardo Iorio siempre fue un hombre controvertido por su forma de ser y sus filosas declaraciones que parecen desequilibrarse entre las dolorosas verdades y una mentalidad cerrada que no admite más que decepción. Iorio es un cristiano patriota, siempre lo ha sido, esto se puede constatar en mucha de sus letras y sin embargo nos ha dado el regalo de al menos unas cincuenta canciones fabulosas que nos hablan claramente del bicho humano y no de hadas y magos o romances idiotas.

No le podemos negar que ha dicho lo que piensa y ha sabido como un servidor ponerle fin a relaciones de trabajo o amistad que no lo conforman sin demasiadas vueltas. “Al pan: pan y al vino: vino” decía mi madre por aquello de nombrar las cosas como son y en eso este metalero ha sido muy claro nos guste o no, tampoco vamos a tratar de dilucidar algo que ni los propios Argentinos conocen a ciencia cierta que es el pensamiento Peronista, una forma de pensar una sociedad desde lo instintivo y popular pero enraizado con una forma de comprender el mundo desde lo conservador por más que grupos de izquierda lo reivindiquen. Y Iorio es un gran peronista con todo lo que eso significa y encima de ello cristiano espiritista.

Si una figura mitificada como el “General Perón” y la absurda invención del cristianismo han sido sus guías parece hasta increíble que la pluma de Ricardo contenga fuera de estos tropiezos una precisa mirada sobre el hombre y su contexto en una sociedad tan variopinta y querida por mi como la de la hermana Argentina. Pero méritos le sobran como haber acercado el folklore a las nuevas generaciones, romper la brecha entre este y el Heavy Metal y además de ello recorrer varias veces su país tocando para los más humildes y sentarse en la misma mesa con estos.

Inútil seria hacer un repaso de todos esos temas increíbles que también forman parte de una forma de pensar el Rock que lamentablemente está siendo liquidada por gran cantidad de grupos integrados por imbéciles ilustres que solo pretenden ganar dinero cantando bobadas. Podrá no gustarles el Heavy Metal pero si leen muchas de sus letras no pueden negarme que allí hay calidad.

“Masticando esta siniestra heredad,
prisionero estoy en mi ciudad natal
donando sangre al antojo de un patrón
por un misero sueldo”
Gil Trabajador

Afortunadamente en el año 2013 fui a ver a Almafuerte al Platense Patín Club y fue la primera vez que los veía, tampoco es que vinieran mucho, pero solamente allá por 1989 había visto en el mismo lugar a Hermética y nada más, pero desde luego que tengo toda su discografía en MP3 y muchos de sus discos en formato “real”.

Espero que alguna vez alguien se tome el tremendo trabajo de escribir un libro biográfico sobre Ricardo Iorio, tal vez allí comprendamos mejor a un verdadero genio, a un enorme compositor, a un hombre con tremendos claros y oscuros que me han hecho pensar cuando un compañero de trabajo me preguntó si me gustaría conocerlo personalmente en que seguro terminaríamos a las piñas por aquello de que política e ideológicamente estamos casi en las antípodas. Yo ateo y anarquista, antipatriota y anhelando un mundo sin fronteras suelo andar como dice Iorio en una de sus canciones: “Cheguevareando” dentro de la medida de lo posible y aún así, en este momento estoy escuchando a esta banda y me gusta.

Memoria de Siglos
En lo que digo nadie se engaña:
Nos libramos del vencido
Todos barremos con saña
A los ídolos caídos

No serás siempre el primero,
la humana limitación
Cambia a capricho al puntero
de toda competición

Olfateamos muchas cosas
entre prisas diariamente
Son verdades deliciosas,
y verdades pestilentes.

Nadie da nada de balde, sabelo.
El candor últimamente esta muy bravo
Aunque la verdad escalde,
sobran cadenas y esclavos

Libertad y sus vestigios
Mas vale ponerse a salvo
Muchos calzan gorro frigio
Solamente por ser calvos

Cubre el cuerpo cualquier capa
El placer también demacra
Todo ser busca una tapa
Cuada cual cubre su lacra.
Cada cual su lacra oculta.

