Black Mirror: 15 millones de méritos

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15 Millones de Méritos
Por: Darío Valle Risoto

No se trata de un simple capítulo unitario de la serie: “Black Mirror” sino de una obra maestra que no pierde mérito al tratar una cruda realidad sobre nuestra potencial esclavitud de los medios electrónicos que nosotros mismos nos regalamos para matar el tedio y quizás ¿Por qué no?: ganarnos la vida.

Hay una larga lista de obras previas desde las inspiradas en la literatura de Orwell hasta excelentes películas como: “Brasil”, “Están vivos”, “Matrix”, “Brave New World” de la novela de Hustley llamada en castellano: “Un mundo feliz” e innumerables capítulos de la dimensión desconocida, etc.

El cine y la televisión paradójicamente cuando revisten cierta calidad auto crítica nos devuelven algún trabajo donde vemos en que nos vamos convirtiendo a merced de nuestros “chupetes” electrónicos y esta cosa nueva de Internet de estar conectados todo el tiempo y abundan entonces las preguntas, más las respuestas siempre tienen el tono de un final abierto o demasiado cerrado como para aceptarlo sin suicidarnos, de eso se trata 15 millones de méritos.

Vivimos rodeados de publicidad comprando servicios que estamos prácticamente obligados a consumir por el simple hecho de que están allí y nos los ofrecen. Los realityes shows, en este caso uno de esos tipos: “The Voice” donde cantantes se sacrifican para ser diseccionados en público y otro  donde se pone en ridículo a los gordos para beneplácito de miles de personas identificadas por sus avatares, están lejos de ser de un futuro lejano sino que forman parte de nuestro presente.

Pedalear durante horas para juntar energía para conseguir sueños artificiales será lo mismo que trabajar toda una semana para ir a pasear al Shopping a comprar porquerías. El esfuerzo, el mérito se acumula para ser usado en nuestras necesidades más inmediatas pero estas no siempre dependen de nuestra voluntad.

El protagonista se juega sus puntos ganados en la bicicleta fija por una chica que ama y quiere cantar, pero ella termina siendo contaminada por ese show pero en un rol muy diferente mientras que todo se va transformando de una gran cápsula, una pantalla con opciones limitadas llamada: vida o en una prisión inexpugnable. La publicidad nos persigue allí donde pongamos los ojos e inútil será cerrarlos, y hasta finalmente parecerá un fracaso tratar de salirse de este sistema porque hasta los disidentes son absorbidos por el mismo show.
¿Será verdad?

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