¿Por que no estalla una revolución?

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¿Por que no estalla una revolución?

Fuente: https://lamentiradelsistema.wordpress.com/2014/01/07/por-que-no-estalla-una-revolucion/

¿Te has preguntado alguna vez porqué nadie reacciona ante la infame oleada de opresión y abusos de todo tipo que estamos sufriendo?

¿No te produce perplejidad el hecho de que tras tantas y tantas revelaciones sobre casos de corrupción, injusticias, robos y burlas a la ley y a la población en general, a la cual se le ha robado literalmente el presente y el futuro, no suceda absolutamente nada?

¿Te has preguntado porqué no estalla una Revolución masiva y por qué todo el mundo parece estar dormido o hipnotizado?

Estos últimos años se han hecho públicas informaciones de todo tipo que deberían haber dañado la estructura del Sistema hasta sus mismísimos cimientos y sin embargo la maquinaria sigue intacta, sin ni tan solo un arañazo superficial.

Y esto pone de manifiesto un hecho extremadamente preocupante que está sucediendo justo ante nuestras narices y al que nadie parece prestarle atención.
El hecho de que SABER LA VERDAD YA NO IMPORTA

Parece increíble, pero los acontecimientos lo demuestran a diario.

La información ya no tiene relevancia
Desvelar los más oscuros secretos y sacarlos a la luz ya no produce ningún efecto, ninguna respuesta por parte de la población.
Por más terribles e impactantes que sean los secretos revelados.

Durante décadas hemos creído que los luchadores por la verdad, los informadores capaces de desvelar asuntos encubiertos o airear los trapos sucios, podían cambiar las cosas.
Que podían alterar el devenir de la historia.
De hecho, hemos crecido con el convencimiento de que conocer la verdad era crucial para crear un mundo mejor y más justo y que aquellos que luchaban por desvelarla eran el mayor enemigo de los poderosos y de los tiranos.

Y quizás durante un tiempo ha sido así.

Pero actualmente, la “evolución” de la sociedad y sobretodo de la psicología de las masas nos ha llevado a un nuevo estado de cosas.
Un estado mental de la población que no se habría atrevido a imaginar ni el más enajenado de los dictadores.
El sueño húmedo de todo tirano sobre la faz de la tierra: no tener que ocultar ni justificar nada ante su pueblo.
Poder mostrar públicamente toda su corrupción, maldad y prepotencia sin tener que preocuparse de que ello produzca ningún tipo de respuesta entre aquellos a los que oprime.

Ésta es la realidad del mundo en el que vivimos.
Y si crees que esto es una exageración, observa a tu alrededor.

El caso de España es palmario.
Un país inmerso en un estado de putrefacción generalizado, devorado hasta los huesos por los gusanos de la corrupción en todos los ámbitos: el judicial, el empresarial, el sindical y sobretodo el político.
Un estado de descomposición que ha rebosado todos los límites imaginables, hasta salpicar con su pestilencia a todos los partidos políticos de forma irreparable.

Y sin embargo, a pesar de hacerse públicos de forma continuada todos estos escándalos de corrupción política, los españoles siguen votando mayoritariamente a los mismos partidos, derivando, como mucho, algunos de sus votos a partidos subsidiarios que de ninguna manera representan una alternativa real.

Ahí está el alucinante caso de la Comunidad Valenciana, la región más representativa del saqueo desvergonzado perpetrado por el Partido Popular y donde, a pesar de todo, este partido de auténticos forajidos y bandoleros sigue ganando las elecciones con mayoría absoluta.

Una vergüenza inimaginable en cualquier nación mínimamente democrática.
Y desgraciadamente, el caso de Valencia es solo un ejemplo más del estado general del país: ahí tenemos el indignante caso de Andalucía dominada desde hace décadas por la otra gran mafia del estado, el PSOE, que junto con sus socios de los Sindicatos y el apoyo puntual de Izquierda Unida han robado a manos llenas durante años y años.
O el caso de Cataluña con Convergencia y Unió, un partido de elitistas ladrones de guante blanco, por poner otro ejemplo más.

Y es que podríamos seguir así por todas las comunidades autónomas o por el propio gobierno central, donde las dos grandes familias político-criminales del país, PP y PSOE, se han dedicado a saquear sin ningún tipo de recato.

Y a pesar de hacerse públicos todos estos casos de corrupción generalizada; a pesar de revelarse la implicación de las altas esferas financieras y empresariales, con la aquiescencia del poder judicial; a pesar de demostrarse por activa y por pasiva que la infección afecta al Sistema en su generalidad, en todos los ámbitos, imposibilitando la creación de un futuro sano para el país; a pesar de todo ello, la respuesta de la población ha sido…no hacer nada.
La máxima respuesta de la ciudadanía ha sido “ejercer el legítimo derecho de manifestación”, una actividad muy parecida a la que hace la hinchada cuando su equipo de fútbol gana una competición y sale en masa a la calle para celebrarlo.manifestaciones-y-celebraciones-deportivas

Es decir, nadie ha hecho nada efectivo por cambiar las cosas, excepto picar cacerolas.

Y el caso de la corrupción política desvelada en España y la nula reacción de la población es solo un ejemplo de entre muchos tantos a lo largo y ancho del mundo.

Ahí está el caso del deporte de masas, azotado como está por la sospecha de la corrupción, de la manipulación y del dopaje y por la más que probable adulteración de todas las competiciones bajo el control comercial de las grandes marcas…y a pesar de ello, sus audiencias televisivas y su seguimiento no solo no se ve afectado, sino que sigue creciendo cada vez más y más y más…

Pero todos estos casos empequeñecen ante la gravedad de las revelaciones hechas por Edward Snowden y confirmadas por los propios gobiernos, que nos han dicho, a la cara, con luz y taquígrafos, que todas nuestras actividades son monitoreadas y vigiladas, que todas nuestras llamadas, nuestra actividad en redes sociales y nuestra navegación en Internet es controlada y que nos dirigimos inexorablemente hacia la pesadilla del Gran Hermano vaticinada por George Orwell en “1984”.