Aunque en virtudes abunde
y se juzgue inobjetable
Cuando el humano se hunde
Siempre busca un responsable

A menudo nos engañan
Escondidas apetencias
La culpa ajena es barata
Regalarla no nos cuesta, nada nos cuesta

La hipocresía propasa
Todo ejemplo en esta tierra.
Al asesinato en masa,
los hombres lo llaman guerra.

 

https://www.diariopopular.com.ar/musica/las-5-mejores-letras-ricardo-iorio-n243888

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¿Porque a todo el mundo le gusta?

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¿Porque a todo el mundo le gusta?
Por: Darío Valle Risoto

Recuerdo algo que me enseñaron mis padres, ambos con tremendo empeño y aunque eran personas muy diferentes entre si en este asunto coincidían ampliamente a tal punto que a través de los años este concepto que me transmitieron formó mi personalidad tanto para bien como para mal y pasaré a explicarme a continuación.

Ambos me inculcaron el concepto de hacer en todos los aspectos de mi vida lo que a mi me parezca correcto independientemente de lo que me digan los demás o de la errónea idea de que si que si algo es cometido por una mayoría es lo que se debe hacer o porque es así que lo hacen todos, porque está de moda o porque de esta manera puedo ser aceptado por los demás.

Sobran ejemplos del comportamiento de las masas en diferentes sentidos que como una marea que arrastra barcos sin timón va acomodando modas, actitudes, ideologías con el débil argumento de que más es mejor que menos o de que las mayorías no pueden equivocarse.

Aún así muchos caemos en la falsedad de que la cercanía, la pertenencia y compartir algo con nuestros semejantes nos pone del lado de lo correcto y que transgredir no es bueno aunque también para estos tiempos de consumo la transgresión o lo que se toma como tal también forma parte de la estupidez colectiva.

Y no trato de tomarlo a usted estimado lector como estúpido, porque individualmente todos los seres humanos tenemos gran potencial pero estas mismas actitudes fenecen ante la imparable seducción de las masas que parece que saben lo que es bueno para todos porque así se hace o se estila y no se lo puede cambiar.

El mejor ejemplo es el ámbito musical donde infinidad de artistas con escasas dotes han pasado a encabezar listas de ejitos, giras masivas y se han encumbrado como indiscutibles ídolos de generaciones solamente contando con enormes campañas publicitarias, cierto carisma y muchísima suerte. Podría darles una lista de al menos diez artistas internacionales que realmente son personajes sin mucho brillo pero han tenido la suerte de tener buenos productores, excelentes campañas publicitarias y a un público que se deja llevar sin poder analizar objetivamente a estos artistas del montón. Por otro lado sobran ejemplos de artistas muy poco conocidos o de muy bajo perfil que realmente han ejercido cambios sustanciales no solo en lo musical sino en lo social.

Obviamente no voy a detallarles los artistas que pretendo que ustedes sepan decodificar tal cual debe ser y no por la influencia de los medios porque sería entrar en una discusión absurda, más puedo nombrarles una banda que ha tenido enorme talento, músicos excepcionales y también ha contado con el beneplácito de grandes masas de públicos y ha llegado a la gloria con absoluto merecimiento, me refiero a: Queen. Tal vez podríamos agregar a The Beatles y Pink Floyd y muy pocos más a esta lista de excepciones.

Pero a riesgo de salirme del tema quiero recalcar el fuerte componente que ha hecho de mi personalidad una forma de elegir tratando siempre de desprenderme de la marea general, aunque más no sea para experimentar realmente que quiero y que no quiero de mi vida sin que un iluminado intente llevarme de la nariz con el débil argumento de que: “Todo el mundo lo hace” Esto no quiere decir que sea un anómico social, hay muchísimos productos que gustan a las mayorías y a mi también, modas que supe compartir con todos y quizás libros, películas y música que también me han agradado, más fue siempre por mi mismo ya que la sola idea de que algo es masivo me pone en la situación de inmediatamente analizarlo con cierta desconfianza.

En publicidad se estudia la psicología de los consumidores y todo se rige bajo las iniciales: NA y NP que significan: Necesidad de afiliación y Necesidad de pertenencia. No hay caso, seguimos siendo los mismos monos imitadores que allá antes de que inventaran a dios se copiaban entre ellos para sobrevivir y trataban de identificarse entre las tribus por sus aspectos más igualadores, tal sea un cierto peinado o una forma de hablar y aún sigue siendo así. Todos somos parte del gran grupo humano pero a su vez pertenecemos a diferentes sectores a medida que nos acercamos al ser individual.

