Paris Texas: El Buen Cine

París Texas
Por: Darío Valle Risoto
A razón del comentario de Elio César sobre el cine Blockbuster y el cine de autor recordé que hace algunos días vi esta impresionante película europea rodada enteramente en los Estados Unidos donde se narra una historia quizás mínima y personal pero con todas las características mágicas de una road movie donde el panorama tiene mucho que ver con la introspección no solo de los protagonistas sino y claro que si: de los espectadores.
Lo primero que me pareció digno del director Win Wenders es el exhaustivo cuidado de cada una de las tomas, la fotografía en general es atrapante y mágica a grados donde la luz muchas veces tiene más que contarnos que la propia escena que ilumina y el camino con sus extenuantes movimientos bajo el sol o durante la noche oficiará de protagonista obligado en una historia como les dije mínima, familiar y por ello tan rica como nuestra búsqueda durante la historia nos lo permita porque: Paris Texas es abrumadoramente mental y metafísica aunque no parezca pretenderlo.
Este es cine como dice Elio: “De Autor” en contraposición al cine de cadena de producción pero no significa en lo absoluto que deba ser mejor o peor que lo que sale de la línea que produce a grados exorbitantes películas de super héroes, estudiantes en tetas y discutibles humoradas como la reciente “El dictador”. Este es un cine que tiene lo mejor del teatro pero también es cine endiabladamente bien hecho como para aprender viendo si usted quiere dirigir o solamente para disfrutar un viaje al ignoto mundo de la Norteamérica real que si tiene gente como usted o yo aunque no lo parezca.
La historia: hermano desaparecido que reaparece cuatro años después, hijo ya grandecito como de diez que se acuerda poco criado por los tíos, la búsqueda de la madre que trabaja al margen de la prostitución y muchos momentos musicalizados por Ry Cooder que ponen la piel de Chicken. Recomendable para los que usan el cerebro de vez en cuando sino pueden ver Battleship.
Un clásico que seguramente está dentro de las mejores 100 películas de la historia, si está la sobrevalorada 2001 Odisea del Espacio, esta no puede faltar.
 Una fotografía excepcional
 
 Harry Dean Stanton perdiendo la huella

El Carrasco Feudal en el País Progresista: Los Esclavos Bolivianos

Uruguay – La banda presidencial para Mujica y un Volvo para Tabaré Vázquez…
El Carrasco feudal
“Unas palabras tan bruscas que te duelen y te llegan al alma”
Mariana Contreras

Brecha, Montevideo, 10-8-2012
Fue necesaria una orden de allanamiento para que los inspectores del Ministerio de Trabajo pudieran entrar a la mansión de Carrasco donde trabajaban de manera ilegal varias ciudadanas bolivianas. Era la punta de una madeja que prosiguió con una denuncia en un juzgado del crimen organizado. Brecha conversó con varias de las trabajadoras que llegaron para cumplir tareas en la casa de Nathalie Manhard y en la de su padre, Enrique Manhard, miembros de una de las familias más adineradas del país. Las trabajadoras relataron cómo son captadas en su país, las condiciones a que son sometidas en Uruguay y lo difícil de escapar cuando el mundo es tan ajeno. En el Uruguay de 2012, una historia de gente que se piensa con derecho a ser dueña de otra gente. Por suerte el Estado esta vez parece estar dando todas las garantías necesarias.
Se las había arreglado sola, siempre. Incluso cuando se fue a Buenos Aires, y también a San Pablo, a trabajar en talleres de costura, y dormía y trabajaba y comía y vivía en una pieza. Seguramente en alguna de esas maquilas tan infames como ilegales, que dos por tres son noticia en la tevé cuando se incendian, o cuando se descubre que allí trabajan cientos de migrantes irregulares por salarios miserables.
Pero esa mañana, cuando su sobrina la invitó a probar suerte en la agencia de colocación de personal llamada Verónica, Laura -así le diremos a los efectos de esta nota- aceptó. Hacía poco sus antiguos empleadores se habían mudado de La Paz a Santa Cruz y ella no los siguió porque sus hijos van al colegio en la capital boliviana. Así que decidió probar suerte. Apenas llegó, “Vero” le preguntó si quería trabajar en Uruguay. Se extrañó, pensando que le hablaban de la avenida paceña, famosa por ser lugar de venta de pescado; pero no. “De Argentina, más allá”, le aclaró la dueña. “Anímate. Es una señora muy rica, paga muy bien, trata muy bien a las muchachas.” Preguntó cuánto era el salario y Vero aseguró: “Quinientos dólares para empezar. El segundo mes te va a aumentar 100 y vas a ganar 600 dólares”. Mientras ella sacaba cuentas y dudaba, Vero marcó un celular y lo dejó sonar un par de veces antes de cortar. Miles de quilómetros al sur, Nathalie Manhard Sasson entendió el mensaje y con presteza devolvió la llamada. Instantes más tarde boliviana y uruguaya mantenían el diálogo:
-El trato es que te voy a pagar 500 dólares. Pago muy bien. Tengo otras muchachas bolivianas ¿sabés limpiar?

-Sí, tengo certificados de trabajo.

-¿Estarías dispuesta a venir?

-No sé, es que tengo niños.

-¿Tenés a quién dejárselos?

-Con su papá o mi hermana.
Durante la conversación, “Vero me dice: ‘¿Para qué le dices que tienes hijos? No tengo hijos, debes decir’. Y me dice la señora: ‘No hagas caso a lo que dice Vero, hacé caso a lo que yo te pregunto y contestame’. Y yo le contestaba todo: sabía limpiar, sabía de costura, porque en Buenos Aires y San Pablo he trabajado en talleres de costura. Me pidió mi teléfono pero le di el de mi hermano, porque no estaba decidida a trabajar. Vero me decía: ‘Anímate, anda. Es una señora millonaria, que bien paga. No es cualquier señora, una cónsul, me dicen que es. Dicen que es bien grande, bien linda, la casa. Las otras muchachas que trabajan me dicen que es bien buena. ¿Quieres hablar con las otras?’. Hablando no voy a ganar nada. El lunes vengo si no encuentro trabajo”. Y se fue.
 
