Cuentos de Robots 1 Parte 21: Final

Cyber Robots
Parte 21: El Fin del Sueño Eléctrico

Por: Darío Valle Risoto

Debí saberlo, era cuestión de tiempo en que nos encontrara el gobierno, a fin de cuentas el gobierno siempre te encuentra si de verdad lo quiere.

Ahora tenía los restos de Tomiko entre mis manos y a mis espaldas las instalaciones de inteligencia hechas trizas, ella sola había matado a decenas, tal vez cientos de soldados, agentes, policías, científicos y toda rata de caño que pretendiera evitar nuestra fuga.
Pero Tomiko no era invencible.

El hijo de puta del agente Smith antes de caer muerto le disparó la bala de plasma a la espalda y ella se desmaterialisó por un pestañeo y luego se desprendió desde adentro como si algo hubiera crecido sacándole los órganos afuera.
La sostuve ente mis manos y lloré hasta que ya no tuve lágrimas, quise estar muerto y sin embargo le debía mi vida a esta compañera artificial mucho más viva que todos, absolutamente todos los lacayos del sistema que nos habían querido usurpar la libertad.
Tomiko estaba muerta definitivamente.
Apagada
Desconectada
Sin alma.

Solo un cuervo vino volando desde el bosque cercano y se puso a comerle los ojos a uno de los tantos soldados muertos.
Yo estaba cubierto de sangre, gel verde y quién sabe que sustancias que habían llenado el aire cuando nos rodearon y ella comenzó a detener los disparos con su hermoso cuerpo para protegerme.
¡Yo la amaba!
¡Cuánto la amaba!
Y ahora: Apagada, muerta, desconectada, sin alma.

La dejé atrás o lo poco que quedaba reconocible de su perfecto cuerpo japonés, Tomiko había dado la vida por mí, por su dueño.
__ Sabes que te amo realmente.
Me dijo la chica que aquel lejano día había llegado en una gran caja de aluminio.

Pero ahora se había acabado el sueño eléctrico.

FIN

Cuentos de Robots 1 Parte 20

Cyber Robots
Parte 20: Lapsus sangriento
Por: Darío Valle Risoto


Realmente tenía miedo, debo admitirlo, sentado y atado con una luz frente a los ojos que me enceguecía y el pelmazo del agente Smith escupiendo preguntas absolutamente absurdas que apenas mi débil conciencia me permitía hilvanar. ¿Adonde iba todo esto?
__ Tráiganle agua __ Le escuché decir pero uno de sus subalternos le dijo que no era buena idea después de los choques eléctricos.
Entonces recordé.
El secuestro, la caída de Tomiko y el último fulgor de sus ojos rasgados mirándome desde el piso y una débil sonrisa que me enviaba un mensaje: No te asustes, yo te voy a salvar…
Nanites
Pequeños robots: seres inteligentes del tamaño de una décima de milímetro que se introducen en un sistema y pueden alterarlo.
Soñar despierto: Tomiko crece entre mis manos y le salen alas de mariposa en la espalda, el cielo se tiñe de rojo y me dice: No te asustes, yo te voy a salvar.

__ ¿Cuántos más hay en su organización?
__ Váyase a la concha de su madre.
__ ¿Qué dijo?
__ Algo sobre su madre señor.

Otro golpe, pero ya no siento nada, el agente Smith se escucha cansado, en alguna parte leí algo sobre la débil sicología de los torturadores. ¿Cuándo fue?, A si, golpe de estado en…