Por ejemplo yo: blanco, occidental, ateo, anarquista, metalero, escritor, alto de ojos verdes, fan de Superman, de Star Trek, del anime y la cultura oriental, gran escucha de tangos, sindicalista y proclive a vestirme casi siempre de negro. Tengo por lo tanto alguna que otra señal que me pone el cartelito para ir hacia determinados lugares donde otros no van. Pero si me retrotraigo a lo aprendido desde mi más temprana infancia debo observar que todo lo antedicho tampoco es un credo que siga a ojos cerrados y por lo tanto puedo tomar coca cola, ver una película romántica, alucinar con los personajes de Marvel, ponerme alguna remera blanca o roja y quizás hasta coincidir cuando por casualidad algún político de derecha dice algo que me parece inteligente.

Pero tengo la enorme satisfacción de tener una suerte de campo de fuerza contra el consumo indiscriminado, las modas estéticas y de la mala palabra, la forma estúpida en que se relacionan cual mutantes o zombies las personas con sus celulares, las frases ordinarias y soeces de las redes sociales y los pensamientos hacia una humanidad vegana, falsamente tolerante y regaettonera.

Supongo que no solo en el Uruguay nos encontramos con gente que reivindica hasta lo más espantoso de su cultura con el argumento infame de que: “Porque es nuestro” como si la proximidad solamente bastara para que uno se ponga de tal lado o de otro sin meditar que es lo que está eligiendo. En el mismo sentido hay una forma de pensar generalmente de la gente de izquierda de mi país que apunta a que todo: “Lo foráneo” es malo y ni que hablar si proviene de los Estados Unidos, al parecer fuente primaria y génesis de todos los males de este mundo.

Ojala fuera tan fácil pero no es así aunque uno sea una especie de paria porque escucha más música en inglés que en castellano o prefiera a Superman antes que a Patoruzú o sostenga que si le sacan la Coca Cola hará la contra revolución. Pero ojo que si me gusta Mafalda, aunque también Los Simpson y un montón de productos masivos yanquis, foráneos y sin ningún otro cometido que entretener.

Pero la cosa no es que sea de acá o de afuera sino más bien se trata de estar a la moda y hasta cambiar la forma de hablar o escribir diciendo tonterías como: “Todas y todos” para estar en la onda aunque en casa nos importe todo un carajo, mientras miramos los últimos partidos de la Liga Europea.

En definitiva uno es lo que come, lo que ve, lo que escucha, lo que viste y lo que desviste, uno es una suma de transculturalizaciones varias donde afortunadamente durante el post modernismo algunos aprendimos que la única moda debería ser que no hay moda, por más que siempre las masas sigan la zanahoria para sentir que pertenecen a algo.

 

 

 

 

El Veneno (Cuento)

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El Veneno
Por: Darío Valle Risoto

Ningún matrimonio se mantiene feliz y amoroso por mucho tiempo, la convivencia y los años que se acumulan pueden alejar mucho a dos personas, aún a las aparentemente almas gemelas que se juraron amor eterno delante del altar, cualquier altar, incluido el de la promesa con miradas profundas a los ojos.

A pesar de esto Sergio y Nora la llevaban bien, con ocho años de vivir juntos y casi siete de casados estaban suficientemente acostumbrados el uno al otro con sus mañas y locuras que iban siendo comprendidas como en una especie de pacto que ni la falta de hijos pudo romper.

Hacían el amor dos o tres veces por mes como casi todos los matrimonios, un poco más en vacaciones, un poco menos en el invierno que en el verano y se dejaban llevar por la pasión alguna primavera que otra, todo iba bien hasta que de alguna manera al pisar los cuarenta quizás por la crisis de la media edad o por la alta taza de contaminación atmosférica Sergio comenzó a sospechar que su esposa tenía: “Algo”.

