Neo Vampiros 79: Y la Luna fue testigo

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Neo Vampiros 79
Y la Luna fue testigo
Por: Darío Valle Risoto

Como voces robadas del mismo infierno se sentían los gritos de Arellano que corría sabiendo que su muerte era inminente. Sin embargo el lobo no lo atacó por la espalda, dio un rodeo acechándolo con las mandíbulas abiertas y sedientas de sangre. Y él que supo ser un hombre guapo, realmente un macho resuelto que golpeaba a hombres y mujeres con la misma osadía e impunidad, ahora era como un muñeco de trapo trastabillando y cayéndose cada pocos pasos.

__ ¡Madre de dios!, ¡Virgencita mía, te prometo…!
Había algo lejanamente humano en el brillo siniestro de esos ojos almendrados. El gran lobo color gris azulado lo miraba con un dejo de tristeza que poco a poco como si surgiera de las profundidades más ocultas de la mujer que era hacía unos instantes se transformó en odio.

Odio de una hembra por todas las hembras, por todas las mujeres mancilladas, por la soberbia de esos que solo llevan sus tristes penes como estandartes de la barbarie de ser unos pobres machos que desgraciados vagan al arbitrio de su deseo animal.

A unos cien metros de allí el negro Carlos escuchó los gritos y los gruñidos, se quedó petrificado con una erección inconclusa y esa mujer aterrada entre sus manos comenzaba a convencerse de que algo, nuevamente algo que provenía de un mundo irreal pero terriblemente latente venía a salvarle la vida.

La loba, la enorme loba llamada cuando humana: “Leticia” se cansó de dejar esperando a la muerte que se agitaba en la noche. Así fue femenina y justiciera sobre unos hijos de puta que se alimentaban del dolor ajeno.

__ ¡Madre de…!
Las enormes mandíbulas se cerraron sobre el duro cráneo de Arellano produciendo una explosión de huesos, cerebro y cartílagos que lo dejó como a un muñeco descabezado en la profundidad de la noche, probablemente en el fondo del alma confusa de animal-humano algo hizo que lo matara rápidamente por qué olía a otro hombre y a una mujer, muy cerca.

__ ¡Será mejor que corras hijo de puta! __ Atinó a decirle Paula al negro Carlos que aún le apuntaba con el revolver entre los pechos transpirados y cubiertos de su baba. Algo en la noche se aproximaba y aunque en su corazón sentía que era por su bien, igual estaba aterrada.
__ ¿Qué mierda…?

Le hizo caso, el negro Carlos le hizo caso y salió disparado por la carretera olvidando que tenía un auto y que no era posible escapar, solamente fue cuestión de que Paula mirara al camino que subía una loma entre los árboles y contra la enorme y extraña luna de plata observó una silueta ya familiar en su vida, que se abalanzaba sobre el tipo que solo pudo disparar al aire una vez.

Y como en esos teatros de figuras chinas algo comenzó a cambiar la silueta animal, el recorte de cuatro patas se puso de pie y comenzó a temblar lanzando alaridos de dolor a las estrellas. Ya había eliminado a los tres delincuentes y Leticia recobraba su forma humana mientras Paula totalmente exhausta intentaba acercarse superando el aterrador panorama.

Cuando se detuvo las últimas trazas del animal dejaban a una mujer alta de largos cabellos desnuda sobre el camino de tierra, aún así sus manos, pies y su rostro estaban bañados en sangre. A pocos metros el cadáver del negro Carlos era un conglomerado de pedazos irreconocibles, algo que casi fue humano durante su vida.
__ ¿Y ahora que hago?

La arrastró hasta el auto y la limpió con el contenido de una botella de caña que encontró junto al asiento mojando su remera rota, felizmente encontró una camisa sucia en el asiento trasero y el tipo había dejado las llaves puestas. Tuvo que salir a vomitar cuando un incontenible dolor de estómago la hizo literalmente doblarse sobre su vientre al recordar los invasivos dedos del violador metiéndose en su bajo vientre.

Condujo hasta que al amanecer encontró una carretera de pavimento, se aparcó junto a ella en un cruce y se detuvo a observar el rostro de Leticia. ¡Tenía que ser Leticia!, ¿Quién otra?
__ ¿Cómo llegaste a mí?

Como si fuera una bruma esperanzadora la figura de Lorena se sobrepuso a todo su terror y supo instantáneamente que su querida amiga nunca la abandonaba pese a estar desaparecida. Había fuerzas sobrenaturales imposibles de determinar que la habían salvado justo a punto de caer en el precipicio.

Leticia era de una belleza extraña, lejanamente parecida a Lorena pero a la vez tan diferente, adulta, llena de vida cuando abrió sus ojos en el asiento delantero, completamente desnuda y solo cubierta por un sucio saco de franela.
__ Gracias.
__ ¿No te lastime?
__ Me salvaste la vida… gracias.

Juicio y Castigo.