El agente Smith se fue a lavar la cara con agua fría al baño continuo, estaban en un fortificado bunker del ejército cerca del lago Jackson, antes de salir a su despacho ordenó que suelten al prisionero, lo bañen y le den alimento no bien vuelva en si. En el agua del lavabo corría sangre del prisionero mezclada con grandes cuotas de frustración.
Golpeó el espejo y este se astilló, cayeron unas gotas de su propia sangre al remolino que chupaba el agua rumbo al drenaje.
Se sintió un poco mejor, se ajustó la corbata y salió al corredor, dos soldados le saludaron y sin contestar entró al hangar donde tenían a Tomiko dentro de un contenedor exoplasmático, a él estaban adheridos todo tipo de censores.
La sala era grande, a la derecha de la puerta de entrada había una serie de monitores y ordenadores, dos operarios revisaban los datos mientras un hombre maduro de túnica celeste se acercó al agente.
__ ¿Alguna novedad?
__ Es un ejemplar realmente único, tiene, muchas características especiales…
__ Dígame algo que no sepa.
__ Bueno, está en stand by pero dentro suyo hay un elemento energético que tiene todas las señas de ser…
__ Vamos, hable carajo que no tengo todo el día.
__ Un mini reactor atómico señor, parece como una pequeña bomba de fusión nuclear.
Smith se acercó al monitor central donde se leían datos biométricos de la chica que permanecía aún vestida como la habían aprendido, sin embargo en una pantalla alterna los vectores de rayos x la mostraban desnuda y en una tercera pantalla se apreciaba una especia de bomba en lugar del corazón.
__ ¿Es eso?
__ Si, tiene un corazón que podría darle energía a un pequeño país por unos diez años.
Smith sonrió.
__ Fabuloso.
__ ¿Qué vamos a hacer al respecto?
__ ¡Quítenselo! __ Dijo dando la espalda para volver a informar al comando mayor del hallazgo, se sentía eufórico casi tanto como al tratar de sacarle algo al tal Daniel.
En el hangar el profesor Álvarez que había terminado de hablar con Smith se disponía a abrir el contenedor para penetrar en el tórax de la Bioandroide y cumplir con sus órdenes de quitarle el pequeño reactor en medio de su pecho.
__ Bájenla lentamente, avísenme de cualquier cambio en su situación, no queremos que se despierte.
Tres pinzas metálicas colocaron el contenedor plástico sobre una mesa de acero inoxidable, abrieron este y la gelatina corrió cayendo en parte al piso donde rápidamente unos achatados robots de limpieza acudieron a absorberla con sus aspiradores.
Álvarez se ajustó automáticamente sus anteojos y se acerco a la chica, una de las ayudantes le cortó la ropa con unas tijeras láser. Su cuerpo totalmente desnudo motivó que otros ayudantes se arrimaran a ver.
Entonces Tomiko abrió los ojos al mismo momento en que los ordenadores disparaban todas sus alarmas indicando que el ser automático se había auto activado.
__ ¡Imposible! __ Exclamó el profesor Álvarez mientras la chica se sentaba y observaba el nuevo ambiente donde se encontraba.
__ ¿Dónde está Daniel?
__ Tranquilícese, está bien, pronto lo verá.
__ Me esta mintiendo.
Tomiko sentía el débil sudor en la frente del profesor y el aumento de sus palpitaciones, el miedo se podía respirar en la sala y además había que detener las alarmas. Solo le bastó un parpadeo y todos los monitores se apagaron.
__ ¿Cómo?
__ Señor entró en el software, ella está escaneando todo el bunker en busca de su…
__ Pareja.

Tomiko dicho esto se bajó de la mesa posando sus pies sobre el piso enorme y frío del hangar cuatro del bunker. La asistente del doctor Álvarez le alcanzó un overol color naranja que colgaba junto a la puerta, otro de los ayudantes le informó a su superior que les era imposible comunicarse con el resto del lugar y mucho menos pedir asistencia de seguridad.
Álvarez se rascó la cabeza, era un hombre mayor extremadamente delgado con gesto adusto pero sin embargo muy inteligente como para cometer una torpeza.
Tomiko recibió datos que la hicieron sonreír, eso era realmente extraño proviniendo de un ser artificial.
__ Necesitamos saber más de ti, por el bien de la…
__ ¿Patria?
__ Humanidad
__ ¿Qué humanidad tortura a sus semejantes?

Como un rayo Tomiko eliminó a las seis personas de la sala, incluido el profesor Álvarez jefe científico del hangar cuatro a cargo del ejército nacional

Continuará.

Cuentos de Robots I Parte 19

Cuentos de Robots
Parte 19: La Princesa Katamado
Por: Darío Valle Risoto


Ella recortaba las flores delicadamente, todo el jardín aunque diminuto parecía un multicolor cuadro donde destacaban los faroles de papel sobre los soportes de madera y la pequeña alberga central donde nadaban peces dorados.

Un hombre diminuto cruzó las puertas de cristal y caminó hacia ella disfrutando de los aromas naturales tan caros para esas épocas donde todo era artificial.

__ Le agradezco que me reciba princesa. __Pronunció Ozamu bajando la cabeza y mirando al piso de piedras azules y grises.


Ella era hermosa, delgada y con su delicado vestido blanco con grullas doradas estampadas parecía una visión mitológica, pero era la última princesa con vida y heredera directa del emperador en caso de su muerte.

