Un día laboral (Cuento)

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Un día laboral

Por: Darío Valle Risoto

Lo llamó y lo reprendió como si fuera un niño. Esteban recordó a la maestra de mierda de la escuela allá en el colegio católico por cuarto o quinto año y cerró los puños clavándose las uñas.
__ ¿Me escucha Fernández? ¿O hablo con la pared?
__ Sí, claro que lo escucho jefe.
__ No es la primera vez que me hace una entrega mal, acaba de enviar dos mil pantalones a nuestra sucursal de Florida y sabe bien que son para Durazno. ¿Me oye?

No le importaba que lo humillen porque de todas maneras el sueldo no la daba para tanto, pero los rostros de sus compañeros gozando de la situación cooperaban para que comenzara a sentirse un poco mal.
__ Trataré de solucionarlo, no se preocupe señor. __ Le dijo dejándolo al petiso con el dedo índice apuntando a la estantería mientras se retiraba al sótano para llamar a la sucursal de Florida e intentar reenviar los putos pantalones.

El depósito estaba en el sótano, con salida a la calle Juan Carlos Gómez, olía a tela nueva y a viejo a la vez, era un recinto casi infinito de estanterías hasta el techo pobladas de pantalones, camisas, sacos, etc.

Se sentó en el escritorio y discó frenéticamente los números para intentar solucionar el entuerto, entonces recordó que fue Amalia la que le había dado mal el dato sobre la entrega, así que no era su responsabilidad. Después de todo no podía andar verificándolo todo por pensar que estaba rodeado de idiotas… que si lo estaba.

__ ¡Qué meada che! __Le dijo el negro Julián que había bajado detrás de él con dos cajas para estivar en la zona de las corbatas.
Esteban apenas si lo miró y al dar con la sucursal les expuso el problema, aún no habían recibido el pedido equivocado pero no bien lo hicieron lo iban a reenviar a Durazno, su verdadero destino.

Se rascó la cabeza aliviado. Su te estaba helado por lo que fue hasta la pequeña cocina para calentar más agua.
__ Mira que el judío no quiere que tomemos te en horas de trabajo. __Le dijo Amalia que estaba sentada comiendo un croissant.
__ Gracias por el dato, no sabría que hacer sin tus consejos Amalia.
Ella sonrió como una morsa, si es que las morsas sonríen, claro que no tenía la más remota idea de lo que era un sarcasmo.

Cuando la caldera echó humo sonó la chicharra del descanso, al fin era el mediodía y todos comenzaban a caminar cual autómatas hasta el comedor. Esteban salió a la calle, quería respirar aire puro porque comenzaba a odiarlos intensamente. Caminó hasta la plaza matriz y miró a un viejo que le daba de comer a las palomas, un camión de reparto de leche pasó a su derecha mientras el sonido inconfundible del tranvía ocupó el aire.

Compró unos bizcochos en la panadería y se sentó, hacía frío y había poca gente a su alrededor.
__ Creo que va a llover. __Le dijo desde el banco del frente el viejo que les daba migas a las palomas.
__ ¿Le parece? __Contestó mirando al cielo medio gris con los ojos entrecerrados.
__ Trabaja en la sastrería de Koriansky por lo que veo.
Reparó en que no se había sacado el delantal con al logo de la empresa, se lo quitó inmediatamente y lo puso a su costado.
__ Hace como cinco años.
El viejo lanzó un chistido como de desaprobación.
__ Ese tipo: Samuel Koriansky: es un judío de mierda.
__ No soy antisemita.
__ Yo tampoco. __Se rió el viejo mostrando la ausencia de varios dientes en su boca pequeña. __Pero cuando se es un judío de mierda… ¿Qué más se puede agregar?
__ Patrones son patrones. __ Dijo, como intentando alivianar la situación, pero el viejo dejó su lugar y se sentó a su lado, olía a naftalina como el ropero de su abuela.
__ Se vino de Europa en el cuarenta y dos escapándose de la guerra, se robó todo de una reserva familiar y dejó a sus compatriotas en manos de los nazis para así venirse a poner la fábrica, las tiendas, etc. ¿Qué me contás pibe?
__ ¿Y usted como sabe eso?
__ Trabajé allí donde vos trabajas antes que vos, unos años hasta que me despidieron en el cincuenta o cuarenta y nueve y uno se va enterando de cosas, la gente habla, conversaciones que se escapan… cosas.

