Neo vampiros 97: El Monstruo debe pagar

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Neo Vampiros 97
El Monstruo debe pagar
Por: Darío Valle Risoto

Era solo el cartero trayéndole las facturas de la luz y el agua, ya había pasado tiempo desde el secuestro. Tiró los papeles sobre la mesa y bajó nuevamente los diecisiete escalones, ella estaba sentada contra el fondo de la jaula mirando a la lejana lamparita de difusa luz tan lejos sobre el techo enrejado. Las sombras de las rejas cubrían las paredes hasta el pie de la escalera dándole al recinto un aspecto fantasmagórico.
__ Desnúdate. __ Le dijo a la jovencita con voz temblorosa mientras se bajaba el cierre de la bragueta, necesitaba masturbarse con urgencia.

Una nueva noche y Lorena trepada a los techos de la iglesia “De las Camelitas” intentaba poner su mente en claro aunque era muy difícil cuando miles de sonidos se filtraban por sus oídos y sentía el aroma de la sangre de cada transeúnte que pasaba varios metros por debajo.
Odiaba a los violadores aún más que a los torturadores, como si hubiera alguna diferencia para medir los diversos tipos de terror que los hombres producen con total impunidad.
Sembrar el mundo de religiones no había servido de nada, el hombre en su fiereza aún continuaba vejando mujeres y niños como lo hacía dentro de las cavernas del neolítico.

Imaginar a su madre violada en los cuarteles de la dictadura le producía un vuelco en el estómago difícil de olvidar. Nunca se responderá la pregunta de la razón de tamaña muestra de animalismo por parte de los que aparentemente defienden al estado, nunca se mostrará mejor la inutilidad de los ejércitos en cualquier parte del mundo que mediante esos actos de cobardía amparados en la fuerza de las armas.

__ ¿Dónde estás niña?
El sonido de su propia voz la estremeció, no solía hablar sola pero en ese momento mientras el frío nocturno parecía querer decirle algo muy malo tuvo que hacerlo.
Bajó lentamente los veinte metros a la calle, sin hacer ruido posó sus largas botas negras, entre la niebla y como recortado en papel apareció un taxi que detuvo con un movimiento de su mano.
__ ¿A dónde vas gurisa?
__ Al centro, pero de un rodeo hasta General Flores y después siga el camino que quiera.

El taxista dio la clave de que tenía un cliente por radio y la llevó entre calles casi vacías por un invierno que parecía pertenecer a una dimensión aún más extraña que la que estaba acostumbraba a recorrer.
Cuando bajó en la plaza Libertad quedaban pocas personas caminando por las veredas húmedas de cerrazón, se subió el cuello de su campera de cuero y entró en un bar a un par de cuadras hacia la costa, recordó que habían estado allí con Paula no hacía mucho tiempo.

Mientras tomaba una grapa miel intentó afinar sus sentidos vampíricos pero era inútil, no había forma de localizar a esa niña desaparecida aunque tenía la firme sospecha de que estaba aún con vida en alguna parte.

Paula en el sanatorio comenzaba a sospechar que Lorena ni siquiera se haría cargo de su pedido, una enfermera entró a darle otro calmante y antes de salir apagó la luz de la sala.

Juicio y castigo.

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