Marx en los Grillos, la novela de Artigas Gonzáles

sag oct 1 003

Marx en los Grillos
Por: Darío Valle Risoto

Este libro tiene dos factores muy importantes para hacerse de un ejemplar: en primer lugar y el más determinante es que es un excelente libro, una novela costumbrista autobiográfica donde solo el autor sabe que hay de fantasía o no en cada relato sobre su vida en un ignoto pueblo o ciudad del interior del país donde crece entre un padre con un trabajo muy poco ortodoxo y una madre testigo de Jehová. Nada más debo adelantarles porque sería quitarles el hambre con que me lo leí en poco más de dos días y eso que cuento con el tiempo muy acotado, pero no lo podía dejar así como así.

Dicen que es mejor escribir de lo que se conoce y Artigas Gonzáles me confesó que le costó mucho hacerlo por más que contó con colaboradores en este difícil arte de poner en palabras la cosa humana pero la verdad que para ser un escritor novel, no lo parece para nada. “Marx en los Grillos” es un título muy adecuado, ustedes verán porque, además este fantástico título encierra quizás uno de los mensajes sobre esta vida en que sin saberlo todos somos políticos pero mucho antes seres humanos.

La segunda razón que potencia este libro es que el autor, militante del sindicato gráfico y por estos tiempos presidente del mismo (Sindicato al que pertenezco hace más de 30 años) ha donado todo el concepto de ventas y derechos de autor a los compañeros de la imprenta Polo hoy ocupada desde hace más de nueve meses por sus trabajadores luego de que sus dueños desmantelaran prácticamente la empresa dejándolos sin sueldos y en una situación de lucha que solamente se puede sustentar por medio de actos solidarios y combativos como el que les relato.

Si están en Montevideo pasen por la calle Paysandú a pocos metros de avenida Rondeau y en la misma impresora Polo podrán comprar un ejemplar de este maravilloso libro que está tan bien escrito que uno lo termina con la pena en que se abandona a un ser querido aunque ahora estoy releyendo algunos relatos porque hay capítulos realmente fabulosos.

Anuncios

Black Mirror: 15 millones de méritos

15 millones 1

15 Millones de Méritos
Por: Darío Valle Risoto

No se trata de un simple capítulo unitario de la serie: “Black Mirror” sino de una obra maestra que no pierde mérito al tratar una cruda realidad sobre nuestra potencial esclavitud de los medios electrónicos que nosotros mismos nos regalamos para matar el tedio y quizás ¿Por qué no?: ganarnos la vida.

Hay una larga lista de obras previas desde las inspiradas en la literatura de Orwell hasta excelentes películas como: “Brasil”, “Están vivos”, “Matrix”, “Brave New World” de la novela de Hustley llamada en castellano: “Un mundo feliz” e innumerables capítulos de la dimensión desconocida, etc.

El cine y la televisión paradójicamente cuando revisten cierta calidad auto crítica nos devuelven algún trabajo donde vemos en que nos vamos convirtiendo a merced de nuestros “chupetes” electrónicos y esta cosa nueva de Internet de estar conectados todo el tiempo y abundan entonces las preguntas, más las respuestas siempre tienen el tono de un final abierto o demasiado cerrado como para aceptarlo sin suicidarnos, de eso se trata 15 millones de méritos.

Vivimos rodeados de publicidad comprando servicios que estamos prácticamente obligados a consumir por el simple hecho de que están allí y nos los ofrecen. Los realityes shows, en este caso uno de esos tipos: “The Voice” donde cantantes se sacrifican para ser diseccionados en público y otro  donde se pone en ridículo a los gordos para beneplácito de miles de personas identificadas por sus avatares, están lejos de ser de un futuro lejano sino que forman parte de nuestro presente.

Pedalear durante horas para juntar energía para conseguir sueños artificiales será lo mismo que trabajar toda una semana para ir a pasear al Shopping a comprar porquerías. El esfuerzo, el mérito se acumula para ser usado en nuestras necesidades más inmediatas pero estas no siempre dependen de nuestra voluntad.

