Izquierdas sudamericanas: ¿Un fracaso exitoso?

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Izquierdas sudamericanas: ¿Un fracasó exitoso?
Por: Darío Valle Risoto

Dicen que la historia repite ciertos ciclos, pero si esto es verdad esperamos demasiado tiempo para que en este continente la izquierda tuviera el poder o mejor dicho: “el gobierno” que como veremos a lo largo de este artículo no son necesariamente lo mismo.
Ya no quedan dudas de la incidencia de la política de los Estados Unidos en nuestras tierras desde que esta maravillosa nación se transformó en la más poderosa de la tierra. Si yo les menciono el “Plan Cóndor” muy pocos de ustedes estarán ignorantes de lo que estas dos palabras significan con dictaduras, tortura, desaparecidos no solo para frenar el supuesto avance del comunismo luego de la revolución cubana, sino para asegurar una fuente inagotable de materias primas que aún lo seguimos siendo y al bajo precio de la necesidad.

Por lo tanto la izquierda floreció unida y latinoamericanista durante las diversas dictaduras resistiendo de mil formas en estos países y casi sin excepciones con la figura emblemática de Ernesto Che Guevara como ejemplo didáctico de lo que debe ser el hombre nuevo. Con diferentes matices las izquierdas o al menos los “centros” progresistas tarde pero seguro tomaron los gobiernos por medio de elecciones democráticas y libres tras décadas de soportar gobiernos de derecha obsecuentes y genuflexos al poder capitalista sumisos al fondo monetario internacional con todo lo que esto significó en la pobreza y atraso de nuestros pueblos.

Pero pasar al otro lado del mostrador trajo aparejado todo lo que en estos momentos estamos viviendo casi sin excepciones comenzando con la debacle venezolana, pasando por Brasil, Argentina y los diversos “deslices” que se pretenden investigar en el Uruguay sin olvidarnos de Bolivia, Ecuador y Perú. Colombia no ha tenido cambios porque sigue manteniendo esa hermosa hermandad con el gran hermano del norte y Chile más o menos navega entre una derecha heredera de Pinochet y una izquierda bastante errática si se me permite. Paraguay ha tenido también su digamos: “primavera de izquierda” pero ha vuelto a su habitual bajo perfil.

“Corrupción” es la palabra, prácticamente todos los gobiernos son investigados por mantener una relación de corruptela con las grandes empresas transnacionales o nacionales indefectiblemente ligadas a capitales extranjeros y ya sabemos en su mayoría de donde provienen sus filiales. He aquí la pregunta del millón: __ ¿Es posible mantener un gobierno populista sin transar por debajo de la mesa con estos mafiosos?

Difícil para responderlo y menos de parte de su servidor que lejos está de ser un politólogo, sociólogo o urólogo ya que por esto último creo que nos han metido el dedo allá mismo durante toda nuestra historia y salvo el emblemático caso de Cuba y casi casi Venezuela no hemos podido enfrentar con una verdadera revolución social este estado de cosas.

Otro tema que me ha rondado la cabeza es comparar la corrupción de la derecha con la de la izquierda. No, no estoy loco, porque las derechas robaron de lo lindo manteniendo a los pueblos con hambre y acrecentando por miles o millones los focos de pobreza e indigencia de este continente, al menos las izquierdas o gobiernos progresistas si bien corruptos como parece no caber duda: Han repartido bastante mejor las migajas de este feroz capitalismo suicida que nos toca vivir y es elocuente lo que han hecho los gobiernos de Evo, Lula, Kirchner, Vázquez, etc. al menos abatiendo un tantito aquella especie de bola de nieve que sumía cada día más y más en la miseria a nuestro continente. Las cifras son elocuentes aunque claro que falta mucho aún.

Es indudable por ejemplo que en el Uruguay se han restaurado los derechos de los trabajadores, volvieron los consejos de salarios que los hijos de puta de la derecha habían cercenado, con perdón de la palabra, pero no se me ocurre otro epíteto. Pero por otro lado le hemos ladeado la cabeza al tema de los derechos humanos y aún estamos por saber que pasó y como desaparecieron nuestras víctimas de la dictadura.
Tampoco hemos solucionado el tema de la vivienda de la mayoría de los uruguayos y seguimos manteniendo una política neoliberal en lo económico pero peor aún “en lo sicológico” de una población que le fue perdiendo el rumbo al hombre nuevo que mencionamos antes y que tanto unía a Latinoamérica.

Así que el rótulo de “gobierno de izquierda” nos queda más que grande a los uruguayos y será mejor utilizar el eufemismo de: “Progresista” por aquello de que es mejor que los pobres puedan comprarse sus celulares y los que duermen en la calle ahora tengan colchones cuando antes dormían sobre cartones. Cuestión de comparar.

Otro tema que me preocupa es la soberbia de algunos gobernantes que van perdiendo la calidad de servidores públicos y de representantes del pueblo para transformarse en una especie de avatares o gurues de lo que mejor nos conviene a los trabajadores y estudiantes, solventando toda su dialéctica en una especie de doble discurso populista que admite sin dilaciones que el mundo ya está resuelto como: capitalista, consumidor y explotador y no hay nada que lo cambie. ¿Globalización?
Desde luego que en unos quince o veinte años de gobiernos “populares” fuimos creando un ejército de empleados del estado con muy buenos beneficios y a todas voces ligados a sus filiaciones políticas antes que a un necesario código ético.

Un ejemplo elocuente salvo honrosas excepciones es la pauperización de los sistemas educativos en nuestras tierras, deterioro que por supuesto venía de antes ya que para la sociedad de consumo alcanza con saber trabajar y comprar para que un ciudadano sea funcional y nada de espíritu crítico porque eso molesta y bastante a cualquier centro de poder sea del color que sea. A los soberbios antes mencionados les molesta mucho ser denunciados por el pueblo e indefectiblemente tendrán la carta en la manga de una conspiración venida de tierras del norte que podrá ser cierta más los hechos son hechos y si eres corrupto lo eres y listo. ¿O el fin es superior a los medios?

