Neo vampiros 81: Regreso

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Neo Vampiros 81
Regreso
Por: Darío Valle Risoto

Lo que más la molestó fue su soberbia, era cierto que había luchado como un valiente el hijo de puta. Nadie diría que ese pedazo de mierda tenía sesenta años pero era cierto. Lorena le había seguido durante tres meses, el tipo había sido uno de tantos torturadores del plan Cóndor, luego los asesores norteamericanos lo habían dejado a cargo de darles clases a las nuevas generaciones de “patriotas”

Se había cambiado el nombre y hasta con los años la vejez le había dado cierto brillo cansado en la mirada, hasta que Lorena lo encontró en ese chalet en las afueras de la hermosa ciudad de Rosario en la Argentina.

__ ¿Cómo entraste gurisa? __Le preguntó mientras daba vuelta las achuras del asado en el enorme parrillero, no muy lejos unos amigos conversaban animadamente detrás de una pared de esteras a unos metros de la cancha de tenis.
__ ¿Se refiere a los guardaespaldas que acabo de matar o a los perros que decapité? __Le preguntó lamiéndose la sangre que le cubría las manos, cuando se puso a la luz, el tipo sintió un escalofrío. Lo que veía era en realidad casi una niña pero nada había de angelical en ese cuerpo menudo vestido absolutamente de negro.
__ Si quiere que sus amigotes sigan viviendo es mejor que me acompañe adentro de la casa.
__ ¿Quién sos? __Le preguntó pensando en su Smith and Wesson, se le notaba la canana en el bolsillo derecho interior.
__ Me llamo: Lorena Luna y me encargo de limpiar el mundo de basura como usted.
__ Yo soy un viejo nomás. __Dijo disimuladamente dando un paso al costado tratando de imaginar su salto para tomar el arma, ella sonrió y tragó algo más de sangre, observó sus manos ahora totalmente limpias, tenía una buena lengua.
El salto del viejo ex militar pudo haber sido sorpresivo, pero para que nos vamos a engañar, Lorena tenía ganas de jugar, los estampidos de tres disparos pasaron junto a ella que saltando se retorció en el aire sintiendo el calor de una de las balas muy cerca de su mejilla izquierda.
Los amigos de Amilcar Doddero no demoraron en llegar corriendo, varios de ellos ex militares y viejos políticos locales, la mayoría armados.

Lorena desapareció entre el humo de los disparos y la batahola de los que entraron corriendo desde el otro lado del quincho. Se les había arruinado el asado.
__ ¡Dónde estás hija de puta! __Gritó el veterano con la mano temblándole y el arma sostenida como un relicario salvador.
__ ¿Qué pasó Amílcar? __Preguntó uno de sus camaradas.
Otro llegó corriendo desde la calle con los ojos desencajados.
__ Los muchachos, los perros, todos… hay mucha sangre, las cabezas, los brazos.
__ ¿Qué mierda está pasando? __Nueve hombres veteranos se movían mirando arriba y abajo, nadie más que ellos alrededor y el frío del miedo comenzó a sobreponerse a una cálida noche de asado y vino.

Lorena los miraba desde los altos techos de la casa, achatada, recogida sobre sus brazos y piernas, sostenida por un imperceptible sentido del equilibrio que la hacía parte de lo que era, un ser sobrenatural. Los escuchaba claramente intentar darle algo de orden a una noche que ella se había encargado de destruir.

Pronto llegarían demasiados policías, uno de ellos llamó al 911, otro se separó buscando no se sabía bien qué en los jardines enormes del chalet, caminando por los senderos, mirando en la cancha y en la piscina.

__Linda tu casa Amílcar, debiste afanar mucho cuando luchabas por la patria.
De nuevo, silenciosa y casi invisible estaba la chica frente al hombre grueso que levantó el arma y un microsegundo después ella la tenía en la mano, la muchacha era pequeña, pálida de cabellos cortos negros y una mirada que hacía años Amílcar no veía.
__ ¿Te gustaba torturar a comunistas y Montoneros?
__ ¡Te voy a romper el culo guacha de mierda!

Le tiró un golpe que ella no recibió porque saltando sobre él se encargó de quebrarle el cuello a uno de sus veteranos amigos que se había percatado de la pequeña conversación, hay gente atrevida que se mete donde no debe, pensó.
__ ¡Padre Antonio!, ¡Mataste al padre Antonio!
__ Lo siento si hubiera sabido que era un cura lo hubiera hecho sufrir un poco más, ¿Te parece que vine a comer asado viejo facho? … vine a matarte.