Y lo que es más alucinante del caso: una vez “filtradas” estas informaciones, nadie se ha preocupado de rebatirlas.
¡Ni mucho menos!

Todos los medios de comunicación, los poderes políticos y las grandes empresas de Internet implicadas en el escándalo han confirmado públicamente este estado de vigilancia como algo real e indiscutible.
Como mucho han prometido, de forma poco convincente y con la boca pequeña que no van a seguir haciéndolo…
¡Incluso se han permitido el lujo de dar algunos detalles técnicos!

¿Y cuál ha sido la respuesta de la población mundial cuando se ha revelado esaverdad?
¿Cuál ha sido la reacción general al recibir estas informaciones?
Ninguna.

Todo el mundo sigue absorto con su smartphone, sigue revolcándose en el dulce fango de las redes sociales y sigue navegando las infestadas aguas de Internet sin mover ni una sola pestaña…

Así pues, ¿De qué sirve saber la verdad?
En el caso hipotético de que Edward Snowden o Julian Assange sean personajes reales y no creaciones mediáticas con una misión oculta, ¿De qué habrá servido su sacrificio?
¿Qué utilidad tiene acceder a la información y desvelar la verdad si no provoca ningún cambio, ninguna alteración, ni ninguna transformación?

¿De qué sirve saber de forma explícita y documentada que la energía nuclear solo nos puede traer desgracias, como nos demuestran los terribles accidentes de Chernobyl y Fukushima, si tales revelaciones no surten ni el más mínimo efecto?

¿De qué nos sirve saber que los bancos son entidades criminales dedicadas al saqueo masivo si seguimos utilizándolos?

¿De qué nos sirve saber que la comida está adulterada y contaminada por todo tipo de productos tóxicos, cancerígenos o transgénicos si seguimos comiéndola?

¿De qué nos sirve saber la verdad sobre cualquier asunto relevante si no reaccionamos, por más graves que sean sus implicaciones?

No nos engañemos más, por duro que sea aceptarlo.
Afrontemos la realidad tal y como es.
En la sociedad actual, saber la verdad ya no significa nada
Informar de los hechos que verdaderamente acontecen, no tiene ninguna utilidad real

Es más, la mayoría de la población ha llegado a tal nivel de degradación psicológica que, como demostraremos, la propia revelación de la verdad y el propio acceso a la información refuerzan aún más su incapacidad de respuesta y su atonía mental.

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La gran pregunta es: ¿POR QUÉ?
¿Qué nos ha conducido a todos nosotros, como individuos, a este estado de apatía generalizado?
Y la respuesta, como siempre sucede cuando nos hacemos preguntas de este calado, resulta de lo más inquietante.
Y está relacionada, directamente, con el condicionamiento psicológico al que está sometido el Individuo en la sociedad actual.

Pues los mecanismos que desactivan nuestra respuesta al acceder a la verdad, por más escandalosa que ésta resulte, son tan sencillos como efectivos.
Y resultan de lo más cotidiano.

Simplemente todo se basa en un exceso de información
En un bombardeo de estímulos tan exagerado que provoca una cadena de acontecimientos lógicos que acaban desembocando en una flagrante falta de respuesta.
En pura apatía.

Y para luchar contra este fenómeno, resulta clave saber cómo se desarrolla el proceso…

¿CÓMO SE DESARROLLA EL PROCESO?
Para empezar, debemos entender que todo estímulo sensorial que recibimos está cargado de información.
Nuestro cuerpo está diseñado para percibir y procesar todo tipo de estímulos sensoriales, pero la clave del asunto radica en la percepción de información de carácter lingüístico, entediendo por “lingüistico”: todo sistema organizado con el fin de codificar y transmitir información de cualquier clase.
Por ejemplo, escuchar una frase o leerla implica una entrada de información en nuestro cerebro, de caracter lingüístico.
Pero también lo implica ver el logo de una empresa, escuchar las notas musicales de una canción, ver una señal de tráfico o oir la sirena de una ambulancia, por poner algunos ejemplos…

Una persona en el mundo actual, está sometida a miles y miles de estímulos lingüisticos de este tipo a lo largo de un día normal, muchos de ellos percibidos de forma consciente, pero la inmensa mayoría percibidos de forma inconsciente, que deben ser procesados por nuestro cerebro.
El proceso de captación y procesamiento de esta información lo podríamos dividir básicamente en 3 fases: percepción, valoración y respuesta

Percepción
Sin lugar a dudas, formamos parte de la generación con mayor capacidad de procesamiento de información a nivel cerebral de la toda historia de la humanidad, con muchísima diferencia, sobretodo a nivel visual y auditivo.
Es más, a medida que nacen y crecen nuevas generaciones, éstas adquieren una mayor velocidad de percepción de información.

Una muestra de ello la podemos encontrar en el propio cine.Times Square

Visualiza un antiguo western de John Wayne, en una secuencia cualquiera de acción, como por ejemplo, un tiroteo.
Y después visualiza una secuencia de un tiroteo o de una persecución de coches en una película actual.

Cualquier secuencia de acción de una película actual está trufada de sucesiones rapidísimas de planos de corta duración.
En tan solo 3 o 4 segundos verás diferentes planos: la cara del protagonista conduciendo, la del acompañante gritando, la mano en el cambio de marcha, el pie pisando el pedal, el coche esquivando un peatón, el perseguidor que derrapa, el malo que agarra la pistola, como dispara por la ventanilla, etc…y cada plano habrá durado apenas décimas de segundo.
Las imágenes se suceden a toda velocidad como los disparos de una ametralladora.
Y sin embargo eres capaz de verlas todas y procesar el mensaje que contienen.

Ahora ponte la película de John Wayne.
No encontrarás sucesiones de planos a ritmo de ametralladora, sinó sucesiones de planos mucho más largos en duración y con mayor tamaño de campo visual.

