Manini-Sotelo, la sorda construcción de carreras políticas

20190710-LINNG

10 julio, 2019
InterCambio
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Vox Populi, Vox Dei, la columna de Linng Cardozo en InterCambio.

Este tema lo voy a abordar desde dos ángulos: desde la psicología de las edades y desde el detalle del discurso público que muestran rumbos y derroteros.

En estos dos casos, el general Guido Manini Ríos y el periodista Gerardo Sotelo, muestran ciertos paralelismos que desembocan en sus definiciones políticas de los últimos meses –en un caso- y semanas –en otro caso-. Digo paralelismos y no sintonías políticas.

La psicología de las edades
La psicología de las edades estudia las particularidades de los procesos psíquicos y las decisiones que se adoptan según las edades, los factores principales del desarrollo de la personalidad, etc.

Para ser más claro: las decisiones que se toman a los 18 años no son las mismas que a los 40 o 60 años. No se trata de fechas precisas, claras y nítidas. Más bien que son franjas vitales. Puede ser a los 18 o a las 25 años; o a los 40 o 57 años. Se trata de procesos mentales según la peripecia propia de la persona; ni siquiera se podría afirmar que dos personas de 53 años asumen conductas iguales. Ahí opera la historia personal e incluso el sexo.

Definido este marco ambiguo y nada preciso, observemos las edades del General Manini Ríos y del periodista Gerardo Sotelo.

En ambos casos, son dos personas jubiladas o prontas a jubilarse, como Sotelo, con trámite iniciado.

Hace tres años, cuando ubico el nacimiento de la etapa de decisiones –y de operaciones para construir Opinión Pública- los dos protagonistas de esta historia estaban mirando el almanaque de sus vidas.

Esa etapa –cuando se observa que en breve será un jubilado- obliga a imaginarse el futuro. ¿Qué voy a hacer cuando ya no esté para las 8 horas?

Muchas personas en sus casas o trabajos estarán haciendo ese ejercicio e incluso repasarán sus propias historias o las historias de conocidos o familiares.

En algunas cajas paraestatales, hasta se realizan cursos prejubilatorios para intentar preparar a los futuros jubilados para el nuevo tiempo.

No es una etapa fácil. Hay personas que disfrutan enormemente de esa fase, en donde encaran proyectos vitales que le entusiasman y otras que ingresan en una fase depresiva que les cuesta superar.
Pero estamos hablando de Manini Ríos y Sotelo.

Hace tres años ambos comenzaron a imaginarse sus futuros. Manini Ríos -militar con todo el peso de esa profesión que no se deja cuando abandonan los cuarteles- tenía varias opciones por delante. Formado como pocos militares, podía dedicarse a estudiar o escribir, a administrar los emprendimientos rurales de la familia en Artigas o a la política.

El peso de la historia: los Manini Ríos han estado en la política desde principios del siglo XX y esa matriz en el Adn del militar definió la conducta de Manini que estaba próximo al retiro.

Recuérdese que asumió en el 2015 y su presencia al frente del Ejército concluía en febrero de 2020.
Su edad, su historia familiar y su entorno, hicieron lo suyo.

En el caso del periodista Gerardo Sotelo operó algún mecanismo que lo vincula a Manini Ríos: la edad.
Manini Ríos nació en 1958 y Sotelo también en el mismo año.

En los últimos 3 años, Sotelo pareció estar pensando en el día después. Con hijos grandes y pequeños, casado con una periodista, no se imaginó su retiro fuera de los medios.

Su dibujo de futuro parece haberlo comenzado a garabatear cuando se fue de Sarandí y desembarco en radio Carve.

Quienes trabajaron durante casi toda su vida como periodistas, no es fácil desembarazarse de esa profesión. Y su futuro podía estar ligado a escribir columna de opinión –como ya lo hacía- o jugar en otro campo que siempre le sedujo: la política.

Las definiciones, la narrativa opositora y el objetivo oculto: Manini

En ambos casos –recuerdo que los dos protagonistas de esta historia tienen la misma edad y al borde de la jubilación- se vivió una intensa exposición pública que en la lógica binaria de la política, los alejaba de un lado y los acercaba a otro

Veamos caso a caso. El general Manini Ríos pertenece a una familia de tradición colorada y riverista. Su abuelo Pedro, fue diputado, senador y Ministro del Interior en las primeras décadas del siglo XX durante las presidencias de José Batlle y Ordóñez.

Debido a diferencias políticas con este, rompe con la línea batllista y crea su sector dentro del Partido Colorado, conocido como riverismo. Posteriormente fue canciller durante la presidencia de José Serrato y Ministro de Hacienda durante la dictadura de Terra. El tío de Guido, Carlos Manini Ríos, por su parte, también estuvo vinculado a la política. Electo diputado en 1934 y senador en 1946, fue otro dirigente riverista relevante. Director del diario La Mañana, fue ministro de Jorge Pacheco Areco, embajador durante la dictadura cívico militar y luego finalizada esta, Ministro del Interior durante el primer gobierno de Julio María Sanguinetti.

