El gordo Lorenzo

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El gordo Lorenzo
Por: Darío Valle Risoto

Todos se reían de Lorenzo porque había hecho no se qué mal y el supervisor lo había meado de arriba abajo, si: “Meado” era la palabra que usaban mientras el pobre gordo se cambiaba en los vestuarios de la fábrica y trataba de sobrellevar el fin de otra mala jornada.

Yo evité unirme a tamaña escalofriante muestra de poca conciencia sobre todo porque nunca me pude adaptar a ese mundo vulgar y soez del ambiente fabril. Sin embargo sabía que en su burda sencillez y brutal falta de conciencia estos tipos eran en el fondo gente buena, muy pero muy en el fondo la mayoría de las veces.

Se iban al jugar al fútbol. Jamás comprenderé como luego de trabajar nueve horas estos tipos conservan energía para ir a cagarse a patadas entre ellos todos los santos sábados y encima los solteros y algunos casados se escapan por la noche a bailar cumbias.

Hace tiempo que no me invitan, ya saben que soy diferente, como de otro planeta, sin embargo me llevo bien con todos, aún con algunos que desprecio porque son tipos muy jodidos, tipos de mierda que roban, engañan, mienten y estafan aún a sus seres queridos.

Lorenzo caminaba triste a marcar la tarjeta. al verlo como despeñándose por un enorme agujero de depresión lo invité a tomar una cerveza en uno de los bares de ocho de octubre. Me miró como extrañado y se dejó llevar como si fuera a caerse en cualquier momento de su enorme cuerpo de más de cien kilos y sin embargo parecía tan débil que por un momento lo noté chico, pequeñísimo.

Al fin el mozo se percató de nuestra presencia y nos trajo una “Patricia” más tibia que fría, pero ni modo. Lorenzo tenía problemas para hablar con la gente y especialmente conmigo, así se lo hice saber y me confesó que como yo era muy inteligente y “sabía de todo” le daba como impresión.
Eso me causó tanta gracia que algunos en el bar se volvieron a mirarme reírme de lo lindo.

Le expliqué que en el país de los ciegos el tuerto suele ser el rey, pero no entendió esta analogía o moraleja, no sé muy bien que es pero siempre me pareció que cuajaba con mi realidad de tipo bien leído e informado que intenta mejorarse a si mismo casi todo el tiempo.

Le dije que todos sabemos leer y que podemos aprender con un libro aunque este no sea un clásico o la gran cosa, que hay otro mundo aparte del futbol, las drogas o hablar de las mujeres como si fueran una mierda.

Noté entonces que Lorenzo se estaba arrepintiendo de mi invitación y le pregunté por su novia, recordaba que tenía una y se puso colorado. Creo que lo pensó bastante porque se quedó un rato callado hasta que mirando para arriba me dijo que había salido con Marcelo y luego bebió un largo trago de cerveza mientras para apaciguar ese momento pedí otra y un par de porciones de fainá porque tenía hambre.

Sabía bien lo que significaba “salir con Marcelo”, el más abierto homosexual de la fábrica, aquel que no tenía reparos en reclamarse puto a los cuatro vientos porque sabía que no hay mejor libertad que la que se conquista enfrentando a los opresores. Por lo tanto luego de los iníciales tiempos de cargadas y molestas bromas la jauría se fue apaciguando y Marcelo fue uno más de nosotros.

Sin embargo debí reconocerle al gordo que la pareja no me cerraba del todo y me tranquilizó diciéndome que solo habían ido a la casa de este a escuchar música y que nada había pasado. Inmediatamente le dije que de todas maneras no era la gran cosa si habían tenido algo o no y quedó mirándome con la boca abierta porque de seguro esperaba otra cargada como era habitual en nuestro ambiente.

Me pidió que no se lo diga a nadie pero sabíamos los dos que Marcelo no se callaba nada aunque días después comprendí que en este caso había sido muy discreto, aunque con el tiempo la pareja se fue consolidando y todos comenzaron a aceptarlos aunque desde luego tuvimos que soportar una suerte de bautizo inicial en que al pobre gordo le hicieron varias cargadas.