Probablemente, un espectador de la época de John Wayne se habría mareado viendo una película actual, pues no estaría acostumbrado a procesar tanta información visual a tanta velocidad.

Esto es un ejemplo sencillo del bombardeo de información al que está sometido el cerebro de alguien en la actualidad, en comparación con el de una persona de hace tan solo 50 años.
Añádele a esto todas las fuentes de información que te rodean, como la televisión, la radio, la música, la omnipresente publicidad de todo tipo, las señales de tráfico, los diferentes y variados ropajes que viste cada una de las personas con las que te cruzas por la calle y que representan, cada uno de ellos una serie de códigos lingüísticos para tu cerebro, la información que ves en tu móvil, en la tablet, en internet y añádele, además, tus compromisos sociales, tus facturas, tus preocupaciones y los deseos que te han programado tener, etc, etc, etc…

Se trata de una auténtica inundación de información que debe procesar tu cerebro continuadamente.
Y todo ello en un cerebro del mismo tamaño y capacidad que el de ese espectador de los westerns de John Wayne hace 50 años.

Por lo visto, parece que nuestro cerebro tiene capacidad suficiente para percibir tales volúmenes de información y comprender los mensajes asociados a esos estímulos.
Ahí no radica el problema.
De hecho parece que nuestro cerebro disfruta con ello, pues nos hemos convertido en adictos al bombardeo de estímulos.
El problema aparece en la siguiente fase.

Valoración
Es cuando debemos valorar la información recibida, es decir, cuando llega la hora dejuzgar y analizar sus implicaciones, que nos topamos con nuestras limitaciones.
Porque, literalmente, no disponemos de tiempo material para hacer una valoración en profundidad de esa información.
Antes de que nuestra mente, por sí misma y con criterios propios, pueda juzgar de forma más o menos profunda la información que recibimos, somos bombardeados por una nueva oleada de estímulos que nos distraen e inundan nuestra mente.
Es por esta razón que nunca llegamos a valorar en su justa medida, la información que recibimos, por importantes que sean sus posibles implicaciones.

Para comprenderlo mejor, vamos a utilizar una analogía, en forma de pequeña historia.
Imaginemos a una persona muy introvertida, que pasa la mayor parte de su tiempo encerrada en casa.
Prácticamente no tiene amigos ni entabla relaciones sociales de ningún tipo.
Ahora supongamos que esa persona baja al supermercado a comprar una botella de leche y cuando va a pagarla, se le cae al suelo y la rompe, causando gran estruendo y manchando su ropa a ojos de todos los clientes y de la cajera.
Cuando esa persona vuelva a su casa, aislada de toda relación y estímulo social, probablemente dará un gran valor a lo acontecido en el supermercado.
Se preguntará por qué le cayó la leche y qué movimiento en falso realizó para que eso sucediera; se preguntará si fue culpa suya o fue culpa de la botella que era demasiado resbaladiza; analizará en su cabeza la mirada de la cajera y los gestos y comentarios de todos y cada uno de los clientes; incluso observará las manchas en su ropa e intentará adivinar lo que pensaban sobre ella las demás personas al verla en esa situación.
Se sentirá ridícula y juzgará aquel acontecimiento meramente anecdótico como mucho más importante de lo que realmente es.
Simplemente porque para ella, ese ridículo en el supermercado será el gran acontecimiento social del día o de la semana.
Y quizás no lo olvide nunca más en su vida.

Ahora sustituyamos a la persona introvertida y sin relaciones por un modelo opuesto. Una persona extrovertida, que pasa el día entero rodeada de gran cantidad de personas y acontecimientos, interactuando frenéticamente con clientes y compañeros de trabajo, hablando por teléfono, concertando citas, comprando, vendiendo, haciendo reuniones, riendo, enfadándose y rematando el día tomando copas con los amigos.
Supongamos que esta persona va a comprar la leche y también se le cae causando gran estruendo y manchándose la ropa.
La valoración que hará del hecho será meramente anecdótica, pues representará un evento más de entre los muchos acontecimientos de carácter social que experimenta a lo largo de la jornada.
Y en pocas horas se habrá olvidado de lo sucedido.

Una persona en la sociedad actual se asemeja mucho al segundo modelo, sometida a gran cantidad de estímulos sensoriales, sociales y lingüísticos.
Para nosotros, toda información recibida es rápidamente digerida y olvidada, arrastrada por la corriente incesante de información que entra en nuestro cerebro como un torrente.

Porque vivimos inmersos en la cultura del twit, un mundo donde toda reflexión sobre un evento dura 140 caracteres.
Y esa es la profundidad máxima a la que llega nuestra limitada capacidad de análisis.

Es por esta razón, por nuestra impotencia a la hora de valorar y juzgar por nosotros mismos el volumen de información al que estamos sometidos, que la propia información que nos es transmitida lleva incorporada la opinión que debemos tener sobre ella, es decir, aquello que deberíamos pensar tras realizar una valoración profunda de los hechos.

Es decir, el emisor de la información le ahorra amablemente al receptor el esfuerzo detener que pensar.

Ese es el procedimiento que utilizan los grandes medios de comunicación y en un mundo con individuos auténticamente pensantes sería calificado de manipulación ylavado de cerebro

La televisión es un claro ejemplo de ello.
Fijémonos en un noticiario cualquiera.
Todas las noticias de todos las cadenas estan narradas de forma tendenciosa, de manera que contengan en su redactado y presentación no solo la información que debe ser transmitida, sinó la opinión que debe generar en el espectador.
O más claramente aún, el ejemplo de las omnipreentes tertulias políticas, donde los tertulianos son calificados como “generadores de opinión”.
Es decir, su función es generar la opinión que deberías fabricar por tí mismo.