Así que volviendo al título podríamos decir que las izquierdas con todos sus matices parecen haber fracasado por sus manifiestas denuncias de corrupción que enlodan a personajes de la talla de un Lula, Cristina Kirchner, José Mujica, etc. que podrán gustarnos o no pero en su momento representaron la esperanza de muchos años de esperar que la tortilla se de vuelta aunque quizás por no romper muchos huevos ahora se esté pagando el precio de pactar con las grandes mafias económicas y todo en nombre de la paz.

En esto han tenido puntual importancia los grandes medios de comunicación que siguen siendo hijos directos de un concepto conservador y de derechas en todo el continente, aquellos gobiernos que los enfrentaron han tenido y tienen que lidiar con información sesgada y mentirosa y los que pactaron con estos cretinos debieron pagar el costo que significa dormir con el enemigo.

TABARE Y BUSH

Una vuelta a las derechas parece insoslayable, porque la gente no parece creer en terceras alternativas que si las hay y ahora procurará volver a apostar a los herederos de aquellos inefables estafadores hijos del imperio que antes nos gobernaron con sus históricos expolios desde el Río Bravo a la Antártida. Al menos tengo el consuelo de que estos años en que hemos recuperado algunos de nuestros derechos inalienables nos sirvan para que no nos los vuelvan a quitar de un día para el otro. La opción libertaria siempre estará allí.

 

El Cascabel

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Por: Darío Valle Risoto

Un discurso responsable
En la escuela y después en el trabajo
Viva la patria y basta de relajo
Que hay que trabajar sin parar.

Hay que seguir a los señores
A los abogados y a los doctores
Que saben de los discursos
Que no machetean recursos
Aunque de vos venga la plata
Y de dios todas sus promesas.

Seguir laburando y envejecer
Cruzando los dedos al jubilarse
Nunca putear hay que callarse
Ellos saben lo que hay que hacer
Aunque nos vendan el país
Y nos endeuden hasta la reencarnación.

Podremos ver la humillación
De vivir de asistencialismo
El estado y su oportunismo
Somos su carne de cañón.

El humilde en su ambición
Compra futbol, compra celular
Tiene tarjeta para pagar
Y disfruta su reggaeton
Vive en casas de cartón
Pero mira a Mirtha Legrand
Cagar más grande que el culo.
Vaya tristeza inmoral
De un idioma particular
Y socializarnos la miseria
Tanto material como moral.

Lindo discurso de izquierda
Y economía neoliberal
Buena forma de disfrazar
Que el sistema no ha cambiado
Sigue habiendo impunidad
Y el rico nunca fue frenado.

¿Que será revolución?
Sin sangre no hay morcillas
Ni omelettes sin romper los huevos
Pero quien le pone
¿El cascabel al tigre?

Cuando dormíamos con la puerta abierta

Primus y alcusa

Cuando dormíamos con la puerta abierta
Por: Darío Valle Risoto

En una página que se dedica a publicar fotos de Montevideo antiguo leí una serie de consideraciones de gente que presumo de avanzada edad, añorando un Uruguay que supuestamente existió y presuntamente ha dejado de ser tal cual era en este convulsionado tiempo presente. Por lo pronto no es la primera vez que escucho a gente añorar los tiempos en que: “Dejábamos la puerta de casa abierta” o “La bicicleta afuera” y no pasaba nada.

De alguna manera eso puede ser cierto porque algunas cosas han cambiado para peor y otras para mejor, tampoco me parece digno de añoranzas que antes por ejemplo: todos nuestros vecinos sabían de nosotros y nosotros de ellos y también sabíamos que aquel vecino llegaba alcohólico y cagaba a su mujer a golpes y no hacíamos nada o que pegarles a nuestros hijos era parte de su educación hasta con un cinturón si era necesario.

La nostalgia es una tremenda fabuladora de un mundo irreal que tratamos de armar recogiendo una serie de recuerdos idealizados porque en esa época quizás éramos jóvenes y bastante más ciegos de una realidad que hoy “redes sociales” mediante, nos muestra lo miserables que podemos ser los seres humanos pero también lo increíblemente generosos. La cuestión es saber elegir al tomar nuestra posición en la vida.

Siempre hubo injusticias pero quizás no las veíamos o intentábamos no verlas recogidos al abrigo confortable de nuestro barrio y de nuestras familias. pero aquellos que nacimos, fuimos y seremos pobres económicamente sabemos que nunca fue fácil vivir en este país para los que tenemos esta condición social y que hubo muchas necesidades insatisfechas e injusticias que masticarse sobretodo durante las duras épocas de la dictadura cívico militar desde 1973 a 1985 pero que comenzó antes y se alargó con gobiernos de derecha hasta este hoy también con muchas injusticias pero que a algunos nos hace plantarle cara a la realidad sin las anteojeras de idealizar una gran mentira.

Inútil sería hacerles un racconto de la violencia cotidiana que viví en mi barrio, en mi escuela y luego en el liceo públicos, de la ignorancia que hacía de la mujer una propiedad para el hombre y un desdén hasta para las otras mujeres si se daba el caso de que ella dejara al tipo para irse con otro. La manipulación de los niños por parte de los padres separados que hoy es denunciado era cosa cotidiana, la violencia contra los animales, el desdén por cuidar la ciudad que aún persiste siempre existió y la terrible situación de mujeres que llegaban a la comisaría para denunciar una violación y el oficial les preguntaba cosas como: __¿Usted estaba vestida así?

La acusación entre vecinos de ser comunistas y al discriminación a los negros, los homosexuales y los niños con síndrome de dawn llamados: Mongólicos, la violencia antes era tal como ahora, pero quizás no la veíamos o hacíamos que no nos dábamos cuenta.
Así que dormir con la puerta abierta y que no nos roben no era nada, comparado con la pasividad generalizada de nuestros buenos parientes y vecinos en un país donde la injusticia parió y sigue pariendo pobreza económica y de la otra, tal vez la peor.

FIN

¿Por que no estalla una revolución?

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¿Por que no estalla una revolución?

Fuente: https://lamentiradelsistema.wordpress.com/2014/01/07/por-que-no-estalla-una-revolucion/

¿Te has preguntado alguna vez porqué nadie reacciona ante la infame oleada de opresión y abusos de todo tipo que estamos sufriendo?

