Comunicación y violencia hoy

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Comunicación y violencia Hoy: Un tema delicado
Por: Darío Valle Risoto

El tema de la violencia se manifiesta no solo en los delitos de sangre sino también es elocuente en lo cotidiano, es inevitable notar que los ciudadanos viven en estos días paradójicamente dentro de la peor incomunicación que una sociedad pueda tener. Y recalco: “paradójicamente” porque estamos en una época donde nos sobran los dispositivos y las formas de comunicarnos y estas son: inmediatas, baratas, accesibles y sin embargo cualquiera de nosotros podrá notar fácilmente lo difícil que nos resulta hacernos entender con nuestros semejantes hasta en las situaciones más comunes.

Esto probablemente obedezca en primer lugar al exceso de estímulos y distracciones a que estos mismos dispositivos nos someten alejándonos de su primordial función que es la comunicación. Esto último no solo un servidor lo nota, lo ponen sobre la mesa muchos estudiosos de tema y por qué no los infaltables conspiranoicos.

Por lo tanto asistimos a una sociedad con individuos estancos sometidos a sus pantallas multicolores con sus audífonos puestos y digitando mensajes frenéticamente a quien sabe quien, por lo tanto redunda en lo paradójico que estas mismas personas tengan serias dificultades para entablar un mínimo intercambio con quien vive a su lado.

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La indiferencia también es violencia.

La violencia no solo es explícita en nuestras ciudades, también es muda, sorda e incapaz de buscar mayor solución que tomar una foto y quizás edulcorarla con alguna frase de condena o tristeza por determinada acción que nos pueda afectar, pero solo por los escasos segundos en lo que demoramos en ver la próxima foto de gatitos.

Notoriamente en estos días tenemos en el Uruguay el tema de la violencia, la larga e imparable fila de ciudadanos que viviendo por generaciones fuera de lo mínimos sustratos sociales pretendemos ingenuamente o quizás en un exceso de rescatismo reincorporar a una sociedad a la que en realidad nunca han pertenecido.

La solución puede ser fácil e inmediata y a esto solo le podemos llamar: Fascismo, o lenta y trabajosa que puede durar años y que escasamente redunda en resultados pero a ella aplicamos quienes pensamos que el ser humano siempre puede ser mejorable aunque hay algunos que parece que nacieron solamente para ser drogadictos y/o delincuentes y también sería de sabios saber cuando una persona ya no tiene remedio posible y es mejor invertir en otros.

Un ejemplo reciente en nuestro país de cuanto puede determinado grupo social estar por fuera de los mínimos cánones sociales es que al verse enfrentados con funcionarios del estado les griten: __ ¡Anti chorros! Si hasta parece un chiste pero es muy cierto que hay personas que viven en un mundo muy diferente al de un servidor o de usted querido amigo que tiene la capacidad mínima de sentarse a leer un blog y por sobre todas las cosas de reflexionar.

Con todo esto no vayamos a creer que esta raza de seres por fuera de la sociedad son tontos, ellos saben mejor que nadie de los atajos legales para ir salteándose sus responsabilidades civiles y también son expertos en aprovechar todo aquello que el estado o las ONGs son capaces de otorgarles por el hecho de estar menos favorecidos que el resto de la población generalmente conformada por gente que a diario sale a trabajar y ganarse el pan.censura

¿Dónde está el enemigo?

Los anarquistas sabemos muy bien quienes son los delincuentes más grandes y que los verdaderos azotes sociales son los oligarcas, la iglesia, las religiones en general, los militares y todos ellos dentro del terrible marco de una sociedad capitalista, pero también deberíamos ser igual de severos con aquellos que desde abajo se aprovechan del robo y la delincuencia más infame contra los de sus propia clase, es decir: el pobre trabajador, el obrero, el jubilado.

Y precisamente muchos de estos marginales parece que solamente existen para avalar sociedades autoritarias y policiales, las mismas que a la primera de cambio se vuelven contra precisamente los hombres y mujeres que en lo cotidiano viven de su trabajo y a esto se le llama: dictadura, aunque esté disfrazada de democracia.

Hace poco durante una marcha feminista algunas pocas mujeres tiraron pintura contra el frente de algún local religioso y eso bastó para que los medios de comunicación, en general siempre al servicio de las derechas más radicales, se hicieran eco de tamaña muestra de desatino y por supuesto que olvidaran la verdadera intención de que miles de mujeres marcharan pacíficamente a por una deuda largamente incobrada a la sociedad toda.

La incomunicación es violencia, la indiferencia también lo es y por sobre todo ello si no nos detenemos a tratar de ver al otro a los ojos, de escucharlo, olerlo, palparlo, estamos realmente mal y no hay meme o mensaje que nos salve de esto.

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