Así pues, el bombardeo contínuo e incesante de información en nuestro cerebro nos impide juzgar adecuadamente el valor de los hechos, con criterio propio y según nuestros códigos internos.
Nos quita el tiempo que deberíamos tomarnos para sopesar las consecuencias de un acontecimiento y lo fragmenta en pedacitos de 140 caracteres y con ello, convierte en breve y superficial cualquier juicio que emitamos sobre una información recibida.

Resumiendo: nos hace pensar “en titulares” y por norma general, esos titulares ni tan solo los pensamos nosotros mismos, sino que nos son inoculados con la propia información.

Respuesta
Una vez reducido a la mínima expresión nuestro tiempo de valoración personal de los hechos, entramos en la fase decisiva del proceso, aquella en que nuestra posible respuesta queda anulada.

Aquí entran en juego las emociones y los sentimientos, el motor de toda respuesta y acción.
Y es que al fragmentar y reducir nuestro tiempo dedicado a juzgar una información cualquiera, también reducimos la carga emocional que asociamos a esa información.

Observemos nuestras propias reacciones: podemos indignarnos mucho al conocer una noticia cualquiera, ofrecida en un noticiario, como por ejemplo el desahucio forzoso de una familia sin recursos, pero al cabo de unos segundos de recibir esa información, somos bombardeados por otra información distinta que nos lleva a sentir otra emoción superficial diferente, olvidando así la emoción anterior.

Para decirlo de forma gráfica y clara: de la misma manera que nuestra capacidad de juicio y análisis queda reducida a un twit, nuestra respuesta emocional queda reducida a un emoticon

Y aquí es donde reside la clave del asunto.
Es en este punto donde queda desactivada nuestra posible respuesta.

Para comprenderlo mejor, volvamos a la analogía de las personas introvertida y extrovertida que rompían la botella de leche en el supermercado.

La persona introvertida encerrada en su hogar, que ha otorgado un valor más profundo a los hechos acontecidos en el supermercado seguirá dándole vueltas al asunto una y otra vez.
Es decir, no olvidará fácilmente las emociones vinculadas al ridículo que sintió en ese momento y con mucha probabilidad, esa exposición continuada a sus propias emociones acabará desembocando en un sentimiento de incomodidad ante la posibilidad de volver al lugar de los hechos.
Así pues, es muy posible que esa persona no vuelva durante un tiempo a comprar en ese supermercado, aunque eso implique que ha que ir bastante más lejos a comprar la leche.
Hasta el punto de llegar a fabricar un sentimiento de repulsa hacia el propio establecimiento y las personas que la vieron hacer el ridículo.
Es decir, la energía emocional que habrá volcado sobre ese hecho concreto, habrá terminado desembocando en una reacción efectiva ante el hecho en sí.

Sin embargo, la persona extrovertida volverá sin ningún problema al supermercado a comprar leche, pues en su mente, el suceso llevará asociada muy poca carga emocional.
Como mucho, quizás se ruborice un poco al ver a la cajera o a algún cliente.
Es decir, la persona extrovertida, no emprenderá acciones efectivas y tangibles derivadas del suceso de la botella de leche.

Más allá de las valoraciones que hagamos sobre estos personajes inventados, estos ejemplos nos sirven para demostrar que el bombardeo incesante de información al que estamos sometidos acaba desembocando en una fragmentación de nuestraenergía emocional y por ello acabamos ofreciendo una respuesta superficial o nula.

Una respuesta que en momentos como el que vivimos, intuimos debería ser mucho más contundente y que sin embargo, no llegamos a generar porque carecemos de energía suficiente para hacerlo.

Y todos observamos desesperados a los demás y nos preguntamos “¿Por qué no reaccionan? ¿Por que no reacciono yo?”

Y esa impotencia desemboca, al final, en una sensación de frustración y apatía generalizadas.
Ésta parece ser la razón básica por la que no se produce una Revolución cuando, por la lógica propia de los acontecimientos, debería producirse.

Se trata pues, de un fenómeno meramente psicológico

Éste es el mecanismo básico que aborta toda respuesta de la población ante los continuos abusos recibidos.
La BASE sobre la que se sustentan todas las manipulaciones mentales a las que estamos sometidos actualmente.
El mecanismo psicológico que mantiene a la población idiotizada, dócil y sumisa

Lo podríamos resumir así:
El excesivo bombardeo de información nos impide tomarnos el tiempo necesario para otorgar el valor adecuado a cada información recibida y con ello, nos impide asociarle la suficiente carga emocional como para generar una reacción efectiva y real

¿CONSPIRACIÓN O FENÓMENO SOCIAL?
Poco importa si todo esto forma parte de una gran conspiración para controlarnos o si hemos llegado a este punto por la propia evolución de la sociedad, porque las consecuencias son exactamente las mismas: los más poderosos harán lo posible por mantener estos mecanismos en funcionamiento; incluso fomentarán tanto como puedan su desarrollo, simplemente porque les beneficia.

De hecho, la propia revelación de la verdad favorece estos mecanismos.
A los más poderosos ya no les importa mostrarse tal y cómo son ni desvelar sus secretos, por sucios y oscuros que éstos sean.
Revelar estas verdades ocultas contribuye en gran medida a aumentar el volumen de información con el que somos bombardeados.
Cada secreto sacado a la luz crea nuevas oleadas de información, que puede ser manipulada e intoxicada con datos adicionales falsos, contribuyendo con ello a la confusión y al caos informativo y con ello a nuevas oleadas secundarias de información que nos aturdan aún mas y nos suman más profundamente en la apatía.

Si combinamos esta apatía, fruto de la poca energia emocional con la que intentamos responder, con las tremendas dificultades que el propio sistema nos pone a la hora de castigar a los responsables, se generan nuevas oleadas de frustración, cada vez más acusadas, que nos llevan, paso a paso, a la rendición definitiva y a la sumisión absoluta.

Así pues, no lo dudes: a las personas que ostentan el poder les interesa bombardearte con enormes volúmenes de información lo más superficial posible

Porqué una vez instaurada en la sociedad esta forma de interactuar con la información recibida, todos nosotros nos convertimos en adictos a ese incesante intercambio de datos.