¿No te produce perplejidad el hecho de que tras tantas y tantas revelaciones sobre casos de corrupción, injusticias, robos y burlas a la ley y a la población en general, a la cual se le ha robado literalmente el presente y el futuro, no suceda absolutamente nada?

¿Te has preguntado porqué no estalla una Revolución masiva y por qué todo el mundo parece estar dormido o hipnotizado?

Estos últimos años se han hecho públicas informaciones de todo tipo que deberían haber dañado la estructura del Sistema hasta sus mismísimos cimientos y sin embargo la maquinaria sigue intacta, sin ni tan solo un arañazo superficial.

Y esto pone de manifiesto un hecho extremadamente preocupante que está sucediendo justo ante nuestras narices y al que nadie parece prestarle atención.
El hecho de que SABER LA VERDAD YA NO IMPORTA

Parece increíble, pero los acontecimientos lo demuestran a diario.

La información ya no tiene relevancia
Desvelar los más oscuros secretos y sacarlos a la luz ya no produce ningún efecto, ninguna respuesta por parte de la población.
Por más terribles e impactantes que sean los secretos revelados.

Durante décadas hemos creído que los luchadores por la verdad, los informadores capaces de desvelar asuntos encubiertos o airear los trapos sucios, podían cambiar las cosas.
Que podían alterar el devenir de la historia.
De hecho, hemos crecido con el convencimiento de que conocer la verdad era crucial para crear un mundo mejor y más justo y que aquellos que luchaban por desvelarla eran el mayor enemigo de los poderosos y de los tiranos.

Y quizás durante un tiempo ha sido así.

Pero actualmente, la “evolución” de la sociedad y sobretodo de la psicología de las masas nos ha llevado a un nuevo estado de cosas.
Un estado mental de la población que no se habría atrevido a imaginar ni el más enajenado de los dictadores.
El sueño húmedo de todo tirano sobre la faz de la tierra: no tener que ocultar ni justificar nada ante su pueblo.
Poder mostrar públicamente toda su corrupción, maldad y prepotencia sin tener que preocuparse de que ello produzca ningún tipo de respuesta entre aquellos a los que oprime.

Ésta es la realidad del mundo en el que vivimos.
Y si crees que esto es una exageración, observa a tu alrededor.

El caso de España es palmario.
Un país inmerso en un estado de putrefacción generalizado, devorado hasta los huesos por los gusanos de la corrupción en todos los ámbitos: el judicial, el empresarial, el sindical y sobretodo el político.
Un estado de descomposición que ha rebosado todos los límites imaginables, hasta salpicar con su pestilencia a todos los partidos políticos de forma irreparable.

Y sin embargo, a pesar de hacerse públicos de forma continuada todos estos escándalos de corrupción política, los españoles siguen votando mayoritariamente a los mismos partidos, derivando, como mucho, algunos de sus votos a partidos subsidiarios que de ninguna manera representan una alternativa real.

Ahí está el alucinante caso de la Comunidad Valenciana, la región más representativa del saqueo desvergonzado perpetrado por el Partido Popular y donde, a pesar de todo, este partido de auténticos forajidos y bandoleros sigue ganando las elecciones con mayoría absoluta.

Una vergüenza inimaginable en cualquier nación mínimamente democrática.
Y desgraciadamente, el caso de Valencia es solo un ejemplo más del estado general del país: ahí tenemos el indignante caso de Andalucía dominada desde hace décadas por la otra gran mafia del estado, el PSOE, que junto con sus socios de los Sindicatos y el apoyo puntual de Izquierda Unida han robado a manos llenas durante años y años.
O el caso de Cataluña con Convergencia y Unió, un partido de elitistas ladrones de guante blanco, por poner otro ejemplo más.

Y es que podríamos seguir así por todas las comunidades autónomas o por el propio gobierno central, donde las dos grandes familias político-criminales del país, PP y PSOE, se han dedicado a saquear sin ningún tipo de recato.

Y a pesar de hacerse públicos todos estos casos de corrupción generalizada; a pesar de revelarse la implicación de las altas esferas financieras y empresariales, con la aquiescencia del poder judicial; a pesar de demostrarse por activa y por pasiva que la infección afecta al Sistema en su generalidad, en todos los ámbitos, imposibilitando la creación de un futuro sano para el país; a pesar de todo ello, la respuesta de la población ha sido…no hacer nada.
La máxima respuesta de la ciudadanía ha sido “ejercer el legítimo derecho de manifestación”, una actividad muy parecida a la que hace la hinchada cuando su equipo de fútbol gana una competición y sale en masa a la calle para celebrarlo.manifestaciones-y-celebraciones-deportivas

Es decir, nadie ha hecho nada efectivo por cambiar las cosas, excepto picar cacerolas.

Y el caso de la corrupción política desvelada en España y la nula reacción de la población es solo un ejemplo de entre muchos tantos a lo largo y ancho del mundo.

Ahí está el caso del deporte de masas, azotado como está por la sospecha de la corrupción, de la manipulación y del dopaje y por la más que probable adulteración de todas las competiciones bajo el control comercial de las grandes marcas…y a pesar de ello, sus audiencias televisivas y su seguimiento no solo no se ve afectado, sino que sigue creciendo cada vez más y más y más…

Pero todos estos casos empequeñecen ante la gravedad de las revelaciones hechas por Edward Snowden y confirmadas por los propios gobiernos, que nos han dicho, a la cara, con luz y taquígrafos, que todas nuestras actividades son monitoreadas y vigiladas, que todas nuestras llamadas, nuestra actividad en redes sociales y nuestra navegación en Internet es controlada y que nos dirigimos inexorablemente hacia la pesadilla del Gran Hermano vaticinada por George Orwell en “1984”.

Y lo que es más alucinante del caso: una vez “filtradas” estas informaciones, nadie se ha preocupado de rebatirlas.
¡Ni mucho menos!