No es que fuera celoso pero aquella tarde cuando llamó al sanatorio donde ella era jefa de enfermeras del pabellón “C” le habían informado que se había retirado a las catorce horas pero llegó a las nueve de la noche cansada porque el trabajo: “la estaba matando”
No le preguntó más y al otro día ella al enterarse que su marido había llamado le dijo que justo habían ido a llevar un enfermo a un CTI del interior y por eso la demora sin explicaciones.
Pero la notó nerviosa y como estaba en un período de poco trabajo como abogado se dispuso a tratar de observarla un poco más pero siempre con la suficiente discreción como para no meterse de lleno a hacer peguntas tontas como: ¿Estas son horas de llegar? O: ¿Me parece que me estás echando los cuernos mi amor?

También comenzó a notar en Nora largos momentos donde pensativa se ponía a mirar por la ventana de la cocina al patio o le perdía el hilo a algún programa de televisión e incluso a una conversación tanto con él como con un matrimonio amigo que venía seguido a la casa.

Una tarde a ella se le calló la cartera y vio un juego de llaves que no pertenecía a la casa, tampoco eran del sanatorio porque solían tener etiquetas identificatorias, tampoco le quiso preguntar pero vio que las recogió nerviosa dentro de su fiel cartera de cuero.

Por lo tanto un buen día con la excusa de irla a buscar al sanatorio, la esperó en el auto y cuando la vio abandonar el estacionamiento en su Subaru azul y tomar al norte se dio cuenta de que no iba a casa.
Bajó en un chalecito con jardín y entró utilizando llaves propias, Sergio estaba casi a media cuadra pero hubiera apostado que con las llaves misteriosas que se le habían caído. Luego de esperar por más de dos horas volvió a su hogar ahora casi convencido de que Nora tenía un amante.

Y ella llegó tarde contándole que el trabajo la tenía muerta, él sonrió y siguió mirando el partido sin ver que estaba pasando en la cancha porque su mente se iba nublando con infinidad de sospechas. Esa noche ella se acostó después de bañarse y el pensó que había demorado más de la cuenta debajo de la ducha quizás para quitarse el aroma a otro hombre.

Cuando ella quiso tocarlo pero él se hizo el dormido, Nora se dio vuelta y en el silencio de la noche Sergio creyó notar que estaba llorando pero afuera comenzó a llover y bien pudo ser engañado por el ruido exterior.

Desde esa noche en adelante pidió licencia sin sueldo en el despacho, no podía concentrarse en su trabajo como abogado y procurador porque solamente un pensamiento le rondaba la cabeza: el de la traición y luego uno nuevo comenzó a obsesionarlo: debía hacer algo.

Varias veces a la hora de comer o cuando ella llegaba tarde a la casa quiso encararla, sacudirla y preguntarle que carajo estaba pasando pero era un cobarde, lo sabía y quizás temiendo que ella lo deje optó por vengarse del tipo.
En primer lugar averiguó que el personaje era un tal Fernando Mesa y que vivía solo y que no salía mucho de casa, que tenía cuarenta y cinco años y era ingeniero o arquitecto, algo de eso.

Un sábado cuando ella se fue a dormir la siesta porque estaba de turno en el sanatorio quitó esas llaves de la cartera y fue corriendo al cerrajero de la avenida para hacer copias de las tres. Luego devolvió las originales a su lugar pensando en que la semana entrante debía ir lo más lejos posible de su casa para conseguir lo necesario para deshacerse del hijo de puta. Como no era un tipo de acción ni amante de la violencia había optado por hacer algo que si bien era riesgoso, seguro pondría fin al asunto para siempre.

Y así fue que a mitad de la semana cuando se percató de que Nora estaba de verdad trabajando, fue hasta la casa del tipo y utilizando las llaves entró, como era muy temprano en la mañana supuso que estaba durmiendo y así lo constató al asomarse a un cuarto con la puerta entreabierta. Por suerte no tenía perros.
Abrió la heladera bien provista, tomó un envase de leche y le agregó suficiente arsénico como para matar un caballo. El tipo vivía solo, Nora solamente venía a la casa y ella era alérgica a la lactosa así que no corría el riesgo de matarla, por lo pronto quizás se lo mereciera.

Dejó la casa cuando comenzaba a amanecer, a las pocas cuadras tiró la campera que llevaba y el gorro de lana a un contenedor tras percatarse de que nadie lo veía y volvió a la casa, muy nervioso por un lado pero por otro con la convicción del justiciero que ha hecho lo que se debe hacer.