El bombardeo de estímulos representa una auténtica droga para nuestro cerebro, que cada vez necesita más velocidad en el intercambio de informaciones y exige menos tiempo para tener que procesarlas.

Nos sucede a todos: cada vez nos cuesta más dedicar tiempo a leer un artículo largo cargado de información estructurada y razonada.
Exigimos que sea más resumido, más rápido, que se lea en una sola línea y que se ingiera como una pastilla y no como un ágape decente.

Nuestro cerebro se ha convertido en un drogadicto de la información rápida, en un yonqui ávido de contínuos chutes de datos que ingerir, a poder ser pensados y analizados por cualquier otro cerebro, para no tener que hacer el esfuerzo de fabricarnos una compleja y contradictoria opinión propia.

Porque odiamos la duda, pues nos obliga a pensar.
Ya no queremos hacernos preguntas.
Solo queremos respuestas rápidas y fáciles.

Somos y queremos ser antenas receptoras y replicadoras de información, como meros espejos que rebotan imágenes externas.
Pero los espejos son planos y no albergan más vida en ellos que la que reflejan proviniendo del exterior.
Hacia ahí se dirige el ser humano de forma acelerada.
¿Vamos a permitirlo?

CONCLUSIÓN
Quizás todo lo expuesto anteriormente no es lo que querías escuchar.
Es poco estimulante y resulta algo complicado y farragoso, pero las realidades complejas no pueden reducirse a un ingenioso titular en forma de twit.

Para emprender una transformación profunda de nuestro mundo, para iniciar una auténtica Revolución que lo cambie todo y nos lleve a una realidad mejor, deberemos descender hasta las profundidades de nuestra psique, hasta la sala de máquinas, donde estan en marcha todos los mecanismos que determinan nuestras acciones y movimientos.

Ahí es donde se está dirimiendo la auténtica guerra por el futuro de la humanidad

Nadie nos salvará desde un púlpito con brillantes proclamas y promesas de una sociedad más justa y equitativa.
Nadie nos salvará sólo contándonos la supuesta verdad, ni desvelando los más oscuros secretos de los poderes en la sombra.desempleo2

Como acabamos de ver, la información y la verdad ya no tienen importancia, porque nuestros mecanismos de respuesta están averiados.

Debemos descender hasta ellos y repararlos; y para conseguirlo, debemos saber cómo funcionan.
Para ello no será necesario hacer un complejo curso de psicología: observando con atención y razonando por nosotros mismos podemos conseguirlo.

Porque no se trata de algo esotérico ni fundamentado en creencias extrañas de carácter Místico, Religioso o New Age.
Es pura lógica: No hay revolución posible sin una transformación profunda de nuestra psique a nivel individual.
Porque nuestra mente está programada por el Sistema.
Y por lo tanto, para cambiar ese Sistema que nos aprisiona, antes debemos desinstalarlo de nuestra mente.

¿Tú lo vas a hacer?

Sindicalismo y comunicación en el Uruguay

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Uruguay sindicalismo y comunicación
Por: Darío Valle Risoto

Es curioso como en estos tiempos del tercer gobierno de la coalición de izquierda en el poder se trata de poner a la lucha sindical y el legítimo derecho a la protesta de los ciudadanos en tela de juicio permanente.

Lo que hoy se sigue denominando como gobierno de izquierda no es ni más ni menos que un gobierno de centro con cierta tendencia a doblarse a la derecha si se me permite, solo recordemos el reciente decreto del presidente limitando las protestas en la vía pública para salvaguardar el derecho de todos al traslado, especialmente de los que se resisten a sumarse a sus compañeros en un conflicto y carnerean.

Por otra parte no hace falta ser sociólogo ni un concienzudo analista para saber que el miedo en la población permite a cualquier gobierno de cualquier color político y filosofía mantenerse más tranquilo en el cargo porque el temor da réditos en aquellos que vociferan pidiendo seguridad y más tarde o más temprano serán también los vigilados, anotados y sistematizados en un futuro sistema policial que parece ser insoslayable.

Los medios masivos de comunicación en Uruguay han sido respetados a diferencia por ejemplo de lo que sucedió en la Argentina y ni que hablar en Venezuela, tenemos una libertad de prensa envidiable donde hasta los locutores más libertarios se tiran contra los sindicatos intentando orientar una lucha que solo compete a los trabajadores. Si es cierto que a veces los conflictos generan malestares en justamente los más pobres que siempre son los perjudicados, será por la escasa experiencia de los nuevos luchadores sociales o porque son quizás manipulados por ciertos sectores de la mal llamada “Ultra izquierda” y me atrevería a decir de propios sectores del gobierno con evidentes intereses a por determinado cargo.

¿Pero acaso no es de las asambleas donde se deciden las movilizaciones y del voto de los afiliados los dirigentes?

Por otra parte en este país siempre están los mismos, las mismas caras con sus consignas fieles a una lucha eterna entre explotadores y explotados que terminan perdonando lo imperdonable como en el caso del INAU donde todavía se trata de explicar lo que todo vimos en aquel video donde pateaban a dos chicos con al presencia de dirigentes sindicales.

Se me ocurre que el movimiento sindical debería depurar sus filas contra los que son trepadores y tratan de conseguir un cargo en el gobierno, léase ministerio de trabajo o lo que sea porque allí mismo nos demuestran que son políticos y no obreros y sabemos lo que son la mayoría de los políticos: Negociadores en el bien propio primero y después si se puede de los demás.

Estoy harto de escuchar a comunicadores como el nefasto Facho Álvarez poner el tema “Piqueteros” de Kapanga cuando hay una movilización callejera como cortina de su circo mediático o “Piñas van Piñas vienen” de 2 Minutos cuando surge un conflicto. Este sensacionalismo con menor tenor lo veo cada vez que por ejemplo hay paro en las escuelas o del transporte sin siquiera contemplar las diferentes voces de los conflictos y después que la gente saque sus conclusiones pero nos dan por tontos y comunicadores de quermese tratan de alentarnos contra los sindicatos.