 Después, todo sucedió muy rápido. Cuando llegó a su casa, Manhard ya se había comunicado nuevamente. Horas más tarde volvió a llamarla y prometió: “Si te quedas un año no te voy a descontar el pasaje. Te voy a dar un celular, te voy a dar un chip”.
“Yo debía al banco -cuenta ahora la trabajadora a Brecha-, y mi hermano y mi cuñada me decían que así pagaría más rápido. No es que 500 dólares fuera mucha plata. Son 3 mil bolivianos porque el dólar allí está muy bajito, pero me venían como anillo al dedo, como dicen. Que yo esté aquí, no gaste en mis pasajes. podía mandar un monto para mis hijos y otro para el banco”. Cuando el domingo a la mañana Manhard insistió con un nuevo llamado y aseguró que había girado dinero a Vero para el pasaje, Laura decidió aceptar.
El martes al mediodía tomó el bus que la separaría de la cordillera de los Andes para, tres días después, dejarla con el mar a sus pies en Montevideo. Tomó el taxi negro y amarillo tal como “la señora” le había indicado y minutos más tarde arribó a la mansión ubicada en Américo Ilaria, entre Viña del Mar y Copacabana. Los 400 pesos del taxi los pagó la cocinera. Dejó sus cosas en la habitación, se dio un baño, e instantes después comenzó su trabajo. Enseguida su identidad comenzó a desdibujarse. A partir de ese momento era “la de la planta baja”, como se llama en aquella casa a la encargada de la limpieza de ese sector. No imaginaba todo lo que viviría en los próximos meses.
En la residencia de Carrasco trabajan cuatro personas, siempre de origen boliviano (una “planta alta”, una “planta baja”, una niñera y una cocinera). La paciente reconstrucción que hizo el colectivo feminista Cotidiano Mujer -institución a la que se acercaron varias mujeres en busca de ayuda- permite saber hoy que al menos 12 ciudadanas de aquel país pasaron por la casa en el último año. Todas llegaron a través de la agencia Verónica, solicitadas por Nathalie Manhard. Viajaron por tierra, sin contrato, permanecieron de forma irregular en el país. Recibían 500 dólares de salario, trabajando prácticamente el doble de horas de lo estipulado por ley y con un descanso de cuatro horas semanales, nunca en fin de semana (véase recuadro).
Brecha está en condiciones de informar que Manhard también contactaba a la agencia boliviana en procura de personal doméstico para sus amigas y para sus padres (Enrique Manhard y Vivianne Sasson). Al menos en la casa de sus padres, las trabajadoras recibían un trato similar. Según el testimonio de una ex trabajadora de esa casa, el vínculo laboral en ese lugar también era a través de Nathalie. Era ella quien decidía todo lo referente al trabajo. Relatan también que, mientras su madre solía mantener un trato amable, Enrique, el padre, era parecido a su hija en la forma de dirigirse a las trabajadoras.
Otra de las constataciones es que cuando el vínculo laboral finalizaba (sea porque no aguantaban el nivel de estrés o porque Manhard decidía que no trabajaran más) eran “despachadas” (tal  es el término que utilizan) a Bolivia, incluso contra su propia voluntad. A partir de que algunas lograron permanecer en el país es que se conoció la historia.
La señora Tiqui Tiqui
“Tiqui tiqui. Acá se viene a trabajar”, cuentan que decía Nathalie Manhard a sus empleadas, mientras movía ágilmente los dedos en señal de caminata. “Hasta ahora tengo en mi mente esa palabra”, comenta una de ellas mientras repasa algunos de los hechos que muestran, además de las irregularidades y el incumplimiento de las leyes, un fuerte componente de racismo y clasismo por parte de la empleadora.
“Nos teníamos que parar a las 6 de la mañana y el desayuno debía estar servido a las 7 en punto. ‘La comida de la casa’, decían ellos, porque tienen la cocina principal y la cocina del servicio. Y la comida del personal es muy distinta a lo que ellos comen. Nos compraba carne picada común, un quilo, que tenía que durar un mes. Lo que más comíamos era polenta con pulpa de tomate o fideos hervidos con pulpa de tomate o con atún. El jardinero no estaba autorizado a comer, pero la cocinera decía ‘yo tengo hijos, sobrinos’, y tratábamos de cocinar algo más y le dábamos. Nuestro plato de lujo era arroz con huevo, o con pancho. Muy rara vez podíamos comer lenteja. No podíamos comer tomate, salvo que estuviera a precio bajo. No podíamos comer lechuga porque es carísima. Pero había rúcula en su huerto y podíamos comerla. El desayuno era con un paquetito de Nescafé. No podíamos tomar leche, Si era temporada de manzana compraba una bolsa para nosotras. O de naranja. Pero otra fruta no se podía comer. Ni banana ni otras cosas más. Ella decía que en todo Uruguay el trato era así. Que teníamos que comer así.” Un día, enterada de que una trabajadora decía que ya no quería comer, Manhard les dijo: “Si nadie quiere comer lo que les doy aquí, pueden salir, comprarse con su plata. Hay Mc Donald’s; pueden ir a comer ahí, puede ir a comer al restorán, si tienen plata”. A la mala alimentación se le sumaban las extenuantes jornadas de trabajo: un promedio de 14 horas de lunes a lunes, con media hora para comer, y una hora de descanso que difícilmente podía cumplirse porque siempre había tareas para hacer. “No tenía ese tiempo”, dice una trabajadora. Después de la limpieza de las habitaciones, había que ayudar en la cocina, y además “tenía que planchar. Planta alta lavaba y planta baja planchaba. Decía en la carpeta (un “manual de instrucciones” que se les entregaba a su llegada) que planta baja se hace cargo de coser, limpiar los championes a diario, bajar y subir las cosas. La misma señora nos hacía pelear. Demasiado estrés, era”. Por ejemplo, dice el manual que la persona encargada de la planta baja debe, según el día de la semana, limpiar el hall de entrada y el baño de visitas, el breakfast, el comedor, el living, el lavadero, el depósito de deportes, el dormitorio y el baño de huéspedes, el depósito frente al dormitorio de servicio, el baño y el hall del escritorio, el estar, el billar, el playroom y su baño, la barbacoa, con su baño y cocina incluidos. Entre sus tareas también está tender y servir la mesa durante la comida, lavar a máquina y a mano, colgar y secar la ropa, limpiar y lustrar zapatos, guardar la ropa y el calzado. Asimismo debe ayudar a la cocinera (salvo los días que está cubriendo a la niñera) en el mantenimiento de la cocina principal (“siempre impecablemente limpia, horno, anafe, micro, heladeras, filtros, muebles, pisos”).
Al principio pensaba que el trabajo en Uruguay “debe ser así”. Pero un día la cocinera, que llevaba más tiempo en la casa, dijo que así no era. Eso le había comentado una profesora uruguaya que durante un tiempo frecuentó la casa. Le habló de las leyes, del descanso, de la limitación de la jornada y los beneficios que les correspondían y de los cuales no tenían noticias. Las trabajadoras no tenían a quién preguntar. No conocían a nadie en el país, no sabían a quién recurrir. Es que el trabajo migrante, cuando además es irregular, atrapa y congela. Sólo tenían cuatro horas semanales libres. Eso impedía su movilidad a lugares alejados de la residencia de Carrasco, a lo que se le suma el temor (el autoimpuesto y el propiciado) de ser “atrapadas” en tanto que, luego de los primeros tres meses, su permanencia en el país era irregular. “Si saben que están irregulares las detienen”, cuentan que les decía Manhard, quien hacía rato había perdido las buenas formas que mostraba por teléfono. La prohibición imperaba también dentro de la residencia: tenían prohibida la conversación entre ellas a no ser por asuntos estrictamente laborales.
“Una noche se rompió una carpa que en la mañana se abre y en la noche, antes de que entre el sol, se recoge. No sabemos qué pasó. Llegó furiosa y era tan. Me agarró primero a mí, me gritó que era una muerta de hambre, que ella hacía comer a mis hijos. Que con lo que ganaba ni en 20 años podía pagarle porque esa carpa costaba más de 20 mil y pico. Luego tomó a la otra. Pero con unos ojos, tenía un carácter… una voz que te hace temblar. Yo con sólo mirar a esa señora le tengo miedo. Hasta el día de hoy le tengo miedo, un miedo grande. Te grita, te da como unas palabras tan bruscas que te duelen y te llegan al alma.”
 