Todos los medios de comunicación, los poderes políticos y las grandes empresas de Internet implicadas en el escándalo han confirmado públicamente este estado de vigilancia como algo real e indiscutible.
Como mucho han prometido, de forma poco convincente y con la boca pequeña que no van a seguir haciéndolo…
¡Incluso se han permitido el lujo de dar algunos detalles técnicos!

¿Y cuál ha sido la respuesta de la población mundial cuando se ha revelado esaverdad?
¿Cuál ha sido la reacción general al recibir estas informaciones?
Ninguna.

Todo el mundo sigue absorto con su smartphone, sigue revolcándose en el dulce fango de las redes sociales y sigue navegando las infestadas aguas de Internet sin mover ni una sola pestaña…

Así pues, ¿De qué sirve saber la verdad?
En el caso hipotético de que Edward Snowden o Julian Assange sean personajes reales y no creaciones mediáticas con una misión oculta, ¿De qué habrá servido su sacrificio?
¿Qué utilidad tiene acceder a la información y desvelar la verdad si no provoca ningún cambio, ninguna alteración, ni ninguna transformación?

¿De qué sirve saber de forma explícita y documentada que la energía nuclear solo nos puede traer desgracias, como nos demuestran los terribles accidentes de Chernobyl y Fukushima, si tales revelaciones no surten ni el más mínimo efecto?

¿De qué nos sirve saber que los bancos son entidades criminales dedicadas al saqueo masivo si seguimos utilizándolos?

¿De qué nos sirve saber que la comida está adulterada y contaminada por todo tipo de productos tóxicos, cancerígenos o transgénicos si seguimos comiéndola?

¿De qué nos sirve saber la verdad sobre cualquier asunto relevante si no reaccionamos, por más graves que sean sus implicaciones?

No nos engañemos más, por duro que sea aceptarlo.
Afrontemos la realidad tal y como es.
En la sociedad actual, saber la verdad ya no significa nada
Informar de los hechos que verdaderamente acontecen, no tiene ninguna utilidad real

Es más, la mayoría de la población ha llegado a tal nivel de degradación psicológica que, como demostraremos, la propia revelación de la verdad y el propio acceso a la información refuerzan aún más su incapacidad de respuesta y su atonía mental.

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La gran pregunta es: ¿POR QUÉ?
¿Qué nos ha conducido a todos nosotros, como individuos, a este estado de apatía generalizado?
Y la respuesta, como siempre sucede cuando nos hacemos preguntas de este calado, resulta de lo más inquietante.
Y está relacionada, directamente, con el condicionamiento psicológico al que está sometido el Individuo en la sociedad actual.

Pues los mecanismos que desactivan nuestra respuesta al acceder a la verdad, por más escandalosa que ésta resulte, son tan sencillos como efectivos.
Y resultan de lo más cotidiano.

Simplemente todo se basa en un exceso de información
En un bombardeo de estímulos tan exagerado que provoca una cadena de acontecimientos lógicos que acaban desembocando en una flagrante falta de respuesta.
En pura apatía.

Y para luchar contra este fenómeno, resulta clave saber cómo se desarrolla el proceso…

¿CÓMO SE DESARROLLA EL PROCESO?
Para empezar, debemos entender que todo estímulo sensorial que recibimos está cargado de información.
Nuestro cuerpo está diseñado para percibir y procesar todo tipo de estímulos sensoriales, pero la clave del asunto radica en la percepción de información de carácter lingüístico, entediendo por “lingüistico”: todo sistema organizado con el fin de codificar y transmitir información de cualquier clase.
Por ejemplo, escuchar una frase o leerla implica una entrada de información en nuestro cerebro, de caracter lingüístico.
Pero también lo implica ver el logo de una empresa, escuchar las notas musicales de una canción, ver una señal de tráfico o oir la sirena de una ambulancia, por poner algunos ejemplos…

Una persona en el mundo actual, está sometida a miles y miles de estímulos lingüisticos de este tipo a lo largo de un día normal, muchos de ellos percibidos de forma consciente, pero la inmensa mayoría percibidos de forma inconsciente, que deben ser procesados por nuestro cerebro.
El proceso de captación y procesamiento de esta información lo podríamos dividir básicamente en 3 fases: percepción, valoración y respuesta

Percepción
Sin lugar a dudas, formamos parte de la generación con mayor capacidad de procesamiento de información a nivel cerebral de la toda historia de la humanidad, con muchísima diferencia, sobretodo a nivel visual y auditivo.
Es más, a medida que nacen y crecen nuevas generaciones, éstas adquieren una mayor velocidad de percepción de información.

Una muestra de ello la podemos encontrar en el propio cine.Times Square

Visualiza un antiguo western de John Wayne, en una secuencia cualquiera de acción, como por ejemplo, un tiroteo.
Y después visualiza una secuencia de un tiroteo o de una persecución de coches en una película actual.

Cualquier secuencia de acción de una película actual está trufada de sucesiones rapidísimas de planos de corta duración.
En tan solo 3 o 4 segundos verás diferentes planos: la cara del protagonista conduciendo, la del acompañante gritando, la mano en el cambio de marcha, el pie pisando el pedal, el coche esquivando un peatón, el perseguidor que derrapa, el malo que agarra la pistola, como dispara por la ventanilla, etc…y cada plano habrá durado apenas décimas de segundo.
Las imágenes se suceden a toda velocidad como los disparos de una ametralladora.
Y sin embargo eres capaz de verlas todas y procesar el mensaje que contienen.

Ahora ponte la película de John Wayne.
No encontrarás sucesiones de planos a ritmo de ametralladora, sinó sucesiones de planos mucho más largos en duración y con mayor tamaño de campo visual.

Probablemente, un espectador de la época de John Wayne se habría mareado viendo una película actual, pues no estaría acostumbrado a procesar tanta información visual a tanta velocidad.