Este articulo solo pretende llegar a aquellos que piensan que los sindicatos son un hato de tipos que no quieren trabajar y que hay otras maneras de conseguir las cosas, tratar de explicarles que durante toda la historia de la humanidad nunca un patrón, ni empresa ni nación le regaló nada a sus gentes y que los beneficios conseguidos hoy han sido producto de tremendas luchas donde muchos dirigentes han sido torturados, desaparecidos y muertos solamente por reclamar lo más justo del mundo: Vivir con dignidad.

Lamentablemente hay personas que se creen dueñas de la verdad desde su pituco estudio de radio o escritorio de un diario pero nunca se cagaron las manos trabajando o sufrieron de la explotación o el destrato dirigente.

Un comunicador debería saber que si tiene cierto prestigio es un generador de opinión y si lo sabe y utiliza su posición para orientar a la gente cual corderos es un cretino.

derechos por la lucha

No me importa si fue Penal

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Por: Darío Valle Risoto

Hace unos años un amigo me acercó la fotocopia de un artículo de Umberto Eco que ya lamentablemente perdido no lo he podido encontrar por más que lo he buscado aún en Internet. Dicho artículo era una irónica historia sobre él mismo subido a un tren y siendo presa de una conversación con un individuo sobre un tema que según parece es universal y casi insoslayable: el fútbol.

En esta anécdota Eco se preguntaba si la conversación pudo haber sido por ejemplo sobre arte y por ejemplo una cierta ejecución de una orquesta tratando de determinar tales o cuales instrumentos y la participación de los músicos, ejecutantes y director. Pero no, esta conversación fue sobre fútbol y el diletante de antemano lanza un tema quizás previendo que todos gustan de él y por lo tanto será apasionante para ambos.

Muchas veces me ha pasado y todas estas me he encontrado en la disyuntiva de ser sincero y decirle a quién me intercepta con este tema que no me interesa o tratar de parecer interesado por ejemplo en la última victoria de nacional, la capacidad de la celeste de clasificar para el próximo mundial o la trayectoria en el Barcelona de un jugador del que no conozco ni siquiera la cara que tiene.

Nada, absolutamente nada me interesa este deporte que ya hace tiempo ha dejado de serlo para transformarse en un enorme negocio que fagocita personas y devuelve estúpidos fanatizados por determinados colores y/o nacionalismos. Nunca me arrastró la marea de sentirme perteneciente a determinado cuadro, club o de estar identificado como oriental, uruguayo o lo que sea porque se logró algún puesto en cualquiera sea la copa de barrio, continente o de la galaxia.

El fútbol es una suerte de religión que convoca a pensadores y presidentes y exacerba aquellos instintos primarios tribales que a nada bueno nos conducen como personas y nos acercan a los criterios primordiales donde la tribu más poderosa vencerá a la más débil o en cambio se logrará la triste hazaña de que el cuadro menos calificado por una razón absolutamente azarosa venza a los favoritos del caso.

He caído en las garras de tremebundas conversaciones sobre fútbol tanto en ámbitos de trabajo como en institutos de estudio y debí permanecer absorto escuchando como el fanatismo comienza a traspasar las ideas para competir sobre quien tiene mayor cantidad de copas o los mejores colores, la hinchada más numerosa y hasta el estadio más grande, cuando no de que club es el decano y toda una suerte de tonterías que parecen la conversión de niños de cinco años sobre sus mejores juguetes.

Me ha tragado una insoportable atroz nube de aburrimiento escuchando a tipos pelearse sobre la posibilidad o no de que aquello fuera penal, de que hubiera posición adelantada o de que tal o cual juez estuviera comprado o fuera un vendido o una sarta de cosas por el estilo sobre un juego, si sobre un juego donde se tata de tener más goles de un lado por sobre el otro para ganar la enorme gloria de eso mismo: ganar un juego.

Y no solo hay una enorme cantidad de programas de televisión, de radio, revistas y sitios de Internet sobre fútbol que encima de ello hasta en programas que no se tratan de este tema se habla de fútbol tal como si de una invasión se tratara. Para colmo cuando se habla de este tema no se detiene nadie y se sigue y sigue repitiendo lugares comunes escuchados por quién suscribe desde siempre y lamentablemente para siempre según parece. Por increíble que parezca hay gente que conoce detalles de partidos, campeonatos y series desde años inmemoriales, nombres de jugadores, de técnicos, los marcadores y hasta anécdotas triviales como que jugaron a cierta altura o fue el gol número tal de aquel centro delantero que ahora juega en equis club.

La publicidad me ofrece juntar cierta cantidad de cupones para ir a conocer personalmente a ese jugador millonario que apenas sabe hablar pero tuvo la suerte de ser transferido a Europa y ahora es un nuevo rico aunque solamente sea bueno pateando la pelota. No me interesa, como tampoco me interesa ponerme una camiseta con su nombre o comprar esa afeitadora que usa el otro que también tuvo la suerte de ser una especie de primate goleador y que le ganó a miles de botijas que se quedaron en el potrero esperando el milagro de ser ídolos para una turba indiferenciada de personas iletradas y no tanto.

El futbol no es solamente el solaz y la locura de los tontos, he escuchado a personas muy inteligentes caer en el embudo del gusto por este deporte mundial que ocupa para muchos el centro de sus vidas y la define de principio a fin al grado de que podrá estallar una revolución cualquier día pero nunca durante una final de una copa o cuando juega su cuadro preferido.

Cuando era niño me preguntaban de que cuadro era y yo contestaba: de Peñarol, porque me gustaban sus colores, una sola vez los fui a ver con mi padre al estadio centenario con unos doce años y me pudrí como un condenado y después tuve un vecino que me llevaba a ver los partidos de inferiores del Club Nacional de Fútbol donde jugaba su hijo, quizás con la esperanza de que me pase a ese cuadro pero también me aburría a grados proverbiales, me dejó de llevar y hasta me ofendió diciéndome que seguro me habían dado muchos caramelos para ser de Peñarol. Un completo idiota el tipo.

