El Retorno de Yith 5

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El retorno de Yith: capítulo quinto
Por: Darío Valle Risoto

Caminaron en silencio. Paul no sabía cómo comenzar una conversación pero al mirarla veía en su rostro la satisfacción de sentirse bien. Ariadne le sonreía y por momentos parecía una niña de diez años pero en otros una joven mujer, era como si cada paso que daba encerrara una extraña magia que la hacía navegar en el tiempo a través de su apariencia realmente atractiva.

El camino zigzagueaba detrás del hotel y se alejaba de la ciudad, a lo lejos las colinas del este y quizás hacia el norte ese cielo extraño ya fuera Canadá aunque parecía que esa zona de Nueva Inglaterra estuviera más allá del tiempo y la distancia.

Paul tragó saliva y le señaló un árbol que solo y perdido adornaba una leve colina, a su lado había una especie de corral de piedras lleno de gramilla pero suficientemente cómodo para sentarse y descansar un poco.

__Este es el árbol de los ahorcados.
__ ¿Qué?
Ella le señaló una extensión del tronco que casi permanecía horizontal, fuerte y nudosa a unos tres metros del suelo. Debajo la tierra tenía una especie de círculo donde no crecía la hierba, era una tierra diferente, era difícil explicarlo.
__ Aquí los que sentenciaban a muerte eran colgados hasta morir, en las noches de tormenta si miras bien hacia el árbol, desde cualquier parte del pueblo durante una noche de tormenta eléctrica verás la sombra de alguno de los muertos.
Paul la miró, ella sonreía con una especie de triste rictus de resignación, le puso la mano sobre una de las de ella y la muchacha no se movió, sintió su perfume y el viento movió sus largos cabellos haciendo que el momento pareciera realmente fantástico.

__Ya no me importa irme a Portland, ni perder mi trabajo, ni nada, solo quiero quedarme contigo.
Ella quitó la mano y la juntó a la otra apretándolas hasta que quedaron sus nudillos blancos.
__ Este pueblo está corrompido, si te quedas serás uno más de nosotros y eso no se lo deseo a nadie en esta tierra, sería horrible. __Y rompió a llorar.
El la apretó contra su pecho sintiendo que las lágrimas le empapaban la camisa, el sollozo pasó a ser un llanto con ahogos.
__ ¡Cálmate!, No puede ser tan terrible, no olvides que vivo en Nueva York. ¿Qué puede ser peor que eso?
Miró a las colinas y sintió una especie de mareo al pensar en que había perdido completamente la noción del tiempo en que estaba en ese pueblo, de la distancia que lo separaba del mundo real y hasta comenzaba a dudar de no estar viviendo un sueño muy extraño.

__ Ese círculo de tierra marca donde caían los ahorcados cuando cortaban la cuerda que los sostenía por el cuello. Algunos no estaban muertos del todo y entonces les disparaban, dicen que era todo un espectáculo. Hay gente en este pueblo que entre otras cosas quiere que retornen esos tiempos. Yo no estoy de acuerdo.
__ Podrías venirte conmigo a la ciudad, se que parece una idea terrible pero es que no quisiera dejar de verte.
Ella con los hermosos ojos húmedos se acercó peligrosamente a su cara y lo miró fijamente y ya sin llorar le dijo que no sabía lo que estaba diciendo, que era presa del
conjuro de esa comarca del infierno.

Paul sintió hambre, en ese momento se culpó por no haber llevado nada pero ella si, en su pequeño bolso tenía un par de sándwiches de jamón y dos botellas de refresco.
__ Pensaste en todo, gracias.
Comieron y bebieron en silencio.
__ Me gusta tu vestido, y tus… zapatos.
__ El vestido es nuevo, estos zapatos me los regalaron, son especiales, bueno: uno de ellos. Disimula mi renguera pero es muy pesado así que prefiero cojear a tenerlos puestos.
__ Y te los pusiste por mí.
Ella permaneció en silencio.