Esto es un ejemplo sencillo del bombardeo de información al que está sometido el cerebro de alguien en la actualidad, en comparación con el de una persona de hace tan solo 50 años.
Añádele a esto todas las fuentes de información que te rodean, como la televisión, la radio, la música, la omnipresente publicidad de todo tipo, las señales de tráfico, los diferentes y variados ropajes que viste cada una de las personas con las que te cruzas por la calle y que representan, cada uno de ellos una serie de códigos lingüísticos para tu cerebro, la información que ves en tu móvil, en la tablet, en internet y añádele, además, tus compromisos sociales, tus facturas, tus preocupaciones y los deseos que te han programado tener, etc, etc, etc…

Se trata de una auténtica inundación de información que debe procesar tu cerebro continuadamente.
Y todo ello en un cerebro del mismo tamaño y capacidad que el de ese espectador de los westerns de John Wayne hace 50 años.

Por lo visto, parece que nuestro cerebro tiene capacidad suficiente para percibir tales volúmenes de información y comprender los mensajes asociados a esos estímulos.
Ahí no radica el problema.
De hecho parece que nuestro cerebro disfruta con ello, pues nos hemos convertido en adictos al bombardeo de estímulos.
El problema aparece en la siguiente fase.

Valoración
Es cuando debemos valorar la información recibida, es decir, cuando llega la hora dejuzgar y analizar sus implicaciones, que nos topamos con nuestras limitaciones.
Porque, literalmente, no disponemos de tiempo material para hacer una valoración en profundidad de esa información.
Antes de que nuestra mente, por sí misma y con criterios propios, pueda juzgar de forma más o menos profunda la información que recibimos, somos bombardeados por una nueva oleada de estímulos que nos distraen e inundan nuestra mente.
Es por esta razón que nunca llegamos a valorar en su justa medida, la información que recibimos, por importantes que sean sus posibles implicaciones.

Para comprenderlo mejor, vamos a utilizar una analogía, en forma de pequeña historia.
Imaginemos a una persona muy introvertida, que pasa la mayor parte de su tiempo encerrada en casa.
Prácticamente no tiene amigos ni entabla relaciones sociales de ningún tipo.
Ahora supongamos que esa persona baja al supermercado a comprar una botella de leche y cuando va a pagarla, se le cae al suelo y la rompe, causando gran estruendo y manchando su ropa a ojos de todos los clientes y de la cajera.
Cuando esa persona vuelva a su casa, aislada de toda relación y estímulo social, probablemente dará un gran valor a lo acontecido en el supermercado.
Se preguntará por qué le cayó la leche y qué movimiento en falso realizó para que eso sucediera; se preguntará si fue culpa suya o fue culpa de la botella que era demasiado resbaladiza; analizará en su cabeza la mirada de la cajera y los gestos y comentarios de todos y cada uno de los clientes; incluso observará las manchas en su ropa e intentará adivinar lo que pensaban sobre ella las demás personas al verla en esa situación.
Se sentirá ridícula y juzgará aquel acontecimiento meramente anecdótico como mucho más importante de lo que realmente es.
Simplemente porque para ella, ese ridículo en el supermercado será el gran acontecimiento social del día o de la semana.
Y quizás no lo olvide nunca más en su vida.

Ahora sustituyamos a la persona introvertida y sin relaciones por un modelo opuesto. Una persona extrovertida, que pasa el día entero rodeada de gran cantidad de personas y acontecimientos, interactuando frenéticamente con clientes y compañeros de trabajo, hablando por teléfono, concertando citas, comprando, vendiendo, haciendo reuniones, riendo, enfadándose y rematando el día tomando copas con los amigos.
Supongamos que esta persona va a comprar la leche y también se le cae causando gran estruendo y manchándose la ropa.
La valoración que hará del hecho será meramente anecdótica, pues representará un evento más de entre los muchos acontecimientos de carácter social que experimenta a lo largo de la jornada.
Y en pocas horas se habrá olvidado de lo sucedido.

Una persona en la sociedad actual se asemeja mucho al segundo modelo, sometida a gran cantidad de estímulos sensoriales, sociales y lingüísticos.
Para nosotros, toda información recibida es rápidamente digerida y olvidada, arrastrada por la corriente incesante de información que entra en nuestro cerebro como un torrente.

Porque vivimos inmersos en la cultura del twit, un mundo donde toda reflexión sobre un evento dura 140 caracteres.
Y esa es la profundidad máxima a la que llega nuestra limitada capacidad de análisis.

Es por esta razón, por nuestra impotencia a la hora de valorar y juzgar por nosotros mismos el volumen de información al que estamos sometidos, que la propia información que nos es transmitida lleva incorporada la opinión que debemos tener sobre ella, es decir, aquello que deberíamos pensar tras realizar una valoración profunda de los hechos.

Es decir, el emisor de la información le ahorra amablemente al receptor el esfuerzo detener que pensar.

Ese es el procedimiento que utilizan los grandes medios de comunicación y en un mundo con individuos auténticamente pensantes sería calificado de manipulación ylavado de cerebro

La televisión es un claro ejemplo de ello.
Fijémonos en un noticiario cualquiera.
Todas las noticias de todos las cadenas estan narradas de forma tendenciosa, de manera que contengan en su redactado y presentación no solo la información que debe ser transmitida, sinó la opinión que debe generar en el espectador.
O más claramente aún, el ejemplo de las omnipreentes tertulias políticas, donde los tertulianos son calificados como “generadores de opinión”.
Es decir, su función es generar la opinión que deberías fabricar por tí mismo.

Así pues, el bombardeo contínuo e incesante de información en nuestro cerebro nos impide juzgar adecuadamente el valor de los hechos, con criterio propio y según nuestros códigos internos.
Nos quita el tiempo que deberíamos tomarnos para sopesar las consecuencias de un acontecimiento y lo fragmenta en pedacitos de 140 caracteres y con ello, convierte en breve y superficial cualquier juicio que emitamos sobre una información recibida.

Resumiendo: nos hace pensar “en titulares” y por norma general, esos titulares ni tan solo los pensamos nosotros mismos, sino que nos son inoculados con la propia información.

Respuesta
Una vez reducido a la mínima expresión nuestro tiempo de valoración personal de los hechos, entramos en la fase decisiva del proceso, aquella en que nuestra posible respuesta queda anulada.

Aquí entran en juego las emociones y los sentimientos, el motor de toda respuesta y acción.
Y es que al fragmentar y reducir nuestro tiempo dedicado a juzgar una información cualquiera, también reducimos la carga emocional que asociamos a esa información.