Con el transcurso del día pensó en que tenía que volver y deshacer esa locura, pero también había tirado las replicas de las llaves. ¿Y si otra persona se envenenaba?
Nora llegó un poco tarde pero como siempre cenaron y hablaron de varias cosas intrascendentes hasta que un llamado telefónico sonó sobresaltando la aparente quietud del alma de Sergio.

__ ¡Se mató!, ¡Dios mío, pobre Ernesto!
__ ¿Qué pasó?
__ Mi primo que voy a visitar desde hace días y que tenía esclerosis múltiple se envenenó esta mañana. __Le dijo con los ojos llenos de lágrimas.
__ Pero… ¿Nunca me dijiste nada?
__ No te quería molestar con cosas de enfermos, vos sabes que trabajo de enfermera y no quería traerte tristezas… Pobre Ernesto, pobre hombre.
__ Si…pobre hombre. ___Dijo Sergio con la mirada perdida en la blanca pared.

FIN

 

 

Marx en los Grillos, la novela de Artigas Gonzáles

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Marx en los Grillos
Por: Darío Valle Risoto

Este libro tiene dos factores muy importantes para hacerse de un ejemplar: en primer lugar y el más determinante es que es un excelente libro, una novela costumbrista autobiográfica donde solo el autor sabe que hay de fantasía o no en cada relato sobre su vida en un ignoto pueblo o ciudad del interior del país donde crece entre un padre con un trabajo muy poco ortodoxo y una madre testigo de Jehová. Nada más debo adelantarles porque sería quitarles el hambre con que me lo leí en poco más de dos días y eso que cuento con el tiempo muy acotado, pero no lo podía dejar así como así.

Dicen que es mejor escribir de lo que se conoce y Artigas Gonzáles me confesó que le costó mucho hacerlo por más que contó con colaboradores en este difícil arte de poner en palabras la cosa humana pero la verdad que para ser un escritor novel, no lo parece para nada. “Marx en los Grillos” es un título muy adecuado, ustedes verán porque, además este fantástico título encierra quizás uno de los mensajes sobre esta vida en que sin saberlo todos somos políticos pero mucho antes seres humanos.

La segunda razón que potencia este libro es que el autor, militante del sindicato gráfico y por estos tiempos presidente del mismo (Sindicato al que pertenezco hace más de 30 años) ha donado todo el concepto de ventas y derechos de autor a los compañeros de la imprenta Polo hoy ocupada desde hace más de nueve meses por sus trabajadores luego de que sus dueños desmantelaran prácticamente la empresa dejándolos sin sueldos y en una situación de lucha que solamente se puede sustentar por medio de actos solidarios y combativos como el que les relato.

Si están en Montevideo pasen por la calle Paysandú a pocos metros de avenida Rondeau y en la misma impresora Polo podrán comprar un ejemplar de este maravilloso libro que está tan bien escrito que uno lo termina con la pena en que se abandona a un ser querido aunque ahora estoy releyendo algunos relatos porque hay capítulos realmente fabulosos.

Cenizas al Mar (Poema)

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Cenizas al mar
Por: Darío Valle Risoto

Empujó el recipiente y sus cenizas cayeron
Lluvia seca sobre el mar violento
Tormenta de resacas de ella en el viento
Y un nudo atroz que lo va consumiendo
Su carne, su risa, su voz, sus cabellos
¿Que quedó de todo aquello?

Acaso una brisa de gris melodía
Resecas cenizas de una vida plena
Volcadas sobre el mar que la va recibiendo
¿Donde quedó aquella vida?
Su joven lozanía, sus poemas, sus versos
Tormenta de cenizas de ella en el viento
Consumida una vida y adiós sentimientos

El, hecho todo un hombre, sollozó lento
Mirando un resto en el fondo del cuenco
¿Acaso su risa sea ahora del viento?
Tal vez sus manos acaricien el silencio
Tal vez de sus labios sea el mar inmenso
Un beso del abismo, un nudo del tiempo.

¿Por qué no fue él el quemado a destiempo?
Y no se fueron juntos entre tanto fuego
Para entrar abrazados de ceniza al cielo
De un mar profundo para anidar en sueños.

Porque no quedó nada de ella
Y tan solo los recuerdos
Que labraran en las olas
Aquellos momentos
Porque un hombre llora
Y vivir es tan perverso…