Salir de ahí
Los intentos por conocer sus derechos fueron permanentemente boicoteados. Un día la cocinera decidió que saldría muy temprano y utilizaría sus horas libres para ir al Ministerio de Trabajo. Salió, volvió sin haber encontrado la sede, pero con la certeza de que en Uruguay las cosas no eran como las pintaba Manhard. “Nos iremos”, le dijo a Laura. “Una muchacha ya había escapado de la casa; había sacado su maleta por la ventana y se había escapado. Estaba antes que yo llegara,” contó. Pero el plan en este caso era otro: “Le diremos que nos vamos a ir, y nos vamos a Punta del Este, que pagan bien”, dijo la cocinera. A los pocos días Manhard le anunció que le adelantaba las vacaciones porque ella viajaría a Punta del Este, a casa de su madre. La cocinera propuso ir con ella pero la dueña de casa dijo que su madre tenía su propio personal, que visitara a sus hijos en Bolivia y que se verían al regreso. Para ella quedaba claro que estaba siendo “despachada”. “Lo mismo sucedió con otra muchacha que estaba averiguando. Una peruana le había dicho que el trabajo es bien distinto. Eso fue en la mañana, y en la noche la despachó a Bolivia.”
Era domingo por la tarde cuando la cocinera debió abandonar la casa. Al poco rato llamó. “Como había estado más de ocho meses no podía salir sin pagar a Migraciones. Pero como era domingo no podía. La señora Nathalie le dijo que se volviera.” Sin embargo, a la mañana siguiente “la señora se tomó la ‘amabilidad’ de llevarla a Migraciones y despacharla en el ómnibus de Tres Cruces hasta Buenos Aires. Su plan no dio resultado. Esa noche sólo hablamos ella y yo, luego se fue y perdimos contacto. Pero ahí supimos cómo era. La muchacha de la planta alta conoció a una peruana y le dijo lo mismo: el trabajo no es así.” Para ese entonces Laura ya había anunciado a Manhard que quería viajar a Bolivia en verano, cuando se cumpliría más de un año de su llegada al país. “Ella me decía: ‘¿Por qué te vas a ir, si tú me agradas? Haces bien las cosas, la costura, peinas’. Pero yo decía que extrañaba a mis hijos. Quería salir de esa casa porque era mucho, yo no daba más.”
Desenlace
¿Cómo supo la dueña de casa las intenciones de la cocinera? Según el relato de varias trabajadoras (que no se conocían entre sí hasta su encuentro en Cotidiano Mujer), en la residencia hay cámaras y micrófonos que permiten ver y escuchar todo lo que sucede. “(Nathalie) estaba en Punta del Este y en la computadora veía lo que sucedía en la casa”, dijo a Brecha una de las trabajadoras de la casa de los padres, que en el verano cumplía funciones en su residencia del balneario. “Una vez vinieron a arreglar una pared y ella llamó preguntando quién era la persona que estaba en el pasillo.” Un relato similar fue aportado por otra trabajadora, que cumplía funciones en casa de los padres Mahard: “Una vez me puse muy triste. A veces me digo qué estoy haciendo aquí. En eso, me llama la señora y pregunta si me pasa algo, no sé cómo supo que estaba llorando. Le dije que me iba a retirar. Ella quería volverme a Bolivia. Me dijo que esperara hasta el 2 de agosto”, narró a Brecha. La “señora” a la que hace referencia es Nathalie, puesto que era ella quien gestionaba los temas con el personal de su madre. Días después las dos trabajadoras bolivianas que cumplían funciones allí fueron trasladadas sin previo aviso a Migraciones para cambiar la tarjeta de entrada por una de salida del país. En la noche el chofer las llevó a Tres Cruces, con el cometido de “despacharlas” a Buenos Aires. “Vino la señora a pagarnos, con los descuentos. Yo contaba con 400 dólares para llevarlos”, al igual que la otra trabajadora. “Pero viendo la plata ya no llegábamos. Habíamos venido con poca plata pero ya regresarnos sin nada. No queríamos volver, pero decía ¿dónde vamos a dormir? Yo estaba llorando (en la terminal) cuando vino una señora que nos preguntó qué nos pasaba. Nos ha dado la dirección de un refugio donde fuimos a pasar la noche (la Casa del Inmigrante César Vallejo). Lo encontramos como a las 12 de la noche. Al día siguiente estábamos en plaza Independencia y una amiga nos trajo aquí” (se refiere al local de Cotidiano Mujer).