__ ¿Tomiko está en peligro?
__ La secuestraron a ella y a su pareja.
Los largos cabellos sedosos y negros de Akina Katamado estaban surcados por algunas canas plateadas, no era una mujer joven pero tenía una belleza increíble que sensibilizaba al científico de avanzada edad.
__ ¿Podemos hacer algo? ___Preguntó sin mirarlo, mientras colocaba unos brotes de Pensamientos sobre una línea de tierra y los enterraba delicadamente, luego les rociaba con agua muy lentamente, el hombre sintió algo vivificante como si fuera la tierra sedienta que recibiera esos dones de la vida.
__ Podría enviar la orden de autodestrucción e inhabilitarla para siempre, eso retrasaría el conflicto, tal vez, solo tal vez.
__ Francia, Inglaterra y Estados Unidos ya tienen naves en el mar de China, pronto se les unirán Inglaterra y Rusia, solo Argentina, México y la India nos apoyan, nada evitará la guerra,
__ Lo siento.
Ella se quitó los guantes y acarició las hojas de una Petunia, le miró, se notaba inmensamente triste pero de fuerte templanza, le señaló a unos metros una pequeña mesa de jardín donde los sirvientes les servían té.
__ Hace dos días el general Okatama vino a verme, me propuso muy sutilmente traicionar al emperador, derribar al primer ministro y tomar el poder que según él, me pertenece por herencia, todo por la paz con el resto de las naciones.


La pequeña taza de color blanco perfecto casi cae de las manos de Ozamu Matsushita.

__ Le dije que su muestra de deshonor era un insulto para la nación japonesa, que deshonraba el recuerdo no solo de nuestros ancestros sino de los que van a heredar nuestro sol, le pedí que desapareciera de mi vista… Ayer lo encontraron muerto en su oficina del cuartel, había cometido Sepuku.
__ Lo siento.
__ Yo no mi querido amigo, al menos hizo lo último que puede hacer un traidor pero me pregunto si sus subalternos y amigos piensan igual que él, esta mañana nuestro emperador partió de incógnito al Brasil, aún así solo contamos con poca gente de confianza, entre ellos desde luego que usted.
__ ¿Y porqué no nos atacan y ya?
La princesa sonrió.
__ Su prototipo profesor, temen que en nuestras tierras tengamos un ejército de bioandroides o lo que es peor, que ya les hayamos infiltrado en sus naciones.
__ Pero solo tenemos diecinueve de ellos.
__ Solo lo sabemos nosotros dos honorable profesor, solo nosotros dos.
__ ¿Y que me sugiere?
__ Lamento decirle que deberemos violar la ley principal de la robótica si queremos que nuestro querido país siga en pie, aunque nuestra tecnología es superior ellos son casi todo el resto del mundo, ya tenemos noticias de que el canciller de Corea está a punto de firmar una alianza con China y en contra nuestro.
__ ¡Son como buitres!
__ Nosotros producimos el 20% de la tecnología mundial y la casi totalidad de la robótica de una u otra manera es de nuestra factura, por lo tanto nos odian y lo que es peor…
__ ¿Qué?
__ Nos temen.
__ ¿Usted cree?.
__ Deberían temernos.


Entonces mientras tomaba su té la princesa Katamado sonrió dejando ver el característico brillo de los bioandroides en su mirada, era otro de los secretos que solo ella y Ozamu Matsushita guardaban.

Continuará.

Cuentos de Robots I Parte: 18

Cuentos de Robots
Parte 18: Cuatro meses en libertad
Por: Darío Valle Risoto

Habían pasado cuatro meses y nos habíamos refugiado en el campo a muchos kilómetros de ciudad Central, sin embargo de tanto en tanto subíamos a la colina más alta y veíamos la ciudad desde lo lejos. Los gigantescos rascacielos se parecían a torres sagradas contra el rojizo del cielo contaminado que en las tardes comenzaba a teñirse de dorado y luego se cubría de oscuridad.

Tomiko ya no era siquiera la sombra de un ser artificial, yo comprendía que la vida puede encerrarse en los más variados aspectos y sin embargo la muerte tristemente se disfraza de pesar y dolor.
El gobierno hacía requisas y buscaba infructuosamente a esos robots especiales que la unión de naciones pretendía anular, Japón permanecía en la mira de las naciones regidas económicamente por las compañías multinacionales de autómatas y una nueva confrontación militar a escala global era inminente, al menos eso escuchábamos en las noticias.
Y yo ya no era aquel Daniel con severos problemas de personalidad, la vida al aire libre me había endurecido contra los avatares de una sociedad que todo lo provee a niveles materiales pero nos quita la posibilidad de existir de las formas más tortuosas.