El protagonista se juega sus puntos ganados en la bicicleta fija por una chica que ama y quiere cantar, pero ella termina siendo contaminada por ese show pero en un rol muy diferente mientras que todo se va transformando de una gran cápsula, una pantalla con opciones limitadas llamada: vida o en una prisión inexpugnable. La publicidad nos persigue allí donde pongamos los ojos e inútil será cerrarlos, y hasta finalmente parecerá un fracaso tratar de salirse de este sistema porque hasta los disidentes son absorbidos por el mismo show.
¿Será verdad?

15 millones 2

El Uruguay feudal pero con Internet

BASTA

El Uruguay feudal pero con Internet
Por: Darío Valle Risoto

Hace unos días conmovió a la mayoría de la opinión publica y no solo de nuestro país la noticia de que un peón rural había sido agredido por el capataz y amenazado por su patrón con una cuchilla porque reclamó el pago de las horas extras ya que diariamente excedía las ocho horas legales para trabajar en el establecimiento.

Esta estancia está en Salto, un departamento muy lejano de la capital pero eso no significa que casos como esta o parecidas no sean tristemente habituales en el Uruguay rural.

Afortunadamente los medios y la población nos enteramos de esto y se obró con la mayor celeridad en cuanto al tema judicial por el ataque, así como en entorno de las denuncias de carácter laboral a las que tendrá que hacerles frente el patrón agresor.

Una de las aristas colaterales del asunto pero no menos tristes o patéticas es que mediante las redes casi inmediatamente se sembraron todas suerte de habladurías sobre los móviles de este vil ataque intentando tal vez ponerse del lado de los agresores o porque de alguna manera piensan que un peón rural de clase pobre bien debe merecer unos azotes dado el caso o simplemente porque son unos inadaptados con ordenador. Espero como dijo su abogado defensor se rastreen estos viles comentarios y se les pidan pruebas en cada caso.

Volviendo al mundo real cuando me enteré de esto me puse a pensar en los largos años que trabajé en el gremio gráfico y lejos de recibir agresiones físicas los primeros años tuve que aguantar presiones verbales muy fuertes o ser testigo de cómo se maltrataba a compañeros que carecían de mi facilidad para hacerles frente a los supervisores.

Por otro lado también recuerdo la noticia y espero que esta haya sido infundada porque sería simplemente siniestra, de que en algunos supermercados se les hacía usar a las cajeras pañales geriátricos para que no abandonen sus puestos. Realmente espero que esto jamás haya pasado.

En síntesis aún en estos tiempos donde los derechos laborales en el Uruguay cuentan con los gremios y sindicatos como garantes y con un gobierno bastante afín, claro, dentro de un sistema neo liberal, es notorio que nos falta mucho en aquellos sectores donde hay distancias y pocas personas que oficien al menos como testigos para combatir este Uruguay feudal que en pleno siglo XXI sigue dando lástima.

En el ámbito fabril me encontré muchas veces con la situación extraña de aquellos que defienden siempre al patrón por ser más poderoso o porque temen perder sus puestos de trabajo, aún en situaciones terribles me tuve que enfrentar a muchos compañeros que cual niños que sueñan con Santa Claus creen que el patrón les hace un favor con darles trabajo y por lo tanto les he visto aguantar más de cuatro cosas. Pensemos también en las empleadas domésticas: “La muchacha que nos ayuda”, en su explotación y en la carencia de protección dentro de una familia ajena y a veces con cama adentro.

Hace unos años una acaudalada familia de este país traía empleadas domésticas de Bolivia, les retenía los pasaportes y las pagaba lo que quería y cuanto quería, se habló un tiempo del tema pero ya ha desaparecido, esperemos que el ministerio de trabajo siga de cerca este tipo de dramas que en definitiva no le hacen ningún bien a nadie por más que unos entupidos fascistas en las redes sostengan lo contrario.

Aquellas zafras en la Imprenta

folding-machine

Aquellas Zafras de la imprenta
Por: Darío Valle Risoto

La primera sirena sonaba a las seis y veinte y la segunda a las seis y media para dar el último aviso de entrar a trabajar.

Entré en 1982, cuando la dictadura daba sus últimos estertores pero quizás aún este servidor no había llegado a comprender que hay diversas formas de someter a los hombres y no solo bajo gobiernos cívico-militares.
Los talleres estaban dentro de un gigantesco edificio edificado especialmente para albergar una de los talleres gráficos más grandes del país con capacidad para tener trabajando a varios cientos de obreros dentro de sus tres secciones sin contar los depósitos ni las oficinas.