Es en la casa del colectivo feminista donde confluyen las historias y donde varias de las trabajadoras bolivianas han tenido contacto entre ellas por primera vez. Laura también llegó a Cotidiano después de abandonar la casa de los Manhard: “La señora quería que firmara un papel y yo he firmado. En ese papel me descuenta hasta el último centavo del pasaje que me había pagado. Pensé que me llevaba como 400 y pico de dólares. Salí con 200 dólares. Mi compañera no quiso firmar, entonces el jardinero le impedía el paso. Ella quería salir y denunciar porque una peruana ya le había hablado de Cotidiano. Ella logró salir antes y yo después”. Cuando ambas se encontraron “ya empezaba a asustarme, porque la señora había dicho que nos iban a detener, y como siempre me dijo que ella tenía mucho poder. el día que me fui dijo: ‘Si hoy día no van a partir a Bolivia yo voy a mover mis contactos y ustedes van a estar detenidas'”. La historia de esta persona, que luego sería víctima de una privación de libertad, o secuestro, o como jurídicamente pueda llamarse, sería la que finalmente desencadenaría la denuncia judicial (véase aparte). Pero al principio: “Me he resignado, lo dejo así y busco otro trabajo. Al fin y al cabo no le debo nada a esa señora. Me alejé. Me hice a un lado porque me dijo que tenía tanto poder. El que tiene tanta plata siempre sale ganando. Y soy una persona así, ¿qué voy a hacer con una persona así?”, dice, mientras con sus dedos dibuja algo pequeño primero y luego algo mucho más grande.
De tal palo tal astilla
En la calle Américo Ilaria, en pleno Carrasco, se levanta la imponente mansión del matrimonio compuesto por Nathalie Manhard y Javier Fernández. Ella es empresaria, uno de los pilares del grupo Parisién, que agrupa las cadenas de tiendas Parisién, Indian Emporium, Indian Oulet y La Casa de las Telas y que es propiedad de su padre Enrique Manhard. Javier Fernández es vicecónsul honorario de Malta y dueño de la empresa Frimaral, única en el país dedicada al diseño y desarrollo de contenedores y módulos tanto para transporte y depósito de mercadería como para soluciones habitacionales. Su padre, Alberto Fernández, ostenta el cargo de cónsul honorario del mencionado país, pero es más conocido como propietario de la empresa pesquera Fripur.
Ambas familias son conocidas -y han sido denunciadas- por violar con insistencia las leyes laborales por las que sus empresas debieran regirse. El Grupo Parisién ha sido señalado por sus trabajadores por las paupérrimas condiciones de trabajo. El año pasado sus empleadas todavía peleaban por la entrada en vigencia de la ley de la silla, que data de 1918 y establece la obligatoriedad de lugares suficientes en los comercios para que las empleadas “puedan tomar asiento siempre que sus tareas lo permitan”. Los sueldos ínfimos, el amedrentamiento a quienes se sindicalicen (desde el acoso verbal hasta los castigos económicos) y las malas condiciones laborales fueron desnudadas por sus trabajadores en un importante conflicto en 2011. Y aunque Nathalie es hoy un “pilar”, su padre Enrique sigue siendo el dueño y aún está en actividad. En su casa de Pocitos también son contratadas trabajadoras bolivianas en situación irregular. Es, además, socio de Punta Carretas Shopping e integrante de su comité ejecutivo; propietario de las Expoferias Ariel e inversor inmobiliario. Enrique es miembro de la B´nai B´rith de Uruguay y de la selecta Fundación Círculo de Montevideo, “una usina de reflexión a propósito de asuntos que podrían englobarse bajo los títulos de’Estado, mercado y equidad’, ‘inversión social’, ‘sociedad civil y partidos políticos’, ‘integración y cohesión social'”, donde se codea con personajes como el mexicano archimillonario Carlos Slim y su amigo de la infancia Julio María Sanguinetti. Fue en la casa de Manhard en Punta del Este donde Sanguinetti, Batlle y Lacalle disfrutaron de un almuerzo con Mario Vargas Llosa en su última visita al país.
Los Fernández no le van en saga en cuanto a vínculos y “desprolijidades” empresariales. Alberto Fernández fue quien financió la banda presidencial que lució José Mujica al asumir como presidente. Tiempo antes le había prestado su avioneta para que el entonces candidato viajara con Astori a Brasil, y en 2004 le regaló un Volvo a Tabaré Vázquez. Su empresa ha enfrentado fuertes denuncias de los trabajadores a causa de la represión sindical. Intimidaciones, presiones en el trabajo, recortes en las compensaciones salariales de los trabajadores afiliados al sindicato son algunas de las denuncias que se repiten a lo largo de los años en esta empresa que, a pesar de regalonear a los candidatos de izquierda, es conocida como una de las peores en cuanto a condiciones laborales.
Mínimo, mínimo
La jornada laboral en la residencia Fernández Manhard comienza a las 7 de la mañana y finaliza alrededor de las 11 de la noche, según los testimonios relatados a Brecha. El descanso son cuatro horas semanales, que no caen en sábado ni domingo. El sueldo de las empleadas es de 500 dólares (10 mil pesos). No se cobran horas extra, no se paga doble los feriados, ni tampoco se les da libre, y no cuentan con seguridad social. Si el personal permanece menos de un año (cosa frecuente dado el trato que reciben) se les descuenta de sus haberes el costo del pasaje. En la actualidad el sueldo mínimo fijado por el Estado para las trabajadoras domésticas es de 8.534 pesos por 44 horas semanales (siete horas diarias) y el descanso es de un día y medio.