El resto de los tipos se sumó al lejano sonido de las patrullas, Lorena se ingenió para matarlos a todos dejando a Amílcar como dolorido testigo de la muerte de cada uno de sus viejos camaradas hasta que parada sobre un charco de sangre y restos humanos lo vio caer de rodillas.
__ ¡Por dios!, ¡Déjame vivir, yo era muy joven, no sabía!
__ Yo también soy joven, pero sé lo que hago. __Le dijo antes de sacarle la cabeza de un tirón.

Juicio y Castigo

 

 

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Neo Vampiros 80: Jacqueline

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Neo Vampiros 80
Jacqueline
Por: Darío Valle Risoto

Terminó de hablar por teléfono y pudo respirar mejor por primera vez en casi veinticuatro horas. Jacqueline estaba a punto de llamar a la policía cuando recibió la noticia sobre la liberación de Paula, ella no le quiso dar detalles de cómo se había podido zafar de sus captores pero era bueno saber que las cosas mejoraban.

Sobre su escritorio descansaban los viejos y terribles legajos de sus investigaciones sobre derechos humanos en Uruguay, Argentina y Chile, tenía de nuevo la sensación de necesitar que algo pase, algo que de una vez por todas y de un plumazo solucione todo el tema de los desaparecidos y que de una definitiva vez los culpables paguen.

Veinticinco años de democracia y todavía el perro de la justicia da vueltas como para morderse la cola, trampas, dilaciones, subterfugios, dilates, prebendas y corrupción, todo un verdadero marasmo de una locura apacible y calma, tan uruguaya para postergar lo que nunca debería ser postergado.

Encendió un cigarrillo, le importó un carajo estar adentro y menos que se había prometido dejar de fumar, pero tuvo que abrir las ventanas de la oficina y salir a la pequeña terraza donde el sonido y los olores de la avenida dieciocho de Julio la envolvieron.

Lorena había desaparecido, supo por un amigo que la habían visto en un baile en la ciudad de Rosario, ¿Qué hacía en la Argentina? Imposible adivinarlo y lo peor era que siempre se encontraba su pista descubriendo en las noticias policiales una serie de muertes tremendas asociadas con ese espantoso pasado donde ambas márgenes del plata se vieron bajo dictaduras. Bueno, también en Chile el hijo de puta de Pinochet no era Walt Disney precisamente y en Paraguay el viejo dictador había sido como una espina en Latinoamérica durante muchos más años que los otros.

La gente caminaba por las veredas en el frenético viernes que al caer la tarde auspiciaba un fin de semana de descanso, mientras Jacqueline intentó repasar aquellos momentos en que miraba una tarjeta con el nombre y la dirección de un torturador o un cómplice en sus cuidadas manos antes de entregársela a su misteriosa amiga. ¿Por qué se había cruzado con Lorena?

Ella tan pequeña, tan frágil y extraña, tan muerta y tan viva, sus ojos penetrantes y llenos de una nostalgia inventada, solo se puede nostalgiar aquello que se vivió y sin embargo era muy pequeña cuando le arrancaron a sus padres.

Lorena y su capacidad de desaparecer y volver a estar del otro lado de la habitación, el halo de frío que la rodeaba, sus labios carnosos, sus colmillos, su falta de tacto pare decirle en la cara como había decapitado a tal o cual coronel retirado, como le había arrancado el corazón todavía con vida a ese político que entregó a los sindicalistas en el setenta y dos, como había destrozado la puerta de la mansión campesina donde comían ese asado los camaradas del plan Cóndor.

Veintidós muertos en una estancia de Tacuarembó, muchos de ellos eran altivos y poderosos durante los años setenta cuando desde los Estados Unidos se impartían las pautas de la lucha anticomunista en Latinoamérica, no iban a tolerar otra Cuba y mucho menos que el Ché se transformara en un ejemplo a seguir.
__ ¿Deberíamos perdonar?
__ ¿Qué dice doctora?
__ Tengo la sensación de que cada vez que hablo sola, vos apareces en mi despacho.

Sebastian el cadete sonrió y se le hicieron esos cautivantes hoyos en las mejillas, Jacqueline pensó en que en cualquier momento se lo iba a tener que coger pero tenía ya demasiados problemas en la vida como para lidiar con un pendejo.

