Rebobinando Historias: Sobre los formatos de audio

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Por: Darío Valle Risoto

Fanático de la música de toda mi vida y ya con algunos años encima estoy permanentemente congratulado de los avances tecnológicos en cuanto a los formatos para contener la misma. El recuerdo más antiguo que tengo de mi infancia es que una vecina me contó que cierta vez mi padre había llevado una fonola o artilugio de aquellos que pasaban discos previos a los tocadiscos modernos al lugar donde vivíamos al que mi madre llamaba acertadamente: “El conventillo”.

Mi padre no se dedicaba profesionalmente pero era un experto en arreglar todo tipo de radios, televisores y otros aparatos electrónicos por lo que en casa nunca faltaba una radio encendida amén de que el mismo había construido una con diferentes partes de otras que duró años sobre la repisa de la cocina.

Nunca tuvimos un “tocadiscos” es que eran realmente caros y ni hablar de los discos long plays y simples que no solo eran de costos onerosos sino que era muy difícil conseguir la mayoría de los artistas extranjeros en el Uruguay por lo que había, si se tenía el dinero, de encargarles aquellos discos a alguien que viajara.

Bien: intentaré ser breve: a mis diecisiete entré a mi primer trabajo oficial y poco tiempo después por el año 1980 aproximadamente me compré mi primer radio grabador: un “Metronics” monoaural  y con una sola casetera.41848833_1812962208771949_3801642172650881024_n

Ni que hablar que comencé a grabar canciones de los programas de radio con las consiguientes “pisadas”, los ruidos característicos del formato “en cinta” como el soplido o el “clic” del dedazo sobre la tecla de stop. Todo por supuesto era análogo y hoy día prehistórico si se lo contamos por ejemplo a un chico de quince o veinte años.

El cassette con un sonido muy por debajo de la calidad de los vinilos ofrecía una forma mucho más barata de obtener música y la capacidad de borrar y volver a grabar encima aquello que quisiéramos. Por lo tanto yo diría que fue un primer paso en la emancipación musical sobre todo de aquellos que tenemos nuestro particular gusto por música que generalmente no es muy comercial que digamos. Lo mismo sucedió con la aparición de las videograbadoras VHS poco tiempo después que me salvaron de la televisión abierta y de los comerciales.

Además de todo esto aparecieron los cassettes “Grabados”, es decir las versiones de los discos en este formato los que eran más baratos y  aquella posibilidad de comprar los llamados: “Truchos” o piratas, cosa que con los discos era prácticamente imposible. Tuve algunos elementos de estos comprados generalmente en la calle que hoy solo me produce pavor recordarlos.

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Podría agregar un largo ítem de anécdotas sobre cassettes: lapiceros Bics para rebobinarlos, cintas rotas emparchadas con esmalte de uñas o pegadas por debajo con cinta adhesiva, aquel cassette de Riff que me devolvieron todo “masticado”, el ataque de nervios de algunas caseteras que se rompían y comenzaban a largar un largo vómito de cintas marrones por la puertita semi abierta, etc.

Mi primer grito de libertad fue comprarme luego un reproductor Phillip portátil sin radio que llevaba cuatro pilas medianas, de esos que usaban mucho los periodistas. Lo metía dentro de un bolso y sacaba unos auriculares chinos anaranjados espantosos que me daban la posibilidad de escuchar música por la calle. Esto antes de la soberbia aparición de los “walkmans” que fueron superándose en tecnología como por ejemplo ser: “Autoreverse” y por lo tanto no teníamos que sacar el cassette para darlo vuelta aunque si teníamos que llevar tres o cuatro en un bolsillo si no queríamos viajar escuchando una y otra vez las mismas canciones. Tuve todo tipo de estos artilugios, con radio y sin ella y de todas las marcan imaginables.

Poco después, calculo que por los años noventas hacen su aparición los CD o discos compactos con todo lo que significaron en mejora de calidad de sonido y la posibilidad de contener poco más de setenta minutos de música lo que prácticamente era casi el doble de la capacidad de los vinilos. Pero eran muy caros y permanecí muchos años con los queridos cassettes de los que creo aún a pesar de que en su tiempo regalé muchos tengo aproximadamente unos quinientos sino más.

Me compré mi primer CD: Blizzard of Ozz de Ozzy Osbourne sin tener reproductor por lo que tuve que ir a la casa de un amigo a pasarlo a cassette, tiempo después se lo presté a la hija de una amiga y nunca más.13 (2)

Pensemos que se demoró bastante entre la aparición del CD de audio y los ordenadores y por ende los discos compactos vírgenes donde uno no solo podía pasar datos sino también copiarse la música que quisiera y así se volvió al mercado pirata. Trabajando en la radio comunitaria y con el fin de emitir música que fuera diferente del resto de la programación me fui haciendo con cientos de discos truchos, era imposible para mi economía comprarlos originales por lo que lamento confesar que no tuve más remedio que hacerme de ellos.