Grandes Tiendas Montevideo: La Explotación en el País Progresista

 Recibo de uno de nuestros colaboradores:
Uruguay:
Parados en la intemperie
Ni ley de la silla, ni agua para tomar, ni derechos sindicales.

Nada les sirve y todo rechazan algunas de las grandes tiendas de ropa del país (Parisién, La Casa de las Telas, o Indian Emporium). El sueldo nominal básico por 44 horas semanales de trabajo es de 6.952 pesos, pero los trabajadores son empujados a ganárselo con supuestas comisiones. De los 10.000 trab
ajadores del subgrupo tiendas, menos de 2.000 están sindicalizados, y los que están se las ven fieras.
El sector creció un 9,6% con relación al año anterior, mientras los salarios no han acompañado ese aumento.

¿Será muy viejo hablar de explotadores y explotados?
Mariana Contreras -Semanario Brecha, Montevideo, 25-2-11

El viernes pasado los grandes medios de información nacionales – salvo Televisión Nacional – obviaron la movilización que los empleados de las tiendas hicieron frente a la Dirección Nacional de trabajo (DINATRA). Es verdad que la movilización no fue grande: había alrededor de 50 personas en la calle, con pancarta y altoparlante. Pero la relevancia no estaba dada por la cantidad, sino por la calidad de lo que, puertas adentro de la DINATRA, se discutía. Ese sector agremiado en la Federación de Empleados de Comercio y Servicios (fuecys) – dirime junto al Poder Ejecutivo y la Cámara de Comercio un nuevo convenio colectivo que fijará, hasta nuevo aviso, los laudos del sector y las condiciones laborales.

En épocas donde la conflictividad sindical ocupa preciosísimos minutos en los medios masivos, no deja de llamar la atención que uno de los sectores mas golpeados por los magros sueldos y la represión sindical no tenga un lugar entre las noticias del día. La ausencia noticiosa habla – una vez más – de la dificultad del PIT – CNT para presentar ante la población aquellas zonas del trabajo (y de los trabajadores) donde las situaciones son más deprimentes. Más si se tiene en cuenta la disparidad de fuerzas:

los empleados de las tiendas, con su escasísima experiencia, tienen como negociadores de la otra parte a una de las agremiaciones empresariales mas fuerte del país 

Es que hasta 2005 FUECYS era una federación “testimonial”, con 4.000 afiliados entre los más de 60.000 que conforman el sector. “Este era un sector donde la gente se quería afiliar y la echaban”, contó Jorge Peloche, uno de sus dirigentes. Pero en 2005, en virtud de la ley de promoción y protección de la actividad sindical, y la reapertura de consejos de salarios, comenzaron a surgir (y a resurgir) sindicatos donde antes era impensado.
Aún así hay empresas – como las famosas Grandes Tiendas Montevideo – donde los intentos de organización siguen siendo descabezados. De aquellos 60 mil trabajadores del sector, 10 mil pertenecen al subgrupo tiendas (de los cuales hay menos de 2 mil sindicalizados). Y aunque las reivindicaciones son similares a las de otros subgrupos, aquí los avances son menores.

La movilización del pasado viernes intentó ser un factor de presión para una negociación que “está muy trabada”, según los trabajadores, en momentos en que las ventas crecen. El rubro tiendas declaró a la DGI en 2009 alrededor de 884 millones de dólares, cifra que al tercer trimestre de 2010 se había incrementado un 9,6%.

Que pasa acá
El sector del comercio realiza sus negociaciones en diversos grupos. en el caso de las tiendas el laudo vigente se sitúa en 6.929 pesos nominales por 44 horas semanales de trabajo; apenas 600 pesos mas de lo que se considera un salario sumergido (que está fijado en 6.300 pesos). Un vendedor de primera categoría cobra 9.148 pesos, uno de segunda 7.686 y un encargado 10.446 pesos. Según FUECYS, la mayoría de las empresas no ofrece salarios por encima del mínimo obligado.

Los trabajadores aspiran a obtener un 25% de aumento, y además pretenden que el sueldo base no sea menor al salario mínimo nacional (SMN).

 Una Minoría Privilegiada vive a costa de miles de trabajadores explotados: ¿Es eso justo?

¿Cómo se explica este último reclamo, teniendo en cuenta que el laudo fijado ya es superior al SMN? Muchas de las empresas de comercio establecen un sueldo base (para algunas categorías) de alrededor de 2 mil o 3 mil pesos, y el resto del laudo se completa con las comisiones que obtienen los empleados por las ventas.
Así es el caso de Parisien, La Casa de la Telas, e Indian Outlet, pertenecientes a Enrique Manhard, o de Si Si, por nombrar dos empresas importantes del ramo. Según contó Laura Suárez, una de las representantes gremiales de Parisien, este resultado viene con “trampa”: las empleadas deben vender mas de 400 mil pesos de mercadería para alcanzar el laudo (la comisión es el 1% de la venta si el pago es contado, o el 0,75% si es a crédito).

