¿Qué quieres ser cuando seas feliz?

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¿Qué quieres ser cuando seas feliz?
Por: Darío Valle Risoto

Hay dos preguntas estúpidas que suelen hacernos a prácticamente todos en nuestras vidas, bueno: hay muchas más que dos, pero en este caso me refiero a aquella que suelen hacernos cuando niños unos adultos que ya comenzamos a dudar con cuatro o cinco años si de verdad nos espera algo así dentro de un tiempo y es: __¿Qué quieres ser cuándo seas grande? Sin comentarios.

La otra pregunta viene de mayorcitos y no le va en saga sobre lo absurdo y es la de si tuvimos una niñez feliz, lo que viniendo de gente que se supone adulta y racional raya con lo sobrenatural porque habría que preguntarles a su vez: __¿Qué es la felicidad para vos pelotilla?

La nostalgia generalmente se basa en hacer una decantación de nuestros recuerdos del pasado hacia el lado positivo. Nos acordamos de los regalos que recibimos en reyes o el primer beso, pero solemos evitar recuerdos infelices como los de los desagradables besos de nuestra tía con su enorme verruga o de las palizas que nos daba mamá cada vez que nos cagábamos encima al volver de la escuela.

Hay algo interesante en como los humanos vivimos con un pie en el pasado y otro en el futuro y nos damos poca cuenta de que estamos en un presente continuo no lineal de camino al mismo eterno olvido desde donde venimos, sin dioses ni milagros y mucho menos felicidad absoluta.

Por otro lado el propio sentimiento de “Estar feliz” implica un dejo de egoísmo manifiesto si es que solemos ver a nuestro alrededor y generalmente refiere a un sentimiento personal, momentáneo y absolutamente subjetivo. “Ser feliz” trae por otro lado una suerte de sonrisa idiota que solamente suelen tener los drogados, los locos o los veganos tras asesinar una lechuga.

Generalmente el estado de felicidad suele tener que ver con estómagos llenos, con la satisfacción sexual y con una situación económica desahogada, lo que raras veces se nos da todo junto, al menos a los seres humanos normales y corrientes como usted o yo pero hay grandes excepciones como la de los multimillonarios, los sacerdotes pedófilos y supongo que los fabricantes de juguetes sexuales. También los veganos se sienten felices por perdonarles la vida a las vacas y otros seres con ojos, a excepción de las papas.

Otra cosa es sentirnos: “Realizados”, esta palabra la aprendí de un entrañable comediante argentino llamado Jorge Luz que siempre solía preguntar en sus entrevistas con su clásica voz afeminada: __¡Te sentís realizada? Pregunta muy profunda si se me permite porque pocas veces en la vida he encontrado gente que realmente se sienta conforme con el sitial conquistado en tal o cual sentido en algún punto de su vida. Quizás por ser demasiado ambiciosos nos cuesta sentirnos realizados, mucho menos felices y menos que menos unos triunfadores de la vida.

Afortunadamente si usted como yo es latino carece generalmente de ese sentimiento tan yanqui de vivir compitiendo con los demás para no ser un: “Loser”, un perdedor de la vida, lo que para esos huevos fritos blancos con pelo amarillo parece que les importa tanto como ser populares y masticar chicle hasta que los dientes se les vuelvan súper blancos o se les caigan. Nosotros los latinos solamente asociamos la felicidad aunque sea momentánea y nos traiga una mañana de acidez, con una buena siesta, un asadito a las brazas y un vino Tannat bien frapé.

Supongo que a la vida solamente le podemos pedir un montón de pequeños buenos momentos que cada uno sabrá cómo valora, lo demás es simple y aburrida rutina.

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