La Chica de la Motocicleta 1968: Una fabulosa porquería.

motocicleta bodrio

La Chica de la Motocicleta
Por: Darío Valle Risoto

Esta película es una enorme porquería protagonizada por la bonita pero terrible actriz: Marianne Faitfull y el inexplicable en este bodrio: Alain Delón.
La historia está basada en un libro y toda ella se limita a una joven que escapa de su marido en una Harley Davidson y con cara de estúpida recorre las carreteras de Francia, Suiza y Alemania para encontrarse con su amante…nada más.

Supongo que en 1968 había muchos productores drogados o sencillamente dementes para propiciar este tipo de películas anodinas, vacías y carentes de mayor valor que mostrarnos a esta hermosísima Marianne recorriendo caminos con diferentes filtros de color sobre ella y con efectos para la época bastante interesantes si tratamos de no pensar que el guion debió tener solo una página y que la mayor parte del filme está esta rubia, pálida, hermosa y carente de recursos haciendo brooom broom con su moto hasta que al final se revienta con la misma.

Su muerte final debió ser acompañada con una masacre que incluyera al guionista, productores, director, empleados del cine y nosotros mismos por soportar tamaña muestra del peor séptimo arte de la historia, al punto de que hasta una película de Chucky la supera solo en sus primeros dos minutos.

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Un cachorro enamorado

bichos y arte (20)

Un Cachorro enamorado
Por: Darío Valle Risoto

La tía Olga mantenía levantada la cortina de arpillera con una mano mientras con la otra se apoyaba en su característico bastón mientras miraba a su sobrino-nieto pensando en que mierda andará ese gurí del demonio y como no encontraba respuesta a lo que tenía frente a los ojos llamó a su parienta Marlene que era además de hija de su hermana la madre del negrito.
__ ¿Me querés decir en que cuernos anda este guacho de mierda?

Marlene mientras se limpiaba la harina de las manos porque estaba amasando pan se acercó y asomó la cabeza entre la cortina de arpillera y la cabeza encanecida de Olga y miró al patio, hacía calor y en medio, junto a la aljibe el muchachito había derramado agua en un latón y sosteniendo un jabón Bulldog se lavaba bajo el sol de la tarde de verano, se quitaba la mugre de las orejas, se enjabonaba el cabello corto ensortijado, se pasaba el aromático jabón sobre la cara, los sobacos, las bolas, el culo. Estaba desnudo y no le importaba que lo miraran las gallinas que buscaban piedritas y comida entre el pedregullo del amplio patio.

Cuando terminó vio que su madre y la vieja lo miraban y se puso a chiflar mientras derramaba el agua medio sucia a un costado justo donde una gruesa grieta en la tierra seca parecía tener ganas de beber en esa tarde de caluroso septiembre.

Los perros ladraron y vio al otro lado del muro que separaba de la calle que pasaba el carro de la leche y se apresuró a entrar en las casas para ir al cuarto que compartía con sus tres hermanos a buscarse su única camisa blanca, la misma de ir a la iglesia, de los cumpleaños y de los velorios y también su único pantalón largo negro, el que había heredado del abuelo Fulgencio luego de que muriera en Pelotas, no desnudo sino en la ciudad de Pelotas en alguna parte del Brasil que le dijeron que quedaba cerca.

Entró al baño y se miró en el espejo que estaba casi todo oxidado y con el vidrio partido pero era lo mejor para verse la cara chata de nariz plana y los ojos marrones verdosos y los labios anchos como gajos de naranjas pero igual se sentía atractivo con sus trece esplendorosos y mulatos años.

Se arregló el pelo, se miró los dientes blancos y un poco desparejos, se puso también una vieja corbata que apenas si recordaba cómo se ataba pero se las arregló, luego buscó en el ropero los zapatos heredados del abuelo Fulgencio que había muerto en Pelotas… bueno, ya sabemos dónde.

Salió y el sol pegaba lindo, ahora los perros le ladraban a un Ford que pasó levantando una polvareda recelosa de las ruedas y los automóviles, por otra parte sonaba algo de música, probablemente del Bar “Apolo 11”

Su madre y su tía meteretas de mierda seguían tratando de saber que hacía y al verlo “vestido de domingo” en plena media semana intentaron preguntarle pero no les dio bola y abriendo la portera con cuidado de que no se salgan las gallinas salió a la vereda y tomó al norte camino a la calle donde ella tenía que pasar en cualquier momento, para darse valor comenzó a chiflar y no les hizo caso ni a Marlene y ni a Olga que algo le gritaron de lo que solo pudo adivinar un cariñoso: __¡Guacho de mierda!