Tenía diecinueve años y la experiencia de haber trabajado en una pequeña fábrica de carteras casi familiar, por lo que en mi primer día me impactó ver en la encuadernación un enorme movimiento, ruido de máquinas y voces de los empleados que como yo temporales entrábamos a producir para la época de zafra principalmente miles de cuadernos escolares.

En aquel momento tuve la equivocada convicción de que no iba a durar mucho, pero al terminar la zafra quedé efectivo, quizás porque rápidamente aprendí a manejarme en algunas tareas como la máquina de engrampar automática y ser buen ayudante tanto de cortadores como de la máquina de doblar la que a la postre sería donde terminaría siendo oficial durante varios años.

Desafortunadamente los talleres Barreiro y Ramos eran un lugar donde había un ambiente de trabajo signado por un montón de absurdos reglamentos que iban: desde marcar una tarjeta de producción que incluía un máximo de quince minutos diarios “de baño” hasta ser sometidos al arbitrio de tres supervisores más preocupados de que la gente trabaje incómoda que de que se produzca con eficiencia y calidad.

Lo único bueno que los trece años que me tuvieron dentro de esos recintos trabajando en prácticamente todas las máquinas de encuadernación pero siempre al mísero sueldo de la categoría tres, fueron dos compañeros que conocí allí: el primero fue Eduardo Romero, gran anarquista y quien me enseñó todo lo que ahora me lleva a escribir sobre este período de mi vida y el otro fue: Juan Torradefló, un personaje fabuloso que me instruyó en la épica del rock con todo lo que esto ha significado y significa en mi vida. Con Juan fuimos grandes amigos y con Eduardo tuvimos más una relación de compañerismo en el trabajo más por el lado sindical lo que no evitó que fuéramos fuera de esos recintos también amigos aunque no tan cercanos como lo fuimos con Juan.

El resto del personal tenía como en todos lados a todo tipo de personas y con el correr de los años si bien siempre me llevé bien con casi todo el mundo, rápidamente comencé a darme cuenta de que a veces los propios obreros son los artífices de su propia explotación, permitiendo se los destrate a cambio de promesas constantes o de una mejora salarial que indefectiblemente nunca llega o sirve para sacarlos de la pobreza económica o de su miseria intelectual.

Así sin proponérmelo me volví un escéptico anarquista, ateo y amante del heavy metal que desde la muerte de mi padre en 1983 quedé al frente de mi casa y tratando de “apechugar” contra una situación económica que recién llegó a mejorar un poco después de que renuncié para irme a otra imprenta en 1994 a ganar mucho más y donde por primera vez en mi vida trabajé cómodo, aunque en ese caso el mal ambiente de trabajo no venía de la patronal sino de algunos compañeros realmente miserables como personas. Pero eso será otra historia.

La zafra iba prácticamente desde noviembre a marzo con algunas pequeñas diferencias, principalmente se fabricaban miles de cuadernos para la escuela, cuadernolas universitarias y los eternos libros del Banco de Seguros del Estado que me tocó doblar en mi máquina durante varios años. Pensemos que era unos ochenta mil ejemplares de un libro de diez pliegos por lo que había que trabajar tres turnos en la máquina de doblar siempre con la exigencia de más y más producción.

A poco de quedar a cargo de la dobladora me percato que mi sueldo estaba más sumergido que el de muchas otras tareas por un error en la evaluación hecha sobre estas muchos años antes, así que mi categoría era la tres mientras que por ejemplo un compañero en otras tareas menores cobraba la cinco.

Lo peor de esto es que nunca me iban a aumentar por encima de mi categoría ya que alrededor del año 86 ya me habían calificado como un “sindicalista”, “agitador” y quien sabe que bellezas más y todo porque en las asambleas solía tomar la palabra y militaba con regularidad en el sindicato gráfico. Todo dicho, más realistas que el rey creo que me veían como una especie de: “Che Guevara” y eso probablemente porque había gente que le chismeaba a los supervisores una sarta de estupideces sobre mi que hoy día me llenan solamente de orgullo.