Por estos días nació la segunda etapa de La Mañana, de la mano de la familia Manini Ríos, con su hermano Hugo, ex integrante de la JUP y mencionado como participante de acciones violentas durante el gobierno de Pacheco Areco, en el esquema de financiamiento del emprendimiento periodístico. (De paso: la sede de Cabildo Abierto en la calle Constituyente, queda frente al apartamento de Hugo Manini).

En febrero de 2015 Guido Manini Ríos fue ascendido al cargo de comandante en jefe del Ejército, en un acto público en el cual hizo alusiones al ideario artiguista, la lealtad a la patria y la unidad del ejército.

Al año siguiente, en 2016, Manini Ríos comienza a adquirir un protagonismo que no se había observado en anteriores jefaturas del Ejército.

El 3 de febrero de 2016, afirmó, en referencia a la actuación del ejército durante el terrorismo de estado: «Seguir pidiéndole cuentas al Ejército por lo que pasó hace 40 años […] es casi lo mismo que pedir cuentas por lo que hicimos en la Guerra de Paraguay». El 18 de mayo de 2016, participó con su uniforme militar en el marco del Día del Ejército, en una misa católica -religión que profesa- en la catedral de Montevideo, lo que provocó nuevos debates.

Un dato no menor: el entonces ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, fallece el 5 de agosto de 2016.

Tras la muerte del ministro, Manini pareció quedar con las manos libres para ejecutar su estrategia de posicionamiento político.

El 29 de junio de 2017 declaró, en referencia a la dictadura: «A la gente de Bella Unión, Salto y Paysandú les importa un comino lo que pasó hace 44 años» y el 30 de noviembre de ese año, la organización Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos denunció que el general deliberadamente brindó información falsa sobre la ubicación de restos de los desaparecidos.9 Este hecho fue uno de los motivos esgrimidos por dicha organización para abandonar el Grupo de Trabajo por Verdad y Justicia creado por presidencia de la república para la búsqueda del destino final de los detenidos desaparecidos.

El 18 de mayo de 2017, 206 aniversario del Ejército Nacional, Manini Ríos hace un elocuente discurso, que se suma a la serie de pronunciamientos que ya venía realizando.

En esta oportunidad, hay un tramo del discurso en donde improvisa. Levanta la vista del papel e improvisa. Según el uso habitual, los discursos militares son entregados al ministro de Defensa para su consideración.

Este tramo que vamos a escuchar no está en el discurso considerado por el entonces ministro de Defensa, Jorge Menéndez, y es, a mi juicio, una verdadera declaración política.

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Religión: Ser un hipócrita o ser odiado

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Religión: Ser un hipócrita o ser odiado  

Por: Darío Valle Risoto

Recuerdo vívidamente una de las conversaciones que teníamos con mi tío Tito las pocas veces que llegaba sobrio a casa, lamentablemente era tan alcohólico que eran las menos y era por demás penoso porque era un hombre muy inteligente y de gran conversación al que le encantaba conversar conmigo y con mis padres de mil temas desde cine a consideraciones filosóficas.

Cierta vez me confesó que desde que había decidido ser hipócrita y falso siguiéndoles la corriente a las personas había logrado ser mucho más apreciado que antes en que les discutía aquellos temas con que no concordaba. Por cierto que en mi casa tenía ambas escuelas: por un lado a mi padre que no era falso ni hipócrita pero que nunca se ponía a discutir o a defender demasiado sus puntos de vista y a mi madre que en cambio no reparaba en disentir o argumentar contra un punto en que no estaba de acuerdo con quien fuera y en cualquier momento.

Con los años creo que la posición de mi padre era mucho más inteligente y evitaba confrontaciones absurdas, más también pienso en que es bueno que los demás conozcan nuestra posición sobre cualquier tema sin importar si estamos de acuerdo con ellos o no. Desde luego que esto último nos puede ganar muchos problemas y hasta algunos encarnizados enemigos.

Por lo tanto y específicamente con respecto a la religión y por ende la existencia de dios he tenido bastantes escaramuzas que siempre me dejan cansado y con aquella convicción de que conversé al santo botón con las personas, generalmente a la gente no le gusta nada que le digan en la cara que no existe su dios y que todo lo que creen en aspectos religiosos es una absurda mentira. Desde luego que no me interesa para nada que se vuelvan ateos como yo pero sí que me dejen de intentar convencer o hacerme dudar con alegatos que van desde: “Está escrito” a “Es cuestión de fe” porque ambas frases son sencillamente estúpidas.

