Orquídea de la Noche

Orquídea de la Noche
Por: Darío Valle Risoto

Ella estaba fumando en un rincón del boliche junto a la escalera que iba a la zona VIP, Carlos se despidió de Marta y Horacio, sus queridos amigos y se quedó solo tomando el resto de su Martini, no tenía ganas de volver a casa y mucho menos de sentarse a estudiar para el examen parcial del Lunes.
Ella había llegado a eso de la una de la mañana, lo sabía bien porque justo había consultado la hora nervioso cuando Marta le rogó que fuera el padrino del primer hijo de la pareja, estaba embarazada de cuatro meses y brillaba de alegría, tanto como el siempre optimista Horacio.
Con mucha elegancia les dijo que era ateo, ellos deberían recordarlo, les agregó que se negaba a jugar a las religiones con una criatura pero que el futuro y tal vez presente cariño por un niño que ya consideraba un sobrino, nada tenía que ver con esos rituales. Muchas veces olvidaba que su pareja de amigos era de la iglesia protestante, desde hacía mucho tiempo soslayaban el tema religioso por una cuestión de mutuo respeto.
No les agradó mucho el desdén y poco después se fueron, Marta aseguró tener un dolor de cabeza y entonces se quedó solo.
Había consultado la hora nervioso, la una y diez de la mañana y pasó esa mujer con un vestido verde y un bolso marrón y evidentes señas de que era una prostituta. Pero no bien lo miró desde el rincón Carlos se sintió absolutamente involucrado con la dama.
La opción de sentirse culpable por el desprecio era mejor dejarla debajo de la creciente excitación por esa dama que tenía un cuerpo más que generoso, digamos que absolutamente solidaria había sido la naturaleza con todo su perfecto fuselaje.
Una de las camareras le sonrió y él pidió otro Martini, la dama tomaba vino y a veces tenía la impresión de que lo observaba pero era difícil de asegurar cuando las luces de “Perdidos en la Noche” eran a veces muy tenues mientras sonaba un tema de Gal Costa en el aire.
Cuando comenzaba a pensar en volver a la pensión y dormir suficiente para entrarle a los libros de Filosofía ella ya no estaba sola sino acompañada de dos hombres de aspecto extranjero que le hablaban en voz alta.
Uno de los tipos le tomó la muñeca y ella se rió a carcajadas, el otro se mostró tan asombrado como Carlos, cuando se quitó el grueso apretón con un simple movimiento de su brazo y tomó del cuello al hombre solo para soltarlo segundos antes de que comience a toser con el rostro enrojecido.
Algo brillo debajo de la mesa.
Carlos comenzó a temblar nervioso, seguramente eran los proxenetas que la hacían trabajar y le pedían dinero, uno de ellos le apuntaba con una pistola por debajo y la cosa se ponía fea.
¿Qué hago?
Cuando todo anunciaba un terrible despelote, el recientemente disuadido tipo habló con el otro y ambos se retiraron, al pasar junto a Carlos este comprobó que evidentemente lo que había brillado por debajo de la mesa era el caño de un revolver que el tipo llevaba desprolijamente en la cintura debajo de su saco beige.
La mujer siguió tomando vino y luego fue al baño, Carlos pidió una Coca Cola, estaba decidiendo para sus adentros como acercarse a esa extraña y seductora mujer del vestido verde y los cabellos castaños.
Ella volvió del baño a tomar su lugar, Carlos se puso de pie y paso a paso se acercó a su mesa.
___Perdóneme, ¿La estaban molestando?
___ Acompáñame, ¿Qué tomás?
___ Me traigo mi Coca Cola, permiso.
___ Carlos Forteza.
___Orquídea
___Lindo nombre.
___No es el verdadero, desde luego, pero el otro es impronunciable, ¿Por qué te parecía que me estaba molestando?
___ Dos hombres bastante grandes, uno armado, discúlpeme pero creo que vi demasiadas películas de Scorsese.
___ Son mis empleados, no quieren que salga sola por Montevideo, dicen que es una ciudad peligrosa para mí, por mi condición de extranjera.
Carlos ya había adivinado cierto acento europeo indescifrable, pero era mucho más interesante observar la palidez de sus hermosos pechos agazapados dentro del escote del vestido.
___ ¿Te gustaría…? ¿Cómo es que dicen en Uruguay?…si, ya me acuerdo… ¿Ir a encamarnos?
Si no fuera por la Coca Cola Carlos hubiera pensado que estaba totalmente alcoholizado y que luego desvariaba cuando fueron juntos en un taxi a una casa de Carrasco y pasaron el resto de la mañana haciendo el amor en una habitación completamente a oscuras.
Al mediodía descubrió que los cristales de las ventanas estaban pintados de negro, que algo raro sucedía en esa casa y que ella, allí desnuda detrás suyo tenía algo de sobrenatural cuando abrió su hermosa boca de labios carnosos y desmesurados colmillos.

Unas horas antes del anochecer encontraron los restos de Carlos sin una gota de sangre en el arroyo Carrasco.

FIN