Momentos estelares de la CIENCIA

MOMENTOS ESTELARES DE LA CIENCIA ASIMOVarquimedes

Desde Arquímedes en adelante Isaac Asimov hace un fabuloso repaso de aquellos hombres que cambiaron el mundo con sus hallazgos científicos aún en contra del dogmatismo reinante de sus entornos, un libro que se lee disfrutando cada página como solo este para mi el escritor más grande que nos dio la literatura sabía hacerlo, de verdad, no lo van a poder abandonar.

Momentos Estelares de la Ciencia

Sociedad: Serlo o parecerlo

National Geographic Photo Contest 2013 (31)

Sociedad: Serlo o Parecerlo
Por: Darío Valle Risoto

Los seres humanos somos animales sociables, eso nadie lo puede discutir por más que en determinados momentos de la vida, sobretodo de los que vivimos en estas vorágines urbanas lo lleguemos a dudar bastante.

Para comenzar vivir en sociedad significa establecer ciertos criterios de convivencia que desde luego no todos cumplen pero si la mayoría y esto determina el perfil del grupo social al que pertenecemos. Alguien por allí les llamó: “Tribus” a los pequeños grupos sociales conformados por una serie de individuos con algunas o varias cosas en común que hacen que se diferencien sustancialmente de otros grupos. “Tribus Urbanas” serían estás según ese criterio que a mí me resulta muy discutible de comparar a estos pequeños grupos sociales con aquellas tribus primitivas. ¿Pero quién soy yo para discrepar con estos nerds que parece que viven inventando nuevos términos para cosas viejas?

Así que uno lo sepa o no, se crea integrante o no, pertenece a determinado grupo social con sus propias líneas de convivencia interna y por sobre todas las cosas con cierta imagen hacia afuera que puede ser negativa o positiva. Lo primero que nos viene a la mente son los grupos que se sienten identificados con cierto tipo de música pero también y por supuesto tenemos grupos con ideologías políticas, de género, grupos fanáticos de determinados deportes y de sus equipos, etc.

Desde luego que pueden trazarse líneas transversales y uno puede ser gay, gustarle la música electrónica y ser fanático de Boca Juniors y coincidir con otro heterosexual que escucha cumbias pero también ser fanático del mismo cuadro de fútbol.

Importante es destacar que generalmente hay cierta coincidencia estética para cada grupo social, se crea o no las partes que integran ciertas tendencias tienden a parecerse entre si también por su forma de vestir, hablar, conducirse por la vida, etc.
Ojo que por supuesto hay excepciones a toda regla y alguien puede tener gustos cruzados como por ejemplo llevar una remera con el logo de un grupo de Heavy metal y concurrir a un baile de reggaetón, pero generalmente no es la regla y seguro va a ser observado por más de uno.

A todo esto puedo pensar que en lo personal tengo una extraña tendencia a ir por mis grupos siempre al borde de lo que yo llamo un camino un tanto extremo porque suelo no pertenecer del todo a ninguno de ellos y desechar de plano a tantos otros como por ejemplo los constituidos por gente con fe religiosa, lo que no evita que pueda conversar con ellos pero nunca me sentiré ni siquiera del mismo planeta.

Muchos se juegan la vida por sus aficiones y suelen ser candidatos con cero pensamiento crítico dentro de ese sistema que eligieron vivir o les ha tocado por herencia de sus padres, por efecto del entorno inmediato o solamente porque carecen de la facultad de elegir por si mismos algo que discrepe con las mayorías.

Durante mi etapa adolescente me pregunté en determinado momento si algunas de mis posturas de vida muy diferentes a las de las mayorías no eran precisamente fruto de una etapa contestataria y solamente para marcar una diferencia o realmente yo era así. El tiempo, hoy que ya estoy veterano, me ha demostrado que no, que siempre fui tal como soy y para bien o para mal nunca me importó lo que piensen los demás por vivir rodeado de gente que no tiene nada en común con mis gustos.

Tal vez como tantos fui anarquista mucho antes de conocer esta ideología, probablemente haya un gen en algunos de nosotros que no se rige por opiniones ni busca agradar a los demás sino que de forma maravillosamente egoísta busca estar bien consigo mismo.

Pero por supuesto que ser auténticos trae sus problemas y no quiero decir que las masas anónimas de gentes que se parecen tal como fotocopias de ciudadanos promedio no sean auténticos, para nada, pero desde luego que preferiría morir ahora mismo a ser uno más de esa mayoría generalmente atontada que viaja por la vida mirando sus celulares, creyendo en dios y comprando los trapos de moda.