Es entonces que alego como lo haría mi tío que cualquier persona tiene derecho a creer en lo que quiera y que lo respeto, lo que es una mentira porque no puedo aceptar que gran parte de la historia humana esté plagada de millones de atrocidades y muertes solamente porque determinados grupos creen en una u otra versión de una existencia superior, un pueblo elegido o su derecho a subyugar a los no conversos.

Realmente no puedo siquiera ponerme a conversar sobre si la Biblia es un libro ¿Inspirado? O si de verdad el tal Jesús fue hijo de dios, de los extraterrestres o un iluminado tipo Buda, de verdad me gusta más conversar sobre el último capítulo de los Simpson y hasta podría fumarme un comentario sobre fútbol, tema que tampoco me interesa.

Por lo pronto muchas personas que creía inteligentes de golpe y porrazo (Como decía mi madre) se me ponen a conversar sobre religión con una convicción muy grande que hasta hace pensar que han vivido todas esas alucinaciones en persona, tal es el poder de siglos de repetir esa sarta de mentiras.

Para peor aún es que algunos se ofenden porque de seguro imaginan que yo los creo locos y no se equivocan, pero acaso una locura compartida por muchos tenga cierta necesidad de ser defendida para que no se les desmorone su concepto de la vida y su circunstancia solo porque un tipo les dice de frente que dios no existe, que es producto de la imaginación y de que no hay absolutamente ninguna prueba de que algo de esta magnitud pueda tener alguna forma de estar allí.

Este tipo de conversaciones indefectiblemente termina yéndose por las ramas con conceptos como los de que “debo creer en algo” como si fuera un decreto divino (Con perdón de la palabra) y hasta me deslizan que lo mío también es un dogma como si los ateos tuviéramos también una suerte de religión con todo ese mamotreto de reglas, rituales, templos, representantes, etc.

Me dicen por ejemplo que no tengo pruebas de que la teoría del Big Bang sea verdad y les aclaro de que es una teoría que me parece interesante y posible pero nada más y que aparte de ello no hemos edificado a su alrededor ninguna institución que salga al mundo a sostenerla a sangre y fuego como la iglesia católica, los musulmanes, etc.

Para la mayoría, al menos en esta parte del mundo, hay un solo dios y es el cristiano. Algunos son católicos, otros no, unos sostienen una visión antropomórfica de su dios y otros piensan más bien en algo metafísico pero todos concuerdan en que hay una entidad creadora y aparentemente superior que rige los destinos de nosotros los seres humanos con esa particular forma de adoctrinar su amor pero con reservas.

Me gustan mucho: la fantasía, la ciencia ficción, los relatos de magia y espada pero especialmente porque forman parte de un mundo imaginario los últimos y mucho de lo primero es anticipatorio en general de un futuro cada vez más inmediato, pero me resulta intolerable que la gente crea que debo creer en cualquier forma de supra existencia, vida después de la muerte, extraterrestres, fantasmas y reino de los Pitufos solamente porque miles de personas creen a ojos cerrados en ello. Perdónenme pero prefiero ser dolorosamente sincero y están de la cabeza aunque sigan siendo buenas personas.

El espejismo de dios… y de toda religión

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El espejismo de Dios
Por: Wikipedia

Richard Dawkins
El espejismo de Dios (título original: The God Delusion, 2006) es un ensayo escrito por el zoólogo y etólogo británico Richard Dawkins (1941–), profesor de la cátedra de Entendimiento Público de la Ciencia (en la Universidad de Oxford).

En el libro, Dawkins afirma que la creencia en un creador supernatural se puede calificar como un delirio, al que define como la persistencia en una falsa creencia mantenida frente a fuertes evidencias contradictorias. Dawkins simpatiza con la observación de Robert Pirsig (EE. UU., 1928), que dice: «Cuando una persona sufre delirio, lo llamamos locura. Cuando mucha gente sufre el mismo delirio, lo llamamos religión».

Sinopsis
En el prefacio, Dawkins escribe que El espejismo de Dios contiene cuatro mensajes «aumentadores de conciencia»:

Los ateos pueden ser felices, equilibrados, morales e intelectualmente satisfechos.
La selección natural y teorías científicas similares son superiores a hipótesis basadas en Dios — como la falacia del diseño inteligente — en lo que se refiere a la explicación del mundo vivo y el cosmos.

Los niños no deben ser etiquetados por la religión de sus padres. Términos como «niño católico» o «niño musulmán» hacen que la gente retroceda.
Los ateos deben estar orgullosos y no compungidos, debido a que el ateísmo es una prueba de tener una mente saludable e independiente.