__ ¿Llamó al teniente Corrado?
__ No, no, menos mal que me preguntas, ya se arregló ese tema de Paula, ya está libre.
__ ¿La soltaron los secuestradores?
__ Se pudo escapar, no se los detalles, pero cuando llegue a Montevideo la voy a ir a ver.
__ ¿Necesita algo más doctora?
__ No gracias, seguí con los archivos.

El muchacho le dio la espalda, ella le dio una última pitada al cigarrillo y entre el humo le miró el trasero mientras dejaba su despacho, comenzaba a caer la tarde en Montevideo y de algún modo intentó creer que Lorena debería estar en Rosario solamente para descansar.

Pero todos sabemos que los vampiros no descansan nunca.
Juicio y castigo

Neo Vampiros 79: Y la Luna fue testigo

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Neo Vampiros 79
Y la Luna fue testigo
Por: Darío Valle Risoto

Como voces robadas del mismo infierno se sentían los gritos de Arellano que corría sabiendo que su muerte era inminente. Sin embargo el lobo no lo atacó por la espalda, dio un rodeo acechándolo con las mandíbulas abiertas y sedientas de sangre. Y él que supo ser un hombre guapo, realmente un macho resuelto que golpeaba a hombres y mujeres con la misma osadía e impunidad, ahora era como un muñeco de trapo trastabillando y cayéndose cada pocos pasos.

__ ¡Madre de dios!, ¡Virgencita mía, te prometo…!
Había algo lejanamente humano en el brillo siniestro de esos ojos almendrados. El gran lobo color gris azulado lo miraba con un dejo de tristeza que poco a poco como si surgiera de las profundidades más ocultas de la mujer que era hacía unos instantes se transformó en odio.

Odio de una hembra por todas las hembras, por todas las mujeres mancilladas, por la soberbia de esos que solo llevan sus tristes penes como estandartes de la barbarie de ser unos pobres machos que desgraciados vagan al arbitrio de su deseo animal.

A unos cien metros de allí el negro Carlos escuchó los gritos y los gruñidos, se quedó petrificado con una erección inconclusa y esa mujer aterrada entre sus manos comenzaba a convencerse de que algo, nuevamente algo que provenía de un mundo irreal pero terriblemente latente venía a salvarle la vida.

La loba, la enorme loba llamada cuando humana: “Leticia” se cansó de dejar esperando a la muerte que se agitaba en la noche. Así fue femenina y justiciera sobre unos hijos de puta que se alimentaban del dolor ajeno.

__ ¡Madre de…!
Las enormes mandíbulas se cerraron sobre el duro cráneo de Arellano produciendo una explosión de huesos, cerebro y cartílagos que lo dejó como a un muñeco descabezado en la profundidad de la noche, probablemente en el fondo del alma confusa de animal-humano algo hizo que lo matara rápidamente por qué olía a otro hombre y a una mujer, muy cerca.

__ ¡Será mejor que corras hijo de puta! __ Atinó a decirle Paula al negro Carlos que aún le apuntaba con el revolver entre los pechos transpirados y cubiertos de su baba. Algo en la noche se aproximaba y aunque en su corazón sentía que era por su bien, igual estaba aterrada.
__ ¿Qué mierda…?

Le hizo caso, el negro Carlos le hizo caso y salió disparado por la carretera olvidando que tenía un auto y que no era posible escapar, solamente fue cuestión de que Paula mirara al camino que subía una loma entre los árboles y contra la enorme y extraña luna de plata observó una silueta ya familiar en su vida, que se abalanzaba sobre el tipo que solo pudo disparar al aire una vez.

Y como en esos teatros de figuras chinas algo comenzó a cambiar la silueta animal, el recorte de cuatro patas se puso de pie y comenzó a temblar lanzando alaridos de dolor a las estrellas. Ya había eliminado a los tres delincuentes y Leticia recobraba su forma humana mientras Paula totalmente exhausta intentaba acercarse superando el aterrador panorama.

Cuando se detuvo las últimas trazas del animal dejaban a una mujer alta de largos cabellos desnuda sobre el camino de tierra, aún así sus manos, pies y su rostro estaban bañados en sangre. A pocos metros el cadáver del negro Carlos era un conglomerado de pedazos irreconocibles, algo que casi fue humano durante su vida.
__ ¿Y ahora que hago?

