Sesgo de Confirmación

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El sesgo de confirmación

«El sesgo de confirmación o sesgo confirmatorio es la tendencia a favorecer, buscar, interpretar, y recordar, la información que confirma las propias creencias o hipótesis, dando desproporcionadamente menos consideración a posibles alternativas.» Este es el caso de los creyentes que afirman: “Si ‘Dios’ contesta tu oración, está aumentando tu fe; si se demora, está aumentando tu paciencia; si no contesta, tiene algo mejor para ti”. Obviamente “Dios” nunca contesta (si alguna vez lo escucharas respondiéndote acude al psiquiatra), pero a lo que los creyentes se refieren con “contestar”, es que sus deseos se cumplan (por ejemplo que un huracán deje intacta tu casa, aunque destruya todo a tu alrededor).

El sesgo de confirmación es «un tipo de sesgo cognitivo y un error sistemático del razonamiento inductivo», que se caracteriza por la tendencia a buscar o interpretar información de una manera que confirme las ideas preconcebidas. La gente muestra «esta tendencia cuando reúne o recuerda información de manera selectiva, o cuando la interpreta sesgadamente.» Esto significa que las personas que tienen creencias que desean mantener inalteradas, sólo ven y escuchan aquello que les conviene porque refuerza sus creencias. Lo demás lo desechan, lo ignoran o no lo escuchan. Por eso los cristianos sólo leen aquellos versos de la Biblia que el pastor cita y que refuerzan sus creencias.

Y esto «es más fuerte en publicaciones con contenido emocional». Por ejemplo, cuando el creyente ve o escucha algo que reaviva su fe en una vida posterior a la muerte y que es mejor que ésta. Como sabemos, los creyentes se caracterizan por rechazar fervientemente la idea de que todo termina con la muerte.

Pero no sólo esto, los creyentes «tienden a interpretar que las pruebas ambiguas apoyan su postura existente.» Ellos pasan escudriñando entre los descubrimientos científicos, para encontrar algo que confirme sus creencias, y para ellos es mejor que exista alguna hipótesis que no esté suficientemente clara (por ejemplo, la teoría de cuerdas y Michio Kaku tratando de encontrar a “Dios” en medio de las leyes de la física). Y si algún científico menciona a “Dios”, para ellos es motivo de regocijo, como cuando a alguien se le ocurrió llamar “partícula de Dios” a la partícula elemental propuesta por Peter Higgs, aunque los físicos prefieran no utilizar ese nombre, o cuando Albert Einsten dijo en sentido metafórico que “Dios no juega a los dados”, para expresar su desacuerdo con la aleatoriedad que implicaba la teoría de la mecánica cuántica, e insistir que debía ser elaborada alguna teoría sobre cómo funciona el universo, que no tuviera que basarse en interpretaciones estadísticas. Debido al sesgo de confirmación, «La cita [de Einsten], sacada de contexto, se emplea incluso como prueba de que el físico creía en divinidades, en el destino o que mostraba así su rechazo a la teoría de la evolución de Darwin.» (https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2016-04-24/dios-no-juega-a-los-dados-y-otras-frases-cientificas-malinterpretadas_1188794/)

En resumen, podemos decir que el «sesgo de confirmación contribuye al exceso de confianza en las creencias personales y puede mantener o reforzar estas creencias ante evidencias contrarias.»

(Texto entre «comillas» citado de Wikipedia, https://es.wikipedia.org/wiki/Sesgo_de_confirmación)

El Cerro de Montevideo: Un Barrio con identidad propia.

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En la falda del Cerro y cerca del Frigorífico Uruguayo, el 18 de julio de 1921 fue inaugurado el barrio, “Jardín Antonio Casabo”,

Dada la bonanza económica, consecuencia del desarrollo de la industria frigorífica durante la Primera Guerra Mundial (1914–1919), la Villa del Cerro experimentó un crecimiento demográfico de notables proporciones. Se comenzó a extender lo que eran los límites de la Villa, que iban desde lo que hoy es Carlos María Ramírez hasta Camino Cibils, zona que actualmente es conocida como el Casco del Cerro (denominación designada para identificarla de los barrios que fueron surgiendo en los alrededores del Cerro).

En la falda del Cerro y cerca del Frigorífico Uruguayo, el 18 de julio de 1921 fue inaugurado el barrio, “Jardín Antonio Casabo” con 200 casitas de dos, tres y cuatro dormitorios cada una, que podían adquirirse con sólo 120 pesos al contado y el saldo en cómodas mensualidades. Todas tenían sus mejoras, tales como servicios sanitarios, luz eléctrica y calles pavimentadas.

Hoy constituye un barrio de modestas viviendas, delimitado por las calles Oficial 6, Holanda, Calle 10, Lituania y el área del que fuera Frigorífico Nacional. La inauguración, contó con la presencia del entonces Presidente de la República, Dr. Baltasar Brum, que fue acompañado de altas jerarquías militares y funcionarios de su administración.

Otro punto a destacar de los primeros años de vida del Casabo es el hecho que desde su inauguración el barrio contaba con un servicio de transporte público, que comunicaba al Casabo con el muelle público del Cerro (ubicado en las calles Egipto, entre Barcelona y Centroamérica), en donde se abordaba el vaporcito que iba hasta la Ciudad Vieja o la Curva de Tabárez (donde hoy está la Terminal de Ómnibus del Cerro).

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