Cap. Un no creyente profundamente religioso
Dawkins comienza observando que algunos comentaristas han encontrado su entusiasmo por la ciencia hasta ser casi religiosos, pero se pregunta: «¿Es “religión” una buena palabra para esto?». La sobrecogedora complejidad de la naturaleza es lo que él llama «religión einsteiniana», refiriéndose al uso que Albert Einstein hacía de la palabra «Dios» como una metáfora para la naturaleza de los misterios del universo. Sin embargo, lamenta que muchos científicos usen la palabra «Dios» en su sentido panteísta y poético7​ debido a la confusión que esto causa.

En su lugar, focaliza su crítica en la creencia de un «creador sobrenatural que es apropiado para ser adorado por nosotros»8​ Mientras que Dawkins tiene respeto por la religión einsteiniana, no muestra respeto por la religión convencional. Mantiene que a la religión le ha sido dada una privilegiada e inmerecida inmunidad contra las críticas, citando a Douglas Adams para ilustrar esta opinión:

La religión […] tiene ciertas ideas de lo que nosotros llamamos sagrado o santo o lo que sea. Esto significa que «aquí tienes una idea o una noción a la que no se te está permitido decir nada malo acerca de ella; tan sólo NO PUEDES. ¿Por qué no? ¡Porque no! Si alguien vota por un partido con el que no estás de acuerdo, eres libre para discutir todo lo que quieras. Todo el mundo ha tenido una discusión alguna vez, pero nadie se siente agraviado por ello. Pero, en cambio, si alguien te dice: «Yo no voy a pulsar un interruptor de la luz un día sábado», tienes que responder: «Yo respeto eso».

Dawkins prosigue con una lista de ejemplos en los que la religión tiene un estatus privilegiado, como la facilidad para ganar el estado de objetor de conciencia; el uso de eufemismos para los conflictos religiosos; excepciones varias de la ley; y la polémica de las caricaturas de Mahoma.

Cap. 2. La hipótesis de Dios
Dawkins comienza el capítulo 2 describiendo a Yahvéh, el dios del Antiguo Testamento como «posiblemente el personaje más desagradable de toda la ficción. Celoso y orgulloso de ello, un mezquino, injusto e implacable enloquecido fuera de control, un vengativo limpiador étnico sediento de sangre, un misógino, homófobo, racista, infanticida, genocida, filicida, repartidor de plagas, megalómano, sadomasoquista, caprichoso y malévolo matón».

Continúa sugiriendo que la hipótesis de Dios («existe una inteligencia supernatural y superhumana, quien deliberadamente diseña y crea el universo y todo lo que hay en él, incluyéndonos a nosotros»​) es «una hipótesis científica como cualquier otra»,​ la cual debe ser tratada con el mismo escepticismo que cualquier otra hipótesis.

Dawkins cree que el concepto de Stephen Jay Gould de non-overlapping magisteria (‘magisterios no superpuestos’, es decir, la idea de que una coexistencia entre ciencia y religión es posible, puesto que se ocupan de áreas diferentes), no puede usarse para defender a los teólogos de las críticas por parte de los científicos.

El agnosticismo imparcial implicaría que no se puede decir nada acerca de la probabilidad de la existencia de Dios, una posición que Dawkins sugiere que es incorrecta.

Dawkins además argumenta, siguiendo a Bertrand Russell (1872-1970), que aunque «no se puede refutar la existencia de Dios»también es imposible refutar la existencia de la Tetera de Russell, los unicornios, el Monstruo Spaghetti Volador y el Ratoncito Pérez. Por lo tanto, la incapacidad para refutar la existencia de Dios no nos suministra una razón positiva para creer. Más bien, Dawkins argumenta que el deber de la prueba está por encima de la defensa de la existencia de Dios.

Cap. 3. Argumentos a favor de la existencia de Dios
En el capítulo 3, Dawkins enfoca su atención hacia los principales argumentos filosóficos en favor de la existencia de Dios. Discute las «cinco vías» de santo Tomás de Aquino, argumentando que las tres primeras están todas basadas en regresiones infinitas y «es debido a que claramente no significa que Dios provea un exterminador natural a las regresiones».

Sugiere que la cuarta vía de Tomás de Aquino, la vía de los grados de perfección, es «fatua» con el objetivo de la objeción de recargo de un «preeminente canalla sin igual».

Reserva la quinta vía, Vía del orden cósmico, para una posterior discusión en el siguiente capítulo, lo que él considera su refutación definitiva.

También reduce el argumento ontológico de Anselmo de Canterbury a un «lenguaje de patio de colegio»y esencialmente emplea los reparos estándar ya utilizados por Immanuel Kant (1724-1804). Además descarta el argumento de la belleza como «no explicado por sus defensores».

Sobre el argumento de experiencia religiosa, apunta que algunas de estas son ilusiones debidas a la fuerte complejidad de la mente humana como simulador. Sobre los argumentos de las Escrituras, sugiere que «los Evangelios son ficción antigua» y son históricamente inexactos. Sobre el argumento de «admirados científicos religiosos», afirma que son una minoría.