Fueron pasando aquellos tiempos en que conviví con la brutal inocencia de la gente de la fábrica, entre chorros, estafadores y hombres mala leche aprendí a moverme como quien trata de ir contra la corriente pero sin que se note, los traté de querer, de apreciar en su simple inocencia pletórica de maldad como si se tratara de esos niños que en el desconocimiento del amor como forma de quererse se agreden, aún con las armas más filosas del agravio y la desidia ellos tenían cierto instinto de clase.

Yo me fui antes de que la fábrica cerrara allá por el ochenta y siete, todavía encuentro a algunos que están viejos y parecen los padres de ellos mismos. Uno de ellos me dijo que: “los putos se fueron a vivir a Europa” en clara alusión a Lorenzo y Marcelo y aunque me resultó ofensivo me sentí bien por ellos, los imaginé caminando del brazo y sonriendo bajo la torre Eiffel.

Con los años he visto con extrañeza que el mundo lentamente está cambiando para mejor, que hay palabras muy yanquis como “Buying” y “Moving” para referirse a aquellas terribles bromas que degradaban no solo a los que las recibían sino también y especialmente a los donadores de tamaña falta de humanidad…o quizás de un triste exceso de ella.

Jamás supe nada de aquella rara pareja despareja y no porque fueran hombres, nada de eso, es que tal como yo, que era un bicho raro entre tanto trabajador Marcelo y Lorenzo me parecían como el día y la noche, pero ya lo sabemos: de cerca nadie es normal.

FIN

 

Las Cuatro Estrellas (Poema)

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Las cuatro estrellas
Por: Darío Valle Risoto

No tengo nada para regalarte
Ni filosofías ni grandes logros
Tampoco llevo un regalo escondido
O un secreto de tesoros piratas
Tampoco puedo darte un don
O un oculto conocimiento.

Solo estoy aquí en este momento
Compartiendo, solo compartiendo
Lo mejor de este preciso momento
Eso es lo único y todo lo que tengo.

No tengo nada para ocultarte
Estoy aquí desnudo y sincero
Frente a tus ojos maravillados
Y preferentemente te pido que veas
Que no soy nada especial
Ni siquiera un pequeño milagro.

Estoy en este presente que se irá
Espero entonces ser un recuerdo
De aquellos que levanten una sonrisa
Aún en la tristeza de los tiempos.

No tengo más que verte y saber
Que te he dado todo y tan poco
Y sin embargo caminas descalza
Sobre esta alfombra de abrazos
Recopilando un diario de versos
Que son el cenit de mi remanso.

Seré un pasado para tu memoria
Un aroma, una canción, un libro
Un instante en que nos miramos
Y el universo fueron cuatro estrellas
Las de tus ojos enamorados
Y la de los míos agradecidos.

La carta de Brian

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Esta carta fue publicada por primera vez en 1961, esta en el archivo de la nación ahora, me gusta porque resume la clandestinidad de la época. “Eramos buenos para matar y morir pero no para vivir dignamente”

Esto es en recuerdo de nuestro aniversario, del 27 de octubre de 1943, cuando te escuché cantar por primera vez en el norte de África. Esta canción me trae recuerdos de los momentos más felices que jamás he vivido, de un batallón de soldados, de cortinas hechas con tela de dirigible, de lámparas fabricadas con latas de cacao, de ensayos que se prolongaban por la tarde… y de un chico hermoso con una maravillosa voz de tenor… Son recuerdos de una noche en que llovía a cántaros y de dos soldados empapados bajo un árbol solitario en la planicie africana… Recuerdos de una noche fría y con viento en que nos metimos en un teatro para soldados y nos quedamos dormidos en un cobertizo por detrás del escenario, los dos atrapados entre nuestros brazos, y recuerdos del impacto que nos produjo despertarnos y ver que milagrosamente no nos habían descubierto… Son recuerdos de la felicidad de cuando nos dijeron que volvíamos a casa y de la devastación que sentimos cuando supimos que no volveríamos juntos. Un cálido adiós en una playa apartada bajo el terciopelo plagado de estrellas de una noche africana y las lágrimas que no cesaban mientras estaba sobre el dique y veía tu convoy alejarse en el horizonte.