La arrastró hasta el auto y la limpió con el contenido de una botella de caña que encontró junto al asiento mojando su remera rota, felizmente encontró una camisa sucia en el asiento trasero y el tipo había dejado las llaves puestas. Tuvo que salir a vomitar cuando un incontenible dolor de estómago la hizo literalmente doblarse sobre su vientre al recordar los invasivos dedos del violador metiéndose en su bajo vientre.

Condujo hasta que al amanecer encontró una carretera de pavimento, se aparcó junto a ella en un cruce y se detuvo a observar el rostro de Leticia. ¡Tenía que ser Leticia!, ¿Quién otra?
__ ¿Cómo llegaste a mí?

Como si fuera una bruma esperanzadora la figura de Lorena se sobrepuso a todo su terror y supo instantáneamente que su querida amiga nunca la abandonaba pese a estar desaparecida. Había fuerzas sobrenaturales imposibles de determinar que la habían salvado justo a punto de caer en el precipicio.

Leticia era de una belleza extraña, lejanamente parecida a Lorena pero a la vez tan diferente, adulta, llena de vida cuando abrió sus ojos en el asiento delantero, completamente desnuda y solo cubierta por un sucio saco de franela.
__ Gracias.
__ ¿No te lastime?
__ Me salvaste la vida… gracias.

Juicio y Castigo.

Neo Vampiros 78: Interruptus

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Neo Vampiros 78
Interruptus
Por: Darío Valle Risoto

__ ¡Esto si que es tener mala pata! __Se rió de la muchacha que no pudo más y cayó de rodillas junto al auto mientras el hombre le apuntaba a la cabeza con su revolver y a la vez miraba para ambos lados buscando a sus amigos.
__ ¿Como te escapaste?, ¡Decime! __Le pegó un puntapié un poco más abajo de las costillas que la hizo caer y un hilo de sangre le cubrió el ojo izquierdo. Paula ya estaba abandonada a la idea de ser atacada por cualquiera de estos tipos.
Hasta que otro aullido sonó demasiado cerca.

Romero Castro y Arellano recorrieron la zona en media luna al norte de la cabaña, no podía estar en otro lado que en el monte sino la hubieran visto fácilmente y para su mala suerte tenía una remera blanca y la luz artificial se reflejaría fácilmente en ella durante esa noche de luna llena.
__ ¡Si la hubiéramos volteado ahora estaría más tranquila esta yegua de mierda! __ Rabió Arellano que ya no sentía los efluvios del vino sino la calentura de perder a una mujer con un cuerpo fabuloso.
Romero contestó su celular y su rostro recobró la compostura.
__Es el negro, ¿Adivina que se encontró cuando venía para acá?

Paula comenzó a sentir de nuevo la cara cuando el tipo la levantó como una pluma apretándola muy fuerte de los brazos, sus ojos negros le recorrieron el cuerpo y con un manotazo le rompió la remera dejando ver sus pechos nada discretos. La apretó contra el auto mientras con sus piernas le abrió las suyas y comenzó a besarle el cuello dejándole una delgada capa de saliva maloliente y la sensación de que iba cayendo a un profundo abismo.

Le metió una mano por delante y por dentro del short mientras con la otra casi la asfixia no dejándole oportunidad de resistirse, para colmo estaba exhausta de haber corrido sin rumbo fijo en medio de los montes.
La exploraba de forma agresiva y lastimándola sobretodo en su débil sentido de que podía escapar y volver a la normalidad. el rostro de Lorena se imponía como una marca indeleble en su mente dándole una ola negra de tristeza y desasosiego que la atrapaba mortalmente.

Con sus armas bajas y casi descansando de la tensión Arellano y Romero Castro caminaron por la derecha del rancho y tomaron un desparejo camino arenoso que conducía a la carretera.
__ Este se la va a coger, estoy seguro.
__ Mira Arellano, mientras la dejen viva, hagan lo que quieran porque la verdad esta mina ya me tiene los huevos llenos, solo me interesa la guita que según dijo el negro nos van a mandar pronto.

Algo se interpuso, una forma enorme y cuadrúpeda con un hocico desmesurado y unos colmillos de tamaño descomunal, el enorme lobo olfateaba el aire como decidiendo que hacer mientras los dos delincuentes se quedaron como congelados y con sus linternas pegadas a sus manos sudorosas.