En lo relativo a la apuesta de Pascal (si uno es ateo, pero Dios no existe, no sucederá nada, pero si uno es ateo y Dios existe, uno irá al infierno), Dawkins cuestiona las suposiciones de que uno simplemente decide creer y Dios recompensa la fe más que la virtud o la búsqueda de la verdad, y se pregunta si Dios no respetaría a Bertrand Russell por su valiente escepticismo mucho más que lo que respetaría a Blaise Pascal por su cobarde evasiva

Finalmente aborda los argumentos basados en la inferencia bayesiana promovidos por gente como Stephen Unwin, y sostiene que estos son casos de «basura entra, basura sale»

Cap. 4. Por qué es casi seguro que no hay Dios
Dawkins declara en el capítulo 4 que la evolución por selección natural puede servir para demostrar que el argumento del diseño está equivocado. Sugiere que un hipotético diseñador cósmico, requeriría, incluso, una mayor explicación que el propio fenómeno que intenta explicar, y como cualquier teoría que explica la existencia del universo debe ser una “grúa”, algo equivalente a la selección natural, antes que un gancho colgado del cielo que meramente pospone el problema. Usa el argumento de la improbabilidad, para lo cual introduce el término «truco del Boeing 747 definitivo», para sugerir que «Dios casi con seguridad no existe»: «Sin embargo, si es estadísticamente improbable lo que intentas explicar mediante un diseñador, el diseñador en sí mismo es más improbable aún. Dios es el Boeing 747 definitivo».

La referencia al Boeing 747 alude a una afirmación (conocida como «falacia de Hoyle») hecha por el astrofísico británico Fred Hoyle (1915-2001): «La probabilidad de que se originara vida en la Tierra no es mayor que la probabilidad de que un huracán pasando por un desguace consiga ensamblar un Boeing 747».​ Dawkins objeta que este argumento está hecho por «alguien que no entiende lo que es la selección natural». Afirma que los organismos vivos no se han desarrollado de un solo paso, sino a través de pasos acumulados a través de millones de años.

Un tema habitual en los libros de Dawkins es la selección natural, la cual es responsable de la evolución de la vida, y la aparente improbabilidad de la complejidad de la vida no implica que sea una prueba de que esté diseñada por un diseñador. Aquí fomenta este argumento presentando ejemplos de aparente diseño.

Dawkins concluye el capítulo argumentando que este «truco» es un argumento muy serio contra la existencia de Dios, y que él está aún esperando escuchar a «un teólogo dando una respuesta convincente a pesar de las numerosas oportunidades e invitaciones para hacerlo».Dawkins informa que Daniel Dennett lo llamó «una refutación irrefutable» que data de hace dos siglos.

Cap. 5. Las raíces de la religión
El capítulo 5 explora las raíces de la religión y por qué la religión es tan omnipresente a través de todas las culturas humanas. Dawkins aboga porque la «teoría de que la religión es un subproducto accidental, un tiro errado de algo útil».​ y pregunta​ si la teoría de los memes, y la suceptibilidad humana hacia los memes religiosos en particular, funcionarían para explicar cómo la religión se extiende como un virus para la mente a través de las sociedades.

Cap. 6. Las raíces de la moralidad: ¿Por qué somos buenos?
En el capítulo 6, Dawkins gira su atención hacia el asunto de la moralidad, argumentando que no necesitamos la religión para ser buenos. En vez de esto, mantiene que nuestra moralidad tiene una explicación darwiniana: genes altruistas han sido seleccionados a través del proceso de nuestra evolución y que poseemos empatía natural.

Cap. 7. El ‘Buen’ Libro y la moral cambiante Zeitgeist
El siguiente capítulo continúa con el tema de la moralidad, afirmando que hay una moral Zeitgeist que continuamente evoluciona en la sociedad, a menudo en oposición a la moral religiosa, la cual Dawkins siente que a menudo está pervertida y embrutecida. Aporta ejemplos de moral religiosa de la Biblia para ilustrar lo que él ve como barbarismo.

Cap. 8. ¿Qué le pasa a la religión? ¿Por qué ser tan hostiles?
En el capítulo 8, Dawkins gira hacia la cuestión de por qué se siente tan hostil hacia la religión, argumentando con ejemplos en los que la religión se rebela contra la ciencia, fomenta el fanatismo, alienta la intolerancia contra los homosexuales e influye a la sociedad de otros modos negativos.

Dawkins afirma que los predicadores de partes del sur de los Estados Unidos usaron la Biblia para justificar la esclavitud, clamando que los africanos eran descendientes del hijo pecador de Abraham. Durante las Cruzadas, los «paganos» y los «herejes» que no se convertían al cristianismo eran asesinados, y otros ejemplos similares.