Se sentía raro así arreglado pero había pasado la mañana en la escuela nervioso luego de tomar esa decisión y no era un muchacho de andarse cagando sobre todo cuando escuchó que Alicia iba a estudiar piano a cuatro cuadras de su casa todas las tardes exactamente a las cinco y media. Había decidido entonces ir a declararle su amor para toda la vida o por lo menos hasta que comiencen las vacaciones de verano que tampoco era para condenarse pero esos ojazos azules bien valían la pena.

Al pasar frente al Bar Apolo no le hizo caso a los comentarios de los parroquianos casi siempre borrachos y eternamente perdedores, manojo de hombres ordinarios y feos que solamente son felices cuando otros son más infelices que ellos. Le gritaron groserías que ya se iba a cobrar de alguna manera pero ahora en su cabeza juvenil solamente estaba la estampa de esa niña rubia del cuarto “B” que desde el primer día lo tenía cuadrado de amor.
__ ¡Nunca te va a dar bola negro!
__ ¿Tas loco? Si es la hija del dueño de la Mercería, es la hija del judío Isaac Shleimer.
__ Mejor arreglate con Lola que siempre te mira en los recreos y en las misas, además es medio quemada como nosotros.

Así lo apoyaban: Toto, Malacara y Panza, así eran sus dislocados amigos compinches y cómplices de la escuela, del futbol y de las salidas a matar pájaros y robar frutas en las huertas de la zona. A veces los domingos de tarde se iban al cine Trafalgar a mirar una de Tom Mix pero no siempre había plata para todos.

Lo había pensado bien, se iba a quedar como si nada caminando de un lado al otro de la calle esperando que ella de vuelta la esquina por Gaspar hasta la casa de la profesora Santisteban que enseñaba piano y guitarra a muchos jóvenes y a algunos no tanto.

Al rato de caminar al sol se dio cuenta que su camisa blanca despedía un fulgor enceguecedor y que le molestaba el cuelo duro almidonado y el olor a naftalina de toda la ropa y que los zapatos le quedaban medio grandes y parecía si miraba para abajo una especie de pingüino.
Miró a su muñeca mecánicamente como si tuviera reloj pero no tenía, tampoco había llevado caramelos y sentía que se le cerraba la garganta mientras que en el estómago algunas mariposas comenzaban a revolotear o bien podía ser el guiso de Olga que había estado por demás cargado de porotos negros y picante en pleno Septiembre con casi treinta grados a la sombra.

Pensó en que cuando fuera a la iglesia el próximo domingo iba a rezar por un reloj aunque no tenía idea de si para dios era importante que el supiera la hora, además se la podía preguntar a ese señor que venía paseando un perro que parecía una ovejita.
__ Las cinco y diez de la tarde jovencito.
__ Muchas gracias señor.__ No era un pibe de educaciones pero la ropa lo obligaba a cambiar su clásico semblante de negrito desaprensivo y además en cualquier momento ella iba a dar la vuelta esa maldita esquina de escasa sombra junto a la calle de adoquines Gaspar Urrutia.

Y en el mismo momento que vio a Alicia acompañada de otra chiquilina las mariposas del estómago comenzaron a quererle trepar al cuello mientras que algo comenzó a moverse tripas abajo y sintió una tremenda urgencia que iba lentamente sobrepasando cualquier sentimiento amoroso y lo obligó a saltar muros adentro de cualquiera de los  jardines de las casas que parecían desiertas bajo el sol de la tarde. Entre unos ligustros se agachó, se aflojó el cinto y se dispuso a liberar las mariposas mientras en ese exacto momento escuchaba a las chiquilinas que pasaban del otro lado del muro conversando sobre el amor y esas circunstancias que también lo habían obligado a intentar “dominguearse” para la conquista.

__ Si Paulita, ya sé que hay varios gurises que gustan de mí pero yo tengo vocación religiosa y quiero ser monja para servirle a nuestro señor Jesucristo.
__ Hay Alicia, una monja tan linda como vos va a poner nervioso a todo el cielo, a propósito…
__ ¿Qué pasa?
__ ¿No sentís como olor a mierda?