En mi defensa solo puedo agregar que siempre intenté comprar dentro de lo posible a los artistas nacionales en formatos originales pero la diferencia de precios era por lo menos de veinte a uno.

Con la inclusión de la lectora de CD en los equipos tuvimos durante un tiempo aquellos con esta y además doble casetera por lo que también uno podía hacerse de la versión en cassette de algún disco que no podía comprar o no tenía la posibilidad de copiarlo a otro cd.

En este caso no puedo olvidar que fui cierta tarde a la casa de un amigo y este se había comprado: Shepperd Moons de Enya y apenas lo puso flipé y tuve que bajar a conseguir un buen cassette de ferro Cromo (Eran lo más adelantado que había) para copiar esa obra maestra.

Hay una conversación que he tenido en variadas ocasiones con diferentes personas que me aseguran que yo tuve un “Discman”, es decir: Uno de aquellos aparatos portátiles para escuchar CD al mejor estilo de los mencionados walkmans pero no, nunca tuve uno aunque pensé en comprármelos pero nunca lo hice. Tal vez la insistencia de estos amigos radique en dos cosas: en que siempre se me veía escuchando música y en que no pueden creer en que un melómano como yo no los haya tenido.ea0ebc1d79bcd0d4d6b3429e73292069

La razón es muy simple: cierta vez leí un artículo sobre la inminente aparición de un nuevo formato de audio que solamente contando con una memoria podía almacenar música sin la necesidad de un objeto exterior tipo; cassette o CD, estaban hablando de los reproductores de MP3 que fueron apareciendo lentamente en el mercado uruguayo y que luego obviamente compré, primero uno chino y luego un Phillips ambos con la capacidad de un giga cada uno. Los jóvenes se reirán pero piensen que pasar en pocos años de tener un cassette en un walkman a poder albergar un montón de discos en un aparatito mucho más chico, con mejor sonido y la posibilidad de cambiar una y otra vez su contenido fue realmente apoteósico, al menos para mí.

Me quiero detener en algo importante, en mi vida siempre llegué a la tecnología un poco tarde por mi condición económica aunque tratándose de música y cine siempre puse todo de mi para hacerme de los mejores objetos posibles, a fin de cuentas gran parte de mi vida la dedico a estos entretenimientos: no me gusta el fútbol ni la mayoría de los productos comerciales masivos por lo que llegar a tener la posibilidad de libremente conseguir y disfrutar de aquello que me importa ha sido formidable.

Hoy día el celular a desplazado a mucha tecnología de la comunicación porque admite una calidad impresionante tanto de sonido como de imagen y la capacidad de albergar muchísima música o vídeos. Tuve una tarjeta de memoria de 32 gigas con mis discos preferidos en mi anterior celular, lamentablemente esta tarjeta falleció pero por suerte tenía todo respaldado, hoy día he bajado diferentes aplicaciones que me permiten escuchar: Blues, Tango, Heavy metal tanto de formatos que contienen los discos como de radios especializadas en diferentes estilos y todo está en la nube, ya no hay que desenredar cintas o andar cambiando discos.

Otra condición fabulosa de las nuevas tecnologías es el Blue Tooth el que me costó un poco dominar en un nuevo equipo de audio que tengo hace más o menos un año pero luego que le encontré “El jeito” la verdad que no puedo dejar de agradecerle a esta vida esta enorme posibilidad que desde mi celular manejar la música desde las mencionadas aplicaciones. Y finalmente claro que debo referirme a esos queridos pendrive que tengo como por ejemplo uno de 32 gigas con varias discografías completas de Heavy metal y que me dan largas horas en mi trabajo o en casa de disfrute sin igual.

¿Qué vendrá luego?… vaya uno a saberlo.heavy metal fotos (51)

PD: Al subir este artículo me doy cuenta de que olvido de algo importante y quizás sustancial en todo esto y es que paradójicamente la posibilidad de conseguir prácticamente toda la música que queramos nos pone en la situación de que vamos perdiendo aquella vieja posibilidad de disfrutar lenta y tranquilamente de la misma y andamos escuchando pedazos de temas, saltando aquí y allá sin aquella vieja historia de sentarnos, poner un disco y escuchar una a una las canciones leyendo el sobre y tratando de meternos en las melodías.

Probablemente el peor signo de estos tiempos sea que nos volvemos absolutamente millonarios de contenidos pero estamos al borde de perder la capacidad del lento disfrute de los mismos. Espero equivocarme, de verdad.