Claro que, como el laudo es obligatorio, si no se alcanza el mínimo con las comisiones, las empresas lo pagan igual. Pero lo importante es entender que esos primeros 400 mil pesos (o la cifra que sea) sobre los que el trabajador tenía derecho a cobrar su comisión, solo sirvieron para ganar lo que por ley les corresponde.
Como resultado de esta “chicana” empresarial “había vendedoras que se mataban trabajando y a fin de mes apenas lograban cobrar el laudo y unos cientos de pesos por comisión. Entonces empezamos a decir que no nos íbamos a preocupar por propiciar la venta, total están obligados a pagar.
Solo atenderíamos a los clientes cuando ya estuvieran resueltos a comprar”, contó Suárez. Y fue así que lograron que en su trabajo el sueldo base fuera aumentado.
En Si Si continúa en 2 mil pesos tanto para las cajeras como para las encargadas y vendedoras, según contaron trabajadoras de esa empresa a BRECHA.

A los argumento planteados para exigir el SMN, Peloche agregó uno mas: algunas empresas consideran el sueldo base y no el laudo a la hora de pagar aguinaldo y salario vacacional, “y si bien eso dejó de ser una constante, todavía hay bolsones donde la organización sindical sigue costando. Por eso queremos un mínimo asegurado”. Sobre este punto la negociación está trancada.
Respecto al 25% de aumento (que implica un 12% aproximado de crecimiento salarial), los empresarios elevaron a 4,5% su propuesta de crecimiento anual luego de la movilización del viernes (la propuesta original era de 2,5% anual).

Según Peloche, “con salarios tan bajos, hasta el 4,5 de crecimiento sigue dejando salarios bastante sumergidos. Si no hay un aumento importante en los salarios del sector, para 2013 quedaríamos por debajo del salario mínimo nacional”.
Pero aclara que “si diferenciamos la situación al 1 de enero 2011 con un aumento considerable, el 4,5% es admisible para el resto del convenio (que estará vigente hasta julio de 2013).
Con un aumento de 18%, que es lo que se reclama, se alcanzaría un salario de 8.600 pesos nominales en la categoría mas baja. El tema es cual será el ajuste al 1 de enero. Pretendemos que haya un aumento sensible para que el movimiento salarial acompañe el movimiento del salario mínimo nacional, pero el sector empresarial está reticente”. Explicó.

Corre que te pillo
Las condiciones de trabajo es otro de los asuntos por lo que reclaman los trabajadores. “en Parisien hace un año logramos que nos pusieran un dispensador de agua potable – contó Suárez – , pero las cajeras tienen prohibido levantarse para buscar agua, y tampoco pueden estar en la caja con una botella o un vaso”.

La plataforma de negociación de los trabajadores también reivindica la obtención de un domingo libre al mes, en lugar de uno cada cinco trabajados (figura vigente en el convenio colectivo actual). Pretenden además que se establezcan las actividades para cada puesto de trabajo, para evitar que se le exija al trabajador tareas que nada tienen que ver con su función.

Una de las cláusulas para el trabajo en los depósitos establece que además de la carga y descarga de mercadería el trabajador debe hacer “cualquier tarea inherente a su cargo”.
De esa forma “hay quien carga y descarga, clasifica, prepara envíos, maneja programas tipo Excel, para ingresar códigos…y le pagan lo mismo que al que recién entra y solo carga. Y cuando peleamos su pasaje a otra categoría, uno de los argumentos fuertes de esos empresarios es que la descripción de tareas indica que debe hacer cualquier cosa inherente al cargo”.

Los intentos de que se cumpla con la “ley de la silla”, que estableció la obligatoriedad de lugares suficientes en los comercios para que las empleadas “puedan tomar asiento siempre que sus tareas lo permitan”, son gritos en el desierto desde 1918, año de su promulgación.

En algunas tiendas ni siquiera las cajeras tienen donde sentarse. La comprobación es sencilla para cualquiera. “las chicas de los probadores, que son cadetas o auxiliares de venta, están paradas 8 horas. Y donde te vean sentada, o le digas lo de la ley, enseguida empiezan los inconvenientes: sos suspendida, o tenés una observación. Y hay mucho acoso verbal: “estás de viva”, “¿a vos quién te dijo?”, “dejate de sindicato, tus compañeras están trabajando y vos querés estar sentada”.
Empiezan con todo el divide y reinarás.” Otra de las actitudes patronales es establecer diferencias entre los que están afiliados y los que no al sindicato, reservando para los primeros cambios de local u horarios sin previo aviso, complicando las salidas de licencia o los días libres que para el resto de los trabajadores son trámites sencillos. “si pido un día libre para ir a la fiesta de fin de año de mi hijo no me lo dan, y a los compañeros no sindicalizados no les hacen problemas. Incluso pueden recuperar las horas, para no perder el presentismo”, contó la dirigente sindical.

Como resultado de estas prácticas, y de la gran dispersión de los trabajadores, la afiliación es baja. Tanto así que Parisien, la Casa de las Telas, e Indian Emporium emplean aproximadamente al 10% del sector, del que están sindicalizadas entre “80 y 100 personas”, en parte por la baja afiliación y en parte por la alta rotación de la tienda.
Es que con esas condiciones no hay quién se sostenga con las medias puestas

COSTOS Y BENEFICIOS = LOS SEÑORES DE LA TIENDA

El subgrupo tiendas incluye una amplia variedad de rubros: están las mercerías, las casas de moda, lencerías, medierías y relojerías; también las zapaterías, peleterías y casas de revestimientos y alfombras. Hasta paragüerías y sombrererías incluidas.
El amplio abanico comprende a las pequeñas y grandes tiendas, lo cuál conforma un espectro muy heterogéneo de realidades, de necesidades y, además, de posibilidades de satisfacer las demandas de los trabajadores. Quién negocia en nombre de todas ellas en la tripartita es la Cámara Nacional de Comercio y Servicios, la gremial que nuclea a las diferentes agrupaciones y asociaciones dedicadas al comercio, y donde están muchos de los empresarios mas poderosos del país.

