Un Largo y Preciso momento

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Un Largo y preciso momento
Por: Darío Valle Risoto

Tenías todo el tiempo del mundo como suelen tenerlo casi todos los niños y no te dabas cuenta de muchas cosas por lo que probablemente a pesar de los ataques de asma y las palizas de tu madre eras feliz.

De todas formas tenías demasiados temores para ser tan chico, allí estaba el preciso instante en que caían lloviznas de horrores varios que indefectiblemente terminaban en la muerte de tu padre.

El era todo: el salvador, el refugio, el sueño de que al ser adulto quizás fueras tan alto como él y tan buen tipo. Comprendías a veces mucho más que los otros niños pero igual eras como ellos aunque no quisieras reconocerlo ya que parecerse a los otros solía ser un síntoma de debilidad y eso para un niño asmático era demasiado.

Tenías ocho años aquella vez que los cumplías pero estabas en la avenida Propios descargando un camión de cajones vacíos que te habían encomendado como para que hagas algo mientras tu padre clasificaba fruta en el galpón de esa familia, los Bañasco. Y cuando llegaste a casa tu madre te había hecho una torta y te enojaste mucho porque ya habían comido algunas porciones entre ella y tu prima Patricia.

Y no había regalos, eran tan pobres que apenas si en invierno tenían abrigo en ese enorme cuarto de cuatro por cuatro con techos altísimos que se llovía como afuera. Y tampoco te dabas cuenta de que un no tan largo tiempo después comprenderías tanto eso de la pobreza que dolería tener una vida mejor y será tu eterno complejo de culpa, yo te lo aseguro.

Todo será mejor o peor, nadie te contó el secreto de eso de vivir y sin embargo fuiste un pequeño niño flaco sobreviviente a pesar de los bravucones del barrio, las pedradas de tus primos, las palizas de tu madre y esa enorme necesidad de que tu padre no se muriera nunca. Pero lo hizo.

Tenías veinte años y nadie de los que él ayudó, nadie a los que tu viejo les tendió una mano fueron al velorio o al entierro porque la gente es gente y no se les puede pedir mucho aunque tu madre no perdonara tamaña muestra de vergonzante humanidad. Ni parientes ni amigos suyos, solo tus compañeros del trabajo, los que ni siquiera le habían conocido. Ellos se lo perdieron.

Luego fuiste esperando hasta que unos años después lloraste como aquel niño de ocho años al escribir un poema sobre ese hombre absolutamente anónimo que sin embargo no pasó en vano.

Allá cuando tenías todo el tiempo del mundo lo sabías, cuando te llevaba al hospital con severas crisis de asma notabas que sufría al mirarte porque de alguna manera el eras vos y vos eras él. De eso se trata todo.

FIN

Tarea para el  Taller de escritura, en este caso se trata de escribir un cuento en segunda persona dadas como ejemplo las novelas: Diario de Invierno de Paul Auster y Aura de Carlos Fuentes. Para el caso se nos pidió escribir dos palabras que se sortearon, a mi me tocaron: Largo y preciso.

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