__ Eso no es un perro cimarrón.
__ Corre hermano porque es un lobisón, ¡dios nos guarde! __Dijo Romero y dando vuelta sobre sus pies tiró la escopeta y se perdió en la oscuridad mientras como una potente exhalación de músculos y pelo gris la bestia saltó en la misma dirección dando al hombre por tierra.

Arellano tomó la escopeta y enfocó la luz de la linterna para ver la silueta de un enorme lobo que le arrancaba la cabeza a su jefe y era cubierto por grandes chorros de sangre mientras bajaba la cabeza y masticaba parte de su brazo.

Crujían unos huesos ensangrentados entre las mandíbulas hambrientas de Leticia que desde luego conservaba poco de la fisonomía de la prima de Lorena, aún así en lo profundo de su cerebro animal, anidaba el placer de la venganza que solo los humanos pueden sentir y eso era es bueno.

Juicio y Castigo

 

Neo Vampiros 77: Dientes y Libertad

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Neo Vampiros 77
Dientes y Libertad
Por: Darío Valle Risoto

Nunca había corrido tanto. El terror y el espanto de ser manoseada y violada por esos hombres asquerosos la impulsaban a recorrer esos malditos campos y tratar de guarecerse en un monte criollo distante a unos quinientos metros del rancho donde la tenían “guardada”.

Escuchó dos tiros al aire, al menos eso creía pero cuando al tercero una rama calló cerca comprendió que Castro había acudido a los gritos desesperados de Arellano para pararla a como de lugar, pero poco a poco y por fortuna los sonidos se iban alejando a su espalda.

Paula calló sobre sus rodillas, estaba arañada, raspada, lastimada por correr sin ton ni son rumbo a cualquier parte pero lejos de esos tipos. Le dolía todo el cuerpo tanto como respirar, estaba empapada de sudor y la camiseta se le había pegado al cuerpo.
__ ¡Imbécil! __Gritó Romero Castro pegándole un puñetazo a Arellano tan cerca de la oreja que lo dejó casi desmayado, el enorme tipo se movió como borracho, en verdad casi lo estaba desde el mediodía.

Tenía que seguir corriendo y tratar de llegar a alguna parte donde alguien le ayude, tenía que haber alguna carretera cerca, al menos habían recorrido una de asfalto y el resto por caminos de piedra que sintió pese a estar con los ojos vendados desde que la sacaron del hotel en Villa Saucedo.

Comenzaba a caer la tarde y diferentes sonidos de animales comenzaron a cubrir el monte criollo donde se había guarecido, sabía que podría volverse loca de terror si pasaba una noche entre esos matorrales y árboles espinosos pero tal vez era la única oportunidad de sobrevivir. Y siempre era mejor que ser violada por estos miserables.

Una luna árida se mostró sobre unos eucaliptos e invariablemente pensó en Lorena y se sintió una loca de mierda por iniciar esa estúpida cruzada para encontrar a una prima que…
Un aullido infrahumano la sacó de sus pensamientos, era algo enorme y no estaba lejos que lanzaba un lastimero grito animal que por unos segundos pareció paralizar la naturaleza.

__ ¿Oíste eso? __Preguntó Arellano mientras se pasaba un trapo húmedo por la cara donde lo había golpeado su compinche.
__Debe ser un perro cimarrón, vamos a tener que salir con las linternas a buscar a esa puta de mierda, Carlos está por llegar.
Tomaron dos linternas de mano, recargó Arellano la escopeta y Romero Castro empuñaba su revolver. Ambos salieron a buscar a su presa. Caminaban a unos cincuenta metros uno del otro rumbo al monte cuando sonó otro alarido animal pero esta vez a su derecha.
Algo se movía no muy lejos, fue como una imprecisa sombra de cuatro patas pero no lo vieron y ya que se internaban en el monte nativo.

Paula pudo salir por puro azar del monte y justo sus pies quedaron entre unos matorrales al borde de un camino secundario, frente a ella un campo desierto solo albergaba algunas cabezas de ganado que se guarecían de la noche bajo los árboles a la luz de la luna llena. Todo era como un cuadro surrealista pintado por un artista demente.

Tenía el cabello con espinas, semillas y restos de hojas, su cuerpo estaba lleno de raspaduras pero ninguna muy grave, a su espalda creyó ver el fulgor de lejanas luces recorriendo la espesura del monte.
__Tienen que ser sus linternas, ¿Y ahora que hago?