Y claro que uno va creciendo con menos amigos que dedos en las manos, en una mano para ser sinceros. A la gente no suele caerle nada bien que uno les diga que no le gusta aquello o lo otro o que tiene el gusto musical de un chimpancé y la cultura de un caballo. Con perdón de estos animales.

“A vos no te gusta nada” es una frase que en determinado momento de la vida casi me definía frente a los demás, no era así, pero bastaba discrepar con la tendencia de las mayorías para transformarse en una especie de entidad oscura y negativa. La gente suele regirse por lo que yo llamo: “la filosofía de las moscas” y esto es que si mucha gente hace o sigue algo, esto es bueno solamente porque muchos están en una misma ruta… aunque vayan al matadero. Por eso es más fácil matar corderos que lobos.

Por mi parte he llegado a pensar que debería ser estudiado en un laboratorio por carecer de muchas de las “cualidades” de mis congéneres como por ejemplo la de seguir un deporte con absoluta y desmedida pasión o sentir que la patria, dios, la familia y otro montón de cosas por el estilo deberían definir mi vida.

En realidad detesto el fútbol y no lo miro ni ningún deporte de los demás salvo muy contadas y rarísimas ocasiones pero de verdad creo que los deportes deben practicarse y no me entretiene verlos y como carezco casi por completo de espíritu competitivo me importa un verdadero pito si Peñarol, el cuadro del que soy supongo que admirador: gana o pierde.

Como técnico en comunicación social los periodistas deportivos de mi país y de tantos otros, los que en realidad son: “Opinadores de fútbol” me dan tanto gracia como me espantan por la continua e interminable sarta de estupideces que dicen sobre este deporte, creo que solamente para llenar interminables espacios en los medios de comunicación a sabiendas o no que siguen colaborando con la “chotes” general.

Tenemos retornando a aquello del principio de las llamadas “tribus urbanas” a personas que creyéndose superadas manifiestan adolecer de etiquetas sin saber que nos gusten o no todos las tenemos. El tema no es llevar la etiqueta de: negro, homosexual, metalero o derechista, etc. sino como esto es considerado por el entorno generalmente mucho más preparado para juzgar a los que están enfrente que a sí mismos.

Se trata sencilla y puramente de nuestro instinto de conservación el que pertenezcamos o nos agrupemos en estos grupos sociales y lleguemos a mirar con recelo a los que están del otro lado olvidando que muchas líneas transversales, si nos conocemos un poco, nos demostrarán que podremos ser diferentes en algunas cosas pero muchas otras nos pueden unir y debemos convencernos que cada uno es libre de hacer lo que se le antoje.

Así mis amigos que no es ni bueno ni malo discrepar con las mayorías, yo diría que cuando uno está convencido de algo y se siente bien con ello demuestra que existe por una mejor razón que seguir con el rebaño.

BrightBurn… Un Super malo

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BrightBurn
Por: Darío Valle Risoto

Alguna vez intentaré escribir algo sobre esa compulsión de traducir los nombres de las películas del Inglés al castellano a nombres que o no tienen nada que ver con el título original o que de alguna manera parece que tratan de explicar mejor de que van las películas porque quizás opinen que los latinos somos más tontos que ellos. Abundan los ejemplos de películas que fueron cambiadas de nombres a cosas muy diferentes, les doy un solo ejemplo de miles: “One Flew Over the Cuckoo’s Nest” tendría su traducción más o menos literal en: “Alguien voló sobre el nido del cuco” y sin embargo en el Uruguay la llamaron: “Atrapado sin salida”, ¿Qué les parece?

A lo nuestro, esta: “Brightburn” me llega como: El Hijo de la oscuridad, lo que bien serviría para una película de vampiros o de un niño que nace durante un apagón pero no, nada de ello, esta película si bien es difícil de clasificar bien que puede encasillarse como una de terror por más que el referente principal de la historia sea el mero origen de Superman pero tomado en un tono por demás siniestro.

Así que tenemos todos los elementos ya clásicos del niño proveniente del espacio al que se le van manifestando superpoderes pero en este caso no se trata del noble Clark Kent sino de algo tan poderoso como siniestro encarnado por un niño de trece años que comienza a notar que bien puede superar a todo el mundo, a todo el mundo precisamente.

Ambientada en un medio rural muy similar a la Kansas de Superman veremos que la película tiene estos elementos pero fácilmente es una de espantos varios y por sobretodas las cosas nos pone en la terrible perspectiva de que haríamos si existiera alguien con poderes casi ilimitados y con ninguna posibilidad de amar.

