Entre la música y los ruidos

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Viviendo entre la música y el ruido
Por: Darío Valle Risoto

Es paradójico que alguien que tiene al heavy metal como su estilo musical preferido, entre muchos otros, sea tan sensible a los ruidos de todo tipo y el volumen alto pero es así.

En algún momento de mi niñez vi la película protagonizada por Vincent Price: “la Caída de la casa Usher”, obra del gran Edgard Allan Poe e inmediatamente supe que iba a morir como ese anciano acuciado por la alta sensibilidad de sus oídos que le permitían escuchar hasta el sonido de las patitas de una araña sobre el techo. No estoy tan loco pero tengo una capacidad para que cualquier tipo de ruido me moleste y bastante al punto de que llevo años durmiendo de a ratos y siendo despertado por mis queridos vecinos que son adictos a cerrar puertas a los portazos y abrirlas a los golpes, solo por dar un ejemplo.

Por otro lado desde siempre en mi casa hubo una radio prendida durante todo el día que solo se apagaba cuando se iba a dormir y no puedo vivir sin tener música de fondo, aunque como comprenderán no la pongo “a todo trapo” ni mucho menos. Si por algún motivo quiero escuchar alguna banda de forma “potente” solamente me calzo mi celular con auriculares y listo, pero les reitero que no soy afecto a quedar tonto a fuerza de volúmenes altos.

Por otro lado detesto ciertas formas musicales que para mi son absolutamente vulgares amén de programas radiales conducidos por tipos imbéciles que piensan que gritando y mofándose de todo son cómicos por lo que por ejemplo en el colectivo obligatoriamente debo escuchar por medio de mis auriculares bandas de metal extremo optando por el mal menor. Ni decirles que hace más de treinta años que no voy a fiestas o casamientos donde se escuchan este tipo de insultos al arte con la extraña premisa de que “es divertido”.

Lo del principio: “la caída de la casa Usher”. Y ya me he referido antes a algo constante en mis tierras que creo se replica en casi todo el mundo occidental al menos y es el clásico “discnazijockey de barrio”, una especie de enano fascista que somete a todo el distrito a su discutible gusto por la música al punto de que no se como hace para hablar con su familia dentro de su casa… si es que sabe hablar.

basta de ruido 2En mi país: Uruguay se legisla mucho, de algo tienen que entretenerse los legisladores, se legisla bien, mal o más o menos pero se legisla demasiado y a menudo sobre cosas obvias como por ejemplo levantar la caca de los perros por parte de los paseadores en la calle o no fumar en lugares cerrados. Y salvo este último caso que es una excepción, la mayoría de la gente no respeta nada y para peor no hay una forma de supervisar por medio de inspectores quedando todo librado quizás a la denuncia del vecino que indudablemente quedará escrachado como el “buchón” al que todo le molesta.

Luego de la reciente legislación sobre el consumo de alcohol se dice que los ruidos molestos serán lo siguiente pero abrigo muy pocas esperanzas para que la gente tome conciencia sobre este tema.

No somos un país tan culto como nos venden y tratar de pedirle a un vecino que baje el insoportable volumen de su reggaeton o suplicarle que aprenda a cerrar sus puertas sin que tiemble todo el edificio es ganarse un problema que en el mejor de los casos terminará con un insulto y con que luego hará lo mismo que venía haciendo pero peor aún, dejándonos con esas ganas de cometer una especie de asesinato masivo a por la paz y la vida en común que deberíamos tener los que somos de verdad humanos.
Otro tema que daría solamente en si mismo para otro artículo es el ininterrumpido ladrido de perros de todo tamaño y marca que sobretodo a la madrugada parece extenderse desde nuestro barrio a toda la galaxia.

El tema de fondo siempre termina cuando trato de estos temas sociales en la capacidad de ser considerados con los demás, en pensar que no podemos vivir como carajo se nos ocurra cuando se trata de que estamos rodeados de otra gente y que nadie tiene que aguantar la presión de un vecino o un compañero de trabajo que vive sometiendo nuestros oídos a su arbitrio. ¿Qué pasaría si todos hiciéramos lo mismo?

Seria vivir enloquecidos por una suerte de enorme suma de música y ruidos varios que nos aíslan y evitan nuestro merecido descanso. Es triste pero uno vive donde puede y no donde quisiera vivir, es en esos pocos casos en que quisiera ser millonario solamente para comprar una casa y vivir en medio de la nada escuchando mi música y pudiendo dormir sin sobresaltos.