El campo solo (Cuento)

Wallpaper Magic 250 (21)El campo solo
Por: Darío Valle Risoto

Se despertó y estaba solo, aún quedaba la sombra de su compañía sobre las sábanas desarregladas, cuando se levantó y vio que ya no estaba la plata de la pensión su sospecha fue confirmada. El muchacho se había llevado los casi cuatro mil pesos cobrados la mañana anterior en la capital del departamento.

Puso la pava en la estufa a leña y calentó agua para el mate, quedaba poca yerba en el tarro sucio y tiznado con la marca “Charrúa” borrosa sobre el mismo. Carlos armó un tabaco mientras miraba hacia fuera como los perros bostezaban y la vaca rumiaba junto a su ternera cerca del aljibe.

Supo que jamás lo volvería a ver y trató de que le importe poco pero aún recordaba el momento en que lo recogió en la carretera haciendo dedo, dijo que iba al Brasil pero rumbeaba para el lado equivocado. Cuando se lo hizo notar el chico sonrió y al apoyarle una mano en la pierna, ambos siguieron riendo y ya esa noche durmieron juntos.

Tomó varios mates, comió galletas de campaña y salió a darle de comer a las gallinas, a los patos y conejos en el gallinero de atrás. Trató de no preocuparse sin saber que era más triste si el robo de la plata o volver a quedarse solo.
Ya era grande para andar echando el moco, el humo denso del tabaco “La Paz” le hizo traer lejanos recuerdos de una juventud desesperada sin lugar ni rumbo fijos.
Ahora tenía la chacrita herencia de sus padres y algunas cuentas que deberán postergarse, esos tres mil ochocientos pesos que le habrían ayudado, ya no eran suyos.

El muchacho parecía bien aunque ahora ya no tanto, era demasiado joven para saber de ciertos códigos sobre la amistad, el deseo y la traición. Habían estado juntos casi tres semanas y ni siquiera se habían conocido por más que se hubieran explorado desnudos entre las sábanas.
Carlos siguió mateando sentado debajo del alero, tenía que volver al médico para que le vuelvan a recetar los calmantes, cada vez duraban menos y la cosa se ponía jodida.
¿Qué pasará con la chacra?, ¿Quién le dará de comer a mis bichos?, ¿Qué hay del otro lado del silencio?

Junto un poco de energía y armó el carro, trajo al barcino y lo enganchó, luego enfiló por el camino de tierra al pueblo, no bien llegó se fue a tomar unas grapas al boliche.
__ ¿Y su sobrino?
__ Se volvió para la capital, acá se aburría demasiado. __ Mintió forzando una sonrisa.
Patricia la cantinera, mujer madura de pesado y grueso cuerpo sabía mucho más de lo que aparentaba saber sobre las cosas y era en sus ojos verdes implacable cuando miraba de frente.
__ ¿Y su salud?
__ Hoy tengo consulta con el doctor Irrazabal, por eso vine.
__ Ya se va a mejorar.
__ Esto no es una gripe, señora Patricia.
Ella bajó la vista y le sirvió otra por la casa.

El médico volvió a aconsejarle irse a la capital para un tratamiento de radioterapia que a lo mejor le achique el tumor pero no era seguro.
__ Deme más calmantes, yo me arreglo, gracias.
Salió, afuera esperaban algunos pacientes, todos conocidos de pueblo chico, estaba Alicia con su hija la renguita, también Tomás y su señora diabética, los pibes del aserradero acompañando a Evaristo que se venía a sacar el yeso de la pierna y por último la señora Laso, la esposa del dueño de la tienda de ramos generales.

Volvió al boliche.
__ ¿Tiene algo de comer?
__ Empanadas.
__ ¿De carne?
__ De carne.
__ Cuatro y un vino, gracias.
Se sentó junto a la vidriera sucia donde el nombre del boliche estaba casi borrado de tantos años escrito sobre el dibujo también borroso del escudo español.