Y si bien siempre fui una persona educada, desde un principio me di cuenta de que los mandos medios son una verdadera mierda y que si estos trabajan para patrones que los mantienen en sus puestos, por algo será por más que algunos ingenuos creían que los patrones estaban ajenos a esto. De esta manera como mi situación económica era muy endeble y porque afortunadamente podía ir a estudiar de noche me mantuve trabajando allí con el pleno conocimiento de que estaba rodeado de gente extraña a mis convicciones tanto de un lado como del otro del mostrador.

Eduardo fue delegado suplente durante todos los años en que trabajamos juntos, recuerdo montones de situaciones yendo al sindicato, verlo en pleno invierno gastando plata de su propio sueldo para colaborar con una olla sindical o yéndose desde la teja al sindicato a pie por negarse a pedir dinero para el boleto. Eduardo era un libertario de verdad que se dolía y mucho de ver cuando los compañeros eran unos alcahuetes con los jefes, como aquella flaca estúpida que salió del taller para felicitar al patrón porque había cambiado el auto.

Hubo cientos de situaciones que me hicieron reflexionar sobre la proverbial miseria de los obreros que carecen de conciencia por más que de la boca para afuera defiendan supuestamente pensamientos de izquierda. Hubo un oficial cortador de guillotina que cobraba suculentos sobre sueldos por súper producción todos los meses y el tipo era socialista. Hasta que un día le dije que el explotaba a los ayudantes haciéndoles correr como locos para cobrar más dinero y estos recibían un salario mínimo.

¿Y se creía socialista? Desde luego que casi me pega una piña y el tipo era enorme, nunca más me pusieron a ayudarlo por esto y porque curiosamente cuando yo le ayudaba el tipo no podía producir tanto ya que este servidor se volvía sorprendentemente lento.

Con Juan en cambio nuestra amistad giraba en torno a la música y mejor afuera del taller, porque adentro discrepábamos mucho con el tema laboral sobretodo porque el trabajaba en una sección llamada “Valores” (Se imprimían chequeras, etc) donde entraban solo los acomodados que metía algún jefe o supervisor y resultaba de esto una pequeña élite de casi “empleados públicos” que en cierto conflicto casi convencen de no parar porque su trabajo era: “Esencial” por lo que me vi exigido de hacerlo público en una asamblea general del sindicato con las consiguientes amenazas de “cagarme a piñas” de uno de sus colegas que también se creía socialista y casi se vende por unos pesos de porquería.

Todos los años seguían entrando decenas de compañeros solamente por tres meses, y siempre tanto Eduardo como un servidor nos hacíamos amigos de los nuevos, tratábamos de hacerles las tareas más fáciles y de combatir ese estúpido concepto de: “Pagar derecho de piso” con esa abominable costumbre de complicarles la vida a los novatos de algunos imbéciles de poca memoria porque alguna vez ellos también fueron nuevos y torpes.

Esto traía aparejado que los supervisores les pidieran a los nuevos que no se juntaran con nosotros y siempre sucedía todo lo contrario al punto de que a la hora del descanso siempre terminábamos comiendo tanto Eduardo como yo rodeados de un montón de pibes que se mataban de la risa de nuestros chistes y anécdotas.

Y lo primero que les decíamos era que no creyeran que iban a quedar efectivos todos, que era duro pero era cierto y que las promesas de aumento de sueldo y efectividad eran una verdadera mierda, lamentablemente los pocos que no nos creían lo comprobaban cuando expiraba su contrato y se quedaban en la calle después de agachar el lomo todo un verano muchas veces doce horas de lunes a sábado y yendo los domingos también.

¿De que sirvió todo esto?
Los talleres Barreiro y Ramos se terminaron cerrando por el año noventa y ocho más o menos, yo ya no estaba allá pero como vivía a la vuelta más o menos seguí de cerca todo el tema de cómo dejaron en la calle a más de ochenta personas y sin siquiera el merecido despido que la mayoría cobraron al 50% unos años después.

¿De que sirvió pasarse veranos enteros trabajando de sol a sol?
Las empresas se funden pero no los empresarios, los trabajadores siguen siendo trabajadores y habrán de buscarse otro explotador para seguir sobre viviendo mientras estos señores se reciclan constantemente en nuevas empresas y siempre se quejan de los sindicatos.