Hacíamos el amor con Tomiko casi dos o tres veces al día, yo me sentía eufórico cada vez que ella se desnudaba en nuestro pequeño cuarto de la cabaña que habíamos encontrado en medio de los bosques o cuando nos bañábamos junto en la cascada al pie del río Jackson White.
Pero no todo dura para siempre y una aciaga tarde ella me persuadió de alejarnos de nuestra casa tomando lo más urgente, como yo ya había depositado toda mi confianza en ella no le pregunté nada y corrimos rumbo al bosque justo cuando el zumbido de tres naves voladoras se aproximaba desde las montanas.

Entonces vimos a una veintena de policías especiales escaneando nuestro último hogar y una ola de desesperación me cubrió cuando ella con los puños cerrados observaba como esos hijos de puta destruían sus plantas de Tomates y tiraban los enceres al césped rompiendo las ventanas.
Un viejo conocido bajó de una de las naves de bruñido color negro, era el agente Smith con su patético rostro de perro del sistema y su actitud arrogante.
Entonces fue cuando la derribaron.

Algo caliente rozó mi oreja izquierda como si un insecto llameante me atravesara los oídos, pero fue sobre el la espalda de Tomiko que el misil pequeño pero letal de energía reventó dejándola inconciente.
__ ¡Hijos de puta!
Grité disparando mi arma contra la espesura del bosque que al anochecer se tornaba indivisible pero pletórica de miradas agresivas.

Mi Balkk 378 de rayos expansivos derribó algo cerca de nosotros, sentí un bufido de dolor y vi cuando la vista se me acostumbró a los reflejos de múltiples disparos que le había dado a dos oficiales que a pesar de sus armaduras caían sobre algunos compañeros.
Entonces una horda de milicos cayó sobre mí y me dieron un golpe tan fuerte en la nuca que antes de perder el conocimiento solo pude ver como Tomiko era metida en un contenedor exoplasmático para inmovilizarla.

No se si estuve soñando o me habían drogado pero comencé a repasar en mi mente los momentos más importantes de mi vida y salvo la muerte de mi querido perro Adolfo y mismo la de mis queridos padres, todo lo demás estaba indisolublemente ligado a esa bellísima japonesa que había comprado hacía casi un año ya.
Escuché órdenes a los gritos y botas golpeando sobre una superficie rugosa, era como un túnel donde me encontraba o tan solo mi mente comenzaba a recuperar la cordura luego de haber sido sometido a horas de interrogatorio.
__ ¿Usted es comunista?
__ ¿Cuándo conoció a Ozamu Matsushita?
__ ¿Cuándo pretenden tomar el poder y como?
__ Un vaso de agua por favor.

Continuará.

Cuentos de Robots I Parte: 17

Cuentos de Robots
Parte 17: Artefactos
Por: Darío Valle Risoto

__La policía está evidentemente en alarma general, hay demasiados vehículos en la calle
    Cuando se lo dije, me di cuenta que la única preocupación de Tomiko era mi seguridad, estábamos sentados sobre unos trastos en un callejón, el viento que corría con más fuerza entre los altos edificios hacía que su cabello lacio se levantara, me sonrió.
__El campo es una opción, podemos fraguar una tarjeta de paso para las zonas verdes de las afueras y trabajar en una granja. __Le agregué mientras veía como unos policías fuertemente armados registraban los edificios que rodeaban mi vieja vivienda.
Un robot municipal plateado con un solo ojo en el centro de la cabeza pasó a nuestro lado, Tomiko se acercó a él y le apoyó una mano en el pecho, sus ojos se quedaron blancos y el único visor del robot comenzó a tintinear.
__ ¿Qué haces?
__ Si vamos a tomar el metro será necesario crear una distracción para que los policías no nos vean
El robot se separó de su mano y cruzó resuelto, todo lo resuelto que nos puede parecer un humanoide de piernas flacas y brazos extensibles, al llegar junto a una de las patrullas la comenzó a levantar de uno de los lados hasta darla vuelta, varios policías comenzaron a gritarle y a apuntarle con sus armas.
Solo escuché disparos a nuestras espaldas porque ella me obligó a cruzar hasta que tomamos el metro, cuando entramos todas las fotografías de nosotros digitalizadas en las paredes y pantallas de los corredores comenzaron a borronearse.
__ ¿Qué le hiciste?
__ Lo reprogramé, es sencillo, ellos… ellos son fácilmente persuasibles.
La besé en los labios y me miró con un dejo de tristeza, leí en sus ojos que en el fondo estaba feliz de nuestra huída, tuve que reconocer que yo también, que mi vida como agente de una compañía de turismo, mis vacuas amistades, prácticamente todo me importaba una mierda.
El metro rodeaba el centro de la ciudad, era necesario cambiar a la línea C para llegar a las afueras, algunos policías entraron a nuestro vagón pidiendo tarjetas de registro o leyendo huellas digitales y/o oculares, antes de cruzarnos otro robot, en este caso uno de la compañía comenzó a lanzar chispas y los agentes tuvieron que sacarlo de allí.

