¿Quién necesita dinero? Por: Isaac Asimov

Isaac

Quién Necesita Dinero?
Por: Isaac Asimov

Las Huellas Dactilares Serán Nuestras Tarjetas de Crédito

Hay mucha gente a quien la palabra ordenadores o computadores le resulta aversiva. Le parece que estos artilugios amenazan con la deshumanización, que son máquinas incapaces de mirar los problemas con ojos humanos y que sólo saben hacer las cosas con números.

Con esa misma lógica cabría decir entonces lo mismo de la regla de cálculo, de la balanza y del metro del carpintero, e incluso de cualquier artefacto utilizado por la humanidad para resolver mecánicamente sus problemas.

Puede que algún arquitecto de los tiempos prehistóricos se quejara amargamente de la moda de construir estructuras con ayuda de una nueva vara de medir: “No se puede fiar uno de un vulgar trozo de madera para saber qué largo dar a los sillares. Hay que usar el ojo clínico de un arquitecto, o acabaremos deshumanizándonos”.

Los ordenadores, claro está, son muchísimo más complejos que cualquier otro dispositivo inventado hasta ahora para resolver problemas, y muchísimo más rápidos y capaces de manejar simultáneamente múltiples factores. Y eso es bueno, porque hasta ahora nunca habíamos tenido en nuestra historia tantos problemas ni tan complejos. Jamás ha habido tanta gente trabajando con tantos recursos y de maneras tan variadas, constituyendo una sociedad tan enrevesada.

Hoy día se han alcanzado tales cotas de complejidad social y tecnológica, que el desistir de resolver problemas con ordenadores nos trasladaría treinta años atrás, sin posibilidad de alimentar a esos mil quinientos millones de personas que hemos añadido a la población mundial en ese período. Las líneas aéreas, los bancos, la industria y, sin duda, los gobiernos, no podrían realizar las tareas que hoy se les exige de no contar con ordenadores que les resuelven los problemas a velocidades superhumanas.

Si decidiéramos “humanizar” las operaciones industriales, financieras, comerciales y gubernamentales empleando seres humanos en lugar de ordenadores, no tendríamos manos (ni cerebros) suficientes.

Y así –como sin duda sucederá, so pena de querer caer en el caos – la sociedad se hace aún más compleja en el siglo que viene, necesitaremos un grado de mecanización y automatización mayor todavía que el actual.

Que eso conlleva el riesgo de abusos, nadie lo duda. Peligro de abuso lo hay en todo. Imagínense lo que podría ocurrir (y a veces ocurre) si un general decidiera abusar de su poder militar.

Aún así, los abusos no son tan frecuentes como podrían serlo, porque la sociedad es tanto más estable cuanto menos abusos haya. Minimizar el abuso redunda, a fin de cuentas, en beneficios de todos. Los ordenadores pueden proporcionar las técnicas necesarias para controlar, con mucha más eficacia que jamás en la historia, los abusos, incluso los de los propios ordenadores.

Pero si los ordenadores vigilan a los ordenadores, ¿quién vigila a los vigilantes? La cuestión no es nueva, y tiene solución. Cada guardián no pierde de vista (de vista electrónica, claro) a los demás. En un sistema de gobierno democrático se llama a eso “separación de poderes”.

¿Qué otras bendiciones nos traerá la automatización? Uno de los sueños es un mundo sin dinero.

Haciendo repaso de la historia veremos que las transacciones financieras se han hecho cada vez mas etéreas. La moneda metálica de uso universal reemplazó a los objetos reales y concretos. El papel moneda, impreso a voluntad del emisor, sustituyó a su vez a las monedas; y los talones, o billetes caseros de cualquier valor nominal, sustituyeron a los billetes emitidos por el gobierno. Los cheques individuales fueron a su vez desplazados en parte por las tarjetas de crédito, que son como cheques a un mes. ¿Cuál será el siguiente paso? ¿El cómputo electrónico automático de los haberes personales, actualizado después de cada transacción?

Imaginemos que cada cual tuviera un dispositivo sintonizado con sus huellas digitales, o con la estructura química de sus secreciones glandulares, o con algo más sutil aún. Tras una operación preestablecida, el dispositivo nos diría el estado exacto de nuestra cuenta corriente, la cantidad disponible para nuestras transacciones.

Cualquier transacción imaginable –ingresos por sueldo, inversiones, gastos, desde la compra de un periódico a la renta de acciones- sólo quedaría legalizada cuando los dispositivos de todas las partes que intervinieran en la transacción fueran introducidos en una terminal de computadora, que transferiría luego los importes (en impulsos electrónicos) de una tarjeta a otra. Lo que tendríamos sería una procesión interminable de cheques firmados al instante, por valor de cualquier cantidad inferior al líquido disponible.

La Administración podría descontar automáticamente los impuestos sobre cualquier transacción, en proporción a su importe y al nivel de renta del sujeto que recibiera el dinero. Y también se tendrían en cuenta otras posibles complicaciones, reajustando el balance a fines de año.

El concepto de riqueza perdería importancia en una sociedad como ésta en la que no circulara el metálico, porque el dinero sería menos visible. Y esto seria tanto más cierto si la sociedad del siglo XXI encontrara alguna manera lógica de mitigar, siquiera parcialmente, la desigualdad en la distribución de la riqueza; aparte de que en una sociedad sin dinero sería menos doloroso pagar los impuestos, porque las transacciones jamás se harían visibles.

¿Abusos? En todo caso disminuirían, porque el fraude fiscal y la estafa serían más difíciles. Parte de la inhumanidad del ordenador es que, una vez que está programado y funciona correctamente, no admite ya deslices en su comportamiento.

Revista Muy Interesante

A finales de los ochentas y hasta principios de los noventas, la Revista Muy Interesante, de origen español, aunque ya a esas fechas editada en México, estuvo publicando regularmente algunos muy interesantes artículos del doctor Isaac Asimov hasta casi la fecha de su fallecimiento en 1992.

El artículo precedente forma parte de estos artículos

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