Buena narración, excelente ambientación y actuaciones con un algo original dentro de dos estilos de cine que raramente se pueden cruzar como el de superhéroes y el del terror, más de súper héroes poco y nada, ya lo verán.

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Aparentemente hay un cómic sobre este personaje

Algo para meditar

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La mujer le preguntó: “¿A cuánto estás vendiendo los huevos?”

El viejo vendedor respondió: a $10 / – el huevo, señora”.
Ella le dijo: “Tomaré 6 huevos por $50 / – o me iré”.
El anciano vendedor respondió: “Esta bien señora, llévelos al precio que usted quiera”. Puede ser, que este sea un buen comienzo, porque hoy no he podido vender ni un solo huevo.

Ella tomó los huevos y se fue sintiendo que había ganado. Se subió a su automóvil y se fue a un elegante restaurante con una amiga.

Allí, ella y su amiga, ordenaron de la carta, lo que mas les gustaba. Comieron un poco y dejaron mucho de lo que ordenaron. Luego ella fue a pagar la cuenta. La factura le costó $3800 / -. Ella dio 4000 / – y le pidieron al dueño del restaurante que se quedara con el cambio.

Este incidente podría haber parecido bastante normal para el propietario pero, muy doloroso para el pobre y anciano vendedor de huevos.

La cuestión es:
¿Por qué siempre demostramos que tenemos el poder cuando compramos a los necesitados? ¿Y por qué somos tan generosos con aquellos que ni siquiera necesitan nuestra generosidad? ¿Por qué nos gusta tanto vivir de las apariencias?

Alguna vez leí en alguna parte:

“Mi padre solía comprar productos simples a los pobres a precios altos, aunque no los necesitaba. A veces solía pagarles más.
Me preocupé por este acto y le pregunté por qué lo hacía. Entonces mi padre respondió: “Es una caridad envuelta en dignidad, hija mía”

La religión es el opio del pueblo

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“La religión es el opio del pueblo…”

Fuente: Sin Dioses

La frase “La religión es el opio del pueblo”, traducida del alemán “Die Religion […] Sie ist das Opium des Volkes”, es una cita del filósofo alemán Karl Marx (https://es.wikipedia.org/wiki/Opio_del_pueblo), que forma parte del escrito “Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel”, publicado en 1844 por el periódico Deutsch-Französischen Jahrbücher her (Anuarios Franco-Alemanes). De origen judío, Karl Heinrich Marx nació en el Reino de Prusia en 1818, y falleció en Inglaterra en 1883.

El opio es, como se sabe, una sustancia narcótica y analgésica extraída de las semillas de la planta Papaver somniferum, una amapola común. Del opio se derivan además la morfina y la heroína, que son drogas altamente adictivas. Durante la primera mitad del siglo XIX, mientras Marx vivía, el comercio del opio con China por parte del Reino Unido, Francia y Estados Unidos, generó conflictos que concluyeron en dos guerras entre los imperios chino y británico.

El párrafo completo de Marx dice: “La miseria religiosa es, al mismo tiempo, la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura atormentada, el alma de un mundo desalmado, y también es el espíritu de situaciones carentes de espíritu. La religión es el opio del pueblo.” Aquí se observa que para Marx aunque la religión es una forma de miseria humana, constituye a la vez un alivio artificial de carácter emocional, para una humanidad atormentada que necesita de una vida “espiritual” en un mundo material que es indiferente a su bienestar.

Tengamos en cuenta sin embargo, que una vida “espiritual” no tiene que ser proporcionada necesariamente por la religión. Sam Harris (n. en 1967) lo explica: “Es común que la gente crea que los ateos están en principio cerrados a experiencias espirituales. Pero lo cierto es que no hay nada que impida a un ateo experimentar un amor más fuerte que ellos, o éxtasis, o sobrecogimiento. De hecho no hay nada que impida a un ateo entrar a una cueva durante un año o una década, y practicar meditación como un verdadero místico.” Christopher Hitchens (1949-2011) por su parte, prefería referirse a este tipo de experiencias psíquicas como “numinosas”, aplicando la palabra acuñada por el historiador religioso alemán Rudolf Otto (1869-1937).

