La caldera (Cuento)

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La Caldera
Por: Darío Valle Risoto

La caldera silbó como si atacaran los nazis sobre Londres en una de esas películas de la segunda guerra mundial. Camilo se levantó de la catrera de un salto y fue a apagar el Primus. Eso ya le había pasado como en cuatro cuentos, siempre lo mismo.
Se rascó la cabeza de cabellos ralos y canosos, escupió dentro del lavatorio y observó una baba verdosa caer lentamente junto a restos de la cena de la noche anterior. Eran eso de las diez de la mañana y el mundo ya se había despertado sin avisarle.

La gata pasó de cola parada y fue a cagar a la caja junto a la puerta del baño. Camilo se preguntó si estaba tan dormido porque olvidó cuando puso la caldera, si fue otra persona, si se puso sola, pero allí estaba el agua caliente pal mate.
Buscó el mate que tenía restos de yerba negra podrida y un olor espantoso, lo tiró a la basura y puso yerba en un vaso de esos que vienen con mermelada o porquerías del estilo, mojó la yerba y se cebó el primero, la bombilla también estaba sucia pero le importó un carajo.

La gata dejó un olor a mierda que pronto comenzó a llenar todo el pequeño apartamento, tuvo que abrir una ventana que daba a la calle Paysandú y penetró un amigable aroma a nafta, goma de coches y basura de los tarros desparramados en la vereda.
__ ¡Puta madre!, ¡país de mierda! __Dijo como siempre descontento y se rascó las bolas antes de tratar de pegarse una ducha pero el agua escaseaba, un puto hilo de líquido elemento no alcanzaba para nada, así que se pegó una enjuagada con algo de lo que había quedado en la caldera y agua de un balde que vaya a saber para que lo había llenado antes.
El jabón Espadol olía a laboratorio pero limpiaba, ya medio aseado se sentó, puso clarín y tomó unos mates mientras la gata se acercaba y le daba cabezazos a su pierna izquierda buscando cariño.

__ ¡Salí gata puta! __Le gritó y ella llena de recelo se fue de culo parado a sentarse en el sillón para mirarlo con gesto insultante.
El veterano pensó en que esto le había pasado a él y a otros hombres solos, la misma sucesión de actos mecánicos y pletóricos de monstruosa rutina serpenteante y caníbal. Pensó en todos los solitarios veteranos de la tierra escuchando tangos mientras el mundo bestial espera afuera para tragarse su porquería.
Tal vez los otros también se habían bañado y afeitado, probablemente alguno más alcohólico hubiera tenido whisky o ginebra, ¿Cuándo fue de la última ginebra?

Recordó el Bar: La Bomba allá en la unión y aquel borracho de bigotes jodiendolo todo poniéndose a insultar a troche y moche buscando catinga entre los parroquianos que al parecer lo conocían porque ni pelota.
¿Pa que mierda acordarse de esas cosas?
Y al final unos negros que estaban templando un tambor al lado del cordón de la vereda se lo llevaron conversándolo y vio como en la esquina le sacaban la plata del bolsillo y entonces salió envalentonado y eso que solo habían sido cuatro ginebras.

__ ¡Negros de mierda, no roben ché!

Y era de esperarse, lo cagaron a trompadas y también lo robaron.

Así se conocieron con “El Tito”.
Y el tipo tenía como cuatro hijas y las dos mayores changaban en Boulevard Artigas y las menores iban a un colegio de monjas lo que no deja de ser una buena cosa para prepararlas luego para seguir la profesión de las grandes, la mujer también había sido puta pero estaba retirada aunque conservaba ese clásico movimiento de caderas y la desfachatez del oficio.

Luego conoció a Mariana que era la hermana menor del Tito y para su asombro era una mujer decente aunque algo extraña porque hablaba bien y se vestía mejor, en esos tiempos se enamoró de la moza como un pelotudo y hasta la invitó a irse a vivir al convento pero ella no quiso.
__ Me voy al Canadá la semana que viene, me están buscando los tiras.
__ ¿Vos no serás tupamara?
__ Y vos deberías sacarte las anteojeras que no sos caballo. __Le dijo y lo ofendió porque él aunque iba a un club colorado conocía de la miseria de la calle. Pero más lo jodió que se fuera a ir porque le había entrado fiero el flechazo.

Esa borrachera fue inolvidable, era Julio del setenta y tres, tiempos feos para él y para el país. Mariana se fue nomás y la gente comenzaba a ponerse cada día más oscura, más subversiva.
__ Yo se que vos estaban copado con mi hermana, pero ya ves, la política puede más que una yunta de bueyes.
__ ¿No es un pelo de…?
__ Vos sabes lo que te quiero decir hermano.
__ No, no sé, pero déjalo así Tito.

Nada más esclarecedor y a la vez patético que dos tipos cuarentones abrazados junto al estaño gastándose todos sus morlacos en avivar las llamas del incordio de andar vivos y para colmo sufrirlo.
__ Mariana es comunista… ¿Vos podés creer?: le metieron cosas en la cabeza.

Se sirvió otro mate y no pudo evitar que se le cayera una lágrima sobre la pierna izquierda y se le atragantaran los recuerdos en la gola. La gata se lamió el culo y volvió a mirarlo con gesto desaprensivo.
Camilo agarró un pedazo de pan y masticó solo por masticar, en radio clarín pasaban justo: “Sus ojos se cerraron” por el mago.
__ ¿Qué me decís Carlitos? Y todo por un tajo. Se limpió dos o tres lagrimones con la manga del pijama y reparó en que alguien se lo había cocido prolijamente en el codo.
¿Quién fue?
¿Será de otro cuento?
¿Habrá sido mi vieja?

Un ruido subió desde la calle y al observar vio a los viejos leylands atorados por culpa de un Tramway, había que elegir entre estos y los otros según del intendente que a estas alturas estaban por volar de una patada en el orto porque había afanado plata.
Pensó en aquellas reuniones en el club Batllista, en los buenos correligionarios y en los otros, en el comisario que fue a solicitar que le consiguieran una tarjeta de un milico grande porque lo tenían trancado en Mercedes hacia cuatro años.
Y en los dos muchachos de la embajada norteamericana que una vez se cruzó junto al mimeógrafo de la oficina de Pugliesse y aquel asunto que les escuchó y no le gustó nada de nada.
__ Menos averigua dios y perdona Rodríguez, tenga cuidado con lo que pregunta. __Le había dicho aquel edil del partido cuando le había contado lo de esa conversación y de porque los yanquis se pasaban yendo a la jefatura de policía.

Se le enfrió el mate de tanto pensar y entonces escuchó unos pasos familiares subiendo la escalera hasta el apartamento.
Claro, era ella.
La gata saltó a esperarla como siempre y él que había olvidado de un plumazo los últimos años y a ella que con los pelos teñidos para disimular las canas que entra y le da un beso en la frente.
__ ¿Cómo estás hoy?
__ Ahora que te veo…mejor.
Sus ojos celestes se iluminaron.
__ Ya lo recuerdo todo, también lo del ataque.
__ Si un trastorno cerebro vascular, por suerte te encontraron a tiempo.
__ Ahora ya lo recuerdo todo. ___Volvió a decir y dos o tres lágrimas se le volvieron a escapar y Mariana lo besó como si fuera una madre.

FIN

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