Un día laboral (Cuento)

Wallpaper Magic 152 (30)

Un día laboral

Por: Darío Valle Risoto

Lo llamó y lo reprendió como si fuera un niño. Esteban recordó a la maestra de mierda de la escuela allá en el colegio católico por cuarto o quinto año y cerró los puños clavándose las uñas.
__ ¿Me escucha Fernández? ¿O hablo con la pared?
__ Sí, claro que lo escucho jefe.
__ No es la primera vez que me hace una entrega mal, acaba de enviar dos mil pantalones a nuestra sucursal de Florida y sabe bien que son para Durazno. ¿Me oye?

No le importaba que lo humillen porque de todas maneras el sueldo no la daba para tanto, pero los rostros de sus compañeros gozando de la situación cooperaban para que comenzara a sentirse un poco mal.
__ Trataré de solucionarlo, no se preocupe señor. __ Le dijo dejándolo al petiso con el dedo índice apuntando a la estantería mientras se retiraba al sótano para llamar a la sucursal de Florida e intentar reenviar los putos pantalones.

El depósito estaba en el sótano, con salida a la calle Juan Carlos Gómez, olía a tela nueva y a viejo a la vez, era un recinto casi infinito de estanterías hasta el techo pobladas de pantalones, camisas, sacos, etc.

Se sentó en el escritorio y discó frenéticamente los números para intentar solucionar el entuerto, entonces recordó que fue Amalia la que le había dado mal el dato sobre la entrega, así que no era su responsabilidad. Después de todo no podía andar verificándolo todo por pensar que estaba rodeado de idiotas… que si lo estaba.

__ ¡Qué meada che! __Le dijo el negro Julián que había bajado detrás de él con dos cajas para estivar en la zona de las corbatas.
Esteban apenas si lo miró y al dar con la sucursal les expuso el problema, aún no habían recibido el pedido equivocado pero no bien lo hicieron lo iban a reenviar a Durazno, su verdadero destino.

Se rascó la cabeza aliviado. Su te estaba helado por lo que fue hasta la pequeña cocina para calentar más agua.
__ Mira que el judío no quiere que tomemos te en horas de trabajo. __Le dijo Amalia que estaba sentada comiendo un croissant.
__ Gracias por el dato, no sabría que hacer sin tus consejos Amalia.
Ella sonrió como una morsa, si es que las morsas sonríen, claro que no tenía la más remota idea de lo que era un sarcasmo.

Cuando la caldera echó humo sonó la chicharra del descanso, al fin era el mediodía y todos comenzaban a caminar cual autómatas hasta el comedor. Esteban salió a la calle, quería respirar aire puro porque comenzaba a odiarlos intensamente. Caminó hasta la plaza matriz y miró a un viejo que le daba de comer a las palomas, un camión de reparto de leche pasó a su derecha mientras el sonido inconfundible del tranvía ocupó el aire.

Compró unos bizcochos en la panadería y se sentó, hacía frío y había poca gente a su alrededor.
__ Creo que va a llover. __Le dijo desde el banco del frente el viejo que les daba migas a las palomas.
__ ¿Le parece? __Contestó mirando al cielo medio gris con los ojos entrecerrados.
__ Trabaja en la sastrería de Koriansky por lo que veo.
Reparó en que no se había sacado el delantal con al logo de la empresa, se lo quitó inmediatamente y lo puso a su costado.
__ Hace como cinco años.
El viejo lanzó un chistido como de desaprobación.
__ Ese tipo: Samuel Koriansky: es un judío de mierda.
__ No soy antisemita.
__ Yo tampoco. __Se rió el viejo mostrando la ausencia de varios dientes en su boca pequeña. __Pero cuando se es un judío de mierda… ¿Qué más se puede agregar?
__ Patrones son patrones. __ Dijo, como intentando alivianar la situación, pero el viejo dejó su lugar y se sentó a su lado, olía a naftalina como el ropero de su abuela.
__ Se vino de Europa en el cuarenta y dos escapándose de la guerra, se robó todo de una reserva familiar y dejó a sus compatriotas en manos de los nazis para así venirse a poner la fábrica, las tiendas, etc. ¿Qué me contás pibe?
__ ¿Y usted como sabe eso?
__ Trabajé allí donde vos trabajas antes que vos, unos años hasta que me despidieron en el cincuenta o cuarenta y nueve y uno se va enterando de cosas, la gente habla, conversaciones que se escapan… cosas.

Esteban miró la hora y apenas le quedaba tiempo para volver a la fábrica, le dejó el resto de los biscochos al viejo que agradeció con un movimiento de cabeza, corrió hasta su trabajo y subió las escaleras pasando raudamente frente a la portería.

__ ¡Cinco minutos hacen que terminó su descanso Fernández!
Era Koriansky con su cuerpo grueso pero de baja estatura, sus lentes redondos y esos dientes desparejos, siempre llevaba traje marrón con chaleco negro. Una rara combinación.
__ Lo lamento pero estuve distraído.
__ Ya me informaron que lo de Florida está resuelto, que no se vuelva a repetir.
Se iba a retirar pero lo pensó mejor y volvió sobre sus pasos sorprendiéndolo a su patrón que casi se daba la vuelta también.
__ ¿Sabe con qué me distraje?, Mejor lo conversamos en su oficina.

FIN

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s