__Estoy comenzando a pensar que sos como una diosa para ellos.
Tomiko se mostró pensativa.
__Me causan tristeza, fueron construidos para facilitarles las cosas a los humanos y sin embargo no reciben casi nunca muestras de agradecimiento, su vida…, su existencia es muy oscura.
__Antes hubiera dicho que una tostadora, una aspiradora, cualquier artefacto no necesita agradecimiento, ahora no se nada sobre nada Tomiko, tu cambiaste sustancialmente lo que yo tenía como concepto de la existencia.
__ ¿Acaso la mayoría de la gente que conoces no actúan la mayoría o todas sus vidas como simples artefactos?
El tren dejó un túnel y salió a un sol intenso, dorado, embriagador, ella brillaba junto a la ventanilla mientras nos acercábamos al primer paso de frontera de Ciudad central.
En mi mente desfilaron miles de rostros conocidos o anónimos que trascurrían por el mundo sin rumbo, solo consumiéndolo todo como insectos.

Continuará.

Cuentos de Robots I Parte: 16

Cuentos de Robots
Parte 16: Escape to Freedom
Por: Darío Valle Risoto

Caímos en la calle que se rajó bajo el peso de ambos, ella permaneció indemne aunque sus calzados se hicieron pedazos, me tapó la cara con una de sus manos cuando saltaban las esquilas del asfalto. Mi mente comenzaba a zozobrar entre pensamientos confusos y atiborrados de imágenes terribles, entre ellas las tripas de mi querido Adolfo desparramadas sobre el piso de mi departamento.
Tomiko observó a los alrededores, por suerte nadie la había visto caer, me preguntó si me sentía bien y me desmayé, no se cuanto pasó hasta que me desperté en un sitio húmedo y oscuro, era un túnel de los que abundan junto al río Macintosh, muy cerca de mi casa.   
__ ¿Tomiko?
__ Lo siento Daniel, no era mi intención, ahora te perseguirá la policía, deberías entregarme para que me desensamblen.
Ella estaba a pocos pasos de mí en la oscuridad, traía calzados deportivos y se había cambiado la ropa, me alcanzó un recipiente con sándwiches, había ido de compras mientras yo estaba inconciente.
Al comer me sentí mejor y de pronto comprendí que la elección no era fácil, mi vida había dado un giro radical, mi trabajo, mis amistades y todo lo que me rodeaba debería ser cambiado por una vida junto al ser que más amaba en el mundo, ella estaba junto a mi y en su rostro lejanamente artificial la tristeza fue una sombra.
__ No te sientas mal Tomiko, vos sos lo más importante de mi vida.
Caía la tarde y veía su silueta recortada contra el túnel, más allá el río y el resplandor del sol que teñía de rojo y violeta los edificios del centro de ciudad Central.
__ Es demasiado, debería desconectarme a mi misma, en estos casos tengo la potestad de hacerlo, pero no puedo, se que si sigo junto a ti corres riesgo de vida. ¿Soy egoísta?
Me sorprendió que hiciera tan seguido mención de su realidad artificial, sin embargo era más humana que la mayoría de la gente que conocía y no estaba dispuesto a perder a la única mujer que me complementaba realmente en la vida, por más que tuviera un corazón de plástico y metal.
__ Nos deberíamos ir al campo, lamentablemente no tengo un peso y para viajar hace falta plata, mucha plata en estos tiempos de inflación.
__ Eso no es problema. __Me mostró un pequeño bolso lleno de billetes que eran muy raros en nuestra época de dinero digital pero aún se usaban, me dijo que no le era difícil detectar los códigos de las cajas bancarias, así como manipular las cámaras.

