Christ Evans: Captain América talks

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“SOLÍA ​​PENSAR EN QUERER SUBIR A LA CIMA DE ALGO O QUERER SER ALGUIEN, PERO CUANDO OBTIENES LO QUE CREES QUE QUIERES Y LUEGO TE DESPIERTAS Y TE DAS CUENTA DE QUE TODAVÍA TIENES BOLSAS DE TRISTEZA, Y QUE TU LUCHA SIGUE SUCEDIENDO, DEJAS DE PERSEGUIR ESAS COSAS Y ENCUENTRAS ALGO LIBERADOR, PORQUE TE DAS CUENTA DE QUE JUSTO AQUÍ, AHORA MISMO, ES EXACTAMENTE TODO LO QUE NECESITAS”.

Christ Evans actor que personifica al Capitán América en el cine

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Primavera en flor

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Visitantes se ven bajo las flores de cerezo en flor en el Parque de Cherry Blossom de East Lake en Wuhan China Stringer Network / REUTERS 

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Un visitante observa la floración temprana de las flores de cerezo de Kanzakura en plena floración en el Jardín Nacional Shinjuku Gyoen en Tokio  Issei Kato / REUTERS 

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Una familia toma una fotografía bajo árboles en flor y en flor a lo largo de una carretera en Islamabad   Faisal Mahmood / REUTERS Primavera en flor (19)

Una mujer mira las flores de cerezo en flor en Tokio Toru Hanai / REUTERS 

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Una mujer vestida de kimono toma una foto de selfie en el foso de Chidorigafuchi, mientras los visitantes disfrutan de flores de cerezo completamente florecidas, durante la temporada de primavera en Tokio Issei Kato / REUTERS

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Los visitantes viajan en un bote en el foso de Chidorigafuchi, mientras disfrutan de flores de cerezo completamente florecidas, durante la temporada de primavera en Tokio Issei Kato / REUTERS

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Cerezos en flor se ven en Tokio Toru Hanai / REUTERS Primavera en flor

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Una pareja reacciona cuando ve flores de almendro en un parque en Madrid Susana Vera / REUTERS

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Mujeres vestidas de kimono miran flores de cerezo Kanzakura de floración temprana en plena floración en el Jardín Nacional Shinjuku Gyoen en Tokio Issei Kato / REUTERS

La Música NO está enferma

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La Música no está enferma
Aunque lo parezca
Por: Darío Valle Risoto

Aquel profesor de guitarra me dijo que no había música buena o mala sino música simple y música compleja y por otro lado música que me gusta y música que no me gusta y tenía razón.

Reconozco que discrimino a las personas de acuerdo a la música que suelen escuchar, no es que pretenda quemarlos en la hoguera por poseer un gusto que puedo considerar paupérrimo o lamentable en torno a una de las cosas más formidables en esta vida que es poder disfrutar de una melodía rica en tonalidades y colores.

Cierta vez en un programa de televisión Charly García sostuvo que los seres humanos vibramos en diferentes tonalidades musicales y de allí nuestro gusto por tal o cual tema, estilo o clase de música. Puede ser, pero pienso que también la sensibilidad se educa desde pequeños o se educa a si misma cuando como adultos tenemos una inquietud como la del ratón de biblioteca pero en este caso: “De discoteca” a por buscar y buscar cosas nuevas.

Aún así conozco gente que no tiene el menor interés por la música y me parecen como ciegos o lo que es parecido: solamente escuchan aquello que anda por ahí sin detenerse a por ejemplo saber quiénes eran los Beatles, el tal Beethoven o la música de Jazz.

Van a hacer cuarenta años que vivo en estos edificios y hace cuarenta años que al subir las escaleras (No hay ascensor) escucho desde mismo apartamento exactamente los mismos temas tropicales llámeseles: Cumbias, plenas o cosas por el estilo.

Y entonces me recuerdo con dieciocho años y mi primer cassettero tratando de grabar de la radio temas de Queen o de Kiss y por supuesto de Los Beatles o aquella tarde en que copié de grabador a grabador mi primer cassette, nada menos que los valses de Johann Strauss que me prestó un tío.

También me es inevitable pensar en aquellos días en la casa de mi amigo Juan en el barrio Capurro donde su compañera Beatriz me contaba la historia completa de los Beatles, de los Rolling Stones, de los Who, de los pioneros del rock terminando con Led Zepelín, Deep Purple y por supuesto unos ignotos para mí: Black Sabbath que al principio me costó comprender.

Me convertí entonces en un acopiador de cassettes de Rock, de Blues, de Heavy Metal, de música clásica, de Pop, de rock nacional argentino y uruguayo, de música tecno, de temas musicales de películas y más tarde de soundtracks completos, de música celta, de tangos y milongas, de canto popular, etc.

Una noche Juan bastante alcoholizado (Cosa muy común) me dice que él me había hecho “rockero” pero yo lo había hecho: “metalero” por aquello de que siempre le traía alguna novedad leída en las revistas españolas: Metal Hammer o las argentinas: Riff Raff, Pelo y más tarde Madhouse. Es que tal cual lo hacen los fanáticos del fútbol a mí también me interesaba saberlo todo de los artistas, de sus trabajos, de las técnicas de grabación, de porque se había ido un vocalista o estrenaban nueva guitarra, de porqué el cambio de estilo, etc, etc, etc.

Mi primer cassette original fue: Acto de Locura de Iron Maiden y más tarde él: Ruedas de Metal de Riff porque Juan lo tenía y me había alucinado esa banda de Hard Rock liderada por Pappo.