Pero continúa Marx: “Renunciar a la religión en tanto dicha ilusoria del pueblo, es exigir para éste una dicha verdadera. Exigir la renuncia a las ilusiones correspondientes a su estado presente, es exigir la renuncia a una situación que necesita de ilusiones.” O sea, según entiendo, para Marx la religión proporciona una dicha ilusoria similar a la droga, y renunciar a esta forma de auto-engaño, es reclamar una forma de dicha más basada en la realidad. En otras palabras, aunque Marx reconoce en las sociedades la necesidad de una “vida espiritual” (o numinosa) que satisfaga sus requerimientos emocionales, considera que esa necesidad no debe ser satisfecha con subterfugios que alejen a las personas de su realidad, como la religión.

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Es comprensible que la religión, con su propuesta de un mundo imaginario después de la muerte, tenga un efecto sedante y analgésico que ayuda a sobrellevar el dolor, el sufrimiento y la miseria del ambiente social en que vive la persona; pero igual que como ocurre con las drogas, la desenfoca de la realidad, la adormece y la vuelve más manipulable y tolerante a las injusticias. Así que podemos decir que igual que el opio, la religión alivia el dolor, pero también limita el pensamiento, e impide enfrentar la realidad, además de que también es adictiva.

Discépolo nos cuenta…

enrique santos

DISCÉPOLO CUENTA… “Cómo escribí Yira, yira”
“Yo no escribí ´Yira… yira…´ con la mano. La padecí con el cuerpo. Quizás hoy no la hubiera escrito porque los golpes y los años serenan. Pero tenía veinte años menos y mil esperanzas más. Tenía un contrato importante con una casa filmadora que se empeñaba en hacerme hacer cosas que me desagradaban como artista… Como hombre digno. Y me jugué. Rompí el contrato y me quedé en la calle. En la más honda de las pobrezas y en la más honrada soledad…

“Yira… yira…” surgió, tal vez, como el más espontáneo, como el más mío de los tangos, aunque durante tres años me estuvo “dando vueltas” inspirado en un momento de mi vida. Yo, sin un centavo, me fui a vivir con mi hermano Armando a la calle Laguna. Ahí surgió “Yira… yira…”, en medio de las dificultades diarias, del trabajo amargo, de la injusticia, del esfuerzo que no rinde, de la sensación de que se nublan todos los horizontes, de que están cerrados todos los caminos. Pero en aquel momento, el tango no salió. No se produce en medio de un gran dolor, sino con el recuerdo de ese dolor.

“Yira… yira…” nació en la calle. Me la inspiraron las calles, el hombre y la rabia de Buenos Aires… La soledad internacional del hombre frente a sus problemas…

La letra de esa canción yo la padecí más de una vez. Pero nunca tanto como en la época en que la escribí. Hay un hambre que es tan grande como el hambre del pan. Y es el hambre de la justicia, de la comprensión. Y la producen siempre las grandes ciudades donde uno lucha, solo, entre millones de hombres indiferentes al dolor que uno grita y ellos no oyen. Londres gris, Nueva York gris, Buenos Aires…, todas deben ser iguales… Y no por crueldad preconcebida sino porque los hombres de las grandes ciudades no pueden detenerse para atender las lágrimas de un desengaño. Las ciudades grandes no tienen tiempo para mirar el cielo… El hombre de las ciudades se hace cruel. Caza mariposas de chico. De grande, no. Las pisa… No las ve… No lo conmueven…

“Yira… yira…” fue una canción de la calle. Grité el dolor de muchos, porque de esa manera estoy más cerca de ellos. Usé un lenguaje poco académico porque los pueblos son siempre anteriores a las academias. Los pueblos claman, gritan, ríen y lloran sin moldes. Y una canción popular debe ser siempre el problema de uno padecido por muchos…

-Fuente: Escritos inéditos de Enrique Santos Discépolo. Buenos Aires, Ediciones del Pensamiento Nacional, 1986, págs. 28-30–

YIRA YIRA
Tango 1930
Enrique Santos Discépolo

Cuando la suerte qu’ es grela,
fayando y fayando
te largue parao;
cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao;
cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secándose al sol;
cuando rajés los tamangos
buscando ese mango
que te haga morfar…
la indiferencia del mundo
-que es sordo y es mudo-
recién sentirás.

Verás que todo el mentira,
verás que nada es amor,
que al mundo nada le importa…
¡Yira!… ¡Yira!…
Aunque te quiebre la vida,
aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor.

Cuando estén secas las pilas
de todos los timbres
que vos apretás,
buscando un pecho fraterno
para morir abrazao…
Cuando te dejen tirao
después de cinchar
lo mismo que a mí.
Cuando manyés que a tu lado
se prueban la ropa
que vas a dejar…
Te acordarás de este otario
que un día, cansado,
¡se puso a ladrar!