Star Ficcion – Star Trek especial

Solo para Trekkers
Por: Darío Valle Risoto
 Hace algunos años ya fui a “El Rincón del Coleccionista” un local especializado en comics y me compré esta reliquia de la que les iré escaneando sus principales artículos comenzamos entonces con un merecido homenaje a Gene Rodenberry y su gran obra. Como verán en la portada la revista casi no tiene desperdicio.
 
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Muere monstruo, muere

Muere monstruo muere

Por: Darío Valle Risoto

Estaba realmente cansada del tipo pero aún lo amaba, con un amor que le resultaba doloroso física pero sobretodo intelectualmente.
Pensaba mientras le planchaba sus camisas grandes de cuerpo fornido y cuarenta y nueve años, en que hubo un tiempo ido tan hermoso como lejano donde las promesas eran el dulce en sus bocas. Horacio tenía una casita en Sayago heredada de los abuelos cuando se casaron todos sus amigos les prepararon una fiesta inolvidable. Allí lo vio por primera vez alcoholizado.
Debió ser una señal pero el amor siempre tiene los cristales empañados
Sino no es amor.

Dos camisas blancas, una rosada que casi nunca usaba y otra celeste, su preferida, ya tenían los cuellos un poco gastados, desde la cocina se escuchaba un tango en radio Clarín, un tango que hablaba de una casa donde no queda nadie.
Elisa se descubrió llorando y al secarse las lágrimas con el dorso de la mano volvió a sentir el dolor agresivo y punzante del hematoma debajo del ojo derecho. Una señal de que todo se iba cayendo a un abismo insondable.
No era la primera noche en que llegaba de la fábrica borracho y con esa mirada enrojecida de perro rabioso, siempre la discusión giraba en torbellino con el dinero como centro de un panorama triste y violento.

__ Ya va a pasar. __ Le dijo su suegra cuando aquella primera discusión terminó con ella por el piso recibiendo una patada en las costillas.
Nunca lo había denunciado, a veces lo conversaba con alguien de confianza pero la gente siempre busca culpables en el espejo de sus propias inseguridades, triste pero cierto, estaba sola.
Tenían momentos de calma donde Horacio se deshacía en disculpas, hacía unos meses había llegado con una televisión plasma para apaciguar la última pelea. Ahora veía sus partidos de futbol a lo grande, ella cuando se quedaba sola apenas la prendía, prefería leer novelas románticas, de las baratas de Corin Tellado.
Cuando perdió su primer hijo él se había vuelto extraño, siempre tenía desde ese momento la intuición de que la engañaba con otra u otras, con el paso del tiempo casi lo deseaba con denuedo.
Veinticinco años juntos y para esto.

Volvió a enchufar la plancha, la escupió para ver si estaba suficientemente caliente y fue a colgar las camisas en el ropero, en el cuarto había olor a  naftalina y tristeza.
Se descubrió pálida y muy delgada en el espejo del añoso ropero de roble, encontró entre sus cosas un pañuelito bordado con margaritas y unos dibujos de casitas de techos rojos.
La inflamación bajaba rápidamente, menos mal que no tenía que ir al almacén, el otro día la miraron y no era para menos, en medio de la lluvia con lentes negros.
Junto a la cama de matrimonio encontró unas medias tiradas.
__ ¡Hijo de puta!

Volvió y la plancha ya estaba caliente como china en baile, comenzó a pasarla sobre los pantalones de su marido, los de hilo, los que usa para salir.
Revisó los bolsillos y se cayeron un par de monedas, se agachó a levantarlas, le dolía la espalda, ya tenía cuarenta y tres años pero se sentía de cien.

El otro día el muchacho de la verdulería le había tirado una especie de piropo.
__ Quisiera tener una señora como usted algún día.
Guacho raro, casi un niño que dice ese tipo de cosas raras todo el tiempo y sin embargo la había erotizado como la mejor novela de amores baratos.
No le había contestado nada.

Horacio llegó a la casa, el auto siempre con el mismo ruido de motor del setenta y tantos, él que deja todo tirado cuando entra y siempre le da un beso casi al descuido, tiene olor a cansancio y también a grappa con limón.
__ ¿Estuviste tomando de nuevo?
__ ¡No me rompas los huevos!

Elisa le hundió la plancha en el cráneo, hizo un ruido crocante como de galletitas que se pisan dentro del paquete. 

FIN