Las siete caras del mundo

U.S. soldados SPC Katie gritos Luna mientras sus respetos durante un servicio en memoria de miembro del pelotón, tarde SPC
Bretaña Gordon, en el Camp Nathan Smith, en la provincia de Kandahar,.
ERIK DE CASTRO / REUTERS
Sonnie Gustavsson y Sockertopp Jossie de Suecia posan con su torta de la boda después de casarse en una ceremonia de boda en el destino 
Klingon Star Trek Convenio de Londres en Londres. 
SUZANNE PLUNKETT / REUTERS
Una estatua hecha a semejanza de Santa Kateri Tekakwitha se encuentra a la luz de la tarde en el Santuario Nacional de Santa Kateri Tekakwitha en Fonda. 
LUCAS JACKSON / REUTERS
Acrobatas actuan frente a un tablero electrónico durante un evento para celebrar el 18 º Congreso Nacional del Partido Comunista de China, en Hangzhou. 
STRINGER / CHINA / REUTERS
Perros juegan con Ricardo Pimentel, el principal responsable de la Tierra de Animales santuario para perros en Cancún. 
STRINGER / MÉXICO / REUTERS
 
Vendedor se agarra de una pata trasera de una oveja antes de la festividad de Eid al-Adha en Bengasi. ESAM Omran
AL-FETORI/REUTERS
Huelguistas mineros reaccionan como lo hacen paso a un vehículo de seguridad en la mina de AngloGold Ashanti en Carletonville, al noroeste de Johannesburgo. 
Siphiwe Sibeko / REUTERS
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El anarquismo inconciente: Sociedad de Consumo

El anarquismo inconciente
Sociedad de consumo.
Por: Darío Valle Risoto
 
Cabe reflexionar si la sociedad de consumo en la que estamos inmersos es solo moderna o es la traslación de viejos y atávicos demonios que sometían a las masas inconcientes al uso de determinados productos. Me refiero en el pasado al producto: “Religión” siempre al alcance de la mano, prácticamente gratuito y al servicio de todas las formas del sometimiento de los hombres.
Podemos sin embargo sostener que afortunadamente estos tiempos modernos han alejado a gran parte de la humanidad de la ciega devoción del pasado aun ignoto parnaso de dioses, santos, demonios y todo lo que sirva al caso. Y aunque me consta que persisten grados superlativos de fanatismos religiosos es de destacar un nuevo templo que cobija a diversos dioses a los que solo se puede acceder por medio de la oración a diversos bancos de crédito donde nos bendecirán con el don del dinero.
Los Shopping Centers de hoy son sitios de peregrinación moderna donde los estupidizados humanos acuden para comprar una gota de status, un ápice de orgullo plastificado y la tranquilidad de tener el último dispositivo para cualquier cosa que nos imaginemos.
Pero claro que todos compramos, hasta los anarquistas debemos intercambiar el remanente de nuestro dinero luego de la explotación en nuestros empleos por bienes y servicios siempre controlados por el liberalismo del mercado imperante por más que le llamemos “progresista” o de izquierdas en esta parte del mundo.
Ocurre entonces un curioso proceso al que solo se puede llegar con un mínimo uso de lo que guardamos dentro de la cabeza y no solo sirve para emborracharlo los fines de semana: Me refiero a la razón, al sentido común.
Los publicitarios, aquellos que pergeñan los avisos para “Persuadirnos” de una y mil maneras para consumir, consumir y volver a consumir tienen un espectro muy claro de los diversos compartimientos donde colocarnos por sexos, edades, grupos sociales, poder adquisitivo y hasta gustos deportivos entre otras decenas de interpretaciones sobre como agrupar a la gente como ovejas al matadero.
NP y NA nos enseñaron en Publicidad, esto quería decir: Necesidad de Pertenencia y Necesidad de Afiliación porque todos en mayor o menor medida tenemos necesidad de pertenecer, de integrar determinados grupos generalmente exitosos dentro de la sociedad en la que vivimos y hasta los grupos anónimos que podríamos integrar también son mercado para determinadas marcas o servicios aunque no lo creamos.
Así que compramos cosas todo el tiempo, la mayoría de ellas para cubrir necesidades secundarias o para contemplar las necesidades primarias pero de forma retorcida muy cercana a la enfermiza manera por darles un ejemplo en la que un hombre necesitado de alimentarse como cualquiera se atosiga de bebidas colas, hamburguesas y papitas hasta desabrocharse el cinturón y eructar toda su porcina ignorancia frente a un hermoso cartel amarillo y rojo.
La mujer presuntamente más idiota que el hombre (Lo que no es cierto) es sometida a un inabarcable martilleo de embellecedores de todo tipo para atraer parejas, contener a su marido o simplemente para sentirse linda y envidiar a las vecinas, nosotros los tipos estamos atados a innumerables avisos donde nos muestran chicas semidesnudas hasta para vendernos una parcela en un cementerio y a los niños cuasi buitres decapitadotes los avisos manipulan en su febril e incontenible búsqueda del entretenimiento perpetuo a grados superlativos.
¿Pero porque compré esta porquería?
Muchas veces llegamos a casa y nos quedamos mirando la bolsa del súper o la de la tienda del Shopping con terrible puntada en el estómago ya que ciegamente entramos como corderitos y terminamos gastando un dineral por supuesto que en fáciles cuotas por algo que realmente y muy realmente no necesitamos para un soberano carajo o los hay con la misma función pero muchos más baratos.
 
Alguien me pregunta porque no cambio el celular ya que tengo un modelo de hace al menos unos ocho años, le contesto que funciona perfectamente, me sirve para llamar, enviar mensajes y lo utilizo de reloj despertador, solo eso me interesa.
Pero podría sacar fotos, entrar a Factbook, twitear (Cosas que puedo hacer en mi vieja computadora de mesa), filmar videos chanchos, etc. Creo que también hay algunos con tenedor y cuchillo.
¿Cuánto salen?, les pregunto.
Resulta que el más barato me significa dos semanas de trabajo más o menos pero es cierto, lo puedo comprar en veinte cuotas y encima me dan cinco números gratuitos para que le hinche los cojones a  alguien sin gastar dinero. ¿?
¿Si el señor rico cambia el auto una vez por año porque nosotros no podemos cambiar el celular cada seis meses y pasarle el viejo a algún pariente pobre? Así el mercado se mueve y se generan fuetes de trabajo, etc.

Muy bonito, ser un consumidor mueve la tierra y todo se va acomodando como el camión lleno de melones, lamentablemente los más sumergidos y presionados desde arriba parecen ser los mayores consumidores de estos faroles donde nos venden perpetuamente la misma cosa: Status.

Otra historia será pensar por nosotros mismos y saber decir no a las compras absurdas.