Cap. 9. Infancia, abuso y cómo escapar de la religión
Una de esas maneras es el adoctrinamiento de los niños, un tema al que Dawkins dedica el capítulo 9. Él iguala el adoctrinamiento religioso de los niños por los padres y profesores en las escuelas religiosas con una forma de abuso mental.

Dawkins quiere que la gente se avergüence cada vez que alguien hable de un «niño musulmán» o un «niño católico», preguntándose cómo a un niño se le puede considerar lo suficientemente desarrollado para tener una visión independiente del cosmos y del lugar de la humanidad en él. Por contraste, Dawkins apunta que ninguna persona razonable hablaría de un «niño marxista» o un «niño republicano».

Cap. 10. ¿Un vacío muy necesario?
El último capítulo se pregunta que sea cual sea la religión, a pesar de los problemas alegados anteriormente, llena «un hueco muy necesario», dando consuelo e inspiración a las personas necesitadas.

Según Dawkins, estas necesidades se satisfacen mucho mejor mediante maneras no religiosas, como la filosofía y la ciencia. Argumenta que una visión del mundo atea sirve para reafirmar la vida en un modo que la religión, con sus «respuestas» insatisfactorias a los misterios de la vida, nunca podrá serlo.

Apéndice
Un apéndice de organizaciones y direcciones útiles para aquellos que «necesiten apoyo para escapar de la religión», por países.

Lennon: Monumento eterno

John Lennon

Estatua de John Lennon en Havana, Cuba

Estatua de John Lennon en Havana, CubaLa estatua es un monumento conmemorativo para John Lennon. Lo puedes encontrar en Lima Perú.

La estatua es un monumento conmemorativo para John Lennon. Lo puedes encontrar en Lima Perú.Monumento a John Lennon, por el escultor David Webster, en Liverpool, UK.

Monumento a John Lennon, por el escultor David Webster, en Liverpool, UK.Statue of Beatle John Lennon outside th Hard Day's Night Hotel in Liverpool, ENGLAND.

Statue of Beatle John Lennon outside th Hard Day’s Night Hotel in Liverpool, ENGLAND.Yoko Ono con estatua de John en el Aeropuerto John Lennon de Liverpool

Yoko Ono con estatua de John en el Aeropuerto John Lennon de LiverpoolSAMSUNG DIGITAL CAMERA

Eleanor Rigby by The Beatles

Como me cuesta leer a Onetti

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Como me cuesta leer a Onetti
Por: Darío Valle Risoto

Hace algunos años atrás la esposa de un amigo luego de leer algunas cosas mías me aconsejó leer: “El Pozo” del escritor Juan Carlos Onetti, quizás pienso ahora, porque encontró cierta aproximación que no puedo hoy día imaginar cual, o mejor creo que fue para que aprendiera a escribir mejor que las porquerías que sigo escribiendo. Me apego más a esto último por más que no me guste.

Demoré un tiempo hasta que compré el pozo y lo leí y no me gustó pero creo que allí nació esta idea que hoy reafirmo de que el tipo era un escritor de puta madre como dicen los españoles, o sea: Muy bueno, excelente, pero no me llegó, era como si yo fuera la roca que las aguas de un mar oscuro quieren abrazar pero está muy cerca de la orilla.

Mi amigo el artista plástico Cesar Ureta me regaló los primeros cuatro tomos de una colección de obras completas de este escritor e intenté leer: Juntacadáveres y volví a pensar como vuelvo ahora que en el taller de escritura estamos dando: “Los adioses” que Onetti era un verdadero monstruo de la literatura pero no hay caso, mi gusto literario va por otro lado. Y eso es lamentable en varios sentidos.

En ese ínterin desde Juntacadáveres a la fecha leí dos novelas de Mario Vargas Llosa que si me puede y ando con otra de Haruki Murakami los que admiro porque por ahí andan mejor mis apetencias literarias, quizás porque su escritura es menos barroca, mucho menos gris y aderezada que la de mi compatriota por más que ahora en este Montevideo otoñal acuciado de lluvias desde la tarde de ayer y tras ver el documental: “Jamás leí a Onetti” vuelvo a acercarme a ese viejo hosco como un puercoespín al decir de Galeano.

Hay una interesante anécdota donde Eduardo Galeano remite a un consejo sobre escribir a mano que Onetti le da cuando se entera que este lo hacía a máquina y no puedo más que añorar mi vieja máquina de escribir que hoy añoro porque este ordenador me resulta por demás frio y ajeno. Por otro lado escribo mucho a mano ya que tengo una computadora de mesa, carezco de una laptop y por lo tanto suelo garabatear ideas en cuadernos que andan por toda la casa y luego vengo aquí y los transcribo a la pantalla.