Y con los años fui abandonando los programas de radio musicales porque siempre emitían lo mismo o eran los proyectos para difundir los acotados gustos de sus conductores casi siempre partícipes de una cultura decrépita por lo que ellos creen es su música buena o mala. Hoy lo siguen haciendo, continúan repitiendo siempre las mismas canciones de los mismos grupos hasta el cansancio al punto de que en un programa se ofendieron porque les envié un mensaje en el que les decía que la banda Kiss tenía más temas que: “Fui hecho para amarte” y ACDC que: “Back in Black”

La música ha sido mi vía de escape, gracias a ella superé un gran bajón anímico en el año 2000 al separarme de una novia, antidepresivos mediante me tiraba en el sofá a escuchar a la banda Gallega: Luar na Lubbre o a Enya y eso me hacía bien o en cambio levantaba mi ánimo con Heavy Metal más extremo como el de Slayer o Testament. A veces pienso que la música me ha salvado la vida.

Entonces en todo lo anterior encuentro la explicación de mi absoluta oposición a los ritmos tropicales o al nefasto Regaettón carentes de complejidades y con letras abrumadoramente estúpidas y/o insultantes. No me puedo identificar con alguien que escucha estas basuras y solamente me puede decir que: “Es divertida” como si fuera un argumento de peso y no creo que lo sea.

Llega una amiga a casa con otra chica para presentármela, es uruguaya pero ha vivido en Canadá, les pregunto, no recuerdo que estaba escuchando, si les gusta o pongo otra cosa en el equipo y me pregunta esta chica a su vez si tengo algo de salsa. Inmediatamente le digo que me quedaba algo en la heladera pero la utilicé con los fideos. Disgustada me dice que es “lo que se escucha” en Canadá y le respondo que es una señal de la caída de la civilización occidental.

Dando un curso intensivo de comunicación una alumna solo escucha “música tropical uruguaya”, le digo que sería muy interesante que nos cuente sobre que tratan las canciones y no sabe decirnos. Le digo que es poesía, poesía son todas las letras de todas las canciones pero una cosa es Bob Dylan y otra El combo Venezolano.

Por ahí sería interesante volvernos un poco ambiciosos con aquello que nos reconforta los oídos y puede enriquecernos, sé muy bien que hay música para entretener a las masas y que quizás aquello que nos divierte sea en algunos momentos de la vida tan necesario como desestresante pero sencillamente no puedo sonreír escuchando estupideces.

Gracias a internet me he reencontrado con géneros como el viejo folclore argentino y me he quedado pensando en la enorme capacidad de aquellos compositores para dejarnos bellas canciones descriptivas sobre la vida en las provincias, las canciones de amores incomprendidos o la nostalgia por ejemplo de: Los del Suquía por la vieja Corrientes.

Es más fácil escuchar una canción que leer un libro o mirar televisión, de nosotros depende a que grado de introspección nos lleva esta y donde la vamos a guardar en nuestros recuerdos, hay temas que llevé más de treinta años sin escuchar y al volverlo a hacer dispararon recuerdos, imágenes, hasta aromas de mi niñez y volví a reparar en ellos con otros oídos siendo otro hombre más grande y aspiro que algo más culto.Wallpaper Magic 321 (4)

Hoy cuando raramente voy de compras al Paso Molino (Zona comercial de mi barrio) compruebo que en todos los comercios hay como música ambiental Regaettón o Cumbias, a gran volumen como si fueran interesantes, eso me ha hecho preguntarme una y otra vez del porque de la homogeneidad en supermercados, tiendas, almacenes a por estos estilos simples y monotónicos. Me parece triste que no hay siquiera un caso en que un imaginativo comerciante opte por algo diferente, todos con lo mismo como si se tratara de una ley o decreto para que la gente continúe siendo igualita que ayer y mañana.

Siento una enorme admiración por aquellos compositores que han hecho de lo simple o lo complejo de sus obras piezas maestras que entran en nuestro cuerpo cual si fueran magia pura, admiro a los músicos que han dedicado su vida a perfeccionarse como Joe Satriani, Steve Vai, Jimmy Hendrix, etc.

Me entristece ver a la gente bailando al son de las congas esos ritmos que sinceramente me despiertan repulsión, por lo tanto he dejado de ir a cumpleaños, casamientos o eventos donde sé que no pensarán ni un pequeño instante en innovar y seguirán esa tendencia de repetir las estupideces de Kapanga, La Bersuit o en el mejor de los casos alguna banda de esas que han hecho del Reggae una discutible fuente de inspiración aún en pleno invierno y a diez grados bajo cero.

Cuando converso con un “ser humano” dada mi imagen piensan que ando escuchando Heavy metal todo el día tal como si fuera uno de los protagonistas descerebrados de Beavis and Butthead y no es así. Escucho de todo, prácticamente de todo, menos aquello que me hace sentir un idiota porque no me gusta que insulten mi inteligencia.

Somos lo que comemos, somos lo que leemos, lo que vestimos, lo que decimos o dejamos de decir, proyectamos todo el tiempo rasgos que van trazando una imagen de nuestra persona, somos entidades biosicosocioculturales con todo lo que implica esta suma de términos; en síntesis en contra de la conocida frase: las apariencias nunca engañan porque son la primera proyección de nosotros al mundo exterior, lo demás cuenta por cuenta de si nos acercamos o no a tal o cual denominada “tribu urbana” aunque creo que hoy día solo existe una y no me gusta.

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