POLICÍA DE CIUDAD CENTRAL
__ Sin lugar a dudas es un bioandroide, deberemos ponernos en clave roja hasta que la encontremos, ya mató lo que significa que pronto tendremos al gobierno respirándonos en la nuca.
El agente Smith golpeó con furia el escritorio con su brazo sano, el otro lo tenía vendado, durante el asalto al departamento de Daniel uno de los proyectiles lanzados por sus aterrados agentes le habían dado en el antebrazo izquierdo. De alguna forma eso le había salvado la vida porque calló para atrás justo cuando la chica eliminaba a los demás y luego entre el humo la veía saltar con alguien en los brazos.
__ Daniel Mendizábal, sin antecedentes formales señor, solo alguna trasgresión en el tránsito sin importancia. __Un subalterno le alcanzó la carpeta con una fotografía de un hombre común y corriente.
__ ¿Cómo la adquirió?
__ Allí lo tiene señor, vía Internet, directamente del Japón, se endeudó hasta las pelotas para pagarla, todavía tiene una hipoteca sobre el departamento y otras deudas diversas.
Smith miró la fotografía de Daniel impresa sobre el material plástico de la carpeta.
__ Creo que este enfermito sexual va a tener mayores problemas que sus deudas agente Rizzo.
Continuara.

Cuentos de Robots I Parte: 15

Cuentos de Robots
Parte 15: Adiós mi querido Adolfo
Por: Darío Valle Risoto

Ella creo que intentó detenerme pero sin embargo sabíamos los dos que en el preciso momento en que nuestras vidas se habían cruzado todo cambiaría indefectiblemente. Tomiko se acercó a la puerta del apartamento y comenzó a escuchar las voces que a metros en el corredor hablaban de nosotros.

__ ¿Todo bien agente Smith?
__No soldado, hay algo raro en los datos del apartamento que acabamos de dejar, la chica no da reflejos de vida en un 100%, hay algo raro. __Dijo mostrándole el escáner a uno de los policías militarizados.
__ ¿Puede estar enferma?
__Hay tres colores en los biodatos, uno: vida absoluta y es verde, dos: vida con enfermedad y es amarillo, si fuera un robot común daría color azul.
__ ¿Y en este caso?
__Todo blanco, ni siquiera sabía que el escáner tenía esa función.
El policía martilló su arma y sus compañeros hicieron lo propio, el agente Smith les siguió a prudente distancia.

Cuando yo buscaba mi ropa y metía rápidamente lo más urgente en una mochila escuché un estruendo y ruido de maderas rotas, también los vidrios que separaban a mi vivienda de la terraza estallaron cuando disparos de balas de gas llenaron de humo el recinto principal de mi casa. Al intentar salir Tomiko estaba de pie en medio del pequeño corredor que conducía a mi cuarto, el humo solo me dejaba ver su silueta.
En medio del humo uno de los policías la vio y se tiró sobre ella, otro fue detenido por una sombra que lo golpeó y las mandíbulas de mi querido perro Adolfo se abatieron muy cerca de su garganta felizmente cubierta por la armadura.
El tercer policía le disparó a mi perro mientras Tomiko intentaba que yo no volviera a por mi arma.
__Permanece en el cuarto, yo me encargo. __Me dijo con voz demasiado tranquila para la situación.
Adolfo rodó atravesado por un disparo sobre un charco de su propia sangre, escuché un doloroso alarido desde mi cuarto justo cuando los gases comenzaban a hacerme perder el conocimiento.
Luego me enteré que Tomiko terminó rápidamente con los tres agentes y el funcionario Smith del gobierno, moviéndose con rapidez sobrehumana les fracturó los brazos, les rompió el cuello o les aplastó la cara con sus propios fusiles de plasma.
Cubierta de sangre me tomó sobre su hombro y me sacó de allí saltando por la ventana hacia la calle.

EN ESE MOMENTO EN TOKIO
Okamoto entró corriendo al despacho de su jefe, encontró a Ozamu Matsushita sentado golpeando con un lápiz sobre el escritorio mientras saboreaba un chupachup.
__Se… señor… los datos, nuestro prototipo ha matado, señor…
__Los sé mí querido Shijemi, me lo temía, yo me lo temía desde el principio.
__Pero, las leyes de la robótica de Asimov son…
__No son nada mi estimado Shijemi Okamoto, ya lo hemos superado hace años y este es el resultado, hemos creado bioandroides demasiado humanos.

Continuará.