Media Naranja… será usted

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Media naranja… será usted
Por: Darío Valle Risoto

Afortunadamente la mayoría de la humanidad se rige por otros esquemas porque si se tratara de gente como nosotros habría una importante y exponencial reducción de la población, lo que pensándolo bien no estaría tan mal.

De todas maneras uno se ha criado soportando las presiones sociales que indican tiempos y momentos para todo, desde el debut sexual, formar una familia y hasta cumplir con esa sana costumbre de morirse alrededor de los setenta años.

Pero quiso la cosa, vaya uno a saber porque, que algunos hombres y mujeres no seamos fácilmente domesticables y nos cueste y mucho no solo conseguir parejas sino y lo que es peor. si se consiguen, conservarlas por un tiempo más o menos largo.

Todo ese asunto de abordar una chica siempre me ha resultado motivo de un tremendo estrés porque no es que sea tímido ni mucho menos sino que me molestaba y sigue molestando que sea tan complicado establecer una relación, debería bastar con exponer uno sus intenciones y la otra parte responder a estas positiva o negativamente sin dramas. Pero no, hay todo un estúpido entramado social que hace que esa cosa de la seducción se transforme en una mala canción de Arjona (¿Hay buenas?) y en mi caso a más o menos una semana de posar mis deseos en un chica me he retirado por simple y terapéutico cansancio.

Lo peor ha sido que en otras épocas, luego de ser rechazado, lo que sucedía más o menos once veces de cada diez, tenía que soportar una especie de perversa actuación de la chica en cuestión que iba desde pasar con sus novios por delante de mis narices a practicar alguna suerte de actitud sádica intentando quizás que yo me arrastre hasta que su ego explote rompiendo con mi amor propio.

Confieso que fui estúpido alguna vez, ¿Quién no lo fue? Y caí en ese absurdo de creer que si al principio no estaba interesada poco a poco podría cambiar de idea como quien se acostumbra a comer repollitos de Bruselas porque no tiene otra cosa.

Pero uno va madurando y se vuelve práctico y tenazmente arbitrario en cuanto a esto sí y esto no y como decía mi madre: “No hay tu tía”, uno ya no cae en discusiones de si me quieres, me amas o prefieres mi billetera porque simplemente ya ha pasado de ello.

Por lo tanto frente al habitual chantaje afectivo he puesto distancia con alguna que otra damisela dejándolas sin entender nada al apartarme rápidamente de su extraña forma de atraerme y no se para que carajos, la verdad.

Allí entonces me doy cuenta de que no solos los hombres somos machistas y que algunas damas esperan alguna suerte de supremacía donde les demuestre que soy un buen macho recolector, cazador y conquistador de las huestes de sus nalgas y sus senos turgentes… o no. Y están equivocadas pero confieso que me ha asombrado que la sociedad aún en aquellas señoritas muy revolucionarias, feministas y veganas tenga fuertes lazos donde los señoritos de celeste tenemos que conquistar a las niñas de rosado…de no creer pero es así.

Para peor a eso de los treinta y tres años tras la muerte de mi madre me quedé viviendo solo y aunque fue producto de una desgracia, la situación era algo que quería desde niño, porque ya con nueve o diez años envidiaba la vida de un vecino que vivía solo en su apartamento, se llevaba alguna amiga de vez en cuando pero el tipo vivía solo. Digo: “para peor” porque uno se acostumbra a vivir en soledad, a tener tiempo, todo el tiempo para uno y no tener que depender del otro, aquella querida pareja que no nos permitiría por ejemplo levantarnos a las tres de la mañana para calentar un guisado o que pasemos de viernes a lunes sin bañarnos porque pintó fin de semana hippie.

Así nos vamos poniendo viejos y maniáticos con nuestro espacio vital y ya dejan de jodernos nuestros amigos y especialmente sus esposas con que debemos encontrar nuestra: “Media naranja” y dejan de presentarnos mujeres maduras divorciadas con hijos y solamente de vez en cuando nos comparten algún almuerzo con esa amiga paciente siquiátrica que por ahí comparte nuestro gusto por los gatos, el Black metal y las películas de superhéroes.

Alguna vez tuve alguna amiga que venía a casa a pasar un par de días, teníamos un poco de aquello, otro poco de lo otro y se volvían a sus vidas, en esa época me sentí el rey del mundo pero lamentablemente siempre se terminaban encariñando y uno se asustaba y les aclaraba que estaba muy bien tal como estaba y entonces se espantan y se van. Y siempre recuerdo por esto la frase de aquel tema: “Puedo enseñarte a volar pero no seguirte el vuelo”

Así que uno un buen día se percata de que es la naranja entera y si bien podría tener una buena compañera, sabe que es muy difícil encontrar alguien que le aguante los achaques libertarios o la completa y desorganizada forma de organizar su vida, sus petates, sus cosas, su música, su ropa negra, su absoluta ausencia de sentimientos religiosos o cualquier forma de superstición.

Y por allí asistimos a una casamiento como intrusos alienígenas de una vida que nunca vimos como para nosotros y vemos que nuestros amigos cambian pañales, van al fútbol con sus hijos y sueñan con cosas que no pertenecen a nuestra pequeña y oscura galaxia de gente sola. ¿Para qué creen que se inventaron las mascotas?

 

 

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