La Horas Muertas

La Horas Muertas
Por: Darío Valle Risoto

Largo, sinuoso, impecable
se mueve nuestro tiempo
jugando con las posibilidades.
Estamos siendo arrastrados
hacia un vórtice de sueños
donde todo será posible
al ocaso de un sol invisible.
Tus manos desaparecen
y te veo irte en calma
hasta un horizonte nevado
donde tu alma será una estrella
de hielo iridiscente.
Somos nada en esta tempestad
huracán de vidas anónimas
al influjo del tiempo eterno.
Hijos de las horas estamos solos
a merced de un inalcanzable
abismo de eternidades.
¡Daos prisa!, dijo el monje ciego
porque solo os daré otra vida
pero a un mismo tiempo.

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