Algunos de los ejemplos de mayor represión sindical en las tiendas los generan justamente estos últimos.

Así es el caso de Enrique Manhard, dueño de Parisien, la Casa de las Telas e Indian Emporium. Manhard fue el anfitrión del almuerzo ofrecido a Mario Vargas Llosa en Punta del Este, junto con los ex presidentes Lacalle, Batlle y Sanguinetti, cuando el premio nobel visitó el país semanas atrás.

Su conglomerado de empresas es el principal importador de vestimenta. Los datos del Ministerio de Industrias (MIEM) indican que las empresas de Manhard importaron ropa por valor de 17,5 millones de dólares en 2010, de lo que se deduce que su ganancia durante ese año fue bastante mayor.
Según un documento del MIEM al que BRECHA, accedió, las empresas de Manhard pagaron el kilo de ropa (proveniente de Asia) a 11,04 dólares (unos 200 pesos, que también incluye el costo de flete y seguro). En las tiendas Parisien una puede encontrar blusas o remeras por 700 pesos o trajes por 2 mil pesos.
La estrategia es vender la ropa de verano a partir de octubre con precios altos, para luego ir bajándolos, progresivamente con descuentos de hasta el 50%, u ofertas de 3 x 2, pero siempre obteniendo ganancias.
La sindicalista Laura Suárez dijo a BRECHA, que la empresa ya casi no produce en su taller, salvo algún diseño que luego se envía a confeccionar a China y luego aquí se le hacen las terminaciones.
Parisien es también, según la dirigente sindical, una de las tiendas que vende uniformes para muchas empresas, incluido el Estado. “pero nosotras obtuvimos los nuestros recién cuando los consejos de salarios obligaron a la patronal a entregarlos”.

La segunda importadora es ZARA que invirtió casi 9 millones de dólares en mercadería (pagó 33,35 dólares el kilo). En ZARA, no existe organización sindical, aunque el motivo no sería el hostigamiento patronal sino razones culturales y la falta de inserción de la federación sindical en esa tienda ( ZARA es una de las pocas empresas que paga un poco por encima del laudo).

En tercer lugar está SI – SI (que en el rubro lencería se ubica como el principal importador), que invirtió 5,7 millones de dólares en importación (21,03 pesos el kilo) y donde las dificultades para la actividad sindical también se hacen sentir (véase nota central).

Por su parte, Grandes Tiendas Montevideo, perteneciente a Jorge y Daniel Araja, donde los sucesivos intentos de sindicalización desde 2005 han sido desactivados, adquirió mercadería por 5 millones de dólares, pagando 7,31 dólares el kilo de ropa. Todos los números incluyen costo del flete hasta el puerto y el seguro. Estas 4 empresas concentraron el 26% de las importaciones de vestimenta textil, mientras el resto se repartió entre mas de 200 empresas, lo que coloca a las primeras claramente como fijadoras de precios en el mercado interno.

AVISO A LOS LECTORES: NO COMPREN EN TIENDAS MONTEVIDEO Y SI TIENEN QUE IR PREGUNTENLES A LOS EMPLEADOS SI ESTÁN SINDICALIZADOS Y TRATEN DE QUE COMPRENDAN QUE SI NO LO HACEN LAS CONDICIONES NO VAN A CAMBIAR NUNCA.

Desde la colina de las amapolas: From Up on Poppy Hill

Kokuriko-zaka kara
Desde la colina de las amapolas.
From Up on Poppy Hill
Por: Darío Valle Risoto

Tratar de comentar una nueva obra de los estudios Ghibli siempre se me hace difícil porque es casi imposible tratar de definir la soberbia genialidad de los enormes trabajos de los trabajos liderados por el maestro de maestros: Hayao Miyazaki. Esta película está dirigida por su hijo Goro pero no tiene nada que envidiarle a ninguno de los grandes portentos de la animación nipona con que casi año por año nos conmueven y dejan azorados de tanto arte en  movimiento.
Y como ya casi es una impronta de la mayoría de los filmes de Ghibli la protagonista es una niña y estamos frente a otra historia plena de buen gusto y humanidad con nada de violencia y sin embargo es fabulosa, Rectifico: Sigue siendo fabulosa la forma en que se plasman los sentidos humanos a través de la animación con paisajes cotidianos tan coloridos como afectivos que nos quitan el aliento. Lamentablemente es casi imposible que este tipo de películas de den en el Uruguay y salvo que estemos al tanto de la Cinemateca Uruguaya será nulo el intento de que los cines se jueguen por estas obras cuando el mundo de Hollywood manda con sus películas de extraterrestres boludos y soldados fachos… en fin. Disculpen.
 
Imágenes que nos dejan de boca abierta hay por cientos, una en especial me dejó como mareado y es el reflejo de la luz de una ventana en la noche sobre el agua del puerto y un remolcador que la rompe, desde luego que los paisajes de un Japón del año 1964 conjugan para que la historia de unos estudiantes que pretenden salvar un viejo edificio de estudios se mezcle con un amor juvenil que puede ser tan imposible como prohibido porque hay historias de post guerra que dejaron muchas más marcas de las que creemos.
Musicalizada tan soberbiamente como dibujada esta obra llamada en castellano: Desde la colina de las Amapolas es una propuesta de las mejores para sentarse con todos nuestros seres queridos y por casi dos horas viajar al mundo de esta niña: Umi y sus búsqueda del amor y la verdad que en definitiva siempre terminan siendo lo mismo o no lo son.
 Otro Afiche con Umi y el remolcador