Fue cuando sintió otro aullido mientras por el camino se acercaba un auto.
__ ¡Ayuda! __Gritó parándose casi en frente de los focos.
__El negro Carlos bajó del coche con un arma en la mano, comenzó a reírse porque comprendió que la mujer se les había escapado a sus socios.
Juicio y castigo

 

Neo Vampiros 76 Perros a la luz de la Luna

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Perros a la luz de la Luna
Por: Darío Valle Risoto

__Al final lo extraditaron a la Argentina.
__Casi veinticinco años en democracia y recién cae este hijo de puta.
__ Más vale tarde que nunca, al menos se dice eso, ¿No?
__ En cuestión de derechos humanos cada año en impunidad ha sido un insulto para este pueblo, acabamos de votar de nuevo en contra de derogar la ley que dejó a estos libres y tenemos que vivir buscando subterfugios técnicos para meterlos presos. ¡Un desastre!

Jacqueline Danabian se despidió de su principal socio del estudio, frente a ella tenía la profusa carpeta del reciente extraditado a la Argentina: José Carderio Gonzáles, conocido por diferentes nombres en sus incursiones torturando antes y durante la dictadura Uruguaya.
Hubiera prendido un cigarrillo, ¡tenía tantas ganas!, pero había dejado de fumar, inmediatamente pensó en Lorena, en aquella joven eterna en la noche y en su no muerte. ¿Dónde estará ahora?
__ ¿Dónde estarás mi querida?

Miró por la ventana a la avenida 18 de Julio, la gente caminaba agobiada por una ola incontenible de calor, treinta grados a la sombra y todo parecía continuar igual, sin embargo había una sombría pena en sus ojos, el recuerdo de el caso que le había quitado el sueño y la calma. Los padres desparecidos de Lorena se perdían en una nebulosa de expedientes confusos y la consiguiente escasez de testigos. La “Operación Zanahoria”, el intento póstumo por ocultar la mierda debajo de la alfombra, el traslado de los muertos a otra parte porque iba a volver la democracia. Ni los milicos mismos se imaginaban que los “demócratas” que seguían eran más continuistas que ellos mismos.
__ Más realistas que el Rey.
__ ¿Está hablando sola doctora?
__ Cosas de vieja, ¿Correspondencia?
__ Variada pero hay una carta sin sello, es raro.
Sebastián el cadete le dejó los sobres y se retiró, Jacqueline miró el sobre celeste, con su nombre, lo abrió y comprendió inmediatamente que Paula estaba en serios problemas o era una broma de perfecto mal gusto.

La gente seguía acampando en clubes y campamentos improvisados, las inundaciones en gran parte del noroeste del país provocaban diferentes formas de caos, entre ellas la ausencia de caminos transitables.

El negro Carlos llamó a sus amigos y les avisó que había dejado la carta en el despacho en Montevideo y que iba a llegar lo más pronto posible.
__ ¿Qué hacen tus padres?
Le preguntó Romero Castro a la chica que entumecida permanecía atada a un camastro en el rancho donde solían esconderse de la policía o solamente llevar la caza para desollar. Varias pieles colgadas en una pared demostraban su afición más delicada.
__ Mi padres son inversionistas, compran y venden, trabajan con depósitos, esas cosas.
__ Son ladrones como nosotros ¿Oíste Arellano?

Arellano largó una carcajada, tenía los ojos enrojecidos por el vino y fumaba un tabaco mirándole las piernas a la joven.
Paula las recogió, la frazada donde estaba olía a sudor y mugre, todo el lugar era francamente asqueroso, había envoltorios y restos de comida cubiertas de hormigas en algunas partes, en las paredes tenían diferentes fotos de mujeres, almanaques viejos y retratos de jugadores de futbol así como escudos y banderas.
__ ¿Tenés novio?
__ Necesito ir al baño. __Ya no podía aguantarse más las ganas de orinar.

Arellano se puso de pie trastabillando.
__Yo la llevo, no te preocupes que me porto bien ché.

Romero Castro hizo un gesto y siguió leyendo el mensaje de celular donde el negro Carlos avisaba que todo había ido bien con la nota del rescate, habían pedido 100.000 dólares por la vida de la pituca.

Arellano llevó casi en el aire a Paula a un baño que solo era una casucha de chapas detrás del racho, el olor a mierda, las moscas y el tufo a orín, casi la hacen vomitar, el tipo la obligó a dejar la puerta entreabierta y miraba de reojo aparentando no interesarse en ella.