Nos prometimos que estaríamos juntos de nuevo “en casa”, pero el destino sabía más que nosotros. Nunca llegaste. Y por ello, Dave, espero que allá donde te encuentres estos recuerdos sean tan preciosos para ti como lo son para mí.

Buenas noches, que duermas bien, mi amor.

Brian Keith.

Gracias a Elio César por compartir este material

La tarde en que se apagó Sarah

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La tarde en que se apagó Sarah
Por: Darío Valle Risoto

Isadora llegó a casa muy cansada, no era para menos. Juan preparó el mate pero cuando fue al cuarto ella se había dormido sobre la cama sin sacarse la ropa. Le quitó los zapatos muy lentamente y luego de mirarla por un instante y constatar que respiraba calmadamente se retiró a la cocina.
Había pasado casi un día entero en el hospital cuidando a su madre, antes de ir a dormir le contó que su prima la había relevado y había aprovechado para volver a casa a bañarse y descansar pero apenas de tirarse sobre la cama habían ganado las agotadoras horas frente a su madre enferma en el hospital público.

Juan mateo en silencio, prendió la radio pero la puso bajita casi como en un susurro para sentir al menos que tenía algo de compañía. En ese momento el teléfono sonó, fue hasta el living y le avisaron lo que era de un momento a otro inevitable: __Sarah había muerto.
Le dio las gracias a la prima de Isadora y colgó, fue hasta el cuarto pero no la quiso despertar, sabía que se iba a enojar cuando le dijera que había decidido dejarla dormir, pero poco le importaba.

Pensó en esta vida, en todas las vidas, en los momentos que se traga el tiempo para siempre, recordó cuando conoció a su suegra años antes y que se habían caído bien contra todo pronóstico. Más Sarah no era una mujer fácil para tratar, en realidad, no era buena persona y había que hacer ciertos malabares para irla llevando a mejores tratos.

Lo peor era lidiar con esa fe cristiana de mujer participante activa del culto evangélico, para ella la misión de evangelizarlo precisamente a él había sido como una orden directa de su señor: a veces Jesucristo, a veces el propio dios si es que eran personajes diferentes, acaso.

La propia Isadora desde que se fue a vivir a su lado luchaba internamente contra los designios que había respetado desde su niñez y la fuerte relación con un joven ateo no era para nada fácil. Juan sabía que no era sencillo para ella reconocer que estaba viviendo con un tipo racional hasta los huesos y sin embargo imaginaba que en su yo interno se sabía una pecadora que se alejaba día a día de los mandatos de su Biblia.

Cuando conoció a Alfredo el pastor del templo: “La Espada de Cristo” no pudo evitar una leve sonrisa de superioridad intelectual al darle la mano a tamaño estafador del más mínimo criterio y de todo sentido común, pero por la paz de la familia ensayó su mejor sonrisa hipócrita estrechándole la mano a este usurpador del libre pensamiento.

Se cebó otro mate y comió unas galletitas “María” del tarro que precisamente su suegra les había regalado un tiempo antes. Ahora Sarah acababa de morir luego de que dios la abandonara a una dura enfermedad terminal que la tuvo casi un año arrastrando todo tipo de dolores. No parecía nada justo para una mujer con tanta fe en su señor, pero la vida es la vida y no hay religión que pueda con la parca.

Una leve sonrisa le hizo sentirse culpable, sobretodo porque había ido poco a verla al hospital. La última vez se había molestado bastante porque prácticamente le obligaron a rezar con todos los del puto culto evangélico alrededor de la cama, mientras ella lo miraba pálida y sonriente e Isadora intentaba hacer lo mejor posible de ese momento.

Ella sabía que su madre se estaba muriendo, todos lo sabían y ese insoportable pastor les daba estúpidas esperanzas hablándoles de milagros y toda la suerte de subterfugios que tan bien manejan estos farsantes.
__ Mire Alfredo, usted hace su trabajo, pero me parece mejor que la prepare para dejar este mundo sin sus mitologías estúpidas. __Le había dicho en el corredor del hospital y el tipo se quedó con la frente transpirada mientras Juan se alejaba.