29: Delirium Tremens: En Vivo para Siempre

29: Delirium Tremens
En Vivo para siempre
Por: Darío Valle Risoto
 
Con el paso de los años todos tenemos algunos recuerdos de épocas que se van volviendo gloriosas, de las mías rescato mi presencia como amigo de la banda Delirium Tremens a la que pertenecí sin tocar con ellos y esto lo digo con absoluta humildad pero con la certeza de que por mi amistad con Juan Torradefló su acceso a los escenarios está plagado de momentos en que de una manera u otra mi recordado amigo llegó a preguntarme sobre aspectos técnicos o también alguna letra por allí tiene parte de mi culpa como “Luftwaffe” que nació a mis instancias sabiendo que Juan era un gran admirador del ejército alemán durante la segunda guerra mundial, ojo, no confundir con que fuera Nazi por más que lo pareciera porque yo que fui su mejor amigo doy fe de que era un tipo absolutamente diferente a lo que todos creían y me consta.
 
Por lo tanto he pensado si no resulta atrevido colgar un disco que nunca fue editado y en realidad se trata de un compilado que hice con aquello que pude rescatar algunos años luego de la muerte de Juan y varios más tras la disolución de Delirium Tremens allá por el año 91 o 92.
En determinado momento me tomé el trabajo de hacerle las tapas que por primera vez adjunto donde podrán leer una breve presentación de un disco con dos temas demo y dos recitales en vivo: El Mejor en el Teatro de Verano en 1990 y otro que no suena tan bien en Sala Caín en 1990.
Pero como este ranking se trata de los 100 mejores discos de mi vida no puede faltar una placa que siempre me hace volar a un pasado donde fue un verdadero honor conocer a este camarada que para el resto del mundo fue un tipo difícil y huraño y sin embargo en los momentos que pasé muy mal tras la reciente muerte de mi padre fue la única persona que me dijo que podía ir a comer a su casa para que no deje sin alimentos a mi madre y pueda pagar las cuentas. Eso mis amigos es verdadero Rock and Roll.
 

La Culpa y La Trampa (Cuento)

La Culpa y La Trampa
Por: Darío Valle Risoto
Acostarse con Marisa era un ritual, un jodido y tramposo buscarle el orillo al tiempo para rescatar en cada trozo de piel perfecta y desnudes húmeda con aroma a sexo algo de sentido a una vida realmente de mierda. 
No tenían explicación honorable para lo que hacían que podía ser calificado como un tremendo error, un pecado o un majestuoso desliz porque Marisa estaba casada y Esteban tenía como treinta años más que ella así que todo sucedía de espaldas al destino o irrefutablemente como víctima del mismo.
Ella pequeña morocha casi negra con un cabello tormentoso con aroma africano y el bastante más alto rubio y en buen estado pese a los cuarenta y nueve que auspician un medio siglo en inmejorables condiciones aunque con ese retrogusto amargo de que la Parca se viene, se viene.
Marisa llega a eso de las cinco porque su marido es policía y suele tener el turno de la tarde, el celular es un jodido sistema del milico apestoso para acosarla, vigilarla, medirla. De todas formas siempre hay ocasión para fabricarle unos buenos cuernos.
Esteban no la supo casada hasta la tercera cita en aquel hotel de la ciudad vieja en que ella le contó que su esposo estaba metido en una acusación de corrupción pero que iba a zafar.
Y Esteban se quedó pensando en que le esperaban un par de tiros de treinta y ocho en las bolas por un marido atormentado por la falta de fidelidad de su absolutamente bella esposa de diecinueve años y un par de pechos que parecen el premio de todos los paraísos árabes.
¿Que pasaría con el mundo si todos los matrimonios fueran perfectos?, probablemente algo un poco más aburrido que lo que nos aburre pero el sexo con Marisa siempre tiene algo de atrevido e inverosímil y ella está absolutamente enamorada del profesor Esteban que le dobla la edad y un poco más y hasta le propuso fugarse al Brasil de donde vino siendo muy pequeña.
Esteban Cáceres tiene cuarenta y nueve y vive con una madre que le vive aprisionando la vida, su trabajo de profesor de Literatura apenas le alcanza para vivir y mantenerla y encima se mete a jugar entre las sabanas con una chiquilina que tiene orgasmos como explosiones y sabe acomodarse a cada instante con la salvaje mirada de los más ocultos y perfectos momentos de amor.
Nada es más afrodisíaco que lo prohibido aún cuando al salir del instituto ella lo saluda y le da un papelito que dice: “Tengo ganas de volver a verte apenas nos dejamos de ver” y él se siente un adolescente que conoce un joven amor inmaculado bajo los rayos de un sol Montevideano ajeno a todos los males de este mundo.
Pero sabe que todos tenemos cadenas, ella el marido y él a es madre castigadora y represiva que hace tiempo intuye que anda en algo raro y revisándole los bolsillos encuentra el teléfono de la casa de Marisa y llama y no atiende ella.
Dos días después un policía sin uniforme le pega cuatro tiros a un tipo que sale del brazo de su mujer del instituto donde ella va a estudiar de noche.
Le dan treinta años y tal vez con un poco de suerte salga a los once o doce si antes no lo matan dentro del complejo carcelario, todos saben que los reos no se bancan a los milicos.
Y el siguiente Febrero Esteban y Marisa llegaron a Manaos agarrados de la mano sintiendo que a veces las vueltas del destino establecen los arpegios de una música siniestra que al menos en este caso les dio algo de esperanzas. Esteban nunca sabrá porque el marido de Marisa le disparó sin preguntar a ese compañero de clase que casualmente había abrazado a su esposa al salir del liceo para preguntarle sobre un examen.
Poco tiempo después no sin culpa Esteban abandonó a su madre no sin antes decirle que bien podría reventar pensando en que por su culpa un tipo está preso y un inocente muchacho viendo crecer las flores desde abajo.
Cosas del destino.
FIN