Orinó lo mas rápidamente que pudo aguantando la respiración, se tuvo que levantar la ropa interior sin limpiarse y cuando estuvo finalmente vestida salió corriendo tan rápido que el enorme tipo se tiró para atraparla pero no pudo alcanzarla.
__ ¡Para hija de puta! … ¡Ya vas a ver carajo!

Juicio y Castigo

 

Neo Vampiros 75: Lobos humanos

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Neo Vampiros 75
Lobos Humanos
Por: Darío Valle Risoto

__ ¿Quién se la come primero?
Ella seguía desmayada, pese al traqueteo de la camioneta recorriendo los caminos áridos. No volvió la conciencia, era como si su cuerpo se resistiera a reconocer que estaba a punto de ser violada y eso en el mejor de los casos. Había preguntado Arellano, se tocó debajo del mono manchado de grasa del taller mecánico donde a veces trabajaba desarmando autos robados en Montevideo.

La entraron cuando casi amanecía a una cabaña de madera y material en medio de un monte nativo.
__Vamos a esperar que la minita se despierte a ver si tiene guita, miren sus documentos: Paula…, miren este apellido, es de lustre, creo que nos vamos a forrar de guita con el rescate.

__Pero… yo igual me la quiero voltear. __Arellano estaba excitado, la habían atado a un camastro que tenían en la cabaña de caza en alguna parte de Paysandú al norte.

Volvió en si y fue como recordar la reciente y penosa aventura cuando la secuestraron Morrigan y sus secuaces. No le costó darse cuenta que la situación era bastante diferente a pesar de ser también un secuestro. los tres animales que la miraban evidenciaban que debía actuar con total compostura o estaba liquidada. Pensó en Lorena y su férrea voluntad para enfrentarse a las adversidades, voluntad que tenía desde mucho antes de ser una hija de la noche, también quiso creer que de alguna manera estaba observándola y no la iba a dejar caer en ese infierno.

Romero Castro le dio un trago de agua, le explicó que era inútil que grite, que estaban muy lejos de cualquier zona habitada y que si trataba de escapar era boleta.
__ ¿Sos de guita vos?
__Mas o menos
__Nos vas a escribir una carta para tus padres o alguien que nos pueda pagar 100.000 dólares para que te entreguemos sanita, ¿Me entendés? __Le apretó la mandíbula con unas manos agrietadas de uñas negras, aún así Romero Castro era el más prolijo de los tres, tanto el negro Carlos como Arellano no parecían seres humanos sino animales o mutantes.
__Mis padres están en el Caribe, pero les voy a dar la dirección de mi abogada, se llama Jacqueline Danabian y ella se hará cargo.
Le quitaron las cuerdas que la ataban, Arellano, el más grande la levantó como una pluma y la sentó a una mesa, en ella había varias botellas de vino y una picada de chorizos sobre una tabla muy sucia, hizo a un costado las cosas y le arrimaron un papel y una lapicera, ella miró a la puerta, el negro Carlos se había parado en el umbral, entonces se dio cuenta que seguía vestida como se había acostado en el hotel de Villa Saucedo: solamente un short de tela jean y una t-shirt blanca.

Arellano se sentó frente suyo, mientras se servía un vaso de vino la miraba como tratando de desnudarla, cosa que aún no hacía porque Romero intentaba calmarlo.
__Ya va a haber tiempo para todo, a su debido tiempo, nada nos debe apurar: primero la guita, luego la diversión.

Paula observó la botella más cercana, podría estrellarla en ese asqueroso rostro marcado con una vieja quemadura, también podía tomar la cuchilla con que cortaban los chorizos y hundírsela en las tripas al hijo de puta, pero… ¿Y los otros dos?
Arellano sacó la cuchilla de su alcance y cortó una longaniza, tomó el elemento alargado y se lo puso entre las piernas.
__ ¿Te gusta la longaniza putita?
__ ¡Ya te dije que la dejes escribir en paz, carajo! __Romero tenía un revolver calibre treinta y ocho corto metido en el pantalón, los otros lo sabían, aún si no lo tuviera, lo consideraban de alguna forma su jefe, así que Arellano volvió a poner la longaniza en la mesa y se levantó lanzando maldiciones.

__ “Se llama Paula y es mi única amiga, como mi hermana”. __Leticia volvió a escuchar esa voz que provenía de una oscuridad insoldable, le pedían ayuda y algo debía hacer. Inmediatamente.
Juicio y Castigo.