Esteban miró la hora y apenas le quedaba tiempo para volver a la fábrica, le dejó el resto de los biscochos al viejo que agradeció con un movimiento de cabeza, corrió hasta su trabajo y subió las escaleras pasando raudamente frente a la portería.

__ ¡Cinco minutos hacen que terminó su descanso Fernández!
Era Koriansky con su cuerpo grueso pero de baja estatura, sus lentes redondos y esos dientes desparejos, siempre llevaba traje marrón con chaleco negro. Una rara combinación.
__ Lo lamento pero estuve distraído.
__ Ya me informaron que lo de Florida está resuelto, que no se vuelva a repetir.
Se iba a retirar pero lo pensó mejor y volvió sobre sus pasos sorprendiéndolo a su patrón que casi se daba la vuelta también.
__ ¿Sabe con qué me distraje?, Mejor lo conversamos en su oficina.

FIN

 

Time Machine (Poema)

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Time Machine
Por: Darío Valle Risoto

Añadí las pinceladas de abril
A los sueños que todos requieren
Pero las mariposas se mueren
Cuando las clava el cuadro hostil.

Acaso soy un extraño de mí
Que cambia de alas al detalle
De un catalogo de Versalles
Que inconcluso vaga senil.

Vi las mujeres en sus carruajes
Y el humo hacía mella en el
Un caballero que pude conocer
Inspirado en todos sus detalles.

Era yo, era aquel, era él
Un viajero de todos los tiempos
Acusados al sometimiento
De la marihuana y el jerez.

Entonces el laboratorio
La absenta y el cadáver vivo
Frankenstein era un cautivo
Y yo en el cine frente a él.

Como en un gran remolino
Viajamos juntos gracias al vino
Clavando cuñas en el pasado
Y no todo está muerto o gastado
Si podemos volver en recuerdos…
A recorrer, recorrer.

El don de saber agradecer…

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El don de saber agradecer
Por: Darío Valle Risoto

Puede ser una buena cosa aprender a saber agradecer a aquellas personas que alguna vez han hecho algo bueno por nosotros, porque no abundan estas y es una excelente idea el intentar pagar las deudas afectivas. Esto no quiere decir que nos hayan hecho favores para que los saldemos cual si fueran deudas de dinero, pero honrar los buenos gestos debería ser el horizonte de todo ser humano en el entendido de que si sembramos estas acciones de seguro se multiplicarán.

No se trata de una filosofía religiosa, vegana o quién sabe qué tonterías, sino de simple sentido común el aprender aquello que hoy figura olvidado o que sencillamente no existe para la mayoría de nuestros semejantes. Y vuelvo a recalcar la paradoja de estos tiempos en que estamos más comunicados que nunca y sin embargo parece que cara a cara no sabemos cómo ni cuándo.

Ayer mismo le pedía permiso a una señora para salir de mi asiento en el colectivo porque estaba del lado de la ventanilla y la señora de grueso cuerpo apenas se para impidiéndome moverme a lo que le reiteré mi pedido de permiso y me responde que nadie se mueve. Le contesté que sí quizás pedía permiso como yo, si es que sabía hablar, tal vez la gente se moviera y eso hicieron todos a nuestro alrededor en el instante.

No solo el don de agradecer cuando nos hacen un favor es importante sino y probablemente tanto como esto el de saber reconocer las pequeñas acciones de los otros para con nosotros porque nadie está obligado a hacer a nuestro favor nada pero si deberíamos todos sentirnos en el deber de ayudarnos.

Suelo preguntarme a menudo como funciona esta sociedad uruguaya donde la gente vive sumergida con los rostros en sus dispositivos electrónicos y cada vez habla menos con otra gente, me refiero: cara a cara. Ayer también cuando salía de trabajar vi a un muchacho llevando un coche con un bebe por la calle junto a la vereda en Solano López que es una vía de enorme cantidad de transito y encima de ello iba mirando su móvil.

Me resulta difícil muchas veces ser agradecido, no solo por los favores y las pequeñas acciones cada vez más escasas de mis semejantes sino también por aquella educación en valores que me dejaron mis padres, algunos de ellos los debí reconstruir y mejorar con los años, añadí cosas por un lado como la frase de aquel ignoto amigo sobre honrar las deudas afectivas o la idea de mi última compañera sobre la falta de autoridad moral de algunas personas para referirse a determinados temas.

No sé realmente si la tengo para hablar sobre buenos modales pero al menos casi todo el tiempo intento ser mejor que ayer y aunque suele costarme mucho lo intento.