A todo esto tengo la satisfacción que recordé siempre lo que decía mi padre: “Hay que trabajar para vivir y no vivir para trabajar” por lo que pronto dejé de hacer extras en los talleres Barreiro y mi limité a vivir con ese sueldo miserable de la mejor forma posible pero disfrutando de mi tiempo libre para estudiar o para rascarme y no me arrepiento. Aún tengo el hermoso recuerdo de salir en verano a las catorce y treinta e irnos a la playa con Eduardo mientras la mayoría del plantel se quedaba haciendo extras y eso no tiene precio.

Lamentablemente Eduardo Y Juan fallecieron hace años, fueron dos personas fundamentales en mi vida y a ellos está dedicado este humilde artículo.

Izquierdas sudamericanas: ¿Un fracaso exitoso?

che chavez

Izquierdas sudamericanas: ¿Un fracasó exitoso?
Por: Darío Valle Risoto

Dicen que la historia repite ciertos ciclos, pero si esto es verdad esperamos demasiado tiempo para que en este continente la izquierda tuviera el poder o mejor dicho: “el gobierno” que como veremos a lo largo de este artículo no son necesariamente lo mismo.
Ya no quedan dudas de la incidencia de la política de los Estados Unidos en nuestras tierras desde que esta maravillosa nación se transformó en la más poderosa de la tierra. Si yo les menciono el “Plan Cóndor” muy pocos de ustedes estarán ignorantes de lo que estas dos palabras significan con dictaduras, tortura, desaparecidos no solo para frenar el supuesto avance del comunismo luego de la revolución cubana, sino para asegurar una fuente inagotable de materias primas que aún lo seguimos siendo y al bajo precio de la necesidad.

Por lo tanto la izquierda floreció unida y latinoamericanista durante las diversas dictaduras resistiendo de mil formas en estos países y casi sin excepciones con la figura emblemática de Ernesto Che Guevara como ejemplo didáctico de lo que debe ser el hombre nuevo. Con diferentes matices las izquierdas o al menos los “centros” progresistas tarde pero seguro tomaron los gobiernos por medio de elecciones democráticas y libres tras décadas de soportar gobiernos de derecha obsecuentes y genuflexos al poder capitalista sumisos al fondo monetario internacional con todo lo que esto significó en la pobreza y atraso de nuestros pueblos.

Pero pasar al otro lado del mostrador trajo aparejado todo lo que en estos momentos estamos viviendo casi sin excepciones comenzando con la debacle venezolana, pasando por Brasil, Argentina y los diversos “deslices” que se pretenden investigar en el Uruguay sin olvidarnos de Bolivia, Ecuador y Perú. Colombia no ha tenido cambios porque sigue manteniendo esa hermosa hermandad con el gran hermano del norte y Chile más o menos navega entre una derecha heredera de Pinochet y una izquierda bastante errática si se me permite. Paraguay ha tenido también su digamos: “primavera de izquierda” pero ha vuelto a su habitual bajo perfil.

“Corrupción” es la palabra, prácticamente todos los gobiernos son investigados por mantener una relación de corruptela con las grandes empresas transnacionales o nacionales indefectiblemente ligadas a capitales extranjeros y ya sabemos en su mayoría de donde provienen sus filiales. He aquí la pregunta del millón: __ ¿Es posible mantener un gobierno populista sin transar por debajo de la mesa con estos mafiosos?

Difícil para responderlo y menos de parte de su servidor que lejos está de ser un politólogo, sociólogo o urólogo ya que por esto último creo que nos han metido el dedo allá mismo durante toda nuestra historia y salvo el emblemático caso de Cuba y casi casi Venezuela no hemos podido enfrentar con una verdadera revolución social este estado de cosas.

Otro tema que me ha rondado la cabeza es comparar la corrupción de la derecha con la de la izquierda. No, no estoy loco, porque las derechas robaron de lo lindo manteniendo a los pueblos con hambre y acrecentando por miles o millones los focos de pobreza e indigencia de este continente, al menos las izquierdas o gobiernos progresistas si bien corruptos como parece no caber duda: Han repartido bastante mejor las migajas de este feroz capitalismo suicida que nos toca vivir y es elocuente lo que han hecho los gobiernos de Evo, Lula, Kirchner, Vázquez, etc. al menos abatiendo un tantito aquella especie de bola de nieve que sumía cada día más y más en la miseria a nuestro continente. Las cifras son elocuentes aunque claro que falta mucho aún.

