Cuatro gatos sin tiempo

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Cuatro gatos sin tiempo
Por: Darío Valle Risoto

Los techos se comunican o los hacen comunicarse con sus saltos expertos o sus fugas improvisadas ellos saben donde posar sus pies peludos no sin antes medir expertamente cuanto hay entre el sitio de acá y el de allá, claro que a veces le erran y se hacen pomada contra el piso… si, es otra mentira humana, no siempre caen de pie.

El viejo llegó tarde y se quedó sobre la chimenea de los Rodríguez mirándolas con ese gesto entre sabio y atolondrado mientras se lamía una pata y se acicalaba las orejas, las mejillas, la nariz, todo su pelo atigrado con manchas naranja.

La blanca levantó la cola y se arrimó a Manchita que se dejó acariciar, el ronroneo se levantó como si pequeños trencitos viajaran por su lomo buscando una pequeña estación donde dejar a sus pasajeras: cuatro pulgas mal alimentadas.

Los humanos son ruidosos pensó la negrita que se llamaba en algunas partes: Morita y en otras: “Negrita” o gata de porquería si llegaba a bajar en el taller de Lorenzo. Conocían a cada ser humano hombre, mujer o niño en casi diez cuadras a la redonda, cada techo, cada jardín, el ladrido de cada perro, sus olores y sus marcas en árboles, esquinas, ligustros, jardines, ruedas de coches, faroles, portones y porteras. Ellos son los auténticos dueños del barrio…hasta el viejo lo es.

Cumbias de mierdita, pensó la negrita mientras se asomaba y abajo los hombres gordos y panzones les hacían chistes zafados a sus mujeres pardas teñidas de rubio mientras escuchaban a sonido Cotopaxi y movían sus tristes traseros sin colas. La Blanca fue a acariciar a la negrita pero no tuvo suerte porque esta saltó hasta la claraboya de los “Martínez Andrade”.

Entonces el viejo les contó como si nada que la gata del edificio “Artigas” había parido el fin de semana: siete crías, tres machos y cuatro hembras y que todos están bien. No le creyeron nada porque no los habían olido pero el viejo como indiferente se dio vuelta y se fue. Una tiene que ir a investigar dijo Blanquita y la negrita se ofreció pero Manchita quería ir también aunque era muy jodida para salir de la cuadra desde que un taxi le había pisado la cola el mes pasado.

Vos sos muy belinuna y no vas, a vos que te importa y quien te hizo líder de este velorio y que los velorios no tienen lideres y que sos una gata boluda y que se yo. Manchita miro al edificio y la verdad que quedaba lejos y allá abajo pasó amenazador un taxi que frenó bruscamente como para advertirle o como para tomarle el pelo que tenía y mucho. Mejor vayan ustedes y me cuentan, traigan fotos.

Blanca y Negrita saltaron por aquí y allá, un poco al otro lado y llegaron a una terraza sintiendo de pronto la presencia de nuevos calorcitos de gatitos pequeños y se enternecieron hasta que una vieja les tiró agua y las hizo salir pitando.

Vieja de mierda con ese perro que parece una oveja, yo se lo araño dijo la negrita mientras blanquita entrecerró un ojo y pensó. Mejor nos vamos a dormir la siesta no te parece, le dijo con gesto meditativo.

Prrr… contestó Negrita.

FIN

Cuento escrito como tarea para el taller de escritura bajo la consigna: humanizar a los animales, dado como ejemplo el cuento: Una Gallina de Clarise Lispector.

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