Para mi escribir a máquina tenía una calidez que hoy se potencia con este frio teclado carente por completo de aquella percusión de tipos sobre el papel y el ruido de la cinta corriendo de derecha a izquierda mientras tomaba demasiado continuamente el corrector y tachaba para escribir y reescribir alguna palabra que me parecía mejor que la otra, la palabra eliminada, muerta.

Aquí a la distancia pienso que Onetti tenía esa idea sobre la vida que ahora comparto, este amor por la soledad y sentía seguramente el enorme placer creativo de plasmar sobre el papel vidas y suertes de personajes no del todo ficticios porque a fin de cuentas uno escribe siempre sobre si mismo aunque hable de calabazas.

De seguro mi dificultad para alcanzar a leer a Onetti tenga mucho de una soterrada envidia sobre un creador impactante al que no podré llegar jamás porque voy por otro lado y esa literatura en definitiva tan Uruguaya no me place como no me placen tantas cosas de un país que me vio nacer pero a diario siento tan extranjero.

Ayer precisamente vi un documental sobre Howard Phillip Lovecraft desde luego que para mi mucho más compatriota que Onetti este hombre de Providence forma parte de toda esa literatura yanqui que amo tanto y que tiene a Isaac Asimov en el pináculo de lo que quisiera ser si alguna vez llego a ser grande. De todas formas uno no puede desprenderse de su origen y aunque me moleste bastante soy uruguayo y por ejemplo si me gusta mucho Mario Benedetti y también he leído quizás todo o la mayoría de lo de Eduardo Galeano, escritor que considero más un periodista pero uno y otro oficio son casi lo mismo si se me permite.

Uno escribe porque puede y porque quiere pero nadie escribe porque no le gusta, la labor creativa es misteriosa y de verdad a veces no sé cómo llega un cuento o una idea para una de esas tres o cuatro novelas que nunca termino. Debo agradecer a esa musa escondida que como tigre invisible salta al final de mis cuentos atacando con un final muchas veces inesperado aún para mí mismo.

Jamás leí a Onetti y ese documental sobre Lovecraft fueron demasiado con menos de veinticuatro horas de diferencia para mí que suelo encontrar difícil soportar versiones diferentes sobre la vida de autores que marcaron un rumbo en la literatura y en mi vida, porque de verdad solamente deberíamos quedarnos con la obra y dejarnos de joder con las personalidades de los escritores porque a fin de cuentas cada cuento, cada novela se despegó de su autor como aquel hijo que deja la casa paterna para seguir su rumbo.

Creo que he corrido el riesgo de encontrar paralelismos con ambos escritores sobretodo en aspectos que les hacen dos personajes distantes en tiempo y lugar pero con algo en común: Su eterna y amada soledad. Es así por más que no me guste asumirlo.ca9ce8ae6a81b27ac3a2090eb0022b0a

El periodismo buitre del Uruguay

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El Periodismo Buitre en el Uruguay
Por: Darío Valle Risoto
Técnico en comunicación social

Que el señor Ignacio Álvarez ejerce un periodismo carroñero es tan evidente que rompe los ojos, los oídos u otros órganos tan o más delicados y sin embargo allí lo tenemos durante años ejerciendo su justo derecho a opinar sobre todo y contra todo lo que le apetezca dentro de este panorama del Uruguay de hoy gobernado por una coalición de izquierda conformada nada menos que por treinta y seis sectores diferentes denominada: Frente Amplio.

Si bien en un país democrático y libre todos tenemos el derecho a la libre expresión de nuestro pensamiento esto se torna un tanto delicado a la hora de ejercer como líderes de opinión porque eso son ni más ni menos quienes tienen cierto prestigio y un nombre reconocido en los medios masivos y esto sí es usado maquiavélicamente logra convencer a algunos de muchas barbaridades.

Como estudiante de comunicación social en sus días aprendí que los que estamos detrás de un micrófono o delante de una cámara, dispositivo, etc. debemos ser responsables a la hora de compartir información y que si bien podemos deslizar nuestro punto de vista lo importante es la noticia en sí misma y no nosotros y mucho menos corresponde intentar torcer a la audiencia hacia un lado u otro.

kent-brockman-1024x768Pero quizás el señor Álvarez en su ejercicio ególatra y cruel de su supuesta iluminación crea que su público es tan idiota como para creerlo todo solamente porque él lo dice o el invitado de turno le apoya, todo esto edulcorado con temas musicales alusivos y efectos de sonidos robados de otro programa funesto como el del “licenciado Pettinati”, pero eso daría para otro artículo.

No es nuevo esto de subestimar a la audiencias, en realidad la mayoría de los medios de información, la publicidad y hasta cierta propaganda política lo ejercen hasta el cansancio y a aquellos que por suerte tenemos espíritu crítico nos resulta no solamente inmoral sino un verdadero insulto a nuestra inteligencia.

