Enredados en las redes sociales 7: El cholulismo

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De fanáticos y cholulos varios
Por: Darío Valle Risoto

Allá por el año 1992 asistí con los ojos alucinados y el alma en vilo al concierto en vivo de Iron Maiden en la estación central de Montevideo, fue uno de los mejores conciertos de rock que vi en mi vida y por supuesto que no se volvió a repetir. Recuerdo que unos días después me encontré con un amigo que también había estado allí y me dijo que fue hasta la puerta del hotel donde se hospedaba la banda, supongo que era el Victoria Plaza en frente a la plaza Independencia. Mi amigo me dijo que el mismo Bruce Dickinson le pegó en la palma de la mano saludándolo y desde luego que para él fue maravilloso.
De verdad que en aquel momento como en todos los momentos de mi vida ni me pasó por la mente seguirle el tranco a un famoso por más que lo admire.

Ni que decir que estábamos aún a un tiempo de esta explosión mediática que significa Internet donde parece que ya nadie es anónimo y muchísimo menos los famosos sean de donde sean. Desde cantantes, actores, deportistas hasta simples periodistas y ni que hablar de los políticos. Parece que todo se ve y todo se sabe.

Recuerdo que hace unos años vi algunos programas de ese reality show llamado: “The Osbournes” y que me di cuenta de que poco y nada me interesa la vida privada de Ozzy Osbourne, quien para mi es uno de los fundadores del estilo musical más grande del rock: “el Heavy Metal”. Comprobé que lo cotidiano de las estrellas colinda con lo patético sobretodo porque entre equipos de cámaras y sonido hay muy poco de real y mucho de teatro forzado, donde con un poco de capacidad de análisis nos iremos dando cuenta de que era mucho mejor solamente conocer los productos artísticos y no que comen, que cagan y que estupideces hacen y dicen las estrellas.

De todas maneras gran parte de esta invasión de redes sociales se basa en el voyeurismo, que dicho en criollo es el chusmerío de barrio llevado a sus últimas consecuencias. De las viejas que barrían las veredas y destruían a la vecina casquivana pasamos a compartir, colgar y retuitear aquella noticia generalmente carente de contenido que fenecerá cinco segundos después de que cientos de miles la vieron, replicaron y a otra cosa.

Por lo tanto nuestra mente puede llegar a guardar una cantidad demasiado generosa de información basura que nada agrega ni nada enriquece a la hora de disfrutar aquellos productos artísticos que alguna vez nos dejaron en paz con el mundo escuchando una obra musical, viendo una película o leyendo un libro. Conocer los detalles íntimos de las estrellas o personajes que admiramos mucho se puede acercar a derribarnos una idea primaria y digna que teníamos de ellos y si bien es terapéutico bajarlos del sitial de casi dioses, peor es desnudar sus miserias para correr el riesgo de manchar sus propias obras y dejarnos con la sensación de que estamos al borde del vacío.

A veces leo información absolutamente superficial en los post de mis amigos y escasos seguidores y suelo ponerles cosas tales como: “Justo eso es lo que quería saber” e ironías por el estilo, pero bien que cada uno es libre en ocupar su tiempo desde leyendo “La guerra y la paz” (Que nunca leí) hasta la biografía de las Kardacians (Que ni tengo idea de quienes son, salvo que vi sus culos en algunas fotos)

Lo que me preocupa es algo que por supuesto no descubrí yo y ya los teóricos de los medios masivos de comunicación por la década del cincuenta iban adelantando: estamos llegando a tal estado de sobre información que nos saturamos de datos infames y nos vamos olvidando de lo que realmente importa y que mucho tiene que ver con cambiar este mundo para mejor por lo tanto poco importa si tal cantante se casó con un pequinés o aquel actor era gay, lo que realmente debe importar es lo que quizás muy pocas redes sociales estén en capacidad o interés de mostrarnos.

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One thought on “Enredados en las redes sociales 7: El cholulismo

  1. Es que la aldea global es cada vez más aldea y la información se termina reduciendo a chismes de barrio. Más si tenemos en cuenta que la información de los viajes del presidente de EEUU pasa más por si le da la mano o no a su esposa que por los resultaos de sus políticas.

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