Es indudable por ejemplo que en el Uruguay se han restaurado los derechos de los trabajadores, volvieron los consejos de salarios que los hijos de puta de la derecha habían cercenado, con perdón de la palabra, pero no se me ocurre otro epíteto. Pero por otro lado le hemos ladeado la cabeza al tema de los derechos humanos y aún estamos por saber que pasó y como desaparecieron nuestras víctimas de la dictadura.
Tampoco hemos solucionado el tema de la vivienda de la mayoría de los uruguayos y seguimos manteniendo una política neoliberal en lo económico pero peor aún “en lo sicológico” de una población que le fue perdiendo el rumbo al hombre nuevo que mencionamos antes y que tanto unía a Latinoamérica.

Así que el rótulo de “gobierno de izquierda” nos queda más que grande a los uruguayos y será mejor utilizar el eufemismo de: “Progresista” por aquello de que es mejor que los pobres puedan comprarse sus celulares y los que duermen en la calle ahora tengan colchones cuando antes dormían sobre cartones. Cuestión de comparar.

Otro tema que me preocupa es la soberbia de algunos gobernantes que van perdiendo la calidad de servidores públicos y de representantes del pueblo para transformarse en una especie de avatares o gurues de lo que mejor nos conviene a los trabajadores y estudiantes, solventando toda su dialéctica en una especie de doble discurso populista que admite sin dilaciones que el mundo ya está resuelto como: capitalista, consumidor y explotador y no hay nada que lo cambie. ¿Globalización?
Desde luego que en unos quince o veinte años de gobiernos “populares” fuimos creando un ejército de empleados del estado con muy buenos beneficios y a todas voces ligados a sus filiaciones políticas antes que a un necesario código ético.

Un ejemplo elocuente salvo honrosas excepciones es la pauperización de los sistemas educativos en nuestras tierras, deterioro que por supuesto venía de antes ya que para la sociedad de consumo alcanza con saber trabajar y comprar para que un ciudadano sea funcional y nada de espíritu crítico porque eso molesta y bastante a cualquier centro de poder sea del color que sea. A los soberbios antes mencionados les molesta mucho ser denunciados por el pueblo e indefectiblemente tendrán la carta en la manga de una conspiración venida de tierras del norte que podrá ser cierta más los hechos son hechos y si eres corrupto lo eres y listo. ¿O el fin es superior a los medios?

Así que volviendo al título podríamos decir que las izquierdas con todos sus matices parecen haber fracasado por sus manifiestas denuncias de corrupción que enlodan a personajes de la talla de un Lula, Cristina Kirchner, José Mujica, etc. que podrán gustarnos o no pero en su momento representaron la esperanza de muchos años de esperar que la tortilla se de vuelta aunque quizás por no romper muchos huevos ahora se esté pagando el precio de pactar con las grandes mafias económicas y todo en nombre de la paz.

En esto han tenido puntual importancia los grandes medios de comunicación que siguen siendo hijos directos de un concepto conservador y de derechas en todo el continente, aquellos gobiernos que los enfrentaron han tenido y tienen que lidiar con información sesgada y mentirosa y los que pactaron con estos cretinos debieron pagar el costo que significa dormir con el enemigo.

TABARE Y BUSH

Una vuelta a las derechas parece insoslayable, porque la gente no parece creer en terceras alternativas que si las hay y ahora procurará volver a apostar a los herederos de aquellos inefables estafadores hijos del imperio que antes nos gobernaron con sus históricos expolios desde el Río Bravo a la Antártida. Al menos tengo el consuelo de que estos años en que hemos recuperado algunos de nuestros derechos inalienables nos sirvan para que no nos los vuelvan a quitar de un día para el otro. La opción libertaria siempre estará allí.

 

El Cascabel

FB_IMG_1485848877502El cascabel
Por: Darío Valle Risoto

Un discurso responsable
En la escuela y después en el trabajo
Viva la patria y basta de relajo
Que hay que trabajar sin parar.

Hay que seguir a los señores
A los abogados y a los doctores
Que saben de los discursos
Que no machetean recursos
Aunque de vos venga la plata
Y de dios todas sus promesas.