El otro día vi a una chica muy atractiva que tenía tatuado el nombre de su cuadro en el brazo y me dio lástima, de verdad, creo que porque parece una chica inteligente y tal vez lo sea, como también todos los que en las redes sociales tienen interminables contiendas sobre el fútbol a grados que pocas veces son agradables y mucho menos respetuosos. Quizás lo bueno de todo esto es que este tema nos ayuda a conocer a quien tenemos delante y no porque siga a tal o cual cuadro sino por todo lo que está dispuesto a hacer en su honor.

Con los años me doy cuenta de que mi vida social se ha restringido bastante por ser anarquista y ateo pero por sobre todas las cosas porque detesto el fútbol y no puedo ver un solo partido sin dormirme a los cinco minutos sea cual sea, tampoco me puedo asociar a la idea de que unos tipos de camiseta celeste me representan aunque canten ese himno que se me impone solo porque nací de pura casualidad aquí, no me mueve ni una pestaña que ganen o pierdan pero si me molesta bastante que como a Umberto Eco cualquier individuo anónimo piense que debo interesarme o saber lo que ocurre sobre este tema solo porque soy un ser humano.

Aquel Uruguay que hubo

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Aquel Uruguay que hubo una vez.
Por: Darío Valle Risoto

Hubo un país de casas sin rejas, de puertas sin cerraduras, donde las alarmas solamente avisaban cuando se apagaban los hornos porque estaban listas las tortas de la abuela o los postres de mamá. Hubo mucho de aquello y queda poco de nada, abrigamos entonces la nostalgia de un tiempo pasado que tampoco fue mejor pero a la distancia parece más bueno.

Sin embargo esto es hijo de aquello y nada aparece porque si, entonces esto que no parece bueno es sin lugar a dudas el pago de algunos errores dejados de lado, de alguna basura barrida debajo de una alfombra que de pronto nos resultó pequeña.

Estamos en una encrucijada desde el día de una mentirosa independencia y tratamos de subsistir recordando con nostalgia y repitiendo aquellos rituales que nos dan una dudosa sensación de que tenemos identidad cuando en realidad vivimos peleando por cambiarla.

Absorbidos por el sistema capitalista estamos guardando nuestro miedo a plazo fijo y protegiendo con rejas y alarmas todo lo que creemos que es nuestro y sin embargo cualquier día puede volverse nada. A la seguridad la pagamos con el temor constante de que los marginados de una sociedad imperfecta nos acosen, nos acusen, nos arrebaten aquello que ellos creen que pude ser suyo y sin embargo no es ni siquiera nuestro.

Nuestra confortable prisión se llama tener los mejores electrodomésticos dentro de una cárcel de cristal que obedece al comando de los jefes de turno, ya sean economistas, políticos o estafadores, lo que viene siendo lo mismo a cartas vistas.

Hubo un país que nunca hubo pero que creemos existió y sin embargo era el padre de este país retardado, enfermo, torcido que nos quiere vender shoppings centers al plástico precio de la necesidad. Aquel país era y no era este, aquel Uruguay también tenía cosas de las que avergonzarse y dan cuenta de ello los desaparecidos, el abuso patronal, los estancieros latifundistas, los doctores que compraban votos con vino y chorizos.

Hubo un país, me dicen: de gente educada que tenía palabra que cumplir y trabajo que ofrecer al precio de la amistad. Hubo un país, me dicen, de políticos con dignidad, de policías honestos y militares que respetaban la constitución, hubo un país.
¿Hubo?

Cuba si, yanquis… también.

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Cuba si, yanquis… también
La Muerte de Fidel
Por: Darío Valle Risoto

Evidentemente la reciente muerte de Fidel Castro iba a reflotar una vieja discusión que parece no admitir términos medios, más como presunto anarquista intento encontrarle algunas explicaciones a esta cuestión que van más allá de lo que cada uno prefiera. Por otra parte definir a Castro como un dictador puede llegar a ser una posible palabra definitoria, más teñida de injusticia si tratamos de compararlo como lo hizo un periodista muy apreciado para mí con nada menos que Augusto Pinochet.

Desconocer que Fidel Castro y un grupo de revolucionarios llegaron para quitarle el poder a la dictadura de Fulgencio Baptista que con la anuencia de los Estados Unidos gobernaba por la fuerza la isla es no reconocer una verdad histórica indiscutible, que Cuba era el, cabaret, casino y prostíbulo de los yanquis mientras el pueblo se cagaba de hambre es tan cierto como que ninguna revolución puede llegar a tomar el poder sin cometer algunas injusticias y que luego de cada crisis de este tipo siempre habrá muertes y prisión de los enemigos, en definitiva enemigos de la mayoría del pueblo.

Perpetuarse luego a la cabeza de una revolución que por imperio de la necesidad o del oportunismo se volvió marxista es otra parte de la historia, recordemos que Cuba es una pequeña isla frente a los Estados Unidos y que desde que se ganó la revolución a la fecha, esta ha sido continuamente saboteada para derribar a Castro. Esto por supuesto que no justifica la pérdida de las libertades individuales de su gente pero al menos es una explicación posible.

El gran tema parece estar entre una forma de gobierno en que la salud y la educación están garantizadas universalmente para todos los ciudadanos pero se coartan las libertades y otras formas en las que hay libertad de opinión pero tanto la salud como la educación son parte de un mercado donde se compra lo que se puede y si no te jodes.

