Manipulado sueños y viajando en el tiempo

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Manipulando mis sueños
Por: Darío Valle Risoto

Tan viejo como el hombre sobre la tierra son las incógnitas de nuestros sueños, esa suerte de mundo paralelo que se abre cuando dormimos. Indudablemente fue la fuente de muchos o casi todos los delirios religiosos y desde luego motivo de análisis sobre la psiquis humana apenas hoy explorada y me temo que nos faltará un trecho para encontrar una explicación y lo más importante: Poder manipularlos.

Hay atajos, algunos los encontraron en los viajes astrales, confieso que hace algunos años, unos cuantos atrás lo intenté infructuosamente y desistí de esta forma de viajar a través de una dimensión incorpórea por este y tal vez otros mundos. Me cabe siempre la pregunta de si realmente es posible tener conciencia fuera del cuerpo y lo que es más: poder tener sueños conscientes aunque a muchos de ustedes seguro les ha pasado que soñando en determinados momentos han tenido uno donde se dieron cuenta que soñaban y hasta tomaban alguna decisión. Despertarse si la cosa se complicaba: por ejemplo.

Y tal vez con los años se me ha agudizado ese perpetuo anhelo que desde mi temprana niñez he tenido por los viajes en el tiempo y he llegado a la convicción de que de ser posibles no concuerdo con aquella paradoja de que los cambios que uno produciría en el pasado se trasladen a este presente y lo cambien. El ejemplo clásico es que si voy al pasado y mato a mi abuelo yo no nacería y por lo tanto es lógicamente imposible que haya viajado en el tiempo y mate la cuna de mi ADN y así hasta el infinito.

Por otro lado si yo voy a mi pasado soy otro y no el mismo que por ejemplo es un niño y seré yo en el futuro, más creo que cualquier modificación que manifieste y volviendo al ejemplo anterior, por ejemplo: “me mate”, no tendrá modificación posible ya que el solo hecho de viajar al pasado inmediatamente se traduce en otra de las infinitas líneas y universos posibles que se deriva de cada decisión.

Sueños y viajes en el tiempo están ligados de forma muy fuerte cuando al soñar manifestamos quizás la nostalgia o el recuerdo de nuestros seres queridos y un deseo consciente e inconsciente de volver a encontrarlos. Al menos esa sería la primera lectura del psicoanálisis.

Por lo tanto mi obsesión por los viajes en el tiempo ha hecho que regularmente tenga sueños donde voy al pasado y este artículo lo escribo porque precisamente anoche soñé con que viajaba al Uruguay de 1969 y al llegar un policía me detiene y tratando de explicarle que vengo del futuro para su infinito asombro comienzo a mostrarle mi celular donde le hago ver fotos mientras un grupo de curiosos se reúne a nuestro alrededor también para ver ese extraño adminiculo que tiene fotos de una increíble fidelidad y en colores. Lo curioso de este sueño es que mientras hacía esa absurda gala de tecnología futurista pensaba en que cuando se me termine la batería no iba a poder recargarlo porque había olvidado el cable para hacerlo y que no podía contar con ninguna función porque claro que no existía nada como la Internet.

Otro aspecto interesantísimo de este sueño fue el ver a la ciudad casi sin edificios, con mucho campo y hasta sentir el aire que respiraba de otra forma más extraña a lo habitual y lo que me hizo conmover enormemente fue en ese mismo sueño en pensar en ir hasta mi vieja casa que hoy no existe y por la hora encontrarme con mi madre y mi yo de un año. En realidad en el sesenta y nueve tenía seis pero este error matemático fue en el sueño.

Por otro lado ya en estado alfa y semi despierto comencé a soñar diversas teorías para hacer dinero en aquel Uruguay de 1969 sobretodo para ayudar a mis padres (Y a mí) que eran muy pobres. Una idea era ir a la redacción del diario: “El Día”, mostrarles mi celular y pedirles un escribano público para que testifique los hechos que yo les iba a adelantar y que iban a pasar en mi país y en el mundo de allí en más.

Casi al borde de despertar me vi dándole consejos a mi padre para que explotara sus conocimientos de electrónica arreglando radios y televisiones. Poco después me desperté.

Soñamos lo que nostalgiamos, lo que deseamos, lo que nos da miedo, lo que nos frena o aquello que no queremos ver de nosotros mismos… ¿Quién lo sabe?: ¿Un sicólogo? ¿Un curandero o un pastor evangélico? Nadie sabe los misterios que en el cerebro se manifiestan y aquellas conexiones sinápticas que reflotan cosas olvidadas o mundos que nunca sabremos si realmente están en algún lugar.

Gracias por estar.

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