Los ojos del niño al otro lado del muro bizquearon y sintió la confluencia de dos sentimientos opuestos: por un lado la tristeza de saber que perdía su oportunidad con Alicia y el enorme, grandioso placer de que ese maldito guiso de la vieja bruja de su tía abuela por fin lo abandonara. Entonces reparó en que lo único que podía usar como papel sanitario era su corbata.

Caía la tarde y sobre los cerros ya se veía que el sol iba a dormirse cuando retornó a su casa sin importarle más nada de la vida, ya no iba tan de domingo por más camisa blanca o pantalones nuevos que llevara, se había quitado esos enormes zapatos e iba descalzo sosteniendo uno en cada mano, cuando entró los perros ladraron y les silbó para que se callen.
__ ¿Y vos no tenías corbata cuando saliste gurí? __Le preguntó la tía Olga.
__ Ándate a la mierda. __Le dijo lagrimeando.

FIN

¿La obra o el autor?

mario vargas llosa

La obra o el autor
Los Perros, Los Cachorros
Por: Darío Valle Risoto

Acabo de leer el libro: “Los Perros, los Cachorros” del famoso escritor: Mario Vargas Llosa y esto revivió una antigua discusión que solemos tener algunos izquierdistas sobre el carácter de algunas obras artísticas cuando provienen de autores que están en las antípodas de nuestra ideología. En realidad el “carácter” de la obra es indiscutible siempre y cuando esta sea de un buen nivel, más algunos no podemos separarla del todo de quién la creó… ¿O sí?

Esto no se circunscribe a la literatura, también la puedo asociar con la misma discusión en por ejemplo el cine o la música, en el primero por ejemplo actores como: John Wayne, Clint Eastwood o Charlton Heston de reconocidas ideologías de derechas que nos podrían poner en la situación de no ver sus películas y nos perderíamos de obras como: “La Diligencia”, “Gran Torino” o “El Hombre Omega” porque estos señores están más de acuerdo a gobiernos de mano dura y detestan el socialismo (entre otros). Y allí radica el tema de separar necesariamente las obras de quienes las crearon y/o integran porque entonces estaríamos perdiéndonos de mucho. En la música hay muchas bandas y solistas en la misma situación y hasta encontramos que hay canciones que nosotros hicimos nuestras y hasta interpretamos para un lado cuando en realidad sus intérpretes pensaron en otra cosa… ¿Y qué importa?

Por lo tanto retornando a Mario Vargas Llosa, tenemos a un hombre de reconocida militancia de derechas que sin embargo proviene de la izquierda y dio ese giro absurdo de retornar tras avanzar ideológicamente, quizás porque en el camino algo le pasó que lo convenció de no solo trabajar para el enemigo sino y lo que es peor: transformarse en él. Tampoco es tan raro porque nunca fue ni será fácil ser de izquierdas… me consta. Pero: ¿Quién soy yo para juzgarlo? Y si solamente me remito a su obra literaria esto me pone del lado de ser necesariamente objetivo a la hora de medir la enorme calidad de por ejemplo este pequeño libro de relatos llamado: “Los Perros, los Cachorros” donde el tipo realmente despliega lo que yo llamo: “La perfección de lo sencillo” en una serie de relatos y una pequeña novela al final o un cuento un tanto extenso que versan sobre la juventud y la violencia de un Perú realísticamente mágico.

Por otra parte tampoco me alcanza a que ciertos creadores comulguen con mi forma de pensar y hasta hay muchos anarquistas que detesto por ser panfletarios y deshonestos a la hora de crear un estilo que a mí por momentos me puede resultar falso y hasta oportunista y por lo tanto no me cabe. No quiero dar nombres de bandas, escritores o actores que me entran en esta etiqueta que se sirve de lo hoy políticamente correcto para venderme cosas bien hechas pero tan artificiales como cualquier producto capitalista.

Así que de nosotros depende acceder o no a ciertos trabajos artísticos con una mente abierta e imparcial o con los recaudos que nuestros valores tienen a la hora de medir cualidades. Todo es admisible pero a veces, solo a veces nos podemos perder de mucho solo por pensar que esto o aquello lo ha hecho el enemigo.

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