Observemos nuestras propias reacciones: podemos indignarnos mucho al conocer una noticia cualquiera, ofrecida en un noticiario, como por ejemplo el desahucio forzoso de una familia sin recursos, pero al cabo de unos segundos de recibir esa información, somos bombardeados por otra información distinta que nos lleva a sentir otra emoción superficial diferente, olvidando así la emoción anterior.

Para decirlo de forma gráfica y clara: de la misma manera que nuestra capacidad de juicio y análisis queda reducida a un twit, nuestra respuesta emocional queda reducida a un emoticon

Y aquí es donde reside la clave del asunto.
Es en este punto donde queda desactivada nuestra posible respuesta.

Para comprenderlo mejor, volvamos a la analogía de las personas introvertida y extrovertida que rompían la botella de leche en el supermercado.

La persona introvertida encerrada en su hogar, que ha otorgado un valor más profundo a los hechos acontecidos en el supermercado seguirá dándole vueltas al asunto una y otra vez.
Es decir, no olvidará fácilmente las emociones vinculadas al ridículo que sintió en ese momento y con mucha probabilidad, esa exposición continuada a sus propias emociones acabará desembocando en un sentimiento de incomodidad ante la posibilidad de volver al lugar de los hechos.
Así pues, es muy posible que esa persona no vuelva durante un tiempo a comprar en ese supermercado, aunque eso implique que ha que ir bastante más lejos a comprar la leche.
Hasta el punto de llegar a fabricar un sentimiento de repulsa hacia el propio establecimiento y las personas que la vieron hacer el ridículo.
Es decir, la energía emocional que habrá volcado sobre ese hecho concreto, habrá terminado desembocando en una reacción efectiva ante el hecho en sí.

Sin embargo, la persona extrovertida volverá sin ningún problema al supermercado a comprar leche, pues en su mente, el suceso llevará asociada muy poca carga emocional.
Como mucho, quizás se ruborice un poco al ver a la cajera o a algún cliente.
Es decir, la persona extrovertida, no emprenderá acciones efectivas y tangibles derivadas del suceso de la botella de leche.

Más allá de las valoraciones que hagamos sobre estos personajes inventados, estos ejemplos nos sirven para demostrar que el bombardeo incesante de información al que estamos sometidos acaba desembocando en una fragmentación de nuestraenergía emocional y por ello acabamos ofreciendo una respuesta superficial o nula.

Una respuesta que en momentos como el que vivimos, intuimos debería ser mucho más contundente y que sin embargo, no llegamos a generar porque carecemos de energía suficiente para hacerlo.

Y todos observamos desesperados a los demás y nos preguntamos “¿Por qué no reaccionan? ¿Por que no reacciono yo?”

Y esa impotencia desemboca, al final, en una sensación de frustración y apatía generalizadas.
Ésta parece ser la razón básica por la que no se produce una Revolución cuando, por la lógica propia de los acontecimientos, debería producirse.

Se trata pues, de un fenómeno meramente psicológico

Éste es el mecanismo básico que aborta toda respuesta de la población ante los continuos abusos recibidos.
La BASE sobre la que se sustentan todas las manipulaciones mentales a las que estamos sometidos actualmente.
El mecanismo psicológico que mantiene a la población idiotizada, dócil y sumisa

Lo podríamos resumir así:
El excesivo bombardeo de información nos impide tomarnos el tiempo necesario para otorgar el valor adecuado a cada información recibida y con ello, nos impide asociarle la suficiente carga emocional como para generar una reacción efectiva y real

¿CONSPIRACIÓN O FENÓMENO SOCIAL?
Poco importa si todo esto forma parte de una gran conspiración para controlarnos o si hemos llegado a este punto por la propia evolución de la sociedad, porque las consecuencias son exactamente las mismas: los más poderosos harán lo posible por mantener estos mecanismos en funcionamiento; incluso fomentarán tanto como puedan su desarrollo, simplemente porque les beneficia.

De hecho, la propia revelación de la verdad favorece estos mecanismos.
A los más poderosos ya no les importa mostrarse tal y cómo son ni desvelar sus secretos, por sucios y oscuros que éstos sean.
Revelar estas verdades ocultas contribuye en gran medida a aumentar el volumen de información con el que somos bombardeados.
Cada secreto sacado a la luz crea nuevas oleadas de información, que puede ser manipulada e intoxicada con datos adicionales falsos, contribuyendo con ello a la confusión y al caos informativo y con ello a nuevas oleadas secundarias de información que nos aturdan aún mas y nos suman más profundamente en la apatía.

Si combinamos esta apatía, fruto de la poca energia emocional con la que intentamos responder, con las tremendas dificultades que el propio sistema nos pone a la hora de castigar a los responsables, se generan nuevas oleadas de frustración, cada vez más acusadas, que nos llevan, paso a paso, a la rendición definitiva y a la sumisión absoluta.

Así pues, no lo dudes: a las personas que ostentan el poder les interesa bombardearte con enormes volúmenes de información lo más superficial posible

Porqué una vez instaurada en la sociedad esta forma de interactuar con la información recibida, todos nosotros nos convertimos en adictos a ese incesante intercambio de datos.

El bombardeo de estímulos representa una auténtica droga para nuestro cerebro, que cada vez necesita más velocidad en el intercambio de informaciones y exige menos tiempo para tener que procesarlas.

Nos sucede a todos: cada vez nos cuesta más dedicar tiempo a leer un artículo largo cargado de información estructurada y razonada.
Exigimos que sea más resumido, más rápido, que se lea en una sola línea y que se ingiera como una pastilla y no como un ágape decente.

Nuestro cerebro se ha convertido en un drogadicto de la información rápida, en un yonqui ávido de contínuos chutes de datos que ingerir, a poder ser pensados y analizados por cualquier otro cerebro, para no tener que hacer el esfuerzo de fabricarnos una compleja y contradictoria opinión propia.

Porque odiamos la duda, pues nos obliga a pensar.
Ya no queremos hacernos preguntas.
Solo queremos respuestas rápidas y fáciles.

