Las Huellas

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Las Huellas
Por: Darío Valle Risoto

Allá donde perdimos el camino
Espero ansioso recoger tu recuerdo
Aquel vestido rojo, tu sonrisa
Todos los buenos sentimientos.

Siento amor por el escalofrío
Del viento helado de aquella mañana
Por el café caliente que me diste
Por el rose perfecto de tus manos.

Puedo rememorar el timbre
De tu voz que era una delicia
Podría pintar de mil colores
El cuadro de tu sensual alegría.

Recuerdo como si fuera mañana
Tu cuerpo en el mapa de mis dedos
Cada detalle me hace sufrir
El más dulce de esos misterios.

También tengo presente la luz
Que se reflejaba en tus zapatos
Aquella tarde en que llegaste
Para tirarlos a mi lado.

Tu boca, tus ojos, tu nombre
Todo era una extraña epopeya
Y yo nunca recordaré como
Te fuiste sin dejar más…
Que estas dulces y dolorosas…
Huellas.

Cuestiones

 

Wallpaper Magic 152 (26)Cuestiones
Por: Darío Valle Risoto

Con que sueñan los mandatarios
En que piensan los presidentes
Cuando no miran al pueblo
Cuando cargan antecedentes.

Trabajan cuando no los miro
Aquellos tristes funcionarios
O tal vez sean los ministros
De los próximos escenarios.

Donde se para la teocracia
Con sus teorías y disparates
Habrán de jugar al tejo
Con las almas de los donantes.

Y se despiertan los maestros
Enseñándonos la cultura
Que nos dejaron como herencia
Los repartidores de basura.

Habrá un diván en la intendencia
Para saber la sicología
De esa especie de gran quilombo
Al que llamamos alcaldía.

Con que sueñan los mandatarios
Por qué vienen las dictaduras
Donde quedaron los trabajadores
La ética, la moral, la dulzura.

A donde se fueron los rebeldes
Por donde encuentro la anarquía
La del puro hombre libre
La de la mujer y su alegría
Por donde llego al sendero
Que apunte al horizonte
Ese que siempre se mueve
Impulsando a los buenos hombres.

 

Neo vampiros 81: Regreso

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Neo Vampiros 81
Regreso
Por: Darío Valle Risoto

Lo que más la molestó fue su soberbia, era cierto que había luchado como un valiente el hijo de puta. Nadie diría que ese pedazo de mierda tenía sesenta años pero era cierto. Lorena le había seguido durante tres meses, el tipo había sido uno de tantos torturadores del plan Cóndor, luego los asesores norteamericanos lo habían dejado a cargo de darles clases a las nuevas generaciones de “patriotas”

Se había cambiado el nombre y hasta con los años la vejez le había dado cierto brillo cansado en la mirada, hasta que Lorena lo encontró en ese chalet en las afueras de la hermosa ciudad de Rosario en la Argentina.

__ ¿Cómo entraste gurisa? __Le preguntó mientras daba vuelta las achuras del asado en el enorme parrillero, no muy lejos unos amigos conversaban animadamente detrás de una pared de esteras a unos metros de la cancha de tenis.
__ ¿Se refiere a los guardaespaldas que acabo de matar o a los perros que decapité? __Le preguntó lamiéndose la sangre que le cubría las manos, cuando se puso a la luz, el tipo sintió un escalofrío. Lo que veía era en realidad casi una niña pero nada había de angelical en ese cuerpo menudo vestido absolutamente de negro.
__ Si quiere que sus amigotes sigan viviendo es mejor que me acompañe adentro de la casa.
__ ¿Quién sos? __Le preguntó pensando en su Smith and Wesson, se le notaba la canana en el bolsillo derecho interior.
__ Me llamo: Lorena Luna y me encargo de limpiar el mundo de basura como usted.
__ Yo soy un viejo nomás. __Dijo disimuladamente dando un paso al costado tratando de imaginar su salto para tomar el arma, ella sonrió y tragó algo más de sangre, observó sus manos ahora totalmente limpias, tenía una buena lengua.
El salto del viejo ex militar pudo haber sido sorpresivo, pero para que nos vamos a engañar, Lorena tenía ganas de jugar, los estampidos de tres disparos pasaron junto a ella que saltando se retorció en el aire sintiendo el calor de una de las balas muy cerca de su mejilla izquierda.
Los amigos de Amilcar Doddero no demoraron en llegar corriendo, varios de ellos ex militares y viejos políticos locales, la mayoría armados.

Lorena desapareció entre el humo de los disparos y la batahola de los que entraron corriendo desde el otro lado del quincho. Se les había arruinado el asado.
__ ¡Dónde estás hija de puta! __Gritó el veterano con la mano temblándole y el arma sostenida como un relicario salvador.
__ ¿Qué pasó Amílcar? __Preguntó uno de sus camaradas.
Otro llegó corriendo desde la calle con los ojos desencajados.
__ Los muchachos, los perros, todos… hay mucha sangre, las cabezas, los brazos.
__ ¿Qué mierda está pasando? __Nueve hombres veteranos se movían mirando arriba y abajo, nadie más que ellos alrededor y el frío del miedo comenzó a sobreponerse a una cálida noche de asado y vino.

Lorena los miraba desde los altos techos de la casa, achatada, recogida sobre sus brazos y piernas, sostenida por un imperceptible sentido del equilibrio que la hacía parte de lo que era, un ser sobrenatural. Los escuchaba claramente intentar darle algo de orden a una noche que ella se había encargado de destruir.

Pronto llegarían demasiados policías, uno de ellos llamó al 911, otro se separó buscando no se sabía bien qué en los jardines enormes del chalet, caminando por los senderos, mirando en la cancha y en la piscina.

__Linda tu casa Amílcar, debiste afanar mucho cuando luchabas por la patria.
De nuevo, silenciosa y casi invisible estaba la chica frente al hombre grueso que levantó el arma y un microsegundo después ella la tenía en la mano, la muchacha era pequeña, pálida de cabellos cortos negros y una mirada que hacía años Amílcar no veía.
__ ¿Te gustaba torturar a comunistas y Montoneros?
__ ¡Te voy a romper el culo guacha de mierda!

Le tiró un golpe que ella no recibió porque saltando sobre él se encargó de quebrarle el cuello a uno de sus veteranos amigos que se había percatado de la pequeña conversación, hay gente atrevida que se mete donde no debe, pensó.
__ ¡Padre Antonio!, ¡Mataste al padre Antonio!
__ Lo siento si hubiera sabido que era un cura lo hubiera hecho sufrir un poco más, ¿Te parece que vine a comer asado viejo facho? … vine a matarte.

El resto de los tipos se sumó al lejano sonido de las patrullas, Lorena se ingenió para matarlos a todos dejando a Amílcar como dolorido testigo de la muerte de cada uno de sus viejos camaradas hasta que parada sobre un charco de sangre y restos humanos lo vio caer de rodillas.
__ ¡Por dios!, ¡Déjame vivir, yo era muy joven, no sabía!
__ Yo también soy joven, pero sé lo que hago. __Le dijo antes de sacarle la cabeza de un tirón.

Juicio y Castigo