Cuando trato de explicarme a los comunistas y su amada: “Dictadura del proletariado” termino por preguntarme si de verdad ellos conocen tanto la condición humana que saben que la gente es hija del rigor y debe ser conducida por un grupo de iluminados hasta para lo que es mejor para ellos. Me duele comprobar que ni siquiera con el mejor sentido común las poblaciones parecen buscar su felicidad y en cambio prefieren adquirir imágenes difusas de esta, llamémosle a esto: Sociedad de consumo.

castro-chavez_ff22Por lo tanto creo que Fidel Castro de alguna forma ha sido para los cubanos como ese padre que amante y autoritario ha tratado de conseguir la felicidad para sus hijos con aciertos y errores como todo padre y que Cuba se descansó en su gran inteligencia y perspicacia aún dentro de un partido único que por supuesto que tuvo su parlamento y sus elecciones internas, pero que nunca se tomó la valiente opción de desprenderse del cordón umbilical del comandante. Veremos ahora que pasa.

Y si de los Estados Unidos se trata, creo que le dolió por siempre la insurrección de cuatro barbudos que le plantaron cara a uno de los imperios más grandes de la tierra pero que siempre luchó para no ser tomado como tal. Cuna de las libertades usamerica es un dechado de virtudes sobre la libertad de opinión y el derecho a protestar por lo que se quiera pero con un bipartidismo endémico que ofrece dos opciones de lo mismo mientras se solventa un gasto militar de los más grandes de la tierra y se mantiene en todo el planeta una suerte de vigilancia perpetua a por la democracia.

Por otro lado la cultura usamericana nos ha permeado a todos para bien y para mal, desde la Coca Cola, MC Donnals y por supuesto el cine y la música poco a poco nos fuimos volviendo rubios y con un chicle en nuestras bocas rozagantes de opiniones sobre la democracia pero paradójicamente contra cualquier intento de cambiar la explotación del hombre por el hombre.

Estados Unidos le ha dando innumerables cosas buenas al mundo, nos ha enseñado mucho y por sobre todas las cosas aprendimos de sus películas que un solo hombre puede cambiar la historia y ni hablar si está rodeado de compañeros leales o camaradas. Uno de ellos fue Fidel Castro.

¿Murió Fidel?

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La noticia anda dando vueltas y por su edad avanzada es de esperarse que sea cierta, más se me ocurre que Fidel Castro fue uno de los personajes significativos del siglo XX que dejó junto a Ernesto Guevara una llaga incurable en el corazón del capitalismo imperialista de todo el mundo. Podremos discrepar con el comunismo pero nadie puede negar que este grupo de Cubanos que desembarcó y derribó una dictadura por siempre apoyada por los Estados Unidos fue el ejemplo de que aún desde la inferioridad numérica y bélica el germen de la revolución puede voltear imperios.

Que en guerra descanses Fidel.

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Paren de Robar

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Por: Darío Valle Risoto

Un enorme edificio de la Iglesia Universal de dios hace ya un tiempo engalana la ignorancia de los montevideanos a pocas cuadras del Obelisco en plena avenida 18 de Julio. No es ninguna novedad que los tele evangélicos seudo brasileños le han ganado terreno a la ya de por si absurda iglesia católica en esto de la religión cristiana.

Lo primero que comienzo a pensar al ver tamaña construcción la que imagino por dentro no escatimará en lujos es: ¿De donde salió el dinero para tal erogación? ¿Quién financia las religiones? ¿Dios? … No creo que sea esto último porque no hay tal cosa.

El principal problema radica en la propia constitución de los uruguayos donde se defiende la libertad de cultos, es decir que se nos permite la absoluta libertad de creer en aquello que nos plazca sin censura y/o prohibiciones. Muy bonito pero además de ello no existe en nuestra legislación la posibilidad de que estas instituciones aporten el pago de sus impuestos como buenos hijos de vecino lo que produce una gran injusticia porque ellos no pagan impuestos y nosotros los trabajadores si lo hacemos.

Probablemente esto parta de un viejo entendido en el sentido de que los hombres necesitan que se les respete su fe aún dentro de la estafa absoluta no solo al sentido común sino y por sobre todas las cosas a sus dineros. Porque del diezmo y colaboraciones es que se sirven estos HDP para tener no solo estos edificios sino también publicaciones, programas y hasta radios propias, audiciones de televisión y lo que se les antoje a la hora de divulgar lo que ellos entienden es la palabra de dios.

No es casualidad que este país esté pasando por una enorme crisis en su sistema educativo, aún en los colegios pagos religiosos y en los laicos también, hay un franco deterioro en los conocimientos y por ende una caída en aspectos tales como la comprensión lectora y la escritura. A esto sumemos que estamos dentro del fenómeno mundial de la sociedad de consumo, la misma que produce amplios sectores insatisfechos en sus necesidades no solo básicas, también en las adquiridas y de sus frustraciones nace quizás esa ambición por explicarse el mundo a través de absurdos tales como esta fantasía de la Biblia y su señor Resucristo.

Una persona creyente en lo que sea es más fácil de dominar porque cualquier sistema religioso implica que sus acólitos sigan determinadas normas de vida y más que nada a líderes que indefectiblemente terminarán usufructuando su poder al servicio del abuso y desde luego que de la opresión. Ya lo sostuvo Marx, yo no invento nada con esto. No voy a explayarme en los enfermitos que de ojos cerrados también suelen creer en sistemas políticos dictatoriales disfrazados de socialismo.

Lo peor de todo esto se me ocurre es que la mayoría de la gente da sus dineros en una acción voluntaria porque creen que es su deber o el producto de su fe en este dios que maravillosamente no tiene absolutamente un maldito pastor o sacerdote que les diga por ejemplo: __No señora, no usted lo necesita más que nosotros. ¿Habrá algún caso? Me atrevo a decir que si lo hay es porque ya la tienen toda hecha y se pueden dar el lujo de ser tan falsos como toda su mitología del Jesús que no paga impuestos.

Así mis amigos que hay de sobra en el Uruguay religiones para todo gusto y locura, desde las afroumbandistas, pasando por Mormones, Pentecostales, testigos de Jehová, Pare de Sufrir, Dios es amor y solamente nos falta tener un par de Mezquitas para completar el cartón del genocidio intelectual.

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