Somos y queremos ser antenas receptoras y replicadoras de información, como meros espejos que rebotan imágenes externas.
Pero los espejos son planos y no albergan más vida en ellos que la que reflejan proviniendo del exterior.
Hacia ahí se dirige el ser humano de forma acelerada.
¿Vamos a permitirlo?

CONCLUSIÓN
Quizás todo lo expuesto anteriormente no es lo que querías escuchar.
Es poco estimulante y resulta algo complicado y farragoso, pero las realidades complejas no pueden reducirse a un ingenioso titular en forma de twit.

Para emprender una transformación profunda de nuestro mundo, para iniciar una auténtica Revolución que lo cambie todo y nos lleve a una realidad mejor, deberemos descender hasta las profundidades de nuestra psique, hasta la sala de máquinas, donde estan en marcha todos los mecanismos que determinan nuestras acciones y movimientos.

Ahí es donde se está dirimiendo la auténtica guerra por el futuro de la humanidad

Nadie nos salvará desde un púlpito con brillantes proclamas y promesas de una sociedad más justa y equitativa.
Nadie nos salvará sólo contándonos la supuesta verdad, ni desvelando los más oscuros secretos de los poderes en la sombra.desempleo2

Como acabamos de ver, la información y la verdad ya no tienen importancia, porque nuestros mecanismos de respuesta están averiados.

Debemos descender hasta ellos y repararlos; y para conseguirlo, debemos saber cómo funcionan.
Para ello no será necesario hacer un complejo curso de psicología: observando con atención y razonando por nosotros mismos podemos conseguirlo.

Porque no se trata de algo esotérico ni fundamentado en creencias extrañas de carácter Místico, Religioso o New Age.
Es pura lógica: No hay revolución posible sin una transformación profunda de nuestra psique a nivel individual.
Porque nuestra mente está programada por el Sistema.
Y por lo tanto, para cambiar ese Sistema que nos aprisiona, antes debemos desinstalarlo de nuestra mente.

¿Tú lo vas a hacer?

Sindicalismo y comunicación en el Uruguay

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Uruguay sindicalismo y comunicación
Por: Darío Valle Risoto

Es curioso como en estos tiempos del tercer gobierno de la coalición de izquierda en el poder se trata de poner a la lucha sindical y el legítimo derecho a la protesta de los ciudadanos en tela de juicio permanente.

Lo que hoy se sigue denominando como gobierno de izquierda no es ni más ni menos que un gobierno de centro con cierta tendencia a doblarse a la derecha si se me permite, solo recordemos el reciente decreto del presidente limitando las protestas en la vía pública para salvaguardar el derecho de todos al traslado, especialmente de los que se resisten a sumarse a sus compañeros en un conflicto y carnerean.

Por otra parte no hace falta ser sociólogo ni un concienzudo analista para saber que el miedo en la población permite a cualquier gobierno de cualquier color político y filosofía mantenerse más tranquilo en el cargo porque el temor da réditos en aquellos que vociferan pidiendo seguridad y más tarde o más temprano serán también los vigilados, anotados y sistematizados en un futuro sistema policial que parece ser insoslayable.

Los medios masivos de comunicación en Uruguay han sido respetados a diferencia por ejemplo de lo que sucedió en la Argentina y ni que hablar en Venezuela, tenemos una libertad de prensa envidiable donde hasta los locutores más libertarios se tiran contra los sindicatos intentando orientar una lucha que solo compete a los trabajadores. Si es cierto que a veces los conflictos generan malestares en justamente los más pobres que siempre son los perjudicados, será por la escasa experiencia de los nuevos luchadores sociales o porque son quizás manipulados por ciertos sectores de la mal llamada “Ultra izquierda” y me atrevería a decir de propios sectores del gobierno con evidentes intereses a por determinado cargo.

¿Pero acaso no es de las asambleas donde se deciden las movilizaciones y del voto de los afiliados los dirigentes?

Por otra parte en este país siempre están los mismos, las mismas caras con sus consignas fieles a una lucha eterna entre explotadores y explotados que terminan perdonando lo imperdonable como en el caso del INAU donde todavía se trata de explicar lo que todo vimos en aquel video donde pateaban a dos chicos con al presencia de dirigentes sindicales.

Se me ocurre que el movimiento sindical debería depurar sus filas contra los que son trepadores y tratan de conseguir un cargo en el gobierno, léase ministerio de trabajo o lo que sea porque allí mismo nos demuestran que son políticos y no obreros y sabemos lo que son la mayoría de los políticos: Negociadores en el bien propio primero y después si se puede de los demás.

Estoy harto de escuchar a comunicadores como el nefasto Facho Álvarez poner el tema “Piqueteros” de Kapanga cuando hay una movilización callejera como cortina de su circo mediático o “Piñas van Piñas vienen” de 2 Minutos cuando surge un conflicto. Este sensacionalismo con menor tenor lo veo cada vez que por ejemplo hay paro en las escuelas o del transporte sin siquiera contemplar las diferentes voces de los conflictos y después que la gente saque sus conclusiones pero nos dan por tontos y comunicadores de quermese tratan de alentarnos contra los sindicatos.

Este articulo solo pretende llegar a aquellos que piensan que los sindicatos son un hato de tipos que no quieren trabajar y que hay otras maneras de conseguir las cosas, tratar de explicarles que durante toda la historia de la humanidad nunca un patrón, ni empresa ni nación le regaló nada a sus gentes y que los beneficios conseguidos hoy han sido producto de tremendas luchas donde muchos dirigentes han sido torturados, desaparecidos y muertos solamente por reclamar lo más justo del mundo: Vivir con dignidad.

Lamentablemente hay personas que se creen dueñas de la verdad desde su pituco estudio de radio o escritorio de un diario pero nunca se cagaron las manos trabajando o sufrieron de la explotación o el destrato dirigente.

Un comunicador debería saber que si tiene cierto prestigio es un generador de opinión y si lo sabe y utiliza su posición para orientar a la gente cual corderos es un cretino.

derechos por la lucha

No me importa si fue Penal

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Por: Darío Valle Risoto

Hace unos años un amigo me acercó la fotocopia de un artículo de Umberto Eco que ya lamentablemente perdido no lo he podido encontrar por más que lo he buscado aún en Internet. Dicho artículo era una irónica historia sobre él mismo subido a un tren y siendo presa de una conversación con un individuo sobre un tema que según parece es universal y casi insoslayable: el fútbol.