Carlos recordó al muchacho y que hasta pensado en dejárselo todo. Tonto de él que apenas si lo había levantado en la carretera y la había ofrecido su casa a cambio de su calor joven y fresco.
Patricia le arrimó un plato con las empanadas, una jarra de vino de la casa y se retiró toda gordura hasta atrás del mostrador, habían un par de veteranos jugando al dominó cerca de la mesa de Billar y un gato durmiendo junto a la chimenea.

__ Debería conseguirse una compañera, la hija de los Betancourt por ejemplo, la pobre pasa muchas necesidades.
__ ¿Cómo es que se llama?
__ Lorena, la pobre muchacha está muy descuidada pero terminó la escuela que no es poca cosa.
__ La verdad que no. ¿Cuántos años tiene?
__ Quince, dieciséis, por ahí anda. ¿Le interesa?
__ Alguien tiene que cuidar a los animales, la chacra, todo, cuando yo ya no esté.
__ No sea de mal agüero don Carlos, ya va a ver como todo se arregla.
Prefirió comer la primera empanada lentamente sin contestarle, el vino de las bodegas del gallego Florit era realmente bueno.
__ Veré como le hago, creo que no es mala idea que me acollare doña. __ Uno de los viejos que jugaban al dominó carraspeó nervioso.

Fue al baño y se miró el rostro pálido al espejo.
__ ¿Cuánto me queda? __ Se preguntó en voz alta.
Ese fin de semana vestido con su único traje y bien peinado fue por la casa de los Betancourt, eran gente muy pobre que se sorprendieron de lo que Carlos Rodríguez llegaba para proponerles.
Quince días después se casaban con la muchacha de dieciséis años, él que tenía cincuenta y cuatro.
No era nada raro en el campo, el tema de las edades, los casamientos por conveniencia, la dignidad puesta a prueba por las necesidades.

Cuando la llevó a la casa la chica entró sin miedo pero se sorprendió cuando su flamante esposo le indicó el otro cuarto para ella.
Y aunque ambos eran escuetos, él le dijo que quería que estuvieran bien, que no le iba a pedir nada, que si quería podía irse cuando se le de la gana.
__ Estoy embarazada. __Le dijo días después.
__ ¿Quién es el padre?
__ Mi padre es el padre. __ Dijo con un semblante oscurecido.
Era morocha, de largo cabello renegrido, de nariz respingona y ojos negros pero muy vivos.
__ Lo siento. __ Le dijo él. Ella amasaba la harina para hacer ñoquis.
__ Así es la vida. __ Dijo ella encogiéndose de hombros y a Carlos le dio una puntada fuerte debajo de las costillas del lado izquierdo.
Carlos murió dos meses después, ella ya tenía panza cuando heredó la chacra y los animales.

__ Le voy a decir que vos fuiste el padre. __Le dijo la última vez que estuvo con él cuidándolo toda la noche en el sanatorio de la capital.
__ Me hubiera gustado conocer al gurí. __ Contestó el hombre con lágrimas en los ojos.

Así pasan las cosas.
FIN.

3 respuestas a “El campo solo (Cuento)

  1. Me vienen a la mente dichos como “eso en el campo no pasa ” , por supuesto que en el campo hay el mismo porcentaje de gente homosexual que en la ciudad. Lo que sucede es que las pautas culturales son muy diferentes , en algunas partes del mundo como los balcanes ni siquiera existe una palabra para eso entre la gente del campo , las personas homosexuales se casan con el sexo opuesto simplemente porque “es lo que la gente hace” . En el campo uruguayo es un poco diferente porque aca hay mayoria de ganaderia y eso da muchos hombres solos que muy tardiamente se juntan y eso hace menos sospechoso (se supone) .
    Mis tios abuelos, como 10 chacareros , poquisimos se juntaron la mayoria vivieron solos hasta los 80 , es muy comun en el campo , si alguien es homosexual probablemente ni siquiera ellos lo supieron , solo conocen palabras cargadas de estigmas , es muy dificil hacerse cargo de una identidad asi. Muchos van a kilombos en los pueblos y no se pasa de eso , es una vida solitaria en muchos sentidos , pocas mujeres aceptan ahora vivir asi .

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