__ ¿Qué hay del otro lado de aquel monte?
__ El cementerio municipal, la mansión de los Stocard que permanece abandonada y su vieja capilla que hace unos años fue reparada pero ya no se usa, casi no quedan cristianos a muchos kilómetros a la redonda.
__ Me gustaría ver la casa de mis ancestros, supongo que algo tengo que ver con ellos ya que tenemos el mismo apellido, aunque nunca me dijeron algo al respecto de lo que el ciego me contó.
__ Ese hombre es realmente malo, no le aconsejo que hable con él, no se confíe en que sea ciego. El viejo Desmoines y su esposa, esa bruja maldita son de lo peor de estos lugares y eso es mucho decir.
A Paul le pareció muy extraño que la sola mención del ciego haya despertado tal rictus de furia en la chica, ahora sí que parecía una adulta. Pero supo en su mirada que tenía sobradas razones para decirle eso. Además cuando había hablado con el había sentido en todo momento como que algo no estaba bien en el tipo y no era por sus ojos blancos precisamente.

__ Es un viejo violador de mierda.
__ ¿Abusó de ti?
__ No fue el único, en estas tierras malditas una joven mujer es presa fácil del culto a Yith. __No lo dijo ni con tristeza ni con resignación, le contó eso como quien habla de cualquier cosa, tal era el grado con que vivía las tristes experiencias de su vida. Paul sintió que un profundo ahogo le oprimía la garganta y tuvo que ir detrás del árbol para vomitar.

__ ¿Quién mierda es el puto Yith? __ Fue lo primero que le preguntó mientras se limpiaba la boca con un pañuelo y trataba de encender un cigarro.
__ Es la religión de estas comarcas, el les da sentido a sus vidas, el les alimenta y les mantiene en pie a través de los años, no creerías la edad de algunos pobladores de Greenville pero todo tiene su precio. Yo antes no era así.

Ariadne dio levemente vuelta la cabeza como para señalar su joroba.
__Pero Desmoines me contó que tus padres no te quisieron por ser… así y que te trajeron con tu abuelo y después murieron en un accidente.

__ Era muy pequeña, ellos vinieron conmigo al pueblo, fue hace mucho, no te lo imaginas, la gente me eligió por ser virgen y casi una niña, mis padres se rehusaron y fueron colgados en este mismo árbol, a la misma vez mirándose a las caras.
__ ¡No puede ser!
__ No me interesa que me creas, solo vete cuanto antes de aquí.
Dicho esto la joven se dio vuelta, recogió su bolso y caminó de regreso al pueblo sin mirar atrás.

La iba a seguir pero no podía mover las piernas, estaba realmente aterrado por lo que acababa de escuchar, no podía ser cierto, no era posible ese tipo de barbaries que solo ocurren en las películas de terror clase B.
Miró al otro lado del árbol, la colina bajaba en leve declive con sus pastos amarillentos y sus tierras negras, una especie de camino de piedras marcaba una senda entre los árboles a unos cien metros al este, más allá el cementerio y la mansión Stocard según la chica.
Mientras tomaba ese rumbo sintió que no hacía menos de dos días que estaba allí sino mucho tiempo más y comprendió entonces que jamás podría dejar ese lugar sin saberlo absolutamente todo.

Continuará.

 

El Buen mentiroso: Nos atrapa

el gran mentiroso 1

El Buen Mentiroso
Por: Darío Valle Risoto

Esta es una de esas clásicas películas dramáticas que nos sorprenden varias veces durante su narración por lo que es sumamente importante que nadie se las cuente y obviamente no lo voy a hacer en este comentario.

Ian Mc Kellen y Helen Mirren son una pareja de actores de talla majestuosa, de lo mejor que nos han dado las tierras de Inglaterra dentro de un caudal imparable de artistas y esta pareja ya mayorcita nos tendrá pegados a las butacas intentando saber como le hace este estafador perfecto, empedernido que no teme cobrarse una vida si es descubierto frente a esta viuda de finas maneras.

Por lo tanto el drama tiene sus ribetes que podrán comenzar dentro de lo esperado en estos temas pero poco a poco como quien abre una caja de sorpresas encontraremos que la historia se remonta años antes y allí hay mucho para ver y sorprendernos cuando todo lo que esperábamos no era así y nunca podríamos imaginarlo.

Una de esas películas enormes que merece mucho respeto porque tiene una cuidada línea argumental que nos lleva de las narices por una trama sin igual, completamente original, si se me permite.

el gran mentiroso 2