En esta anécdota Eco se preguntaba si la conversación pudo haber sido por ejemplo sobre arte y por ejemplo una cierta ejecución de una orquesta tratando de determinar tales o cuales instrumentos y la participación de los músicos, ejecutantes y director. Pero no, esta conversación fue sobre fútbol y el diletante de antemano lanza un tema quizás previendo que todos gustan de él y por lo tanto será apasionante para ambos.

Muchas veces me ha pasado y todas estas me he encontrado en la disyuntiva de ser sincero y decirle a quién me intercepta con este tema que no me interesa o tratar de parecer interesado por ejemplo en la última victoria de nacional, la capacidad de la celeste de clasificar para el próximo mundial o la trayectoria en el Barcelona de un jugador del que no conozco ni siquiera la cara que tiene.

Nada, absolutamente nada me interesa este deporte que ya hace tiempo ha dejado de serlo para transformarse en un enorme negocio que fagocita personas y devuelve estúpidos fanatizados por determinados colores y/o nacionalismos. Nunca me arrastró la marea de sentirme perteneciente a determinado cuadro, club o de estar identificado como oriental, uruguayo o lo que sea porque se logró algún puesto en cualquiera sea la copa de barrio, continente o de la galaxia.

El fútbol es una suerte de religión que convoca a pensadores y presidentes y exacerba aquellos instintos primarios tribales que a nada bueno nos conducen como personas y nos acercan a los criterios primordiales donde la tribu más poderosa vencerá a la más débil o en cambio se logrará la triste hazaña de que el cuadro menos calificado por una razón absolutamente azarosa venza a los favoritos del caso.

He caído en las garras de tremebundas conversaciones sobre fútbol tanto en ámbitos de trabajo como en institutos de estudio y debí permanecer absorto escuchando como el fanatismo comienza a traspasar las ideas para competir sobre quien tiene mayor cantidad de copas o los mejores colores, la hinchada más numerosa y hasta el estadio más grande, cuando no de que club es el decano y toda una suerte de tonterías que parecen la conversión de niños de cinco años sobre sus mejores juguetes.

Me ha tragado una insoportable atroz nube de aburrimiento escuchando a tipos pelearse sobre la posibilidad o no de que aquello fuera penal, de que hubiera posición adelantada o de que tal o cual juez estuviera comprado o fuera un vendido o una sarta de cosas por el estilo sobre un juego, si sobre un juego donde se tata de tener más goles de un lado por sobre el otro para ganar la enorme gloria de eso mismo: ganar un juego.

Y no solo hay una enorme cantidad de programas de televisión, de radio, revistas y sitios de Internet sobre fútbol que encima de ello hasta en programas que no se tratan de este tema se habla de fútbol tal como si de una invasión se tratara. Para colmo cuando se habla de este tema no se detiene nadie y se sigue y sigue repitiendo lugares comunes escuchados por quién suscribe desde siempre y lamentablemente para siempre según parece. Por increíble que parezca hay gente que conoce detalles de partidos, campeonatos y series desde años inmemoriales, nombres de jugadores, de técnicos, los marcadores y hasta anécdotas triviales como que jugaron a cierta altura o fue el gol número tal de aquel centro delantero que ahora juega en equis club.

La publicidad me ofrece juntar cierta cantidad de cupones para ir a conocer personalmente a ese jugador millonario que apenas sabe hablar pero tuvo la suerte de ser transferido a Europa y ahora es un nuevo rico aunque solamente sea bueno pateando la pelota. No me interesa, como tampoco me interesa ponerme una camiseta con su nombre o comprar esa afeitadora que usa el otro que también tuvo la suerte de ser una especie de primate goleador y que le ganó a miles de botijas que se quedaron en el potrero esperando el milagro de ser ídolos para una turba indiferenciada de personas iletradas y no tanto.

El futbol no es solamente el solaz y la locura de los tontos, he escuchado a personas muy inteligentes caer en el embudo del gusto por este deporte mundial que ocupa para muchos el centro de sus vidas y la define de principio a fin al grado de que podrá estallar una revolución cualquier día pero nunca durante una final de una copa o cuando juega su cuadro preferido.

Cuando era niño me preguntaban de que cuadro era y yo contestaba: de Peñarol, porque me gustaban sus colores, una sola vez los fui a ver con mi padre al estadio centenario con unos doce años y me pudrí como un condenado y después tuve un vecino que me llevaba a ver los partidos de inferiores del Club Nacional de Fútbol donde jugaba su hijo, quizás con la esperanza de que me pase a ese cuadro pero también me aburría a grados proverbiales, me dejó de llevar y hasta me ofendió diciéndome que seguro me habían dado muchos caramelos para ser de Peñarol. Un completo idiota el tipo.

El otro día vi a una chica muy atractiva que tenía tatuado el nombre de su cuadro en el brazo y me dio lástima, de verdad, creo que porque parece una chica inteligente y tal vez lo sea, como también todos los que en las redes sociales tienen interminables contiendas sobre el fútbol a grados que pocas veces son agradables y mucho menos respetuosos. Quizás lo bueno de todo esto es que este tema nos ayuda a conocer a quien tenemos delante y no porque siga a tal o cual cuadro sino por todo lo que está dispuesto a hacer en su honor.

Con los años me doy cuenta de que mi vida social se ha restringido bastante por ser anarquista y ateo pero por sobre todas las cosas porque detesto el fútbol y no puedo ver un solo partido sin dormirme a los cinco minutos sea cual sea, tampoco me puedo asociar a la idea de que unos tipos de camiseta celeste me representan aunque canten ese himno que se me impone solo porque nací de pura casualidad aquí, no me mueve ni una pestaña que ganen o pierdan pero si me molesta bastante que como a Umberto Eco cualquier individuo anónimo piense que debo interesarme o saber lo que ocurre sobre este tema solo porque soy un ser humano.