Seguir laburando y envejecer
Cruzando los dedos al jubilarse
Nunca putear hay que callarse
Ellos saben lo que hay que hacer
Aunque nos vendan el país
Y nos endeuden hasta la reencarnación.

Podremos ver la humillación
De vivir de asistencialismo
El estado y su oportunismo
Somos su carne de cañón.

El humilde en su ambición
Compra futbol, compra celular
Tiene tarjeta para pagar
Y disfruta su reggaeton
Vive en casas de cartón
Pero mira a Mirtha Legrand
Cagar más grande que el culo.
Vaya tristeza inmoral
De un idioma particular
Y socializarnos la miseria
Tanto material como moral.

Lindo discurso de izquierda
Y economía neoliberal
Buena forma de disfrazar
Que el sistema no ha cambiado
Sigue habiendo impunidad
Y el rico nunca fue frenado.

¿Que será revolución?
Sin sangre no hay morcillas
Ni omelettes sin romper los huevos
Pero quien le pone
¿El cascabel al tigre?

Cuando dormíamos con la puerta abierta

Primus y alcusa

Cuando dormíamos con la puerta abierta
Por: Darío Valle Risoto

En una página que se dedica a publicar fotos de Montevideo antiguo leí una serie de consideraciones de gente que presumo de avanzada edad, añorando un Uruguay que supuestamente existió y presuntamente ha dejado de ser tal cual era en este convulsionado tiempo presente. Por lo pronto no es la primera vez que escucho a gente añorar los tiempos en que: “Dejábamos la puerta de casa abierta” o “La bicicleta afuera” y no pasaba nada.

De alguna manera eso puede ser cierto porque algunas cosas han cambiado para peor y otras para mejor, tampoco me parece digno de añoranzas que antes por ejemplo: todos nuestros vecinos sabían de nosotros y nosotros de ellos y también sabíamos que aquel vecino llegaba alcohólico y cagaba a su mujer a golpes y no hacíamos nada o que pegarles a nuestros hijos era parte de su educación hasta con un cinturón si era necesario.

La nostalgia es una tremenda fabuladora de un mundo irreal que tratamos de armar recogiendo una serie de recuerdos idealizados porque en esa época quizás éramos jóvenes y bastante más ciegos de una realidad que hoy “redes sociales” mediante, nos muestra lo miserables que podemos ser los seres humanos pero también lo increíblemente generosos. La cuestión es saber elegir al tomar nuestra posición en la vida.

Siempre hubo injusticias pero quizás no las veíamos o intentábamos no verlas recogidos al abrigo confortable de nuestro barrio y de nuestras familias. pero aquellos que nacimos, fuimos y seremos pobres económicamente sabemos que nunca fue fácil vivir en este país para los que tenemos esta condición social y que hubo muchas necesidades insatisfechas e injusticias que masticarse sobretodo durante las duras épocas de la dictadura cívico militar desde 1973 a 1985 pero que comenzó antes y se alargó con gobiernos de derecha hasta este hoy también con muchas injusticias pero que a algunos nos hace plantarle cara a la realidad sin las anteojeras de idealizar una gran mentira.

Inútil sería hacerles un racconto de la violencia cotidiana que viví en mi barrio, en mi escuela y luego en el liceo públicos, de la ignorancia que hacía de la mujer una propiedad para el hombre y un desdén hasta para las otras mujeres si se daba el caso de que ella dejara al tipo para irse con otro. La manipulación de los niños por parte de los padres separados que hoy es denunciado era cosa cotidiana, la violencia contra los animales, el desdén por cuidar la ciudad que aún persiste siempre existió y la terrible situación de mujeres que llegaban a la comisaría para denunciar una violación y el oficial les preguntaba cosas como: __¿Usted estaba vestida así?

La acusación entre vecinos de ser comunistas y al discriminación a los negros, los homosexuales y los niños con síndrome de dawn llamados: Mongólicos, la violencia antes era tal como ahora, pero quizás no la veíamos o hacíamos que no nos dábamos cuenta.
Así que dormir con la puerta abierta y que no nos roben no era nada, comparado con la pasividad generalizada de nuestros buenos parientes y vecinos en un país donde la injusticia parió y sigue pariendo pobreza económica y de la otra, tal vez la peor.

FIN