El gordo Lorenzo

Landscapes 5 (26)

El gordo Lorenzo
Por: Darío Valle Risoto

Todos se reían de Lorenzo porque había hecho no se qué mal y el supervisor lo había meado de arriba abajo, si: “Meado” era la palabra que usaban mientras el pobre gordo se cambiaba en los vestuarios de la fábrica y trataba de sobrellevar el fin de otra mala jornada.

Yo evité unirme a tamaña escalofriante muestra de poca conciencia sobre todo porque nunca me pude adaptar a ese mundo vulgar y soez del ambiente fabril. Sin embargo sabía que en su burda sencillez y brutal falta de conciencia estos tipos eran en el fondo gente buena, muy pero muy en el fondo la mayoría de las veces.

Se iban al jugar al fútbol. Jamás comprenderé como luego de trabajar nueve horas estos tipos conservan energía para ir a cagarse a patadas entre ellos todos los santos sábados y encima los solteros y algunos casados se escapan por la noche a bailar cumbias.

Hace tiempo que no me invitan, ya saben que soy diferente, como de otro planeta, sin embargo me llevo bien con todos, aún con algunos que desprecio porque son tipos muy jodidos, tipos de mierda que roban, engañan, mienten y estafan aún a sus seres queridos.

Lorenzo caminaba triste a marcar la tarjeta. al verlo como despeñándose por un enorme agujero de depresión lo invité a tomar una cerveza en uno de los bares de ocho de octubre. Me miró como extrañado y se dejó llevar como si fuera a caerse en cualquier momento de su enorme cuerpo de más de cien kilos y sin embargo parecía tan débil que por un momento lo noté chico, pequeñísimo.

Al fin el mozo se percató de nuestra presencia y nos trajo una “Patricia” más tibia que fría, pero ni modo. Lorenzo tenía problemas para hablar con la gente y especialmente conmigo, así se lo hice saber y me confesó que como yo era muy inteligente y “sabía de todo” le daba como impresión.
Eso me causó tanta gracia que algunos en el bar se volvieron a mirarme reírme de lo lindo.

Le expliqué que en el país de los ciegos el tuerto suele ser el rey, pero no entendió esta analogía o moraleja, no sé muy bien que es pero siempre me pareció que cuajaba con mi realidad de tipo bien leído e informado que intenta mejorarse a si mismo casi todo el tiempo.

Le dije que todos sabemos leer y que podemos aprender con un libro aunque este no sea un clásico o la gran cosa, que hay otro mundo aparte del futbol, las drogas o hablar de las mujeres como si fueran una mierda.

Noté entonces que Lorenzo se estaba arrepintiendo de mi invitación y le pregunté por su novia, recordaba que tenía una y se puso colorado. Creo que lo pensó bastante porque se quedó un rato callado hasta que mirando para arriba me dijo que había salido con Marcelo y luego bebió un largo trago de cerveza mientras para apaciguar ese momento pedí otra y un par de porciones de fainá porque tenía hambre.

Sabía bien lo que significaba “salir con Marcelo”, el más abierto homosexual de la fábrica, aquel que no tenía reparos en reclamarse puto a los cuatro vientos porque sabía que no hay mejor libertad que la que se conquista enfrentando a los opresores. Por lo tanto luego de los iníciales tiempos de cargadas y molestas bromas la jauría se fue apaciguando y Marcelo fue uno más de nosotros.

Sin embargo debí reconocerle al gordo que la pareja no me cerraba del todo y me tranquilizó diciéndome que solo habían ido a la casa de este a escuchar música y que nada había pasado. Inmediatamente le dije que de todas maneras no era la gran cosa si habían tenido algo o no y quedó mirándome con la boca abierta porque de seguro esperaba otra cargada como era habitual en nuestro ambiente.

Me pidió que no se lo diga a nadie pero sabíamos los dos que Marcelo no se callaba nada aunque días después comprendí que en este caso había sido muy discreto, aunque con el tiempo la pareja se fue consolidando y todos comenzaron a aceptarlos aunque desde luego tuvimos que soportar una suerte de bautizo inicial en que al pobre gordo le hicieron varias cargadas.

Fueron pasando aquellos tiempos en que conviví con la brutal inocencia de la gente de la fábrica, entre chorros, estafadores y hombres mala leche aprendí a moverme como quien trata de ir contra la corriente pero sin que se note, los traté de querer, de apreciar en su simple inocencia pletórica de maldad como si se tratara de esos niños que en el desconocimiento del amor como forma de quererse se agreden, aún con las armas más filosas del agravio y la desidia ellos tenían cierto instinto de clase.

Yo me fui antes de que la fábrica cerrara allá por el ochenta y siete, todavía encuentro a algunos que están viejos y parecen los padres de ellos mismos. Uno de ellos me dijo que: “los putos se fueron a vivir a Europa” en clara alusión a Lorenzo y Marcelo y aunque me resultó ofensivo me sentí bien por ellos, los imaginé caminando del brazo y sonriendo bajo la torre Eiffel.

Con los años he visto con extrañeza que el mundo lentamente está cambiando para mejor, que hay palabras muy yanquis como “Buying” y “Moving” para referirse a aquellas terribles bromas que degradaban no solo a los que las recibían sino también y especialmente a los donadores de tamaña falta de humanidad…o quizás de un triste exceso de ella.

Jamás supe nada de aquella rara pareja despareja y no porque fueran hombres, nada de eso, es que tal como yo, que era un bicho raro entre tanto trabajador Marcelo y Lorenzo me parecían como el día y la noche, pero ya lo sabemos: de cerca nadie es normal.

FIN

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s