El ejercicio de un pseudo programa periodístico con mucho de kermese de los domingos tiene algo de patético y cruel, escuchamos de un asesinato con lujo de detalles y pegadito salta un tipo imitando siempre a los mismos políticos con chistes de tablado para luego soportar un largo monólogo de Álvarez contra la dictadura de Venezuela o lo que es su otro deporte: contra los sindicatos y por ende contra todos los que somos representados por ellos solamente por ser pobres y obreros.

El poder ejerce su discurso del miedo sistemáticamente y no será el único protagonista, cabeza de puente del intento de volver atrás de estas conquistas que hemos logrado en el país, porque son burgueses, malas personas o solamente imbéciles intentan continuamente deslizar la idea de que todos los políticos son iguales, los sindicalistas corruptos y de que un gobierno socialista o “en vías de” es una dictadura.

Como dijo alguien: “no estoy de acuerdo contigo pero defenderé tu derecho a opinar diferente siempre”, pero al menos solamente desde este ignoto rincón de la red le puedo pedir a este personaje que no insulte mi inteligencia ni la del resto de la gente y que piense dos veces antes de abrir su boca o que ejerza el fabuloso arte de respetar a las audiencias.

Según Chomsky la mayoría de los medios se dirige a audiencias con un promedio mental de unos diez años, a veces pienso que en este país creen que tenemos dos meses.

Los últimos momentos del Eternauta.

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A 42 años de la detención y desaparición forzada de Héctor G. Oesterheld compartimos un testimonio de Eduardo Arias, preso político, una de las últimas personas que lo vio vivo:

“En noviembre de 1977 fui secuestrado y permanecí desaparecido hasta enero del 78. Todo ese tiempo estuve en un chupadero (prisión clandestina) situado en el Camino de Cintura y avenida Richieri. Hoy funciona allí un campo de salto a caballo de la Policía de la provincia. Cuando llegué, Oesterheld estaba hacía ya tiempo.
Su estado era terrible. Permanecimos juntos mucho tiempo. Nos encadenaron espalda contra espalda. Estábamos ambos prácticamente desnudos. El sólo tenia un pantalón, yo un calzoncillo. Las cabezas cubiertas por capuchas. Oesterheld -como yo y como todos los que estábamos allí- fuimos torturados salvajemente. El unía a ese tormento su dolor ante la suerte de tres de sus hijas, que también habían sufrido secuestro. La cuarta era buscada junto con el marido y esa búsqueda motivaba, por lo que yo pude presumir, la captura de Héctor.
Durante las largas horas que permanecimos en aquella inmovilidad forzosa, nos ayudábamos para poder descansar un poco, tirados en el suelo, o acomodando nuestras cadenas para aliviar un poco el dolor, entre interrogatorio e interrogatorio.
Al principio no me di cuenta de que era él. Lo descubrí cuando se levantó la capucha y pude ver su cara: era ni más ni menos Ernie Píke, cuyas aventuras yo leía desde chico. Claro que un Ernie Pike mucho más flaco.
Durante las pocas oportunidades en que no éramos vigilados, conversábamos en susurros. El me hablaba un poco de sus historietas, de su trabajo, y a veces jugábamos mentalmente al ajedrez, cantando las jugadas.
Uno de los momentos más terribles fue cuando trajeron al pequeño nieto de Héctor, de cinco años. Esa criatura fue recogida tras la captura y muerte de la cuarta hija y el yerno de Héctor y la llevaron a aquel infierno. Con nosotros había un pibe de unos 17 años que acostumbraba hacer figuritas con miga de pan. Al final todos le entregábamos la miga de nuestros panes. En Nochebuena, el viejo cantó con ese pibe la canción Fiesta de Serrat.
Chaplín murió cuando estábamos presos, el último día del ’77. Me enteré porque un guardia un poco más bueno me dejó ir al baño debido a una gran diarrea que tenía. Ahí afané unas hojas de diarios que había y me los llevé escondidas. Leyéndolas me enteré de la muerte de Chaplín y lo comenté. El viejo se conmovió. Dijo que quería mucho a Chaplín.
Uno de los recuerdos más inolvidables que conservo de Héctor se refiere a la Nochebuena de 1977. Los guardianes nos dieron permiso para quitamos las capuchas y. para fumar un cigarrillo. También nos permitieron hablar entre nosotros cinco minutos. Entonces Héctor dijo que por ser el más viejo de todos los presos, quería saludar uno por uno a los que allí estábamos. Nunca olvidaré aquel último apretón de manos. Héctor Oesterheld tenía unos sesenta años cuando sucedieron estos hechos. Su estado físico era muy, muy penoso. Ignoro cuál pudo haber sido su suerte. Yo fui liberado en enero de 1978. El permanecía en aquel lugar. Nunca más supe de él”. (Revista Feriado Nacional 1983).

La ilustración es de Antonio Castiñeira.