Esa noche Isadora lo puteó bastante por cometer esa falta de respeto al pastor de su familia, al guía de su comunidad y el representante de nuestro señor Jesucristo y otras cosas que se perdieron el en griterío mientras él se sentía culpable por abrir la boca y ser sincero. Después de todo ese no era su juego y en el aspecto espiritual era un verdadero advenedizo en la familia.

Quería mucho a Isadora pero a veces pensaba en que la había mancillado trayéndola a su mundo donde no había cabida para la religión y si para el rock and roll, los buenos libros, las películas de ciencia ficción y su humor bastante negro.

Sin embargo “Isa” era una mujer completa en sí misma, no fue él que gatilló que dispare su conciencia sino apenas la excusa para que lo haga por ella misma. Un día Sarah le dijo que él era el producto de un plan de dios para que ella fuera más libre, en ese momento fue como si asumiera que la había criado como a un perrito leyendo la biblia y rezando día a día.

Ahora Sarah había muerto en el hospital público momentos después que su hija se había ido a descansar a casa, era como si hubiera esperado a no estar con ella para no recargarla con esa tristeza. Tristeza que tal vez será un alivio de tanto sufrimiento, de esa enfermedad y de la tozudez de ciertos médicos para extender una agonía más allá de lo que admitiría el sentido común.

Había discutido con el doctor que se negó rotundamente a acortar aquello que solo llevaba a la muerte, también allí luego se sintió culpable por meterse donde no lo llaman, pero entre rezos y paliativos para el dolor Sarah se iba apagando día por día, mes por mes tragándose a familiares y especialmente a Isadora, la única hija de cuatro mujeres y dos varones que iba todos los días a cuidarla. Los otros cinco atorrantes se mataban para buscar excusas para no ir a ver a su madre, muy evangélicos todos.

Isadora durmió apenas dos horas y media, se despertó y fue a bañarse, Juan esperó que llegue hasta la cocina, le alcanzó un mate y le dio la noticia. Ella se puso a llorar en silencio, le acercó su pañuelo y sintió que la amaba más que nunca y que hubiera dado parte de su vida para que no esté tan triste. Sin embargo Isadora era una flaca fuerte y decidida, así que se fue a living para llamar por teléfono y comenzar a hacer los trámites para el entierro.

Al otro día a la noche por fin pudo llorar sin tapujos, luego del velorio y del entierro que había encarado con absoluta prestancia se derrumbó en los brazos de Juan y comenzó a hablarle de su relación con su madre, de la cosa con su dios y con su fe que ahora ponía en severas dudas.

__No sé qué decirte. __Le dijo, él porque sentía que no tenía ninguna respuesta. Más ella comprendió que había solamente una realidad inquebrantable y una religión irrefutable y era que ambos se tenían uno al otro y con eso era más que suficiente.

FIN.

 

La vida secreta de las Mascotas: Develando una realidad

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La vida secreta de las Mascotas
Por: Darío Valle Risoto

Con el mismo productor de “Mi villano favorito” esta es una de esas películas que suelo bajar y dejo para después y acabo de ver para darme cuenta que realmente me había perdido una muy buena historia, de las mejores de un amplio panorama de animación SGI en estos tiempos que por suerte siempre mantiene un nivel alto.

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¿Quién no se ha preguntado que hace una mascota cuando su dueño sale de casa? Aquí está la respuesta seguramente apoyada en concienzudos estudios científicos de alguna universidad de nombre raro tipo: Yale o Stanford…

Todo gira en torno a Max un pequeño perrito que era feliz hasta que su ama le trae a un enorme perro peludo que le quita espacio y le complica la vida, de aquí en más se verán involucrados con la perrera y un grupo de mascotas disidentes regenteadas por un conejito que está muy pero muy demente.

Excelente película para toda la familia (¿No se qué carajos quiere decir eso?) que podrán disfrutar sobretodo porque continuamente tiene momentos memorables y personajes muy variados en una ciudad de Nueva York perfectamente colorida y delineada donde en particular destaco a un perro fino amante del heavy metal más duro que al quedarse solo pone su música favorita y menea la cabeza al mejor estilo headbanger.

PD: Memorable la escena de las salchichas con clara alusión a Charly y la fábrica de chocolate.

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